Youko es la única que puede ayudarme a salir de este marrón.
Capítulo 6.
Miércoles.
Eran las seis de la mañana pasadas según el reloj que estaba en la mesita de noche, miré a mi alrededor confundida pues nada me era familiar, me giré lentamente y me encontré con la cara de Natsuki que aún seguía durmiendo a escasos centímetros de la mía. Eche un vistazo debajo de las sábanas que nos cubría para confirmar que ambas estábamos sin nada de ropa. Retiré con delicadeza su brazo con cual me abrazaba y me levanté de la cama para dirigirme al baño a hurtadillas. El espejo me desveló que el poco maquillaje que quedaba en mi rostro estaba totalmente corrido. — ¿Que cojones estás haciendo Shizuru? — reprendí por todo lo que había pasado en estos tres días a la imagen que el cristal reflejaba. No podía pensar con claridad, aún seguía mareada por la cantidad de sake que Midori me brindó cuando veíamos el partido de la selección japonesa de futbol contra no sé qué país y la media botella de vodka que me bebí con Natsuki en esta habitación. Me senté en la taza del váter para intentar tranquilizarme y pensar con claridad, todo estaba pasando demasiado rápido, se suponía que saldría con ella en plan amigas y que dejaría los besos y el sexo al final, pero no, todo ha pasado al revés, todo estaba saliendo mal. ¿Por qué acepté esa estúpida apuesta?, ¿Por qué me dejé liar por mis amigas? Tenía que haber hecho caso a Youko y decir que no, no debí haber aceptado nada, para colmo, Natsuki era una chica muy lista, sabía que era cuestión de tiempo que descubriera toda la verdad. Solo le bastó un día para hacerme desembuchar que no soy quien dije ser, ¿qué pasaría si se enterara que todo es una farsa?, no podía permitirlo, no podía permitirme perder esa gran cantidad de dinero, lo necesito y necesito ganar para demostrar que nadie desafía a Shizuru Fujino y sale victorioso.
Ya más tranquila y con la cara limpia, Salí de mi escondite con la intención de vestirme y marcharme sin despertarla. — Natsuki…—. Dije al verla dormida. Me llevé las manos a la boca por reflejo, pues la intención era marcharme a hurtadilla para evitar responder a más preguntas que no podía contestar sin cagarla o delatarme más. Maldita borrachera, aun me seguía afectando. Me quedé quieta en mi sitio para evitar hacer más ruido, al ver que no se despertó, la contemplé por un momento, estaba en una postura imposible, en vez de dormir parecía que estaba posando para una sesión de fotos, casi boca abajo, con el cabello revuelto y con casi todo el antebrazo fuera de la cama. Parecía una posición muy incómoda, me recordó a mi hermano pequeño cuando se quedaba frito en el sofá después de pasarse horas jugando con la consola. No pude evitar sonreír por la mala jugada que me acababa de hacer mi cerebro, pues comparar a unos de mis seres más queridos con esta persona que me era totalmente desconocida fue algo que no me lo esperaba. Entonces vi algo que me resultó familiar, vi un tatuaje, la cara de un lobo. Recuerdo a ver visto una mancha negra en su cuerpo anoche, la imagen de un animal, pero no era del todo oscuro, también tiene colores, colores fríos que se mezclan entre sí. Me acerqué a ella y me puse en cuclillas para verlo mejor, ocupaba casi toda la zona de las costillas en su costado izquierdo, del tamaño de la palma de mi mano o puede que un poco más. Poseía una mirada verde muy intensa y me atrevería a decir también algo desafiante, como si en cualquier momento saltaría a atacarte, pero la intención desvanecía con la pequeña sonrisa lobuna que se extendía por sus labios, dando la impresión como si te estudiara, te vigilara o incluso, diría que te saludaba muy falsamente. Era un tatuaje que cambiaba de expresión dependiendo de cómo lo miraras. ¿Por qué se tatuaría algo así? ¿Qué significado tendría? Si su intención era dar miedo lo conseguía con creces pues la cara era tan realista que parecía retarte a acercarte para cerciorarte de que si se trataba de un animal de verdad o solo piel marcada con tinta. Salí de mi trance con un ligero movimiento de cabeza, pues no podía perder más tiempo, tenía que salir de aquí y regresar a casa. Necesitaba una ducha, un café y a mi mejor amiga para poder ordenar mi cabeza. Me incorporé y comencé a buscar mis ropas por la habitación. Empecé a vestirme lo más rápido que podía sin hacer ruido, lo tenía todo excepto mi bolso, miré debajo de la cama, a mí alrededor, entre las sábanas que caían por un lado de la cama pero no lo veía por ninguna parte. Me dejé caer pesadamente en la silla del escritorio. — mierda…— dije con la voz amortiguada por mis manos. Tenía que rebobinar mi mente para recordar donde fue la última vez que lo vi, me centré en un punto fijo para concentrarme pero no funcionó. Resignada, me puse a mirar la habitación. Con menos alcohol en la sangre me fijé en pequeños detalles en los que no había reparado horas atrás, como la alfombra de color vino bajo el escritorio y los tres libros que había sobre una de las mesitas. Guapa, inteligente, entendida en arte, sabía cocinar y hacerte llegar al orgasmo… y además leía. ¡Dios, esta mujer lo tiene todo!
Cerca de una pequeña estantería estaba la puerta que daba al baño que yo había usado a toda prisa hace unos minutos. Era amplio; encontrabas de frente una pila grande, con un mueble de madera gruesa y un gran espejo y a la derecha una ducha con una mampara de cristal. Pero mi vista se quedó clavada en unos pequeños cuadros que estaba cerca de la puerta que daba al diminuto balcón que según Natsuki, era "su rincón". Me acerqué y lo estudié con ojos curiosos. Eran cuatro fotografías que rodeaban a una más grande en las que solo salían Natsuki y Midori–san. Todas ellas parecían ser en lugares y tiempos diferentes. En la primera, con efecto de ojo de pez, salen saltando con la torre Eiffel de fondo. Justo al lado, una selfie en la que Midori está remando vestida de gondolera, con un brazo estirado y dando la impresión que estuviera gritando o cantando junto a una joven Natsuki en primer plano que no puede parar de reír. Debajo de estas dos fotografías estaban las otras dos, en la primera están montadas cada una en motocicletas de motocross con los trajes totalmente llenos de barro y como siempre, sonriendo. Y en la otra, de espaldas y en bikinis, sentadas en una gran roca en el cual Midori abraza y besa la frente de Natsuki quien mira el infinito océano donde el atardecer tiñe el mar y el cielo de un color miel. En una esquina está escrito "Nunca me iré". Y en el centro, en medio de las cuatro fotos de antes, una fotografía en blanco y negro más grande que las demás, retrataba a una joven, en las que se mostraba desnuda pero no se enseñaba nada, sentada y apoyada en un árbol, estirando el brazo para acariciar la cabeza de un… ¿lobo?.
— ¿Te gustan? — dijo Natsuki arrancándome un grito.
— Dios… ¡me asustaste! — me llevé las manos al pecho por el sobresalto.
— Lo siento— dijo con una sonrisa burlona en los labios mientras se levantaba de la cama y se acercaba a mí.
— ¿Eres tú? — pregunté señalando a la chica de la fotografía.
—Sí— asintió.
— ¿Quién hizo la foto? —.
—Midori—sonrió.
—Es preciosa —le dije—.Una luz perfecta. Es como…, como si susurrase algo.–
—Le gusta jugar con las sombras — añadió.
—Así que la fotografía es uno de los hobbies de Midori–san — dije girándome de nuevo para seguir contemplando la imagen.
—Es fotógrafa profesional— respondía mientras metía detrás de mí oreja un mechón de pelo.
— ¿Y por qué trabaja de camarera? —.
—Midori prefiere no vivir de lo que le apasiona, pues cree que si abusas de algo pierde su magia— me besó el cuello haciendo que mi respiración se acelerara, últimamente tenía ese efecto en mí y eso me asustaba. — ¿Quieres que te fotografié a ti también? —. Me giré hacia ella sorprendida pues no sabía si lo decía en serio o era para provocarme.
—Me encantaría— Ni muerta me haría una fotografía así, y mucho menos para que sea expuesta donde todo mundo pueda verla. Su sonrisa se ensanchó en un solo lado de su cara, recordándome brevemente la sonrisa de su tatuaje.
— ¿Te vas? —
—Sí, tengo una reunión a primera hora, tengo que pasar por casa antes de ir a trabajar. —
—Espera, te acompañaré hasta tu coche— Agradecí y esperé sentada en el filo de la cama mientras veía como se vestía. Entonces recordé porque no me había ido antes.
—No encuentro mi bolso, ¿sabes donde está? —
—Tiene que estar por aquí —dijo mientras comenzaba a mirar alrededor suyo.
—Lo he buscado, no está aquí—.
— ¿Has mirado fuera? ¿A lo mejor te lo dejaste en el salón anoche?—.imposible, recuerdo haber entrado en la cocina con él, pues cuando Mai me abrazó, los pequeños pinchos que tiene de adorno en la parte delantera se me clavó en la piel, y unos instantes después entramos a esta habitación y lo asenté alado de la gran pantalla, Sí, ¡Ahora lo recuerdo! miré hacia el iMac pero solo vi eso. Cuando iba a negar, Kuga abrió la puerta y para mi sorpresa, lo vi colgado del manillar de la puerta que daba hacia el exterior. —Lo encontré— sonreía triunfante. ¿Qué hacia mi bolso ahí?, ¿alguien entró y lo cogió? ¿Y para qué?, lo miré por si faltaba algo, pero no, estaba todo, extrañamente todo. ¿De verdad lo dejé afuera? ¿Estaba jugándome el alcohol una mala pasada? — ¿falta algo? — su voz volvió a sacarme de mi trance.
—Juraría que dejé el bolso alado de tu ordenador— dije señalando el escritorio.
—No debería dejarte conducir en tu estado— ¿se estaba burlando de mí?
— ¿Lista?— no podía caer en su juego, quería salir de ahí lo antes posible pues su sola presencia me ponía extrañamente nerviosa. Ella me esperaba en la puerta y juntas bajamos las escaleras completamente en silencio, un silencio bastante incómodo. Antes de abrir el portón de hierro que daba al exterior, me detuvo cogiéndome del brazo.
— ¿No piensas darme un beso antes de irte? — Sonrió y me besó en los labios. Como siempre, aquel beso no tuvo nada de plácido o tranquilo. Cuando Natsuki besaba lo hacía con labios, lengua y dientes, que deslizaba sensualmente por mis labios. Metió la mano bajo mi blusa y me acercó de manera que enredáramos las piernas para después fundirnos en un abrazo.
"Quiero quedarme así para siempre". Fue el pensamiento que quedó flotando en mi mente. — ¿Nos vemos esta noche? — susurró cerca de mi oreja pero no le presté atención solo sacudí la cabeza como si con eso lograría olvidar lo que acababa de pensar hace un instante. — ¿No? — preguntó sonriendo. Dios, estaba consiguiendo ponerme más nerviosa y no sabía por qué, ya había pasado por esta situación cientos de veces, ¿por qué ahora era distinto? ¿Por qué no podía manejarlo como siempre? ¿Por qué Natsuki era una mujer? ¿Y por qué sentía que era ella quien jugaba conmigo y no al revés? Solo una cosa estaba clara, esto se me estaba yendo de las manos y no me gustaba nada.
—Tengo mucho trabajo acumulado Nat— lo que viene siendo un "necesito tiempo para pensar" en toda regla.
—¿Nat? — rio.
— ¿No puedo llamarte así? — ambas sonreímos. No lo podía creer, ¿¡estaba coqueteando con ella involuntariamente!? Tragué saliva y me llamé imbécil unas doce veces seguidas.
—Puedes llamarme como quieras— comenzó a juguetear con mi pelo —es solo que me ha sorprendido un poco, ya que de esa manera solo me llama Midori—.
—Ahora somos dos— solté, seguido de una sonrisa socarrona que dibujé en mis labios. Estaba tan cómoda en esta posición, apoyada en la pared, enredada entre sus brazos y piernas, que el pensamiento de antes volvió a aparecer en mi mente pero esta vez como un cartel enorme, luminoso y hasta sonoro, en el que parpadeaba debajo la palabra «Danger» en todos los colores existentes. La empujé con delicadeza para despegarme de ella. –Tengo que irme–. Solo asintió y salimos al exterior. Ella se quedó apoyada en el portón hasta que arranqué al coche.
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Empresa de Publicidad y Marketing de la familia Viola.
Tercera planta.
Cuando salí del ascensor camine lo más rápido que pude hasta mi oficina pero antes de entrar me detuve en la mesa de mi secretaria.
–Ven, tenemos que hablar.– solo asintió y me siguió. Dejé que pasara, cerré la puerta y caminé hasta mi escritorio ante la atenta mirada de Youko.
– Tú dirás…–
–Me acosté con Natsuki, otra vez– formé una mascarilla con mis manos.
–¿Otra vez?– me miró sorprendida – creí que lo ibas a dejar para el final– se recostó en la silla y cruzó los brazos, por su sonrisa creo que lo estaba disfrutando.
–No sé qué está pasando, nunca es como lo planeo–.
–Shizuru hasta un favor a ti misma y deja este juego, vas a salir mal parada–
–sabes que no puedo–
–Sí que puedes– gritó. Con un gesto hice que bajara la voz, no quería que los de fuera se enteraran del asunto –Di que no quieres, que es distinto.– volví a cubrir mi rostro con las manos, estaba empezando a cansarme del asunto. – Shizuru, a esa chica, ¿le gustas?– asentí levemente sin modificar mi postura. Escuché como suspiraba con fuerza.
– Ayúdame Youko a salir de esta–
–Mírame– la obedecí – prométeme que esto acabará el próximo domingo y te ayudaré–
– Te lo prometo– sonreí.
– Bien, a las cinco, en mi casa– después de eso salió de la oficina.
A la hora del descanso me fui directo a casa, no tenía ni cabeza ni ganas de seguir en mi puesto de trabajo, es otra de las ventajas de ser familia del jefe, que nadie te reprocha nada, solo critican a tus espaldas, pero eso lo hacen todos, seas o no alguien en esta empresa. Llegué puntual a casa de Youko, quien me esperaba con té y pastas en la mesa.
– Bien, ¿Cómo piensas ayudarme?– vi como sacó un pequeño baúl de madera pálida debajo de la mesilla de centro, lo abrió y estaba lleno de cartas y pequeñas libretas de colores– ¿qué es todo eso? ¿Un manual para lesbianas primerizas?– reí por lo bajo.
–Kuga–san es una mujer muy sensible, ha sufrido mucho, más de lo que tú y yo podamos soportar– mi sonrisa se esfumó al escucharla hablar de Kuga con tanta certeza –se crío en un orfanato hasta los 14 años…–
–Lo sé, pero como es que tu…–
– Una familia la adoptó pero no funcionó, desde entonces pasó por varias familias de acogida sin éxito. Cuando conoció a Sugiura–san, ella siempre estuvo a su lado, nunca la dejó sola, se colaba en el orfanato el día de su cumpleaños, o cuando enfermaba, era su única visita en el día de la visita, incluso hizo varias locuras por ella solo por verla sonreír…–
– ¡Para! ¿Cómo sabes todo esto?, ¿qué relación tienes con ellas?– me quejé. Por un momento me sentí engañada. Ella solo dibujó una diminuta sonrisa y saco otra carta, fue entonces cuando recordé una conversación que tuvimos hace un tiempo, la loca idea de contestar una carta a una completa desconocida que se había interesado en su novela, lo que quiere decir que… – es ella ¿verdad?, ¿es Kuga–san la chica de las cartas?– no puedo creer que haya tenido tanta puntería como para acostarme con la única chica que ha despertado algo de interés en Youko. – Lo siento yo no…– negó levemente con una triste sonrisa.
– Es Sugiura, la chica de las cartas es Midori Sugiura– me sentí aliviada al saber que no la había fastidiado, pero después de pensarlo por un momento, me preocupa que Youko caiga en las garras de esa mujeriega.
– Creí que no sabías la identidad de la mujer de las cartas.–
– Lo descubrí por casualidad el día de tu encuentro con Natsuki.–
– ¿En estas cartas te cuenta todo eso?– cogí un par y comencé a sacarlas de su sobre.
– ¡Para!– me las quitó de las manos con delicadeza – Te diré todo lo que sé pero no toques las cartas–
– La verdad, no sé si creerte, todo lo que sabes es a través de Midori–san, y tú y yo sabemos que esa mujer miente más que habla, sino mírame, por su culpa estoy en esta situación.–
– Estás en esta situación porque eres una idiota Shizuru– lo dijo mientras sacaba una carta que aún estaba cerrada. Iba a abrirla pero volvió a meterla en el baúl.– Escucha, puedo ayudarte, pero tienes que confiar en mí–
–confío en ti Youko, en quien no confío es en tu fuente–
–yo le creo, ¿no te vale con eso?– bufé cínicamente
– ¿Tengo otra opción?–
Youko me contó todo un sinfín de datos acerca de Natsuki, hubo un momento en el que dentro de mí me encontraba molesta, pues algunas de las cosas que me decía ya me las había contado Nat pero las recordaba vagamente, lo que significa que no prestaba atención cuando hablaba con ella y que Midori estaba diciendo la verdad. En una hora supe más de la vida de las dos chicas que en cuatro días que he estado con ellas.
Natsuki al cumplir los catorce fue acogida en la vivienda de una de las cuidadoras del orfanato quien desde que llegó a aquel sitio se convirtió en su referente materno. Una mujer casada pero sin hijos ni familia, una mujer que solo vivía y trabajaba para el día a día, que la única responsabilidad en su vida era llegar puntual a trabajar. Desde entonces hasta los dieciocho vivieron juntas y con el marido de esta en su pequeño piso a las afueras de Tokio.
El mismo día del décimo octavo cumpleaños de Natsuki, ambas chicas se fueron de viaje a Europa, y sorprendentemente con el consentimiento de aquella mujer, que en aquel entonces, ya era viuda. Ahora entiendo un poco más a Nat, entiendo su falta de responsabilidad en la vida, nadie le ha dicho que hacer, nadie le ha puesto normas ni restricciones, va de aquí allá, sin un lugar permanente en el cual plantar raíces. Por un momento siento pena y envidia a la vez, sentimientos encontrados que me sorprende gratamente. También me habla de la famosa mujer que le robó el corazón, Jill, y las consecuencias que provocaron sus mentiras en el viaje de estas dos chicas. Youko hace hincapié en esto, me recuerda el significado de la mentira en la vida de la peli azul, pues para lo que a nosotros puede significar una mentira arriesgada, para Natsuki–san significa estar fuera o dentro de su círculo de confianza, de su vida, de su corazón. Su estancia actual en Tokio se ha alargado más de lo que ellas pensaban, y al parecer no tienen prisa en irse pero Youko no está segura de eso, y compara a ambas chicas con palomas caminando en el asfalto, basta con que alguien haga un movimiento en falso para que ambas alcen el vuelo nuevamente y creé que ese alguien pueda ser yo.
– ¿estas enamorada de Midori?–
– Sí– sus mejillas se tornaron rosas,sé quedó mirando dentro de su taza, buscando las palabras adecuadas. – Lo único que tienes que hacer es pedirle tiempo a Kuga–san, dile que todo va muy rápido y que necesitas ir despacio, que estos sentimientos son nuevos para ti y que prefieres saborearlos lentamente. Así no tendrás problemas y las dos semanas pasaran rápidamente, cuando llegue el momento, puedes decirle que tus sentimientos no han florecido, ella lo entenderá– bebió algo más de té pero sin apartar su vista del fondo de la taza– puede que pierdas su amistad pero por lo menos tendrás tu dinero–
–Puedo conseguir ambas cosas– reí
–Por favor Shizuru, mi felicidad depende de ti, sé que Midori no dudará en elegir entre Natsuki y yo– volvió a su tono más serio.
– Está bien, haré lo que me has dicho.–
Salí del edificio de viviendas pensando que cada vez todo se volvía más difícil, no solo tengo que aguantar 11 días más, sino que debía ser cautelosa, pues no solo mi dinero estaba en juego, también mi amistad con Youko, que para mí significa mucho más que todo el dinero y orgullo en juego. Antes de subirme al coche, llamé a Natsuki para poder quedar esta misma tarde. Si quería hacer las cosas bien, tenía que hacerlas lo antes posible. Le envié la dirección de un Starbucks cerca de la zona comercial de Shibuya. Cuando llegué, ella ya me estaba esperando allí, su saludo fue muy protocolario lo cual me facilitó mucho las cosas, pues lo que quería era cero intimidades, cero confianzas. Como una grabadora, repetí las palabras que Youko dijo una hora atrás, y para mi sorpresa Natsuki estaba de acuerdo, y no solo eso, sino que ella pensaba decirme lo mismo, pues mí huida de esta mañana no le fue indiferente. Me quería en su vida, y para ser sincera, yo también la quería en la mía.
Y los días pasaron, tal y como Youko lo predijo, solo quedaba cinco días más y todo iba sobre ruedas, no solo ha pasado el tiempo, sino que mi relación con Natsuki se convirtió en una amistad sólida que una relación de pareja, exceptuando algún que otro beso y caricias esporádicas que en algunas ocasiones yo misma los buscaba. Por si no era suficiente, Midori ha estado fuera todo este tiempo, lo cual me facilitaba aun más las cosas.
Era martes por la noche e invité a Nat a dormir a mi casa, pues al día siguiente le prometí acompañarla al parque de atracciones aprovechando que era su día libre. Por supuesto, no íbamos a estar solas, Nao vendría también. Pero esta noche solo íbamos a estar ella y yo.
– Gracias por invitarme– iba a besarla pero me quedé con los morros estirados pues Natsuki pasó de largo al salón.
– ¿quieres algo de beber?, creo que tengo cerveza en la nevera ¿o prefieres otra cosa?–
– lo que sea estará bien– se sacó la chaqueta y se dirigió directamente al sofá, se la veía agotada y algo desanimada– ¿Puedo usar tu baño?–
– Claro, pero no tardes, la cena ya casi está lista.–
– Gracias, pero ya comí, así que no esperes por mí y come tranquila.– ¿Qué fue eso?, ¿estaba evitándome o sencillamente estaba pasando de mí?, no me dio tiempo a preguntar pues su respuesta me dejó sin palabras y cuando quise reaccionar ya estaba fuera de mi campo visual. En la mesa, comiendo en absoluto silencio podía escuchar el grifo llenando la bañera. Me irritaba pensar que estaba ignorándome, que solo ha venido a dormir, se supone que está enamorada de mí, debería tratarme diferente ¿no? Si ha tenido un mal día ¿Por qué tengo que pagarlo yo? No me gusta quedarme con la duda, por lo cual me desnudé rápidamente y entré para interrumpir su baño. Aún estaba desnudándose en el vestidor cuando la abracé por la espalda.
– ¿Un mal día?– besé su cuello que estaba totalmente descubierto.
–No es nada– Natsuki se dio la vuelta y me besó en la sien. Entró por delante de mí en el cuarto de baño, donde solo encendió una de las luces. Me llamó en un gesto y las dos nos metimos en la moderna ducha. Abrió el agua, que salió inmediatamente templada. Con la palma de su mano fue ayudándome a desenredar mi recogido.
—Estoy un poco cascarrabias hoy. —Se rio. Apoyé después la sien sobre su pecho y sus dedos serpentearon sobre la piel de mi espalda mojada. Bajo su piel sonaba rítmico el corazón, tranquilo, sereno, sosegado, constante.
— Ya me he dado cuenta—susurré, y su pecho vibraba al ritmo de su risa.
—Normalmente no soy así. Lo sabes–
– ¿Ha pasado algo?–
– Tonterías mías– quería insistir pero sabía que era mejor dejarlo pasar. —Curiosa — Se rio mirándome mientras me daba un pequeño golpe en la frente con su dedo índice pero después, Natsuki me cogió en brazos, de manera que mis piernas rodearan su cadera y mis ojos quedaran a la altura de los suyos. Metí los dedos entre los mechones mojados de su pelo y la acerqué a mi boca. Nos besamos y después, un gesto que le salió solo, rozó su nariz contra la mía. Fue un mimo, un mimo íntimo que le habría salido de la misma manera con una persona a la que conociera de mucho más tiempo y con la que le uniera algo. No pude esconder que aquel gesto me descolocó y ella también lo notó, me dejó en el suelo para después coger el gel de ducha y seguir duchándonos de manera individual. Sin quererlo la atmósfera se volvió tensa y un solo roce de sus dedos en mi espalda desencadenó una pasión reprimida por ambas. Aquella noche hice mía a Natsuki, los "te quiero" y los "te echaba de menos" salía de mi boca como gemidos continuos y no me di cuenta hasta ese momento que lo decía de verdad, que salían desde algún lugar especial dentro de mí, que avivaban las mariposas dentro de mi estómago, que no dejaba callarme ni un segundo, eran palabras empalagosas, dichas con la garganta llena de eso que desbordan los críos enamorados. Confidencias, sonrisas, jadeos tan íntimos…, todo flotando en el agua, que empezaba a empapar el suelo del baño, y mezclados con los chapoteos que producía nuestro movimiento dentro de la ducha.
La mañana llegó y nos dirigíamos al parque de atracciones, pero primero pasamos por Nao. En todo el viaje, no podía dejar de recordar la noche anterior, se me escapaba una sonrisa tonta cada vez que hacia contacto visual con Nat, tonteábamos, peleábamos infantilmente e incluso no pude evitar robarle un par de besos cada vez que nos topábamos con un semáforo en rojo. Aun no podía creer que nuestra relación haya cambiado en una sola noche, que lo que sentía se parecía más a Amor que a una simple simpatía de amistad, que dejé de ver a Nat como la solución a mis problemas financieros a una amante de la que no me quería alejar. Aun con Nao en el coche, seguíamos con nuestro coqueteo visual y nuestros juegos de mano, al parecer no le incomodaba y se alegraba por nosotras por el avance en nuestra relación, al parecer Natsuki la tiene informada, me pregunto ¿hasta qué punto?.
Ya en el parque Nao y Natsuki decidieron subir a un gran barco pirata que daba giros y sacudidas muy violentas, obviamente decidí quedarme en tierra y mirarlas desde abajo. Ellas no me discutieron pues tenían muchas ganas de subir. Mientras veía sus caras de pánico desde abajo no noté que alguien se puso a mi lado.
– Buenos días, Fujino–san.– ¿Midori–san? ¡¿Qué cojones hace aquí?!–
– Sugiura–san, ¡que sorpresa!, no sabía que también vendrías al parque.– qué manera de romper un día hermoso – Natsuki y Nao–chan están en esa atracción de ahí– señale a la máquina que no paraba de dar vueltas.–
–Sí, las veo– metió sus manos dentro de la chaqueta mientras miraba sonriente a las chicas. Un silencio incomodo nos envolvió y tenía que hacer algo hasta que Nat volviera.
– ¿Qué tal el viaje?, Natsuki me dijo que estabas trabajando en algo especial.– suspiró con arrogancia.
– Me ha ido muy bien– se giró hacia a mí – he descubierto muchas cosas– esa sonrisa no me gustaba nada – ¿y qué tal estas tú?–
–Muy bien, todo me está yendo muy bien– me volví a mirar a la chicas que está vez eran sacudidas por la máquina de un lado a otro, cambiando de sentido bruscamente.–
–No lo dudo– no la soportaba, su aire de prepotencia me enervaba, no la miré simplemente la ignoré. – dime, ¿qué tal está Misao?– ¿¡QUÉ?! Mi cuerpo se paralizó, no sabía si había escuchado bien.
–No... No te entiendo– fue lo primero que se me paso por la cabeza.
–Te he dicho que ¿qué tal está tu prima Misao? Hace mucho tiempo que no la veo, ¿está bien?– me ha descubierto, definitivamente lo sabe.–
– No sé a lo que te refie...–
–Te crees que soy idiota– está vez saque fuerza donde no tenía y la encaré como pude – sé lo de Misao, lo de la apuesta, lo del dinero.– ¿Qué hago? ¿Qué cojones se hace en estas situaciones? ¿Correr? Miré por el rabillo del ojo que la máquina se había detenido, era cuestión de segundos que Natsuki estuviera aquí, No podía soportarlo, no podía encarar esta situación, no de esta manera.
– Por… Por favor… Por favor no le digas nada a Natsuki, deja que se lo cuente yo, por favor– me temblaba las manos, la voz, e incluso parecía perder la movilidad de mi cuerpo, me sentía clavada en el piso, sin opción a huir.
– Tienes hasta mañana por la noche– susurró cerca de mi oído, después caminó hacia Natsuki, que esta cuando la vio se lanzó sobre ella fundiéndose en un gran abrazo–
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Eso es todo por hoy T_T (tengo mucho sueño..) No tengo escusa, simplemente estaba de vacaciones y quise aprovecharlo al máximo con mi gente y recargar las pilas!
Dejen sus comentarios y díganme si les va gustando o no la historia por donde va
¡Nos leemos muy pronto! Bye~ ;)
