Capitulo 5: Los amigos
—¿Por qué vienes a tan callado Damon?, ¿has dejado el alma en esa casa? —preguntó Stefan a su amigo, después de haber andado algún rato—No
—Sí; conmigo, fuera reservas; estás enamorado, o algo te sucede de extraordinario, porque has tenido singularidades que no pueden engañar a ojos tan expertos como los míos.
—Ya me conoces, soy tímido delante de las mujeres, y esto es lo que me ha sucedido hoy . Ayer ha pasado lo mismo, Sabía yo que esta familia vivía aquí ; y que había tenido intimidad con la familia de mi padre, a causa de su parentesco. Pero yo no la conocía; pregunté por ella al llegar; me dieron razón y me presenté en su casa. Me recibió mi tía muy bien; pero pasados diez minutos de mi visita no sabía ya de qué hablar, y mi permanencia allí fue un suplicio. Como ves mi prima Katherine es bella, su vista me causó una impresión difícil de definír; deseaba alejarme de ella, y lo sentía al mismo tiempo. No sé cuántas barbaridades dije, y era que me preocupaba su belleza, esa belleza inocente y encantadora.
—Eso se llama amor, ¿Has estado enamorado alguna vez?
—Nunca; te confieso que cuando era estudiante vivía entregado a los libros, visitaba pocas casas, y en ellas, aunque solía encontrar muchachas hermosas, casi siempre las vi enamoradas de otros, y esto naturalmente me hacía alejar de ellas, así como a ellas interesarse muy poco en agradarme. Además, yo conozco que no soy simpático para las mujeres, no tengo esas dotes brillantes que tú posees en alto grado para cautivar el corazón femenil; mi carácter es sombrío y taciturno; ya comprenderás que hay motivo para que mi juventud se haya deslizado solitaria y triste. Te pareceré ridículo, pero la verdad es que mi corazón está virgen de todo amor. —¡Hombre!, ridículo, no; pero raro, sí, muy raro; ¡un corazón virgen a los veinticinco años!, ¡en este tiempo en que ya a los doce se tiene novia, y muchas veces querida! Convengo en que no hayas amado; esta palabra ahora es convencional; pero habrás tenido una querida: ¿quién no tiene hoy, apenas llegada la pubertad, una triste querida?
—Tampoco; me hubiera sido eso difícil sin amar . Las pasiones de los sentidos no han sido hechas para mí Como desde niño he carecido del placer de sentirme amado, y como he atesorado en el alma un inmenso caudal de cariño tan ardiente como puro, he deseado con avidez amar; pero hubiera creído profanar mis sentimientos entregándome a las pasiones banales y que gastan la organización corrompiendo así siempre el alma
—¡Que singular filósofo eres Damon! Tú no perteneces a esta época . Eres un casto soñador, un poeta quizá; pero de todos modos un hombre al agua ¿Has leído novelas?
—Pocas
—¿Has frecuentado a los poetas?
—Algo; pero te diré , antes, muy antes de que me a aficionara a ese género de lectura, pensaba y sentía lo mismo. Las ideas que tengo no me vienen de los libros, sino de las impresiones que he recibido desde mi infancia . He sufrido, y el mundo, que pudo haber sido para mí un Edén, fue un infierno desde los primeros pasos ¡Feliz quien como tú sólo ha pisado rosas en su camino!
—Como habíamos hablado pocas veces de este modo, te confieso que no te había observado esta disposición al romanticismo, que ahora lo noto, y de que te habría curado radicalmente, como de una enfermedad odiosa ¿Quién te ha dicho que este hermoso y querido mundo es un infierno? Sólo los tontos creen ya en el valle de lágrimas; ¿Pues qué, tú tomas las cosas en serio?
—¿Y cómo no tomarlas así, cuando no se me presentan tan risueñas?
—El talento consiste, amigo mío, en cambiarles la cara yo nunca he sido romántico
—Pero tú siempre has sido feliz
—Feliz absolutamente, no; necesitaba yo muchas, muchísimas cosas para ser feliz. Mi ambición es insaciable, mis sentidos exigentes hasta lo imposible
—¿Tus sentidos?, ¿pero no tienes corazón?
—Damon, ¿crees tú en el corazón?
—¡Cómo si creo!, demasiado, y ahora más todavía
—Arráncatelo en la primera oportunidad, Damon créeme es una entraña que maldita la falta que nos hace, y que debe acarrear infinitas contrariedades. De mí sé decir que nunca lo he tenido, si no es en la acepción física de la palabra, y me he reído alegremente de aquellos que decían ser desgraciados por un exceso de sentimientos.!Eso está bueno para urdir cuentos; el corazón es como el diablo, sólo existe en las leyendas.
—Pero, ¡qué horrores estas diciendo!, apenas me atrevo a creer que hablas con formalidad.
—Pues no lo dudes Damon y te aseguro bajo mi palabra de honor, que no soy de aquellos que por haber sufrido algún quebranto terrible en sus esperanzas o en sus pasiones, se hacen los interesantes, diciendo que ha muerto su corazón, que no tienen en el pecho más que cenizas, con otras mil necedades tan ridículas como impertinentes No; si alguno puede dar gracias a la fortuna por sus coqueterías soy yo, que sin fatuidad he apurado desde muy temprano los goces, y he hecho de mi vida una especie de orgía de buen tono. No es mi ánimo hacerte mi biografía, pero no dejarás de creerme si te digo que hasta aquí la suerte no me ha contrariado nunca, y que apenas le he pedido algo cuando se ha dado prisa en alargármelo con buen modo. Nací rico y lo soy aún, no millonario, esto vendrá después; Aún me quedan, como es de suponerse, mil goces por saborear; pero esto, lejos de ser una contrariedad, es un incentivo para seguir mi camino; es una esperanza que me sonríe llamándome; es una garantía de que no tendré un porvenir fastidioso ¿Qué habría quedado para mis cuarenta años, si hubiese agotado todas las delicias en la juventud? Volví al país, y por algún tiempo no tuve otra ocupación que galantear; el galanteo es un entretenimiento interino, y bueno cuando es provechoso yo no soy platónico; y, con tu perdón, creo que el platonismo es manjar de tontos. En este tiempo en que se vive tan presto, sacrificar los mejores días a los goces de lo que ustedes llaman alma, es pasar una hermosa mañana de primavera estudiando geografía en un gabinete; es pasar una hermosa noche de estío traduciendo el Arte de amar. Así, pues, en cuanto a mujeres...
-¡Ah, sí!, en cuanto a mujeres, demasiado sé cuán afortunado has sido
-He hecho llorar algunos hermosos ojos aquí en mi inculta patria, donde todavía se usan el color natural y las lágrimas sinceras; pero reflexiona en que sería peor para mí, verme obligado a lamentar «el rigor de las desdichas». Con las mujeres no hay remedio: o tiene uno que engañar o que ser engañado. ¿Prefieres ser lo último?
-Pero cuando el corazón se interesa...
-Damon no olvides que te he dicho que yo no tengo esa desventaja. Si yo hubiese poseído un poco de ese sentimentalismo anticuado, el libro de mis aventuras estaría en blanco como el tuyo. Habría dado con la primera Dalila de las que andan por ahí, y a esta hora, tonsurado y miserable, habría compuesto algunas endechas llenas de dolor, pero no habría arrancado de la ingrata ni una sola de esas lágrimas que tantas veces han regado mis manos y mi cuello.
-¡Pero, Stefan, por Dios, no todas son Dalilas!
-Todas, Damon, todas. No lo son por maldad, lo son por naturaleza, inocentemente, sin saber lo que hacen, tal vez sin quererlo; pero el hecho es que aun amando acaban con las fuerzas de un hombre, lo enervan y lo entregan a los furores del destino, desarmado, impotente y el amor no debe ser más que el embellecimiento del camino de la ambición.
-Me espantas... Yo creía que el amor era uno de los grandes objetos de la existencia; yo creía que la mujer amada era el apoyo poderoso para el viaje de la vida; yo creía que sus ojos comunicaban luz al alma, que su sonrisa endulzaba el trabajo, que el fuego de su corazón era una savia vivificante que impedía desfallecer.
-¡Poesía! ¡Poesía! Deja de creer en eso, y mira, que te estoy hablando como no le hablaría a nadie, porque es peligroso revelar las opiniones íntimas de uno, Esto te probará que te quiero.
-Hablemos de la primita, que fue lo primero que se ofreció a mi imaginación cuando comenzamos a charlar. ¿Sabes que es una lindísima criatura? Una conquista que valdría la corona mural.
Damon palideció.
-Sí, es linda murmuró secamente.
-¿Piensa usted hacerle el amor?- preguntó Stefan
-No: he observado que usted le simpatiza, que yo le repugno. Ya ves que es mal principio para mí. Trabajaría sin esperanza; y quien no espera vencer, ya está vencido . Tú tienes el campo.- contestó Damon
-Pero, vamos, ¿la amas?
-No lo sé, y aún no me doy cuenta de la verdad de lo que pasa en mi alma. Te he dicho que la impresión que me causó desde que la vi, es extraña: hoy que la vi hablar tan amablemente contigo sentí una especie de odio; pero querría siempre estar mirándola.
- ¡Pobre Damon!, eres demasiado sincero. Pues bien, eso es amor; la amas y has sentido celos. Yo he recogido demasiadas flores en el campo del mundo, para querer arrebatarte esa pequeña rosa. Puedes lanzarte ; habla, enamórala, y pronto, porque no tardarán en tocar a bota silla, y verás que no nos quedan en perspectiva más que algunas flores silvestres, cuyo aroma no será precisamente una delicia para nuestro olfato de cortesanos.
Damon se sentía mal al oír hablar de este modo al libertino de Stefan. Había levantado en su corazón un altar a Katherine, y veía tratar a su ídolo como Stefan trataba siempre a las víctimas de su lubricidad.
- Estoy resuelto: no le diré nada- contesto- . Esa joven no merece que dos militares como nosotros, la hagan objeto de una distracción pasajera.
-¿Por qué? ¿Porque es tú prima ? Pues hombre, las primas de uno...
-No digas más, Stefan, por su vida; me causa pena que no veas en una mujer tan angelical más que un objeto de cruel diversión y de innoble placer.
-¡Platónico...! Tu te curarás. Pero, resueltamente, Katherine es bellísima; difícilmente, a no estar tú a su lado, me resignaría yo a no decirle nada. Así es que tu o yo. Contigo estará garantizada; conmigo, no me atreveré a decir que la seduciría, fuera hacerte una ofensa; pero es seguro que llegará a amarme. Líbrala de mí. Yo me consagraré a la deliciosa Elena,esa me seduce, es una sultana, en cuyos ojos pardos beberé fuego. Vamos, decídete.
Damon pensó que su amigo hablaba sinceramente a pesar de su libertinaje; comprendió que su prima estaba perdida si la dejaba en poder de Stefan, que ya la había hecho sentir la funesta influencia de su mirada irresistible; comprendió que la única defensa para ella consistía en su amor, amor que por otra parte parecía haber avasallado su corazón tan rápida como imperiosamente. Además, recordó la sensación dolorosa que experimentó al aproximarse a Elena, cuyos le habían causado movimientos nerviosos, présagos de algún mal terrible. Dejar a esta beldad poderosa y fatal en lucha con Stefan, no era una villanía, porque iban a encontrarse dos potencias igualmente fuertes; y, después de todo, si alguna desgracia acontecía, ¿no valía más que recayera sobre la altiva morena, sobre la leona aristocrática y soberbia, más bien que sobre la débil virgen que no parecía contar con fuerzas suficientes para luchar sin morir?
-Está bien - dijo Damon-resueltamente me consagro a mi prima. Haz la guerra a la hermosa de los ojos pardos.
-Arreglado. Ahora, pensemos en la maniobra. Volveremos a casa de tu prima , porque es preciso que me introduzca en la de Elena pues no debo esperar encontrar a ésta siempre en otra casa que la suya. Una vez logrado, tu quedarás frente a tu enemigo y yo frente al mío, y veremos quién domina la posición primero.
Con tal resolución, después de haber paseado por varias calles solitarias, entraron en el cuartel, dirigiéndose Stefan al alojamiento del coronel y Damon a su aposento, en donde se sentó pensativo y ceñudo.
Reviews
Eleid: Gracias por el review. Si, la forma de ser de los personajes está como invertida pero es por una buena razón ya lo verás, porque obviamente esta es una historia DELENA ;)
