Dicen que estar enamorado es lo mejor que le puede pasar a una persona, te hace realizar las cosas más inesperadas, pero es un estado en el que por más que quieras escapar, no puedes y te engancha como la droga.

Capítulo 2

Mientras caminaba al lugar donde había quedado con Min-chel no dejaba de pensar en la chica de la cafetería, en Shizuru. Sonreía como una idiota con sólo recordar su bello rostro.

-Natsuki, al fin, pensaba que no vendrías- ¿ya he llegado?

Hola! Perdona pero no me di cuenta de la hora, ¿nos vamos?-

-¡Vámonos!- como siempre este bruto tiraba de mí en dirección a las tiendas. Cada vez que sonríe sus ojos se cierran por completo, algo que siempre me ha causado mucha gracia. Este hombre de un metro ochenta y cinco y que ronda los 90 kilos de pura masa muscular, es el novio de mi mejor amigo. Fue a Estados Unidos huyendo de su padre, pues cuando se enteró de su homosexualidad le dio una paliza casi mortal. Desesperado, a sus 20 años y con ayuda de su novio de aquel entonces pudo entrar en territorio estadounidense con la condición de que cuando se establecieran, se casarían y adoptarían un niño para formar una "puta familia feliz", pero con lo que no contó este chico, es que Norteamérica fuese un país tan liberal, con bellos y musculosos hombres hambrientos de sexo que le dan a todo sin importar su raza o condición, haciendo que mi amigo norcoreano olvidara su "pequeña promesa" y viviera su vida tal cual la soñó. Según este achinado de pelo negro lo que más le costó fue aprender el idioma. Dos años después de llegar de corea del Norte, se convirtió en entrenador personal, trabajando en un famoso gimnasio de la zona céntrica de Nueva York. Fue una noche de copas por la ciudad donde conoció a Ettore, quiso llevarlo al cuarto oscuro para…"mantener una conversación más intima", lo que no contó es que este italiano de metro setenta y ocho sería un hueso duro de roer. Pudo pasar de él, pudo olvidarlo y encontrar a otro con quien desahogarse, pero su orgullo de macho dominante provocó que se encaprichara con este y no aceptar un no como respuesta. Estuvieron hablando casi toda la noche ya que el rubio regresaba a Japón por la mañana… el resto de la historia nunca me la contaron pero lo que sí sé es que Min-chel un año después vino a Tokio a visitarlo, al siguiente unas 2 veces más y no fue hasta el tercer año que llegó y se quedó para siempre, de eso ya 8 años. A sus 33 y junto con Ettore de 30, es la pareja más estable que conozco en esta puta ciudad y para seros sincera, forman la pareja perfecta, sin embargo lo que no me entra en la cabeza es que Min-chel es el pasivo de esta relación y sea el rubio paliducho de Ettore quien cabalga a este enorme saco de músculos. Señores ¡Las apariencias engañan!

-¿Crees que le gustará estos pantalones?- creo que te matará si los compras.

-No lo sé, a mí no me gusta- mejor vámonos a casa que estoy empezando a cansarme, pues llevamos más de dos horas viendo tiendas y nada que te decides- Y si… pasas de comprarle ropa y os vais de viaje?-

- ¿De viaje?, no quiero gastarme mucho dinero- ¡pues te jodes!

-Hombre, tampoco te digo que te lo lleves a recorrer el mundo, no sé, podrías iros al campo o a un onsen, conozco un sitio muy discreto donde hay un lago precioso- así podéis follar al aire libre que sé que os encanta.

- ¿Tú crees que le gustará la idea del viaje?- más que esos pantalones de leopardo, sí seguro.

-Claro que sí, es más, él mismo me dijo que estaba aburrido de estar aquí, una escapadita romántica es lo mejor para salir de la rutina.-

Pude convencerlo y regresamos a casa, le di la dirección online del sitio para que pudiera reservar. Yo regresé a mi casa y nada más entrar vi a Midori junto a Nao jugando la Play Station y a Mai con un montón de hojas en la mesa del comedor, seguramente estará trabajando. Típico en ella. Le acaricié levemente la espalda mientras iba donde estaban las chicas divirtiéndose con la dichosa maquinita sentándome en el posa brazo del sofá.

-¿Has dormido bien?- Tiré del pelo de Midori hacia atrás para poder besar su frente.

-De maravilla, Gracias cielo- enterraba una de sus manos en mi cabello tirando hacia abajo y robándome un beso.

-Enserio chicas, ¿por qué no salís juntas?, si hacéis muy buena pareja- ambas reímos

-Porque Natsuki no quiere, no sabes cuantas veces se lo he pedido.- respondía a una Nao que no apartaba la mirada del televisor.

-No es que no quiera, pero tendría que compartirte con todas las lesbianas del país.-

-No se puede tener todo en la vida cielo- una sonrisa maliciosa se dibujó en el rostro de ambas chicas que se debatían en un ridículo videojuego de combate. Me levanté en dirección a la cocina mientras me iba quitando la chaqueta.

-voy a preparar la comida- porque dudo que os vayáis –¿que queréis de comer?- hoy estoy de buen humor.

-¡Hamburguesas!- eso engorda Nao, siguiente!

-Pues a mí me apetece un arroz con marisco de las que tú haces- mmm… no tengo suficiente marisco, ni ganas, Lo siento Midori, ¡Siguiente!.

-A mí una ensalada templada- eres tan predecible Mai.

- Voy hacer Yakisoba que estos fideos están a punto de caducar- dije mientras sacaba los fideos de la despensa y comprobaba la fecha de los envoltorios,pude escuchar las quejas de la gente pero no entendí ni una - Y de postre helado de vainilla con frutos del bosque- que si los calientas en el microondas sueltan el jugo de estos, echándolos por encima del helado te queda un sabor agridulce, para chuparse los dedos. Aún escuchaba las quejas de las amantes de los videojuegos -Y Midori fregará los platos- solté mirándola fijamente para que se callasen de una vez. Y funcionó.

-¿Quieres que te eche una mano?- Mai

-No te preocupes, no quiero interrumpir tu trabajo.-

-no interrumpes nada, ya he terminado, además no tengo nada mejor que hacer.- esto último sobraba ¿sabes?

-Está bien, ¿por qué no vas poniendo la mesa?-

-Sí, déjamelo a mí-

Mai Tokiha, ese es el nombre de esta mujer. Deportista y amante del orden, viene de una familia adinerada. Todas las tardes venía a la hora de comer a la cafetería antes de volver a su trabajo que está en un edificio de la zona. Así la conocí. Vive conmigo desde hace dos años, y por más que me estrujo la cabeza no sé porque aún sigue aquí, malviviendo en una habitación de cuatro metros cuadrados. Tiene un buen trabajo y un elevado sueldo. Terminó la carrera de derecho hace un año y colabora en el bufete de su padre y tío. Una tarde de tantas, mientras compartíamos sofá y manta se lo pregunté. "¿Por qué sigues aquí? ¿Por qué no viajas y te comes el mundo?", la susodicha solo se acomodó y utilizó mis piernas como almohada, soltando lo siguiente "Porque te he cogido cariño Natsuki y siento que este es mi lugar". No le insistí más, desde entonces se volvió mi confidente, le he contado cosas que ni a Midori se las he dicho, su aire de persona responsable y madura me da esa confianza para hablar de temas serios y de tomar decisiones importantes. Aunque no lo demuestre quiere mucho a Nao y si no fuera porque Mai es heterosexual, aconsejaría a Nao para que se dieran una oportunidad, aunque no funcionaría ni en mis mejores sueños.

-Por cierto Nat, ¿quién era esa chica con la que hablabas en el café?- se refiere a Shizuru.

-mmm, ni idea… se puso a coquetear conmigo-

-¿Enserio?- abrió la nevera y sacó dos botellines de cerveza ofreciéndome uno.

-Sí, creía que me iba a vender algo pero no, simplemente quería hablar.-

-¿hablar, de qué?-

-Cosas…- me encogí de hombros levemente mientras me bebía la cerveza. Mai me quedó mirando fijamente dándome a entender que esa no era la respuesta que buscaba –cosas nuestras- dije finalmente, no pensaba darle más explicaciones.

-Ya veo- Sonrió - Y... a ti... ¿a ti te gusta?-

-Pues no lo sé- reí, que no sé a qué viene la pregunta- es muy simpática y hemos quedado mañana para tomar un café-

-Ahh… ¿de verdad?- se terminó su cerveza y dejó los cuencos que acababa de coger en la encimera- Perdona voy un segundo al baño- ¿Será que la conoce?

-Claro, ya sigo yo- Terminé de hacer yo sola la comida, o bueno, lo que viene siendo echar agua caliente y esperar a que se hagan los fideos. Pero oye, son 5 minutos de mi vida que sacrifico para alimentar a estas… mujeres. Eso no lo hace cualquiera. Y también puse la mesa ya que Mai parece haberse ido por la taza del váter. Cuando salió tenía el rostro serio y sin maquillar, seguramente se lavó la cara, aunque no entiendo su cambio de actitud.

-Todas a comer- Dijo Midori en voz alta al verme salir de la cocina con el wok.

-Yo me voy- dijo Nao mientras dejaba a un lado el juego y se ponía la chaqueta del trabajo – Entro en 20 minutos- no me dio tiempo a decir nada, sólo vi como Midori le daba dinero de mala manera por haber perdido una apuesta y un segundo después se cerraba la puerta.

Nao, Nao Yuuki es la más joven de todas nosotras y la última en incorporarse a este piso. Es la "niña" de la casa, la que aporta frescura y alegría la mayor parte del tiempo. Amante del desorden y de perder el tiempo en tonterías se ha ganado a pulso un lugar en esta familia. Quiere mucho a Mai y me alegra decir que también a Midori. A Nao la conocí en una discoteca. La vi bailando y me enamoró, bueno, en realidad no, simplemente quería llevármela a casa y tirármela y estuve a punto sino hubiese sonado su teléfono, era su papá que la llamaba porque no había vuelto a dormir. Bromeé diciendo si tenía quince años para que su padre este pendiente de ella. Mientras me desvestía me dijo que exactamente tenía dieciséis. En ese momento se terminó la noche para mí, cogí sus cosas y la eché de casa. Estuve a punto de ir a la cárcel por un problema parecido en el pasado y no me la iba a jugar por veinte minutos de placer, intenté que se fuera de la puerta pero era inútil, después de hablar un tiempo de sus problemas en su casa y por las razones por las cual no quería volver la dejé entrar para que durmiera en el sofá y así evitar un escándalo mayor. Después de aquel día no supe nada de ella hasta hace unos nueve meses atrás que coincidimos en el mismo vagón del metro por la noche. Había cambiado físicamente para mejor, con aires de chulería se acercó a mí y me recordó quien era. Dijo que me recordaba muy bien pues era la única en su corta vida que la había rechazado, la ignoré por completo ya que en ese momento sólo me apetecía volver a casa, tomarme una cerveza y fumar algo que me ayudara a olvidar ese día de mierda. Mi arrogancia en vez de alejarla la atrajo más y me ofreció terminar lo que dejamos a medias aquella noche y yo acepté encantada. Para sus diecinueve había estado con el triple de chicas que yo a su edad y después de hablar de la vida, a quien le compro la maría y que ella me la puede conseguir de mayor calidad nos despedimos para nunca más volvernos a ver. Al salir se dio cuenta que alquilaba una habitación y se ofreció ocuparla, le dije que no pero al ofrecerse pagar tres meses por adelantado no tuve ninguna objeción y desde entonces vive con Mai y conmigo. No nos volvimos a acostar y en realidad lo prefiero así, la quiero más como una amiga, como una hermana menor a cual proteger y dar la cara por ella aunque no se lo merezca. Ahora a sus veinte, dejó la universidad y se dedicó a trabajar para una agencia de fotografía como ayudante, creo que ahora tiene un cargo mayor que no recuerdo muy bien de que se trata.

-Parece que hoy tengo ración doble- dijo Midori con una gran sonrisa en el rostro. Las tres nos sentamos alrededor de la mesa -Wow, tiene una pinta exquisita para ser de sobre- golpeé su mano con unos palillos al intentar meter los dedos en la comida.- Por cierto Nat, hoy me quedaré a dormir contigo espero que no te importe- Ni hablar.

-Será una broma ¿no? –

-No, no lo es- me guiñó un ojo – ¿me pasas el arroz?

-No hay arroz- dijo Mai

-¡¿No has hecho arroz?!-

-¡Come!- señalé su cuenco con los palillos –Y no te vas a quedar a dormir, ¡ni de coña!- La escuché como me daba escusas patéticas lo cual iba a responder pero las vibraciones de mi móvil hizo que desconectara de la pelea y mi cara cambió al leer el mensaje. "Ya quiero que sea mañana ^^ besos. Shizuru" – Midori…- Suspiré- has lo que quieras…-, guardé el teléfono en mi bolsillo-… estás en tu casa- sólo me queda que pase el tiempo volando y que vuelva amanecer.


El tercer capítulo tardará un poco más. Aah y por cierto, FELIZ AÑO NUEVO!

¡Hasta la próxima!