CAPITULO 28

- No, pero hay un hechizo de rastreo, lo bueno es que ya está ligada a ti y solamente tendrás que recogerla, para que te jure su lealtad, más o menos como la varita de sauco.- Explicó Ignotus Peverell con una sonrisa cansada.

Mañana iré a por la piedra, la varita será más difícil, pues la tiene Dumbledore. ¿Sabes qué pasará si se unen las tres reliquias?

- No, no lo sé, pero debes llevar la capa para cuando vayas a por la piedra y cuando las tengas ambas, las debes llevar en todo momento, pues presiento que nunca han estado juntas al mismo tiempo.- Aconsejó Ignotus a su heredero y descendiente, el primero de todos los Peverell para poseer las reliquias de la muerte.

Mientras que Harry era aconsejado sobre cómo proceder con el hechizo que los hermanos Peverell idearon, en el caso de que un heredero suyo o alguien más, tuviera que unirse o supiera que estaba unido a las reliquias de alguna manera, en otro lugar muy muy lejano del planeta Tierra o como los habitantes de ese reino lo conocían, Midgard, un ente apareció en la sala del trono del rey.

El salón del trono del rey en el que daba ceremonias públicas o en algunos casos privadas, también podría llamarse la sala de Asgard, reino de los Aesir.

Los Aesir eran una raza de seres semi inmortales, los cuales cada pocos cientos de años, en algunos casos milenios, se daba un fenómeno en el que se dedicaban a la última de las grandes batallas, Ragnarok, para después, por algún motivo, resucitar todos y volver a escribir su historia, con la excepción del rey de todos, el padre de todos, Odín.

Odín recordaría lo sucedido en sus vidas pasadas, cuando se casó con su esposa, los hijos que tuvo con otras mujeres, las traiciones que sufrió a lo largo de su vida, etc.

Ahora mismo ese mismo rey, se encontraba en su trono de oro macizo, el cual vio con ligera sorpresa y asombro, como uno de los aspectos del universo, se apareció allí en el salón de Asgard.

El salón de Asgard era uno de los principales lugares dentro de Asgard. Está situado en el centro de la ciudad, al lado del Castillo Asgardiano. El Salón es donde todas las notificaciones importantes tienen lugar, las cuales son anunciadas por Odín, padre de todos.

Las grandes y voluptuosas columnas que sostenían el techo dorado del salón de Asgard, brillaban con la magia de dicho salón.

Eran tan grandes como cuatro basiliscos y tan altos como dos gigantes. Para un ojo humano e incluso Aesir o Asgardiano, era inmenso el tamaño de las columnas.

En el centro de la sala de Asgard, se hallaba el trono de Odín, el cual era usado para las notificaciones públicas y algunas privadas.

Si se miraba hacia arriba, se podía ver lo que parecía un techo encantado, el cual mostraba el sol, el atardecer, anochecer, etc. según sea el caso.

La sala en sí era muy grande, para dar cabida a toda la población de Asgard en algún momento o incluso para dar la bienvenida a los héroes de Asgard, cuando éste fuera el caso. Podía albergar más de dos millones de personas reunidas y aun así haber espacio de sobra para más.

Por debajo del trono de Odín, el suelo parecía ser de oro macizo, con bastos escalones y muy numerosos, los cuales si no se tenía una buena resistencia física, se podría llegar uno a cansar al subirlos.

El trono dorado de Odín, era enorme también, con un respaldo que podría dar cabida al menos a cuatro hombres de alto y tres de ancho. Lo que sería los apoyabrazos, estaban tan alejados del centro del sillón, el cual se sentaba el rey.

En cada apoyabrazos, había un cuervo, representando al animal predilecto de Odín, padre de todos.

Cuando el rey alzó la vista y vio por segunda vez en todas sus vidas a este ente todopoderoso, se asustó, pero no lo demostró, no por nada era un fabuloso guerrero. Demostrar miedo ante tal ente, sería mostrar debilidad y si se mostraba débil, sus enemigos, como los gigantes de hielo, ansiarían matarlo para tomar el trono y por su esposa e hijos, no podía permitirlo.

Hijos, cuando pensaba en sus dos niños, no tan niños ahora, dado que eran hombres, sentía nostalgia de cuando apenas superaban un par de palmos del suelo, cuando le pedían que les contara historias sobre su abuelo, Bor, padre de Odín.

O cuando le pedían que les contara las historias de las guerras de Asgard, para por las noches en sus cuartos, imaginar cómo serían ellos mismos de mayores y tener sus propias aventuras.

Saliendo de sus recuerdos, Odín, rey de Asgard, dio un suspiro y cuadró los hombros, mostrando un rostro severo, justo y sabio a su visitante.

Las sombras que rodeaban la aparición del ente, empezaron a encogerse, hasta mostrar a un desconocido o desconocida, encapuchado y vestido completamente de negro.

Tenía un aura oscura, tan oscura como la mismísima muerte, que Odín solo vio en un par de personas.

Hel o Hela, diosa asgardiana de la muerte y el Aspecto de la muerte, un ser más allá del poder de los panteones, alguien con quien es mejor no meterse y mantener lo más alejado posible.

Ese Aspecto, porque ahora Odín sabía quién era, dado el aura de poder que le rodeaba, mientras subía las escaleras tranquilamente y con parsimonia, como si estuviera esperando una reacción del rey de Asgard.

Odín no pudo evitarlo y tragó saliva con un poco de temor y pavor, de momento estaba seguro que Ragnarok era imposible que estuviera a punto de estallar o llegar, dado que todavía faltaban unos pocos años e incluso décadas si podía evitarlo.

Estuvo tentado de llamar a su guardia personal, pero eso sería estúpido de su parte, nadie ni nada, podía parar a este Aspecto en general.

- Rey Odín, Padre de todos los Aesir…- Comenzó el saludo el ser vestido de negro y tan alto o incluso más que Thor, hijo de Odín.

El rey mencionado solamente pudo asentir en silencio hacia el ente que sacó las manos de donde las tenía guardadas y se las llevó a la capucha, algo que con pesar y pavor, Odín solamente podía observar.

Las manos de este ser, parecían ser esqueléticas, sin nada de carne ni músculos, tan cliché como dibujaban sus pintores y artistas a la mismísima muerte.

Cuando la capucha del Aspecto fue retirada y bajada, el viejo rey no pudo evitar soltar una exhalación de asombro ante lo que vio, pues delante de él tenía a un hombre que podía gozar de la juventud de unos treinta o cuarenta años de edad.

Poco después de ver el rostro joven y hermoso del ser, las manos volvieron a su normalidad.

- Pensabas que era así, Odín. Esto solo es un encantamiento, que me muestra tal como los dioses y mortales me imaginan a ser. Por ejemplo, en el panteón olímpico, se me muestra como alguien realmente hermoso, incluso más hermoso que Eros. En otros panteones se me muestra de diversas formas, pero eso no es por lo que he venido.

- Ragnarok…- Dijo Odín en un susurro, haciendo caso omiso de la explicación del Aspecto.

- No. No es el tiempo y si lo que vengo a comunicarte se cumple, temo que en esta vida no se cumpla el destino de los Aesir.

- ¿Qué quieres decir? Ragnarok es inevitable, es como nosotros enfrentamos la vida y la muerte, es como comenzamos un círculo de renacimiento…

- Sí, se lo que es.- Intervino, cortando la diatriba del anciano rey. – Lo que he venido a decirte es más importante que eso.- Dijo tomando un pequeño descanso y justo enfrente de Odín, en el medio de las escaleras, como si la gravedad no existiera para este ser, se creó un trono de sombras negras tan profundas como el mismo Helheim, lo que hacía bailar las sombras de la sala tenebrosamente.

- Podrías…

- ¿Parar? No, es una naturaleza en mí, rey Odín.- Contestó un poco divertido el Aspecto. – De todas formas, como sabrás, soy uno de los seis Aspectos. ¿Verdad?- Inquirió volviendo a la seriedad en la que estaba en el principio, haciendo sudar al rey.

- Sí, según las leyendas de Yggdrásill, son seis Aspectos o Reyes de dioses, verdaderos Inmortales.

- Los cuales son encargados de la Vida, Magia, Guerra, Peste o enfermedades, Hambre y por último la Muerte.- Concluyó la leyenda, no tan leyenda. – Supongo que sabrás quien soy, o al menos lo habrás adivinado por ahora. Soy la Muerte. Único entre los dioses, temido por semi inmortales y por los mortales. Y he venido a avisarte de que he encontrado un reemplazo para mí, puedes llamarlo si quieres, heredero.- Explicó la Muerte a Odín, el cual se quedó con la boca entre abierta, por la sorpresa de que el Aspecto de la Muerte, había encontrado a alguien que lo sucediera en sus responsabilidades.

- Ahora ves porque estoy aquí, rey Odín. He venido a preparar Asgard para su llegada, pues he visto que el chico es… un digno sucesor.

- ¿Chico? ¿Será un hombre valeroso y sabio, querrás decir?- Inquirió Odín con una ceja levantada, la única que su ojo bueno podía levantar, pues en el otro ojo llevaba un parche de oro en él, causado por su propia lanza al herirse así mismo en una de las ramas de Yggdrásill.

- No, aunque su madurez, supera la de tus hijos, sobre todo la del príncipe Thor.- Respondió con una burla en su rostro. – Hablando de tus hijos, llámalos pues tengo que hablar con ellos de un asunto. Tu esposa Frigg también rey Odín, esto concierne a la familia real, pues seréis los encargados de reunir los panteones.- Ordenó con una mirada que indicaba claramente, que no había discusión plausible ni posible en el tema.

El rey suspiró pesadamente y con su cetro dio un golpe en el suelo dorado, el cual llamó la atención de uno de los guardias.

- ¡Guardia! Trae a la reina y a los príncipes, Thor y Loki.- Ordenó el viejo rey de Asgard.

El guardia asintió con la cabeza y se dio media vuelta, para cumplir con el mandato que le habían dado y salir de la sala, que actualmente le daba escalofríos por su columna vertebral y le ponía la piel de gallina.

El rato que pasaron esperando, ambos rey y Aspecto estuvieron en un silencio incomodo, para solo uno de ellos, el rey.

Mientras que Muerte esperaba por la familia real, meditaba lo que Destino le había mostrado.

Ese chico Potter, convertido en Emrys, que estaba ligado a dos de las reliquias que dejó en el planeta Terra o Tierra, para que un digno mágico las juntara y se convirtiera en el próximo Aspecto de la Muerte. Había logrado lo que muchos antes que él, habían buscado, conseguir dos de las reliquias más poderosas y más codiciadas.

El manto de invisibilidad, lo que le daba al portador inmunidad ante la misma magia, para atravesar todo tipo de salas y protecciones. Y la piedra de resurrección, una piedra que si se utilizaba correctamente, no solo podía traer a los espectros de los fallecidos desde el otro lado del velo, sino que al portador de dicha piedra, podría ir más allá y crear su propio ejército de muertos vivientes, algo mucho más avanzado que el mero Inferius creado por los nigromantes.

La ultima reliquia que le faltaba por conquistar o unirse a ella, era la varita de sauco, la vara del destino, algo irónico que la llamaran así, pues fue del propio báculo de la muerte que la convirtió en lo que hoy en día es, una simple varita muy poderosa.

Tenía curiosidad en cuanto a si la lograba coger, ¿Se convertiría en el báculo de la muerte, nuevamente o solo se quedaría como una simple varita o vara? Solamente le quedaba esperar pacientemente y ver.

Por suerte para él, era un maestro en el arte de la paciencia, pues sino ¿Cómo la misma Muerte iba a esperar a que el ciclo de la Vida se cerrara, sino es con paciencia?

Cuando por fin la familia real llegó a la sala de Asgard, Muerte vio a los tres recién llegados con curiosidad.

Frigg era como siempre la había recordado, una reina con un porte regio en su mirada. Esa misma mirada también denotaba el amor que sentía por su esposo y sus hijos, aunque uno de ellos no lo hubiera llevado en sus entrañas.

Podía decir con certeza que ella sabía o sospechaba quien era en realidad el hombre que se sentaba en un trono de sombras flotantes, enfrente de su esposo.

Girando un poco la cabeza, vio al príncipe Loki, un hombre de porte y estatura más bajo que su hermano, Thor.

Pero su mirada era más prudente, puesto que ese príncipe fue entrenado en el arte de la magia y el arte de ver y sentir las auras de los seres mágicos más poderosos. Su mirada era una de astucia y cautela.

Thor, sin embargo llevaba un porte y aire de arrogancia, como si todo lo que abarcara era suyo por derecho de nacimiento y nada de lo que se pudiera decir, cambiaría eso. Llevaba la mirada de un soldado, pero uno nuevo en el arte más antiguo de su homónimo, Guerra.

Thor era alto y musculoso, algo que Muerte pudo discernir, un hombre sin cerebro o si lo tenía no era de los que lo utilizaban a menudo, pero cuando lo usaba era de aquellos que eran de temer en el campo de batalla. No se le podía culpar, la cultura a la que estaban acostumbrados, era la nórdica y por desgracia, pocos libros se leían.

Fue una sorpresa cuando su cultura y su magia, sobrevivió al paso del tiempo, otro de los grandes Aspectos.

Odín creía que solamente había seis Aspectos que se dedicaban a mantener el equilibrio del universo, pues se equivocaba, había más.

Estaba el Aspecto del Tiempo, el que era responsable de que no se viajara a través de él y no se cambiara el pasado y el futuro, pues no podía hacerse, estaba prohibido cualquier de esos viajes, por los peligros que tenía.

Los magos de Midgard en su ignorancia, medio violaron esa ley, con el uso de giratiempos.

Luego estaba el Aspecto del Destino, un Aspecto que era neutral en todas las reuniones que se tenían entre ellos, dado que fue el único que se le dio la oportunidad de ver sus propios destinos, pero teniendo la obligación de no intervenir.

De esos dos grandes Aspectos, luego venían Vida, Magia y Muerte. Siendo el resto, Guerra, Hambre y Peste en el camino, más todos aquellos que todavía faltaban, pero no tenía tiempo para meditar sobre ellos y si los Aesir supieran, entonces tal vez los asustaría mucho más.

- ¡Padre! ¿Nos has mandado llamar?- Pidió el hombre grande y rubio, que respondía al nombre de Thor.

Odín le dio una mirada de advertencia ante la arrogancia que presentaba a su invitado, si se le podía llamar así. Sin embargo su esposa y su otro hijo, que era adoptado o salvado del reino de los Jotuns, Jotunheim, venían caminando tranquilamente, sopesando quien podría ser el hombre que estaba en el trono flotante.

- Frigg, esposa mía, Thor, Loki os presento al Aspecto Muerte.- Dijo Odín cortando lo que fuera a decir su hijo mayor.

Los tres se quedaron impresionados ante las palabras del padre de todos y rey de Asgard, que un Aspecto viniera, significaba unas pocas cosas, entre ellas que fuera personalmente a por uno de los Aesires.

Antes de que pudieran hablar o preguntar cualquier cosa, lo más probable es si estaba él aquí a por uno de ellos, decidió contarles porqué estaba allí, en Asgard.

- He venido para hablar con todos vosotros e informaros de que deberéis reunir a los panteones, para la presentación de mi sucesor y futuro ritual en el que ambos nos fusionaremos como uno.- Explicó sin dar muchos detalles, lo cual hizo levantar las cejas de tanto Frigg como Loki. – Vosotros dos sois astutos y suspicaces, me gusta.- Dijo refiriéndose a Frigg y Loki por igual.

- He tenido una de las mejores maestras…

- Llámame Muerte, todos lo hacen.

- Muerte.- Dijo probando el nombre en sus labios, saliendo en un susurro reverenciado, viendo esto Frigg, le preguntó al aspecto si uno de sus hijos sería el encargado de las nuevas responsabilidades.

- Oh, tal madre. No, mi sucesor se encuentra en Terra o como vosotros lo llamáis Midgard y antes de que digáis nada, no es un simple mortal, sino un mágico. Uno de los que tenéis alianza si no me equivoco.- Respondió Muerte, viendo como la decepción caía en el rostro de Loki.

Sin embargo en el de Thor, era alivio de no tener que asumir esa responsabilidad, tal vez la arrogancia que veía en su rostro, fuera nada más que una máscara hacia sus pares. Tal vez, si le diera una misión, la de recoger las piedras del infinito… si, podría funcionar.

- Ahora, para lo que os he mandado llamar, tengo varias misiones para vosotros. Primero, empecemos con Odín.- Dijo volviéndose al rey. – Tu misión es doble, para empezar, el secreto bien guardado que tú y tu esposa mantenéis, deberá ser revelado a tu hijo, Loki. Acto seguido, deberás contactar con los panteones y que estos vengan a Asgard. ¿Ha quedado claro?- Preguntó Muerte, mirando directamente en el ojo de Odín y diciéndole claramente, por una orden mental, que la charla con Loki, es sobre su herencia de gigante de hielo.

- Como el agua, Aspecto de la Muerte.- Contestó Odín, haciendo una reverencia al Aspecto y levantándose de su trono dorado, para dirigirse con su esposa e hijo a unos cuartos privados, donde tendrían privacidad, para discutir el asunto.

- En cuanto a ti, Thor, hijo de Odín, tengo una misión especial. He oído que tienes tres valerosos amigos y una mujer guerrera. Vosotros cuatro iréis en la misión de recoger unas piedras para mí. Habla con Heimdall, él os explicará donde tenéis que recogerlas. En este viaje que emprenderás Thor, deberás mostrar conocimiento y valía, pues lo que veo en ti, me disgusta. ¿Ha quedado claro?- Ordenó y preguntó al príncipe de Asgard.

- Bastante, mi Lord, pero tengo una duda.

- Hablad, pues vuestra duda.- Ordenó sin preámbulos Muerte.

- Mi hermano, Loki. ¿Será el venir con nosotros o quedarse en Asgard y para el caso, que secreto es ese que mis padres tienen que hablar con él, no estará en problemas, verdad?- Preguntó su duda, en una gran pregunta, algo que Muerte sonrío, después de todo, todavía había esperanza en él.

- No, tu hermano tiene otra misión que cumplir. Donde, es su decisión si te lo quiere contar. El secreto, no es del mío para contarte, pero no es nada malo, puede que tu hermano no lo vea así por un tiempo, pero has de recordar, que tú y él os criasteis juntos y crecisteis juntos. Sois hermanos y nada lo puede cambiar. Y no, no está en problemas, aparte de las bromas que suele gastar a los Aesires.- Concluyó Muerte, haciendo un ademán con la mano y un despido amistoso a Thor, para que fuera a prepararse, algo que pidió el hombre, esperar a que sus padres y hermano salieran de la habitación en la que estaban hablando.

Mientras que Muerte y Thor estaban teniendo su conversación, Odín, Frigg y Loki, estaban teniendo la suya, un poco acalorada.

Odín, comenzó contándole la historia de la guerra con Jotunheim de nuevo, pero esta vez sin adulterar, en la parte que encontró un niño Jotun abandonado, esperando por la muerte. Sin poder resistirse a salvar la vida del inocente, pues el niño aunque aparecía de color azul, cuando el rey lo recogió y lo sostuvo en sus brazos, se volvió normal.

Una vez en palacio, junto con su esposa, decidieron adoptarlo mágicamente y darle los derechos de un asgardiano.

Mientras que Odín contaba la historia, Loki no podía creer que sus padres… no los que siempre pensó que eran sus padres, le hubieran mentido todo este tiempo. Estaba furioso con ellos, quería que pagaran el precio de la traición que sintió él.

En su mente, torcida por la furia y el odio, empezó a corromper la compresión de cómo lo miraban el resto de ciudadanos de Asgard. Siempre mirándolo por encima del hombro al preferir la biblioteca y la magia, que los campos de entrenamiento y las tabernas.

Justo antes de que verbalizara sus pensamientos, Frigg, como toda madre amorosa, le cortó diciéndole que aunque no hubiese llevado a Loki en su vientre, le quería más que incluso si lo hubiera hecho y que ningún hecho, podría cambiar el amor que sentía por su hijo.

Odín que no era de los que mostraran sus sentimientos en público, decidió tragarse esa parte de orgullo y hacer caso del Aspecto.

- Es cierto… hijo, tu madre y yo te queremos como si fueras de nuestra propia carne y sangre, aunque con la adopción mágica que hicimos contigo, eres de nuestra sangre, solo espero que un día puedas perdonar a este viejo, que hizo lo que consideró más apropiado en el momento…- Terminó Odín con un suspiro cansado y derrotado, pues en los ojos de su hijo, veía el odio que estaba construyéndose poco a poco.

- Solo tengo una pregunta… ¿Por qué ahora y no antes?- Pidió Loki, mientras abría la puerta de la habitación y sin querer veía como su hermano esperaba con preocupación por… ¿él?

- Esa respuesta te la puedo dar yo, príncipe Loki.- Contestó Muerte con una sonrisa de medio lado, pero sin llegar alegría a los ojos. – Yo le ordené a tu padre contártelo, pues la misión que tengo para ti, te ayudará a comprender porque lo hicieron. Ahora tengo una pregunta para ti, príncipe Loki. En los tiempos que llevas viviendo en el palacio, ¿Alguna vez te has sentido menospreciado por tus padres o hermano? ¿Alguna vez has sentido menos amor y cariño, que venían de ellos? ¿Es tan malo que te salvaran de una muerte segura y te levantaran como hijo propio?

- Eso es más de una pregunta…- Murmuró Loki con una sonrisa traviesa.

- Perspicaz, pero sí, contéstalas cuando sepas la respuestas a las preguntas. No ahora que tu mente está dañada por el odio y la traición. Solo, sepas que tu hermano, no sabía nada, estaba en la ignorancia como tú.- Dijo Muerte dando un asentimiento en dirección de Thor, que estaba aún más preocupado, algo que decía de su crianza, al menos no lo escondía. – Ahora, tu misión es encontrar a mi sucesor en Midgard o Terra, como quieras llamarla. Solo te diré que se encuentra en una de las escuelas de magia, aunque creo que podrá ser que se gradúe antes de tiempo. Él es un Emrys, busca a los hechiceros, druidas y brujos y encontrarás al indicado.- Dijo Muerte a Loki, el cual parpadeaba en señal de confusión, pues no entendía muy bien cuál era el punto de su misión. Y si era una misión en absoluto. – Alguna duda.- Inquirió Muerte.

- Ninguna, creo que me haré con él en el tiempo.

- Perfecto, prepárate lo que tengas que llevar, nada de sirvientes. Solo tú. Ahora, yo por el contrario, necesito una habitación en el palacio, ¿Puedes darme una, rey de Asgard?

- Por supuesto, solo… sígueme.- Dijo Odín, haciendo un ademán de acercarse a sus hijos para abrazarlos y desearles suerte, pero se lo pensó en el último minuto.

Frigg, que lo vio, suspiró y se encargaría ella misma de despedirse por su marido de sus hijos, aun no sabía si la misión de Thor era peligrosa o no, solo sabía que le llevaría tiempo.

La de Loki, solo esperaba que su hijo encontrara las respuestas que Muerte le pidió que buscara y que un día los pudiera perdonar por no decirle la verdad y hacer que su infancia fuera más… tierna y buena.

Ella sabía de los problemas que tenía con los otros asgardianos en cuestión de físico, pues a él le gustaba estudiar los caminos de la magia y la magia práctica, por ello sus bromas a sus compatriotas, le hicieron famoso.

- Cuidaos hijos míos, en vuestras misiones. Volved pronto y no seáis… imprudentes.- Les dijo dándole un abrazo y un beso en la mejilla a cada uno, dándoles susurros de cariño y amor, que toda madre da a sus hijos.

Ambos asgardianos o un asgardiano y un medio asgardiano, salieron del palacio al atardecer, en dirección del Bifrost, el cual era custodiado por Heimdall, el que todo lo ve.

Iban en relativo silencio, tanto Thor como Loki, sumidos en sus pensamientos, mientras que los otros tres guerreros y guerrera, bromeaban entre ellos y estaban un poco impacientes por la misión dada a ellos y el príncipe.

- Hermano, sea lo que fuere que padre te ha dicho, tu siempre serás mi hermano y te querré, solo quería que lo supieras.- Le dijo en voz alta Thor a Loki, el cual no pudo evitar que se le escapara un poco de burla, ante el afecto mostrado, pero el sentimiento en el fondo del corazón de Loki, era igual, sino mayor.

- Lo comprendo… hermano, también siento lo mismo que tú, pero como se te ocurra decírselo a alguien, sobre todo a esos tres zoquetes que llamas amigos, lo negaré.- Dijo Loki sonriendo a su hermano mayor. – Ten cuidado en tu misión.

- Lo mismo digo, hermano, salvo por lo de mis amigos, a mí no me importa que sepan que te aprecio y te quiero.

- Ahora, si terminamos de esta dulcería, sigamos nuestro camino al puente, creo que Lady Sif y Heimdall se podrían enfermar de nuestra charla.- Dijo Loki, despidiéndose de su hermano, con un abrazo y un susurro de cuidado.

El susurro fue devuelto y el abrazó se convirtió en uno aplastante.

- Heimdall, abre el puente a Midgard, por favor.- Pidió Loki amablemente y sin sarcasmo o cinismo, que estaba acostumbrado.

Una vez que Loki, pasó por el portal a Midgard, Thor suspiró profundamente y se volvió a los guerreros que le acompañaban.

- Chicos y Lady Sif, hoy iremos a la mayor aventura de todas y es de recuperar seis piedras, seis piedras que el mismísimo Aspecto Muerte, nos ha pedido recuperar. Las piedras del infinito.- Dijo levantando su martillo y sonriendo ampliamente ante la aventura que se le avecinaba.

- Heimdall, donde está la primera de ellas.- Pidió sin más demora Thor.

- Las gemas del infinito os serán difíciles de encontrar, pues están muy bien custodiadas. Os recomiendo, mi príncipe que tengáis extremo cuidado y que si habéis aprendido algo de vuestro hermano, el príncipe Loki, lo utilicéis, pues la lengua de plata que tiene os servirá en esta misión. Para contestar a vuestra pregunta, dos de ellas se encuentran en Midgard. Una está en el hielo, profundamente enterrada en una especie de nave. La otra está protegida místicamente y os será más difícil de localizar. Id a una de las islas de Midgard en Japón y pedid una cita con la hechicera suprema, sed cuidadosos pues es una mujer que ha vivido por miles de años en Midgard, escapando de la muerte.

- Sí, ¿Pero dónde están Heimdall?- Pidió uno de los tres guerreros, un poco impaciente.

Con un gruñido por la impaciencia del guerrero, Heimdall continúo como si no hubiera sido cortado. – Otra de las gemas, está en uno de los planetas desconocidos, donde el nombre se perdió. Os puedo llevar allí y os tocará encontrarla a vosotros. El éter se encuentra en el planeta natal de Malekith, el elfo oscuro. Os recomiendo que vayáis primero a por esa, después a Midgard a por el Teseracto, que es la gema del espacio y a por el ojo de Agamoto, la gema del tiempo. Una vez las tengáis, os diré más de ellas. ¿A dónde primero?- Preguntó el guardián del Bifrost.

Los cuatros guerreros se quedaron pensando y discutiendo por unos momentos, hasta que Thor intervino y decidió que lo más fácil sería mejor.

- Iremos primero al planeta del elfo oscuro, Heimdall. Cuando la tengamos, ¿Cómo la encerramos, para no usarla?

- Eso es fácil, en esta caja, que contiene seis espacios, para las piedras. Con que las acerquéis a sus respectivos lugares, saldrán de sus sellos, solas.- Intervino la voz de Muerte, resonando en todas las mentes que había. Después apareció la caja, que fue recogida por Lady Sif.

Con un suspiro, Thor instruyó a Heimdall para que abriera el portal y poder ir a su destino, el planeta natal de los elfos oscuros, a recoger la primera de las gemas del infinito.

Mientras que Thor, Sif, Fandral, Hogun y Volstag estaban en su búsqueda y Loki, Frigg y Odín en las suyas respectivamente; Harry se encontraba por la mañana, el día en el que tenía que volver a Hogwarts, enfrente del retrato de su antepasado Ignotus Peverell, hablando con él sobre el hechizo y lo que pasaría, una vez se enlazara con la piedra de resurrección.

Como era de esperar, Ignotus no tenía una manera de decirle a Harry lo que pasaría, pero sí la manera de encontrarla, para no ir a ciegas.

Debería de decir un hechizo cantado, en un idioma perdido hace mucho tiempo, para poder saber dónde se encontraba la dichosa piedra. Gracias a que estaba medio enlazado a ella, podría decirlo sin ningún tipo de efecto secundario.

En el caso de no estar enlazado o medio enlazado y lanzar ese hechizo, tendría de menos de un año, para encontrarla, sino, la muerte le llegaría antes de tiempo.

Era un hechizo, como Ignotus dijo, para disuadir a los que buscaban las reliquias de la muerte, para ser sus maestros, como la misma leyenda indicaba. Por parte de los hermanos Peverell y los restantes Potter, pensaban que las reliquias juntas, traerían un inmenso poder al portador y tal vez, la inmortalidad, pues no podía ser que un humano o mortal, mandara sobre la muerte y mucho menos ser su maestro.

El hechizo contaba de dos partes fundamentales para que funcionara. La primera, era cantarlo en un círculo rúnico, con la capa de invisibilidad puesta. Y el segundo, con un corte en su mano, sin dejar de cantar el hechizo, en un pergamino u hoja de papel, aparecerían las coordenadas o el nombre del pueblo en el que estuviera escondida, guardada o se hallara la piedra.

Saliendo a los jardines, con Bennu encima de su hombro y mostrándole el cantico en su mente, se dispuso a dibujar el círculo ritual, para comenzar lo más pronto posible. Con la capa sobre los hombros y Bennu, habiéndole dejado solo en el centro del círculo, pero cerca de Sarah por si tenía que intervenir el fénix, Harry comenzó a cantar.

En sí, el cantico no era extremadamente largo ni complicado. Lo más difícil era hacer correctamente el círculo ritual, el resto era pan comido. Por eso cuando se cortó en la mano, con una daga ceremonial, en el pergamino que tenía delante, aparecieron las palabras de: Cabaña de los Gaunt, Little Hangleton, Inglaterra.

Harry se sorprendió unos momentos, hasta que recordó a que Gaunt específico pertenecía esa cabaña y porque no había ido a investigar antes. El abuelo de Voldemort, y bisabuelo de Salazar, vivía allí, algo que le contó una historia de que él tenía un hermano o sobrino más joven, que decidió casarse con una nacida de muggles, por escapar de la locura de la endogamia de la familia.

Por ello la rama de los Gaunt de Salazar estuvo escondida tanto tiempo, era increíble, tal vez llamaría a Salazar para que acabara con la cabaña en cuanto cogiera la piedra o incluso lo llamaría una vez que recogiera la piedra en compañía de Sarah y Bennu, como copia de seguridad, por si había alguna trampa mortal, que la defendiera.

Esperando a que el pergamino y el círculo ritual terminaran de realizarse, para no tener problemas con la magia, miró detenidamente el pergamino, el cual la tinta roja, que era la sangre de Harry, fue secándose lentamente.

Una vez terminado el ritual, salió del círculo rúnico y se dirigió a Sarah y Bennu. Les mostró el pergamino y estuvieron hablando los tres de ir en cuanto antes allí.

Bennu los llevaría a través de las llamas fénix, hasta el borde exterior de la cabaña de los Gaunt, luego Sarah y Harry se encargarían de bajar las defensas y explorar la cabaña misma.

Una vez llegados al pueblo de Little Hangleton y enfrente de la cabaña Gaunt, Bennu se fusionó nuevamente con Harry, quedando en su interior y aconsejándole que tuviera cuidado, pues la cabaña desprendía magia oscura del alma.

Lo que quería decir para Harry, es que dentro había un Horrocrux. Bueno si se encontraban con esa cosa, lo más seguro era destruirlo con la magia de la antigua religión. Solamente un par de hechizos y maldiciones harían eso.

Uno de ellos era Hellfyre el fuego negro que ya dominaba Harry, como el Findfyre, pero más destructivo y poderoso.

Otra maldición, era la destructora de almas, algo que tener mucho cuidado, pues si se hacía mal, podría destruir el alma equivocada, séase la de Sarah o la de él mismo.

Y por último, estaba la maldición que acababa con los Horrocruxes, que por desgracia tomaba demasiado tiempo y era cantada. Si la cabaña tenía algún tipo de alarma, para avisar al creador del Horrocrux, deberían darse prisa.

Todo ello se lo explicó a Sarah, mientras que ésta solamente examinaba la cabaña con hechizos de ambas magias, de diagnóstico.

- Es increíble Harry, el que guardara el Horrocrux aquí, no ha puesto protecciones. Solamente unas defensas en Pársel, pero creo que las puedes quitar.

- Tonto arrogante, si creo quien es el que hizo el Horrocrux, entonces será un placer destruirlo.

- ¿Quién? Espera, no me digas, ¿Voldemort?

- En efecto.- Dijo Harry, examinando con su báculo la cabaña y hablando en la lengua de las serpientes.

Poco después sacó las protecciones Pársel en el mismo idioma y ambos entraron en lo que era un desastre de cabaña.

Todo estaba medio derruido y con plagas mágicas y mundanas. La hierba y el moho, junto al musgo, que estaba por todas partes.

Con un hechizo de localización, para hallar el Horrocrux primero, encontraron que estaba debajo de una tabla, escondido en una caja de madera, tallada con el escudo de armas Peverell.

Levantándola mágicamente, no queriendo tocar nada, por si acaso, se abrió la caja para encontrar un anillo de oro, en el centro del engaste había una piedra que parecía estar llamando a Harry de dos formas distintas.

Una de ellas para enlazarse, lo que quería decir que era la piedra de resurrección. Y la otra para que se pusiera el anillo y poder ser maldecido, con una maldición oscura, de las que te corroía el dedo y brazo rápidamente, para entrar en el torrente sanguíneo del corazón y matarte.

- ¡Espera Sarah, no lo toques! Tiene una maldición compulsión en él y otra maldición, que te envenena. Además, Tom fue estúpido, hizo de la piedra de resurrección un Horrocrux. Será difícil quitar la piedra del enganche del anillo, sin alterar el alma.- Advirtió Harry a Sarah, que estaba extendiendo la mano, lentamente hacia el anillo.

Deteniéndose abruptamente, cerró los ojos un momento, para subir sus escudos de Oclumancia y no caer en la tentación.

- Como… ¿Cómo la sacaremos?- Preguntó un poco inquieta.

- Lo primero que tenemos que hacer es quitar la compulsión y la otra maldición. Para ello utilizaremos la magia de la antigua religión. Empieza tú, mientras preparo la cabaña para el cántico destructor de las ánimas.

- ¿¡Que!? ¡Ni se te ocurra, hacer eso! Es muy peligroso, imagínate que algo sale mal, tu propia alma podría…

- ¡Lo sé! Pero es la única opción Sarah. No hay otra manera. Además no tenemos prisa, pues no hay alarmas que avisen a Tom.

- No me gusta esa idea, no puedes quemarlo con Hellfyre o Findfyre.- Pidió Sarah preocupada por su novio o mejor dicho, por el alma de su novio.

- No, esa es la única solución sin dañar la piedra. Aparte, el cántico evitara que cometa el error de apuntar a más de un alma, solo apuntara al Horrocrux, pero por si acaso, es mejor que salgas una vez termines.- Dijo Harry, queriendo protegerla. No podía evitar temer por su bienestar.

- Estás loco si piensas que te dejaré solo. No solo eres mi aprendiz, sino mi novio y no quiero perderte… te quiero demasiado Harry.- Dijo dando por finalizada la discusión y dejando a un sin palabras Emrys.

- Está bien, comienza con las maldiciones.- Instruyó Harry, mientras se preparaba mentalmente y llamaba a la magia de la antigua religión a él.

Cuando vio que Sarah terminó su parte, porque era claro que el anillo no lo llamaba más a ponérselo en el dedo, comenzó con su parte de la operación, "extracto de Horrocrux".

- Èist draoidheachd m 'urnuigh, a dh' aindeoin nàdar agus draoidheachd na t-anam air a bhith air adhbhrachadh, iarr thu airson an toileachadh sgrios seo pìos briste anam, a tha ann an còmhlan à fàinne mo shinnsearachd agus sàbhaladh an aiseirigh cloiche. Oh draoidheachd, a 'cluinntinn m' òran, agus sgriosaidh seo olc air an talamh.- Ese cantico lo repitió siete veces, como el número mágico más poderoso que existía, aparte de su doble, pero no quería quedar demasiado exhausto, aparte del hecho de que sabía que tanto no sería necesario.

Mientras iba cantando, no se dio cuenta de que su aura salió a la superficie y comenzó protegiendo, tanto a Sarah como a él mismo y al mismo tiempo a concluir el hechizo antiguo, para destruir, ciertamente el mal que se había hecho por Voldemort.

Del enganche del anillo y el círculo de oro, empezó a brotar la forma fantasmal de Voldemort, hasta que en el último cantico, que fue hecho en voz demasiado alta, casi chillándolo, el espectro dio un grito de agonía y dolor final. Desapareciendo completamente del mundo de los vivos, el anillo quedó limpio y cayó al suelo, rodando hasta los pies de Harry, el cual quedó de rodillas por el cansancio.

Fue el primer cantico que tuvo que hacer para esto y Sarah tenía razón, no estaba acostumbrado a invocar tanta magia.

Incorporándose lentamente, dio un suspiro cansado y le dijo a Bennu que los flameara nuevamente en la mansión, una vez allí, ya se uniría a la reliquia que estaba al lado suyo. Recogiéndola del suelo, Harry se la guardó en el bolsillo, no queriendo ponerse el anillo en el dedo, no sin antes echar un par de encantamientos de diagnóstico, por si quedaba algún remanente del Horrocrux.

Cuando ambos hechiceros llegaron a la mansión a través del poder de flamear de Bennu, Harry pidió inmediatamente a Dobby un elixir para reponer fuerzas, debido a que todavía tenía trabajo que hacer.

- Sabes Harry, bien podría habernos aparecido a nosotros mismos en las puertas de la mansión, no hacía falta que Bennu nos llevara.- Dijo Sarah un poco molesta con su novio, por el hechizo cántico de destierro de almas.

- Sí, lo sé. Pero prefiero el transporte fénix a la aparición, es un poco de un mareo.- Dijo Harry sonriendo ligeramente y cogiendo el elixir, tomándoselo de un trago para recuperar las fuerzas.

Caminando ambos hacia donde los retratos, para que vieran que habían conseguido sin muchos problemas el anillo que contenía la piedra de resurrección y más aún, contarles que el anillo en sí era un Horrocrux de Voldemort.

Harry mientras hacía eso, junto con Sarah fueron lanzando hechizos y encantamientos de diagnóstico buscando por algún indicio del Horrocrux, dejado atrás.

Dando todos los resultados positivos, Ignotus pasó a explicarle a Harry como tenía que enlazarse con la piedra.

- Ahora presta atención, Harry. Para enlazarse con una de las reliquias has de seguir uno de los tres pasos. El primero es heredarla en la familia, lo que causa que la primera de las tres reliquias, el manto, le tienes perfectamente enlazado a ti. El segundo paso es reclamarlo por medio de una herencia lejana o derecho de conquista. La piedra al tener una parte del alma de Voldemort en ella, puedes reclamarla por ambas partes, tanto por derecho de nacimiento y de conquista. Al ser parientes de los Gaunt y al haber derrotado a Voldemort, la piedra te elegirá a ti como su dueño.

En el caso de la varita de sauco, solamente podrás hacerte cargo de ella, si desarmas a su dueño actual, lo matas o lo incapacitas. Así es como se enlaza, aparte de sangrar un poco sobre cada reliquia.

¿Así que dime, Harry, has mojado un poco la capa en tu sangre?

- Eh… no, no he hecho eso. Sin embargo y para mi defensa, no sabía que había que hacerlo.

- No te preocupes, primero reclama la piedra, por derecho de conquista mejor. Tienes que decir el nombre completo de su último dueño, es decir, el de Voldemort. Pero también su alias, por si acaso la magia queda incompleta. Deja ambas reliquias sobre la mesa y comienza.- Ordenó Ignotus, el cual veía expectante.

Harry mirando su capa, la dejó sobre la mesa como le dijo Ignotus que hiciera, el anillo también lo dejó ahí, pero un poco más alejado de la capa, no sabía que pasaría y cuáles serían los efectos adversos de la reclamación y enlace de ambas reliquias.

Tomando un suspiro, Harry comenzó a reclamar la piedra, preparando en el proceso la daga ceremonial.

- Yo Harry James Potter, Emrys, proclamo que por el derecho de conquista al mago oscuro llamado, Tom Marvolo Riddle, alias Lord Voldemort; reclamo la piedra de resurrección que ha estado en la rama de la familia Gaunt de Tom Marvolo Riddle, alias Lord Voldemort, así sea.- Terminó la reclamación, esperando algún efecto en la piedra, lo que solamente vino fue un pequeño destello de color negro y dorado.

- Eso ha sido… ¿Todo?- Pidió Sarah que se veía decepcionada al no ver un efecto más dramático.

- Sí, eso en cuanto a la reclamación. Ahora enlaza las dos reliquias a tu sangre. Primero, la capa y después la piedra. Cuando hayas terminado, ponte ambas reliquias.- Instruyó Ignotus un poco ansioso.

Harry creía firmemente que su antepasado sabía lo que vendría si se ponía las reliquias y solamente quería ver la reacción. Moviendo la cabeza ligeramente, dio una mirada de soslayo a Sarah, la cual aunque cabreada con él, le puso una mano de apoyo en su hombro, para darle ánimos.

Cogiendo la daga ceremonial, y unas palabras en latín, se enlazó con el manto y la piedra rápidamente, dando un espectáculo de luces al mismo tiempo. Del manto, surgieron los colores rojo, negro, azul y dorado. De la piedra, únicamente los colores, negro, rojo y dorado. Era curioso.

Colocándose primero la capa sobre los hombros, por encima de la túnica, vio con asombro como no se volvía invisible, cogiendo seguidamente el anillo, se lo puso en su mano izquierda, en el dedo corazón.

- Pues yo no…- Se cortó Harry al sentir un poder que le llenaba dentro de sí mismo y al ver un capullo de pura magia envolverle entero.

Dentro del capullo, pudo sentir como la magia de las reliquias le llamaba y le instruía acerca de su historia y de lo que pasaría cuando se completara el círculo, con la varita de saúco, varita que no era varita en realidad, sino un báculo en miniatura, haciéndose parecer a una varita. El báculo de la muerte, aquel que fue diseñado por y para la Muerte misma. Aquel que empuñara las tres reliquias, no sería el amo de la muerte, sino que sería el sucesor del Aspecto de la Muerte, algo totalmente extraño para Harry y digno de investigación.

Pero primero tendría que volver a Hogwarts, después de explicar lo que vio y aprendió de ambas reliquias.

Al parecer las tres reliquias eran más antiguas que la humanidad misma y que Muerte decidió dejarlas en la tierra para ver quién era su digno sucesor.

Vio claramente como Muerte descendió sobre la Tierra, cuando la humanidad estaba aprendiendo de su entorno y comenzó a sobrevivir. Vio con asombro, como los que no tenían magia, respetaban y veneraban a sus chamanes, los primeros seres mágicos en aparecer, debido a que la Tierra comenzó con sus líneas ley activas.

Al tener las líneas ley activas, la magia del planeta estaba bañando a todo el mundo, séase, plantas, animales, personas, seres marinos, etc.

Después de lo que vio, se preguntó como las cosas cambiaron a lo largo de la historia y todo se torció, teniendo que separarse ambos mundos, cuando al principio de todo, vivían en paz y tranquilidad.

Olvidándose de eso momentáneamente, vio cuando por primera vez, Muerte interactuó con la humanidad, dotándolos del arte de la nigromancia, por pura curiosidad sobre cómo reaccionarían.

Viendo que reaccionaban como se esperaba, investigando los aspectos de la muerte y sus caminos, decidió que para cuando quisiera retirarse de ser la personificación de la muerte, dejaría tres reliquias en la Tierra, separadas de ellas mismas, para que se encontraran algún día.

La primera en ser dejada, fue la piedra de la resurrección y Muerte decidió dejarla donde actualmente sería Egipto.

La segunda en ser dejada fue la capa de Invisibilidad, aquella le fue legada a unos seres mágicos que vivían en una isla, aquellos que se llamaban a sí mismos atlantes.

La tercera y última la dejó en los pueblos, Maya, Inca y Azteca, cada pueblo turnándose el báculo de la Muerte, un poderoso artefacto que los estuvo salvando de la conquista de otros pueblos, hasta que otro pueblo, más poderoso, llegados de un país donde decían que la nieve era muy usual, robaron el báculo y se lo llevaron de vuelta y así fue como la tercera reliquia se hizo su camino en Europa.

De tanto conocimiento que tenían ambas reliquias por las magias imbuidas y vistas por ellas, Harry estaba al punto de desbordarse, hasta que se acordó que tenía un segundo paisaje mental, al cual podía acceder.

No quería utilizar ese paisaje mental para guardar tantos recuerdos y conocimiento, pues entonces tendría que empezar otra vez a investigar sobre más de dos paisajes mentales, pues estaba totalmente seguro que el máximo alcanzado eran dos.

Lo que podría hacer, era guardar todo lo de valor y lo que no sirviera para nada, ir desechándolo, aunque viendo lo visto, prefería no hacerlo, pues la experiencia que le iban a dar con los recuerdos de ambas reliquias, era increíble. De momento, saldría de su mente, cuando organizara todo y explicaría el proceso de enlace, tanto a su novia, como a sus antepasados, que por este momento deberían estar preocupados, ya que no sabía cuánto tiempo había estado ausente en el interior del capullo protector de magia.

Cuando Harry salió del capullo de magia, todos los retratos se le quedaron mirando con ganas de una explicación, más Sarah, olvidándose de su enfado, se echó sobre sus brazos, examinándole de cerca, por cambios o dolores que le afectaran a su cuerpo o mente.

- ¿Estas bien, Harry?- Preguntó una Sarah preocupada y claramente se la veía un tanto angustiada.

Harry, queriendo dejarla tranquila, la abrazó y le dio un beso en los labios de larga duración, haciendo que jadeara un poco, debido a la creciente excitación.

Terminando con el beso, Harry le susurró que estaba de hecho, genial. Que los conocimientos adquiridos a través de la capa y la piedra eran tremendamente antiguos y de larga data.

Entonces pasó a explicarles lo sucedido en su mente y lo que tuvo que hacer para salvaguardar todos los recuerdos que adquirió, de hecho si no fuera por la extensión de la isla mental de Avalon, tal vez hubiera estado con un fuerte dolor de cabeza y muerto a los tres días.

A continuación los retratos pasaron a discutir las posibilidades de que su descendiente tuviera más de un paisaje mental, llegando a la conclusión Ignotus, Lily y Charlus, de que tal vez debería probar a añadir más "casas, castillos, huecos y recovecos" en sus paisajes mentales.

En lo referente a los huecos y recovecos, le dijeron que en vez de utilizar las casas para guardar el conocimiento que poseía, que se imaginara en cada casa una "biblioteca" o una sala con pensaderos o viales, para salvaguardar todo. En definitiva, tendría que rehacer sus escudos de Oclumancia, todo de nuevo. Tal vez le llevara uno o dos días, pero de momento, tendrían que prepararse para volver a Hogwarts y preguntar, qué es lo que se habían perdido.

Terminando las discusiones y conversaciones sobre el bienestar mental de Harry, éste pasó a ir a la habitación que compartía con Sarah, para preparar el baúl e ir nuevamente a Hogwarts, a través de la chimenea de la mansión, al despacho del director Powell.

En el momento en el que Harry y Sarah, salieron por la chimenea del despacho del director Powell, éste último lo recibió con un fuerte abrazo y dándole las felicitaciones correspondientes, por haber triunfado más allá de las expectativas de todos los miembros de ambos Concilios, tanto Externo, como interno.

- Felicidades, Emrys. Te has superado a ti mismo, nadie y déjame decirte, nadie pensó que llegaríamos a ver el día en que Albion resucitaría, al mando del ministerio mágico de Bretaña, prohibiendo la caza de los nuestros y dándonos la oportunidad, una vez más de ser parte de la comunidad mágica, sin malas miradas. Solamente, felicidades y muchas gracias Emrys.- Dijo el director Powell, estrechándole una vez más la mano, dejando a un Harry con los ojos como una lechuza, parpadeando y abriendo ligeramente la boca, pues no se esperaba una recepción como ésta.

Por otra parte, cuando Harry le preguntó si en Hogwarts había pasado algo que tuviera que saber, antes de aparecer por la sala común de Slytherin, Director Powell, le contó que la noticia de la ejecución de Percy Weasley, más las noticias del Wizengamot y posterior muerte de Dolores y destitución de Fudge, el balance de poder dentro de la casa y de otras casas, recaía ahora en Harry y sus amigos.

Por el lado del joven Malfoy, se decía que estaba actuando calmadamente, es más, había pedido disculpas formales a sus primos Lestrange, al enterarse que ya no estaban bajo la custodia de su madre, Narcissa.

Por otra parte, la vida en el colegio seguía siendo monótona y tranquila, aunque había en el aire una singular aprehensión y amenaza que se podía sentir en la magia ambiente, algo que tendrían que investigar.

Harry le contó un poco de sus aventuras fuera del Wizengamot, sobre todo lo de la cabaña Gaunt, decir que director Powell estaba un poco enfadado con la imprudencia de Harry, sería decir que era una subestimación.

Al ser fuera de la escuela no podía darle una detención, pero sonriendo malévolamente, dijo que no le quedaba más remedio que darle una lección, por ello le castigó con una detención de una semana con la profesora McGonagall, para que pensara en sus acciones, traían ciertas consecuencias.

Por parte de Sarah, cuando llegaron a los cuartos de ésta en el colegio, le dijo claramente que todavía seguía un poco enfadada con él y que por ello, ella también le castigaría, dejándolo sin hacerle cariñitos o besos en sus cuartos cuando vinieran a hablar, era más o menos como mandándolo a dormir en el sofá.

- Temo entonces que en el futuro, tendré muchos castigos como ese.- Dijo con un estremecimiento Harry.

Saliendo de los cuartos de Sarah y dejándola nada más que decir, "espero que no" se fue nuevamente a la sala común de Slytherin, para contar a sus amigos más cercanos los hechos de los días que había estado fuera.

Saludando a Sir Gaunt en Pársel, éste le dejó pasar a la sala común y mirando con la esperanza de encontrar a sus amigos donde siempre estaban, los localizó y se fue a unirse a ellos.

- Hola chicos, ¿Qué me he perdido estos días?

- ¡Harry!- Dijeron todos al unísono, como si lo hubieran ensayado recientemente. Se levantaron y cada cual fue a darle su abrazo y felicitándolo porque sus planes estuvieran marchando bien.

Los hermanos Gaunt, le explicaron que ya sabían que él iba a ser el padrino de su nuevo hermano o hermana, lo cual aceptaban de buena gana, pues lo consideraban como a un hermano.

En definitiva, era bueno estar de vuelta en Hogwarts, aunque sea solo para hablar de trivialidades con sus amigos, hasta la hora de las explicaciones de los planes de futuro y de lo que esperaba que sus amigos lograran, pues recientemente tenía ciertas "misiones" o cometidos para ellos.

La vida era buena y la relajación también, al menos hasta que la guerra con los muggles, diera comienzo. Desgraciadamente, no tardaría en llegar.

Nota de autor:

Hasta aquí un nuevo capítulo, espero que les haya gustado. A partir de ahora comienza una parte de lo que quiero hacer de Crossover. De momento va a ser Thor. Pero seguramente se mezclara con guardianes de la galaxia, vengadores, etc.

Es muy posible que las líneas de tiempo no las respete, debido al hecho de que la guerra muggle-mágica llegue antes de tiempo, de lo que le pasa a Tony Stark en Afganistán.

Y no digo más que sino fastidio los próximos capítulos.

El cantico que está en gaélico escocés, aquí está su traducción. Sé que es un poco malo, pero es lo mejor que se me ocurrió:

Escucha magia mi plegaria, una violación a la naturaleza y magia del alma ha sido causada, pido por favor que destruyas esta pieza destrozada de alma, la cual se encuentra en la banda del anillo de mis ancestros y salva la piedra de resurrección. Oh magia, escucha mi cantico y destruye este mal de la tierra. (Cantico en gaélico escoces, para destruir la parte del alma de Voldemort en la piedra de la resurrección.)

Si hay algún fallo o lo que sea que no esté bien, pido disculpas como siempre e intentaré corregirlo en los siguientes capítulos. Gracias a todos y todas por leer y seguir la historia, hasta pronto.

Un cordial saludo y hasta la próxima.