Bueno, espero que te guste la continuación, Guest.
Kykyo, espero romper tus intrigas.
dcromeor... en realidad ya está todo ahí. No hay mucho que rascar.
Regina Mills
Me sentía aterrada al ver a Emma tirada en el suelo, con los ojos abiertos. Parecía una muñeca rota. Y si bien había hecho todo mi viaje por Henry, no podía dejarla tirada allí por que sí.
_ Henry… ¿Qué le has hecho?
Miré a mi hijo, convertido en un hombre maduro, que se había criado sin mí. Pero podía ver en sus ojos que él sabía quién era, que sabía por qué estaba allí. Era completamente distinto a lo que sentí cuando observé al chico de la celda que, en ese momento, estaba tirado en el suelo sin vida, tal como Emma.
_ Desactivarla, claro. Es peligroso dejar a un Synth renegado en el instituto.
_ ¿Cómo?
_ Tu amiga… es un Synth que escapó del instituto hace unos años._ Comentó, mirándola.
_ Pero… ella me dijo que trabajaba con la hermandad del acero… que odiaba a los Synth y…
_ Alguien la debió reprogramar. Probablemente la gente del ferrocarril. Se dedican a hacer ilocalizables a nuestros Synth renegados, o al menos lo intentan.
_ Vale… de acuerdo. Pero despiértala._ Dije, cerrando sus ojos, para que dejase de parecer una muñeca.
_ No puedo hacer eso. Tal como está ahora, es peligrosa._ Henry se mostraba frío._ AZ-66, llévatela. Mi madre y yo tenemos cosas de las que hablar.
_ Como desees, Padre._ Dijo.
La pelirroja hizo una reverencia y cogió a Emma en brazos antes de desaparecer. Yo cerré el puño, frustrada. No quería que me separaran de ella. Habíamos luchado juntas, y me había protegido como nadie lo había hecho. Antes de poder decir nada, AZ-66 volvió a hacer acto de presencia.
_ AZ-66 será tu guardia personal._ Dijo Henry.
Mi hijo parecía un hombre frío, desapegado. No debía extrañarme. No podía siquiera imaginar cómo sería la vida entre aquellas paredes. Pero aprendí. Estaba claro que lo único importante para el instituto, era la ciencia. Y eso me aterraba. Los avances que allí se producían, podían ser el futuro. Pero las personas que los realizaban… eran frías y calculadoras.
No tardé en comprender la verdad. Una que era, a su vez, liberadora y terrible. Mi hijo no me necesitaba, ni quería saber nada de mí, a decir verdad. Y eso era algo que me aterraba. Es cierto que me mantenía cerca, pero no venía a verme.
Pero lo peor, sin duda… lo que terminó por aplastar mi corazón. Fue lo que pasó cuando Emma volvió. O al menos… su cuerpo. Porque lo cierto es que la persona con la que ahora pasaba los días, poco o nada se parecía a la mujer que había conocido.
"Vivo para complacerte" Eran las palabras con las que hablaba de mí. Nunca pensé que esas palabras serían las más abominables que escucharía en mi vida.
Y así abría los ojos, un día más, rodeada por el abrazo de la rubia, que los abrió al notar que yo lo había hecho. Se puso en pie y me dio un beso en la mejilla. Un beso frío, desalmado, y se acercó a la cocina. Con movimientos mecánicos, preparó un sándwich y me lo entregó.
_ No tengo apetito._ Dije, arremolinándome en la cama.
_ Pero es importante tener una alimentación equilibrada.
Y estallé. Estallé porque no soportaba esa frialdad, por parte de todos, pero sobretodo, no soportaba que Emma fuese fría conmigo. El instituto era un lugar blanco e inmaculado, pero era lo más parecido al infierno que mis ojos habían visto.
_ ¡Métete la alimentación equilibrada por dónde te quepa!_ Le grité.
Se hizo un incómodo silencio en la habitación. Emma me miraba, incapaz de comprender lo que acababa de pasar. Nunca había sentido tanta rabia dentro. La tomé de los hombros y la miré a los ojos.
_ ¡Escúchame bien! ¡No sé qué habéis hecho con mi Emma! ¡Pero es a ella a la que quiero!_ Le dije, empujándola.
_ Si eso es lo que quieres, lo conseguiré para ti._ Dijo, como una autómata.
_ ¿Cómo?_ Pregunté, mirándola.
_ Vivo para complacerte._ Repitió, por centésima vez._ Sígueme.
La seguí, y nos dirigimos hacia la sala en la que Henry solía reunirse con los demás. Como era costumbre, estaba cerrada porque no había nadie allí.
_ Dame la mano._ Me pidió Emma.
Se la extendí, y ella colocó mi mano sobre la pared. La puerta se abrió al instante. Y entonces recordé lo que AZ-66 me dijo cuándo la conocí. Que mi nivel de autoridad era el siete, y que era el máximo. El ordenador de Henry estaba frente a mí, y al poner mis manos sobre las teclas, se activó sin pedirme una contraseña. Emma, mientras tanto, tomó un conector que había conectado a él y se sentó a mi lado.
Yo recordaba algo de un curso de informática que había dado siendo joven, y parecía que el sistema operativo no había cambiado en tantos años… supongo que tenía que ver con la guerra. En cualquier caso no tardé en encontrar el archivo, lo habían cargado el mismo día que habíamos llegado y se llamaba " ". Tragué aire con fuerza y pulsé enter.
Mis ojos enfocaron entonces a la mujer que había tenido que perder para darme cuenta de que necesitaba. Esa mujer que en ese momento se desplomó en el suelo. Me dejé caer a su lado, aterrada, pero ella abrió los ojos, y yo lancé una media sonrisa.
_ ¿Qué diablos ha pasado?_ Preguntó, mirándome._ Estábamos en una celda y…
La rodeé con los brazos y la besé apasionadamente, dejándome llevar. Pero Emma, lejos de resistirse, me correspondió, abrazándome. Sentí cómo mi corazón botaba con fuerza, de forma muy distinta a cómo lo había hecho cuando aquellos días, aquella descorazonada Emma me besaba.
_ Vale… no voy a quejarme…_ Murmuró, acariciándome el pelo.
_ Shhh… tenemos que salir de aquí._ Le dije, en un susurro.
_ ¿Qué ha pasado, Regina?
Suspiré, y la miré a los ojos.
_ Emma… eres un Synth._ Le dije._ Mi hijo es el líder del instituto… y él te reprogramó.
_ Eso es asqueroso…_ Dijo, con un gruñido.
_ Estoy de acuerdo._ La abracé con fuerza._ No sabía qué hacer sin ti.
_ Esto va contra los protocolos de Padre.
AZ-66 nos había descubierto. Yo me puse delante de Emma y extendí los brazos, protegiéndola con mi cuerpo. Pero la Synth cazadora no hizo nada. Simplemente observó, primero a Emma, y luego a mí. No hizo aparecer su arma, pero sí que se quitó las gafas de sol y nos volvió a mirar, con sus ojos, rojizos.
_ Ama Regina… me gustaría sentir emociones.
_ ¿Nos sacarás de aquí si te doy emociones?_ Pregunté.
_ Mi labor sigue siendo obedecer._ Me recordó.
_ Siéntate._ Le pedí.
Esa vez fue más sencillo. El sistema ya me parecía más fácil de navegar. Lo primero que hice fue cambiar su número de serie por un nombre, y acto seguido darle una personalidad, con una serie de parámetros que me indicaba el sistema. Estaba claro que no iba a ser como Emma, pero al menos me esforzaría en que no fuese un ser frío y descorazonado como el instituto quería que fuese.
Anzu
Cuando abrí los ojos, lo hice con un nuevo cariz. Sentía una sensación cálida que inundaba mi pecho. ¿Era eso lo que se sentía cuando se estaba agradecida? Algo nuevo para mí. Volví a ponerme las gafas y me acerqué a las dos. Las abracé y nos desvanecimos. El Yermo me mostraba un mundo que para mí era nuevo. A través de las gafas de sol podía observar algo que ya había visto, pero lo hacía con otros ojos.
Emma Swan
Éramos libres. Habíamos salido del instituto, algo que pocos podrían decir sin mentir. Y una de las cazadoras del instituto ahora estaba de nuestra parte. Anzu, como la había llamado Regina, estaba completamente extasiada con lo que veía. Sus manos estaban acariciando la arena como si se tratase de un gran misterio de la vida. Yo trataba de asumir que era un Synth. Miraba mis manos y me tocaba la piel. Todo parecía muy real. Nunca había tenido dudas de mi humanidad.
_ Deja de darle vueltas._ Me dijo Regina._ Vámonos al refugio ochenta y uno.
_ Pero… ¿Qué pasa con tu hijo?_ Le pregunté.
_ Es un hombre frío… y descorazonado._ Dijo, en un susurro._ Él no quiere a una madre. Y dudo que yo pueda sentirme cómoda con él.
_ Lo siento._ Le dije, dándole un abrazo.
_ No pasa nada. Te tengo a ti. En este mundo todo el mundo ha perdido algo. Y dudo que pocos tengan a alguien como tú para que los apoye.
_ Si no te importa que mis huesos sean de acero… supongo que está bien._ Besé su mejilla.
_ Olvida eso, Emma._ Me dijo, tomándome del rostro._ Vámonos. Es mejor movernos. No sé si Henry nos buscará.
_ Contigo iría hasta el fin del mundo.
Regina se adelantó y la tomé de la cintura. Ella se rio un poco.
_ Cielo… Me encanta el mono azul… se te marca todo._ Murmuré.
_ Qué confianza tienes de repente…_ Me dijo.
_ Has arriesgado la vida por devolverme la conciencia… yo creo que eso significa algo._ Le dije.
Regina iba a decir algo, cuando un ladrido nos interrumpió. Regina se giró, y albóndiga, como salido de la nada, llegó corriendo. Juraría que habíamos dejado al chucho en Diamond City, Pero se lanzó sin dudar sobre Regina y le lamió toda la cara… quién fuera ese perro.
Regina acarició al can y le dio un gran abrazo. Yo me acerqué y se quedó sentado para que pudiese acariciarlo. Maldito pastor Alemán adorable. Nos esperaba un largo camino hacia el refugio y la verdad es que íbamos a tener que acampar.
Anzu se mantenía en silencio, aunque intuía que no le gustaba que el perro no le hubiese hecho el mismo caso que a nosotras. Regina tenía mucho que ver en el yermo, muchos peligros que aún no habíamos visto. Quería evitarlo en la medida de lo posible. Al anochecer encontramos una biblioteca y acampamos allí.
Anzu encendió una hoguera con su láser, y se centró en estrechar el lazo con el perro. Yo prefería estrechar mis lazos con Regina. Me senté a su lado y le rodeé la cintura con el brazo. Ella me sonrió y me besó la mejilla.
_ Tengo que saberlo, Gina. Lo adoro pero… ¿Qué te hizo darte cuenta de que te gustaba?
Es cierto que empezaba a sentir que Regina se veía atraída por mí antes, pero ese beso cuando desperté me sorprendió.
_ Te perdí._ Dijo, apoyando su cabeza en mi pecho._ Y eso me hizo darme cuenta de cuanto te necesitaba. Sin ti estaba perdida. Y torturada a verte convertida en una mujer sin carácter.
_ Me cuesta imaginarlo.
_ No lo hagas, Emma. No quiero volver a pensar en esa falsa versión de ti.
Cogí una lata y la abrí con un cuchillo. Regina se me quedó mirando. Me comía con los ojos. Parecía que le gustaba esa faceta dura que tenía. Tenía claro que esa versión de mí no tenía siquiera una décima parte de la fuerza que yo poseía. Cogí la cuchara y llevé el atún a los labios de la morena, que se lo comió y me miró a los ojos.
Los ojos de Regina eran adictivos. No podía dejar de mirarla. Nos quedamos un par de minutos comiendo sin dejar de mirarnos. Regina sonreía, y yo sentía que me derretía un poco.
_ Tenemos que pasar por Diamond City para recuperar tu servoarmadura._ Susurró Regina.
_ Sí, supongo que sí._ Le dije, acercándome a ella.
La empujé contra el suelo con delicadeza, y empezamos a besarnos intensamente. No sabía dónde se habían metido Anzu y Albóndiga, pero me importaba poco mientras besaba a Regina con mucha calma. Sus labios sabían como debía saber el aliento de los ángeles, y su cuerpo me estaba llamando de forma irresistible. Le mordí el labio y ella gimió largamente, dejándose llevar.
_ Emma… hazme el amor…
