Los días continuaban su curso y los chicos aún se veían en las noches en la torre de astronomía, pero ya no iban a la biblioteca, comenzaban su sesión de besos desde que se veían y pasaban el rato uno encima del otro todo el tiempo, entre besos, abrazos, caricias, platicaban por algunas horas y luego caminaban de la mano hacia la torre Gryffindor, donde Draco besaba a Hermione en la mejilla o en la frente, para no ofender a la dama gorda y ella entraba en la torre.

Hermione había arreglado una reunión con sus padres en un lugar cerca de Hogsmeade, el sábado que los chicos de Hogwarts tenían programada su visita al pueblo.

- Mañana nos reuniremos con todos los chicos en Cabeza de Puerco, Aberforth y Hagrid estarán también Herms - le dijo Harry

- Lo siento chicos, voy a reunirme con mis padres en el poblado cercano, como hace tiempo que no los veo...

- Ah, comprendo, no te preocupes, si tienes tiempo después de verlos, estaremos ahí hasta la noche

- Gracias Harry

Draco y ella habían acordado verse a las afueras de Hogsmeade, y ella lo había convencido de tomar un taxi al pueblo, él había querido desaparecerse en Hogsmeade y aparecer en las afueras, pero ella no quería arriesgarse a que alguien los viera aparecerse y el ministerio tendría que intervenir, y sabrían que habían estado juntos... aún no daban a conocer su relación al mundo, aunque ella mismo no sabía si tenían una relación, digo, hacían todo lo que unos novios debían hacer, buscaban su mutua compañía, hablaban de cosas muy personales, se besaban, así que técnicamente ellos eran novios, pero él no se lo había pedido oficialmente, ni lo habían dado a conocer a nadie, hasta ahora, se veían a escondidas...

Draco se sentía incómodo viajando en ese trasto muggle, no había hablado en todo el trayecto y apretaba fuerte la mano de Hermione.

Cuando se bajaron, ella pagó con dinero muggle, lo que había desconcertado al chico, pues nunca se le había ocurrido ir a cambiar sus galeones por dinero muggle, y ahora ahí estaba, en el mundo muggle sin un centavo. Se sentía desprotegido...

- ¿No estuvo tan mal, verdad?

- Estoy un poco mareado, a decir verdad

- ¿El buscador de Slytherin mareado por la velocidad? - dijo ella burlandose

- No es eso, es el vaivén, se siente... raro

Ella le sonrió y lo tomó de la mano para llevarlo al café donde verían a sus padres. Cuando llegaron, los Granger ya estaban ahí. Hermione quiso soltar a Draco antes de que los vieran, pero él apretó su mano y no la dejó.

- Ahí están - dijo ella nerviosa

- Pues vamos - dijo él mirándola sonriente

Y sin soltar su mano la siguió a la mesa donde estaban sus padres. Cuando llegaron ellos se pusieron en pie y abrazaron a Hermione. Draco se comenzó a sentir nervioso, había tenido el atrevimiento de llegar tomado de la mano de su hija y ni siquiera estaba seguro que tanto sabían ellos de su relación, no estaba seguro de si ellos aprobrían que un ex mortífago saliera con su hija

- Papá, mamá, les presento a Draco Malfoy - dijo Hermione después de saludar a sus padres

- Es un placer - dijo el rubio y dió un paso hacia la señora Granger, besó su mano y después le dio un firme saludo al señor Granger.

- Encantados - dijeron ellos y los cuatro tomaron asiento

- ¿Y que tal has estado cielo? - dijo la señora Granger mirando a Hermione y rompiendo el silencio

- Bien mamá, este año la escuela ha sido muy divertida - dijo mirando a Draco, gesto que no pasó desaprecibido para sus padres

- Y dime Draco - dijo el señor Granger con tono serio - ¿qué piensas hacer ahora que terminan la escuela?

Hermione se ruborizó, notó de inmediato el espíritu de la pregunta de su padre. Habían entrado tomados de la mano, Hermione les había hablado demasiado sobre Draco la última vez que los vio, ahora creía que ellos eran novios y ella no sabía como Draco tomaría ese interrogatorio viniendo del padre de la chica que besaba en la escuela, pero de la que nadie sabía que estaban en una relación.

Draco no se intimidó, aparentemente, con la pregunta del señor Granger, lo miró sereno como meditando su respuesta

- ¿Qué tanto le ha contado Hermione de mi y de mi familia, señor? - dijo Draco utilizando un tono sereno, pero respetuoso al dirigirse al padre de Hermione

- No mucho, es por eso que estamos aquí ¿no? para conocernos, aunque ya nos habíamos conocido, o al menos nos habíamos visto, en la libreria en Diagon Alley, con tu padre

- Sí, a eso iba encaminada mi pregunta, mi padre maneja diferentes inversiones, y se dedica, o más bien, se dedicaba más que nada a la política, aunque un poco tras bambalinas, si sabe lo que quiero decir, él realmente no tenía ningún puesto oficial en nuestro gobierno, pero tenía influencias a muchos niveles. Él quiere que yo siga sus pasos y que busque un puesto en el ministerio, algo que nos ayude a conservar nuestros privilegios. Pero creo que ustedes ya saben por Hermione que las cosas han cambiado bastante en estos últimos meses en nuestro mundo, nuestra familia ya no tiene el prestigio y los privilegios que tuvimos toda la vida, e independientemente de ellos, a mi nunca me interesó una carrera en el ministerio

- ¿Y que te interesa? - preguntó la señora Granger en forma cautelosa

- Para ser honesto, y a riesgo de sonar un poco inmaduro, el quidditch, aunque la verdad es que no soy suficientemente bueno

- ¿De que hablas? - intervino Hermione - si eres titular en tu equipo desde segundo año y ahora eres el capitan

- Creo que olvidas como fue que llegué ahí Granger, tú misma me lo echaste en cara durante el primer día de mi entrenamiento, ¿recuerdas? - dijo él mirando a la castaña con adoración, gesto que tampoco pasó desapercibido para los padres de la chica. Ellos rieron de su chiste privado. Los padres de Hermione los observaron, y se tranquilizaron.

Claro que habían sentido preocupación de saber con quien pasaba su hija demasiado tiempo últimamente. Ellos conocieron a Lucius y Draco Malfoy cuando insultaron a Arthur Weasley por acompañarlos en la libreria de Diagon Alley, hacía más de 6 años. Hermione les había explicado que había personas dentro del mundo mágico, que no estaban de acuerdo en que los hijos de personas no mágicas asistieran a Hogwarts. Era un tipo de elitismo, habían comprendido eso muy bien. Eso era malo en cualquier comunidad, sea mágica o no mágica. Después ella había sido petrificada por un basilisco que el padre de él había hecho que liberaran en la escuela, en segundo año. En cuarto, ella fue hechizada por él y había tenido que pasar tiempo en la enfermería. Lo poco que ella les había contado de él era sobre su antagonismo con Harry y sus amigos, ellos tenían la imagen de un niño bravucón y elitista.

Y de repente, ella les había dicho que él había cambiado, que lo que era más, ahora eran amigos y que se llevaban muy bien. Lo había puesto como ejemplo de cómo una de las personas mas intolerantes del mundo mágico ahora era amigo de una hija de muggles. Ellos sospechaban que algo más ocurría entre ellos. Habían notado cierto brillo en los ojos de su hija cuando ella les había hablado de él. Luego les había escrito para decirles que les quería presentar al chico. No les había dado más detalles, pero lo sospecharon.

Sus sospechas se confirmaron cuando los vieron llegar tomados de la mano. Estaban realmente preocupados por su hija. Pero ya no más. La forma como él la miraba a ella y la complicidad con la que se trataban les había tranquilizado bastante. Continuaron platicando un rato conociéndose. Draco les contó de su infancia, de sus padres, tratando de no dar muchos detalles sobre el tema de los mortífagos, habían confesado que en la escuela se llevaban pésimo al principio, todo por la rivalidad que el rubio y Harry tenían, pero entre más los veían, más se convencían los señores Granger de que estaban enamorados.

Habían salido del café, habían ido a cenar y ahora estaban en un pub, donde bebían cerveza y el padre de Hermione le explicaba a Draco las reglas del rugby, y miraban el juego mientras hablaban entre ellos. Hermione no se había despegado del lado de Draco, y su madre se sentó junto a ella parar charlar.

- No me dijiste que tenías novio Hermione - dijo su mamá en un reproche cariñoso a su hija

- Es complicado mamá - dijo la castaña ruborizada - sus padres no saben nada, de hecho nadie sabe nada sobre nosotros, es que no sé como lo vayan a tomar

- Dijiste que se habían acabado los prejuicios - dijo seria la señora Granger

- Es cierto, y él ha cambiado demasiado en muy poco tiempo, pero tengo miedo de que no todos sean tan tolerantes como él

- Él te ama, se le nota y tu a él también, estarán bien hija - dijo la señora Granger en tono cariñoso

Hermione sonrió esperanzada. Ella sabía que el rubio sentía cosas por ella, pero no se había atrevido a etiquetar esos sentimientos, el tener el punto de vista de un tercero le había hecho feliz.

Salieron del pub, ya entrada la noche y los chicos se despidieron de los Granger, habían pasado una linda tarde y Hermione no podía estar más feliz de que las cosas hubieran salido tan bien. Fueron a un callejón y mientras los padres de la chica vigilaban, ellos desaparecieron tomados de las manos.

Corrieron al área donde los carruajes esperaban, sólo había uno y al parecer ya no había nadie en el pueblo, así que lo tomaron rumbo al castillo. No habían soltado sus manos en todo el trayecto.

- Esto salió bien ¿verdad? - dijo ella recargada en el hombro del chico

- Bastante, aunque... soy un idiota - dijo él, de modo que ella se incorporó para mirarlo preocupada - olvidé cambiar galeones por dinero muggle, tu padre nos ha tenido que invitar, me siento terrible

Ella sonrió y lo besó en los labios, había estado conteniendo las ganas de hacerlo desde hacía demasiado tiempo

- No te preocupes por eso, lo importante es que se llevaron bien, no sabes lo que significa para mi, ustedes tres son lo más importante en el mundo para mi

Él sintió un vuelco en el corazón, las palabras de la castaña lo habían conmovido hasta el alma, por lo que depositó un suave beso en los labios de la chica y le dijo

- Hermione, yo te quiero - la miró a los ojos y sintió un hueco en su estómago, era la primera vez que lo decía en voz alta - tú eres lo más importante para mi y por eso quiero pedirte 2 cosas: la primera, es que dejemos lo de nuestro "proyecto secreto" - dibujó con sus manos las comillas imaginarias - es peligroso, no sólo porque estamos tratando con magia negra sino porque nos pueden descubrir tratando con magia negra y nos pueden expulsar como mínimo por ello, yo con mis antecedentes iría a Azakabán seguramente y si eso sucede, ya no seré capaz de cuidar de ti, acepté que me ayudaras sólo para pasar más tiempo contigo - dijo ligeramente avergonzado por su confesión - pero, si me concedes lo segundo, eso ya no será necesario - la chica estaba sumamente nerviosa, ella había aceptado el proyecto además de para ayudarlo, también para acercarse a él, si esto terminaba... ella no quería y ya no podía, estar lejos de él.

Él estaba visiblemente nervioso, nunca lo había visto así, finalmente tomó aire y le dijo

- Hermione, ¿me harías el honor de convertirte en mi novia? yo te quiero, sé que no te merezco pero te quiero más que a mi vida, más que a mis padres, más que a nada en el mundo, si me dices que sí, pasaré todos y cada uno de mis días haciéndote feliz y me esforzaré para convertirme en alguien digno de ti, porque tu mereces lo mejor, y me esforzaré cada día por dártelo

Estaba feliz, Hermione no cabía en sí. Ese era el momento más feliz de su vida. No tenía duda al respecto. Ella se sabía enamorada del rubio desde hacía algunos meses, y cada pequeño avance con él la había hecho sumamente feliz, pero esto... era la gloria. Él le había dicho que la quería, y le había pedido convertirse en su novia, le había hecho una hermosa promesa en el camino: que pasaría todos y cada uno de sus días haciéndola feliz. La única manera de hacer eso, era si él se quedaba junto a ella, eso era lo único que ella pedía, por lo que tenía la promesa de él de que siempre estarían juntos.

En el momento en que él había dejado de hablar, ella se echó sobre su cuello y lo besó, con amor, con pasión, con felicidad. Cuando se separaron ella ya estaba bañada en lágrimas

- Claro que sí, te amo y nada me haría más feliz que estar a tu lado todo el tiempo

Y se abrazaron. Ambos estaban felices, al fin, habían aclarado sus sentimientos, habían dado otro paso en su relación, la habían formalizado.