Esa noche, fue la primera en que Hermione soñó con Draco. Después de que Bellatrix la torturara por saber si habían estado en su cámara en Gringotts, la había dejado ahí a que muriera de dolor tras su lenta tortura, pero entonces sintió como alguien se arrodillaba junto a ella y cuando levantó la cara, vio un rostro que era conocido y desconocido a la vez. Era Malfoy, no cabía duda, ella conocía ese rostro desde los 11 años, siempre atormentándola, siempre arrogante y frío, lo desconocido de ese rostro era su mirada, esos ojos grises denotaban ¿preocupación?, ella sintió un impulso por tocar aquel rostro tan hermoso y decirle que todo estaba bien, que no se preocupara más por ella... ¿¡QUE!? Hermione se incorporó en su cama con la respiración agitada. Debía estar amaneciendo, pues un tenue resplandor naranja se colaba en el dormitorio que compartía con un par de niñas Gryffindor de 5to año, ya que sus antiguas compañeras, no habían regresado a Hogwarts, por diferentes razones... sus compañeras dormían profundamente y no se percataron de nada, Hermione respiró cerrando los ojos nuevamente, pero lo único que veía cuando lo hacía eran unos ojos grises fijos en ella con una mirada preocupada...

- ¡Basta! - Hermione se levantó bufando y entró al baño donde se dio una ducha y se preparó para salir.

En la sala común de los leones todo era paz y tranquilidad, por lo que decidió leer un poco mientras sus compañeros bajaban para ir a desayunar y encaminarse a sus clases que comenzaban ese mismo día. Eventualmente, la sala común se llenaba de estudiantes que comenzaban a bajar, listos para comenzar su mañana. Al poco rato, Ginny y Harry caminaban al lado de Hermione al gran comedor. Hermione no pudo evitar dar una mirada a la mesa de Slytherin, donde ya se encontraba justo la persona que ella buscaba, comía una manzana con el mismo aire despreocupado y elegante de siempre, y sus compañeros de casa a su lado charlaban animadamente. Hermione desvió su vista y se apresuró a sentarse de modo que le diera la espalda a las serpientes, no quería tener la tentación de buscar al rubio a cada instante para ver si los ojos que había visto en sus sueños toda la noche realmente pertenecían a él.

El desayuno transcurrió tranquilo, hasta que llegaron a su clase de Pociones, la cuál compartían con Slytherin. Hermione perdió toda su concentración cuando giró su cabeza para ver entrar un grupo de serpientes entre los cuáles se encontraba su tormento. Ella se giró nuevamente a su escritorio, y trató de permanecer concentrada en su lectura pero simplemente no podía. Se sentía sumamente intranquila. Los Slytherin habían llegado haciendo mucho barullo, charlaban demasiado animados y reían con ganas, ella trató de no escuchar su plática porque si las serpientes estaban tan de buen humor, no podía haber nada bueno detrás de ello. Seguramente ya habían hechizado algún pobre estudiante que se les había cruzado en el camino, y ahora cuando se les acabara la broma, seguirían con ella, siempre fue así, y ahora que estaba sóla, ya que Harry compartía mesa con Ginny y ella no conocía tan bien a los demás Gryffindor, que realmente eran compañeros de Ginny, se había tenido que sentar detrás de sus amigos, en una mesa que no compartía con nadie. Pero por fortuna el profesor Horace Slughorn estaba llamando al orden en ese momento, por lo que Hermione puso su vista al frente y suspiró aliviada.

- Bien alumnos, primero que nada quiero darles la bienvenida a este su último año en Hogwarts. Esta clase haremos un repaso de un par de pociones que han elaborado en sus años anteriores, y posteriormente comenzaremos con las pociones más complicadas, las cuales si no son capaces de realizar, no podrán aprobar los E.X.T.A.S.I.S. - Hermione se estremeció ante estas palabras, lo que llamó la atención del profesor a su mesa medio vacía.

- Señorita Granger, ¿por qué...? - interrumpió su pregunta, mientras deslizaba la vista por el salón de clases y al divisar al fondo del salón una mesa donde se acomodaban apretujados 3 estudiantes (Malfoy, Parkinson y Nott), continuó:

- Señor Malfoy, ¿pudiera ser tan amable de tomar asiento por acá por favor?

A Hermione se le detuvo el corazón por un momento, ¿habían llamado a Malfoy para cambiarse de lugar? ¿a dónde? ¿no sería junto a ella, verdad?, pero en esos microsegundos, Hermione no pudo recordar si había otra mesa medio ocupada además de la suya. Para su horror escuchó unos pasos dirigirse hacia su mesa, y después el terrible rechinar de las patas de la silla vacía a su lado confirmaron sus sospechas, había alguien sentado a su lado, pero ella no se había atrevido a moverse ni un milímetro, parecía petrificada en su asiento, no quería voltear y ver sentado a su lado al chico que había sido tan terrible con ella todos estos años.

El profesor continuó dando indicaciones pero por primera vez en su vida Hermione no prestaba atención en clases, movía sus pies visiblemente nerviosa y apretaba su pluma con una fuerza innecesaria en su puño. No sabía cuánto tiempo había estado así, quería ser capaz de moverse, de voltear a ver quién estaba a su lado, aunque eso ya lo sabía en el fondo, pero ahora creía que estaría fuera de lugar, si tan sólo lo hubiera podido hacer cuando lo hicieron todos los demás, porque aunque se quedó petrificada después de escuchar al profesor llamar a Malfoy, aún pudo ver como todos en el salón giraban a verlo dirigiéndose sin chistar a sentarse junto a su enemiga. O quizá sí había dicho algo, pensó Hermione, sólo que quizá ella estaba demasiado asustada para escuchar nada más, después de todo, cuanto tiempo llevaba petrificada en su asiento.

- ¡Granger! - Esa voz, la hizo volver a la realidad, con un respingo volteó su cara rápidamente hacia el puesto a su lado, ella conocía esa voz, ella conocía ese tono, ella conocía a ese chico que la miraba con el entrecejo fruncido, y por lo tanto sabía lo que venía a continuación... un insulto, una burla, o algo así. Ella se quedó mirándolo sin decir nada, mientras esperaba su correspondiente insulto, pero lo que no esperaba era que las facciones del chico se relajaran y dejaran ver una sonrisa de lado, cargada de autosuficiencia mientras el dueño de tan hermosa sonrisa le decía:

- ¿A caso escuchaste algo de lo que te dije? - Ella negó con la cabeza lentamente sin despegar sus ojos de aquel rostro tan perfecto...

- ¡¿QUE?! - Hermione no podía creer que había pensado que el rostro de su archienemigo era perfecto justo ahora, por lo que las palabras (o más bien, el grito) salió de su boca involuntariamente, pero inmediatamente se dio cuenta que su compañero debió pensar que estaba respondiendo a su pregunta, pero apenas e iba a replicar algo, visiblemente ofendido por el tono grosero con el que le había contestado, cuando su profesor intervino:

- Señorita Granger, baje la voz, estamos en clase.

Todos sus compañeros se habían girado para mirarlos, lo que hizo a Hermione enrojecer de vergüenza, quería que la tierra se la tragara, y cuando escuchó una risita a su lado y volteó hacia su compañero, éste la miraba con aire divertido mientras le decía:

- Iba a reprenderte por tu grosería pero creo que esto vale más que mil regaños

Y ahí estaba otra vez, el mismo Draco Malfoy de siempre, se había burlado de ella. Hermione suspiró ¿aliviada? y no pudo evitar una sonrisa que trató de ocultar girando su rostro y abriendo su libro de pociones, pero luego se dio cuenta que no tenía idea de lo que buscaba, por lo que instintivamente giró su cabeza nuevamente hacia su compañero con el ceño fruncido y una mueca de duda en su rostro, la expresión de su compañero era algo que nunca había visto tan de cerca, el parecía divertido, genuinamente divertido, no como cuando se burlaba de ellos y se divertía con las maldades que les hacía, parecía un chico, que se burlaba fraternalmente de una chica. Después de todo él era un chico, y ella era una chica y si no fuera porque eran precisamente ellos dos y no unos chicos cualquiera, esa escena no tendría nada de raro, pero este año no hacía nada más que comenzar, y ya dos veces había sido sorprendida por Draco Malfoy, y no había sido insultada ni una vez, porque al reflexionarlo, lo de la burla no contaba, el Malfoy antiguo hubiera hecho algo mucho peor que reirse de ella por ser reprendida por un profesor, de eso no tenía duda.

- Me matas Granger, página 25 - dijo el rubio con su media sonrisa en el rostro - ahora, si es que ya volviste a la realidad, te decía que yo iré por los ingredientes mientras tu acomodas todos los instrumentos, ¿me has oído esta vez? - dijo el Slytherin aún sonriente

- Sí, de acuerdo - fue lo único que atinó a decir Hermione mientras veía como su compañero se dirigía al área de ingredientes con su caminar elegante y despreocupado, ella no pudo evitar seguirlo con la mirada hasta que los demás compañeros llegaban a donde él estaba y lo ocultaban de su vista.

Hermione sacudió su cabeza y respiro 3 veces profundamente cerrando los ojos para tratar de volver a su habitual estado de concentración, mientras leía la página 25 de su libro de pociones y ponía en orden el caldero, el fuego y los demás materiales para preparar la poción, lo hizo lo más rápido que pudo para echar una ojeada al procedimiento de la poción, y con ello ir preparándose mentalmente para realizar la tarea, pero un ruido seco la sacó de su concentración, Malfoy había llegado y había dejado caer los ingredientes en la mesa, lo que causó que la castaña diera un pequeño brinquito en su asiento del susto.

Malfoy se sentó a su lado, aún tenía una expresión de autosuficiencia y de arrogancia en su rostro, pero debajo de ellos, él se estaba divirtiendo. Nunca pensó que aún sin proponérselo, era capaz de intimidar a Hermione Granger, él no la había insultado, ni había hecho nada malo, y ella se encontraba sumamente nerviosa, es más, ahora que Malfoy lo recordaba, no podía pensar en ninguna otra situación en que hubiera visto a Granger tan descompuesta y tan fuera de sí, ella era siempre la que prudentemente alejaba a sus amigos Potter y Weasley de él cuando los estaba molestando, siempre tan serena, siempre tan llena de control, y ahora la chica parecía des ubicada, nerviosa, asustada... Ahora Draco lo recordaba... sí había visto antes a Granger así o más descompuesta antes... sólo que no en le escuela... la había visto así cuando estuvo en su casa, cuando su tía la torturaba. Draco bajó la mirada y suspiró, quería pedirle perdón por... todo... por las cosas horribles que siempre les había hecho y a ella y a sus amigos, por no haberles podido ayudar, por haberlos tratado de matar en la sala de menesteres... ¡Merlín! no sabía ni por donde empezar a disculparse.

Hermione que se había repuesto del susto cuando nuevamente, una acción de Malfoy la desconcertó totalmente, había llegado a la mesa con esa expresión burlona con la que se fue, pero al contacto con su mirada, él había bajado la vista, ¡Draco Malfoy había bajado la mirada ante ella! Y ella no había dicho nada, no le había contestado con su habitual tono de aparente calma cuando por dentro ardía por hacerle miles de maldiciones a aquél hurón que siempre los molestaba a ella y a sus amigos, ella lo había puesto en su lugar un par de ocasiones, pero nunca con sólo una mirada, además, el rostro de su compañero ahora se encontraba ¿triste? ella nunca había visto esa expresión en su rostro, iba a decirle algo cuando el profesor Slughorn llega a su mesa y les dice:

- ¡Granger, Malfoy, a trabajar! Tienen todo listo no veo por qué no comienzan.

Eso los sacó a ambos de sus pensamientos y comenzaron a trabajar, en completo silencio, pero para sorpresa de ambos, en completa coordinación. Hermione era la bruja más brillante de su generación, eso lo sabían todos. Pero Draco era particularmente bueno en pociones, era rápido, era limpio, era cuidadoso, Hermione estaba acostumbrada a regañar todo el tiempo a Harry, Ron o Neville cuando les tocaba hacer pareja, ella era la que siempre dirigía el trabajo, y ahora se encontraba a si misma siendo dirigida por el Slytherin, éste por su lado, siempre acostumbrado a no ser contrariado, sin embargo ahí estaba, siendo corregido por la Gryffindor.

Hermione casi se arrepintió de su arrebato al corregir a Malfoy tan abruptamente - Sangre sucia - Sabelotodo - Come libros , estaba segura que diría algo así, pero...

- ¡Cierto!, tienes razón - dijo el rubio con el ceño fruncido y corrigiendo sus acciones.

Malfoy seguía sorprendiendo a Hermione con sus actitudes, pero no podía evitar sentir desconfianza, en cualquier momento el "viejo" Malfoy iba a aparecer, estaba segura.

Terminaron su trabajo y el profesor Slughorn los felicitó por su labor. Volvieron a sus asientos y comenzaron a recoger sus materiales, en completo silencio y se sentaron nuevamente, esperando que la clase terminara. Malfoy quería disculparse, simplemente no sabía como empezar a hablar. Hermione le quería preguntar, por su cambio tan radical, pero realmente no sabía como hacerlo.

Así terminó poco después la clase, Hermione salió inmediatamente, pues no quería estar cerca de Malfoy, eso la ponía DEMASIADO nerviosa.