CAPITULO 7
La taberna estaba cerca de la oficina, así que Robin y Zoro decidieron caminar hasta allí. Había dejado de nevar a mediodía y el manto blanco había sido barrido casi por completo por las máquinas quitanieve. A pesar de todo, Robin parecía encantada con la heladora climatología de Boston.
—La gente que vive en California no sabe lo que se pierde por no ver la nieve —dijo ella.
—Siempre te he considerado una mujer veraniega. Me sorprende que te guste tanto esto.
—Me gustan ambas cosas —respondió ella—. ¿Eres feliz viviendo en Boston?
Él la miró sorprendido. No sabía si podía considerarse exactamente feliz.
—Supongo que sí. Siempre he vivido aquí—respondió él—. ¿Por qué decidiste trabajar por tu cuenta? —le preguntó—. Sé que en la universidad ambos recibimos ofertas de trabajo de grandes empresas.
—Mi madre estaba aún en el programa de rehabilitación por entonces. No sabía qué esperar cuando saliera. Decidí que me convenía más trabajar como autónoma, de modo que pudiera organizarme el tiempo a mi modo. Así podría estar disponible si ella me necesitaba.
—Pero era una opción arriesgada.
—Sí, lo era. Me dije que, si en un año no había conseguido suficientes clientes, siempre podría servir hamburguesas —soltó una carcajada—. Por suerte, no fue así. La verdad es que ahora siento que tengo el tipo de vida que siempre había deseado. Mi madre está bien y sobria, tiene un novio adorable que la cuida y yo un trabajo excitante que me fascina.
—Así que todo es perfecto.
—Bueno, todo no —dijo ella, y él pudo notar en sus ojos la carencia a la que hacía referencia.
Robin cambió la mirada rápidamente y la reemplazó por aquel brillo entusiasta que solía iluminarla.
Finalmente, llegaron a su destino y Robin se agarró del brazo de Zoro.
—Entremos y, además de averiguar quién está fastidiando tu programa, tratemos de divertirnos un rato.
La taberna era el típico espacio ruidoso y lleno de humo que Zoro detestaba. Al verlos entrar, el numeroso grupo se quedó sorprendido, pero pronto les hicieron sitio.
—Podéis sentaros aquí —dijo Bellamy, que se había levantado—. Yo me tengo que marchar.
Todo el mundo protestó.
—Tengo un montón de cosas que hacer y ya tenía previsto desde un principio marcharme pronto.
Bellamy se alejó y Robin tomó su lugar, mientras Zoro se hacía con una silla vacía. Durante los primeros minutos la conversación fue tensa y formal. Sin duda, la presencia de los recién llegados había arruinado la reunión.
Pero, poco a poco, la simpatía de Robin logró relajar el ambiente y, muy pronto, todos comenzaron a charlar distendida y amigablemente. La intención de Zoro había sido mantenerse al margen, disfrutando de su whisky y observando a los demás, pero Robin había impedido que fuera así, invitándolo a opinar continuamente. Aquella reunión le hizo sentir una extraña mezcla de emociones. Se arrepentía de no haber salido más a menudo con su equipo, pues eran gente entusiasta y llena de optimismo. Eso no le impedía recordar que quizás uno de ellos fuera el traidor. Sin duda el más sospechoso de todos era Bellamy por su repentina marcha.
—¿Crees que vamos a llegar a tiempo para la fecha de lanzamiento de Utopía? —preguntó Usopp.
—¿Qué te hace pensar que no vaya a ser así? —Bartolomeo, un joven de pelo verde con un anillo en la nariz fue el que respondió.
—Todos sabemos lo que está ocurriendo. Hemos visto los fragmentos modificados del programa. Además, al enterarnos de que venía la Señorita Nico Robin supimos que había un problema de segundad.
—Estamos a punto de solucionarlo —afirmó Zoro, con la esperanza de que su afirmación sonara con más seguridad de la que sentía.
—Me alegro. Me perturbaría mucho que la empresa pudiera tener problemas por eso —dijo Usopp.
—No va a ocurrir nada de eso —respondió Zoro.
Se volvió hacia Robin, pero reparó en que estaba conversando con Kaya Albright, la única mujer del equipo. Aunque no podía oír la conversación, era patente que estaba realmente entretenida. Zoro pidió su segundo whisky. La taberna seguía siendo un lugar ruidoso, pero aquella noche no le importaba. Estaba realmente contento, sentado al lado de Robin y observándola. En aquel instante se dio cuenta de que no había dejado de amarla nunca. Aquella toma de conciencia sobre sus sentimientos no lo llenó precisamente de alegría. La amara o no, seguía sin ser la mujer apropiada. Eran opuestos absolutamente en todo, desde el modo en que se relacionaban con los demás, hasta la manera de ver la vida. Zoro era esencialmente pesimista, mientras que Robin hacía alarde de un optimismo vital envidiable. Pero, sobre todo, discrepaban mucho en su visión de futuro. Para ella el trabajo era lo más importante y no era el tipo de mujer que él quería como esposa. Se le partiría el corazón otra vez en el momento en que se marchara de Boston.
Salieron de la taberna después de las once pero Robin parecía seguir llena de energía.
—Dime la verdad —lo instó ella, tomándolo una vez más del brazo—. A que te lo has pasado bien, ¿eh?
Él se rió.
—Sí, tengo que reconocer que sí.
—Ves. Deberías salir más a menudo.
—Probablemente. Mi equipo está compuesto por gente estupenda. Siempre he sabido que eran excepcionalmente brillantes, pero no me di cuenta de que eran tan simpáticos y entusiastas. ¿Qué te han parecido a ti? ¿Sospechas de alguien?
—Por supuesto tendremos que investigar a Bellamy Barlow. Su repentina marcha ha levantado inevitablemente sospechas. Además, sé que acaba de comprarse un coche carísimo.
Zoro la miró sorprendido.
—¿Cómo sabes eso?
—Me he enterado charlando con Kaya. Es una gran fuente de información y me ha contado una serie de cosas. Me gustaría ver el archivo personal de ese hombre y hacer cierta investigación.
—¿Qué me dices de los demás? Todos saben que alguien está accediendo a los ficheros.
—No serían un buen equipo técnico si no lo hubieran notado —respondió ella—, A quien a mí me gustaría investigar también es a Kaya.
—¿Por qué?
—Me ha mencionado que tiene una abuela en una residencia y que eso genera graves problemas económicos. No me extrañaría que se dejara comprar por otra empresa si los problemas que tienen son tan graves como me temo.
—Eres increíble —dijo él. No había pensado que la admiración que sentía hacia ella pudiera crecer, pero así era—. Tienes una gran capacidad para ganarte la confianza de la gente.
Ella se ruborizó.
—Es, simplemente, porque me abro a todo el mundo. Deberías intentarlo, se obtienen maravillosos resultados.
—Yo me abro —protestó él. Ella soltó una carcajada.
—Sinceramente, Zoro, eres tan abierto como un crustáceo atemorizado. Esta misma mañana, cuando te pedí que me contaras lo que te sucedía, la respuesta que obtuve fue un beso; Lo que fuera con tal de evitar hablar.
—Ésa no fue la razón por la que te besé. Simplemente estabas preciosa y quería hacerlo.
Ambos se detuvieron ante la puerta del hotel. Robin lo miró.
—Si realmente piensas eso, no sólo no eres abierto con otra gente, sino que tampoco lo eres contigo mismo.
Zoro sintió la necesidad de probarle que estaba equivocada.
—Créeme, Robin. Te besé porque deseaba hacerlo. Y si quieres que te cuente por qué estaba así estaba mañana, invítame a subir a tu habitación.
Él sabía que si lo hacía, acabarían haciendo el amor. A pesar de que jamás podrían llegar a tener una relación estable, el deseo era más fuerte que la razón.
En los ojos de ella se reflejó la duda. Sabía que si la tomaba de la mano o se le acercaba, la debilitaría, la obligaría a ceder. Pero no quería presionarla en modo alguno. Quería hacerle el amor sólo si ella lo deseaba con idéntica fuerza.
—¿Qué te parece si vamos al bar un rato a charlar? Mientras tomamos un café puedes abrirte a mí.
Zoro se sintió claramente decepcionado. Al parecer ella no tenía el mismo interés que él. Miró al reloj.
—No sé, quizás debería encaminarme a casa. Se está haciendo tarde.
—Zoro, no es tarde —protestó ella—. Tú sabes tan bien como yo que si vamos a mi cuarto no vamos a hablar. Cinco años atrás cometimos el error de no hablar lo suficiente y me he arrepentido de ello desde entonces.
Sus palabras lo sorprendieron y le provocaron una cálida y agradable emoción que limpió de su alma la decepción. Tenía razón. No habían hablado suficiente nunca.
—De acuerdo, tomemos esa taza de café.
Quizás después, acabara por invitarlo a su habitación. Unos minutos más tarde, Robin y Zoro ya estaban sentados en un apartado rincón del bar. El confinado espacio creaba una atmósfera íntima y los invitaba a aproximarse físicamente. Robin podía notar el calor de su rodilla presionando sobre su pierna, el de su hombro sobre su brazo. Había tenido un gran acopio de fuerza para negarse a que él subiera a su habitación. Pero sabía que no habrían tardado ni un segundo antes de sucumbir a la pasión. Habrían acabado por hacer el amor desesperadamente y eso no habría hecho sino dificultar aún más las cosas.
—Las malas noticias que había recibido esta mañana eran que mis padres se habían marchado de la ciudad sin decírmelo. Estarán fuera tres meses —dijo él.
Robin lo miró sorprendida.
—¿No sabías que se iban?
—No, pero eso no es extraño. Sólo me ha dolido que no vayan a estar aquí para la fecha de salida de Utopía —miró el líquido negro de su taza de café.
—Si realmente es tan importante para ti que ellos estén, lo siento —dijo Robin.
Zoro la miró. Sus ojos irradiaban amargura.
—La verdad es que lo sorprendente es que me importe algo así. Estoy habituado a su frialdad. Tengo treinta y un años, no debería importarme su aprobación.
Robin sabía bien de qué estaba hablando. Había habido momentos en su vida en los que había odiado a su madre con la misma intensidad con que la amaba. Las contradicciones en los sentimientos filiales le eran familiares.
—Zoro, durante toda mi infancia tuve una madre inútil y borracha que jamás estaba ahí para cuidar de mí. No por eso dejé de amarla ni de necesitar su reconocimiento.
Una vez más, él miró su taza.
—Creo que mis padres jamás deberían haber tenido un hijo —dijo pensativo—. Lo único que les importaba era su trabajo en la universidad, sus libros y su investigación. Aquélla era su vida. No estaban preparados mental ni emocionalmente para adaptarse a la realidad de un niño.
Ella tendió la mano y la posó sobre la de él. La frialdad de su piel le habló de su vulnerabilidad, de sus miedos. En el tiempo que habían estado juntos, jamás le había hablado con tanta sinceridad.
—En una ocasión, al volver del colegio, me encontré a mi madre desnuda en el jardín frontal, tratando de ahuyentar culebras inexistentes. ¿Qué te parece eso?
Él la miró y negó con la cabeza.
—Somos opuestos incluso en el tipo de infancia que hemos tenido.
—Cuéntame exactamente cómo fue la tuya.
—No hubo ninguna historia terriblemente dramática —apartó la mano de la de ella y le dio un sorbo a su café. Luego volvió a dejar la taza—. Lo que describe mejor mi niñez es el silencio y la desolación. No podía tener amigos porque los niños eran ruidosos y molestaban a mis padres. Tampoco podía ir a sus casas, porque, según mis padres, yo era demasiado inteligente para codearme con niños así.
De pronto era como si la maldición del silencio al que había estado obligado se hubiera roto. Una vez que las palabras comenzaron a salir, ya no podían parar.
—Oía a otros niños que hablaban de su familia, de las visitas al zoo, de ir al cine, de merendar galletas y leche después del colegio. Los padres jugaban con sus hijos y los ayudaban con sus deberes. Sonaba todo maravilloso, y no se parecía en nada a lo que yo tenía.
—Sé exactamente a qué te refieres —dijo ella—. Pero una cosa que he aprendido con los años es que las carencias eran de mi madre, no mías. Ella era la inadecuada, no yo. Yo solía pensar que si era muy buena, mi madre dejaría de beber.
Él asintió.
—Yo también creía que si demostraba ser muy inteligente y aprendía muy rápido, acabaría ganándome su aprobación y mi familia se convertiría en una familia normal.
En su mirada había una ligera luz, como si al hablar de su pasado parte de la carga hubiera desaparecido.
—Ya sabes lo que dicen —respondió ella—. Todos aquellos inconvenientes que acabamos por superar nos hacen más fuertes. Mira lo lejos que hemos llegado. Tienes que estar orgulloso de ti mismo. Yo lo estoy de mí.
—Lo único que quiero ahora es solucionar el problema de Utopía. Las dos últimas semanas han sido muy duras —una ligera sonrisa se formó en sus labios—. Seguramente no habría sido tan brusco contigo si no hubiera estado bajo tanta presión.
Ella le devolvió la sonrisa.
—No te preocupes, lo entiendo perfectamente. Ya verás como lo resolvemos todo. Estaría bien que tuviéramos todo más o menos resuelto para el lunes por la mañana.
—Eso significa mucho trabajo. Así que será mejor que te deje ir a dormir —dijo él, pero no hizo amago alguno de marcharse.
Ella sabía que esperaba su invitación.
—Zoro —se inclinó sobre él y aspiró su seductor aroma. Lo deseaba con desesperación—. No podemos volver a lo que tuvimos hace cinco años. Si hacemos el amor, la separación volverá a ser muy dolorosa.
Él asintió y se levantó lentamente.
—Tienes razón. Supongo que debo irme a casa. Tengo la impresión de que mañana va a ser un largo día. ¿Te subes a tu habitación ya?
—No. Me voy a quedar aquí un rato hasta que me acabe el café —dijo ella—. Pero tú vete. Descansa, que te hace falta.
—Entonces nos vemos mañana por la mañana, ¿no?
Ella asintió y lo siguió con la mirada mientras lo veía encaminarse hacia la puerta. Terminó su taza de café y le pidió al camarero que le trajera otra. Su cabeza estaba demasiado agitada para poder dormir. Estaba llena de imágenes de Zoro, de las cosas que le había contado y de las que no le había contado. Le había quedado claro por qué Zoro era un solitario. Había sido criado por dos padres antisociales que jamás le habían permitido interactuar con otros niños. Su infancia también explicaba su increíble tenacidad en lo intelectual y su éxito. Aquel tesón había surgido en un intento por ganarse la aprobación de sus progenitores. Todo aquello también explicaba el tipo de mujer que quería como esposa. Ella jamás sería así.
Continuara...
Bueno, hola a todos, de nuevo aquí Solitario196 trayendo un nuevo capitulo... espero lo hayan disfrutado mucho... nos vemos mas pronto de lo que creen, o sea que tal vez mas rápido o mas lento jajaja... AH! CASI ME OLVIDO, LES COMENTO QUE VA A SALIR UN NUEVO ESPECIAL LLAMADO ONE PIECE FILM GOLD EPISODE 0, es algo así como Glorious Island pero en vez de Film Z va a ser de Film Gold, unos cuantos minutos de diversión antes de llegar a Gran Tesoro.
REVIEWS?
PD: ya estamos julio, falta poco para el estreno, lastima que llegara acá por lo menos después de unos meses... :(
