Aunque llueva a cántaros, haga un frío que provoca no salir de la cama y en las noticias semanales de mi horóscopo diga que será mi peor semana del año, sabía que nada ni nadie podía estropear mi cita de las 10.

Capítulo 3

Tengo que decir que no pasé una buena noche, entre las patadas de Midori, el viento helado que entraba por las rendijas de la ventana y el pensar en el vestuario correcto para mañana hizo que no pegara ojo y me desvelara. La mujer que dormía a mi lado, se dio la vuelta y me abrazó.

- ¿Qué pasa? ¿Mucho café?-

- No es nada- me di la vuelta dándole la espalda –sigue durmiendo- acaricié su brazo con cual me abrazaba

- Venga Natsuki- se apegó más a mi espalda- desde cuando tienes secretos conmigo, vamos ¡escúpelo!-comenzó a restregarse descaradamente.

-Mañana tengo una cita- se enterará de todas maneras.

-¿Una cita?- se incorporó levemente buscando mi rostro - ¿Con quién? ¿La conozco?- sonrió burlona

-Espero que no- reí, que no me hace gracia saber que ya se la haya tirado- Se llama Shizuru y la verdad… no la había visto por aquí-

-¿Cómo es?-

-Pues es amable, divertida, tiene el pelo…-

-¿Digo que si está buena?- esta buenísima.

-Si, es muy guapa- me puse nerviosa sin motivo alguno.

- ¿Y qué es lo que te preocupa?- Me giré mirando hacía el techo. Cansada, exhalé profundamente, pues yo misma llevo haciéndome la misma pregunta todo el día.

-No lo sé,-me llevé las manos a la cabeza.-no sé qué me pasa, nunca me había sentido así- así de nerviosa quise decir.-

-¿Es por ella, por esa chica?- No, es por tu madre, ¡idiota!

-claro que sí y es ridículo- la miré directamente a los ojos. - ¿no crees?-

Acostada de lado recargando su cabeza en una mano Midori escuchaba mis tonterías mientras acomodaba los mechones de mi pelo que tenía por todo el rostro, dio un profundo suspiro de tristeza y dijo.- ¿el qué? ¿Sentir algo por una mujer que acabas de conocer?- Se acomodó en su sitio con las manos detrás de la cabeza -Llevo toda la vida riéndome de las personas que creen en los flechazos, en el amor a primera vista y mírame ahora, suspirando amor como una fan de Justin Bieber-

-¿Qué hago Midori?-

A ti esa chica ¿te gusta? – Asentí levemente - pues sal con ella, ¡diviértete! Y sino funciona por lo menos tendrás el recuerdo de haberte tirado a una tía buena.-

-… -

-Aaarg!- gruñó- olvídate ya de Jill, esa mujer no volverá Natsuki- leyó mis pensamientos. Tiene ese don.

-Lo sé… es sólo que…-

-Que ¿qué?-

-No quiero enamorarme de nuevo- Midori me abrazó y me cubrió completamente con las mantas, diciéndome que todo iba a salir bien, y no sé porque pero cuando estoy con esta mujer me siento segura y hace que todo sea más fácil.

Midori Sugiura, mi amiga, mi hermana, mi primer amor y mi única familia. Conozco a esta demente desde los 12 años. Coincidimos en la escuela secundaria. Éramos las típicas niñatas que pasaban más tiempo en la oficina del director que en las aulas, provocando la vergüenza de nuestros padres y una jodida mala reputación. Me enamoré de ella desde el primer momento en que la vi, cambiándose el uniforme entre los jardines traseros del colegio y poniéndose su jersey rosa, sus vaqueros rasgados y sus zapatillas de marca, pero lo que más me gustaba era su chulería, tan arrogante y sexy a la vez. Aunque éramos inseparables, no me atreví a confesarle lo que sentía por ella hasta cuatro años después. Lo intentamos varias veces pero nunca funcionó y a decir verdad la prefiero más como amiga. Midori comenzó a trabajar a los 15 años con carnets y nombres falsos, tan falsos y ridículos que la mayoría de sus jefes la contrataban sólo por poder llamarla por su supuesto nombre y así burlarse de ella. Con el tiempo empezó a tener varios trabajos. Era ese tipo de chica que no encontraba su lugar ni con una brújula, aunque quién lo encuentra en estos tiempos. Andaba de curro* en curro como una peonza, porque se cansaba, o porque se aburría, o porque encontraba algo mejor, o porque la echaban. Donde no fallaba nunca era en los bares y antros*, ya que, aun siendo un poco torpe como camarera, era rápida y seria. No se entretenía en boberías, ni se emborrachaba gratis, ni tampoco sabía entablar una conversación con nadie. Llegaba, hacía su trabajo y se iba. A final de mes le pagaban en negro: algo menos de unos ciento veinticuatro mil yenes. Una puta mierda. Así qué una noche, Midori esperó a que el bar se vaciara de clientes y guardó en su falso bolso de Nike la recaudación de la caja, y también la recaudación de la otra caja, la de seguridad, la que su jefe de procedencia extranjera creía que la mantenía a salvo detrás de un cuadro horrible de su hija haciendo la comunión. Y una botella de vodka, qué demonios ya que estaba, ¿por qué no?. Cerró la puerta, bajó la persiana de metal y se despidió de algunos borrachos que todavía rondaban la zona. Junto a sus tetas, bien apretaditos, unos tres millones de yenes en moneda extranjera le seguían el ritmo. Aquella madrugada, la madrugada de mi decimoctavo cumpleaños llegó a mí casa y me ofreció hacer realidad nuestro más anhelado sueño, ir de mochilero por Europa. No me lo pensé, ni por un segundo y con todos nuestros ahorros metidos dentro de una lata de conservas, más el plus que consiguió aquella noche, entramos en una página web buscando los billetes más económicos a cualquier parte de Europa que saliera aquella madrugada. ¿Primer destino? ¡Aeropuerto de Bérgamo, MÍLAN! Al llegar ahí pasamos de todo, desde comer como cerdas hasta emborracharnos y comenzar a discutir con estatuas de bronce. Seguro que si entro en YouTube y escribo en el buscador "China loca discutiendo con estatua por milan", aparezco yo y con Midori en el fondo. Los siguientes días dormimos en la calle, teniendo que mendigar para poder comer, ya que no recordábamos en que hostal nos habíamos hospedado y tampoco podíamos comunicarnos con la gente porque no nos entendían, o creían que les íbamos a vender alguna rosa y huían de nosotras, o porque simplemente nuestro aspecto daba mucha grima*. Con el tiempo y gracias a nuestro nefasto inglés escolar conseguimos llegar a la embajada Nipona. Nos ayudaron con algo de información pero el guardia que Midori se ligó nos ayudó mucho más, con algo de ropa, dinero y hasta nos consiguió trabajo, desde entonces fue coser y cantar. Pasado un largo tiempo hicimos buenos amigos y recorrimos más países, éramos como nómadas, sin hogar, sin rumbo pero felices de poder seguir juntas y vivir como queríamos. Cuando llegamos a Paris, dejamos a nuestros amigos seguir su camino y nos instalamos allí. Era el lugar perfecto, la ciudad soñada de mi mejor amiga y para mí no estaba mal. Con el poco dinero que nos quedaba, Midori sé apuntó a una escuela de Arte y aunque no lo crean con unas calificaciones pésimas pero suficientes logró sacarse la carrera de bellas artes. Carrera que no le ha servido de nada ya que siguió trabajando en una discoteca sirviendo bebidas detrás de una barra y sigue haciéndolo hasta el día de hoy. Por mi parte, terminé unos estudios de repostería y comencé a trabajar en un restaurante como ayudante. Una mañana fría de invierno conocí a una bella mujer, su nombre era Jill, entró al local donde trabajaba para desayunar antes de empezar su jornada laboral. Nunca olvidaré lo que ordenó. Un café, un café corto y sin azúcar. Era una mujer alta, de melena oscura, tenaz, fuerte, independiente, exigente, luchadora, dedicada a su trabajo y sobretodo; estaba para comérsela. Con sólo una mirada de esos ojos color amatista, me enamoró y me robó el corazón para siempre.

Ella lo supo en aquel mismo instante, sabía que si ella decía siéntate yo obedecería como un maldito perro faldero. Aprovechándose de eso Jill me tuvo comiendo de su mano durante muchos meses. Me hizo suya, me hizo sentir mujer y por primera vez en toda mi existencia sentí que por fin, después de años viajando había encontrado mi lugar en el mundo, y que no era otro que estar en su cama, abrazada a ella sintiéndome protegida y amada. No sabía casi nada sobre ella, sólo que era mitad japonesa mitad alemana, que había nacido al sur de Brandeburgo y que llegó a París porque su trabajo así lo requería. Pero de la misma forma que entró en mi vida desapareció, sin dejar rastro alguno. Por mucho tiempo la busqué pero no la encontré. Lo único que me dejó fue una nota de despedida diciendo que su trabajo en Paris había terminado, un beso y un "cuídate", destrozando mi corazón, destrozándolo todo.

Cansada, humillada y jodidamente cabreada decidí que era la hora de que volvamos a casa y así dejar atrás estos cinco años que para mí fueron los más desesperantes, agobiantes, y sobretodo excitantes de mi vida. Al llegar a Tokio, Con 23 años nuestras vidas fue más de lo mismo. Fiesta, sexo, trabajos a tiempo parcial y más fiestas. Una noche de esas conocí a Nao, la muchacha que me enseñó a mirar primero el carnet de identidad de las chicas cuando su edad me parecía dudosa antes de tirármelas.

Los días, semanas e inclusos algunos meses pasaron sin que me diera cuenta llegando a un punto en el que ya todo me aburría, hasta que esa mañana llegó, esa mañana de domingo pro-resaca en el que te prometes que será la última vez, he tenido muchas mañanas de domingo de esas en la que me mentía a mí misma, pero esa era la buena, tenía que cambiar el chip. Y lo hice. Buscando trabajo por la gran capital Tokiota conocí a Ettore ya que su padre me ofreció trabajo en su local al responder la mayoría de sus preguntas en su lengua natal. Que puedo decir, me gané su cariño y un puesto en su local. Dos años y medio después sigo aquí, a mis 26 recién cumplidos puedo decir con orgullo que he vivido mi vida, he marcado mi cuerpo con tinta sin que la mayoría se percaté de ello, he reído hasta no poder más y he llorado hasta la última lagrima de mi ser. He antepuesto mis sueños ante mis obligaciones, ante que personas que amo. ¿Soy una egoísta? Puede que sí, puede que sea algo que he aprendido a lo largo del tiempo o que siempre ha formado parte de mí ser. No lo sé ni mi importa. No me arrepiento de nada de lo que haya hecho.

- ¿A qué hora has quedado con esa chica?- preguntaba una Midori que estaba más dormida que despierta.

- ¡ya casi es la hora!, ¿que tal estoy?- me di la vuelta para que pueda verme mejor.

-¡Estas guapísima!- ¡pero ni siquiera me estás mirando! Fui hasta ella rebatándole el edredón con cual se cubría. Esta sonrió y se recostó en la cabecera de la cama intentando despertarse.

- Natsuki… -

-¿Si?-

-…- me pregunto que me pedirá esta vez.

- Venga Midori, que ocurre… ¿necesitas dinero?- pregunté resignada.

-Nada, no es nada- sonrió mirando hacia otro lado, lo que significa que lo que me quiere pedir es algo más complicado. Me senté a su lado, y la interrogué con la mirada. Como respuesta esta me abrazó – No la beses con lengua en tu primera cita- ¿por qué no?

-No me iré hasta que me digas que es lo que te ocurre- dije mientras la separaba de mí delicadamente -Es por Kai ¿verdad?- bajó la mirada y sonreía mientras una lágrima resbalada por su mejilla. –No me digas que esa perra… ¿te está molestando?-

-…-

-joder, se va enterar de quien soy yo- me levanté de golpe, pero inmediatamente me volvió a sentar con un rápido tirón.

-se ha mudado al frente de mi piso- acomodó sus manos encima de su cabeza – quiere volver conmigo-

-¡Ni se te ocurra!- resopló el aire con fuerza. – No quiero que ni lo pienses Midori-

-le he dicho que no…- se quedó en silencio unos segundos – pero vuelve a insistir- ahora era yo quien resoplaba con fuerza – por eso quería pedirte un favor- con un movimiento de mano indiqué que prosiguiera – puedo quedarme unos días aquí…-junté sus manos con las mías y las besé tiernamente.

-Claro que sí-

-Sólo serán unos días, lo prometo-

-No necesitas decirme eso-

-No quiero que tengas problemas con tus compañeras de piso-

-Hey…- la atraje hacia mi para que se recostara en mis piernas- puedes quedarte el tiempo que quieras,-acaricié su cabello - es más, quiero que te mudes aquí.- sonreí.

-¡No!- e intentó levantarse pero no se lo permití - sólo serán unos días-

-Sólo bromeaba- te quiero pero no tanto. -pero puedes quedarte hasta que esa furcia se vaya de tu edificio-

-No creo que tenga intenciones de irse- dijo mientras esquivaba mi mirada.

-Es una muerta de hambre cariño, no creo que dure más de un mes en ese costoso piso- con un suave movimiento hice que me volviera a mirar.- y no dejaré que te vayas de aquí hasta que eso ocurra-

- ¿Y donde me instalaré?-

-En el salón, el sofá es muy cómodo-

-¿Estás segura?, sé que tendrás problemas con tus amigas.-

-El problema lo tendrás tú sino te comportas- reí mientras iba al espejo para mirarme por última vez antes de salir- y si no les gusta ahí tienen la puerta- la miraba a través del cristal guiñándole un ojo.

-¿Harías eso por mí?- preguntó con la chulería con cual me enamoró.

Me acerqué a ella -Eso y más- la besé en los labios como signo de que decía la verdad. En ese momento entró sin llamar Mai, que se disculpó al ver nuestra pequeña escena de amor.

-Me preguntaba si vas a desayunar-

-Yo no- miré a Mai- pero Midori si ¿verdad?- le limpiaba el carmín de los labios por nuestro beso de antes.

-¿Te quedarás a desayunar?- Tokiha la miró con desdén. Esta iba a responder pero la interrumpí.

-No sólo eso, sino que también se vendrá a vivir con nosotras un tiempo- Midori bajó la cabeza esperando las reclamaciones por parte de Mai.

- Estás de coña ¿no?- se cruzó de brazos.

-¿Tengo cara de estarlo?- la miré seriamente.

-¿Y dónde dormirá?- desviaba su mirada hacia Midori- ¿aquí? ¿Contigo?-

-¿Algún problema?- me mantuve firme pues sabía lo que se me venía encima.

-Nat, ¡ya hemos hablado de esto!- reclamó enfurecida.

-déjalo Nat, me iré a mi ca...-

-¡Tú te callas!- silencié a la mujer que yacía en mi cama- y tú- señalando a Mai- No me digas que hacer en mi casa- alcé la voz y puede que me haya pasado un poco.

-No puedo creer que me estés haciendo esto Natsuki sólo porque ella te lo pide- la señaló con el dedo mientras yo me llevaba una mano a los ojos e intentando tranquilizarme.

- Todas pagamos lo mismo, todas somos iguales, por favor, colabora un poco- Puse mis manos sobre sus hombros.- lo está pasando mal, necesita mi apoyo- busqué un poco de piedad y darle lástima, un poco, siempre me funciona con Mai.

- Si tanto te necesita por qué no vas tú a visitarla a ella.- Regresé a mirar a Midori, enarqué una ceja y ella respondió con una sonrisa a la pregunta que no formulé-

- Es una opción- dijo Midori

-¿Estás segura?-

-Sí, ¿por qué no? Ya lo hemos hecho otras veces-

-Lo haremos esta tarde-

-¿Hacer qué?- preguntó Mai, siempre le ha molestado nuestra forma peculiar de comunicarnos.

-Me mudaré con Midori- unos días quise decir, que remodelar esta habitación me ha costado lo mío.

-¡No puedes hacer eso!-

-¿Ahora decides por mí?- la miré desafiante- ¿Quién te crees que eres? ¡¿Mi madre?!-grité. Nao salió de su habitación y Ettore entró seguramente por los gritos. Cogí mi chaqueta y fui directamente hacia la puerta, no tenía tiempo para disculpas, llegaba tarde a mi cita.

Bajé rápidamente las escaleras, y entré por la puerta trasera del local, intenté tranquilizarme para que Shizuru no se diera cuenta de mi mal humor pero fue inútil.

-¿Estas bien?, te ves un poco irritada- acariciaba mis mejillas delicadamente.

-Estoy bien, no es nada. – dije casi en un susurro- ¿nos vamos?-

-Claro, ¿no haz desayunado aún verdad? Conozco un sitio genial.-

-Aun no, pero espero que la comida sea buena, no como cualquier mierda- esto ultimo lo solté sin darme cuenta- perdón, quise decir…- ella simplemente rio por lo bajo.

-Te aseguro que te va a encantar- me cogió de la mano para salir juntas del café. Alague su vestuario, por su forma de vestir tiendo a pensar que tiene un buen trabajo o es la típica ladrona de tiendas que envuelve las chapas con papel aluminio, aunque prefiero que sea lo primero. Desayunamos tranquilamente en un pequeño local que era algo pijo para mi gusto. Su forma de hablar, de moverse y su sonrisa fue un coctel perfecto para que me quedara embobada con sólo verla. Dimos un paseo corto y después de un tiempo me llevó de regreso a mi casa.

-Este coche te habrá costado una pasta- pues es un mercedes Benz.

-Bueno, un poco- dijo – me gustaría pasar más tiempo contigo pero tengo que ir a trabajar- acarició mi mejilla con un dedo- podemos quedar por la noche, después de tu jornada-

-si, estaría bien- nos quedamos mirándonos durante unos segundos. Sonreía mientras se acercaba lentamente, no pude evitarlo y acorté distancia dando paso a nuestro primer beso. No sé cómo describirlo, fue lento, corto y dulce a la vez. Me baje del coche no sin antes decirle donde la esperaría esta noche.

Entré a casa y vi a Mai retirando unos libros de la estantería de la esquina o lo que se suponía que era su rincón de trabajo. Durante un momento se dedicó a observarme, por si hacía o decía algo, al momento salió Nao y Ettore de la habitación de esta.

- Siento lo de esta mañana- dije mientras dejaba las llaves y la chaqueta en el sofá.

-Es igual- Mai seguía con lo suyo.

- No, no es igual- me acerqué a detener lo que estaba haciendo- pero sabes que me molesta mucho como tratáis a Midori. Si por lo menos le dieras una oportunidad…-

- Le hemos dado muchas oportunidades- Ettore tu ni siquiera lo has intentado- pero ella siempre hace lo que le da la gana- se cruzó de brazos- y sinceramente, no quiero que ella vuelva esta casa, lo siento Natsuki, pero es mi última palabra.-

-¡¿Qué?! ¿¡Pero que mierda me estás diciendo?! ¡Esta es mi puta casa, Ettore! Tenemos un contrato, ¿¡Lo recuerdas?!- Me acerqué a él-

-El contrato se caducó hace dos meses.- Mai y Nao quisieron intervenir pero fue tarde.

-¿Me estas echando?-

-…-

-Muy bien- volví a coger mis cosas del sofá –será como tú quieras- ¡portazo!

-Espera Natsuki no…- no escuché lo que me quería decir Ettore y tampoco me importó. Salí en busca de Midori, tenía que hablar con ella. Fui a su departamento y entré con mi copia de la llave, copia que no sabe que existe. Al no encontrarla decidí ir al segundo lugar que iría.

- Buenas tardes Yukiko- la madre de Midori- ¿esta su hija aquí?

-Hola niña… pasa, pasa- me invitaba a entrar, olía a alcohol a leguas- esa ingrata no está y dudo que venga- es la una y media y ya esta con la botella.

-vaya, yo pensaba que estaría aquí, la llevo llamando durante un rato, y en su departamento tampoco está. ¿Sabe donde podría haber ido? – caminamos hacia la cocina.

-esa idiota podría estar en cualquier sitio, ya sabes como es.- me invitó a una cerveza-

-Lo siento pero me tengo que ir.- la rechacé - otro día-

-Vamos, vamos pequeña, siéntate y relájate- me la volvió a dar – hace mucho tiempo que no me visitas- ¡pero si vine la semana pasada! – Es más, te vas a quedar a almorzar – dios santo ahora recuerdo porque Midori casi nunca viene a visitarla – voy a preparar tu plato favorito, Omu-Soba.-

- Ese es el plato favorito de Midori- se tambaleó a causa de la borrachera que llevaba encima y por un momento creí que ya besaba el piso- déjame, ya lo hago yo.- me quedé toda la tarde con Yukiko. Es una buena mujer, desde que la conozco siempre ha tenido problema con la bebida. Tuvo a Midori a sus 42 años, como dice su propia hija "fui su última noche tonta". Tiene 2 hijos más. Hikaru y Kaoru, unos buenos chicos. Yukiko volvió a revivir los mejores momentos que pasamos en esta casa hace años atrás, siempre lo hace. Supongo que es lo último que le queda, pues sus hijos se fueron cuando tuvieron oportunidad. A sus 67 años ya se le va un poco la pinza, será por la cantidad de alcohol que bebe, aun así, por la gran paciencia que se me caracteriza estuve con ella todo el día hasta que se quedó dormida. Después de acostarla en su cama me fui de allí para mi segundo trabajo, con el cual me gano un dinerito extra pues eran las 5 y media y sólo me quedaba media hora para entrar a trabajar. Cuando terminé mi jornada fui rápidamente a casa para darme una ducha y cambiarme de ropa. Había quedado con Shizuru a las doce y media en el local donde trabaja Midori y no quería hacerla esperar. Al entrar pude ver a esta en la barra con una clienta.

- Nena ponme una copa- dijo una de las mujeres de la barra.

- Escúchame Sae, ya estas borracha como una cuba y no creo que ningún hombre quiera llevarte a su cama, así que mueve el culo y vete a tu casa.- Me acerqué para que Midori se percatara de mi presencia. – ¿hola guapa, te pongo algo?-

- Eh, eh, yo te lo pedí primero- dijo esta mujer mientras chasqueaba los dedos. Midori solo la regresó a mirar y con eso ya fue suficiente para que la mujer cogiera camino.

-¿Pero dónde estabas? Te he buscado por todas partes, he ido hasta la casa de tu madre-

- ¿Enserio?, cuanto lo siento. ¿Un chupito?. –

-Midori!…-que no estaba para bromas.

-Pues donde me dejaste, en tu habitación- reía mientras se apoyaba en la barra – y tranquila, puedes quedarte en mi casa el tiempo que haga falta.-

- Gracias- cogí su mano.

-Siento lo de esta mañana-

-tranquila- me bebí el chupito de tequila que tenía en la barra y con un gesto le pedí otro.

- ¿y que piensas hacer? ¿Alguna idea?-

-No, pero improvisaré, se me da bien- Lo llevo haciendo toda la vida- Midori iba a decirme algo pero su mirada se quedó clavada en la entrada del bar, seguí su trayectoria y allí estaba ella.

-Oh, ya está aquí, - alcé la mano para que Shizuru me viera.

- ¿esa es la chica de esta mañana?-

-Sí, es guapa ¿verdad?- sonreí pues me hacía gracia como Midori la miraba.-

-Se me hace familiar… - dijo mientras entrecerraba los ojos. – en fin, vete no la hagas esperar, pero estoy segura que yo la he visto antes…-

-Que sí, mañana me lo cuentas en la mudanza.- me bebí el chupito- te quiero, ten cuidado al volver a casa ¿vale?- no escuché su respuesta por lo alto que estaba la música, sólo enfocaba la cara de Shizuru que me esperaba con los brazos abiertos.


Al dejar a Natsuki en su casa conduje hasta mi trabajo, por el camino una llamada llamó mi atención, al mirar quien era sonreí y la acepté.-

-¿Qué tal ha ido?- dijeron al unísono las tres mujeres que estaban al otro lado del teléfono.

-ha caído en la trampa- dije con algo de arrogancia.

.

.


Esto es todo por hoy. Espero subir pronto el otro capítulo. Gracias por leer.

Hasta la próxima.

Curro= Trabajo.

Antro= Local o establecimiento de mal aspecto o reputación.

Grima= dar asco o miedo.