Los días pasaban y Draco se debatía entre ir o no al ministerio. Había acordado entregarle a Harry su gira tiempo, y después de todo el alboroto con Scorpius y Albus, se había convencido de que esos aparatos eran demasiado peligrosos, y que el mundo estaría mejor sin ellos, sin embargo, no quería encontrarse con Hermione.

Se había sentido atormentado (o más atormentado) desde que la había vuelto a ver. Fue terrible para él, ya que la última vez que la había visto, en la oficina de Mc Gonagall, se habían jurado amor eterno, habían contraído matrimonio, y además, esperaban un hijo. Draco tenía miedo, no iba a negarlo, ir en una misión de esa naturaleza era peligroso, pero él no permitiría que lo mataran, ahora tenía esposa y un hijo en camino. Por fin iba a ser feliz y a tener una hermosa vida por delante, y su pasado volvía para atormentarlo... la maldita marca tenebrosa, su pasado como mortifago. Tenía que ser él, ya que era de los pocos mortifagos no convictos y no prófugos, ademas de ser un desertor. La maldita marca resultó ser más especial de lo que Draco creyó, ya que además de que no todos los aliados de Voldemort la portaban, si no sólo la éltie entre ellos, resultaba ser la clave para ingresar a algunos sitios encantados por los mortifagos. Y la marca no funcionaba bajo amenaza o en contra de la voluntad del portador. Después de todo, Voldemort no era tan idiota. Si un mortifago era forzado a llamarlo, la marca no funcionaba. Si era forzado a entrar a un lugar restringido, no funcionaba. Así que el ministerio había tenido que cumplir sus demandas, entre ellas, que lo dejaran casarse con Hermione antes de irse. No podía dejarla desprotegida, venía un hijo en camino. Después de una corta ceremonia, Draco vio con dolor a su esposa perder el recuerdo de haberse casado con él. Se consoló pensando que al regresar, él se lo devolvería y podrían celebrar tan especial ocasión. Y dejando su corazón con la castaña, Draco se fue.

La misión consistía en ir a unas ubicaciones (de las que por supuesto él desconocía) donde al parecer los mortifagos prófugos estaban acuartelados, planeando algo, o escondiendo algo... nadie sabia que, pero la razón por la que esa misión era tan importante era justamente por eso, si ni siquiera los horrocrux de Voldemort estaban tan bien resguardados, a saber qué era lo que estaban custodiando en esas instalaciones.

Nadie que no tuviera la marca tenebrosa podía ingresar en esos terrenos. Sólo sabías que habías llegado porque de repente te encontrabas solo. Draco iba con un par de aurores. Estaban trazando un mapa de los límites de aquel lugar. Draco entraba y cuando los dejaba de ver, ellos hacían anotaciones en sus mapas. A veces le pedían internarse un poco, sólo un poco, lo suficiente para reconocer el terreno, o para que tratara de averiguar qué era lo que escondían ahí. Así pasaron las primeras semanas. Después, cuando ya tenían aparentemente delimitada la locación, estudiaron el mapa por algunos días, hasta que le pidieron a Draco que se internara en aquel lugar, con el mapa que habían dibujado, la idea era atravesarlo y verse del otro lado. Ahí fue donde la misión se fue al caño.

El maldito mapa no funcionaba. Dentro de los límites de aquel lugar, las cosas no eran como por fuera, la realidad estaba distorsionada, las dimensiones eran diferentes, el tiempo era diferente, la obscuridad era permanente. Draco no podía saber si era de día o de noche, por tanto no podía saber cuánto tiempo había estado ahí. No había visto nada ni a nadie. En mucho tiempo. No sabía si días o meses. Encontraba algunas veces criaturas, dragones, lobos, insectos, le hacían daño, se estaba volviendo loco, no podía dormir en aquel infierno. Sabia que se estaba volviendo loco, pues entre todo ese caos, a veces oía un bebé llorar. Lo buscaba pero el llanto era como un eco. Un eco que llenaba todo aquel espantoso lugar, pero que a la vez, no parecía provenir de ningún lado. Oía voces murmurar. Pero trataba de seguirlas, y nada. Estaba perdido en ese desastre. No tenía ninguna esperanza de encontrar la salida. Entonces un día, levantó la vista y vio atorado en las ramas de un árbol un trapo, se subió y lo atrapó. No era un trapo. Era una cobijita. ¿realmente había un bebé en ese infierno? Draco se estremeció de pensarlo. Extendió la cobija y vio que en una esquina, estaba bordado un nombre:

- Delphi - pronunció en voz alta y entonces una luz lo cegó y cayó del arbol

Debió quedarse inconsciente, porque cuando despertó, estaba en el suelo y sus ojos le dolieron, no tanto como la otra luz, pero había una luz anaranjada. Era como si fuera un atardecer. Cuando se pudo adaptar a la luz, vio que efectivamente se trataba del atardecer. Seguramente había podido salir de aquel lugar. Trató de desaparecerse, y lo logró. Estaba muy débil, pero había logrado ingresar en el ministerio. Cuando llegó, la gente lo miró con los ojos muy abiertos, y comenzaron a correr de un lado a otro. Inmediatamente dos aurores lo apresaron, y lo llevaron a una sala donde lo interrogaron, por lo que le parecieron horas y horas. Estaba demasiado cansado, demasiado débil, pero él no paraba de preguntar por Hermione.

Cuando por fin terminó de relatar todo lo que le sucedió y lo que había visto, dejaron entrar a alguien. Era Harry Potter. Draco le preguntó por Hermione, y le dio la peor noticia del mundo. Su Hermione había perdido al bebe, las ganas de vivir y por tanto, le habían quitado sus recuerdos. Y lo que era peor, estaba casada con la comadreja ahora. Después de que tuvo suficiente fuerza, Draco desapareció de ahí y se fue a la mansión Malfoy. Su madre y su padre estaban ahí, los aurores se habían llevado a Lucius a una misión parecida a la suya, pero Lucius no había llegado a internarse en el agujero (así llamaban Draco y Lucius las ubicaciones) ya que los aurores que acompañaban a Draco, le mandaron un patronus a los que acompañaban a Lucius, explicándole que era peligroso, que Draco no había logrado cruzar y que estaba presumiblemente muerto. Asi Lucius se había salvado de que lo internaran en el agujero, y lo dejaron volver a su casa. Draco estuvo muy deprimido, varias semanas. Pero entonces un día recibió una visita.

Era Astoria. Se había atrevido a buscar a Draco porque sabía que si le escribía, él la ignoraría. Draco se alegró de verla. La chica estaba todavía más bonita que la última vez que él la había visto. Escuchó a Draco hablar por días, él se desahogó con ella, de todo lo que le había pasado (dejando de lado todo lo relacionado con Hermione, ya que a ella también le habían borrado la memoria al respecto), pero la compañía de la chica lo calmaba. Se sentía tranquilo, en paz, en casa. Ella era sumamente comprensiva. Nunca lo interrumpía, lo aconsejaba. Un día, él notó algo en ella. Estaba un poco ausente, y le preguntó que le ocurría. La chica comenzó a relatarle entre lágrimas, que se había fugado de su casa. Que estaba en un piso rentado, en Londres muggle, porque no podía pagar otra cosa, la razón: su padre quería casarla. Ella recordaba el compromiso con los Malfoy, pero sus recuerdos se habían modificado pensando que cuando Draco desapareció, el compromiso se rompió. Ella recordaba haberse enamorado de él, recordaba aquello de Draco o ninguno. No se había atrevido a confesarle a él sus sentimientos. Se contentaba con ser su amiga. Por que ella era su única amiga. No quería arriesgarse a arruinarlo y alejarlo. No le importaba haber desafiado a su familia. No le importaba vivir en una pocilga. Lo único que le importaba era pasar las tardes en la mansión Malfoy, al lado de su primer y único amor, si ella le servía de consuelo, con eso era suficiente para ella. No le iba a pedir nada más. Sin embargo, el milagro para Astoria ocurrió sólo. El día que le contó su situación, él la abrazó y le pidió que se fuera a vivir con ellos a la mansión. No dejaría a su mejor y única amiga pudrirse en el mundo muggle. Astoria aceptó un poco apenada, pero esperando que eso los acercara un poco más. Y no se equivocó. Pasaban mucho tiempo juntos. Cada día Draco hablaba menos del agujero y con el tiempo, comenzaban a salir. Una noche, finalmente ocurrió, habían estado fuera, llegaron a la mansión y entre risas y bromas, había ocurrido: Draco la había besado. Ella se sintió en el cielo. El roce de los labios del rubio le había despertado sensaciones que ella nunca antes había conocido. Tuvieron un noviazgo corto. Draco se casó con ella en una ceremonia donde únicamente la familia de él y la de ella asistieron. Tenían una relación muy bonita. Eran confidentes, eran amigos, eran familia, eran amantes. Para Astoria, Draco fue su primera vez y para Draco, aunque a Hermione siempre la dejó aparte, sus experiencias con Astoria le encantaban. Ella era toda inocencia y toda pureza, cuando estaba con ella sentía una sensación de calidez en su pecho, que le ayudaba a ahuyentar las pesadillas de noche. Él amaba a Astoria, no tenía duda, ella no era Hermione porque Hermione no tenía comparación. Ella había sido el huracán, había puesto su mundo de cabeza, y Astoria era la calma, la bonanza, la ternura. Pronto se dieron cuenta de la condición de Astoria. Su enfermedad hacía peligroso el intentar si quiera tener un hijo, pero a ella no le importó. Decidió arriesgarse y esperaba que su cuerpo aguantara y le diera la oportunidad de ver crecer a su hijo. Astoria pudo estar 13 años con su hijo, y luego el destino, siempre implacable, se la había llevado y con ella, un pedazo del alma de Draco. Pero él no podía derrumbarse. Tenía a Scorpius, por el cuál, siempre iba a estarle agradecido a Astoria, así que tendría que ser fuerte por él.

Aquel último año, Scorpius le había sacado algunas canas verdes a Draco. Todo el numerito del gira tiempo, sí que había estado cerca. Ahora Draco lo comprendía. El agujero era donde los mortifagos escondieron a Delphi. Por eso estaba tan bien custodiado. La hija de Voldemort, que cerca había estado él de ella... Pero ya todo había pasado, y ahora, trataría de vivir el resto de su vida en paz.

Sólo que eso no le estaba siendo nada fácil. Desde el primer día que había visto a Hermione en el andén 9 y 3/4 habia comenzado su tortura. No había podido evitar mirarla, cuando ella estaba despidiendo a su hija, junto con la comadreja y un pequeño pelirojo, suponía, el otro hijo de la pareja, porque sí, siendo Hermione y Ron dos terceras partes del trio de oro, de los salvadores del mundo mágico, su vida siempre se había ventilado en los diarios. Su corazón había latido desbocado, como hacía muchos años no lo hacía, respiraba con dificultad, quería avalanzarse sobre ella y desaparecerse de ahí, llevársela lejos y hacerla suya otra vez... Pero ahí estaba él, pensando en hacerle obscenidades a Hermione cuando a su lado, su esposa apretaba su mano, aguantando las lágrimas por ver a su pequeño partir. Draco suspiró resignado y se fue de ahí. No podía seguir tentando al destino.

Pero el destino era una perra caprichosa. Le jugó a Draco una broma muy pesada. MUY. Su pequeño Scorpius estaba enamorado de la hija de Hermione. Draco se maldijo mil veces por ello. ¿A caso eso era algo que se podía heredar a los hijos? ¿la fascinación por las mujeres Granger? Decidió no intervenir, dejaría pasar el tiempo, esperando que eso se le pasara a su hijo. Pero al parecer, en cuatro años eso no había cambiado. Maldita suerte.

Como si eso fuera poco, Hermione había pasado mucho tiempo con ellos ese año. Draco no quería decir nada, pero ¿qué rayos hacía Hermione apareciéndose siempre que pasaba algo con Scorpius y Albus? Entendía a Potter y a la mini comadreja, su hijo estaba metido igual que el suyo, pero ¿Hermione? Hasta la misma comadreja había dicho un día, que sus hijos no eran parte del enredo, cierto, pensó Draco, Hermione no había cambiado nada, seguía siendo una entrometida. Pero era su entrometida. Todo el tiempo además de estar sumamente preocupado por Scorpius, había estado concentrado, autocontrol, no abalanzarse sobre Hermione. No estirar un poco la mano, sólo un poco y la podría tocar otra vez... pero no... no debía... ella era feliz, o al menos, eso quería creer él. Pero él la extrañaba, quería verla, pero a la vez no quería... no sabía si él era tan fuerte para seguirse controlando, lo mejor era guardar distancias, pero entonces ¿se iba a esconder de ella toda la vida como un cobarde?

Tomó una decisión. Iría al ministerio, buscaría a Potter, le daria el maldito gira tiempo y le comentaría sobre el agujero siendo la guarida para esconder a Delphi, quizá el ministerio debía investigar ese lugar de nuevo, o interrogar a la chica o algo... era su deber como ciudadadno. Sí. Iría al ministerio.