CAPITULO 8
Smoker Winters era un atractivo hombre de pelo cano y ojos que irradiaban inteligencia. Iba vestido con un traje perfectamente cortado y una corbata de seda azul marino. Durante los cinco años que Zoro había trabajado para él no había hecho sino crecer su admiración y lealtad hacia un hombre de negocios con un corazón de oro. Al entrar en la sala de reuniones, Zoro y Robin repararon en que no iban a estar solos con Smoker. Había otros cuatro sillones ante la enorme mesa de caoba. Tashigi y Trafalgar Law ya estaban en sus puestos. Zoro no conocía bien a Law. Era el vicepresidente señor del departamento de estrategia y desarrollo de negocio. Sus caminos raramente se cruzaban. Lo único que Zoro sabía sobre Law era que se trataba de un audaz negociador y que solía aparecer en las páginas de sociedad rodeado de hermosas mujeres. Era un atractivo moreno de ojos grises cuyo rostro jamás daba clave alguna sobre sus sentimientos o estados de ánimo.
Smoker se levantó al verlos entrar y les ofreció asiento entre Law y Tashigi.
—Buenos días —los saludó—. Tashigi me ha comunicado que tenías noticias para mí. Espero que sean buenas, porque dentro de dos semanas será el lanzamiento del producto.
—Lo cierto es... —comenzó a decir Zoro.
—Papá, Robin me informó de que, probablemente, las intrusiones que se están haciendo en el programa se hacen desde dentro de la empresa.
—¿Desde dentro de la empresa? ¿Qué quiere decir eso? —Smoker miró a Robin.
Ésta explicó cuidadosamente su punto de vista y mostró el cuadro informativo con los horarios de acceso ilegal al programa. Zoro no dejaba de preguntarse cuándo ella había encontrado el momento de contarle a Tashigi lo que pensaban y lo que ambos iban a hacer para averiguar más sobre el caso. Smoker, Tashigi y Law continuaron interrogando a Robin y Zoro se preguntaba para qué estaba allí. Sabía que su actitud era ligeramente infantil, pero le dolía que Robin controlara una reunión en la que se trataba de su producto.
—Zoro, ¿tienes la copia de los fragmentos alterados?
Sin mediar palabra, él le entregó la documentación.
—¿Quieres explicar lo que has hecho? —lo instó ella.
—No, sigue tú. Lo estás haciendo muy bien—dijo él en un tono hiriente y helado que a ella no le pasó desapercibido.
Lo miró fijamente unos instantes, pero acabó por volverse hacia los asistentes que esperaban atentos su intervención. Le llamó especialmente la atención de Tashigi al ver las fechas de acceso reflejadas en el papel.
—Según tengo entendido, estuvisteis con el equipo técnico de copas el viernes. Supongo que ninguno de ellos se emborrachó y confesó su autoría.
—Por desgracia, no. Pero si se fijan, todos los accesos han sido realizados durante horas de trabajo. Puede haber sido cualquiera que tuviera la clave —dijo Zoro.
—O alguien que accediera a la clave de otro—dijo Tashigi.
—Me gustaría echar un vistazo a los archivos personales de algunos empleados. Ya tengo dos posibles sospechosos.
—Conis les dará toda la información que necesitéis.
Tashigi miró a su padre.
—Creo que deberíamos considerar la posibilidad de que hubiera sido Marco.
Smoker levantó una ceja en un gesto de sorpresa.
—¿Marco? ¿Por qué iba él a hacer algo así? Es parte de la familia.
—Era parte de la familia, papá. Ya no lo es —Tashigi se levantó de la silla—. No puedo asegurar nada, pero veo al menos tres fechas y horas de acceso que coinciden con visitas de Marco. Sé, además, que en esos momentos estaban solo en mi despacho. Pudo entrar con mi clave.
Zoro notó un profundo dolor en la mirada de Smoker.
—O con la mía —suspiró Smoker—. Pero, ¿por qué iba Marco a hacer algo tan atroz?
—Sólo hay una razón para hacer algo así: dinero —dijo Trafalgar Law.
—Pero, según me ha dicho, está a punto de conseguir un trabajo —aseguró Smoker, con claras dificultades para asumir la responsabilidad de Marco.
—Lleva tres meses diciendo eso —dijo Tashigi.
—¿Qué deberíamos hacer? —preguntó Law.
—De momento, quiero hablar a solas con mi padre —dijo Tashigi.
—¿El producto estará listo a tiempo para ser lanzado? —preguntó Law.
—Sí, todo estará arreglado para entonces —dijo Smoker y se levantó, dando por zanjada la reunión.
Robin y Zoro se levantaron para marcharse.
—Robin, agradecemos mucho tu colaboración —dijo Smoker.
—Zoro... —comenzó a decir ella, pero Conis los interrumpió.
—Señor Smoker, los clientes alemanes ya están aquí, esperándolo.
Zoro no esperó a Robin, salió a toda prisa de la sala. Recorrió el pasillo en dirección al ascensor que habría de llevarlo a su refugio. Oyó que Robin lo llamaba, pero no la esperó. No quería hablar con ella, temeroso de que su rabia lo traicionara. Al entrar en el ascensor, vio que Trafalgar Law se detenía a hablar con ella. Bien, eso era justo lo que necesitaba, ganar tiempo y poder estar a solas. En cuanto las puertas del ascensor se cerraron, se apoyó en la pared del cubículo y respiró profundamente. También él, como Smoker, se sentía traicionado. Había creído hasta entonces que su trabajo había sido de equipo, pero estaba claro que ella no lo había considerado así. Había aprovechado la más mínima oportunidad para brillar como una heroína. Había empezado todo el proceso hablando con Tashigi a sus espaldas.
El ascensor llegó a su destino y él se dirigió a su despacho con una creciente sensación de ira. Al llegar allí, comenzó a pasear inquieto frente a la ventana. Muy pronto, la puerta se abrió y ella entró.
—Estás enfadado —afirmó Robin sin preámbulos.
—No seas ridícula —dijo él con dureza—. ¿Por qué iba a estar enfadado? Llevo años trabajando en este proyecto y, en una sola reunión, te llevas el mérito de todo.
Ella se aproximó a él.
—¡No me he llevado el mérito de nada!
—¿No? —él no se apartó de la ventana—. Tu pequeña charla privada con Tashigi le hizo pensar que yo no había hecho nada. Parece creer que sin tu perspicacia e inteligencia no podríamos haber hecho nada.
—Puede que ella hiciera que sonara así, pero no fue ése el modo en que yo se lo dije.
Zoro se volvió a mirarla.
—En realidad, no debería estar sorprendido.
—¿Qué se supone que quiere decir eso?
—Que por algo te has ganado la reputación profesional que tienes. Eres agresiva y ambiciosa, sólo te importa tu prestigio profesional y eres incapaz de comprometerte. Eso es lo que estropea todo...
De algún modo, él sabía que no estaba siendo justo, que estaba perdiendo el control y reaccionando de un modo excesivo, pero no podía evitarlo. Por primera vez en su vida, había perdido el control de sus emociones.
Robin lo miró confusa. Jamás lo había visto así antes. Era cierto que Smoker y Tashigi parecían haber olvidado la presencia de Zoro en la reunión, pero lo que decía carecía totalmente de sentido. No era lógico que reclamara con tanta vehemencia algo que era evidente que tenía: el reconocimiento de todos a su trabajo. Si la habían alabado a ella no era sino por ser una contratada externa que en pocos días se habría marchado.
—Dime la verdad —le ordenó él con rabia—. Hace cinco años tampoco me amabas, sólo jugaste conmigo, sólo fui un divertimento pasajero.
—¡No! —en aquel instante se dio cuenta de que no estaban hablando de la reunión que acababan de tener, sino de su pasado y de todos los rencores que habían quedado irresolutos.
El dolor que había sentido con su marcha emergió de nuevo y atrapó el corazón de Robin con la misma vehemencia que lo había sentido en su despedida.
—Te amaba con todo mi corazón, Zoro, como no había amado a nadie antes, como no he vuelto a amar después.
Y todavía lo amaba. Había pensado que no hacer el amor, que mantener una distancia física iba a salvar su corazón. Pero se había equivocado. A pesar del odio que emanaba su mirada, lo único que ella podía sentir era amor.
—Por supuesto, me amabas tanto que no fuiste capaz de hacer un pequeño sacrificio.
—¿Un pequeño sacrificio? —se acercó a él. Su ira iba creciendo por momentos—. No me pediste que hiciera un pequeño sacrificio, Zoro. Me pediste que lo sacrificara todo. Querías que dejara mi hogar, mi familia.
—Yo no sabía nada acerca de tu madre. De habérmelo contado, te habría podido ayudar —dijo él con rabia.
—¡Tú no querías saber nada sobre mi madre! —Robin sintió en el pecho una presión intensa. Tenía la sensación de que el corazón iba a estallarle—. No querías saber nada que pudiera interferir en tus sueños. Estabas demasiado ocupado elaborando en tu cabeza tu futuro perfecto. No estabas dispuesto a admitir nada que pudiera alterar la visión que tenías. Te importaba muy poco quién era yo y qué era importante para mí.
—Eso no es verdad.
—Sí, claro que lo es —dijo ella, con los ojos llenos de lágrimas—. Tenías muy claro lo que tú querías de mí, pero no te preocupaba lo que yo necesitaba. En mi vida mi trabajo me es esencial —bajó los ojos y el tono de voz—. Vi cómo mi madre construía toda su vida entorno a mi padre y el modo en que se desmoronó cuando él la abandonó. No tenía nada suyo, sólo sabía cómo ser una esposa. Yo no estaba dispuesta a repetir sus errores.
—¡Tú no eres tu madre!
—Tampoco puedo ser la tuya —dijo ella en un leve susurro y, al ver el gesto de él, trató de aclarar su comentario—. Tú quieres una esposa que pueda crear el tipo de entorno que tú jamás tuviste. Buscas a alguien que se quede en casa, y te espere ansiosa cada día, una mujer absolutamente devota a ti y a tus hijos, que llene el vacío que sentiste en tu niñez —se pasó la mano por el pelo y trató de controlar las lágrimas—. Yo no soy esa mujer, Zoro, no lo era hace cinco años y no lo soy ahora. Pero no me acuses de ambiciosa porque no es justo. Simplemente, amo mi trabajo como tú amas el tuyo. Hace cinco años no me pediste que hiciera un pequeño sacrificio, sino que sacrificara mi alma.
Se dirigió al armario y sacó el abrigo, luego se volvió hacia él.
—No me marcharé a California hasta que este trabajo esté concluido, independientemente de nuestros problemas personales. Voy a tomarme el resto del día libre, pero volveré mañana.
Sin esperar a que él respondiera, salió de la oficina y se dirigió al ascensor.
La discusión había despertado una vez más viejos sentimientos dormidos, un dolor y una amargura que quería desterrar. Jamás podría darle lo que él pedía. La diferencia era que ya sabía de dónde venía aquella necesidad y eso no le facilitaba las cosas. Lo único que prevalecía en aquella absurda e infernal situación era el odio que él sentía hacia ella, por no poder ser lo que necesitaba, por haberse entrometido en su vida una vez más y haber tocado su posesión más preciada: Utopía. Ella, sin embargo, lo amaba con pasión. Lo que le quedaba de estancia en Boston sería, sin duda, una tortura.
Tashigi se sentó en el despacho de su padre, esperando a que él regresara.
Apenas si habían tenido la oportunidad de hablar después de la reunión con Robin y Zoro. Pero, cuanto más revisaba las fechas y horas de acceso al programa, más segura estaba de que Marco era el responsable. Le dolía que así fuera, sobre todo por su padre que había tratado de mantener la relación viva aun después del divorcio de su hija.
—¡Tashigi! —dijo Smoker sorprendido al verla—. Conis no me dijo que estabas aquí.
Se acercó a ella y le besó la frente.
—Necesito hablar contigo, papá. Es acerca de Marco.
La sonrisa de Smoker se desvaneció.
—¿Realmente piensas que es el responsable de lo que está sucediendo?
—Me he pasado todo el día comprobando los informes de los miembros del equipo técnico. No hay motivos para suponer que pueda ser uno de ellos. Bellamy Barlow se acaba de comprar un lujoso coche, pero no tiene responsabilidades, vive con su madre y gana un sueldo que le permite eso y más.
—Pero Zoro y Robin mencionaron a otra técnico, Kaya... Según parece tiene problemas económicos.
—El que esté robándonos no puede tener problemas económicos ya, papá. Le habrán pagado sobradamente. Marco lleva meses en paro y, sin embargo, dispone de dinero suficiente.
Smoker se pasó la mano por la mandíbula y arrugó el ceño.
—Simplemente no quiero aceptar que pueda ser él.
—Lo sé, papá. Yo tampoco. Pero la verdad es que todo empezó a suceder en el momento en que Marco apareció de nuevo por aquí. Yo le he dejado solo en mi despacho al menos en tres o cuatro ocasiones.
—Sí, yo también —reconoció Smoker—. Además él podría perfectamente haber accedido a los ficheros en los que tengo las claves de acceso. No he cambiado nada desde que él trabajaba aquí. ¿Qué crees que deberíamos hacer? ¿Enfrentarnos a él?
—Tengo una idea mejor —dijo Tashigi y le explicó rápidamente lo que tenía en mente—. Creo que eso nos demostrará definitivamente si él es el responsable. Si no lo es, quedará eliminado como sospechoso.
Smoker se quedó en silencio un momento. Luego asintió.
—De acuerdo. Lo dejaremos todo arreglado para un día de esta misma semana. Quiero que todo esto se resuelva cuanto antes.
En cuestión de un par de días sabrían la verdad sobre Marco. Pero, a pesar de sus discrepancias, Tashigi aún albergaba la esperanza de estar equivocada, aunque sólo fuera por evitarle dolor a su padre.
Continuara...
HELLO a todos... soy yo, Solitario196 o Solitario para los amigos, AQUI LES DEJO UN NUEVO CAPITULO... ESPERO LO DISFRUTEN, YA QUE COMO ESTA SEMANA NO HAY MANGA DE ONE PIECEC VOY A PUBLICAR MAS RAPIDO PARA QUE NO SE ME ABURRAN..NOS VEREMOS MAS PRONTO DE LO QUE CREEN... ;) :)
REVIEWS?
AH! por cierto, ya esta disponible One PIECE FILM GOLD EPISODIO 0... asi que anda y de una vez búscalo en google...
