El copyright y la Marca Registrada del nombre del personaje Harry Potter, de todos los demás nombres propios y personajes, así como símbolos y elementos relacionados, son propiedad de Warner Bros., 2000. A excepción de sucesos no relacionados con lo antes mencionado.


Las Apariencias Engañan

SEGUNDAS OPORTUNIDADES

Segundo día del mes, sábado por la mañana.

Jamás había experimentado un dolor de cabeza tan fuerte como ahora, soltó un quejido, ¿Por qué demonios había aceptado beber con Lorcan? Ella no acostumbraba a hacerlo tan frecuente como su amigo, por lo que su resistencia al alcohol era mucho menor… malditos cigarrillos, sólo estaba haciendo su resaca un infierno.

Se levantó de su cama para dirigirse al baño. Tomó una honda bocanada preparándose para lo que iba a hacer. Abrió la llave del lavamanos, se limpió las manos, después se hincó frente al retrete, contó mentalmente hasta tres y… vomitó.

Requería sacar todo el alcohol que fuera posible de su sistema, necesitaba hacerlo porque no podía andar por los pasillos del castillo con una evidente resaca, conjuntamente debía ver a la directora McGonagall para discutir sobre la posibilidad de que le vedaran su castigo de jugar Quidditch.

—Lo voy a matar —gimió soltando una arcada.

No recordaba mucho lo que había sucedido anoche, era como si tuviera una laguna mental, sólo sabe que bebió demasiado y fumó la mitad de una cajetilla junto con Lorcan… y también que la había animado a intentar entrar en el equipo.

Ella sabía que primero debía hablar con la Directora, quien fue la responsable de que le quitaran el privilegio de pertenecer al equipo de Slytherin de forma permanente, si lograba darle buenos argumentos, entonces quizás podría volver a jugar.

Si tan sólo supiera qué decir.

Lo único que se le podría ocurrir por el momento es que sus calificaciones eran excelentes, el tiempo que llevaba en Hogwarts nunca había obtenido una calificación inferior a Sobresaliente, todos sus trabajos eran excepcionales… sin embargo no le había dado el privilegio de ser Prefecta por lo ocurrido en cuarto (cuando la expulsaron del equipo) y tampoco le escogieron para Premio Anual por su constante rebeldía (culpa de Lorcan).

Vaya que estaba jodida.

Salió a caminar un poco, daba gracias que fuera fin de semana y que no tuviera que preocuparse por su último primer día de escuela hasta el lunes. El sol estaba sorprendentemente más radiante de lo normal, y a pesar de que el otoño ya se acercaba, era una mañana bastante calurosa.

Y eso no le estaba agradando para nada, su resaca la estaba aniquilando.

Sus mejillas se enrojecieron y estaban calientes al tacto, tuvo que quitarse el suéter que se había puesto porque si no lo hacía, se iba a deshidratar más de lo que ya estaba.

—Luces radiante Rosie —dijo una voz a sus espaldas, la pelirroja puso los ojos en blanco.

El chico le pasó un brazo alrededor de sus hombros, atrayéndola hacia él. Rose odiaba que las personas la abrazaran o fueran demasiado empalagosas, por lo que no dudó en apartarlo y bramarle unas cuantas groserías. Lorcan simplemente alzo ambos brazos mostrando su derrota.

—Ahora no —Rose gruñó de mal humor—. Jamás vuelvo a tomar contigo. Me estoy muriendo, literalmente.

—Nadie te obligó —le guiñó el ojo burlonamente.

—Ni siquiera recuerdo que pasó —la sonrisa de él se desvaneció al escuchar esto—. Sé que te dije que quiero entrar al equipo de Quidditch y que nos acabamos una botella y una cajetilla de cigarros.

—¿Sólo eso recuerdas? —frunció el ceño, tal vez era mejor que Rose no recordara que se habían besado por un buen rato.

La noche anterior, después de varios tragos y cigarrillos, Lorcan logró convencer a Rose de que se besaran, a pesar de que le había dicho que no. Sin embargo, por las reacciones en su rostro, se dio cuenta que ella sentía curiosidad por saber que significaba besarse con él.

Cuando le confesó que jamás había besado alguien, sintió un pinchazo de culpabilidad por arrebatarle ese momento especial a su amiga, por otro lado, no soportaba la idea que su primer beso se lo diera alguien más que no fuera él. Tal vez Rose no fuera la chica más bonita, ni de mejor cuerpo en el castillo, pero de lo que estaba seguro es que había algo especial entre ellos dos, ambos se entendían a la perfección y eso… de alguna manera lo hacía sentirse atraído por ella.

Le gustaba la forma en la que Rose les hacía frente a las dificultades, tal vez no lo hiciera con demasiada sensatez, pero demostraba que no se debían de meter con ella. No dejaba que nadie viera su lado débil, ni siquiera cuando él lo percibía.

Es por eso, que este año Lorcan se había propuesto llevar más a fondo su amistad con Rose.

—No, Lorcan. No recuerdo nada y no quiero hacerlo. Tengo la ligera sensación de que dije demasiadas tonterías… por no mencionar las que hice.

—Entonces no te recordaré.

—No tengo idea cómo es que tú sí recuerdas, tal vez deberías dejar de tomar tan seguido, no eres de Europa del Este ¿O sí?

—No que yo sepa… pero creo que puedo soportarlo.

—Y yo no puedo creer que siga borracha. Quería ir con McGonagall para discutir sobre mi suspensión de Quidditch, ¡Y así no puedo ir! —farfulló y se dejó caer bajo la sombra de un árbol, lejos del alcance del radiante sol tan inusual en el Reino Unido.

Lorcan se sentó a su lado y permanecieron en silencio. El chico no estaba seguro de que hacer, pensó que con el beso de anoche las cosas serían diferentes entre ellos dos, quizás se podría permitir coquetear, un poco más de contacto físico… desafortunadamente su amiga no recordaba.

Aunque estaba seguro que lo recordaría más tarde y cuando lo hiciera no le iba a gustar para nada.

Debía convencerla de otra borrachera en la Torre de Astronomía.

—No luces tan borracha, sólo date una ducha con agua fría y quizás una poción anti-resaca ayude —comentó Lorcan y de su bolsillo sacó un frasquito.

—De verdad me sorprende cómo es que estás preparado para todo —Rose se tomó la poción enseguida y todos sus malestares se esfumaron.

La chica abrió los ojos sin poder creerlo, una sonrisa se formó en su rostro. Casi tuvo ganas de abrazar a su amigo por haberle solucionado su principal problema del día, ahora sólo faltaba que le diera una poción que le ayudara a decir las palabras correctas a McGonagall o un poco de suerte líquida.

Sin embargo, ella lo conocía y sabía perfectamente que Lorcan jamás tendría ese tipo de pociones porque… prácticamente jamás las ocuparía. No significaba que siempre tuviera suerte para todo lo que hiciera, simplemente prefería tener algún plan para solucionar sus problemas principales, cómo curar la resaca.

—Ventajas de ser Lorcan Scamander —le guiñó el ojo con coquetería. Rose puso los ojos en blanco y le dio un golpe en el hombro—. ¡Auch!

—Bien, tengo cosas que hacer —y con eso la pelirroja salió corriendo a toda velocidad hacia el despacho de McGonagall.

Esa poción no sólo le había quitado esa horrible resaca, sino que le había dado un aumento de energía, lo cual agradecía infinitamente. El único inconveniente es que no se sentía lo suficientemente segura sobre qué diría para que la dejaran entrar al equipo de Quidditch.

No había otra cosa que deseara más que volver a jugar, ser parte del equipo. Si no lo conseguía, no sabría qué sería de ella en todo lo que restaba de su último año. Los últimos seis años fueron una interminable tortura, desde cuarto fue cuando se sintió totalmente perdida, cuando la expulsaron del equipo.

Al llegar a la entrada del despacho de la directora, se quedó parada frente a la estatua que, al decir la contraseña hacía parecer unas escaleras. Suspiró hondamente, totalmente insegura. En esos momentos deseaba tener la astucia y carisma de su amigo Lorcan, simplemente siempre sabía que decir y a todos les parecía encantar, hasta los profesores. Claro con McGonagall se necesitaba más que una sonrisa y palabras, debías demostrarle hechos.

—¿Se va a quedar ahí parada, señorita Weasley? —dijo una voz a su espalda, la pelirroja soltó un grito y se giró para encontrarse a la directora McGonagall mirándola con un semblante serio, pero con un deje socarrón.

—Yo…

—Presiento que quiere decirme algo importante —la chica tragó en seco, para esta señora cualquiera era bastante transparente—. Después de usted —señaló hacia la estatua mientras musitaba las palabras para hacer que aparecieran las escaleras.

Rose se mordió el labio y avanzó hacia las escaleras que lentamente la llevaron hacia el despacho de la directora. Aún no estaba preparada, mentalmente, para afrontar a su verdadero veredicto.

McGonagall le invitó a sentarse, mientras ella lo hacía con algo de dificultad debido a avanzada edad, Rose se preguntó cómo es que podía seguir en Hogwarts después de tanto tiempo, debía de encantarle mucho su trabajo.

—¿Y bien? —directo al grano… ¿Cómo podía decir lo que quería asertivamente y de forma directa?

—Yo… —respiró hondamente y miró a través de la ventana, desde ahí podía observar el campo de Quidditch y pequeñas figuras, como si fueran del tamaño de una mosca, volar sobre los aros, las gradas…

—¿Señorita Weasley? —llamó su atención demandantemente.

—Lo siento.

—Debo admitir que estoy curiosa por saber qué es lo que tiene que decirme, usted no es así de callada —arqueó una ceja y la miró por arriba de sus gafas—. Más vale que lo diga o daré por hecho que sólo me está haciendo perder el tiempo.

—No… yo… sinceramente no sé por dónde empezar —admitió la pelirroja.

—Vaya al grano, Weasley.

—De acuerdo… —volvió a respirar hondamente, sin apartar la mirada de aquella anciana de ya bastantes años—. Quiero volver a jugar Quidditch.

Bien, lo dijo, lo ha dicho, por fin ha dicho lo que llevaba pensado desde hace unos años y decidido a hacer desde el verano, le ha dicho que desea jugar Quidditch… sin embargo, la cara de McGonagall es algo de lo ya temía.

La miraba con las cejas alzadas y la boca ligeramente abierta, le tomó unos segundos en retomar su compostura, pero su semblante cambió a uno que a Rose se le hizo fácil adivinar que lo siguiente diría no sería la respuesta que esperaba.

—¿Debo recordarle que tiene prohibido jugar Quidditch por maldecir a unos estudiantes de Ravenclaw?

—Lo sé estoy consciente de ellos, también recuerdo que no los castigaron cuando ellos me provocaron… —cada vez que le ponían en cara lo que había hecho se enfurecía, ella no era quien tenía toda la culpa, Ravenclaw lo hizo porque sabían que ella reaccionaría así y la expulsarían… dándoles la oportunidad de ganar la Copa de las Casas.

—¡Señorita Weasley!

—Lo siento… es sólo que han sido tres años desde aquél incidente, desde entonces no he causado problemas, soy la mejor la clase, mis trabajos siempre son excepcionales, tuve la calificación más alta de los TIMOS y… soy buena jugando Quiddicth… —la voz se le quebró un poco.

—No voy a dudarle eso, pero se ha tomado una decisión… —Rose la interrumpió.

—Por favor… la verdad es que Hogwarts no ha sido un buen lugar para mí, es mi último año y… necesito una distracción, algo que de verdad me apasione, porque si no —suspiró—. Por favor deme una oportunidad, prometo controlar mi temperamento.

—Bueno, debo decir que estoy sorprendida. Es cierto que tres años es un largo tiempo, sobre todo cuando estás en tu último año. Hablaré con los demás directores de casa, si ellos están de acuerdo entonces te revocaré tu suspensión —Rose se quedó sin habla, no podía creer lo que estaba escuchando, por un momento le dieron ganas de abrazar a la directora y llorar, pero se contuvo.

—¡Muchas gracias! —dijo con voz temblorosa.

—El lunes le daré mi respuesta. Las pruebas de Quidditch son el martes —le guiñó el ojo y le hizo una señal de que podía retirarse.

—¡Lorcan! —gritó furiosa la pelirroja—. ¿Dónde demonios has estado?

—Por esa urgencia de verme supongo que tienes buenas noticias —el rostro de la chica se iluminó y una sonrisa se le escapó junto con una risita que hace bastantes años no soltaba.

—Bueno, el lunes sabré. McGonagall hablará con los directores de casa. Neville Longbottom es amigo de la familia y Slughorn no dudaría en decir que sí… solamente me preocupa Ravenclaw.

—Bueno Rosie, trata de no hacer nada malo por 48 horas, ¿Será mucho pedir? —ella le propinó un golpe en el hombro—. Se te está haciendo costumbre golpearme.

—Da gracias que no puedo maldecirte.

—Vamos a celebrar —le guiñó el ojo, enseguida Rose supo a qué se refería… una oferta demasiado tentadora, pero no podía echarlo a perder…

Rose tenía una facilidad por echar a perder las cosas en segundos, en especial si se trataban de oportunidades.

—No… —su semblante se puso serio, su corazón comenzó a latir… ella quería de verdad emborracharse con su amigo, tener un rato de diversión.

Pues esos eran los momentos que de verdad disfrutaba, no podía arruinar las cosas y que la atraparan fuera del horario de cama, con alcohol y cigarros.

Por más que su madre fuera Ministra de Magia, McGonagall no dudaría en castigarla.

—Vamos Rose, a ti te encanta celebrar —se acercó a ella envolviendo sus brazos alrededor de su cintura, ahora se encontraba a una distancia bastante peligrosa.

—Tal vez otro día… —aquella cercanía se sentía bastante extraña, como si pudiera sentir una corriente de electricidad. Su estómago hizo algo raro, como si fueran mariposas.

Se quitó del agarre de Lorcan y se echó para atrás, después se alejó corriendo hacia el castillo, directo hacia su habitación. Si se quedaba ahí, no tendría ninguna tentación de hacer nada malo y conseguiría obtener la aprobación de los directores de casa.

Al llegar a su habitación se dio cuenta que no había nadie, sus compañeras debían de estar merodeando por el castillo puesto que tampoco las vio dentro de la sala común. Mejor para ella, no le agradaban para nada, y ellas tampoco a Rose, se lo había dejado en claro desde el primer día que descubrieron que compartirían cuarto.

Pero tampoco debía hacerse la víctima, porque Rose fue quien las rechazó primero, su primera noche pensaba que el sobrero se había equivocado y en cualquier momento llegarían a avisarle del error, así que era mejor no hacer amistad con Slytherins.

Cuando realizó que no hubo tal equivocación, ya era muy tarde para emendar la situación y sus compañeras se dedicaron a hacerle malas caras, reírse o insultarla, Rose no se mordió la lengua e inició una guerra sin fin.

Hoy por hoy, a 17 años de edad, las chicas habían madurado, por lo que simplemente ignoraban a Rose, de vez en cuando le dirigían un saludo diplomático, pero nada más.

Se acostó en su cama y cerró los ojos. Al menos ya tenía un peso menos encima… pero faltaba saber si la dejaría volver a jugar o no. Ella aseguraba que le dirían que sí, pero uno nunca sabe lo que puede pasar en el futuro y si esperas demasiado a veces no se cumplen tus expectativas.

En especial teniendo a Ravenclaw como una variable decisiva.

Merlín, deseaba que fuera lunes… que lástima que apenas era sábado… la mañana la había pasado fatal con la terrible resaca. Anoche con Lorcan había bebido demasiado que no recordaba mucho, tampoco había tratado de hacer memoria.

Recordó como su amigo sacó una botella de su túnica, y después unos cigarros, los cuales muy animadamente fumaron una cantidad enorme para el poco rato que estuvieron en la Torre de Astronomía, también le confesó que deseaba volver a jugar y él la animó a intentarlo, ¡Ah! Lorcan le contó de su primera borrachera y como Hugo lo llevó a la sala común cuando no debía saberlo, y…

De su primer beso.

Rose se incorporó de golpe, se llevó a la mano a los labios totalmente atónita al recordar cómo es que Lorcan Scamander la había besado… demasiado.

Su primer beso.

N/A: ¿Qué les puedo decir? subí este capítulo por un dote de inspiración que he tenido, lamentablemente no he tenido tiempo para seguir escribiendo o pesar en qué haré. Este semestre será un poco más demandante que los anteriores, estoy trabajando y me encuentro en examenes parcial... si lo sé que rápido.

Espero que les haya gustado, en el siguiente capítulo aparecerá Scorpius, tengan un poco de paciencia. Debo admitir que me agrada más esta Rose que la que estaa escribiendo, esta simplemente es incromprendida y algo defensiva, no como la anterior que simplemente no me agradó para nada.

Nos vemos pronto.