Nota de autor:

Para que no haya confusiones alrededor de los títulos del Wizengamot y como se les llama a los alumnos de Hogwarts, voy a explicar un poco.

Señor: Tratamiento en el Wizengamot

Sr.: Tratamiento para los padres que tengan los mismos nombres que sus hijos. También lo he puesto para el tratamiento en Hogwarts. (Pido disculpas)

.señor: Tratamiento para aquellos que no tienen un título.

En femenino sería algo así.

Señora: Titulo de Wizengamot

.señora. : Para aquellas que no tienen titulo

Sra.: Tratamiento Hogwarts.

De momento estas pequeñas explicaciones, creo que son necesarias, pues así me sirven como chuleta en el futuro y no doy tantas confusiones al no escribir Lord, Lady, etc. Mis disculpas por no haberlo pensado antes.

En este capítulo y en los posteriores voy a incluir varios "saltos de línea" ya que las rayas separadoras a veces no me las reconoce en la página de Fanfiction. Disculpen las molestias.

En cuestión del tema de la búsqueda de las piedras del infinito, lo voy a dejar para el capítulo 32 o 33, pues quería meter en éste capítulo hasta que Harry se examina de sus TIMOS en el ministerio de magia en febrero, pero por desgracia me salía demasiado largo y lo tengo que dividir en dos partes.

Siento las molestias de la larga espera, espero que tengan paciencia y pido disculpas si hay algo que ofenda, sobre todo la guerra con los muggles, pues pienso destruir para construir nuevamente.

Sin más preámbulos dejo el capítulo, espero que lo disfruten y si hay algún fallo, como siempre digo no duden en decirlo. Un saludo a todos y todas.

CAPITULO 30

- ¡Es un Slytherin y todos sabemos que son oscuros!- Gritó Ronald a los maestros y profesores.

Una pena que el pelirrojo no aprendiera de sus lecciones, pues el profesor Snape le dio una detención y una deducción de cien puntos por el insulto a la casa Slytherin. Muchos magos y brujas prominentes, eran pertenecientes a esa casa y no eran para nada oscuros.

Tales como muchos ministros de magia, sanadores, aurores, inefables, etc.

Volviendo la atención nuevamente a la pared, Sarah se lo grabó en sus memorias, para después enseñárselo a Harry en privado.

Era interesante, el grafiti de la pared, decía: Cuidado, enemigos del heredero, pues la cámara de los secretos ha sido abierta.

Justo debajo de ella, había un estudiante, que por los diagnósticos de Nicholas dictaminó que no estaba muerto, salvo petrificado.

Un poco de tiempo después y varias amenazas del profesorado al alumnado con detenciones y deducciones de puntos, el pasillo quedó vacío y el joven estudiante, quien resultó ser un hijo de Squibs, Colin Creevey, fue llevado a la enfermería.

Tras el fiasco o el problema de Samhain, a Harry se le informó de los rumores que Weasley y su camaradilla estaban esparciendo alrededor de la escuela. El director Powell y la facultad, salvo por la profesora McGonagall, estaban furiosos con las mentiras a uno de sus grandes alumnos.

Decir que a Harry no le cayó para nada bien, sería un eufemismo, pues se estaba cansando de tratar con la estupidez de esa familia.

En parte cuando los profesores intentaron detener los rumores, alegando que Harry estaba haciendo un ritual, Ronald Weasley y otros de segundo año Gryffindor, dijeron que el ritual sería lo más seguro que para atacar a Colin.

Mirase por donde se mirase, Harry salía perdiendo en los rumores de Weasley y no había forma de acallarlos. Estaba muy tentado de volver a maldecir y dejarle con la maldición que le echó hace un tiempo, para siempre. A ver si aprendía de una vez que meterse con él y esparcir rumores falsos, era una mala idea.

Por suerte, sus amigos y protegidos, junto a los aliados, sabían perfectamente que las mentiras que Weasley despotricaba, eran solo eso, mentiras sin fundamento.

Por otra parte, Harry habló con el director Powell, preguntando como iba la caza del responsable de abrir la cámara de los secretos.

Pues si Harry sabía o tenía una ligera sospecha de quien, o mejor dicho qué era. El Horrocrux de Voldemort, pero no sabía cuál era, pues no tenía conocimiento todavía de cuantos había por ahí.

- La verdad es que no lo sé, desde ayer he puesto una sala silenciosa para que me advierta de quien es el que la abre. Me gustaría saber a ciencia cierta ahora, pero temo que es todo lo que tenemos.

- Gracias director Powell.- Dijo Harry comenzando a vestirse despacio y pensando en sus reflexiones, que gracias al ritual, ahora su proceso de pensamiento y razonamiento era el doble de veloz. Seguramente un efecto secundario, pero positivo.

- Pensé que estarías furioso con Weasley…

- Sí, lo estoy, pero pensándolo mejor y bien, me queda poco tiempo en esta escuela.- Dijo dando una sonrisa maliciosa. – Sin embargo a él, no. Cuando me vaya lo va a tener difícil.

- Imagino, bueno ten paciencia. Ahora que estás mejor de lo sucedido ayer, ¿Qué tal el ritual? Es uno que nunca he hecho.- Pidió Dylan un poco curioso al respecto.

- Genial, se siente perfectamente bien y los escudos de Oclumancia ahora son más potentes, junto con la resistencia y capacidad mental de asimilar más información.- Contestó Harry sonriendo felizmente, lo cual fue un poco contagioso para los presentes que rodeaban la cama de Harry, mientras que éste era liberado de la enfermería y se vestía nuevamente. – En definitiva la capacidad de asimilar más información es un bono, pero lo mejor son los efectos secundarios.

- ¿Oh? ¿Y cuáles serían?- Pidió uno de los sanadores que estaba moviendo el báculo alrededor de Creevey.

- Uno de ellos es que el proceso de pensamiento y reflexión, es más veloz. Puedo trazar planes, acceder a las memorias y conocimientos dentro de los escudos mucho más rápido y de momento no sé más. Pero supongo que tengo más protección en cuanto al que intente invadir mi mente. Por otra parte, si me dispongo a modificar los paisajes mentales, imagino que sería mucho más rápido.

En cuanto a la cuestión de Legeremancia, no lo sé, no suelo invadir las mentes ajenas sin permiso o sin un propósito real.- Explicó Harry, lo cual el otro sanador fue escribiendo en un diario las explicaciones de éste, para tenerlas documentadas, siempre era bueno tener documentado todo en el ámbito de los sanadores. – Por otra parte, ¿Qué vais a hacer con él?- Pidió señalando a Colin.

- La profesora Sprout y el profesor Snape se han ofrecido a preparar una poción de mandrágora que reanimará al Mr. Creevey.- Dijo Nicholas entrando en la enfermería junto a Sarah, parecían que no habían dormido en toda la noche. – Si te preguntas porque no preparo yo mismo un elixir o porque no se compra la poción restaurativa de mandrágora, es porque en el mercado, tanto dentro como fuera del país, no están disponibles. Temo que hay que esperar, Emrys.- Terminó de explicar el Maestro Flamel.

- Entiendo Maestro. ¿Habéis encontrado algo?

- Nada, mi aprendiz.- Contestó Sarah, dando un ligero bostezo.

- Maestra, deberías descansar un poco, te ves… agotada. Mientras tanto y en otro ámbito, Director Powell, tengo que hablar contigo sobre una situación que creo, que a Hogwarts le podría afectar.- Dijo Harry bastante serio y sin ningún tipo de sonrisa en su rostro.

- Está bien Emrys, ven a mi oficina a eso de la hora del almuerzo. Tengo que contactar con los padres de Mr. Creevey para informarles de lo sucedido. También he de contactar con Madame Bones y la junta de gobernadores.- Explicó a todos los reunidos, dando una mirada especial a los profesores y maestros que estaban allí.

Poco después de la hora del almuerzo, Harry se dirigió hacia la oficina del director con la intención de contarle sus sospechas de quien era el causante de la apertura de la cámara y para ver más de cerca el mapa de los merodeadores. Lo cual era beneficioso tenerlo y habérselo robado o recuperado de los gemelos Weasley hace un año, pues con ese mapa podían controlar quien estuviera en la escuela y no debería estar.

Dando la contraseña a la gárgola subió las escaleras y tocó a la puerta, esperando por el permiso.

- Entra, Emrys.- Invitó la voz cansada de Dylan desde dentro.

Harry entró en la oficina, encontrándose con Amelia, Arian y Lloyd sentados enfrente de la mesa del director.

Dándoles una mirada con una ceja arqueada en cuestión, dio un saludo a todos con una inclinación de cabeza y convocó otro sillón, parecido a su favorito en la sala común de Slytherin.

- Bonita destreza de magia, Señor Potter.- Elogió Amelia con una sonrisa.

- Gracias Madame Bones, transfiguración y evocación. Evocación de una piedra del bosque, y transfiguración de ella, por supuesto. Saludos a todos.

- Saludos Emrys. Mal día en hacernos saber lo sucedido. Una lástima lo de Mr. Creevey, ¿Algún sospechoso?- Pidió el subsecretario, sacando una especie de libro. – Es para documentar el caso. Para la ministra.- Explicó ante la mirada interrogativa de Harry.

- Por supuesto. Creo que tendré que acostumbrarme a la gente que quiere mantener una documentación sobre mí o lo que hago.- Dijo sonriendo ligeramente divertido. – Es por el ritual que hice ayer.

- Entendemos, Harry. ¿Qué tal te fue? Director Powell dice que fue un éxito y que los efectos secundarios son positivos de momento.

- Sí, fue todo de maravilla. Lo de los efectos secundarios no es de preocuparse, salvo por el hecho de que ahora en vez de las ocho o siete horas de sueño, es posible que necesite menos de eso. En cuanto a lo del sospechoso tengo uno, pero… ¿Es segura la sala, Dylan?- Preguntó Harry a su director, el cual con un movimiento del báculo creó una barrera que rodeaba a los retratos de los directores antiguos.

- Ahora sí. Procede.

- Bien, mi sospecha es que Voldemort de alguna forma ha logrado entrar en Hogwarts.

- Imposible, las salas lo detectarían.- Dijo rápidamente el director, revisando todas y cada una de las salas de inmediato.

- Cierto, su forma física o espectral, pero no en su forma Horrocrux.

- ¡Horrocrux!- Vino la exclamación del subministro el cual sabía perfectamente lo que era. – ¿El bastardo hizo un Horrocrux?

- En realidad, subministro, hizo más de uno. Creo y solamente es una creencia, de que al menos hizo siete de ellos.

- ¡¿Siete!?- Exclamaron todos sorprendidos y perplejos ante la idea.

- Además uno está escondido aquí o dos. No lo sé. Es una sospecha, como he dicho.

- Si hay uno en la escuela, entonces ¿Por qué las salas no lo detectaron?- Pidió Amelia.

- Porque no tenemos salas que detecten Horrocruxes. Sería una estupidez misma. El sombrero seleccionador es como si fuera uno de los cuatro fundadores, dándole una mente y personalidad propia.- Informó Dylan. – Si tuviéramos esas salas, estarían saltando constantemente por el sombrero. En un momento dado, bien lo podría destruir.- Terminó de explicar el director.

Después de un momento de reflexión, en el cual hechiceros y druidas se miraban entre ellos, esperando la pregunta de Amelia.

Amelia por su parte estaba pensando duramente en como detectarían una cosa como esa, sabía por varios tomos del ministerio de su carrera anterior como auror, lo que era un Horrocrux y le daba escalofríos de que hubiera uno en la escuela, más temía que poseyera a algún estudiante, como su sobrina.

- ¿Hay alguna manera de detectarlos? ¿Y para el caso, alguna que sea menos peligrosa que Findfyre o veneno de basilisco, para destruirlos?- Preguntó Madame Bones esperanzada de que la contestación fuera sí.

Tanto los adultos miraron con expectación a Emrys, por si conocía la respuesta a la pregunta de Amelia.

Harry por su parte meditaba en silencio, sin darse cuenta de las miradas que recibía. Estaba seguro que si preguntaban al profesor residente de nigromancia de Hogwarts, sabría contestar mucho mejor que él.

Para cuando se dio cuenta de que todos lo miraban, dio una cara atónita a sus miradas.

- ¿Por qué me miráis a mí?- Preguntó curioso.

- Tómatelo como una prueba o examen para tu maestría, Emrys.- Dijo el subsecretario con una sonrisa. – Nosotros sabemos un poco acerca de ello, pero no mucho, pues la magia del alma es peligrosa.

- Y tanto.- Estuvo de acuerdo Harry. – Yo ni me atrevería a practicar con ella o siquiera a teorizar acerca de hacer uno, ni que decir siete Horrocruxes.- Comentó con aire ausente, mientras se levantaba de su asiento y comenzaba a caminar por el despacho de Dylan.

Bennu, sintiendo la preocupación de su maestro, flameó desde la habitación de Sarah, donde lo había enviado Harry el día anterior por si intervenía o su presencia en su cuerpo afectaba al ritual.

- Hola amigo.- Dijo Harry comunicándose mentalmente con él. Con un suspiro, Harry se volvió a los Maestros del Concilio y a Amelia.

- Lo que voy a decir a continuación, no sale de aquí. Hay maneras de encontrar un Horrocrux, pero todas ellas es necesario el objeto con el que está infectado. La parte sencilla es destruirlo. Se puede hacer como Amelia ha dicho, pero también con un hechizo nigromántico, en el que es peligroso si se hace mal, pues la expulsión del alma podría afectar al lanzador o incluso a quien esté con él.

La magia antigua, tiene una forma. Es un hechizo cántico del cual no voy a hacer ni decir, dado que es peligroso. Por suerte para localizar a quien esté infectado del Horrocrux, tenemos una manera.- Dijo Harry pasando a su modo Emrys. – El mapa del merodeador, creado por un cuarteto de amigos hará unas décadas. Y pasado a mí por herencia.- Dijo mirando a Dylan para que sacara dicho mapa.

- Aun no entiendo las maneras de destruir esa cosa. Has dicho por hechizo nigromántico y por la magia de la antigua religión. En esta escuela hay usuarios de dichas magias. ¿Por qué no se les pide a ellos utilizarlas?

- ¿Qué parte de peligroso no has entendido? Si los usuarios de esas magias, nunca han hecho algo parecido, sus vidas correrían peligro.

- Entiendo, o eso creo.- Dijo Amelia después de unos segundos de procesamiento. – Ahora bien, ¿De qué nos sirve un mapa, que estudiantes hicieron?

- De mucho en realidad, pues está fijado en las salas del castillo, mostrando a todo el mundo por sus nombres. Si el Horrocrux de Voldemort está activo, entonces aparecerá como Tom M. Riddle.- Explicó Harry pacientemente. Cogiendo el mapa de la mesa y activándolo con la frase, en la que algunos se rieron un poco, observó el mapa cuidadosamente.

- Sabemos que Voldemort era un Slytherin en Hogwarts, pero…

- No, la sala común de Slytherin está vacía.- Dijo agrandando el mapa y sosteniéndolo en el aire, para que todos vieran.

Como decía Harry, la sala común estaba limpia. Como era de esperar tuvieron que pasar varias horas los cuatro juntos para ver sobre el mapa, dado que de la cantidad de alumnos que había en las cuatro casas, muchos de los nombres estaban juntos y tuvieron que agrandar más el mapa, para separarlos.

Amelia dijo que la sala común de Hufflepuff estaba limpia, con un suspiro de alivio al saber que su sobrina estaba relativamente a salvo.

Después de eso, Dylan observó algo inquietante en la de Gryffindor.

- Aquí hay algo.- Dijo señalando el nombre de Ronald Weasley. Justo al lado estaba el de Peter Petegrew, quien enmarcó a Sirius Black y fingió su propia muerte.

Harry frunció el entrecejo y se obligó a sí mismo a no saltar y matar al bastardo que lo tenía oculto.

- Emrys, vamos a detener a Peter, pero antes busquemos la persona poseída por el Horrocrux.- Dijo Dylan. Amelia le puso una mano en su hombro, dándole confort y asegurándole que no escaparía otra vez de la justicia.

- De acuerdo, pero átale con cuerdas mágicas e impide que se transforme en animago.- Estuvo de acuerdo Harry, con una mirada siniestra en su rostro. – Sino, me encargaré de que sea peor para él y para Weasley.- Terminó un poco oscuro.

- Cierto, Sirius dijo que tanto tu padre, como él y como Peter eran animagos.- Recordó Amelia, volviendo la búsqueda en la casa Ravenclaw. Tuvo que apartar la mirada, pues aún se necesitaba recordar que Harry no era como los demás niños de la edad de su Susan, sino que estaba destinado a cosas mucho más grandes y por lo tanto debía ser más un adulto… pero eso no cambiaba el hecho de que a veces sintiera escalofríos en su presencia.

Harry pasó de los dormitorios a los terrenos de la escuela y los pasillos, mientras que los demás iban por las cocinas, clases y otros escondites, tales como el que está debajo del sauce boxeador.

El director Powell todavía andaba buscando en la torre Gryffindor, cuando por el rabillo del ojo vio algo extraño, el nombre de Ginebra Weasley salía de la segunda planta.

- Emrys, mira los baños de la segunda planta y sigue a Ginebra Weasley.- Pidió el director Powell, el cual vio como dando un suspiro Harry, siguió con la orden dada.

En un primer momento, fue a advertir que había encontrado al culpable, pero luego lo pensó un momento.

La chica Weasley era una enemiga de la familia Potter, jurada en la sangre, por lo tanto lo que le pasara a ella no era de su incumbencia. Si la chiquilla fue tan estúpida de poseer un Horrocrux, entonces que así fuera.

- No veo nada raro, seguramente haya ido a los lavabos.- Dijo Harry ocultando la emoción, tendría que bajar secretamente a la cámara para hablar con Tom Riddle. Si le ayudaba a volver a una forma, tal vez no tendría que utilizar Voldemort el ritual que le renovaría el cuerpo y no utilizaría la sangre del enemigo tomada a la fuerza.

Si bien su sangre no valdría por sus propios rituales en otro tipo de rituales, en ese específicamente no tenía idea, pues era uno de la magia más oscura posible, magia negra.

La magia negra era totalmente diferente a la oscura, si bien tenían similitudes, la magia negra siempre venía con un costo adicional.

La magia oscura por el contrario no tenía tales costos, se decía que era oscura únicamente por los estúpidos ignorantes de la historia.

Volviendo al tema Weasley, decidió dejarla por el momento y pedir el mapa para controlarla, por si decidía ir a los lavabos de nuevo y hablar con el basilisco.

Tal vez pediría a Celeste o Corvinus que bajaran con él y convencieran a la bestia milenaria de que la escuela no estaba en peligro.

- Creo que esto es infructuoso y una pérdida de tiempo, director. Si bien hemos encontrado a Petegrew, siendo escondido por Weasley, no hemos encontrado la persona poseída. Tal vez se diera cuenta de lo que hizo y trató de deshacerse de lo que tuviera.

- O tal vez, Emrys, encontraste que Ginebra Weasley es la que está poseída y no ibas a contárnoslo.- Opinó el subministro con una risa un tanto macabra por la situación.

Harry no queriéndolo negar, ni ocultar más la pequeña mentira, aceptó las palabras del subministro.

- Debéis entender que mi venganza de sangre contra la familia, me impide ayudarlos de cualquier forma y mi magia, tanto como yo, los queremos ver muertos. Además, podría incluso ser beneficioso que se terminara de infectar Weasley.

- ¿Cómo puede ser eso? Es una niña de once años, por el amor a Merlín.

- Te aseguro que Merlín no tendría nada que ver, Amelia.- Comentó chistosamente Harry. – Y para tu información, si ella fue consciente en recoger un artefacto oscuro, como un Horrocrux aunque sea sin su conocimiento, creo que el o los responsables de esto, tienen que asumir las consecuencias. Yo de hecho no pienso ir tras ella. Le doy seis meses hasta que el Horrocrux toma posesión de ella.- Explicó despreocupadamente Harry a la sala. – Buena suerte en la caza si vais a por ella, pero como he dicho, me lavo las manos.- Se despidió recogiendo el mapa y volviéndolo a su tamaño original. Ya no lo necesitaban, sabían quién era el que había abierto la cámara o en este caso, "la".

Con parsimonia salió del despacho, dejando una incrédula Amelia y unos usuarios de la magia de la antigua religión asintiendo en la compresión de Harry. Por desgracia Dylan tenía que actuar y salvar a la chica, pero tendrían que hacerlo con tacto, tal vez se les ocurriera algo por el camino.

Amelia por el contrario no comprendía lo que había presenciado, había dicho de manera tan fría, como si la vida humana de esa pobre chica no le importara en lo más mínimo, es más, se le veía como planeando su muerte y resurrección del Lord Oscuro Voldemort.

Girándose para ver a sus superiores del ministerio y el director, los vio con miradas de comprensión dibujadas en sus rostros.

Antes de que Amelia pudiera preguntar o inquirir en la cuestión, Dylan invocó a un elfo doméstico para que les sirviera una copa.

Cuando las copas de Whisky de fuego aparecieron, Dylan se aclaró la garganta y comenzó a explicarse.

- Para un hechicero su magia es su compañera, más para un usuario como Emrys. La magia de Emrys es consciente hasta un nivel que no habíamos visto antes. Su magia le protege, Amelia y su magia dictamina mucho más allá del nivel normal, la venganza de sangre. En un caso normal de venganza de sangre, Emrys hubiera estado… satisfecho con ver a la familia destruida por la estupidez de uno de sus hijos. Se habría asegurado el fin de toda la línea, como lo ha hecho y ya. Pero en su caso, su magia le dicta que destruya a sus enemigos. El hizo un juramento cunado en Stonehenge tomó su… posición en el Concilio. Delante de todos nos aseguró y juró que no descansaría hasta que Albion estuviera una vez más, renacido. Todos los Emrys tienen esa ambición, más él es el único que ha logrado tanto en un corto periodo de tiempo. Le entendemos y respetamos, porque para nosotros hacer caso de nuestra magia e instintos, nos salva la vida. Aprendimos esa lección muy duramente. No lo juzgues tan rápido.- Explicó el director Powell a Amelia, pues los otros dos solamente asentían en acuerdo con él. – La comunidad le debe mucho Amelia, tanto es así, que muchos de nosotros estamos por hacer caso omiso de esto. Por desgracia, en función de mi puesto no puedo permitir que un estudiante mío se haga daño así. Por eso vamos a detener al Horrocrux se haga cargo de la chica.

Sabemos que la cámara está en los sumideros de los baños de las chicas del segundo piso, ya he puesto ahí salas que me avisen de si alguien entra. También sabemos de Ginebra Weasley es la portadora de la parte del alma de Voldemort. Y sabemos que Emrys se ha lavado las manos y se ha llevado el mapa. Lo que hagamos ahora, es asunto nuestro. Subministro, subsecretario, si quieren hacer lo mismo que Emrys, lo entiendo perfectamente, yo también lo haría, pero en este caso no puedo, espero que lo entiendan.

- Y lo entendemos Dylan. Eres un buen director, el Concilio eligió bien. Pero como has dicho, debemos mucho a Emrys, sin él, todavía estaríamos escondidos debajo de las piedras. Yo no voy a participar.- Dijo el subministro Arian, mirando hacia Lloyd, quien se debatía entre ayudar o apartarse del camino.

Con un suspiro de frustración, deseó que fuera otra la persona quien estuviera bajo el control del Horrocrux y no esa niña.

- Lo siento, pero no puedo apartarme del camino. Tengo una nieta de su edad más o menos y no me gustaría que nadie hiciera nada por ella. Lo siento de veras, porque sin Emrys… estaríamos igual.

- Gracias Lloyd, pero tu ayuda no será necesaria en este caso.- Intervino Amelia comprendiendo la lealtad que estos hombres profesaban a Emrys, un hechicero que había hecho más por ellos, que ellos mismos en lo que llevaban de siglos y décadas, escondiéndose.

- Gracias Amelia.- Suspiró de alivio por una parte, Lloyd.

- Siempre has sido bueno y honesto Lloyd. Y Emrys lo sabe, por eso estuvo bastante contento de que estuvieras en la lista que mi hermano le dio.- Dijo calmando al hombre delante suyo. – Bien caballeros, decidle a la ministra que hemos encontrado un fugitivo de la ley y necesitaremos ayuda lo antes posible, también que hemos encontrado a la culpable de abrir la cámara de los secretos nuevamente. No contéis sobe lo que Emrys nos ha hablado, pues no sé si le gustará que tantas personas sepan del conocimiento.

- Está bien Dylan. Ten suerte con la caza.- Dijeron ambos hombres sus adioses levantándose de sus asientos y entrando en la chimenea, para ir al ministerio.

Amelia los siguió poco tiempo después de intentar comprender las palabras de Dylan.

- Amelia, antes de que te vayas, tomate tiempo para comprendernos. Pregunta a cualquier hechicero, brujo o druida en la calle, que haría por Emrys. O Harry para el caso, son la misma persona. Eso tal vez te ayude a comprender la situación.- Dijo Dylan volviendo a sus asuntos y levantar las barreras de los retratos, que estaban un poco curiosos por decir lo menos y molestos en un punto de que los hubieran dejado de lado.

En el reino de Asgard, el rey Odín estaba sentado en su trono dorado, esperando noticias de sus hijos, estando en Midgard ya unos cuantos meses. Estaba preocupado sobre todo por el progreso de Thor.

Recuperar dos de las piedras del infinito no era tarea simple, eso Muerte lo sabía cuándo envió a su hijo y sus amigos a por ellas.

Habían pasado unos cuantos meses desde que fueron a Midgard, planeando con antelación la forma en como recuperarían dichos artefactos.

Odín sabía que debía ser paciente, pero también sabía por Heimdall, que Midgard había cambiado desde que la dejaron y que los mortales no serían tan receptivos a la hora de darles la bienvenida.

El rey pidió a Heimdall por curiosidad que le mostrara el sucesor del poderoso aspecto, tenía curiosidad de saber cómo es y quien era.

En un principio, cuando le mostró en un aparato parecido a un pensadero, la infancia y pasado de éste hombre-niño, Odín se quedó muy impresionado con la tenacidad, astucia y poder con que llevó su vida a partir de cuándo se dio cuenta de que tenía poder.

Los mortales o muggles, como los mágicos los llamaban, que habían cuidado del sucesor, estaban aterrados cuando él se volvió en contra de ellos. Un punto a su favor, otro más cuando vio que tomó venganza en contra de aquellos mortales que le dañaron.

Cuando terminó de ver el pasado y presente del muchacho, se quedó pensativo durante unos minutos, observando como el guardián del puente del arco iris, guardaba el aparato con el que le había mostrado la vida de Emrys, como se decidió a llamarlo.

Su nombre original, tenía poder, sí. Pero el nombre con el que los druidas y hechiceros le bendijeron, tenía más y un poderoso aliado debía tener un nombre poderoso. Por eso Odín fue después de ahí a la biblioteca, diciéndole al bibliotecario que le buscase el tratado y alianza con los mágicos de Midgard, pues cuando este poderoso hombre viniera a buscar su ayuda, Asgard respondería al instante.

Poco sabía Odín que sus sospechas se realizarían pronto. No en un mes ni en una semana, pero sí en año y medio, cuando las ciudades perdidas estuvieran de nuevo encontradas, ahí Harry descubriría como acceder a Asgard sin la ayuda del puente y Heimdall, pues los caminos de Yggdrásill eran múltiples y sus secretos también.

-Salto de línea-

Mientras tanto en el reino de Midgard un joven Harry llegaba un poco airado a la sala común de Slytherin, la cual se abrió para él sin tener que dar la contraseña. Sir Gaunt siempre tan servicial con el joven Señor.

El estado de su enfado o furia, fue la inminente reunión que tuvo con el profesor Lupin, después de dejar el despacho del director.

Al parecer Remus Lupin fue uno de los mejores amigos de su padre cuando asistían a la escuela, algo que ya sabía, gracias a los retratos de sus padres.

Lily también fue amiga de Remus durante unos cuantos años, pero eso no se lo contó el profesor afligido de Licantropía.

Flash Back

Harry bajó las escaleras de caracol que llevaban a la oficina de Director Powell con un aire ausente sobre él, pues estaba muy tentado a llevar sus planes en acción y dejar que Voldemort recuperara su cuerpo, pero eso sería contraproducente, debido a los otros planes que tenía una vez que terminara la escuela este año, pues tendría que tener un ojo avizor sobre ciertos asuntos, como por ejemplo su espía en las filas de Dumbledore y Voldemort. También el pronto regreso de Voldemort significaría el regreso de Dumbledore, aunque este fuera en silencio y en la clandestinidad.

No, no podía permitirse el lujo de que tanto Dumbledore como Voldemort volvieran antes de tiempo, sus planes para añadir al mundo mágico los derechos de los gobblins y los licántropos primero, para después buscar los aquelarres vampíricos y preguntar si querían tener derecho igual que el resto, no podía dejarse en segundo plano, por eso intentó no odiar el hecho de que la chica Weasley fuera salvada.

Mientras que caminaba por los pasillos pensando en sus cosas, se encontró rápidamente detenido por el profesor Lupin, el cual lo miraba con la cara interrogante.

- Sr. Potter, ¿Puede saberse de dónde viene? La hora del toque de queda está en marcha.- Dijo sacando un reloj de bolsillo un poco desgastado.

- Profesor Lupin, que agradable sorpresa… me dirigía a mi sala común ahora, he estado reunido con el director Powell y Madame Bones. Aparte del subministro y el subsecretario de ambos.- Informó mintiendo descaradamente en lo de la agradable sorpresa. Para él tanto Petegrew como Lupin eran traidores a la familia Potter y si bien necesitaría sangre de licántropo para el elixir, no usaría la de este traidor.

En cambio, planeó utilizar la sangre de otro licántropo llamado Lucian, el cual era un enemigo acérrimo de Grayback y gracias a Harry pudo hacerse con el control de su manada.

Cuando Harry junto a Nicholas se pusieron en contacto con él diciendo que podían mejorar las transformaciones en licántropos, haciendo que fueran voluntarias en vez de forzadas por la luna llena, no dudó ni un minuto en entregar su sangre y la de una mujer lobo también. Incluso la sangre de niños dada voluntariamente, por supuesto.

Con la sangre de la mujer lobo y la de los niños, vieron que no cambiaba el hecho de que el elixir podría ser hecho perfectamente.

Pensando en traidores, se acordó que todavía no había hecho un movimiento en contra de McGonagall y que pronto debería hacer algo, para que la bruja no pensara que se había olvidado de ella.

- Ya veo Sr. Potter. Si es tan amable de seguirme a mi despacho, creo que debo discutir algunos asuntos con usted.

- Si me va a invitar a su despacho en cuestión de asuntos escolares, como por ejemplo que esté fuera del toque de queda, creo que es necesario que el profesor Snape esté presente, después de todo es el jefe de mi casa, en Hogwarts.- Contrarrestó Harry con una expresión en blanco.

El licántropo que a la vez era profesor de Artes Oscuras le dio una mirada evaluadora y le preguntó porque no quería que estuvieran ambos a solas para hablar.

- Sinceramente no entiendo porque me evitas Harry…- Dijo interrumpiéndose por la tosecilla breve del muchacho. - ¿Te pasa algo? Pareces acatarrado

- No estoy acatarrado, pero no le he dado permiso para que me llame por mi nombre de pila "Remus"- Dijo Harry fríamente utilizando el nombre del licántropo.

Remus Lupin asintió con la cabeza en señal de compresión y pidió disculpas, claramente con falsedad, pues no sentía nada de pesar por nombrarle sin su permiso.

Pasaron unos segundos hasta que el profesor nuevamente reformuló su pregunta, un poco menos paciente esta vez.

- Debo decir profesor, que no tolero a los traidores a la familia Potter.- Declaró Harry un poco más frío que antes. – Y antes de que diga nada, si por mí fuera tendría su cabeza en una pica, como la de Grayback ha estado en Gringotts. Usted, dice ser amigo de la familia, cuando supo de los planes de Dumbledore para conmigo y Sirius… usted no es más que el maldito perro faldero del viejo y le puedes decir de mi parte, que su tiempo está cerca de terminar.- Dijo Harry viendo como el hombre se detenía bruscamente de su andar y se le quedaba mirando con el rostro pálido y un poco tembloroso.

No sabía si era por el miedo a ser descubierto o por la amenaza implícita que llevó a cabo.

- Manténgase alejado de mí y de mi familia Sr. Lupin o de lo contrario, encontrará que trabajar para Dumbledore no es tan placentero.- Terminó Harry dejando atrás al licántropo aturdido y yéndose hacia la sala común, que es donde debía estar.

Desgraciadamente, el licántropo no podía quedarse callado y tuvo que abrir la boca.

- Tus padres estarían tristes en lo que te has convertido… ¡Una abominación y un monstruo peor que los licántropos… hechicero!- Gritó el profesor de Artes Oscuras a Harry el cual se dio la vuelta con una mirada furiosa en su rostro y levantando una mano, desterró al profesor en contra de una pared llena de armaduras.

Acercándose al profesor lentamente pero con pasos decididos y una mirada helada en su rostro, le dijo claramente que él era el monstruo y que se encargaría personalmente de hacer de su vida un infierno en la tierra. Que no era más un merodeador y que si volvía a mencionar a sus padres fallecidos, se encargaría personalmente de que se reuniera con ellos en el más allá.

Dicho eso, Harry se fue en dirección a las mazmorras nuevamente y sin interrupciones.

Fin Flashback

Cuando llegó a las mazmorras y por ende a la sala común de Slytherin, Harry estuvo tentado de decirle al viejo retrato de Sir Gaunt, que la cámara había vuelto a ser abierta, por Tom Riddle o mejor dicho, por uno de sus Horrocruxes. Suprimiendo de momento la idea, entró en la sala común para encontrarse a sus compañeros de clase y amigos a su espera.

Viendo a todos con caras expectantes, dio un suspiro y se dirigió a ellos con un poco de poder en sus palabras, no tenía la intención de asustarlos más, ahora que se había filtrado en los periódicos que el mundo mágico se dio a conocer a la población muggle de Bretaña, por culpa de Dumbledore.

- Antes de que digáis nada, sí, es cierto que la cámara ha sido abierta de nuevo. Y no, no he sido yo.- Dijo haciendo reír a sus amigos que sabían que no sería tan estúpido como para hacer algo de ese estilo. – Ahora quien ha abierto la cámara de los secretos, está claro que quiere infundir miedo y terror en la población estudiantil. No dejéis que eso pase y permaneced más unidos que nunca, pues seguramente la casa de Gryffindor estará involucrada en numerosos ataques contra nosotros, por la espalda, pero no obstante nos atacarán.- Avisó con un aire pésimo y un poco cabreado.

El cabreo le venía pues para este año tenía planes de relajarse y por una vez disfrutar de sus amigos como un chico normal de doce años, pero era claro que no podía tener ese… relax.

Volviéndose hacia sus amigos, erigió una sala de privacidad con su báculo y les contó de lo ocurrido en el despacho del director Powell.

Les contó como encontraron por casualidad al traidor de Peter Petegrew, escondido con el Weasley varón más joven, Ronald. También les dijo que la niña Weasley podría ser peligrosa pues estaba poseída por uno de los artefactos más oscuros de Voldemort, es decir, uno de sus Horrocruxes, pero queriendo proteger a sus amigos, no les dijo lo que era en realidad. Solamente les advirtió de que tuvieran extremo cuidado con ella y les aconsejó a los hermanos Gaunt que más pronto que tarde tendrían que bajar a la cámara de los secretos, para hablar con el basilisco, tratar de convencerlo de que la escuela no estaba en peligro inminente por los muggles, que es por lo que estaba la criatura allí.

Con esa declaración, Harry se despidió de sus amigos alegando que tenía cosas que hacer en el dormitorio y que le perdonaran esta noche.

Pasando al dormitorio, invocó a Dobby para que llevara una carta a Salazar y Regulus. En la carta detallaba lo que había ocurrido y a Salazar le pedía consejo para cómo controlar el basilisco, para que no matara a nadie accidentalmente. Si bien Harry sospechaba que solamente la línea directa a través de los Gaunt podía controlar el basilisco, no estaba de más asegurarse por Salazar que era verdad. También podría ir a pedirle al retrato de Sir Gaunt, pero sospechaba que no se lo diría, aunque le dijera que andaba suelto, petrificando de nuevo a la gente. Por ese motivo dio instrucciones a su elfo personal, para ir a ambos de Regulus y Salazar.

Si a Harry no le gustaba la idea de que personas como los Weasley estuvieran todavía respirando, no iba a poner en peligro a la población de Hogwarts por su odio mágico hacia ellos.

Decidiendo que era tarde y que el día de Samhain debía de terminar, se acostó en su cama, habiéndose cambiado y se metió debajo de las mantas para reflexionar sobre los acontecimientos del día y el ritual que había hecho.

De hecho, estaba un poco impaciente por salir de Hogwarts y encontrar el conocimiento que tenía la esperanza de hallar las ciudades perdidas.

A la mañana siguiente, la escuela era un hervidero y un poco caótica, se rumoreaba que el profesor Lupin fue atacado por algún estudiante, mientras estaba fuera del toque de queda, pero era solo eso, un rumor y nadie hizo demasiado caso.

En contraste al ataque ocurrido y al mensaje claro de la pared, el director Powell advirtió a la escuela de que conjuntamente con el DMLE estarían haciendo una investigación y que sería más probable que aurores sean enviados para proteger a los estudiantes.

Más tarde ese día, la noticia de que un escuadrón de aurores apareció en la escuela, se corrió como la pólvora.

La población estudiantil, estaba un poco menos tensa en cuanto a si habría un próximo ataque o no, salvo por una niña pelirroja que estaba sentada a la mesa de Gryffindor, la cual no podía dejar de pensar que fue ella quien abrió la cámara de los secretos y mandó a la inmensa serpiente gigante atacar al estudiante, nacido de muggles.

La chica en cuestión, no era otra más que Ginebra Weasley y estaba asustada de lo que diría su padre si se enteraba.

No quería llegar a casa la niña y traer más malas noticias, pues por culpa de su hermano mayor Percy, tuvieron que jurar todos un juramento mágico de que nunca tendrían descendientes o herederos, así sus fantasías de casarse con el niño que vivió y tener hijos con él, fueron al desagüe. También lo de quedarse con su fortuna.

Por otra parte los amigos de Harry intentaron todos que su amigo más paranoico y maduro para su edad, se relajara.

Le dijeron que el capitán de Quidditch de la casa Slytherin estaba buscando un jugador para suplir a Malfoy como buscador, pues con todo el entrenamiento que estaban teniendo y aunque tuvieran escobas más rápidas, cortesía del padre de éste, no era bueno y Flint quería hacer pruebas desde los segundos año, hasta el séptimo, a ver si podía encontrar alguien bueno.

Harry que le gustaba volar, pero no le gustaba el deporte, dio un suspiro y acordó con su maestra que sería un buen entrenamiento para sus reflejos jugar de buscador. Así pues animado por tanto su amada maestra y sus amigos, Harry decidió comprar una escoba voladora, pero no de la marca Nimbus.

Sabía que en . había una marca mucho más rápida para los buscadores, llamada Thunderbird. Por ello se puso en contacto por carta a través de Dobby con su gerente de cuentas, Griphook y le pidió que se la consiguiera.

Este no tardó en enviarle una de las mejores escobas de carreras del mundo y así a mediados de noviembre, hizo las dichosas pruebas de Marcus Flint.

Decir que Flint se quedó sorprendido cuando Potter se presentó era decir que era una subestimación total, más por el simple hecho de que él sabía que no le gustaba el deporte mágico, simplemente volar.

Cabe decir que Harry pasó las pruebas de aptitud rápidamente, en cuanto Marcus vio como volaba, supo de inmediato que era un natural. También se deprimió en cuanto supo que al año siguiente no estaría en Hogwarts, viendo esto no le cupo duda de quién sería el buscador de Slytherin.

Draco Malfoy, siendo el niño malcriado que era, dio un berrinche sobre ser quitado de la posición de buscador. Marcus le dio la oportunidad de competir contra Harry para encontrar la Snitch dorada. En cuanto la soltó, les dijo que esperaran unos minutos, mientras les daba las instrucciones.

- Bien chicos, esta será vuestra prueba. Debéis atrapar siete veces la Snitch dorada quien más veces la atrape, se queda con la posición de buscador. ¿Alguna pregunta?- Pidió el capitán del equipo y viendo que no tenían dudas al respecto, los mandó al cielo a buscar la pelotita dorada.

En los primeros cinco minutos Harry divisó y atrapó la Snitch cuatro veces consecutivas, llevándola al suelo para mostrársela a Flint.

Las siguientes veces, aburrido de su mente, decidió jugar a dar piruetas y volteretas en el aire, para desquitarse un poco de la adrenalina, le faltaba a Harry la oportunidad de batirse en duelo, donde estaba más a gusto y desquitarse de los problemas que había en la escuela.

En un principio desde el día de Samhain, los estudiantes de Gryffindor empezaron con los rumores de que Harry de hecho, fue el que abrió la cámara de los secretos y era el heredero. Por desgracia, un artículo en el diario el Profeta fue difundido, con la intención de manchar la reputación del joven Señor.

El periodista que intentó parecerse a Rita Skeeter, pronto tuvo su fin a la carrera que estaba realizando, cuando el editor en jefe descubrió quienes eran los benefactores mayoritarios del periódico.

Siendo Harry uno de ellos. El resto era historia, el periódico tuvo que retractarse públicamente dos o tres días después y pedir un perdón oficial a Harry.

Después de otros veinte minutos estando aburrido en el aire, Harry decidió finalizar las pruebas y atrapar la Snitch las tres veces que le faltaba.

Una vez en el suelo, el vencedor invicto e indiscutible de la prueba, fue Harry Potter, dándole Flint inmediatamente el puesto de Draco.

- Veras cuando mi padre se entere de esto Potter…

- ¿Qué va hacer? Soy más poderoso que él, tanto mágica como políticamente. De hacer algo tu padre, será aconsejarte que no te metas conmigo ni con mis amigos… primo.- Contestó Harry a un Draco lívido y un poco pálido ante la amenaza implícita y resguardada que le dio.

Pero tal como es, el niño no pudo evitar mofarse de su "primo".

- Tu y yo no somos parientes de sangre Potter, puede que la puta traidora de sangre de tu…- Pero no acabó la frase pues en ese instante se oyó un crujido desagradable y Draco Malfoy cayó al suelo gritando de dolor, con los huesos del brazo destrozados.

Los estudiantes de Slytherin que vieron lo que sucedió, apartaron las miradas de Harry por temor a que tomara represalias contra ellos.

Sin embargo Marcus Flint sonriendo, les dijo a todo el mundo que Malfoy había colisionado contra una bludger. Tras oír las palabras de su capitán, ninguno puso en duda si los sanadores o Madame Pomphrey preguntaban acerca del hecho, contestarían lo que había dicho Marcus.

- Bien Potter, eres realmente un natural, ¿Has volado alguna vez antes?

- Claro, pero no sobre una escoba.

- ¿Quieres decir sobre un animal? Es impresionante…

- No, quiero decir así.- Dijo levitando sobre el campo de Quidditch y poniéndose a la par de los cazadores que estaban sobrevolando el terreno.

Dando un ejemplo que no solamente podía levitar, decidió volar alrededor del campo.

Después de unas cuantas vueltas y piruetas, bajó del cielo a la tierra, posándose sobre sus pies con una sonrisa de oreja a oreja.

Para Marcus que pocas veces había visto sonreír al muchacho enfrente de él, le pareció un poco aterrador. Más aterrador le pareció lo que podía hacer sin escoba.

- Bu…bueno, los martes y los jueves a las cinco de la tarde es el entrenamiento Potter… ¿Tienes escoba?

- Una Thunderbird, sí.

- ¿Qué es una Thunderbird?- Pidió uno de los bateadores del equipo, pues no había oído hablar de esa marca.

Harry le dio una mirada con una ceja arqueada antes de que el guardián contestara dando un jadeo lleno de impresión.

- Una Thunderbird es la escoba de carreras americana más rápida del mercado. No solamente es rápida, sino que también es potente y fuerte. Cuesta una fortuna…

- Bueno, eso de una fortuna… no es para tanto.- Dijo Harry rascándose la nuca.

- Como sea, los martes y los jueves, Potter. No faltes.

- Hecho… esto Marcus…

- Dime.- Dijo mirando al chico suspicazmente.

- Jugar al Quidditch, dirías que es lo que los adolescentes normales hacen.- Cuestionó con una ceja arqueada al capitán.

Marcus pensó las palabras antes de contestarlas, pues no quería que su buscador estrella pensara mal y menos que el joven hechicero se ofendiera.

- Sí y no. Verás Potter, no todos los adolescentes quieren jugar Quidditch, algunos otros prefieren duelo, otros los estudios, otros las citas con las chicas… ¿Entiendes?

- Claro, perfectamente.- Dijo Harry contento de que no haya notado la preocupación en su tono de voz.

Le preguntó a Marcus sobre ese tema, porque necesitaba saber que hacían los adolescentes normales, no los que como él, estaban destinados a cambiar la historia de la nación o incluso liberar a su pueblo mágico de la opresión de unos pocos.

Definitivamente ser un Emrys y tener la vida que había tenido, pasaba factura. Solamente esperaba que en un futuro pudiera ver a sus hijos tener una infancia normal… hijos, ya estaba pensando en eso, cuando un adolescente no haría eso hasta dentro de muchos años, pero por desgracia Harry no podía.

Lo que tenía claro era que si tenía descendientes y herederos, sería con la hechicera que más amaba en este momento, Sarah Ó Conaill su novia y su Maestra.

Yendo con el equipo de Quidditch hacia los vestuarios, dejó la escoba donde Marcus le indicó, más con un movimiento de su mano, puso protecciones alrededor de ella y de las otras escobas, aunque estaba seguro que nadie sería tan estúpido como para destruir las escobas que se donaron al colegio con el oro de la alianza Albion, cuando él decidió donar esos dos millones de galeones este verano pasado.

Una vez que todos estuvieron de vuelta en la sala común, habiendo dejado a Malfoy en la enfermería por el camino, Harry fue a contarles a sus amigos que de hecho, era el nuevo buscador de Slytherin.

- Eso es estupendo Harry. De todas formas tenemos noticias de casa.

- ¿Son buenas? ¿O malas?- Preguntó esperanzado de que fueran buenas noticias para variar.

- Buenas, son buenas Harry.- Dijo Cassiopeia sonriendo ligeramente.

- De hecho mi hermana tiene razón, padre nos ha informado que este Yule nos estamos moviendo todos a Francia. Por supuesto todos estáis invitados a venir y además los hermanos Lestrange ya están en la custodia de nuestros padres.

- Eso es bueno de escuchar.- Dijo Harry sonriendo y alegrándose por los dos pequeños Lestrange, ya que no estaban muy contentos en la casa de Señor Malfoy.

Fue un pequeño golpe al poder que tenía Malfoy el quitarle la custodia de los chicos, claro está que lo que no pudieron quitarles fue el ser Proxy del asiento del Wizengamot de la Casa menor de Lestrange, pero no importaba.

En cuestión a que se iban a Francia, Harry tenía ligeramente una idea del porqué. La guerra inminente contra los muggles y Dumbledore iba a estallar pronto y los padres no querrían que sus hijos estuvieran involucrados. Eso Harry lo comprendía y lo aceptaba. Sus amigos eran demasiado jóvenes todavía para perder esa inocencia de la infancia y por mucho que los estuviera preparando, todavía era temprano para ellos.

Después de un poco más de conversaciones triviales sobre donde iban a pasar las vacaciones de Yule, Harry se despidió de sus amigos, alegando que tenía que hablar con su maestra de algunos asuntos importantes.

En un principio Harry iba a ir a las habitaciones de Sarah para hablar con ella acerca de las vacaciones de Yule, pero un presentimiento en la parte posterior de su mente le dijo que se desviara a la séptima planta.

Harry no era de los que hacían caso omiso de sus presentimientos, más que nada por el motivo de la magia de la antigua religión, tendía a llevarle por los caminos más poderosos de ella misma y a aconsejarle con susurros y presentimientos. Si bien para otros usuarios de esta magia eso sería raro y podrían incluso considerarlo como magia negra de la antigua religión, Harry sabía a ciencia cierta que su magia y él estaban muy arraigados y juntos. Él, manejaba la magia de la antigua religión y la magia le aconsejaba en sus momentos más difíciles como los primeros duelos que tuvo en primer año y cuando conoció por primera vez a Sarah. Su magia le protegía y si le indicaba que debía ir al séptimo piso, entonces él iría.

Subiendo las escaleras y con el pensamiento de volverse invisible, la capa de invisibilidad que siempre iba con él, al igual que el anillo en el que estaba engarzada la piedra de la resurrección.

Con un suspiro mental y agradecido por haberse hecho invisible, pues en ese momento pasaron dos profesores que no quería ver, McGonagall y Lupin. Pensó en seguirlos y escuchar su conversación, pues ambos eran vasallos de Dumbledore y si estaban juntos bien podría ocasionarle problemas, pero su propia magia le instaba a hacer caso omiso de momento y dirigirse hacia la planta indicada.

Cuando llegó a la planta vio un cuadro de un mago intentando enseñar a bailar ballet a unos Trolls. Enfrente de ese retrato había una pared de lo más inusual, la pared parecía desprender magia antigua, pero a la vez magia de la nueva.

Era una mezcla interesante. Cerrando los ojos se puso en comunión con su magia para saber que hacer de aquí en adelante.

Sin que se diera cuenta, su aura verde oscura con matices dorados, salió disparada y se mezcló con la magia de la pared.

En un momento posterior, dentro de su mente, una voz antigua y arcaica le susurró que hacer.

Abriendo los ojos con una sonrisa ladeada, se paseó tres veces por la pared, pensando que necesitaba encontrar la habitación de las cosas perdidas.

Para su sorpresa unas puertas de roble con runas talladas aparecieron delante de él. Para ser más precavido, por si se encontraba con algo de valor y no podía quedárselo inmediatamente, decidió dejar de ser invisible y llamar a su siempre fiel amigo, Dobby.

- Dobby.- Llamó Harry en voz baja a la vez que se hacía visible nuevamente.

Con un chasquido el elfo domestico sobre excitado apareció y le hizo una reverencia a su maestro y amigo.

Los elfos domésticos de mansión Potter siempre podían decir que antes que Harry fuera su maestro, era más su amigo y… familia. Algo raro entre los magos comunes, pero Harry no subestimaba el poder de los elfos, tanto como los magos comunes.

- ¿Qué puede hacer Dobby por Maestro Potter?

- Dobby, necesito que traigas el baúl que más compartimentos tengamos en la mansión. Y necesito que vengas con otros dos elfos de tu elección, pues si creo que lo que hay aquí dentro es de valor, necesitaré vuestra ayuda para llevarlo al baúl y de vuelta a la mansión.- Pidió Harry y explicó la situación al elfo que miraba la puerta de la pared con un poco de cautela.

Con un chasquido de los dedos el elfo se desapareció, para volver momentos después con tres elfos más.

El anterior elfo en jefe, que ya de por sí era viejo, pero todavía leal para cuando Harry lo necesitaba. Y dos elfos de las cocinas, lo cual le sorprendió un poco a Harry, pero no comentó nada.

Para mayor sorpresa, Dobby trajo un guardián gobblin que todavía estaba en la mansión, como no se quisieron ir de allí y Harry tampoco quería que se fueran, pues no le molestaban en absoluto. Es más, con los gobblins allí podía entrenar las artes del hacha de guerra, la pica y la lanza.

Algunas veces entrenaba con ellos con la espada corta de estilo romano o griego, pero prefería utilizar como arma su báculo, ya que podía hacer mejor magia con él, que sin él.

- Es un honor maestro guerrero.- Dio la bienvenida Harry al gobblin.

- El honor es mío Emrys. Se me ha dicho por Dobby que van a estar explorando y… llevándose cosas de aquí.

- En efecto. Me alegro de que Dobby haya tenido la iniciativa de llamarlo, pues si hay armas o artefactos hechos por su gran raza de guerreros, preferiría que le echara un vistazo y sean devueltas a sus legítimos dueños.

- Sus palabras le honran, Maestro Emrys.

- ¿Sabes que todavía no soy…?

- Sí, pero para nosotros no nos hace falta decir que eres, de hecho un gran maestro en las artes de la magia y de las armas. Aunque de las armas te quede un trecho todavía.- Dijo con una ligera carcajada el gobblin.

Harry sabía que le quedaba mucho tiempo por delante para ponerse al día con los guerreros gobblin que vivían y custodiaban la mansión Potter por órdenes de su Rey, Ragnok.

Con un asentimiento de cabeza y una sonrisa de las suyas, en las que enseñaba los dientes, Harry abrió las puertas y entró dentro de una inmensa sala que tenía de todo.

A simple vista se podía ver innumerables de filas y espacio, lleno de muebles, estanterías con libros, si Harry era un buen juez en ello y muchas cosas más.

- Increíble… has encontrado un gran tesoro aquí. Dígame Maestro Emrys, que piensa hacer con todo esto…- Pidió el gobblin con los ojos abiertos e impresionado por la cantidad de espacio mágico de la sala o habitación de las cosas perdidas.

- Lo de valor irá al baúl, que para cuando encuentre Camelot, Avalon y Atlantis se distribuirán en las tres ciudades. Los libros irán con copias también a las ciudades y por supuesto los originales me los quedaré en Mansión Potter. Algo sobre el derecho de encontrarlo.

- Por supuesto.

- Si hay armamento o artefactos gobblin, entonces irán a Gringotts para que el Rey Ragnok o quien quiera que sea el encargado de clasificarlo, os lo quedéis como pertenencias perdidas en los siglos.- Informo Harry, haciendo que el gobblin se girara hacia el en señal de agradecimiento por entender su cultura y devolver lo que se creía perdido para su raza. Pues él sabía que en Hogwarts se guardaba tesoros gobblins de cuando las guerras gobblin-mago.

Pero lo que no sabía el gobblin y la mayoría de ellos era en donde se guardaban esos tesoros. Al igual que los magos encargados de llevar el castillo a día de hoy, tampoco sabían dónde se guardaban los tesoros conquistados por lo largo de los siglos.

Pero Harry acababa de descubrir no solo donde los estudiantes guardaban las cosas que metían en Hogwarts clandestinamente, sino que la habitación en sí era una bóveda para guardar tesoros que fueron "robados" o mejor dicho conquistados a lo largo de la historia.

Excluyendo los tesoros gobblin, que serían devueltos a sus propietarios, el resto podía hacer lo que quisiera y si de una cosa estaba segura, era que la inmensa mayoría de los libros y el conocimiento escrito que había aquí, iría a su mansión, para catalogarlo, duplicarlo y llevarlo a las inmensas bibliotecas de leyenda, que había en las ciudades perdidas.

Cuando abrieron el baúl de catorce compartimentos, Harry lo marcó con la magia de la antigua religión, para que vieran donde estaba y no se perdiera.

Dijo a sus acompañantes que tuvieran cuidado con las cosas, pues podía sentir la magia oscura del alma en al menos un objeto en la sala, pero no podía decir dónde.

El guerrero gobblin solamente asintió y desenfundó su hacha de guerra, la cual podría acabar con el objeto maldito si no tenía valor, en el caso de que lo tuviera, sería llevado a Gringotts para que los rompe maldiciones actuaran.

Horas, sino días podrían pasar dentro de la sala de los menesteres y no acabar. Harry, los elfos y el gobblin guerreo se dieron cuenta de ello cuando se separaron y horas después vinieron todos con artículos de valor, montones de libros y otras cosas levitando detrás de ellos, para guardarlo en el baúl de catorce compartimentos.

- Maestro Emrys, es posible que tardemos días, sino semanas o meses en guardar y catalogar este gran tesoro.

- Tiene razón Maestro guerrero. Por ello creo que será mejor volver en días posteriores y con más gente. Diré a mis amigos de confianza junto a Maestra Ó Conaill para catalogar y recoger. Si la nación pudiera ser de ayuda, sería de agradecer.

- Pero tenemos un problema, Maestro Emrys. Llamaríamos demasiado la atención sobre nosotros si nos presentamos en Hogwarts. Después de todo, un contingente gobblin llama la atención no deseada y habría que explicar el porqué de que estemos aquí.- Indicó el gobblin sabiamente.

- Tiene razón, pero no hay de qué preocuparse, ¿Verdad Dobby?- Dijo Harry señalando a su elfo doméstico el cual para asombro del gobblin desapareció y volvió a aparecer poco tiempo después, indicando a su maestro que no había salas anti elfo doméstico en la sala de los menesteres.

Recogiendo el baúl de momento y llevándolo a la mansión Potter, Harry y el gobblin salieron de la sala, para que Dobby los trasportara allí mismo nuevamente.

Cuando vieron que en realidad no había problemas y que de hecho no había salas anti elfo doméstico, el gobblin guerrero quedó con Harry para el día después y hasta antes de Yule, en ir a la sala de los menesteres a recoger todo lo de valor, salvo la basura que había allí, que de hecho se encargarían de eliminarla, tales como botellas rotas de vino de jerez, ceniceros, jarras de cerveza de mantequilla a medio vaciar, botellas de Whisky de fuego (algunas vacías, otras medio vacías y otras sin abrir), viales de pociones e ingredientes de pociones que ya no servían para nada.

También había criaturas mágicas como Pixies, que Harry se encargaría de liberar. Otras como los boggarts, serían puestos en baúles oscuros y viejos. Llevados al bosque negro para su liberación también.

Aunque debían de tener cuidado en donde liberarlos, pues le había llegado la noticia que en ese bosque habitaban acromantulas gigantes, una de ellas con la capacidad de hablar.

Una lástima que estuvieran allí y no en una finca de criaderos, pues la tela de acromantula y el veneno, eran sedas e ingredientes muy valiosos, respectivamente.

Si las pudiera sacar del bosque y llevarlas a algún sitio para su crianza y explotación, entonces podría meterse en otro mercado mágico y salir de uno de los muggles de Bretaña, pues sabía también que si estallaba la guerra, las finanzas que tenía en el mundo muggle iban a bajar. De todas formas tendría que hablar con su gerente de cuentas para ver las demás finanzas en otros países muggles.

Si la guerra conseguía estallar y el estatuto del secreto era violado, todos los negocios que tenía fuera en el mundo muggle, debían acabar y vender las acciones lo más rápido posible, canjeando el dinero muggle ganado por gemas, oro, plata, bronce, piedras preciosas u otros minerales raros, como el Adamantium o el Vibranium, puesto que sabía que los muggles tenían minas de éste último mineral.

Pero no solo Harry debía de acabar con los negocios en el mundo muggle, sino que sus aliados también, pues se arriesgaban a perder mucho oro cuando la crisis en el mundo muggle estallara, una crisis debido a la inminente guerra.

Cuando fue a informar a Sarah, volvió a hacerse invisible pues ya era el toque de queda y no quería que ningún profesor le pillara fuera en los pasillos. Si bien él era considerado un adulto, estaba en la escuela actualmente y debía obedecer las normas del colegio lo mejor que pudiera. Eso no quería decir que no podía hacer otras cosas sin que le pillaran. Solamente tenía que tener cuidado.

Llamando a los aposentos de su maestra, mandó un pulso de su propia magia para que ella supiera quien era.

Cuando la puerta a los aposentos de Sarah se abrió, ella misma frunció el ceño al no ver a nadie allí, pero no lo entendía, había sentido el pulso de magia de Harry pidiéndola que le abriera la puerta y ahora no había nadie. Si esto era algún tipo de broma tonta para que saliera en sus batas semi transparentes, al día siguiente le haría pagar con un duro entrenamiento.

Cerrando nuevamente la puerta y con el ceño fruncido, se dio la vuelta para saltar del susto y llamar a su báculo a la mano inmediatamente, pues en el sillón se encontraba un Harry sonriente.

- Gracias por dejarme pasar…

- ¡Eres tonto o que! ¡Menudo susto me has pegado! Un poco más y te maldigo Harry.- Le gritó un poco enfadada por el truco.

- Lo siento Sarah, pero no podía arriesgarme a que me pillaran los maestros.- Explicó el joven hechicero con el ceño fruncido de vuelta, viéndola en todo su esplendor en el camisón que a él le gustaba que se pusiera, pues era de seda de acromantula y un poco transparente, dejando ver los pechos y abdomen de la hechicera.

Bajando la vista se le podía ver unas bragas de color negro, preciosas en opinión de Harry.

Sarah no se perdió la mirada de su amante-novio y sonrío ligeramente dejando el báculo de lado.

Caminando sensualmente hasta una butaca se sentó en ella con las piernas recogidas a un lado y se echó el cabello al otro lado de su hombro izquierdo, para quedar mirando a Harry sin quitar esa sonrisa de su rostro.

- Y ¿Qué querías a estas horas de la noche?- Pidió en tonos suaves y lentos, haciendo que el joven olvidara por un momento a lo que había venido.

La verdad sea dicha, la hermosa mujer que tenía delante podía hacer que se olvidara hasta de su nombre sin utilizar la magia, por Myrddin y todos los Emrys, como la amaba.

Sacudiendo la cabeza un poco, para aclararse las ideas, tosió un par de veces y le dijo su descubrimiento en la sala de los menesteres o la habitación que va y viene.

- ¿Pero Harry, esa habitación no la habíais descubierto en primero? Quiero decir ¿No fueron los hermanos Gaunt o los Black quien te hablaron de la sala?- Preguntó Sarah un poco confusa y sentándose bien, pero haciendo que el camisón se le subiera, revelando de hecho, las bragas negras a la vista de Harry, el cual no pudo evitar sonreír.

- Si, lo hicieron. Pero al parecer esa habitación esconde más secretos de los que imaginábamos. De hecho hemos encontrado una sala que tiene el parecido a una bóveda que se va expandiendo según la gente va dejando cosas.

- ¿Bóveda? ¿Entonces no pertenecerá a Hogwarts lo que hay allí?

- No, pertenece al que lo encuentra. De hecho Dobby, dos elfos de las cocinas de la mansión Potter y uno de los guerreros gobblins de la mansión, hemos estado investigando hoy y recogiendo lo que es de valor, metiéndolo todo en un baúl de catorce compartimentos.

- Eso es interesante, pero sigo sin comprender porque me lo tienes que contar ahora y no mañana.

- Primero que nada por la privacidad que nos brinda tu cuarto. Segundo me apetecía verte, este tiempo desde que hemos vuelto a la escuela no hemos tenido un poco de intimidad, para hablar o hacer cualquier otra cosa. Y por último necesito tu ayuda, con la de los chicos para pasar a través de la sala este año. La queremos vaciar.- Explicó Harry pacientemente a su novia, la cual lo miraba con una ceja arqueada ante lo que le había dicho.

Era muy tierno de su parte echarla de menos, aunque la viera todos los días, por otra parte tenía sentido, si iban más personas a la sala a limpiarla, más rápido llegarían a sacar las cosas de valor. Era una idea interesante.

- ¿Cuándo volvéis?

- Mañana. Estaremos todo el día, tarde y noche. Pasaremos el tiempo en la sala, no te preocupes por la coartada, pues los chicos de Slytherin se encargaran de darnos una. No obstante me parece que mañana es una salida a Hogsmeade.

- Está bien, pero no puedo pasar todo el día encerrada en la sala, habrá momentos en los que tenga que irme para hacer las guardias. Por si no lo has olvidado, el presunto heredero anda suelto. Aun no entiendo como no haces nada.

- Creo que te lo dije, no puedo. Mi magia me prohíbe intervenir. Si fuera otra persona la que estaba… mal, entonces no lo dudaría, pero lo único que puedo hacer es bajar a la cámara de los secretos con Corvinus y Celeste para convencer al basilisco de que no haga caso a las órdenes del presunto heredero. Es lo único que puedo hacer. E incluso no puedo ni siquiera mandar a la serpiente.

- Entiendo Harry, no hace falta que te expliques, es solo… que es un poco frustrante a veces como me miran los de Gryffindor…

- ¿Te han dicho o hecho algo?

- No, no se atreven. Soy una hechicera, ¿Recuerdas?

- Y una muy hermosa.- Dijo Harry levantándose y acercándose a ella para darle un abrazo en el mismo sillón en el que estaba sentada. – No te preocupes Sarah, pronto saldremos de la escuela, para continuar con nuestro destino.

- Hablando de eso, ¿Qué pasara con la guerra?

- En Yule, cuando el Wizengamot se reúna, voy a pedir a los aliados de Albion que voten por la caza de muggles sea reinstaurada, eso nos dará una excusa para empezar la guerra y tomar lo que nos pertenece por derecho.

- ¿Las tierras?

- Exactamente. Las tierras de Bretaña. Una vez que las tengamos, destruiremos los constructos que no valgan, dejaremos los que sí y arreglaremos el paisaje. Los ríos volverán a su cauce, las plantas, árboles y bosques se repoblaran. Los automóviles y todo aquello que contamine la naturaleza será destruido. Tomaremos nuestro lugar, el lugar que nos corresponde.- Dijo Harry sin darse cuenta de que había citado más o menos a Voldemort en alguna ocasión de su vida, aunque Harry si pensaba llevarlo a cabo y de hecho lo estaba haciendo.

- Bonitas palabras Harry, pero… ¿Será cierto? Nuestra gente las ha oído durante mucho tiempo, durante siglos Albion se ha intentado recuperar, pero nunca se ha podido. Por traiciones, amoríos o cualquier otra cosa.

- Entiendo tus temores Sarah, pero esta vez es la definitiva. Albion estará presente, lo reconstruiremos y perdurará durante eones. Los historiadores nos retratarán como los que resucitamos a Albion cual fénix resucita de sus cenizas. No debes preocuparte por eso, mi amor.- Dijo Harry escondiendo la sonrisa y un poco de rubor, pocas veces le había dicho esas palabras de amor a Sarah.

Esa noche Harry y Sarah la pasaron juntos celebrando y planificando los pasos a seguir a partir de entonces.

La guerra no solo se libraría con los magos, sino que el resto del Concilio interno como externo ayudaría y lo primero que había que hacer en los demás países de Europa y el resto de los continentes, era que los Druidas, hechiceros, brujos, sacerdotes, etc. fueran aceptados en las comunidades nuevamente y que las cacerías terminaran, cosa que sería bastante difícil de lograr, pero un nación como Albion no renacía de sus cenizas sin luchar.

También esa noche, al pasarla con Sarah en sus cuartos, tanto Harry como ella durmieron separados, en camas distintas por precaución, pero eso no quitó que no pudieran tener besos y caricias.

A la mañana siguiente Harry fue a desayunar como si no hubiera pasado nada, más sus amigos ni siquiera preguntaron al respecto, algo que agradeció.

Con una honda de su mano, Harry levantó una barrera silenciosa alrededor de ellos para darles privacidad.

- Harry, si vas a contarnos lo que hicisteis anoche Sarah y tú, mejor guárdatelo para ti.- Pidió Celeste medio en broma.

- ¿Por qué Celeste? Yo que iba a contaros la increíble noche que pasamos juntos en…

- No Harry, por favor, quiero tener un desayuno tranquilo y no tener imágenes mentales…- Se estremeció un poco Cassiopeia al nombrar las imágenes.

- Me ofendéis chicas, ¿Tan feo soy?

- ¡No! ¡Claro que no! Pero… es vuestra intimidad…- No pudieron terminar la frase al ver como Harry se reía a carcajada limpia.

Sin poder evitarlo Harry les dijo después de las bromas terminadas, lo que descubrió anoche en la sala de los menesteres y el favor de ir nuevamente con él, sus elfos, Sarah y un pequeño contingente gobblin para recaudar el gran tesoro escondido allí.

No hizo falta decir que todos se apuntaron inmediatamente, después de que Harry les prometió que les iba a enseñar uno de los hechizos de detección en caso de que se encontraran con el Horrocrux que detectó allí.

La otra presencia, era como un Horrocrux pero no como uno, era difícil de explicar, tal vez fuera algo diferente o inclusive un Horrocrux inacabado, como lo fue la cicatriz en forma de rayo de Harry.

A la mañana siguiente Harry, Sarah, Corvinus, Celeste, Cassiopeia, Alphard, Theo y los hermanos Lestrange fueron transportados en un viaje sombra gracias a los poderes elementales de Harry a la sala de los menesteres, donde generaciones de magos y brujas fueron escondiendo sus "tesoros". Minutos más tarde Dobby, Cronos y cuatro elfos domésticos de la mansión Potter aparecieron con diez gobblins traídos de Gringotts. Entre ellos estaba el gerente de cuentas Potter, Griphook.

- Que vuestro oro crezca de la caída de vuestros enemigos.- Saludó el contingente de Harry, unos más torpemente que otros.

Los gobblins devolvieron el saludo y Griphook pasó a informar en el idioma gobblin a Harry que el Rey Ragnok quería reunirse con él en persona, una vez que las clases terminaran. El motivo lo descubriría más tarde, pues había llegado un ser mágico que quería una alianza con Emrys y aprender de la cultura al mismo tiempo.

Harry preguntó más, por curiosidad sobre quién era el que quería reunirse con él, pero Griphook no soltaría prenda y se tuvo que dejar así de momento.

- Está bien, chicos y chicas.- Comenzó Harry en inglés para que todo el mundo comprendiera. – Nos vamos a dividir en partes, la mitad del contingente Gobblin por un lado con dos elfos. La otra mitad con Cassiopeia y Corvinus. Dobby con Celeste y Theo. Cronos con Alphard, Adhara y Acrux. Y Sarah conmigo.- Repartió los compañeros Harry y pasó a explicar a los niños magos y brujas el encantamiento de revelador Specialis Revelio un encantamiento que hace que cualquier encantamiento o embrujo sea revelado, también les explicó para detectar maldiciones en los objetos parecido al anterior pero en vez de Specialis se pronuncia Obscurus Revelio.

Minutos después de las advertencias dadas por Harry para tener cuidado en las exploraciones, todos se separaron para buscar objetos de valor y raros. Tales como libros que se creían perdidos a lo largo de la historia. Libros de magia antigua que el anterior ministerio de magia, los prohibiría sin reparos y los destruiría.

Otro de los grupos encontró túnicas de gala, armaduras de magos (hechas de piel de dragón, quimera y una muy rara, de piel de gigante), capas de invisibilidad con los hechizos desgastados. Viales de pociones, textos de pociones, alquimia y artes oscuras ligeras.

Decir que se sorprendió el grupo de Theo era una subestimación, pues nunca habían escuchado sobre las artes oscuras ligeras, al parecer era una rama de la magia oscura, que rayaba con la magia normal, es decir, la de luz. Una mezcla un tanto rara entre ambas magias.

El grupo de los gobblins encontraron armas, armaduras, joyas y otros objetos de valor incalculable creados por su raza, que tomaron sin dudar, pues Harry les aseguró que eran para ellos, ser devueltos a la nación.

Harry y Sarah no tuvieron tanta suerte en encontrar cosas de valor, en su mayor medida encontraban muebles rotos y viejos, que algunos de ellos se podían reparar, otros estaban en tan mal estado que había que desvanecerlos o destruirlos.

Sarah viendo que los muebles que no se podían reparar o rehacer, podrían servir para transfigurarlos o transmutarlos en otras cosas, le dijo a Harry su idea.

- Estoy de acuerdo.- Concordó Harry, trasformando una silla rota y destrozada en un baúl grande, en el cual le encantó para que el interior sea aún más extenso por dentro.

Con el baúl hecho, en vez de eliminar los desperfectos de los muebles, lo fueron metiendo en ese baúl.

Otros desperfectos como botellas rotas, vacías o semi vacías de cualquier líquido, sí que fueron eliminados, ni siquiera se lo pensaron dos veces.

Los grupos iban despacio y pasaban los minutos volando, examinando los objetos que había por doquier.

A eso del mediodía Sarah tuvo que abandonar la búsqueda para hacer guardia con los maestros, lo que les dijo a los grupos que pararan un rato para descansar y comer algo.

La comida y bebida fue servida por los elfos de la mansión Potter, para después Harry convencerlos de que se unieran a ellos en una mesa reparada por Harry.

Las sillas y otros elementos fueron transformados de la caja de desechos útiles como la empezaron a llamar.

Ese día pudieron llenar un compartimento entero de libros y otro tipo de objetos en el baúl de catorce compartimentos, mientras que los gobblins se llevaron por el valor de un pequeño escuadrón en armaduras, armas y joyas creadas por ellos.

Los Horrocruxes no fueron encontrados ese día, pero no se desesperarían pues sabían que tardarían por lo menos el resto del año escolar en encontrar todo lo que valiera.

Al final, Harry cansado de buscar tomos antiguos, decidió que un hechizo convocador terminaría la tarea más rápido.

- Accio libros.- Susurró las palabras alzando su báculo y liberando la magia. Durante unos minutos no pasó nada, pero luego se fue escuchando un zumbido como de aves enfurecidas, hasta que vieron una masa oscura venir a ellos.

Harry, los gobblins y los elfos, fruncieron el ceño, hasta que se dieron cuenta de lo que era la masa, miles o millones de libros perdidos en la historia, en la sala de los menesteres fueron hacia ellos a una velocidad increíble.

Para que no fueran enterrados en ellos, Harry abrió el baúl, donde la biblioteca se guardaba y con movimientos fluidos de su báculo y su mano, dirigió los libros y tomos antiguos en él.

Durante casi dos horas de ver libros ser consumidos dentro del baúl, cuando todos se empezaron a impacientar, se vio que el último de los tomos entró en el compartimento de la inmensa biblioteca.

- Harry, si vuelves a hacer algo por el estilo, te maldigo. Lo prometo.- Dijo Cassiopeia en un tono serio. – Hemos pasado dos malditas horas viendo como los libros se metían en el baúl, crees que tenemos tanta paciencia.- Exigió la chica entrecerrando los ojos a Harry.

- Si crees que yo lo he pasado mejor, te equivocas Cassie, he estado las dos horas moviendo el báculo y la mano, ¡Tengo calambres en los brazos!- Terminó de explicar y quejarse el muchacho, que internamente estaba de acuerdo con Cassiopeia y no iba a invocar nuevamente cualquier cosa.

- De todas formas, no creo que se haya invocado todos los libros y tomos que haya aquí.- Expresó Alphard en un tono explicativo. – Es decir, seguramente estarán protegidos los más raros contra las invocaciones ¿No?

- Tiene un punto Sr. Black.- Concluyó Griphook sonriendo ligeramente. – Los objetos hechos por mi raza no pueden ser invocados, por lo tanto nos tocará seguir viniendo hasta que todo quede vacío.

- Será mejor que nos marchemos de momento y vengamos mañana, domingo.- Dijo Harry dándose masajes en el brazo del báculo.

El resto del mes hasta las vacaciones de Yule, el grupo lo pasó entre estudiando, entrenando con Harry y la recuperación de todos los objetos de la sala de los menesteres con los gobblins. Por suerte para el gran grupo, las salas de Hogwarts no detectaron lo que estaban haciendo, sino, el director Powell podría detenerlos de saquear dicha sala.

En el transcurso de ese mes, la magia de Harry sintió cuatro picos de energía bastante poderosos, lo cual le llevó a consultarlo con Sarah y los hechiceros y druidas de Hogwarts, debido a que ellos también lo sintieron.

Debido al hecho de que no sabían lo que era, decidieron investigarlo más tarde, y hablar de las ultimas noticias en lo que refiere a la clara violación del estatuto del secreto. Al parecer los muggles, no solo de Gran Bretaña, sino de todo el mundo, se enteraron de que la magia era real y varias organizaciones muggles se estaban preparando para hacer búsquedas de las ciudades mágicas.

Los mágicos de todo el mundo se reunieron en una gran convergencia mundial de la ICW para discutir que hacer.

Países como Rusia, China, India y Australia se negaban a luchar contra los muggles, alegando que podían coexistir pacíficamente.

Otros como el resto de Europa y América querían prepararse para una contra ofensiva, claramente se podía sentir la tensión en la ICW.

Dumbledore acudió al a sede como refugiado de los países que se oponían a la contraofensiva mágica, y habló culpando a los hechiceros y druidas sobre el descubrimiento del mundo mágico, empezando en Gran Bretaña.

Bretaña mágica o Albion como empezó a llamarse en secreto se opuso a las acusaciones del viejo manipulador, alegando y declarando verazmente con recuerdos pensadero, que de hecho, fue Albus Dumbledore quien manipuló las elecciones a ministro muggle, para que saliera Vernon Dursley, marido de la anteriormente Petunia Evans, siendo repudiada por Señor Potter y deshaciendo los lazos de sangre que lo unían a dicha mujer.

Señor Potter al haber repudiado a Petunia en la sangre y la magia, ya no podía decir que su hermana, Lily, era de hecho, su hermana.

Cuando Dumbledore se enteró de ese hecho en la ICW, su rostro adquirió un tono de furia desenfrenada y comenzó a acusar de golpista de estado a Señor Potter, diciendo que no era mucho mejor que un Lord Oscuro.

Ni que decir tiene, que países mucho más desarrollados que tenían fuertes lazos económicos con los aliados Albion, así como un Monsieur Delacour, estaban furiosos con las acusaciones en falso de Dumbledore.

Los países que apoyaban a Dumbledore fueron echados de la ICW, al negarse a entregar a los fugitivos de la justicia en Bretaña mágica.

Ese castigo para China, Rusia, India y Australia fue el detonante para que se unieran en la flagrante violación del estatuto del secreto y se dieran a conocer a los muggles de sus respectivos países.

En Bretaña o Albion, había un aura de ansiedad y tensión entre la población mágica, lo cual dio lugar a múltiples sesiones del Wizengamot, en las cuales Harry se vio obligado a asistir.

Con el elixir de los licántropos casi terminado, Harry no pudo aguantar más tiempo el llevar a votación que se les diera derechos como ciudadanos de Bretaña o Albion.

La mayoría de la facción que todavía apoyaba a Dumbledore se negó, la facción tradicionalista que debía favores a Señor Selwyn apoyó la moción y se mandaron representantes hechiceros y druidas a buscar a las manadas de licántropos de las islas, para hacerles saber de la decisión del Wizengamot.

Harry en una de ellas, fue el que les explicó a los licántropos que se estaba creando un elixir para darles la fuerza de cambiar sin tener que depender de la luna llena.

El licántropo que dio la sangre a Harry y Maestro Flamel, atestiguó entre sus compañeros que era cierto.

No una semana después, las grandes manadas de Bretaña y de Europa se reunieron en Albion para pedir refugio de las persecuciones de los muggles.

Con todo deprisa y corriendo, la víspera de las vacaciones de Yule, el elixir estuvo preparado en grandes cantidades y cada hechicero y druida con conocimientos de alquimia, se lo dieron a todos los licántropos que superaron el número de doscientos mil.

Doscientos mil ciudadanos nuevos en Bretaña mágica estuvieron presentes en el ministerio de magia, para que se les diera refugio preventivo, con la condición de que cuando empezaran a trabajar, compraran o bien terrenos o lo que fuera, para reubicarse y hacer una vida.

La idea de hacer el ritual en Stonehenge, cada vez era más apremiante, pues si era capaz de encontrar Camelot, Avalon y Atlantis, podría Harry reubicar a todo ser mágico que llegaba a Albion con la esperanza de encontrar refugio.

El orfanato mágico abrió sus puertas el día después de Yule, con todas las familias de la facción Albion en Hogsmeade y varios guardias de seguridad, los cuales fueron licántropos contratados.

El resto de refugiados se esparcieron por los refugios que se crearon, tales como el castillo Slytherin, donado por Señor Gaunt.

El castillo en sí seguía perteneciéndole a Salazar, pero lo dejó en préstamo temporal hasta que no hiciera falta y pudiera servir para otro propósito.

La reunión de Harry con el Rey Ragnok se llevó a cabo justo después de que Yule pasara, puesto que era realmente urgente y se requería su presencia en el despacho de Ragnok, Harry apareció en Gringotts a media mañana, junto con Sarah.

- Saludos guardias. Que vuestros enemigos caigan ante vuestras hojas y el ejército gobblin sea temido.- Saludó Harry a los ocho guardias que guardaban las puertas de Gringotts.

Debido a la inminente guerra, los gobblins habían redoblado sus guardias de las puertas.

Recibiendo de los ocho asentimientos con la cabeza y saludos al tipo guerrero, Harry en su manto de Emrys, junto con Sarah se dirigieron directamente al despacho de Ragnok, sin tener que pasar por un cajero y hacerles perder tiempo a ambas partes.

Debido a la amistad de Harry con los gobblins, los ancianos le dieron pase libre siempre y cuando tuviera cita con el Rey.

Llegando a las puertas de oro macizo con decoraciones de piedras preciosas, Harry y Sarah llamaron a la puerta y esperaron respetuosamente.

Con un entren en el idioma gobblin, ambos pasaron y saludaron en el mismo idioma que los recibió.

- Es un honor verlo nuevamente majestad.- Dijo Harry a Ragnok en su idioma natal, inclinándose levemente en un saludo guerrero. – Sentimos no haber podido venir antes, pero como usted sabe bien, el mundo de fuera es un poco caótico. El Wizengamot se está reuniendo casi todos los días y a todas horas. Tengo la esperanza de que pronto, la facción que apoyaba a Voldemort nos apoye completamente.

- Eso espero Emrys. Mi pueblo se está poniendo cada día más nervioso. Es posible que una guerra gobblin pueda estallar.

- Espero que no, Rey Ragnok. Tengo la intención de que se apruebe una ley que les permita, no, mejor dicho, que les de los mismos derechos que a los demás seres mágicos sintientes, como nosotros. Siento tardar tanto.- Dijo Harry con un poco de tristeza en su tono, pues sus amigos los gobblins habían hecho mucho por él y por Sarah y pensaba, como sentía que se lo debía a ellos, al menos devolverles el favor, haciendo que tuvieran derechos como la utilización de focos mágicos y poder salir de Gringotts a comer, jugar (en caso de los niños), y hacer otras actividades.

Los gobblins rara vez se sorprendían, pero con Emrys era la excepción. Si no estaba muy equivocado Ragnok, le había dicho que iban a tener derechos como los magos, brujos, hechiceros, druidas y licántropos (los últimos cuatro recientemente adquiridos).

- Por fin.- Dijo Ragnok pasando al inglés y sonriendo mostrando todos los dientes. – Por fin un digno aliado que lucha por nosotros. No me equivoqué contigo Maestro Hechicero cuando te conocí hace un año.

- Gracias, es un honor su cumplido.

- Bueno, a los negocios. En primer lugar, quisiera felicitarlo por dar derechos a los licántropos y una manera de curar o sobrellevar su maldición. No muchos lo harían. Seguidamente, sus rentas en el mundo muggle han sido todas vendidas, tal como se indicó a Griphook. Al parecer pudo encontrar compradores de las acciones, antes de que la debacle en el mundo muggle surgiera. Déjeme decirle Señor Potter, que usted ahora es muchísimo más rico de lo que eras antes.

El dinero muggle fue utilizado para comprar lingotes de oro, plata, platino, Adamantium, Vibranium y piedras preciosas, tales como: Zafiros, Rubíes, Diamantes y Esmeraldas. Se te ha abierto otra bóveda para meter todo dentro. Ahora solamente tienes acciones y negocios en empresas enteramente mágicas.

- Gracias por la información majestad. Es un alivio. Los demás de la alianza…

- Eso es cuestión de sus propios administradores y esa información no la puedo dar, eso lo sabes.

- Por supuesto, mis disculpas. No quería ofender, tan solo me preocupo.- Dijo Harry con una cara impasible a la enorme sonrisa dentada que recibió.

Con un asentimiento de cabeza por parta de Ragnok y pulsando un par de botones de su escritorio, pasó a explicar quién era el que quería una alianza con Emrys.

Ragnok explicó la historia de los asgardianos en la tierra, explicó como hicieron alianza y pactos con los seres mágicos hace tantos milenios y como tuvieron que irse a Asgard nuevamente, para terminar de una vez por todas con la guerra contra los gigantes del hielo.

Poco tiempo después, explicó como esa alianza se fue perdiendo en los anales de la historia y como ahora, por extraño que parezca, un príncipe de Asgard quería conocerlo.

Para Harry eso le venía genial. Se sorprendió de lo que dijo uno de sus antepasados Peverell fuera cierto, que las antiguas alianzas con los asgardianos estuvieran todavía presentes. Más le sorprendió que un príncipe quisiera conocerlo y poder fomentar esa vieja alianza entre sus pueblos.

Ahora más que nunca les vendría bien la ayuda, si lo sabía manejar, era posible que Albion ganara un muy fuerte aliado. Sobre todo si lo que decía su antepasado acerca de los poderes de algunos de los asgardianos eran ciertos.

- Está bien, ¿Cómo puedo conocer a este príncipe?- Acordó Harry ante el breve asentimiento de Sarah, la cual estaba allí por si surgía algún problema y había que batirse en duelo, pero dudaba que en territorio gobblin, alguien fuera tan estúpido de atacar.

- Dejen que les presente al Príncipe Loki, hijo de Odín, del reino de Asgard.- Introdujo Ragnok con un aire regio, revelando una puerta oculta detrás de su escritorio y dejando pasar a un hombre alto, fuerte, de pelo negro con los ojos verde; un tono más claro que los de Harry. Su aura desprendía poder y Harry podía notar esa sonrisa maliciosa, la que le gustaba jugar bromas a veces. También notó como un espejismo fue levantado a su derecha y con un movimiento de su mano, dicho espejismo se desvaneció.

- Interesante.- Dijo el hombre llamado Loki, hijo de Odín, del reino de Asgard. – Creo que nos llevaremos bastante bien…- Dejó en el aire con una voz suave y sedosa, parando para que se presentara el niño delante suyo.

- Harry James Potter, de la Casa muy antigua y muy noble de Potter. Bendecido por el Concilio como el último Emrys.- Dijo Harry levantándose y cogiendo a Loki del brazo, en un saludo antiguo.

-Salto de línea-

En cuanto Thor, Sif, Hogun, Volstag y Fandral volvieron a Asgard tras recoger en el mundo de los elfos oscuros, el éter, hicieron planes inmediatamente para recuperar el Teseracto y la piedra del tiempo, ambas de las cuales residían en Midgard.

Para ponerse de acuerdo en cuestión de cual recuperar primero, a Sif se le ocurrió la brillante idea de pensar como Loki por primera vez.

- Sería mejor si fuéramos a recuperar el Teseracto. Pues es el cubo lo que mejor conocemos, gracias a él pudimos crear el puente del arco iris.- Opinó Sif a sus compañeros en el palacio dorado de Asgard. – Además si Loki estuviera aquí sería de la misma opinión en ir a recoger algo que conocemos mejor. Más tarde, cuando tengamos el Teseracto, podemos recuperar la piedra del tiempo.

- Esa es una idea estupenda, mi dama Sif.- Intervino una voz oscura desde unas sombras de la habitación.

En seguida todos se pusieron en guardia, salvo Thor, que palideció ante la presencia del Aspecto Muerte.

- Lord Muerte… nos agrada tu presencia y nos sorprende a partes iguales.- Saludó Thor con un arco de cabeza.

- Thor, príncipe de Asgard.- Dijo Muerte con una sonrisa siniestra en su rostro. – Veo que trajisteis el éter o la piedra de la realidad. Bien hecho. Si vais ahora mismo a Midgard, no os olvidéis de llevaros éste aparato. Lo he hecho yo mismo con la intención de encontrar las piedras del infinito.- Dijo entregándoles una especie de cuadrado en el cual se podían ver claramente los planetas o reinos en los que estaban las piedras ubicadas.

La más lejana se encontraba en un planeta que pertenecía a una raza llamada Titanes, guerreros formidables que eran muy difíciles de derrotar.

Otra de las piedras se encontraba en un planeta desértico, dos en Midgard y la ultima de todas en una especie de… ¿Cabeza? ¿Cómo podría ser eso? Bueno no era de su preocupación de momento. Lo primordial sería recoger el Teseracto primero o la que se encontraba en ese planeta alejado. Tal vez si le enseñaban el aparato a Heimdall, les podría llevar a las coordenadas adecuadas.

- Bien chicos, preparaos en una hora, voy a hablar con mi padre, para hacerle saber que partiremos inmediatamente.- Ordenó Thor en su voz de mando y salió por las puertas de la cámara de reuniones, junto con el cuadrado que se parecía a un cuaderno.

Debían de pensar en darle un nombre al cuadrado ese, pues no le podían llamar así eternamente. Tal vez localizador de las piedras del infinito o simplemente localizador, pues el primer nombre era demasiado largo.

Cuando llegó a la sala donde sus padres estaban, entró y se arrodilló ante el trono de Odín, en una muestra de respeto.

- En pie, hijo mío.- Ordenó el padre de todos a su hijo, el cual se levantó y abrazó a sus progenitores.

- Padre, madre. Marcho a Midgard inmediatamente a por las piedras del espacio y el tiempo. No sé cuándo volveré. También es muy posible que marchemos a por la piedra del poder.- Informó con el rostro en blanco y un poco preocupado.

- ¿Qué te preocupa, hijo mío? No dudes en decírmelo.

- Es sobre mi hermano. Si vamos a Midgard, temo fallar en intentar encontrarlo.

- No debes preocuparte por él. Está en su propia misión y estoy seguro de que conseguirá acabar con ella.- Informó Odín, apretando su mano en el hombro de su hijo, para confortarlo.

- Te conozco hijo y sé que te preocupa algo más.- Dijo su madre con esa mirada que todas las madres dan a sus hijos cuando no les contaban algo que sabían ellas mismas. - ¿Qué es?

- Madre… es por todas las piedras que van a estar en Asgard… y si alguien más decide buscarlas aquí.

- De eso no debes preocuparte, hijo de Odín. Pues la caja que os di para meterlas, las hace inmunes a la búsqueda de los simples mortales y otras razas. De todas formas, si te preocupa llevar la piedra de la realidad contigo, déjala aquí.- Dijo entregando otra caja similar a la que tenía guardada.

Dando un suspiro de alivio, volvió la vista a sus compañeros recién llegados y le dijo a Fandral que le entregara la bolsa donde se guardaba la caja que contenía las piedras del infinito.

Recogiendo la caja de su amigo y compañero de armas, le entregó la piedra de la realidad al Aspecto Muerte, el cual la cogió como si nada y la metió dentro de la caja que se iba a quedar con él.

Después, pasando una mano por dicha caja, la hizo pequeña y se la guardó en sus ropas negras, como si no estuviera allí.

- Ahora si hay alguien tan loco, como para intentar quitarme la caja, que lo intenten. Me quedaré con sus almas…- Susurró en tonos peligrosos, que hizo que todos se les pusiera la piel de gallina. Solo esperaban que la siguiente encarnación del este Aspecto no fuera tan… oscura.

Cuan equivocados estaban, pues el hombre que Muerte tenía puestas sus esperanzas, si bien su humor no era tan… malévolo, sus intenciones cuando defendía a su familia o su pueblo, podrían considerarse bastantes radicales.

Despidiéndose Thor, Sif y los tres guerreros de los reyes de Asgard, y del Aspecto Muerte, se dirigieron hacia el Bifrost para que Heimdall los transportase hacia Midgard o el planeta en la que estaba la piedra del poder.

Cuando decidieron por fin salir de Asgard, el grupo de Thor tuvo que cambiarse de ropas para mezclarse mejor con la población civil. Es decir, que tuvieron que quitarse sus armaduras y ponerse ropas de otros mundos, que tenían en las bóvedas, para no llamar la atención.

Tal vez no llamaran mucho la atención en el mundo mágico, pues las ropas que llevaban eran del siglo de mil ochocientos, pero al menos era algo.

Heimdall les dio una mirada divertida cuando se pasaron por el Bifrost, pero no dijo nada, pues sabía a ciencia cierta que llamarían la atención, yendo vestidos como iban.

Antes de que pasaran a través del túnel del arco iris para llegar a Midgard, les advirtió que pasara lo que pasara, no se detuvieran y… que a pesar de no querer llamar la atención, sería inevitable que lo hicieran.

Pasando los cinco guerreros a través del túnel, aterrizaron en un desierto de lo más singular. Al parecer era de noche cuando llegaron y no había un alma a la vista.

Salvo por lo que parecía un monstruo metálico y rectangular, que llevaba luces por ojos. Lo que vieron, sin saberlo, era una furgoneta en la que iban tres mortales o muggles como descubrieron que los mágicos los llamaban.

La furgoneta se acercaba a velocidades muy rápidas y no tenía la impresión de que iba a amainar, de ahí que Thor decidiera lanzar su martillo para darle una señal de su poder.

Sin saberlo, cuando lanzó su martillo y logró parar la monstruosidad sobre las ruedas, volcándolo de lado, de su interior salieron tres personas en estado de shock.

El vehículo al parecer estaba destrozado en el capó y expulsaba un extraño humo. Los tres guerreros se miraron entre sí y a Thor divertidamente.

- Creo que lo has matado.- Dijo Hogun ladeando la cabeza curioso. – Pero lo que no entiendo, es las personas que salen de su interior…

- ¿Tal vez sea algún tipo de transporte?- Aportó Fandral curioso en cuanto a estos midgardianos habían conseguido avanzar. – Aunque debo decir que la última vez que venimos a Midgard, montaban sobre majestuosos caballos.

- Sea lo que sea, debemos ponernos en marcha.- Dijo Thor alzando su mano para que su martillo volviera a ella.

La mejor opción que tenían para recuperar el Teseracto era hacer un ataque como ellos sabían. Con la fuerza bruta.

Para Loki, que era más sutil, tal vez no le gustara la idea de presentarse en una base humana y comenzar a lanzar rayos y flechas, disparar con las pistolas de Fandral o menear el hacha de Volstag sobre los endebles humanos. Loki seguramente utilizaría la magia para hacerles creer que habían perdido el Teseracto o incluso que jamás lo tuvieron. Pero por desgracia no tenían a Loki con ellos y por ende, no tenían su magia que les ayudara.

Thor, Sif, Fandral, Hogun y Volstag eran guerreros aguerridos y no hechiceros como el hermano de Thor.

Por ello poniendo en marcha el rastreador y haciendo caso omiso de la furgoneta humeante y los humanos que gritaban a ellos, se pusieron a caminar en dirección contraria por donde habían venido sin detenerse y a paso ligero. Cuanto antes terminaran la misión en esta parte del mundo de Midgard, antes Heimdall podría mandarlos a por la piedra del tiempo, que también conseguirían como el Teseracto, si todo salía bien y según lo planeado.

Poco sabían que sus planes se irían por el desagüe como se decía en la Tierra, pues para entrar en una instalación de SHIELD lanzando rayos, provocarían que la guerra contra los mágicos comenzara antes de tiempo.

Pero omitiendo su poco conocimiento del futuro, los cinco guerreros llegaron a su destino cuando el alba estaba a punto de despuntar.

Vieron un edificio blanco puro, con una entrada únicamente protegida con un tipo de barra de colores rojo y blanco.

Lo que parecía una caseta a un lado de la barra, y unos hombres o mujeres en vestimentas extrañas, con lo que parecía armas de fuego láser, como las que veían en los mundos de Nova Prime.

- ¿Atacamos o… esperamos?- Preguntó un impaciente Volstag.

- Ten paciencia, mi amigo. Debemos esperar para ver que más sale de… lo que sea eso.- Dijo Thor mirando expectante y pensando en cómo demonios iban a entrar dentro de lo que quisiera que fuera eso.

Por suerte o por desgracia poco tiempo tuvieron que esperar para decidir qué hacer, pues los guerreros o guardias los vieron en sus formas no muy disimuladas, sentados espiando a ellos.

Con voces duras, los guardias de la barrera y la caseta se acercaron a los asgardianos, gritándolos que estaban en una zona restringida y tenían que marcharse de allí sino querían ser detenidos.

El primero en reaccionar en este caso fue Hogun, que a la mención un tanto… espontanea sobre sus vestimentas, sacó su arma y empaló con ella al primer guardia.

El segundo no tuvo tiempo de dar la alarma, cuando una lanza plateada le atravesó la garganta, para salir y luego atravesarle el pecho nuevamente.

Con los guardias muertos, Thor dio un suspiro y lanzó rayos con el martillo para destruir la garita.

Eso lo único que trajo fue más atención a ellos y que los soldados salieran en trompicones de las puertas.

En la lluvia de balas que les siguió, los rayos y truenos caían a los soldados, matándolos o incapacitándolos en el acto.

El hacha de guerra de Volstag cortaba las cabezas, torsos y otros apéndices, como un cuchillo cortaba la mantequilla.

Las espadas y cuchillos de Fandral y Hogun daban estocadas y eran lanzados sucesivamente, haciendo vibrar el aire con chillidos de dolor y sangre.

La lanza de Sif, por el contrario encontraba sus enemigos matándolos en el acto. Aunque las balas les llovían como si fueran gotas de agua, las armaduras que llevaban debajo de los ropajes que utilizaban, les prevenían de ser matados.

Otra de las ventajas que los asgardianos tenían, era que su piel era muchísimo más fuerte que la de los mortales, tal como la de un semigigante en el mundo mágico, por ello las balas no les haría mucho daño.

En el caso de que fueran atacados con armas más pesadas, como un lanzacohetes, eso eran palabras mayores.

Así pues los cinco guerreros se abrieron camino hasta dentro de la base militar, mirando de vez en cuando el rastreador para asegurarse de que no se perdían.

En el caso de que lo encontraran, para salir de allí, solamente tendrían que seguir el rastro de cadáveres y correr en una carrera loca, hacia una salida para que Heimdall los transportara.

Desgraciadamente el Teseracto comenzó a moverse en ese momento. Era como si de repente le hubieran salido piernas y hubiera comenzado a huir de ellos mismos, hasta que Sif vio a un hombre de mediana estatura, de color negro y con un parche en el ojo, que advirtió a Thor de seguirlo él mismo, debido a que podía lanzarle el martillo las veces que quisiera ya que volvería a su mano, y nadie, exactamente nadie, salvo él mismo podría empuñarlo nuevamente.

Por ello Thor salió disparado detrás del hombre tuerto, sobrevolando a una altura decente por dentro de la base terrestre.

Cuando aterrizó delante del hombre, éste sin dudarlo sacó una especie de arma pequeña y descargó todo el cargador sobre él.

Con una risa como si le hubiera hecho cosquillas, Thor empuñó su martillo, diciendo únicamente las palabras "mi turno" y de repente, del martillo, salieron rayos que lanzaron al tuerto sobre unos metros de distancia, soltando el maletín que llevaba con él.

Thor, agachándose, abrió el maletín para ver si el Teseracto estaba allí y viendo que así era, cogió la caja que le dio el Aspecto de la Muerte y con sumo cuidado de no tocar el cubo, metió dicha piedra del espacio en la caja de contención.

Para alguien que no tocaba el cubo era un poco raro, pues bien, la misma Muerte les había dicho, que si una de las piedras estaba metida en algún sitio de contención, con tan solo volcar la caja encima de la piedra o tan siquiera abrir la caja al lado de la piedra, ésta iría a dicha caja de contención, para tener que volver a encerrarla lo más pronto posible.

Para estos mortales si querían seguirlos a través del Teseracto, les sería imposible, pues la caja guardaba de todo tipo de rastro o radiación.

- ¡Lo tengo! ¡Vámonos de aquí!- Gritó Thor tirando el martillo contra una de las paredes y reventándola, haciendo que al abrir una salida, vieran otra parte de la base.

Los hombres y mujeres que estaban al otro lado, no lo dudaron por un segundo y empezaron a abrir fuego sobre el hombre que había lanzado el martillo.

Con las balas de rebote, extendió su mano hacia su martillo y tomo vuelo hacia arriba, abriendo en el techo un nuevo agujero, permitiéndole escapar.

Por desgracia sus compañeros tenían que abrirse camino a su ritmo.

Cuando los cuatro guerreros consiguieron escapar de la base militar que estaba prácticamente llena de muertos, los rayos empezaron a caer nuevamente sobre dicha base, causando explosiones cuando caían sobre los cuerpos de los soldados que llevaban granadas en sus cinturones.

Con esa distracción, llamaron a Heimdall para que los transportara a la nueva ubicación. La sorpresa que se llevaron fue grande, cuando aparecieron nuevamente en Asgard. Con un muy cabreado Odín mirándolos como si los quisiera despellejar vivos.

- ¡Vosotros sois conscientes de lo que habéis causado! ¡Acaso no sabéis lo que significa la palabra discreción!

- ¡Pero padre, tenemos el Teseracto…!

- ¡Sí, pero vuestros actos han conseguido que la guerra que los mágicos temían, se iniciara mucho antes!- Tomando unas respiraciones para calmarse, les dijo a los cuatro guerreros que fueran a sus aposentos, casas o lo que fueran que tuvieran en el palacio o en la ciudad. No volverían a salir en un tiempo muy largo, pues la muerte misma les diría que la piedra del tiempo seria recuperada por Loki cuando terminara su propia misión.

De momento se irían a buscar la piedra del poder y si veían que algún otro la cogía antes que ellos, entonces sería su deber de avisar a la Muerte para que fuera a por ella, él mismo. También les dijo, inmiscuyéndose más en el asunto que el coleccionista tenía la piedra del alma, pero que sería el mismo en recuperarla, al igual que el guantelete y la piedra de la mente.

No se fiaba mucho más de Thor y sus amigos, que lo único que hacían bien, era ser guerreros y destruir cosas. Les faltaba la sutileza que Loki tenía, tal vez cuando esto acabara, y Asgard prestara ayuda a Emrys, Thor se quedaría con algo de la sutileza, astucia y audacia de su sucesor.

Pero como bien había dicho Thor, mirando el lado positivo, tenía otra piedra más. Ahora tenía en su poder dos piedras, la del espacio y la de la realidad. Cuatro más para ir.

A veces se arrepentía que su antecesor las creara para los otros aspectos. Otras veces se arrepentía que los otros aspectos no las quisieran y decidieran enviarlas por el universo.

Ahora sería distinto, pues el guardián de las piedras y el guantelete, sería Emrys y el báculo de la muerte, sería su catalizador para poder utilizarlas bien.

Un báculo demasiado poderoso, pero en sus manos estaba seguro de que las piedras no se volverían a separar, es más, estaba muy seguro de que una vez que Emrys tomara el manto de la Muerte, nadie podría robarle el báculo ni las dichosas piedras que tantos dolores de cabeza daban.

Meditando sobre los asgardianos en la Tierra y su trabajo de recuperación de la piedra del espacio, pensó que tampoco es que lo hicieran mal, sí habían dejado un río de cadáveres en su estela, pero que más se les podía pedir. La siguiente piedra, la del tiempo, sabía que estaba muy protegida y que una vez que llegara a oídos de los "hechiceros" que la custodiaban, sería casi imposible de recuperar.

Imposible para Thor y su grupo, de todas formas, no para él o para algún mágico, tal como Loki e inclusive su heredero y sucesor, Emrys.

Pensando en el joven Emrys se le ocurrió la idea de que tal vez podría darle la misión a él y a Loki, para ver como trabajaban juntos, estaba casi seguro que la estela de muertos podría ascender a un número máximo que la de Thor. Sí, tal vez funcionara.

Dirigiéndose hacia Odín que todavía se veía cabreado, le dijo con una sonrisa en su rostro que no se preocupara por las muertes dadas en el reino de Midgard o Albion como iban a empezar a llamarlo, pues ese era, será y es su verdadero nombre.

- No te preocupes por la estela de muertos, Odín, no se puede culpar al chico. Ha hecho lo que pudo y mucho mejor que otros en el proceso. Se le ha mandado a un planeta en el que no conoce sus costumbres de vestimenta, sus posibilidades de infiltración y menos sus escondites militares. Bien hecho Thor, hijo de Odín. No te culpo. Ahora bien, para la recuperación de la piedra del tiempo, quisiera que Loki junto con mi sucesor Emrys, la recuperaran. Podríais poneros en contacto con Loki y decirle sobre los cambios. Podría hacerlo yo mismo, pero sería intervenir demasiado.- Explicó Muerte parando unos momentos, antes de explicar también que quería ver como se desempeñaban ambos hombres. Tanto Loki para aprender de Emrys y tanto Emrys para aprender de un asgardiano que ha estado utilizando la magia de las ilusiones por siglos. Con esas palabras desapareció a sus cuartos dados por el rey, dejando un padre de todos estupefacto, una Frigg preocupada por su otro hijo, pues había sido dirigida la atención del Aspecto hacia él y un Thor curioso en cuanto al porqué de sus felicitaciones y más aún curioso en cuanto a cómo trabajaría su hermano con un mágico de Mid… no Albion. Ese nombre era raro en su lengua, pero si Muerte decía que iba a ser el nuevo nombre de ese reino, se tendrían que acostumbrar.

Odín decidió que para después de Yule o las festividades de ese día en especial, su hijo Thor saldría al planeta árido y desértico en el que la piedra del poder residía. Mientras tanto envío un guardia a Mid… Albion, para advertir a Loki sobre los cambios de planes.

El guardia, que servía a la familia real, conocía perfectamente los gustos del príncipe Loki y con un poco de suerte, lo encontraría donde Heimdall dijo, en un callejón llamado Diagon.

Por ello apareció allí en el remolino de luces del arco iris, en el centro de dicho callejón donde fue recibido por las miradas más curiosas que había recibido en su vida, aunque él mismo no se quedó corto, pues allí donde se hallaba, había gente de lo más variopinta, no solo gente, sino también la raza guerrera conocida como Gobblins.

Un gobblin se le acercó cautelosamente y le preguntó qué es lo que hacía allí a lo que el guardia contestó que estaba en busca de Loki, príncipe de Asgard.

Sin más miramientos, el gobblin le indicó que le acompañara a un edificio blanco puro y más alto que los otros edificios que había alrededor.

Se podía leer arriba, en un letrero, con letras doradas, Banco de Gringotts. Antes de que pasaran por las puertas, el guardia se arrodilló ante Loki que salió con otro chico y una mujer.

- ¿Harald? ¿Qué haces aquí?- Inquirió Loki con una ceja arqueada al guardia que mejor le caía por su cautela.

- Mi príncipe, he venido en órdenes del padre de todos, os quiere que completéis una misión con el hombre llamado Emrys.

- Ese sería yo.- Dijo el chico levantando una ceja, exactamente igual que el príncipe Loki, parecía un poco fuera de lugar, con el báculo preparado por si había batalla. Los gobblins que había alrededor se tensaron ante el movimiento imperceptible de Emrys y sujetaron con más fuerza sus armas.

El guardia se dio cuenta de que le estaban evaluando por si fuera una posible amenaza, no para su príncipe, sino para el niño que iba con él, el llamado Emrys.

- No soy una amenaza para vuestro…-

- Amigo.- Dijo uno de los guardias gobblin con una sonrisa dentada

- Eso amigo. Lo que decía no soy una amenaza para él, ni para vuestra sociedad.- Dijo simplemente el guardia real. – Estoy aquí para trasmitir los deseos y ordenes, tanto del padre de todos, como de vuestro invitado, príncipe Loki.- Aseguró el guardia llamado Harald.

- De acuerdo. Cuáles son tus órdenes de Asgard, guardia Harald.- Pidió Loki nuevamente, tensándose, pues si el invitado de su padre, el Aspecto lo había enviado, eso quería decir que algo había pasado con la misión de su hermano.

El guardia solamente dio una mirada a los curiosos que pasaban por allí, que no apartaban los ojos ni oídos. Viendo Harry esto, movió su báculo en un círculo que rodeaba al contingente gobblin, a Sarah, a Loki y al guardia de rodillas en frente de ellos.

- Puedes hablar ahora libremente Sr. Harald. He puesto una sala de privacidad.- Explicó Harry al asgardiano que miraba confuso por sus palabras, pero ante el asentimiento de Loki, el guardia les contó que el Rey había mandado a su hermano Thor a por la piedra del espacio, pero que había habido problemas para recuperarla. Los problemas eran claros en cuestión de dejar una estela de cuerpos muertos y mutilados, algo que no sorprendió a Loki. Lo que lo hizo fue el deseo de recuperar la siguiente piedra, la del tiempo, junto con Emrys, deseo por supuesto por el invitado, como Harald se refirió, pues Emrys no podía saber sobre los Aspectos todavía, debía descubrirlo por él mismo.

Harry sabía que se convertiría en algo poderoso cuando se uniera a la última reliquia de la muerte, la varita de sauco, pero no sabía nada sobre que ésta se convirtiera en un báculo y mucho menos que las piedras del infinito, fueran utilizadas como las piedras de Adamantium y Vibranium que tenía su báculo. Aparte del hecho de que si se utilizaban por separado, podían tener un poder destructivo real, pero si se juntaban en un único rayo o magia, las posibilidades eran inimaginables.

Sin pensarlo dos veces Loki aceptó la misión de recuperar la piedra del tiempo por su hermano, que según explicó el guardia real, fue "castigado" por su falta de sutileza. También explicó que si bien las otras dos piedras que faltaban las conseguiría Thor, no sería hasta después de las festividades de Yule.

Harry o Emrys como se le conocía en Asgard también, se lo pensó un poco antes de acceder, inclusive lo habló con su maestra en una conversación silenciosa que solamente ellos dos entendieron.

Este caso era como cuando su magia le dijo que fuera a la séptima planta, ahora le decía que aceptara el encargo de este invitado de los asgardianos, pues si ayudaba en la recuperación de lo que fuera que fuese esa piedra, tal vez se ganarían un gran aliado en esta guerra a tres bandas, pues Dumbledore y Voldemort también se inmiscuirían en los asuntos de Albion. Uno para tratar de destruirlo y el otro para tratar de matar a Harry y hacerse con el control y poder. La palabra clave era tratar. Pues ambos tratarían de hacer precisamente eso, pero que lo consiguieran o no, dependía de Harry y sus aliados, cosa que no pondrían fácil a ningún bando.

Los muggles por otra parte, era una cuestión diferente. Si iba con Loki al mundo muggle debían de tener cuidado en que no los descubrieran, para evitar luchas, hasta que el Wizengamot aprobara las leyes ofensivas en contra de ellos.

Leyes que no tardarían en ser aprobadas por la ministra de la magia, sin tener en cuenta al Wizengamot, cuando ese mismo día se produjera un ataque en una de las casas de los estudiantes nacidos de Squibs o mestizos.

Al día siguiente iba a ser cuando Loki y Harry salieran para recuperar la piedra del tiempo, pero un imprevisto surgió que Harry tuviera que ir inmediatamente al Wizengamot. Loki decidiendo que tal vez después de esa reunión podrían ir directamente a por la dichosa piedra, quiso ir con Emrys, pero éste le pidió que esperara en la mansión pues no sabía cuánto iba a durar la reunión y que fuera posible que tuvieran que posponerlo para otro día.

Al llegar Harry al ministerio de magia, se encontró con Regulus, Salazar, Theodore Sr., Amelia, Augusta, Señor Selwyn y otros Señores y Señoras de la alianza Albion esperando por él, para hablar acerca de las propuestas que tenía, y que presumiblemente se aprobaran por mayoría absoluta, teniendo el apoyo de los neutrales y la facción tradicionalista, dejando solos y aislados a los aliados de Dumbledore.

Cuando todo el mundo se sentó en sus respectivos asientos en el Wizengamot, Harry estaba un poco nervioso ante la posibilidad de tener que dejar la escuela para poder asistir plenamente a estas reuniones, pues si bien la guerra estaba a punto de estallar en Bretaña, en otras partes del mundo ya había estallado y refugiados estaban llegando todos los días a Europa desde . pues una de las organizaciones, llamadas SHIELD, había dado sus primeros golpes contra los mágicos, matando y secuestrando tanto adultos como niños para su posterior investigación, lo que era traducido a una muerte lenta y dolorosa, mientras que los muggles les abrían el canal.

Era repugnante que algo así pasara a sus hermanos y hermanas del otro lado del charco, pero Emrys y los demás tenían problemas similares en Bretaña, el día anterior sin ir más lejos, una familia de mestizos y otra de hijos de Squibs fueron atacados en la noche por sus vecinos muggles y por la misma organización del gobierno que había en . que al parecer también operaba aquí, en suelo británico.

El primer ministro muggle, Vernon Dursley, había reconocido las varitas de la familia mestiza y los condenó a muerte directamente, sin pasar por un juicio.

Según lo que se estaba hablando en el Wizengamot ahora, era que los muggles ya habían dado su primera ofensiva y que los mágicos tenían el deber de protegerse.

Levantándose de su asiento, Harry pidió la palabra, el cual el Jefe de Magos Titus Ollivander, sabiendo lo que iba a venir, se la concedió.

- Señoras y Señores de éste ilustre órgano gubernamental. Lo que ha pasado el día anterior nos ha conmocionado a todos nosotros y al resto del mundo, pero en todos los países del mundo está sucediendo algo similar, mi propuesta es que contraataquemos. Tenemos los números y la magia de nuestra parte, podemos defendernos mejor que ellos. Saquemos la ley de caza de muggles nuevamente, para devolver el golpe, mientras que los aurores y los que se presenten voluntarios como miembros de fuerza armada en el gobierno, ataquen directamente al ejército muggle y sus fuerzas de paz.- Propuso Harry sentándose nuevamente, lo que causó que hubiera conmoción leve en el Wizengamot. Sobre todo por parte de los aliados de Dumbledore que se negaban a admitir que estaban equivocados.

Al final se llevó a votación esa ley, la de la caza de muggles y otra con respecto a los voluntarios, para que Bretaña mágica creara un ejército profesional. Un ejército que Emrys estaría al mando desde las sombras, por supuesto, pero aun así, un ejército para defenderse de los muggles.

Con la ayuda de los inefables en cuanto a que tipo de magia podían usar para destruir sus tecnologías, que al final dio igual pues la magia misma las destruía, desde el encantamiento, hechizo, maldición o transfiguración más fácil a la más difícil, se podía usar.

También se discutió la asistencia de Señor Potter en el Wizengamot sea permanente, eso dio como resultado a que se le examinara de los TIMOS y EXTASIS antes de tiempo.

Maldito Dumbledore y malditos sean sus planes, pues el viejo le había jodido bastante bien, con la violación del estatuto del secreto y poner a esa bestia de un muggle de Vernon como el primer ministro. Debería haber matado a los Dursley cuando tuvo su oportunidad.

Al final se acordó que para el mes de febrero se examinaría a Harry de los TIMOS y en verano de los EXTASIS, pero que no estaba obligado a volver a Hogwarts, es más se le pedía por el Wizengamot que estuviera cerca del ministerio, por razones obvias de las reuniones.

Para la siguiente sesión se acordó el examinar los derechos a los gobblins y los vampiros que Harry proponía al Wizengamot, alegando que si les daban lo que realmente se necesitaba para ellos, serían aliados muy valiosos en el futuro y en la guerra.

Cuando Harry quiso darse cuenta e ir a la mansión a buscar a Loki para llevar a cabo esa recuperación, la tarde se los había echado encima y todavía no habían comido.

Con las leyes aprobadas de la caza de muggles, muchos magos que fueron mortífagos en sus tiempos, saldrían esta noche a hacer estragos en la población muggle, lo que les daría la oportunidad de llevar la misión perfectamente.

En el momento que Harry se enteró que había una pequeña facción de muggles que explotaban la magia de otros universos para manipularla, no se lo creía, pero cuando Loki le enseñó memorias de una mujer calva, que era celta y mucho mayor que él mismo, se lo creyó y decidió que todos los objetos mágicos que encontraran, debían de ser recuperados, por ello Harry llevó un baúl encogido esa noche, cuando salieron de la mansión Potter y se aparecieron por llamas fénix en la casa que a veces era una base de estos "hechiceros" en el Londres muggle.

Esperando afuera de ésta "casa o mansión" Harry se volvió a Loki, sacando su báculo y agarrándolo fuertemente. Bennu, su fiel familiar y amigo, destelló fusionándose con Harry nuevamente.

- Loki, debemos esperar a que la señal sea dada. Con la nueva ley que nos permite atacar a los muggles, será una buena distracción para nosotros.

- ¿Estás seguro? No crees que sería mejor hacernos invisibles y entrar.

- No, quiero que salgan. Quiero ser capaz de ver lo que pueden hacer estos "hechiceros".- Dijo haciendo comillas con los dedos al nombrar a los muggles que habían incursionado en las artes místicas, artes prohibidas por la magia, al utilizar magia de otros universos o mundos, que no eran la Tierra.

Las artes místicas bien podrían ser consideradas magias, pero desgraciadamente, no habían incursionado los verdaderos hechiceros, druidas y brujos en ella, ni siquiera los magos.

No es que la temieran y mucho menos serían tan hipócritas para considerarla oscura por temor a ella, sino más bien que no la comprendían del todo.

No entendían como se necesitaba una especie de anillo para catalizar los poderes de la magia, algo que ellos mismos con sus focos o sin ellos podían hacer. Tampoco entendían que utilizaran reliquias mágicas robadas del mundo mágico o místico para hacer funcionar este poder.

Menos entendían porque tenían la necesidad de doblar la realidad y meterse en tantos líos, cuando la magia en sí misma era mejor.

- Está bien, tú eres el que conoce la situación mejor, pero sigo diciendo que sería bueno si nos volviéramos invisibles, al menos para que cuando salgan… los mortales, no nos vean y nos ataquen.- Aconsejó Loki astutamente, lo cual tuvo que conceder el punto Emrys.

- Tienes razón.- Dijo dando un movimiento de su mano y utilizando la magia antigua para volverlos invisibles a ambos.

- Tus ojos… se te vuelven dorados…

- Es por la utilización de la magia de la antigua religión. No pasa nada, es normal.

- Veo.- Fue la única contestación de Loki hacia Emrys.

No tuvieron que esperar mucho más tiempo cuando de repente la calle adyacente a donde estaban explotó con apariciones de magos, hechiceros y druidas, atacando a los muggles de la calle sin compasión.

El ataque fue rápido y singular, pues de la casa salieron dos personas únicamente a mirar que era lo que sucedía.

Los observadores invisibles, decidieron en silencio acercarse más a donde estaban parados los hechiceros falsos, para ver mejor las reacciones.

Los falsos hechiceros únicamente estaban parados sin saber si debían ayudar a la población con su magia o quedarse quietos donde estaban. Pues hablando en susurros, tanto Loki como Emrys escucharon que, ellos mismos no querían que los mágicos descubrieran su secreto, un secreto que podrían utilizar contra ellos y matarlos de una sola vez.

Emrys frunciendo el ceño ante la amenaza implícita, dirigió su báculo sin más preámbulos a uno de ellos y lanzó la maldición asesina, sacándose de su invisibilidad.

Para cuando el compañero cayó al suelo muerto, del otro falso hechicero, salió un pico de hielo de su espalda, por su pecho.

- Interesante. Pensé que haríamos esto sin llamar la atención.

- Sí, yo también lo pensé, pero cuando se convirtieron en amenaza, tuve que matarlos. Protegeré a mi pueblo como sea necesario, Loki.- Dijo Harry abriendo la puerta lo más silenciosamente posible, encendiendo el rastreador para saber dónde estaba ubicado el Ojo de Agamoto, el cual en su interior estaba la piedra del tiempo.

Loki siguió a Harry dentro de la casa-mansión en silencio contemplativo. Su padre muchas veces le había dicho que un rey tenía que elegir rápidamente las acciones a tomar, para proteger al pueblo de un mal mayor. También le había dicho como padre de familia y Rey de Asgard, que haría todo lo posible para defender a su pueblo y familia. Ahora aquí estaba este chico de apenas trece años de edad, matando a los que consideraba una amenaza para su pueblo, metiéndose en una guerra y llevando a su gente hacia la victoria. Si su hermano le viera luchar en semejantes batallas, estaría más que contento con él.

Pensando en Thor, estaba confuso, nunca había estado más tiempo del necesario tan alejado de su hermano o hermano adoptivo, aunque Loki todavía lo consideraba un hermano al igual que a Frigg una madre. A Odín no sabía que considerarlo, pues le había mentido acerca de su nacimiento, pero, si lo pensaba mejor, en una forma le había salvado la vida. Era muy confuso todo… de momento se centraría en la recuperación de la piedra y luego más tarde, tal vez pediría la opinión de Emrys, aunque fuera joven, se le veía sabio de una manera. Tal vez este chico, u hombre no fuera muy diferente a su padre, tal vez tenía razón Muerte y podría aprender lo que era el significado de la familia, de Emrys.

- Vamos, es por este camino.- Dijo Emrys, sacando un baúl encogido de su túnica y poniéndolo en el suelo. Con un leve pase de su mano, el baúl volvió a su tamaño original y se abrió por un compartimento al azar.

Al azar le parecía a Loki, pero realmente no era al azar. Harry había construido una especie de bóveda en el baúl, suprimiendo los siete compartimentos, para que los objetos mágicos, libros de las artes místicas y cualquier otro objeto que tuviera que ver con la magia, salvo el Ojo de Agamoto, que ese objeto sería destruido para sacar la piedra del poder que había dentro de él, para que fuera a la caja que el guardia Harald les entregó, antes de marcharse. No sabía cómo iban a llevar la caja a Asgard, a no ser que Loki fuera allá arriba.

La verdad si el Rey Odín iba a hacer honor a la alianza ancestral de su raza con los mágicos, a Harry le gustaría ir personalmente para discutir los términos y cuántos hombres y mujeres soldados, podrían viajar de vuelta a Albion con él.

Pero a los negocios. Cogiendo el báculo en su mano, dio un golpe en el suelo y lo levantó al aire, llamando a todos los objetos mágicos y místicos al baúl.

Esperando unos minutos, objetos empezaron a volar al baúl bóveda sin cesar. Mientras que los objetos venían, le dijo a Loki que lo mejor sería esperar hasta que terminaran de "recuperar" todo. Mucha gente lo llamaría saquear, pero para Harry, era más como recuperar lo que por derecho les pertenecía y los muggles a través del tiempo les robaron a los mágicos.

- ¿No te parece raro, Loki, que no haya salido nadie a recibirnos?- Preguntó Harry mirando en todas direcciones y sacando su aura, para sentir las presencias ocultas a ellos.

- Sí, es un poco raro. Tal vez estén escondidos usando esos poderes místicos de los suyos.- Respondió el asgardiano mirando a su alrededor con cautela.

- Puede.- Fue la única respuesta de Emrys, hasta que cerrando los ojos y con el báculo brillando de poder, dio un golpe fuerte en el suelo con él y la magia de la antigua religión, actuó revelando a todos los "hechiceros" muggles que estaban escondidos en la otra "dimensión".

Loki se quedó sorprendido durante unos momentos, al igual que el resto que ahora podían ser vistos por ambos mágicos.

- ¿Cómo…?- Fue una de las preguntas de un monje, antes de que el suelo vibrara y una lanza apareciera de la nada, empalando por el pecho al hombre y matándolo en el acto.

El resto corrió la misma suerte que su compañero, del báculo de Emrys empezaron a salir maldiciones asesinas, eviscerantes, maldiciones de corte, encantamientos reductores y hechizos de voladura.

En poco tiempo la sala estaba clara de enemigos, los cuales estaban en el suelo muriendo lentamente algunos, mientras que otros yacían irreconocibles y los que fueron dados por la maldición asesina, intactos pero bien muertos.

- Homenium Revelio- Cantó Harry levantando el báculo y viendo con deleite que no había más presencias humanas en la mansión-casa. – Ahora si es normal.- Dijo Harry con una sonrisa, mirando las posesiones de los muggles que decían poseer magia, por si llevaban objetos con ellos, que no hubieran sido guardados en la bóveda.

Para alivio de Harry y Loki, no llevaban nada, exceptuando esos anillos de dos dedos, que servían como foco para la magia mística. Sacándolos y guardándolos para su posterior estudio, Emrys y Loki siguieron el trayecto hasta la biblioteca, que estaba vacía, pero si no fuera por la magia de Emrys, que logró detectar la trampa que escondía la piedra del tiempo, estarían buscando durante horas y posiblemente los refuerzos llegarían.

- Está escondida.- Dijo Emrys sacudiendo nuevamente su aura y el báculo a la vez, con una sonrisa alegre en su rostro. La verdad sea dicha, se estaba divirtiendo enormemente con ésta búsqueda.

Cuando apareció el Ojo de Agamoto que contenía dicha piedra, Loki abrió la caja y el recipiente que guardaba la piedra del infinito, se rompió, para dejar libre su contenido que fue volando a la caja.

Cerrándola nuevamente, Loki se volvió con una sonrisa a su compañero y le indicó que podrían salir de la casa-mansión.

- En un momento. Me gustaría esconder de la vista de los muggles esta casa-mansión, estoy seguro que hay más secretos aquí y creo que podría ser peligroso destruirla.- Dijo Harry, yendo nuevamente hacia el centro de la habitación donde estaban antes.

Todavía seguían los cadáveres y el poco gore que había hecho allí, pero con un movimiento de su mano, desterró los cuerpos hacia afuera, en la carretera donde la gente corría despavorida de los magos, hechiceros y druidas que se estaban encargando de la caza de muggles, devolviendo el golpe mortal, que los primeros dieron al mundo mágico.

Cerrando los ojos, Harry pensó en el encantamiento Fidelius para esconder la casa y con un fuerte golpe de su báculo, un flujo de magia envolvió el edificio entero, escondiéndolo de la vista y la mente de todo el mundo, salvo por el guardián secreto, que era él mismo de momento. Si había más casas como ésta, tendría que pasar a alguien más el secreto, para que dejara Harry de ser el guardián.

Al salir a la calle y haber explicado a Loki lo que había hecho con la casa-mansión y por qué no podía verla, se encontraron con una imagen de lo más… peculiar.

Los muggles estaban atrincherados a un lado de la calle, lanzando balas de sus armas de fuego hacia los mágicos que había, con escudos para bloquear los proyectiles.

Rápidamente Harry cogió a Loki del hombro y se transportaron a través de las sombras de la noche, al lado de los mágicos, que al parecer eran cinco magos, cinco hechiceros y diez druidas. En total sus veinte mágicos tomando venganza por los siglos de persecución y por las dos familias masacradas hace unos días atrás.

- ¡Emrys! ¿Qué haces aquí? Y ¿Quién es ese?- Preguntó uno de los pocos maestros druidas que había en la refriega contra los muggles.

- Maestro…- Dejó Emrys en el aire preguntando cual era el nombre de dicho maestro, pues si bien el Concilio interno tenía muchos miembros, no los conocía a todos.

- McAllen.- Respondió el Maestro, evocando unas lanzas de fuego y disparándolas contra los vehículos que explotaron al instante que las lanzas chocaron contra ellos. – ¡Estamos rodeados de muggles, Emrys!- Se quejó el druida un poco, pero no obstante sonriendo como un loco ante la magia de la antigua religión, una vez más estaba siendo liberada de sus compañeros, salvo los magos, que lanzaban maldiciones oscuras y de corte a los muggles.

Los muggles por el contrario no paraban de venir en automóviles con sirenas un tanto molestas. Por los cielos empezaban a surcar lo que eran monstruos con aspas girando rápidamente, en total unos cinco a diez, si se paraban a contar.

Harry sabía lo que eran o lo sospechaba de su crianza con los Dursley. Helicópteros del ejército muggle.

- Maestro McAllen, lo que hago aquí es secreto. Este es Loki, hijo de Odín, y sí antes de que preguntes, es un asgardiano, una deidad.- Dijo sorprendiendo a Loki, de que Emrys supiera de la condición de su pueblo o al menos algunos de ellos, pues no todos los habitantes de Asgard eran dioses. – Por otra parte no desesperéis, estamos aquí para ayudar. ¿Están todos agrupados?

- No, hemos perdido a un mago y dos hechiceros cuando esas bestias metálicas del cielo han comenzado a disparar contra nosotros. Poco después de eso…- En ese momento, los otros diecinueve mágicos lanzaron al cielo un Confringo grupal, haciendo estallar uno de los helicópteros. – Se nos ocurrió agruparnos a todos…- Con otro fuerte estruendo Harry se perdió las palabras del maestro druida.

Con el ceño fruncido ante la pérdida de tres mágicos en lo que sería una cacería fácil y una distracción para él y Loki, Harry vio rojo.

Comenzó avanzando hacia el frente y moviendo su báculo en dirección a la tierra, donde rugió el encantamiento que levantaría Golems de piedra.

Una vez que los tenía, levantó otra barrera mágica que rodeara a todos ellos y liberó a los Golems con la orden expresa de que atacaran a los muggles.

Los mágicos detrás de Emrys se impresionaron a más no poder cuando una cúpula que cubría la calle destrozada y a ellos, se levantó, pero permitió que los Golems salieran de ella.

Cuando uno de los helicópteros vio que sus proyectiles o balas no entraban en la cúpula decidió que lo mejor sería acercarse e intentar atravesarla.

La sorpresa se la llevó los muggles al ver como el helicóptero era destruido inmediatamente, siendo consumido por una bola de fuego inmensa.

Parando para ver su obra, Emrys se dirigió a los mágicos, con una voz de mando y orden, que más tarde Loki comparó con la de su padre o su abuelo, cuando su padre le contaba historias sobre éste.

- ¡Escuchad! ¡Hechiceros y druidas, atacad a los helicópteros que están sobrevolando el aire! ¡Nuestra magia puede escapar de la cúpula, pero ellos no pueden penetrar! Magos, atacad al frente y ayudad a los Golems en la destrucción de los muggles.- Ordenó Emrys, volviéndose a Loki a quien le hizo una seña para atacar también y no quedarse de espectador. – Según la leyenda, eres mágico. Utiliza tu magia ya sea para ayudarlos o para mantener la cúpula, no me importa. Yo me encargaré por la retaguardia, pues veo que el ejército viene en ayuda de los malditos muggles. ¡Por Albion!- Gritó Emrys en su grito de guerra, yendo hacia la retaguardia y lanzando magia mixta.

Entra la magia que lanzaba, se encontraba la magia elemental de fuego. El Hellfyre era visto consumir los tanques y soldados, dando un respiro corto a los mágicos que estaban encerrados en la cúpula.

Ese día sería recordado por ambas partes, mágica y no mágica como el inicio de la guerra por la supervivencia.

En otras partes de las islas británicas se llevaban ataques similares, pero esos eran: atacar y huir, causando el más pánico y caos posible.

Volviendo a donde Emrys y los demás estaban, Loki estaba manteniendo la cúpula alimentada, dejando solamente que hechizos y maldiciones salieran, asombrándose por la cantidad de magia que estos… mágicos sabían y conocían, ya quería él mismo saber cómo funcionaba esta magia, tal vez le pediría a Emrys que le enseñara. Es posible que tuviera milenios de experiencia en la magia, pero la magia asgardiana estaba estancada y no iba hacia adelante. La magia de Albion al parecer era… diferente. Vio como los magos transfiguraron escombros en animales gigantes que se hacían camino y abrían el paso por el frente. Vio con asombro morboso, como el cielo se llenaba de explosiones de fuego y los pájaros metálicos voladores, caían como moscas, vio como atrás del todo, Emrys causaba una tormenta de rayos, truenos y relámpagos, cayendo encima de sus enemigos desprotegidos, matándolos en el acto.

Si Thor estuviera aquí, estaría celoso de la imagen de su elemento, siendo manipulada fácilmente por el chico que no paraba de sonreír ante la magia.

Viendo a Emrys luchar contra estos mortales, vio con cierta fascinación como su aura ahora era bien visible para todos, siendo de un color verde bosque oscuro, con betas doradas. Estaba seguro que sus ojos serían del mismo tono dorado como las betas de su aura.

Harry estaba en estasis, podía sentir la magia fluir fuera de su cuerpo y como esta le cantaba aconsejándolo que tipo de hechizos utilizar. Cuando terminó con el fuego negro de Hellfyre, utilizó el elemento de los rayos y truenos en una exposición implacable contra los soldados que caían al suelo con gritos de dolor y terror.

Viendo que tal vez detrás de toda esa muerte y destrucción, habría más muggles para matar, decidió llevar a cabo una maldición de la antigua religión, parecida a las maldiciones de voladura, pero más poderosa, ya que el efecto que deseaba era la destrucción y desintegración de todo lo que tocaba.

- ¡sgrios agus ghrod!- Soltó la maldición, señalando con su báculo hacia el frente. Del báculo salió un rayo azul oscuro, casi pareciéndose al negro, que tomó la destrucción y devastación de toda la calle que había por delante, llevándose cadáveres de los muggles, escombros de las casas, los automóviles que estaban en llamas, etc. el rayo destructor que abarcó todo lo ancho, aparte de lo largo, fue de unos cinco metros de longitud.

Los que tenía detrás de él pararon lo que estaban haciendo para ver con las bocas medio abiertas, salvo algún druida que conocía la maldición, pero esperaba no volver a verla.

- Maestro Emrys.- Dijo el Maestro McAllen, omitiendo el hecho de que todavía no era un maestro del Concilio, pero tratándolo como tal. – Deberíamos irnos ya… la destrucción es mucha… y deberíamos enterrar a nuestros caídos.

- Tiene razón Maestro McAllen.- Dijo Harry después de meditarlo unos momentos y de mala gana darle la razón. Aparte seguramente Sarah estaría preocupada por él. – Haga un traslador al Callejón Diagon, de allí podemos irnos a nuestros destinos, pero antes les voy a dejar otro regalo.- Dijo caminando hacia delante, viendo como de sus cinco Golems, quedaban solo dos en pie.

Apuntando hacia ellos, sin ningún miramiento, volvió a llamar a la magia de la antigua religión a él y convocó un Hellfyre más poderoso que el anterior, tomando la forma de un dragón de las Hébridas negro, salió volando por el cielo y escupiendo llamas negras de su boca, con la orden mental de destruir las casas circundantes, pero no tocar nada mágico que se pudiera encontrar, tales como gente mágica, lo dejó suelto.

Desgraciadamente poner tanto poder en algo como eso y darle comandos de no atacar a la gente mágica, tomó un peaje en su magia, agotándolo un poco más de lo normal.

La parte positiva, el dragón de fuego negro tomaría muchas vidas muggles, casas y edificios. No mataría a ningún mágico porque gracias a Merlín no había nadie mágico en esa calle y las circundantes.

Lo malo, es que duraría tan solo un par de horas, hasta que se disipara al no tener a alguien que lo controle.

Con el traslador hecho, los mágicos que estaban batallando y cazando muggles desaparecieron con un pequeño "pop" al Callejón Diagon, con un pensamiento en la mente de los veintidós mágicos: la guerra había comenzado.

Las repercusiones políticas y morales de Albion, como pasó a llamarse por sugerencia de la ministra de magia al Wizengamot, algo que aprobaron rápidamente, al meditar y pensar que deberían los mágicos de las islas poder nombrar a su nación como quisieran; las repercusiones fueron positivas en el lado político ya que había una alta moral de pensar que podrían ganar la guerra.

En muchas partes del reino unido muggle, los mágicos llevaron su contraofensiva de manera simultánea y en algunos momentos rápida, es decir, de atacar y escapar antes de que se tomaran represalias por parte de los muggles o inclusive se enteraran de lo que había sucedido.

En la calle de Baker Street, que es una calle del distrito londinense de Marylebone, en la Ciudad de Westminster muggle, donde Emrys, Loki y veinte mágicos tuvieron la pelea de sus vidas con parte del ejército muggle y la policía local, fue completamente destruido, gracias al pequeño regalo que dejó Emrys suelto. Su regalo fue un gran dragón de fuego negro, que quemó hasta las cenizas esa calle, salvo por dos de las zonas de dicha calle, que pasaron a ser Kensington y Regent's Park.

Poco importaba que no se quemaran junto con la calle, pues lo que le interesaba a Emrys era la casa-mansión que había salvaguardado, cosa que tuvo que explicar al Wizengamot de Albion.

Otros distritos y zonas de Reino Unido muggle también se vieron afectados, pero no en tan gran medida. Zonas como: Parliament Street o la calle del parlamento, se vieron afectadas por los hechizos de un grupo de mortífagos absueltos en la última guerra. Sus hechizos eran destructivos, sí, pero no de fuego. Al menos tuvieron la decencia de no lanzar la marca oscura sobre esa calle en particular, no es que fuera malo en absoluto, pues el secreto estaba al descubierto ahora, pero para Harry sería contraproducente ir en contra de los mortífagos absueltos.

Debería trabajar en algo para que dejaran de lado al loco de Voldemort y se unieran a él y a la alianza de Albion en la guerra contra los muggles y poder reconstruir su sociedad. Seguramente algo se le ocurriría.

Más tarde se enteró que muchas más zonas fueron devastadas por las maldiciones de voladura, tales como Confringo, Defodio, Depulso, y sgrios agus ghrod. La ultima pocos hechiceros y druidas la conocían, pero se utilizó también por éstos para destruir y causar caos y devastación entre la población muggle.

Por desgracia para los planes de Harry, ningún cuartel militar, de policía, bomberos, hospital, banco o instituciones tales como centrales nucleares, hidroeléctricas y eléctricas, sufrieron daños. Al igual que las presas se quedaron intactas.

Harry informó al Wizengamot de su preocupación más inminente en esta guerra y lo que debería destruir primero, ahí los que se habían educado en el mundo muggle podrían ayudar, pues seguramente se conocían las debilidades de esos sitios mencionados antes.

Se acordó por unanimidad en el Wizengamot, salvo por algunos pocos aliados de Dumbledore, que los hijos de Squibs que estaban fuera de Hogwarts darían información y como destruir esas cosas a los departamentos implicados.

En esa noticia departamentos como los que se encargaban de Obliviatear a los muggles, desaparecieron para dar lugar a departamentos de ataque rápido, formado por magos, hechiceros y druidas.

El departamento que se encargaba Arthur Weasley fue abolido mucho antes y sustituido por el departamento de caza de muggles, que llevaba un registro de las calles destruidas y si se podrían recuperar y reconquistar.

En definitiva esa semana sería la más ajetreada en el Wizengamot debido a las cantidades de información que Señor Potter pudo liberar a sus aliados y otras facciones, para estudiar las posibles estrategias a seguir.

En relación con la piedra del tiempo, un guardia de la casa real llegó al Callejón Diagon nuevamente para ser transportado en cuanto recogió la caja y el rastreador. El guardia felicitó a Loki y a Emrys por su trabajo bien realizado y por el "invitado" que todavía Harry no había descubierto quien era.

En el mundo muggle las cosas iban peor, al menos para el primer ministro Vernon Dursley y para su gabinete, que estaba formado, oh la ironía, por Dumbledore, Moody, Weasley y Aberforth.

Los cuales se encargaban de dirigir a Vernon y los otros ministros muggles para hacer la guerra no solo a Harry, sino que ahora a la comunidad mágica de Albion.

Ministros de defensa y asuntos internos en el mundo muggle estaban estupefactos en cuanto a los mágicos habían tomado las medidas por la masacre de las dos familias mágicas.

Uno fueron los Creevey, el cual el único superviviente estaba petrificado en Hogwarts y la otra familia fueron los Finnigan, que por desgracia no sobrevivieron ninguno.

En Hogwarts se haría un recordatorio a las familias mágicas caídas, tales como los magos, hechiceros y druidas que cayeron por fuego muggle en esa primera semana de guerra, hasta que el gobierno mágico de Albion dijo como debía actuar la población para hacer frente a la guerra.

Se describió por los hijos de Squibs educados en el mundo muggle, los distintos tipos de armas que estos utilizaban y como podrían defenderse de ellas, lo que era curioso, con una simple transfiguración de una pared de granito, hasta el más inepto de los magos podría hacer.

Pero el Wizengamot no solo se reunió para estrategias, cambiar el nombre de la nación y discutir que territorios muggle debían ser destruidos antes. Se reunieron también para continuar con la enorme cantidad de leyes y proyectos de ley que la alianza Albion estaba sacando, las cuales indicaban más igualdad entre mágicos, tales como centauros, gobblins, elfos domésticos, altos elfos, enanos y otras criaturas mágicas sintientes como las nombradas.

Los minotauros, gigantes, Trolls y el resto de seres mágicos mestizos entre humano y criatura, también recibieron sus derechos y obligaciones en Albion.

Por otra parte Harry había logrado dar con un par de aquelarres vampíricos bastante grandes en América del norte.

Uno de los aquelarres se hacían llamar los Denali y el otro los Cullen. Tenía planeado ir a . lo más pronto posible para hablar con ellos y pedir su ayuda, a cambio de un elixir que les ayudaría a controlar la sed de sangre. Aparte del hecho de que tendrían también los mismos derechos que sus enemigos jurados, los hijos de la luna y las otras criaturas mágicas, también tendrían un lugar para quedarse en Albion, la creciente nación de la antigua religión.

En otra nota con respecto al resurgimiento de Albion, la magia antigua dio por terminado el juramento que dio Harry en Stonehenge hace un año y pico. Para Harry que lo sintió en su piel y magia, fue un descanso de estar pendiente en todo momento de no cometer errores, aunque también era un recordatorio, para no cometer ningún error en el futuro y seguir como hasta ahora iba.

En cuestión al ritual que iba a hacer en Stonehenge para el año siguiente, es decir dentro de unos cuantos meses, lo tuvo que adelantar pues el Concilio interno lo trataba como un Maestro y quería darles la buena noticia de los paraderos de las ciudades perdidas.

Por ello, Señor Potter o Emrys, como estaba siendo conocido en muchos círculos ahora, se vio en la obligación de meditar a diario y prepararse para la gala que se iba a llevar en algún lugar mágico de gran alcance, tal vez nuevamente en Stonehenge, para su nombramiento como Maestro.

En lo que respectaba al problema en Hogwarts, dio instrucciones a Celeste y Corvinus que solamente ayudaran en caso de que los maestros o el propio director les pidiesen ayuda para abrir la cámara de los secretos, pero que fueran de todas formas con Maestro Flamel como ayuda extra para intentar convencer al basilisco de que no atacara a los estudiantes, solamente les faltaba que alguien muriera.

Respecto a la sala de los menesteres, bien podrían continuar con la clasificación de ella en los próximos meses, alternando ir allí directamente gracias a sus elfos domésticos y poder ver a los chicos.

Los amigos y amigas de Harry no se tomaron muy bien el que lo reclamaran en el Wizengamot y que no pudiera asistir a Hogwarts con ellos, pero entendían que Harry ya no era un niño y que no podía hacerse pasar por uno, de ahí a que asumiera el rol a tiempo completo de un adulto en el cuerpo de un niño.

Nota autor 2

Las maldiciones que ponga aquí, son inventadas por mí, salvo aquellas que todo el mundo conoce del universo de Harry Potter, como Confringo.

Sgrios agus ghrod: Destruir y desintegrar.

Al menos lo que dice el traductor de google.

En próximos capítulos espero poner más magia y un poco de más dialogo, que por desgracia en éste y el próximo, es decir, el 31 tendrán poco de ello y todo será más descriptivo, expresando ideas de cómo va la guerra y las batallas.

Para los que se pregunten cuando aparecerá Dumbledore y sus aliados más a menudo, a partir de ya se tiene que poner al día.

Voldemort es posible que vuelva antes del torneo de los tres magos.

Sin más me despido y espero que tengan paciencia, pues con las oposiciones que me están saliendo no sé cuándo volveré a publicar.