Capítulo 2: Comandante Damon

Había también en el mismo cuerpo, y mandando el segundo escuadrón, un joven comandante que se llamaba Damon.

Damon era un muchacho de veinticinco años, como Stefan, pero de cuerpo ancho y fuerte; moreno, pero no de ese moreno agradable de los españoles, ni de ese moreno oscuro de los mestizos, sino de ese color oliváceo que revela una vida saludable y de buenas decisiones. Tenía ojos de un azul zafiro incomparable, nariz un poco aguileña, cabellos lacios, y negros como los de un cuervo y manos fuertes. Su boca regular tenía a veces un pliegue que daba a su semblante un aire de altivez desdeñosa.

Taciturno, siempre sumiso en profundas cavilaciones, distraído, metódico, sumido con sus superiores, aunque traicionaba su aparente humildad el pliegue altanero de sus labios, severo y riguroso con sus inferiores, económico, laborioso, reservado, frío, este joven parecía tenerle un gran desagrado a la vida y en efecto era antipático para todo el mundo.

Sus jefes le soportaban, y se veían obligados a tenerle consideración porque más de una vez había dado pruebas de un valor temerario, de un arrojo que parecía inspirado por un ardiente deseo de elevarse pronto o de acabar, sucumbiendo, con algún dolor secreto que torturaba su corazón.

En el ejército era un trepador, porque había aparecido como soldado raso en las las el año de 1862,ascendiendo luego a cabo por su aplicación, después a sargento, a subteniente, luego a teniente, y por último a capitán.

Nunca cayó prisionero, sino que pudo evadirse en la ciudad y se presentó ante su gobierno que le ascendió a comandante y le destinó a servir en el cuerpo de caballería en el que se hallaba.

Aplicado con frecuencia a ésta para él nueva arma, había aprovechado tanto su tiempo, que se le citaba como al oficial más inteligente y más capaz, por lo cual y por su carácter frío y reservado, sus compañeros le profesaban un odio reconcentrado y mortal.

-Evidentemente este muchacho escondía un proyecto siniestro, estaba inspirado por una ambición colosal, andaba su camino, y quién sabe él quería subir, y aparentaba servir a su país como un medio de llegar a su objeto. No era un patriota, sino un ambicioso, un malvado encubierto.-

Esto decían los oficiales en voz alta, esto decía el coronel, esto decía el mismo Stefan, y más de una vez Damon tuvo que sufrir los sangrientos sarcasmos de todos, y los devoró en silencio y palideciendo de rabia.

- Él no es cobarde, él sufre nuestros insultos y evita toda riña; luego abriga una mira particular a cuya realización sacrifica hasta su amor propio- Esto añadían en coro los oficiales.

Además, Damon ni pedía un servicio a nadie ni lo hacía. Guardaba su dinero, lo gastaba con moderación y evitaba toda ocasión de comprometerse a pagar la comida y el vino de sus compañeros, por lo cual regularmente comía aparte o en diferente fonda, siempre solitario y siempre económico.

Esta sobriedad calculada, su falta de buen humor, su aversión a los vicios a que es inclinada la juventud militar, le daban un aire de santurronería que no podía menos de atraerle la enemistad de las gentes.

Así cuando algún oficial, porque todos los demás se amaban fraternalmente, estaba enfermo o metido en algún apuro, todo el mundo volaba en su ayuda. Pero cuando Damon que aunque tenía una salud robusta, llegaba a estar achacoso, o herido, como acababa de sucederle a consecuencia de una pelea, nadie le hacía el menor caso, se le trataba como a un perro, y el orgulloso comandante tenía que curarse el solo, porque rehusaba hasta los servicios de un viejo soldado que le servía, quien lo quería un poco.

—Realmente hay algo de misterioso en la fuerza de espíritu de este muchacho — se dijeron los oficiales

—¿Será un futuro héroe?

—¡Bah!, tiene más aspecto de traidor que de héroe; él medita algo, no hay duda —se les contestó.