CAPITULO 10

Robin y Zoro ya habían pasado unas cuantas horas de silenciosa mañana, cuando a las diez y media Rebecca, la secretaria, asomó la cabeza por la puerta.

—La señorita Wintersoft quiere verlos en su despacho.

En cuanto la mujer se marchó, Zoro intercambió una mirada con Robin.

—Al parecer ha llegado el momento de ponernos en acción.

Robin asintió. Esperaba que así fuera, porque no se sentía capaz de pasarse otro día sentada junto a él en la misma situación. A aquellas alturas, lo único que ansiaba era acabar con su trabajo y abandonar Boston. Esperaba que el calor de su tierra natal la ayudara a olvidar todo lo sucedido.

Cuando se dirigían al despacho de Smoker, el perfume embriagador de Zoro le golpeó inesperadamente la pituitaria. El aroma le resultó dolorosamente familiar. Durante los últimos dos días se había sorprendido a sí mismo planteándose la posibilidad de una vida sin su trabajo, una vida con Zoro, siendo la mujer que él necesitaba.

Pero era una idea absurdamente romántica, porque sabía que, pasado el momento inicial de euforia, la frustración podría acabar con la relación. Se imaginaba a sí misma culpándolo de haberle robado una parte importante de sí misma.

—Adelante —dijo Conis, interrumpiendo sus pensamientos—. Están esperando.

Zoro abrió y, juntos entraron. En el centro de la sala había una gran televisión que les llamó la atención. La imagen mostraba el interior del despacho de Tashigi, por lo que se deducía que se trataba de una cámara colocada en circuito cerrado. Además de Tashigi y Smoker, estaban en la sala Trafalgar Law y un hombre que Robin no había visto nunca antes. Era grande, con mucha barba y una pequeña insignia en el bolsillo.

—Sientense, por favor —dijo Tashigi y señaló al hombre desconocido—. Éste es Rob Lucci, de Seguridad CP. Le dejaré explicar lo que ha montado.

—He puesto una cámara oculta en la oficina de la señorita Winters —dijo Lucci con una voz profunda y una dicción segura. Se levantó y señaló el panel de control de la cámara—. Desde aquí podemos dirigir la cámara y hacer zoom hacia áreas específicas.

—Hablé con Marco ayer por la noche y lo invité a comer conmigo hoy —explicó Tashigi—. Llegará a las once. Lo conduciré a mi despacho y, antes de que nos vayamos a comer, Conis me llamará y lo dejaré solo. Queremos ver qué hace.

De modo que si aquella pequeña operación de espionaje tenía éxito y descubrían al culpable, el trabajo de Robin en Wintersoft habría acabado.

Miró a Zoro y sintió un profundo dolor ante la idea de que su vida continuaría sin él. Sólo le quedaba desterrarlo para siempre de su corazón.

Tashigi miró su reloj, se levantó y se estiró la falda.

—Será mejor que me vaya a mi despacho —dijo, no sin cierto nerviosismo.

Estaba a punto de salir, cuando Smoker se aproximó a su hija y le dio un abrazo, dando muestras de la intensidad de las emociones que tenían lugar dentro de ellos.

Tashigi se marchó y Smoker se dirigió hacia la ventana. Se quedó allí, de espaldas a la pantalla de televisión, como si no quisiera ser parte de todo aquello. Robin, Zoro y Law se colocaron justo detrás de Lucci. Vieron a Tashigi entrar y sentarse en su mesa.

—Si ese tipo usa el ordenador cuando se quede solo, podemos enfocar claramente lo que aparece en pantalla —aclaró Lucci.

La espera se hizo larga, la situación era tensa. Y Robin no podía dejar de pensar que, si todo salía como estaba previsto, su partida de Boston era inminente. Daba igual, ya estaba todo perdido para Zoro y para ella. Aquel hombre de hielo había levantado un muro intraspasable. Robin no podía darle lo que necesitaba y no se conformaría con menos.

—Aquí entra nuestro protagonista —dijo Lucci.

Marco apareció en escena, impecablemente vestido y peinado. Se acercó a Tashigi y la abrazó.

—Me alegro mucho de que me llamaras anoche, Tashigi —le colocó delicadamente un mechón de pelo detrás de la oreja.

Robin se sentía como una mirona, observando un momento privado. Antes de que la escena se hiciera demasiado embarazosa, todos pudieron oír una llamada en la puerta. Conis entró.

—Tashigi, Coby, de contabilidad, necesita verte. Le he dicho que ibas a salir a comer, pero ha insistido. Al parecer es urgente.

—Vete sin preocuparte, Tashigi —dijo Marco y se sentó en una silla—. Te esperaré.

—¿Seguro que no te importa?

—Tranquila. No tengo otra cosa que hacer hoy.

—De acuerdo. Volveré lo antes posible.

Dicho aquello, Tashigi salió y cerró la puerta.

Momentos después, apareció en el despacho de Smoker patentemente tensa. Se sentó con los otros ante el monitor y llegó justo a tiempo de ver a Marco levantarse, acercarse al sillón de Tashigi y sentarse. La tensión que había en el despacho de Smoker se podía respirar. El sospechoso sacó un disco del bolsillo y lo introdujo en el ordenador. Tashigi inspiró alarmada y el sonido captó la atención de su padre.

—Vamos a acercar la imagen —murmuró Lucci.

De pronto, todos podían ver con facilidad la pantalla y el teclado.

Marco escribió algo.

—Es mi clave de acceso —dijo Tashigi.

—Acaba de abrir el programa de Utopía.

Tashigi se levantó con decisión y salió seguida del resto del grupo. Al abrir la puerta de su despacho, Marco se levantó sobresaltado.

—Sí que has sido rápida —dijo nervioso y se justificó sin motivo—. Estaba mirando mi correo.

Se lanzó rápidamente a mover el ratón y Tashigi supo que estaba cerrando el programa. Sacó el disco a toda prisa y forzó una sonrisa.

—¿Qué es esto? ¿Una fiesta?

—Más bien una captura —dijo Tashigi—. Marco, ¿cómo has podido?

Dos guardas de seguridad, a los que Lucci había avisado, se acercaron a él.

—¿Qué quieres decir? —dijo Marco con la voz temblorosa—. ¿De qué va todo esto?

—No nos trates como a estúpidos, Marco—dijo Smoker— Éste es Rob Lucci, jefe de Seguridad CP. Ha instalado un circuito cerrado de televisión con el que hemos podido ver claramente cómo accedías a los ficheros de Utopía, después de teclear la clave de Tashigi.

Marco se ruborizó.

—Dame el disco que tienes en el bolsillo—dijo Zoro—. Lo que hayas copiado en él pertenece a Wintersoft. La policía se encargará de ti.

Marco estaba tan congestionado que Robin se preguntó si estaría a punto de sufrir algún tipo de ataque. Pero las palabras que salieron de su boca fueron de rabia, no de dolor.

—Todo es culpa de ella —se refirió a Tashigi—. Si hubiera hecho las cosas a mi modo, nada de esto habría sucedido. La empresa debería haber sido mía.

—Por suerte —respondió Smoker—. Tashigi se dio cuenta a tiempo del tipo de individuo que eras —hizo un gesto a los guardias—. Llévenlo a la policía y que jamás se atreva a aproximarse a estas oficinas.

—Todo es culpa de Tashigi —insistió Marco—. Si no hubiera sido tan frígida, si en lugar de pensar en trabajar se hubiese molestado en ser una buena esposa...

—Una mujer sólo es frígida cuando está con el hombre equivocado —aseguró Trafalgar Law.

Robin miró rápidamente a Tashigi que se había ruborizado. Habría preferido no tener que presenciar una escena en realidad tan íntima. La lucha que estaba teniendo lugar no se diferenciaba tanto de la que Zoro y ella habían tenido hacía años. ¿Por qué los hombres se empeñaban en negar que las mujeres pudieran tener una vida profesional y ser, a la vez, buenas esposas?

—Bueno, ya hemos tenido bastante espectáculo por hoy —dijo Tashigi, totalmente repuesta y con un tono de fría profesionalidad—. Lucci, muchas gracias por tu ayuda.

—De nada. En unos minutos tendré todo desmontado —afirmó Lucci. Smoker se volvió hacia Conis.

—Quiero que llame a los jefes de departamento para que convoquen a todos los empleados en la cafetería dentro de quince minutos.

—En seguida.

Smoker se volvió hacia Zoro y Robin.

—Los veré en unos minutos. Ahora hay una serie de asuntos que tengo que solucionar.

Zoro y Robin salieron y se dirigieron al ascensor.

—Ha sido realmente duro —dijo ella, una vez en el despacho de Zoro.

—Definitivamente muy incómodo —afirmó él. Ella se dirigió directamente al armario y sacó su abrigo y su bolso.

—¿Qué haces?

—Recojo mis cosas. Supongo que nada más acabar la reunión podré marcharme. Con un poco de suerte hoy mismo tomaré un avión a California.

En principio ni siquiera lo miró, no podía. Le dolía demasiado aquel adiós.

Finalmente, se aventuró a fijarse en su gesto, pero no vio nada. Sus facciones permanecían esculpidas con aquella rigidez marmórea.

—Seguro que te alegrará volver a tener la oficina toda para ti.

Él asintió.

—Supongo que sí.

Dicho aquello, salieron del despacho en dirección a la cafetería. Muy pronto se convirtieron en parte de una multitud y sus caminos se separaron. Bien, ése era el mejor modo de que su adiós fuera fácil, aséptico, sin sentimentalismos ni excesos. En cuanto tuviera ocasión saldría del edificio disimuladamente. Por desgracia, Tashigi se encargó de volver a reunirlos a todos y llevarlos a la zona frontal del local.

Smoker abrió el micrófono y, tras unos segundos de espera, se hizo el necesario silencio.

—Sé que la mayoría de vosotros sabe que estamos a punto de sacar un nuevo producto que va a revolucionar el mercado. Lo que no sabe la mayoría es que, durante los últimos seis meses, alguien ha tratado de piratear y sabotear dicho producto.

Se oyó un murmullo y Smoker levantó la mano para acallarlo.

—Por suerte, ya está todo resuelto y hemos encontrado al culpable y el producto saldrá a la venta en dos semanas.

Todo el mundo mostró su contento y Robin se alegró de haber sido parte de tan feliz final.

Smoker se dirigió a ella.

—Quiero agradecer a nuestra colaboradora externa toda la ayuda que nos ha proporcionado para solucionar el problema.

Robin se ruborizó al oír los aplausos. Se limitó a asentir y a sonreír.

—También quiero aprovechar la oportunidad para darle las gracias a un hombre que, no sólo es absolutamente brillante, sino que, además, ha demostrado su lealtad a esta empresa. No sabe lo feliz que soy de que esté de nuestro lado.

Una vez más hubo claras muestras de alegría por parte de la multitud, momento que aprovechó Robin para dirigirse hacia la puerta. Era el momento perfecto para una rápida huida. Zoro estaba feliz, recibiendo todo tipo de felicitaciones y no podía prestarle mucha atención.

Salió al exterior tan pronto como pudo.

Pero, en el instante en que se halló fuera, las lágrimas comenzaron a deslizarse, impertinentes, por sus mejillas. Se dijo que eran producto del frío, pero su corazón no se dejaba engañar tan fácilmente.

El drama final que acababa de presenciar en Wintersoft no había hecho sino confirmar lo que siempre había creído. De haber cedido a las exigencias de Zoro, de haberse convertido en su devota esposa, de haberlo abandonado todo por él, el resentimiento los habría conducido a un divorcio. Se alegraba de que Zoro y ella no se hubieran casado. Eso no impedía que, por otro lado, la entristeciera.

Entró en el hotel y, mientras subía en el ascensor no pudo parar de darle vueltas a la situación. ¿Qué habría sido de ellos si sus circunstancias, sus pasados, hubieran sido distintos? ¿Qué habría pasado si se hubiera casado con él? ¿Realmente tener a sus hijos habría sido suficiente para ella?

Sintió un escalofrío al pensar en la idea de hacer el amor con Zoro y en concebir un hijo suyo.

Insertó la tarjeta de plástico en la ranura y entró en la habitación y trató de apartar aquella imagen de su mente. Un nuevo pensamiento interfirió con el anterior: nunca jamás había llegado a decirle que la amaba.

Dejó las cosas, mientras se decía a sí misma que tenía que llamar a la aerolínea para reservar un billete, y que debía ponerse a hacer las maletas. Pero en lugar de eso, se dejó caer sobre la cama pensativa. Amaba a Zoro, amaba su silencio, su estoicismo y su inteligencia. Podrían haber hecho una buena pareja. Sin darse más tiempo, se levantó y tomó el teléfono. Ya estaba bien de sueños vanos.

Muy pronto descubrió que no tenía ningún vuelo disponible hasta mediodía del día siguiente.

"Fantástico, estaba atrapada en Boston un día entero más y no paraba de nevar..."

Continuara...


ESTE FIN DE SEMANA TERMINA LA HISTORIA... SOLO NOS QUEDA UN CAPITULO MAS... Y DESPUES DE ELLO CREO QUE ME TOMARE UN DESCANS.. QUIERO PENSAR ALGUNAS COSAS ANTES... YA NOS ESTAREMOS VIENDO, COMO SIEMPRE...

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