CAPITULO 29
Los hermanos Gaunt, le explicaron que ya sabían que él iba a ser el padrino de su nuevo hermano o hermana, lo cual aceptaban de buena gana, pues lo consideraban como a un hermano.
En definitiva, era bueno estar de vuelta en Hogwarts, aunque sea solo para hablar de trivialidades con sus amigos, hasta la hora de las explicaciones de los planes de futuro y de lo que esperaba que sus amigos lograran, pues recientemente tenía ciertas "misiones" o cometidos para ellos.
La vida era buena y la relajación también, al menos hasta que la guerra con los muggles, diera comienzo. Desgraciadamente, no tardaría en llegar.
Heimdall, el que todo lo ve, abrió el puente del arco iris o el Bifrost, como también se llamaba; para preparar el viaje de los tres guerreros, Lady Sif y Thor al mundo oscuro de Malekith.
Una vez llegados allí, tendrían que tener cuidado con las naves de los elfos oscuros, para que no los descubriesen llevándose el éter o la gema de la realidad.
La gema de la realidad es la más poderosa y peligrosa si se usa incorrectamente, gracias a Muerte y los dioses de que no tenían que utilizar la gema, sino que la tenían que guardar en la caja especial que les dio Muerte. Definitivamente, conociendo las leyendas que contaba el padre de todos a sus hijos cuando eran más jóvenes, se decía que el éter al estar en posesión del mundo oscuro, tenía el poder de moldear la realidad, concediendo deseos materiales. Por ello Bor, el padre de Odín, intentó destruirla.
Odín, imaginaba que su padre al no poder destruirla, decidió esconderla allí donde los elfos oscuros no la buscarían primero, es decir, su planeta natal.
Muerte les avisó con un mensaje mental, que les dio escalofríos, que si la gema era usada por otra persona solo podía ser detenida por las gemas del alma, poder y espacio. En definitiva, que intentaran que nadie más la robara de su sitio.
Una fácil misión, pensó Thor al principio. Mentiras, todo mentiras, de fácil no tenía nada, pues si bien el mundo oscuro estaba vacío, no tenían la más mínima idea de por dónde comenzar a buscar.
Desde que el puente del arco iris les dejó en un páramo desértico y destruido por las guerras asgardianas-elfos oscuros, los guerreros de tres, Sif y Thor se hallaban en el medio del círculo rúnico quemado, que dejaba el puente.
- Thor, ¿Por dónde empezamos a buscar? Este planeta puede ser enorme, ¿Qué hacemos?- Preguntó Volstagg, mirando alrededor.
- Creo que lo mejor sería separarnos… para buscar el escondite.- Propuso Fandral.
- Sí, separarnos no será una buena idea, dado que solamente hay una caja para guardar la dichosa gema. Además, ¿Cómo propones que nos pongamos en contacto, una vez la hayamos encontrado? Tal vez debimos venir más preparados.- Aportó sabiamente Sif, voz de la razón a veces.
Hogun, solamente asintió en acuerdo con Lady Sif, mientras sus ojos escaneaban el páramo en busca de posibles enemigos que tuvieran que luchar.
Al ver que había un empate sobre qué hacer, no se les ocurrió una mejor cosa que ponerse a discutir los pros y los contras de separarse.
Thor, por otro lugar estaba sumido en sus pensamientos. Sí Thor pensaba de vez en cuando, no solo era la fuerza bruta y poco cerebro, Muerte ya lo vio venir cuando lo vio en la sala de Asgard.
Por un lado Sif tenía razón, separarse sería una muy mala idea, dado que no tenía la menor idea de si habría enemigos con vida en este mundo desolado. Por el otro, mientras que juntos serían invencibles, separados cubrirían un mejor terreno, por ello decidió que uno iría con él y los otros tres se marcharían juntos. ¿Pero a quien elegir?
Volstagg quedaba descartado de inmediato, si bien era un valeroso guerrero, su sed de hambre no había quien lo cubriera.
Hogun era silencioso, tal vez él mismo se quedara sumido en sus pensamientos y se perdieran ambos. Lo tendría fácil, con solo lanzarse a los cielos podría volver a encontrarlo, pero aun así, sería mucho más eficaz si estaba en compañía de Volstagg y Fandral.
Así pues decidió no separar a los tres guerreros, pues sabía que ellos mismos podrían salir de los líos en los que se metieran, si es que en este planeta quedaba alguno.
- Amigos, parad. Todos tenéis vuestra parte de razón.- Comenzó Thor, llamando la atención de sus amigos, que se le quedaron mirando expectativamente. – Por ello, creo que lo más sensato, será justamente una mezcla de lo que decís Volstagg y tu Lady Sif. Los tres guerreros iréis juntos para cubrir norte y este. Mientras que Sif y yo iremos hacia el Sur y el Oeste. En el caso de que encontréis la gema, marchad inmediatamente a Asgard de vuelta y enviad un mensajero a través de Heimdall.- Ordenó Thor, pensando mientras hablaba.
- Pero mi príncipe…- Intentó convencerlo Sif.
- No Sif, mientras más pronto la encontremos, más pronto regresaremos a Asgard e iremos en la búsqueda de otra, que no de tantos escalofríos como este planeta.- Concluyó Thor, coincidiendo internamente con todos, pero no queriendo decir nada, por temor a las futuras burlas que se tuvieran entre ellos.
Habiendo acordado que se separarían y que llamarían a Heimdall si los tres guerreros encontraban la gema, pero si lo hacían Thor y Sif, irían a buscarlos en el vuelo de Thor.
Separándose por caminos diferentes, Thor y Sif caminaron despacio y hablando sobre trivialidades, como entrenamientos, futuras batallas y los banquetes que tendrían que esconder del voraz apetito de Volstagg.
Riendo como antaño, Sif no pudo evitar preguntar sobre la misión de Loki y por la fraternidad demostrada anteriormente.
- No lo sé, mi hermano no ha querido decirme nada sobre la conversación que ha tenido con padre y madre. Sospecho que puede ser sobre su magia, pero no más…
- Tal vez se marche de Asgard para siempre…- Dijo muy poco convencida Sif. No es que no le gustara Loki, pero sus bromas solían ser a veces un poco pesadas.
- No, no lo creo.- O al menos eso esperaba internamente el príncipe de Asgard, ya que quería demasiado a su hermano y sí, en estos momentos le hubiera venido a las mil maravillas tenerlo para dar ideas en la búsqueda, no sabía lo que haría si Loki decidiera dejar Asgard.
Ambos grupos de búsqueda no sabían el tiempo que habían pasado buscando entre los escombros del planeta, pero por las reservas de comida y bebida, bien podría haber pasado una semana. Poco les quedaba ahora y menos al grupo de los guerreros de tres, los cuales estaban por desistir de la búsqueda infructuosa.
Sin embargo Thor y Sif, seguían sin rendirse, pues el honor asgardiano se lo impedía.
- Si yo fuera mi abuelo Bor, donde escondería el éter, aparte de en este maldito y desolado planeta.- Se dijo a sí mismo un día lleno de furia, por no ser capaz de encontrar una dichosa gema del infinito.
- No te castigues a ti mismo, no es culpa tuya que no hayamos encontrado nada aun. Creo que lo mejor ser volver a…
- ¡No! ¡Seguiremos en la búsqueda, aunque sea lo último que hagamos!- Dijo furioso, mientras que tiraba su martillo Mjolnir hacia una cueva, destrozándola al instante y provocando un estallido de grava, tierra y algo rojizo. Sin quererlo, habían encontrado la gema de la realidad.
- ¡Thor! ¡La has encontrado, por Asgard y los Aesires!- Chilló de alegría Sif, haciendo que el mencionado se girara y alzara su mano para recuperar a Mjolnir.
- Si lo sé, lo lanzo antes…- Susurró en un tono oscuro, lo cual hizo que el martillo reaccionara, subiendo su peso considerablemente. – Está bien, lo siento Mjolnir, no lo volveré a hacer.- Dijo a su martillo, realmente arrepentido. A veces el martillo parecía tener mente propia o una conciencia.
Pasando ambos a la cueva y Thor recogiendo la caja que el Aspecto de la Muerte les dio, la abrió señalándola hacia el éter.
El éter se contrajo a sí mismo poco a poco, convirtiéndose en una gema brillante de color ámbar, y volando directamente a la caja, la cual encajó a la perfección en ella.
- Bueno, una recogida, cinco más para terminar… espero que las demás nos cueste menos y que planeemos mejor…- Dijo Sif a Thor, el cual no pudo estar más de acuerdo, el día de hoy había aprendido una dura lección. No podía irse a una misión a oscuras y sin planear de antemano, tal vez Loki desde donde estuviera, se estaría riendo de ellos si se enteraba.
- Sif… si algún día Loki se entera de esto…
- Tranquilo, no se enterara por mí, ni por los guerreros de tres. Te lo aseguro.- Contestó una Sif un poco airada, pues ella sabía las burlas a su inteligencia, vendrían de Loki, tal vez se las apañara para que los guardias del rey también se burlaran.
Saliendo de la cueva y cerrando la caja, tomó a Sif en un abrazo de un brazo y con el otro apuntó su martillo hacia los cielos del mundo oscuro de Malekith, para buscar a sus compañeros perdidos.
Encontrándolos unas horas después de volar y hallándolos en la desesperación por mantener lo último de sus reservas de comida, Thor y Sif les dijo que no pelearan pues tenían la gema.
- ¡Entonces vayámonos de este maldito lugar! ¡Me muero de hambre, por los Vanir!- Rugió Volstagg, el cual ciertamente se veía feroz con esa mirada que les estaba dando.
- ¡Heimdall, la tenemos, abre el puente rápido o Volstagg nos come!- Rugió Fandral, haciendo que todos rieran de buena gana, sin reprochar a nadie por la falta de planes y antelación para la nueva aventura que les esperara en Midgard, que sería allí donde irían a por las otras dos gemas del infinito.
Apareciendo en la cúpula del Bifrost, Thor les aseguró que a la próxima irían mejor preparados y con planes de contingencia.
- Príncipe Thor, recuperad fuerzas y pronto os veré en el camino a Midgard. La gema del espacio se encuentra en unas instalaciones militares de Nuevo México. La gema del Tiempo está en la custodia de aquellos que se hacen llamar hechiceros, pero son mortales que sacan el poder de los universos místicos y sus reliquias, tened cuidado.
- Heimdall, ¿Hay algún aparato para que podamos localizarlas, sin tener que buscar a ciegas?- Preguntó Thor, junto con sus amigos que asentían en acuerdo y esperanzados.
- Hablad con vuestro padre, tal vez el Rey tenga algo que os sirva en su sala de trofeos.- Dijo enigmáticamente, sin decirles si había algo o no.
Un poco desanimados por las palabras de Heimdall, los cinco guerreros fueron a ver a Odín en la sala de Asgard y a entregar a Muerte la gema.
Cuando los vieron aparecer famélicos y cansados del viaje, Muerte no pudo contenerse de reírse en sus caras por la falta de planificación.
- Te dije tu misión, no el tiempo que precisaras para planificarla Thor, hijo de Odín. La próxima vez, haz planes, pregúntame lo que desees para conseguir tu fin, no vayas a ciegas.
- Lo tendré en cuenta, de todas formas, aquí está la gema.- Dijo entregándole la caja con un gesto brusco, pues la burla estaba bien oculta en las palabras.
- Perdone, pero como antes Thor a preguntado a Heimdall, ¿Hay algún aparato para encontrar las gemas?- Recordó Hogun, medio susurrando las palabras, sentado en el suelo, descansando un poco.
Muerte los observó y se apiadó de ellos, pues según el guardián que todo lo ve, habían pasado unas pocas penurias, separándose para buscar en el planeta en dos grupos, únicamente.
- En efecto guerrero Hogun. Tened, éste aparato brillará del color de la gema que estéis buscando.- Dijo entregándoles una especie de tableta rectangular con el dibujo de seis piedras, una de ellas opaca debido al hecho de que ya estaba encontrada.
- Ahora descansad, mañana partiréis a por la segunda y tercera, que se encuentran en Midgard.- Dijo Odín, viendo como su hijo se animaba ante la mención del planeta, pues así podría contactarse con su hermano Loki, en busca de sus ideas, un poco hilarantes a veces, incluso un poco irónicas, pero eran buenas ideas al final.
- Lo siento, hijo de Odín, pero no podrás ponerte en contacto con tu hermano, mientras estés en Midgard.- Dijo Muerte claramente, sin posibilidad de discusión. – Su misión depende de su astucia y de la no interferencia tuya y la de tus amigos. Vosotros iréis a por el Teseracto y el ojo de Agamoto, así como los llaman los mortales.- Terminó Muerte, despidiéndolos con una mano y sacando la gema de la caja, antes de entregársela nuevamente a Thor, que por lo cansado que estaba no vio como desapareció uno de los huecos, quedando así cinco libres.
Cuando Loki llegó a la Tierra o Midgard, repentinamente no sabía qué hacer ni cómo actuar, pues no tenía la menor idea de donde se hallaba. Bien podría pensar en una forma de solucionarlo, pero primero debía esconder la quemadura del portal a Asgard.
Con un movimiento de su mano y una pequeña cantidad de magia, el circulo portal del Bifrost, quedó escondido entre tierra y piedras. Con un asentimiento de cabeza por un trabajo menos del que preocuparse, Loki decidió cambiar de atuendos y ponerse algo que fuera más normal en este mundo.
Por suerte para él, en un cubo de basura cercano, había una revista de moda masculina, la cual recogió y encontró un traje apropiado, con una gabardina negra. Otro movimiento de su mano, y el traje en la foto quedó replicado en su persona.
"Ahora que estoy vestido correctamente, debo averiguar en qué parte de Midgard me encuentro…" pensó para sí mismo Loki.
Caminando en una dirección aleatoria, pensando en su hermano… no Thor y su relación de hermanos, pero que fue una mentira encubierta por el padre de todos, con la esperanza de que algún día podría tener una mejor relación con el reino Jotun, gracias a él. Una forma sutil y cruel de manipulación hacía Loki, que no le gustaba en absoluto.
No es que él no lo hubiera hecho antes, para alguna broma o travesura, pero que se lo hagan a él por la cantidad de dos mil años y que ahora se lo dijeran, por una entidad que quería retirarse y quería que Loki se encontrara con su sucesor, no le parecía en absoluto bien. Tendría que pensar más detalladamente y con la mente fría, para ver objetivamente y tratar de comprender el razonamiento de Odín.
Por otra parte, la esposa de Odín, Frigg o su madre, como en su mente y corazón todavía la llevaba, solamente se había encargado de cuidar a un huérfano y darle el amor de una madre, como si fuera suyo propio.
Aparte del hecho de que su madre, por cualquier cosa que hiciera o aprendiese, o incluso decidiera dedicarse, le parecía bien y estaba orgullosa de él.
Para Frigg no había un hijo mejor, no, tanto Loki como Thor eran sus hijos y los quería por igual, como se sentía orgullosa por igual de ambos.
Divisando una pequeña ciudad o poblado a lo lejos, decidió que lo mejor sería hablar en Inglés, dado que no hace más de un par de siglos, aprendieron de la literatura de un joven escritor llamado Shakespeare, era más que buena y sus aventuras gustaron a la mayoría de la familia real, así fue que aprendieron a hablar inglés.
Había otros idiomas de Midgard que sabían hablar, como por ejemplo: latín, alemán, islandés, noruego, inglés, francés, y ruso. Los idiomas que procedían o descendían del Latín, fueron fáciles de aprender, así como el francés, el español, el italiano, etc. otros idiomas como el griego y el duendigozna, que era una raza de gobblins dedicados al arte de la guerra y a la recogida de oro, eran más complicados de aprender. Pero como se solía decir, el tiempo en Asgard había que pasarlo de alguna manera y siempre venía bien saber algunos idiomas para poder defenderse si se iba a alguna parte de Midgard algún día, como le pasó ahora.
Entrando en la ciudad, Loki se dirigió a una cafetería o taberna, no estaba seguro, pues la cultura Midgardiana tenía tendencias a cambiar radicalmente cada pocas décadas.
- Disculpe, buen señor. ¿Me podría decir que ciudad es ésta?- Preguntó educadamente al camarero que lo miró de una forma extraña e inusual.
- Por supuesto, estamos en Londres, Inglaterra.
- Gracias.- Dijo pensando en lo que respecta a su ubicación, sabiendo ahora en donde estaba, lo último que le quedaba por hacer era encontrar a este Emrys. Tal vez el camarero lo conociera o sabría dónde encontrarlo, pues si era muy famoso entre la gente de… Lond… Londres, entonces tal vez le podrían indicar dónde hallarlo.
- Disculpe de nuevo, buen señor, pero estoy buscando a una persona y no sé si podría indicarme donde vive o donde trabaja.
- Claro, dime como se llama.- Dijo el camarero un poco preocupado acerca del habla de este hombre. Había visto recientemente en las noticias que gente de habla rara era peligrosa y que lo mejor era dar aviso a la policía o el ejército, para que ellos se encargaran.
- Emrys, es su nombre.- Dijo Loki, haciendo que el camarero palideciera y comenzara a temblar de miedo.
Ese otro nombre fue difundido también en las noticias y según el primer ministro Dursley, el chico con ese nombre era el más peligroso de todos y si este hombre le buscaba, también debía ser de los suyos, un criminal o un… mágico como el ministro los llamó, aberraciones de la naturaleza y de dios.
- Un… un momento señor.- Dijo marchándose rápidamente para llamar a la policía, mientras Loki miraba con una ceja arqueada en su dirección, apresurada.
Dando un suspiro, pensó que no entendía la reacción de este mortal, pues el miedo hacia una persona, solo quería decir una de dos cosas.
Uno que era temido por que era un tirano y un villano o dos que era temido, porque no era comprendido entre sus pares y el gobierno quiso hacerle parecer un villano.
De la esquina del bar, salió una mujer con el pelo de lo más variopinto, de color rosa y agarró a Loki del brazo, susurrándole fuertemente al oído que se tenían que marchar, pues los "aurores muggles" como ella los llamó, estaban en camino y no tendrían piedad de atraparlos y experimentar con ellos de alguna forma.
Ahora sí que estaba confuso, no sabía lo que estaba pasando en la actualidad en Midgard, parecía como si los mortales que no tenían magia, estuvieran en guerra con los mágicos. Eso sería un poco… malo, pues los mágicos si no se equivocaba, estaban en inferioridad numérica, debido a su propia estupidez de prejuicios.
- ¿Qué está pasando? ¿Quién eres? Y lo más importante ¿A dónde me llevas?- Preguntó parándose en seco y lanzando una línea de defensa a su alrededor para que los mortales no se enteraran de que estaban allí.
La mujer se quedó mirando pensativamente al hombre que tenía delante. Su jefa le había pedido que fuera al mundo muggle a vigilar, por saber cómo estaba la situación. Cuando se enteró por las noticias muggles que ellos ya sabían de su mundo secreto, estaba por irse, pero cuando vio a ese hombre apuesto entrar al bar y preguntar dónde estaban y si conocían a un hombre llamado Emrys, todo hizo clic dentro de ella. Ese hombre era un hechicero o druida, lo más seguro. Y no de aquí, si no sabía en qué ciudad se encontraba. El primer instinto era llevarlo al ministerio de magia, para saber quién es y que hace aquí, pero si era un aliado de Potter, tal vez sería lo más sensato llevarle con los gobblins, que era conocido por todos que Harry Potter era amigo suyo.
Tampoco estaría de mal, presentarse a este hombre apuesto y calmarlo un poco, pues se veía que en cualquier momento podría atacarla.
- Mi nombre es Tonks…- Dijo la chica de pelo rosa, la cual se quedó callada un momento, ante la visión que la recibía del hombre con la ceja arqueada. Podría decirse que la pequeña parte en la que su nombre fue omitido, no pasó desapercibido por él. – Está bien mi nombre es Nymphadora Tonks, pero llámame Tonks mejor.- Continuó al ver el asentimiento del hombre delante suya y un brillo travieso o de humor en sus ojos. – Estamos en el Londres muggle, por lo cual tienes que tener cuidado con lo que dices. Los muggles y nosotros los mágicos estamos en guerra por culpa de un hombre llamado Dumbledore, el cual ha violado el estatuto del secreto al contarle a los muggles sobre nosotros y difundir la palabra. La guerra es clara, los muggles nos quieren exterminar porque piensan que somos demoniacos o algo de eso.- Dijo dando un bufido y rodando los ojos. – En lo referente a donde te llevo, te voy a llevar al Caldero Chorreante y de ahí al banco Gringotts. Los gobblins sabrán que hacer contigo y responder a todas tus preguntas.- Dijo la chica del pelo rosa, llamada Nymphadora, pero con un tinte de peligrosidad si la llamabas por ese nombre. Loki, no podría hacer honor a su título de burlador y bromista si no salía con algo para con que molestarla un rato.
- Está bien Lady Nymphadora, soy todo tuyo.- Dijo con una sonrisa pícara en su rostro, algo que molestó a Tonks, más por hacer caso omiso a su advertencia de no llamarla por ese nombre.
Como única contestación, Tonks se dio media vuelta y comenzó a caminar rápidamente, sin mirar siquiera a sí el hombre la seguía. Pensando en sus cosas y sobre personas maleducadas que hacían caso omiso a las advertencias dadas por otros, pensó en que no podía seguir llamándolo "el hombre" o "el apuesto".
- ¿Cómo decías que te llamabas?- Preguntó parándose un poco, para que la alcanzara, al parecer no tenía prisa por llegar al Callejón Diagon, ni a Gringotts. Que raros eran los druidas y hechiceros.
- No lo he dicho.- Fue la única contestación que la dio, si quería saber cómo se llamaba, que lo preguntara, no tenía ningún problema con su nombre.
Tonks esperó a que elaborara más, pero viendo la sonrisa de suficiencia en el rostro de Loki, dio un resoplido de frustración.
- Está bien, voy a picar. ¿Cómo te llamas? No me has dicho tu nombre, sin embargo yo sí y para el caso ¿Qué quieres de Emrys?
- Está bien, creo que sería educado decirte mi nombre, pues tú me has dicho el tuyo, Nymphadora…- Dijo con una sonrisa victoriosa al ver un atisbo de molestia en el rostro de la mujer de pelo rosa… espera un segundo, ahora era de color rojo. – Fascinante, ¿Cómo cambias de color de cabello?
- ¿Eh? ¡No me cambies de tema! ¡Y no me llames Nymphadora!- Protestó la chica dando un pisotón en el suelo.
- Cierto, mi nombre es Loki, hijo de Odín, soy de Asgard. He venido a Midgard con la intención de reunirme con Emrys y conocerlo. Aprender de él lo que tenga que enseñarme. Ahora, ¿Cómo cambias de color de cabello? Debe ser un hechizo o un encantamiento.- Dijo siguiéndola hacia un local que parecía que estaba a punto de derrumbarse, extraño, si pensaba que eso era una taberna. Tal vez el hechizo que utilizó para cambiarse el color de pelo, le afectó la mente.
- No es un hechizo o encantamiento, es mi naturaleza de metamorfomaga.- Dijo cambiándolo de nuevo a rosa fluorescente.
- Increíble… ¿Qué es un metamorfomago? ¿Cómo un cambia formas?
- Parecido, pero no. Los metamorfomagos como yo, podemos cambiar nuestra apariencia a voluntad, es más como un espejismo, pero sufrimos del cambio. Eso nos vuelve un poco patosos por nuestra perdida de equilibrio. También somos muy codiciados en numerosos gremios, como por ejemplo en el de asesinos. O en los ministerios de magia, el cual nos utiliza por nuestras capacidades de encubrimiento. En el sexo también somos codiciados, pues nos podemos convertir en la mujer, en este caso como yo, que quieras que nos parezcamos, o el hombre, si un hombre es metamorfomago, en el que quieras que se parezca. Nunca podemos cambiar de sexo, pues es la única limitación que tenemos.- Dijo entrando en el tema del sexo, por si se volvía rojo de vergüenza, así tendría algo con que devolverle el favor a Loki, nombre extraño, pero ella no podía decir mucho del suyo. Para su decepción, Loki no parecía avergonzado, sino todo lo contrario, interesado en el tema.
- Tu poder, ¿Sería algo como esto?- Dijo creando una ilusión de su hermano Thor, pasando a la de Fandral, luego a la de Volstag y más tarde a la de Sif, para volver nuevamente a la suya propia.
La chica de pelo rosa se le quedó mirando con la boca abierta de la incredulidad, nunca en sus sueños habría imaginado encontrar a alguien con su talento, obviando el hecho de que se había cambiado en una mujer.
- Sí, parecido a eso.- Logró articular, pasando de largo por la barra, saludando a Tom, el camarero con aire ausente y llevando a Loki, hacia la entrada al callejón Diagon.
En su camino hacia Gringotts lo hicieron en silencio, pues Loki se estaba maravillando con la cantidad de gente que había en los callejones, tanto brujos, druidas, hechiceros, magos, hags, etc. caminando unos al lado de otros, sin mirarse mal, en algunos casos había miradas de desprecio u odio, pero eran aislados.
Al final y a lo lejos pudieron divisar el banco de Gringotts, con cuatro gobblins haciendo guardia en las puertas, adornadas con picas y en sus puntas cabezas de mortales.
Parecía que los gobblins no habían cambiado sus formas a lo largo de los milenios, tanto mejor. A Loki, Thor y los guerreros de tres les gustaban esas criaturas guerreras y astutas. Sin embargo a Odín, no les gustaba demasiado, por la gran cantidad de furia en la que iban a la batalla.
Llegando a un punto muerto, Loki decidió volver a sus túnicas asgardianas y entablar conversación con los guardias en su idioma, antes de que la chica cometiera un error y le denegaran su petición de encontrarse con el actual rey gobblin.
Tonks que estaba a punto de abrir la boca para introducirlo a Gringotts, vio con asombro como sin siquiera inmutarse, Loki, cambió sus ropas a túnicas extravagantes con un casco que ¡Tenía cuernos! Pero lo más extraño es que estaba ¡Hecho de oro!
- ¿Qué…?- Se vio interrumpida cuando Loki decidió seguir sorprendiéndola, al hablar con el guardia gobblin en su idioma.
- Saludos guardián de las puertas de Gringotts, suelo de la noble y guerrera nación gobblin.- Dijo Loki, dando un arco ligero, sin inclinarse demasiado, sorprendiendo también a los cuatro gobblins. – Que vuestro oro fluya eternamente y vuestras hazañas guerreras sean contadas en el Valhala. Soy Loki, hijo de Odín, Príncipe de Asgard y he venido para pedir una audiencia con vuestro rey.- Dijo cordialmente y esperando no equivocarse con la petición. Mirando ligeramente a su derecha, donde la chica de pelo rosa, llamada Nymphadora estaba, mirándolo con la boca abierta.
No pudo sino meterse con ella un poco más.
- Nymphadora, si sigues con la boca abierta, moscas y escarabajos entraran en ella.- Le dijo riendo un poco y sacándola de su estupefacción.
- Para ser un hombre que no sabe en el país en el que está, sabe cómo hablar con los gobblins y sus formas…- En ese instante se vio interrumpida por la voz de un guardia gobblin, contestando a Loki. Ella como era obvio no sabía nada de eso, pues no conocía su idioma.
- Saludos embaucador, dios del a travesura, hijo de Odín, príncipe de Asgard. Que tu oro fluya eternamente y tus enemigos caigan a través de tus redes de mentiras. Nosotros aquí te damos la bienvenida de nuevo a la Tierra, pronto a ser llamada Albion. Esperamos que nuestro Rey te conteste tus dudas, sígueme.- Ordenó el gobblin en su idioma, sin ni siquiera dar un segundo vistazo a la bruja que miraba estupefacta.
Con un asentimiento, Loki le pidió que esperara un momento para despedirse de la hermosa bruja cambia formas.
- Creo que aquí es donde nos separamos, Nymphadora. Ha sido un placer y honor conocerte. Espero que tu don no sea mal usado en el sexo.- Dijo sonriéndola amablemente, pero con el permanente destello de diversión en sus ojos.
- Lo mismo digo, Loki. Espero volver a verte pronto y que ¡Me llames Tonks!- La última parte la gritó fuerte, para ver si le quedaba claro.
Con un asentimiento de cabeza y un despido de un beso en los nudillos, Tonks se dio la vuelta para marcharse, cuando lo último que oyó fue "por supuesto Nymphadora".
Tonks fue a darse la vuelta para hechizarlo, pero fue demasiado tare, ya que había entrado en el banco, siguiendo al gobblin guardia. No estaba tan loca como para tratar de hechizarlo en suelo gobblin, ya que su cabeza podría adornar una pica, como la de Grayback y sus hombres.
Mientras que Loki se reunía con el Rey Ragnok, nombre parecido al día del juicio final, asgardiano, Ragnarok; Thor y los cuatro guerreros se recuperaban en las salas de curación de Asgard, también dándose un festín en honor a la recuperación exitosa de la gema de la realidad.
Mientras que todo eso sucedía, en un lugar desconocido de Escocia, en una escuela para la magia, hechicería y brujería, Harry Potter o comúnmente conocido por los druidas, hechiceros y brujos, como Emrys, se encontraba en su habitación de la sala común, poniendo a punto los escudos de Oclumancia, utilizando el segundo paisaje mental, junto con el primero, recolocando sus conocimientos y recuerdos.
En el paisaje mental de Camelot, decidió que todos sus recuerdos y conocimientos en la magia, serían colocados en el castillo, en las diferentes salas y bibliotecas que iba creando.
Para los conocimientos de la magia de la antigua religión, los separó en una biblioteca aparte, más cercana a la sala del trono del rey, donde no sabía que poner de momento.
Seguramente crearía una protección de un Golem, junto con la guardia real, para en el caso de invasión mental, atacar con toda la fuerza de la magia.
Para la magia nueva y los recuerdos de Hogwarts, decidió construir otra biblioteca por encima de la biblioteca de magia antigua. También puso protecciones allí, en forma de Golems.
En las diversas habitaciones, fue colocando sus recuerdos y planes hechos en su mente, con sus protecciones debidas.
En las protecciones decidió poner criaturas mágicas, junto con las formas de hechiceros que conocía por la historia, tanto como Myrddin y los demás Emrys existentes de la historia.
Los malos recuerdos de su infancia los tenía salvaguardados en las profundidades de los calabozos, allí no cambió nada, ni siquiera las protecciones.
Para los recuerdos recibidos de la capa, decidió ponerlos en otro calabozo, lo que dio lugar a remodelar el castillo de Camelot de nuevo. Junto a los calabozos que eran originarios del castillo, vinieron las celdas de contención que salvaguardaba los recuerdos de las reliquias. Estas celdas las tuvo que expandir mágicamente en su propia mente, pues eran muchas las personas mágicas que la utilizaron ambas reliquias, hasta llegar a su familia y a él por ultimo.
Pero lo que más temía era el día en que llegaría a poseer la varita de saúco, pues esa fue la que por más manos pasó y la que más recuerdos y conocimientos traería.
Donde las habitaciones de huéspedes, de la familia real de Camelot, y de los sirvientes habían sido, ahí puso los recuerdos y conocimientos de su entrenamiento con Sarah y sus debidas protecciones. Gracias al poder de la imaginación de su mente y al estudio avanzado en las artes mentales, Harry logró hacer del castillo de Camelot, un lugar para sus recuerdos y conocimientos, perdiendo el temor a quedar colapsado por ellos.
Pensando en que el ritual que haría en Stonehenge, le daría miles de millones de conocimientos, algo similar a lo de las reliquias, puso en marcha un plan de contención, creando nuevas salas y niveles vacíos, preparando estanterías para los miles de millones de libros, más orbes como en la sala de las profecías en el departamento de misterios, ahí seguramente entraría bastantes conocimientos.
El problema radicaba en que no solo absorbió los conocimientos que le venían bien, sino también otros conocimientos más mundanos que no necesitaba, como por ejemplo, saber el encantamiento para que la capa de invisibilidad se auto limpiara o como lavarla a mano, antes de la invención de ese encantamiento.
Para ese tipo de recuerdos y conocimientos, decidió salvaguardarlos en viales de pensadero, etiquetándolos todos uno a uno, un trabajo tedioso que le duraría semanas, hasta lograr pasar por todo.
Como únicas protecciones, puso runas en las puertas de las salas que creó de más, en la preparación de los conocimientos y recuerdos, tanto de Stonehenge como de la varita de saúco; para que solo él mismo pudiera abrirlas.
No es que fuera perfecto, dado que un Legeremántico con mucho poder podría abrirlas, pero le llevaría tiempo, que es lo que pretendía Harry. Tiempo que le daría a él, para detectar en donde estaba el intruso y activar protecciones adicionales que no había o crearlas en el momento.
Parecía fácil cuando lo pensaba de todo ello, pero en realidad era del nivel de un maestro de Oclumancia y de una persona muy, pero que muy paciente.
Saliendo del castillo, puso en la primera línea de casas del pueblo, recuerdos en su hogar ancestral, Wizengamot, con Sarah, la familia Black, etc. también decidió hacer copias en baúles sobre baúles de los recuerdos que tenía salvaguardados en el castillo, salvo los recuerdos de las profundidades de los calabozos, pues ellos eran los únicos que quería mantener lo más alejados posible de su mente.
En las demás casas fue poniendo los recuerdos y conocimientos adquiridos por su familia y la familia Gaunt de las dos reliquias. Realmente eran muchos los recuerdos de ambas familias, pero en el fondo merecía la pena mantenerlos en una posición que estuvieran a la vanguardia, por si necesitaba alguno acceder a alguno de ellos rápidamente.
Al final el paisaje mental de Camelot, fue modificado hasta el punto, en el que en vez de faltarle espacio, le sobraba, algo que alegró a Harry a más no poder, pues significaba que los dolores de cabeza, debidos a no poder pasar por todos ellos en un corto periodo de tiempo, finalizarían, gracias a las largas horas de meditación por las noches, cosa buena fue que al estar meditando, su cuerpo se relajaba hasta tal extremo que cuando se levantaba por las mañanas era como si hubiera estado durmiendo toda la noche.
Dejando únicamente el paisaje mental de Avalon para la preparación de los conocimientos y recuerdos que adquiriría de Stonehenge, cuando realizara el ritual que le permitiría encontrar las ciudades perdidas y formar el gobierno de Albion.
Destituyendo el actual ministerio de magia y reconstruyéndolo desde cero en Camelot, Avalon y Atlantis.
Cada ciudad tendría un propósito en el gobierno, también se añadiría el hecho de que daría cabida a los miles de personas mágicas sintientes, que quisieran refugio en dichas ciudades de Albion.
Harry no era ingenuo y sabía que encontrar al menos una de las ciudades le llevaría tiempo, pero por desgracia es de lo que menos poseía.
En la segunda semana de octubre, Harry salió de su paisaje mental, habiendo podido re colocar todo los recuerdos y conocimientos adquiridos por arte de magia hasta ahora, si Harry hablaba con cualquier maestro de las artes mentales sobre estos sucesos, estaba seguro que dicho maestro podría escribir un libro o una colección, sobre el poder de la mente y del conocimiento.
Burlándose interiormente sobre ese pequeño detalle, estaba seguro ahora, de que en la mente de una persona, podría haber tantos paisajes mentales como quisiera. Harry por el contrario, imaginaba que necesitaría un tercer paisaje mental, si el de Avalon iba a estar tan comprimido como el de Camelot.
El tercer paisaje mental que tenía en mente, sería una réplica de la mansión Potter, pues mudaría todos los recuerdos vividos allí que tenía guardados en el paisaje Camelot al paisaje de la mansión Potter.
El paisaje de la mansión Potter, quedaría resguardado por los dos primeros paisajes mentales, como defensa propia para sus recuerdos y pensamientos más personales, tales como la relación que tenía con Sarah, sus miedos y temores que aun poseía, su entrenamiento, etc.
Para los pensamientos menos importantes, tales como las comidas que tenía, cenas, almuerzos y desayunos, los dejaría vagar en una neblina que cubría las murallas de Camelot, producto inducido por sus defensores ilusorios de los dementores.
Yendo hacia la ducha, una vez salido de su cama y habiendo terminado de recolocar todo, lanzó un tempus silencioso para ver la hora en la que estaba.
"seis de la mañana" se dijo a sí mismo. Tendría que darse prisa en ducharse y cambiarse, para esperar al resto de sus amigos y compañeros de clase, pues hoy tendría que demostrar a los profesores, que aunque ausente, tuvo tiempo para hacer las tareas escritas y que las practicas no tenía ningún problema real, a la hora de realizarlas.
En un principio a Harry se le dijo que los ejercicios perdidos tendría que entregarlos al principio de las vacaciones de Yule, pues los profesores no podían permitirse el lujo de perder tiempo al corregir ejercicios que no se habían entregado en su momento.
Harry estuvo confuso, dado que su tarea se la dio a su elfo doméstico para ser entregada a los maestros, pero éstos estuvieron de acuerdo en un consenso, en que las tareas serían corregidas en las vacaciones de Yule y serían entregadas después, en enero. A Harry no le importaba ese hecho, pero le hubiera gustado ser conocedor de antemano de esa decisión.
Si bien era cierto que no tenía problemas, pues a la hora de asistir a las clases, para él le parecía algo aburridas, ya que tenía conocimientos de mágicos mucho más avanzados, gracias a las reliquias. También poseía los conocimientos que fue adquiriendo a través de los dos años en el mundo mágico, gracias al encantamiento del conocimiento que le enseñó Regulus.
De ahí que su nivel de estudios fuera más avanzado, al parecer muchas veces en lo que iba de mes asistido a Hogwarts, se terminaba aburriendo en clases, pero en vez de vaguear, escribiendo sobre posibles planes para la guerra o posibles alianzas en la hora de buscar a los clanes y aquelarres, pasaba el tiempo de clases ayudando a sus compañeros que no entendían algún concepto.
A sus amigos que estaban en primer año, los hermanos Lestrange y el resto de sus amigos que estaban en segundo año, no pudo evitar darles un par de clases de Artes Oscuras e incluso la defensa de las mismas, debido a la ineptitud del profesor que tenían.
Había oído de sus amigos, que el profesor que tenían de defensa contra las artes oscuras, era un poco deficiente. No lo había conocido todavía, ni siquiera fuera de las clases, era como si por alguna razón, ese maestro en particular estuviera evitándolo, tanto mejor para Harry en su humilde opinión, no sabía si sería capaz de soportar la estupidez de ese hombre. Pero no era de extrañar que fuera tan malo, ya que los maestros de defensa que fueron contratados por Dumbledore, terminaban siendo pésimos.
Cuando este tema surgió y el nuevo director, junto a la junta de gobernadores intentaron deshacerse de los dos contratos que tenía previstos el viejo, vieron que eran vinculantes y herméticos, por ello no les quedó más remedio que contratar a un tal Lockhart y a Lupin.
Quitando el hecho de que Lupin era y es lo más probable, un hombre de Dumbledore hasta la medula, era un buen maestro de artes oscuras. Se conocía bastantes maldiciones, contra maldiciones y hechizos para enseñar.
Algunos de ellos, ni siquiera Harry con todo su conocimiento conocía, como la maldición Sectusempra o Vulnera Sanantur, que cuando habló de ello con sus amigos, por casualidad Draco Malfoy que estaba cerca, dijo que su padrino, Severus Snape, fue el que las inventó. Así que Lupin, debió de aprenderlas de él, pues no se explicaba de donde más las podía sacar.
En el desayuno era otra historia, después de hablar largo y tendido con sus amigos, asegurándoles que el resto del año se iba a relajar un poco, pues la inminente guerra con los muggles aún le preocupaba, pero con lo referente a los estudios, estaba bastante seguro de sus posibilidades y quería disfrutar de estar con sus amigos en el colegio.
Sus amigos que no entendían aun completamente las responsabilidades de Harry, le aseguraron que no había problemas, mientras que les tuteara en Defensa y Artes Oscuras, pues ese tal Lockhart era pésimo y desgraciadamente hasta tercer o cuarto año, no tendrían a Lupin.
No, si Harry tenía algo que decir al respecto en la junta de gobernadores cuando se graduara, pues si bien cuando aprobara los TIMOS en Hogwarts y los EXTASIS en el ministerio de magia, recogería su asiento Potter en la junta de gobernadores e intentaría cambiar los maestros que tenían hasta ahora.
Tal vez colocar a Lupin de primero a tercero y otro maestro del Concilio, de cuarto a séptimo año.
En definitiva que en los desayunos, almuerzos y comidas se sentaba con sus amigos, para recuperar el tiempo perdido y experimentar de nuevo la despreocupación de ser un adulto, aunque sabían todos que era una especie de máscara, antes de que saliera al mundo real a cambiarlo para bien.
Las cenas por el contrario, las haría con sus compañeros de casa y de clases, que le pedían consejo sobre cómo actuar en las carreras que querían.
Muchos de ellos querían entrar como inefables, otros aprender el oficio de los focos mágicos, y unos pocos como aurores, para poder hacer carrera en el ministerio de magia en la aplicación de la ley.
La minoría, estaban divididos entre ser abogados, burócratas del ministerio o abrir sus propios negocios. Todo ello Harry los escuchaba en la cena, no porque él supiera más, sino por los contactos que tenía en el ministerio y el Wizengamot.
Ya de por sí solo, conocía a la tía de Susan Bones, Amelia Bones, que era Jefa del Departamento de Seguridad Mágica. También conocía al Jefe de Magos, Titus Ollivander, un gran creador de focos, debido a la buena publicidad que daba Harry y a la mala de las varitas del otro Ollivander, de una sola madera y un solo núcleo, prefabricadas especialmente para servir como muleta, más que como ayuda.
En opinión de Titus las varitas de su hermano solo servían para los niños mágicos de siete años, que empezaban a estudiar la magia en sus casas. Después tendrían que ir a un fabricante de focos, para que se lo fabricara según su disposición mágica, ya sea una de las cuatro clases.
En fin, volviendo al tema de los años superiores de Slytherin, Ravenclaw y Hufflepuff que se reunían a veces en las cenas de Hogwarts, con Harry para pedirle ayuda por los contactos que tenía éste.
No todos querían entrar en posiciones elevadas del ministerio, otros como los hijos de muggles o Squibs, como pidió y explicó a sus amigos que los muggles no podían tener hijos mágicos y que lo más probable era que vinieran de Squibs, olvidados por las generaciones y pensados en que eran simplemente muggles.
Volviendo al tema, los hijos de Squibs, le pedían favores u opiniones sobre qué hacer una vez fuera de Hogwarts, muchos de ellos interesados en el aprendizaje de pociones y alquimia, otros más interesados en la magia de batalla, pues si Albion iba a resurgir, tal vez un ejército sería necesario.
Otros escucharon del refugio y el orfanato mágico que abriría sus puertas en Yule y tenían la intención al menos los de séptimo y unos pocos de sexto año, en dejar la escuela para trabajar cuidando a los niños y refugiados por la inminente guerra, que los periódicos mágicos filtró a la población.
Tanto el Quisquilloso, como el Profeta, filtraron a la población la guerra abierta que vendría a cabo por culpa de Dumbledore y sus seguidores, en contra de los muggles y que la población mágica, se estaba preparando.
A falta de una semana para celebrar Samhain, Harry y sus amigos estaban disfrutando en la biblioteca, leyendo sobre los rituales que podrían hacer o practicar, cuando de repente, Harry se puso tenso, pues oía una voz susurrando en las paredes.
Volviéndose hacia los hermanos Gaunt, que tenían sendas miradas de incredulidad en sus rostros por los susurros oídos, comenzaron una conversación en Pársel, poniendo barreras y salas para no ser escuchados ni espiados.
- Harry, no habrás ido a la cámara ¿Verdad?- Preguntó una preocupada Celeste, de que éste hubiera sido tan irresponsable.
- Por supuesto que no, si fuera al a cámara os llevaría a uno de los dos, pues aunque seamos primos, según Sir Gaunt, Salazar dejó claramente que uno de sus descendientes directos podría manejar a su mascota, el basilisco. ¿Y vosotros? ¿No tendréis algo que contar?- Preguntó arqueando una ceja a ambos de sus amigos.
- ¡No! ¿Cómo puedes pensar así? Te llevaríamos con nosotros…- Se quejó Corvinus de que podría pensar mal de ellos.
Harry viendo que Corvinus había pasado del Pársel al idioma normal, levantó las manos para aplacar a su primo y hablar, pero Celeste se le adelantó. Los demás en el grupo, ahora veían con interés la conversación en inglés.
- Sí coincido contigo Corvinus y estoy segura que Harry aquí también, pero entonces… ¿Por qué anda suelta?- Pidió Celeste a su hermano, que estaba con el ceño fruncido ante la implicación de Harry y pasando de nuevo al idioma normal también.
- No lo sé, según la historia que nos contó padre, ella está en Hogwarts para su protección y está o estaba ligada a las salas de Hogwarts, tal vez si habláramos con el director Powell y le explicamos el problema, podríamos solucionarlo.- Opinó Corvinus con el ceño fruncido todavía.
- Tienes un punto, hermano. ¿Qué opinas tú Harry?
- Que vosotros sois los expertos en la cámara de los secretos.- Dijo sonriendo a sus dos amigos y primos. – Y que debo disculparme con vosotros por mi desconfianza, pero creo que vosotros también, puesto que habéis dudado de mí también. Aunque pensándolo bien, no es de extrañar, somos los tres únicos hablantes de Pársel en la escuela…- Dijo Harry pensando en otras posibilidades, si bien es cierto que Voldemort hizo más de un Horrocrux, no creía que fuera tan estúpido de esconder uno en la escuela, donde alguien podría encontrarlo y hacerse con él. – Sí, id a hablar con el director, os escuchará, además tiene el control de las salas de Hogwarts… pero antes llevaos el mapa de los merodeadores y dárselo.
- ¿Para qué? Si ya tiene el control de las salas, para que necesita el mapa.- Pidió Alphard, junto con Theodore, los cuales estaban estupefactos de que se libraría de un mapa tan valioso, algo que sinceramente le pidieron a Harry para dar esquinazo, cada vez que podían a los Weasley y al profesor Lockhart.
- Francamente, con el mapa tendrá la oportunidad de escanear la población de Hogwarts por si alguien va a los sumideros a abrir la cámara.
- ¡Pero eso es imposible, los únicos hablantes de Pársel somos nosotros tres!- Protestó Corvinus.
- Sí, pero también lo es Voldemort.
- ¿¡Que!?- Medio chillaron todos los oyentes de la conversación de los Gaunt con Harry.
- ¿Crees que Voldemort está en la escuela?- Preguntó Cassie con el ceño fruncido. – No sería la primera vez, pero que su espectro haya vuelto…
- No, no es su espectro lo que me preocupa. Es una parte de su alma…
- Pero para que eso ocurra, ha debido hacer la magia del alma, también conocida como Horrocrux…- Dijo un pálido Alphard, que era el erudito de los hermanos Black, por su amor por los libros.
- Sí, los hizo. Unos cuantos de hecho.
- ¿Cómo lo sabes?- Pidió Cassie. – Y para el caso, ¿Qué es un Horrocrux?- Preguntó mirando a su hermano, el cual se veía claramente nervioso, al ser pillado ante algo que no debería saber.
Con un suspiro, Alphard le contó a su hermana y a todo el grupo como se enteró, pero les hizo prometer que no contarían a nadie, ni siquiera a sus padres lo que descubrió.
- Está bien Alphard, no te preocupes. Cuéntanos lo que sepas.- Insistió Harry, preocupado por su amigo.
- Pues veréis, hace unos años, cuando teníamos diez, para ser más precisos, me encontré con un relicario con una "S" en el centro de él, en el desván de Kreacher y lo recogí para examinarlo, pues me parecía raro que un elfo tuviera una joya tal.
Lo que pasó después fue que el relicario me habló o me susurró al oído cosas que no debería hacer un objeto inanimado. Me asusté mucho y escondí el relicario en un armario oculto de Grimuald Place, para que nadie lo encontrara. Poco después el retrato de abuelo Arcturus me explicó que en la casa había objetos oscuros que podrían ser muy peligrosos y me pidió que le explicara cómo era éste.
Al hacerlo, él no sabía lo que era, ni siquiera lo reconocía cuando se lo llevé, así pues llamamos a Kreacher y le pedimos que nos lo contara.
Nos contó una historia de lo más variopinta, pero resumiendo, nos dijo que el Lord Oscuro pidió a padre, cuando éste aun trabajaba para él, que le prestara un elfo doméstico. Él lo hizo, ordenándole a Kreacher que cuando terminara volviera. Y así fue, cuando Kreacher terminó el mandado en una cueva, volvió a casa.
Poco después, Kreacher tuvo que volver con padre a la cueva para retirar lo que Voldemort escondió allí, que era el relicario. Lo demás es historia, Kreacher sacó a padre de la cueva llena de Inferis y lo llevó a Francia para que se recuperara.
A pesar de todo, nadie sabía lo que era el relicario, pero diciéndole al abuelo que esa cosa hablaba, me dijo que cogiera el libro Secretos de las Artes más Oscuras y creedme cuando os digo, da escalofríos de lo que encontré allí.
Por la explicación que di al abuelo de lo que hacía el relicario, encontré después de mucho buscar, lo que era.
- ¿Y que era?- Pidió su hermana un poco curiosa ante la palidez de su hermano, pues si bien es cierto que las Artes Oscuras eran una rama de la magia que era parte de su vida, nunca había visto que Alphard temiera realmente algo así. Girándose para ver a Harry, se sorprendió, pues si bien no veía miedo en sus ojos, lo que veía la asustó. Furia contenida, pena, y el resto de emociones no sabía describirlas, pero respeto por Alphard era una de ellas segura.
- Alphard.- Advirtió Harry con un tono de voz que dejaba claro que parara de contar la historia. – A partir de ahí, seguiré yo.- Dijo con el rostro serio, mostrando un poco de su aura, para dar énfasis a sus palabras.
Alphard quedó mudo, no porque le hubieran lanzado un silencio, sino porque supo la mirada de Harry, era la misma que su padre le dio, cuando se enteró de que el relicario era un Horrocrux.
- Yo conozco ese libro, pues en mi casa también tengo un tomo de él, más tengo la colección entera. Sí, he estudiado las Artes más Oscuras y no, no os voy a enseñar nada de momento, pues como dice Alphard o es visible, es de temer su contenido y respetarlo.
Como Alphard iba diciendo, en el libro viene explicado lo que es un Horrocrux, pero hay una parte en la que se equivoca.
Para explicarlo mejor, os contaré lo que es un Horrocrux. Un Horrocrux es un objeto inanimado o animado, en el que un ser mágico guarda una parte de su alma en él. Para hacerlo se requiere un ritual de sacrificio humano. No explicaré como es el ritual, pues no creo que soportéis la idea, ni yo mismo la soporté en su momento. El caso es que cuando se crea el Horrocrux, matando por supuesto, el alma de la persona mágica es dañada y una parte es llevada al objeto para que, si en un futuro el cuerpo original es destruido, esa parte del alma guardada, ancle el resto, pudiendo dejar al ser mágico como un espectro.
Si bien es una salvaguarda para evitar la muerte, no es perfecta, pues a cuanto más Horrocruxes hagas, más alto es el precio.- Explicó Harry al grupo, que realmente se veían un poco enfermos. – Cuando dije que el libro se equivocó, es cierto que lo hizo, pues matando no es la manera correcta de decirlo, pues yo he matado y no siento que mi alma esté rota.
En parte el libro lleva razón, matar es un crimen contra la naturaleza humana, pero matar a un inocente, es aún mayor.
- ¿Inocente?- Pidió Theodore confuso. Las chicas también lo estaban, pero tenían cierta sospecha de lo que era.
- Sí eso o puro. Como queráis verlo.
- ¿Puro, como virgen?- Pidió Corvinus, haciendo sonrojar al resto.
- Sí Corvinus, virgen. O un niño. Es el crimen más atroz, dado que su alma aún es pura y no contaminada por el mundo.
- ¿Cuándo dices mundo, te refieres a los muggles?
- No, me refiero que cuando un niño nace, su alma es pura, pero a medida que va creciendo y aprendiendo, el alma no es que se corrompa, pero va creciendo junto a él. Es complicado, porque nadie está de acuerdo en el tema. Habría que ser un maestro nigromante en el tema, por eso me interesa la materia. Pero volviendo al tema Horrocrux, sé lo que son porque mi cicatriz fue uno y los gobblins me lo quitaron.
- ¿Tu…?- Pidió Theodore más pálido que Alphard.
- Sí, mi cicatriz fue un Horrocrux no intencional de Voldemort. A raíz de allí me interesé profundamente en ese tema, para saber cómo destruirlos si me encontraba con más. Gracias a ciertos caminos de la magia antigua y la nueva, supe cómo hacerlo. Ahora bien en mi ausencia, me encontré con uno en la antigua cabaña Gaunt, no te preocupes Corvinus, Celeste, lo destruí. Y sí, pagué a vuestro padre por la destrucción de lo que utilizó. Una reliquia de la familia Gaunt, pero no tenía más remedio que hacerlo.- Explicó Harry, pensando en la piedra de la resurrección que estaba engarzada en el anillo que llevaba, invisible a todo el mundo, excepto a él y Sarah.
El hechizo que usó para esconder ambas reliquias en su persona, fue el más obvio. El fidelius. Un poco modificado, ya que él mismo fue el que lanzó el hechizo y siendo el guardián del secreto, contándolo solo a Sarah, pues los retratos podían ver a través de él, o al menos los retratos de la mansión Potter, no había probado con otros de momento.
Dando un momento a sus amigos, para que procesaran la información que les contó, Harry habló poco después.
- Creo que lo mejor será que en Yule me traigas el Horrocrux a mi casa, Alphard. Si no quieres recogerlo, iré yo mismo a por él.
- ¿Por qué? ¿Para qué lo quieres? ¿Lo vas a destruir?
- No, no lo destruiré. Los gobblins tienen un hechizo en el que lanzándolo a uno de esos objetos, muestran la cantidad y ubicación de los demás. Contando que mi cicatriz fue uno de ellos y está destruido, más el de la cabaña y el de tu casa, hacen tres. Creo que Voldemort no se quedó ahí.
- ¿Quieres decir que hizo más? Pero eso significaría…
- Sí, que su estupidez y arrogancia alcanzó límites insospechados y este tema termina aquí, pues me parece ver cabezas rojas por ahí.- Dijo Harry señalando a los Weasley mal escondidos que los estaban espiando.
Quitando los hechizos y salas de privacidad, el grupo decidió que lo más sano era marcharse nuevamente a la sala común y disfrutar de su privacidad, pues se estaban cansando del espionaje que los Weasley estaban haciendo.
Todo comenzó a raíz de la ejecución pública de Percival Weasley, por lanzar contra Harry aquella maldición.
La familia Weasley y algunos de sus amigos en Hogwarts, se dedicaban a espiar y antagonizar más que nunca a los amigos de Harry. Si bien a Harry no se atrevían a antagonizarle, por miedo a la reacción de sus padres y miedo a que éste los matara en su sueño o hechizara como a Ronald, la primera semana de estar de vuelta, de su larga ausencia.
Flashback
Fue el segundo día de Harry de haber vuelto de su pequeña ausencia de Hogwarts y las cosas con el clan Weasley estaban demasiado tensas. No solo los Weasley estaban tensos con Harry y sus amigos, los amigos de Percival, lanzaban malas miradas a Harry por haber acabado con su vida tan públicamente.
Oliver Wood, guardián del equipo de Quidditch y capitán, tuvo un encontronazo que acabó en duelo con Alphard Black, pues si bien no podían tocar a Harry en duelo, entonces irían a por los amigos de éste, pensando que eran más débiles que Potter.
Equivocados estaban, pues Alphard dio su guerra a Oliver, enviándolos a ambos a la enfermería durante unos días, ya que los dos tuvieron lesiones graves de su duelo.
Como consecuencia de ello, Harry ofreció su ayuda a sus amigos para vengarse, pero le dijeron que lo mejor sería que ellos mismos se valieran por sí solos, pues no podían estar dependiendo toda la vida de él.
Harry un poco tocado por las palabras de sus amigos, se ofreció a darles consejos sobre duelos e incluso a enseñar un par de maldiciones, que de ahí salió su pequeño club de auto estudio de Artes oscuras y su defensa.
Después de ese pequeño altercado, los gemelos Weasley empezaron una campaña de ataques contra las chicas, tanto a Daphne, Tracy, Celeste, Cassiopeia y Adhara; por pensar que las niñas eran aún más débiles que los chicos.
El hecho de que muchas veces los gemelos acabaran en la enfermería sin saber quién los mandó allí, pero sospechándolo, dijo mucho de ellas.
Hubo un día que la estupidez del sexto varón Weasley llegó a su cenit, cuando en una comida dijo a la sala entera que por mucho oro y fama que tuviera Potter, jamás tendría el amor de unos padres y una familia, pues los magos oscuros no tenían nada de eso.
Harry al principio siguió cenando como si no hubiera oído nada, más por el bien del chico que por otra cosa, pero en otro momento, cuando se dispuso a insultar a tanto amigos como su novia, que nadie sabía que era su novia, salvo algunos hechiceros, Harry estalló, pero en vez de maldecirlo públicamente, lo hizo a escondidas, maldiciéndolo con una maldición antigua y en desuso, pero no de la magia antigua.
Es decir, en uno de los libros de artes pérdidas o en desuso que tenía en la mansión, descubrió una pequeña maldición extranjera que lo que hacía era que el portador de ella, al comer, su comida cobrara vida animada. No era vida propia, lo que haría la maldición era hacer chillar a la comida y pedir clemencia de no ser comida por la persona.
El efecto negativo que tenía en algunas personas, era que no podían comer y terminaban muriendo de inanición.
Por ello y sin pensarlo, por debajo de la mesa del Gran Salón, lanzó la maldición a Ronald Weasley y en el acto la comida de su plato, se animó y comenzaron sus chillidos y pedidos de clemencia.
Cuando el joven Ronald fue a clavar su tenedor en una patata asada, la mesa de Griffindor saltó en el miedo ante los chillidos de ésta.
-¡Por favor! ¡No me comas! ¡Soy demasiado joven para ser engullida!- Chilló la patata en un perfecto inglés y con una voz aguda y chillona.
El Gran Salón entero no pudo evitar un estremecimiento, pues se pensaban que Weasley había ido un paso más adelante y se iba a comer a una criatura viva.
La sorpresa de algunos fue cuando la patata en un intento de supervivencia, saltó del plato y salió corriendo por la mesa.
El joven Weasley estaba demasiado asustado para continuar, pero en todo Weasley, cuando uno tiene hambre, lo que mejor que hacen es olvidar el asunto y seguir comiendo.
A continuación el plato entero comenzaron sus chillidos de protesta, pues la patata había huido de la mesa con sorprendente rapidez, el resto de la comida no tuvo tanta suerte.
Muchos en la mesa de Gryffindor habían perdido el apetito, incluyendo la familia Weasley restante.
Los profesores Snape, Lupin, McGonagall y Flitwick se acercaron al joven Weasley para pedirle que parara de sus intentos de comer de su plato, pues pensaban en un principio que era el plato que estaba siendo hechizado.
Severus convocó otro plato con otra copa, para ver si el asqueroso espectáculo terminaba, pero cuando Weasley iba a por un alimento, éste saltaba a la vida y salpicaba por no ser engullido.
Las otras mesas lo encontraron tanto repugnante como hilarante.
Harry por otro lado, estaba asombrado. No se suponía que la maldición actuara así, pero tampoco se suponía que se hiciera sin varita, ni se suponía que un hechicero la hiciera.
Pasaron los días y cada uno de ellos por más pruebas que hacían los Weasley y sus allegados con Ronald, salían infructuosas.
Un día en el desayuno, probaron a darle alimentos batidos, hechos papilla. Era de suponer que el aspecto de la misma era asqueroso, pues si bien los huevos fritos con Bacon estaban deliciosos, viéndolo como se hacía una especie de puré de todo ello, junto a las salchichas, quitaba el apetito, pero por desgracia hasta ese puré tomaba vida y pedía no ser engullido.
Otro día el joven Weasley probó a no hacer caso de la comida y a convocarla con el encantamiento "Accio" a su plato cada vez que huía.
Desde su boca se podían escuchar los gritos de auxilio de la comida e incluso algunos insultos agradables de oír para algunos, como "¡Límpiate los dientes, guarro! O ¡Tienes un mal olor de boca!"
Todo ello conllevó a que a Weasley se le prohibiera comer con sus compañeros de casa, por lo tanto tendría que venir antes a las cenas. Eso causó que todas las casas que estaban interesadas en el proceso de su "aflicción" fueran con él en las comidas, aunque algunos de los Ravenclaw estuvieran únicamente escribiendo el proceso de lo que sucedía, documentándolo como investigación.
Una vez en la clase de Encantamientos, el profesor Flitwick decidió enseñarles el encantamiento animador, lo que haría que algunos juguetes muggles cobraran vida, controlada por el mago que lanzaba el encantamiento.
Cuando otro de los segundos años de Slytherin, como broma a Weasley, le puso delante de él una manzana, la cual al instante cobró vida animada, saliéndole piernecitas y bracitos, exclamando que sería comido por el monstruo pelirrojo.
Cuando se lo contaron a Harry, estuvo una hora entera riendo a carcajadas en el suelo, llorando incluso de la risa.
Al parecer, Flitwick olvidó de su aflicción y le concedió puntos por hacerlo con una manzana, hasta que ésta huía de Weasley y éste aseguraba que no tenía su varita con él en el momento.
Al descubrir que era por su aflicción, el profesor de encantamientos retiró los puntos inmediatamente y le pidió que silenciara al menos a la pobre manzana, aunque no era necesario, pues al parecer prefería el suicidio a ser comida. Se tiró por una ventana.
Otro día en el desayuno, Weasley recibió un paquete de ranas de chocolate de su casa, su madre enterándose de su "mal" decidió que la comida de Hogwarts era el problema y cocinó para él.
Cuando ni con esas parecía funcionar, ya que empezó a comer las ranas de chocolate y éstas tenían la mala costumbre de amenazar a Weasley con morderle el interior de la boca, en un momento se metió una entera.
El resultado fue de esperar, los chillidos del animal chocolatada comenzaron a resonar desde el interior y cuando se dio cuenta Weasley de que la gente se reía, fue a abrir la boca para pedir porque se reían de él, que no tenía gracia.
La rana de chocolate, viendo su escape, saltó de su boca y fue a caer enfrente de un pobre Hufflepuff que pasaba a desayunar.
El resultado fue que el joven Hufflepuff perdió el hambre al instante al ver una rana de chocolate medio derretida, y medio masticada.
Para cuando los maestros se dieron cuenta de que solo había una persona con conocimiento de ese tipo de cosas en Hogwarts, la maldición de Weasley fue quitada por su lanzador, Harry.
Harry les contó a sus amigos lo que hizo, estando enfadado con Weasley por insultar a su familia.
Es cierto que perdió los estribos, pero le parecía gracioso al principio los intentos del pelirrojo de comer. Sus amigos y maestro Flamel, quien conocía esa maldición, pero decidió no decir nada hasta que Emrys hiciera el primer paso, le convencieron de retirarla, pues la única manera de alimentar a Weasley era con un hechizo de transporte de la comida a su estómago, algo que no era saludable a largo plazo y que se hacía únicamente con las personas que estaban en coma o como los padres de Neville, incapaces de comer por sí mismos.
Al final Weasley volvió a la normalidad y por extraño que pareciera, no volvió a meterse, ni insultar a la familia de Harry en público.
Fin Flashback
A raíz de ese incidente aislado, a Harry le dejaron de lado, pero sus amigos eran los que sufrían por ello. Muchas veces le preguntaron si podía enseñarles esa maldición a lo que Harry se negaba, pues era peligrosa y podía causar la muerte por inanición.
Así pues la única manera que les quedaba era defenderse con lo que tenían, maldiciones, hechizos y hasta un duelo público, pero la gente era demasiado estúpida o demasiado imprudente, porque siempre volvían a por más.
Así pues el resto del mes hasta Samhain pasó entre risas, duelos, juegos con los amigos de Harry y mucho estudio, sin más problemas.
Llevaron sus preocupaciones al director Powell, el que prometió a los chicos que investigaría sus sospechas, junto con el mapa y otros maestros, no involucrados con Dumbledore, porque bien podría ser una treta de él.
El día de Samhain Harry lo pasó en una de las pocas clases que quedaban vacías con el profesor de rituales y el maestro Flamel, junto a su maestra Sarah Ó Conaill.
Los cuatro tres adultos estaban viendo como Harry preparaba el ritual que le ayudaría a prepararse para el ritual definitivo del poder del conocimiento, como empezó a llamarlo un poco divertido.
En realidad el ritual no fue nada del otro mundo, tenía que tener en la vanguardia de su mente los dos paisajes mentales construidos y listos. El ritual se encargaría de fortalecerlos con magia y asegurar que la mente de Harry no se llevara a la ruptura.
Para la preparación del ritual, precisaba un circulo rúnico, compuesto por varios idiomas de runas, lo que la profesora de runas antiguas daría cualquier cosa por estar presente, pero no era partidaria de ver como un niño de doce años hacía un ritual de tal calibre.
Aparte de eso, se precisaba también un cantico en sumerio antiguo, otro en el idioma de la magia de la antigua religión y un pequeño sacrificio de un animal. Era uno de los pocos rituales que se necesitaba sacrificar una vida, pero como no especificaba si fuera humana o no, decidió hacerlo con un animal, un cordero para ser precisos, algo que los elfos luego aprovecharían para comer.
El ritual llevó unas pocas horas, pero cuando lo realizó, quedó un poco exhausto de su mente al estar trabajando conjuntamente con la magia fortaleciéndola.
Saliendo, siendo ayudado por Maestros Flamel y Ó Conaill, Harry fue en dirección a la enfermería a descansar, por orden expresa del profesor de rituales, quien se quedaría para documentar el resto del ritual o mejor dicho los restos, haciendo fotografías mágicas del circulo para mostrarlas a la profesora Babbling.
Para cuando ambos maestros y Emrys llegaron al segundo pasillo, se encontraron con una escritura en la pared de lo más escalofriante.
Harry, actuando por instinto, los transportó a través de las sombras a ambos, cayendo en la enfermería.
- ¿Por qué has hecho eso, Emrys?- Pidió Maestro Flamel, un poco sorprendido por el repentino escape.
- Fácil, si el alumnado nos pilla allí, los Gryffindor seguramente me culparían por lo de la pared.
- Debes estar agotado Harry, porque realmente no has visto lo que había en el suelo, ¿Verdad?
- No, ¿Qué? Estaba ocupado pensando rápidamente en las consecuencias y en irnos de allí lo más rápido posible.
- Un alumno, Harry. Un alumno estaba como muerto o petrificado en el suelo. Maestros Sanadores, encargaos de Emrys, está exhausto tras un ritual de la mente.- Explicó Maestro Flamel, dándoles un vial con un elixir. – Nosotros volvemos allí.
Para cuando ambos maestros llegaron a la escena que vieron antes, ahora estaba realmente llena de alumnos de las cuatro casas, junto con sus prefectos y algunos profesores y maestros.
Las acusaciones a Harry iban y venían, salvo por los maestros recién llegados, defendiéndole, indicando que estaban con ellos haciendo un ritual.
- ¡Claro, la puta y el hechicero oscuro juntos!- Saltó uno de los estudiantes, que desgraciadamente no pudieron identificar, pero sonaba como uno de los lacayos de Weasley.
- ¡Basta!- Exclamó el director Powell, llamando a Maestros Flamel y Ó Conaill. – Emrys estaba con ambos maestros y el profesor de rituales esta noche. No veo como una persona podría salir de un ritual tan peligroso, para hacer esto. Y tampoco veo porque debería de ser Emrys, él no es así.
- ¡Es un Slytherin y todos sabemos que son oscuros!- Gritó Ronald a los maestros y profesores.
Una pena que el pelirrojo no aprendiera de sus lecciones, pues el profesor Snape le dio una detención y una deducción de cien puntos por el insulto a la casa Slytherin. Muchos magos y brujas prominentes, eran pertenecientes a esa casa y no eran para nada oscuros.
Tales como muchos ministros de magia, sanadores, aurores, inefables, etc.
Volviendo la atención nuevamente a la pared, Sarah se lo grabó en sus memorias, para después enseñárselo a Harry en privado.
Era interesante, el grafiti de la pared, decía: Cuidado, enemigos del heredero, pues la cámara de los secretos ha sido abierta.
Justo debajo de ella, había un estudiante, que por los diagnósticos de Nicholas dictaminó que no estaba muerto, salvo petrificado.
Un poco de tiempo después y varias amenazas del profesorado al alumnado con detenciones y deducciones de puntos, el pasillo quedó vacío y el joven estudiante, quien resultó ser un hijo de Squibs, Colin Creevey, fue llevado a la enfermería.
Nota de autor:
He aquí otro capítulo. Al principio pensé en poner la continuación de la recuperación del Teseracto y el ojo de Agamoto que son ambos piedras del infinito, en este capítulo, más reflexiones de Loki, junto con la entrevista a Ragnok, pero estimé que mejor en capítulos separados o en el próximo.
Como habrán adivinado el basilisco anda suelto ahora. Como no me acuerdo muy bien de lo que hice con Filch y su gata, pensé que quedaría mejor poner como primera víctima a Colin Creevey.
En relación con la maldición de Ronald Weasley me resultó gracioso que la comida huyera de él y como Harry tiene animosidad contra la familia, me pareció como una buena broma.
Espero que les haya gustado el capítulo y una vez más gracias a todos y todas por leer y dejar comentarios. Si hubiere algún error gramatical o de la estructura, no duden en comentarlo.
Con un cordial saludo, me despido hasta el próximo capítulo, que no creo que tarde mucho en publicar, debido al hecho de las vacaciones. Ahora más que nunca quiero terminar con esta primera parte de la historia, dado que pienso en dividirla en dos historias relacionadas.
Lo dicho, un saludo y hasta la próxima.
