El copyright y la Marca Registrada del nombre del personaje Harry Potter, de todos los demás nombres propios y personajes, así como símbolos y elementos relacionados, son propiedad de Warner Bros., 2000. A excepción de sucesos no relacionados con lo antes mencionado.
Las Apariencias Engañan
ÚLTIMO PRIMER DÍA
¿Qué se supone que debe hacer en esos casos? Su estómago estaba haciendo cosas raras, como si algo estuviera revoloteando cada vez que se acordaba de cómo la había besado su mejor amigo; su corazón latía furiosamente y sus mejillas se ponían coloradas.
Su mano seguía tocándose los labios, todavía sorprendida de los eventos ocurridos de la noche anterior… recordó lo que su amigo le había sugerido hace unos minutos… volver a emborracharse. Al darse cuenta del significado de aquella proposición, algo se rompió dentro de ella. Apretó los puños, furiosa por sentirse herida, por demostrar que le afectaba.
Debía calmarse o haría algo de lo cual se arrepentiría.
Rose era consciente de que su amigo le gustaba salir con chicas a cada rato, pero sin tener que comprometerse demasiado, y durante esas salidas siempre ocurrían cosas las cuales prefería no saber, pues tenía la ligera noción que no sólo se trataba de unos cuantos besos y tragos de alcohol.
Qué rabia le daba al creer que su mejor amigo tendría un poco más de decencia y nunca se atrevería a tratarla como lo hacía con aquellas chicas… pensó que era especial. Intocable.
O eso pensó.
No le volvería a dar una oportunidad para que la besara… y si eso significaba dejar las noches en la Torre de Astronomía, por ella no habría problema. Ahora tenía otros objetivos, como entrar en el equipo de Quidditch.
El resto del día se quedó en su cuarto acurrucada entre sábanas y un par de libros. Sin embargo, por más que intentaba leer alguna frase o cambiar de página, los recuerdos de la noche anterior seguían rondando por su mente. Una parte de ella deseaba estar enojada con Lorcan por haberse aprovechado, otra no quería estarlo por no demostrar que le afectaba... aunque debía admitir que ella también ansiaba aquel beso, principalmente porque jamás lo había hecho y la curiosidad era demasiado tentadora como para dejar pasar por alto la oportunidad. Claro que el alcohol fue el detonante que la animó, estando sobria jamás lo hubiera permitido.
No le gustaba Lorcan para nada, jamás había pensado en él como un prospecto o un interés amoroso… pero ahora que se habían besado, no podía dejar de pensar en él. Estaba totalmente confundida.
…
Al día siguiente decidió que lo mejor sería evitar a Lorcan, no quería verlo ahora que sabía lo que había pasado, era mejor ahorrarse la incomodidad y… probablemente lo golpearía. Además cada vez que estaba con Lorcan hacían algo en contra de las reglas, como beber alcohol, fumar, escabullirse después del toque de queda y entre otras cosas. No podía arriesgar su única oportunidad de poder jugar Quidditch de nuevo.
Rose decidió ir al campo de Quidditch, había algo bastante relajante en observar a las personas volar en sus escobas, atrapar alguna snitch o anotar puntos con las bludgers. Sin embargo, en el momento que llegó a su destino notó una cabellera dorada bastante familiar, inmediatamente fue a ocultarse detrás de las gradas. Por supuesto que Lorcan estaría ahí, a pesar de no ser parte del equipo de Slytherin era fanático del deporte.
Rose lo observó en silencio, su amigo se veía un poco solitario, pero no por eso nada confidente. Lo vio saludar a un par de compañeros de Slytherin, coquetear con unas chicas (le dieron ganas de maldecirlo), después se encontró con su gemelo y se fueron a dirección al castillo.
—¿Qué haces ahí? —Preguntó una voz que conocía perfectamente, Albus.
Cuando Rose y Albus cumplieron seis años decidieron sellar su amistad, aún les quedaba algunos años para asistir a Hogwarts, pero al menos ya sabían que podían contar el uno con el otro. Al llegar el día, Albus estaba asustado de quedar en Slytherin y Rose tenía la seguridad de quedaría en Gryffindor. Su futuro fue totalmente diferente a lo que ellos creían.
Desde entonces Rose se volvió más amarga contra él y toda la familia. La presión de tener que ser igual o mejor que sus padres era demasiado, el mundo mágico esperaba eso. Albus decidió que era mejor dejar las cosas por la paz, cada vez que intentaba acercase para reafirmar los lazos de amistad, terminaba en un intento fallido.
Ahora ambos tenían 17 años, y de alguna forma u otra, habían madurado un poco por lo que trataban de al menos hablarse civilizadamente… claro siempre había excepciones.
—Sinceramente, nada productivo —eso era cierto. No hacía nada más que esconderse de un rubio que la había besado.
—¿Quieres ir al lago? —El tono de voz de su primo delató su intención, simplemente lo dijo por compromiso, no porque quisiera que lo acompañara o ya sabía que le daría una respuesta negativa.
—No gracias —Rose prefería estar sola que pasar tiempo con sus primos, además no congeniaba con ellos.
Albus se encogió de hombros e hizo un ademán de despedida y con eso se marchó en dirección al lago. Ella soltó una bocanada de aire con desánimo y se abrazó las rodillas. Debía admitir que le daba nostalgia recordar los viejos tiempos en los que se divertía con sus primos durante el verano, y eso la hacía sentirse miserable pues ahora no era exactamente muy bienvenida entre ellos.
Todo gracias a su actitud.
Estar en el último año de la escuela le hacía pensar en todas aquellas cosas que pudo haber hecho mejor, pero que su orgullo no se lo permitió. Muchos dirían que nunca es tarde para empezar a arreglar las cosas, pero ella no creía mucho en eso. Con el Quiddicth había resultado, una parte, sólo faltaba saber qué respuesta le daría McGonagall.
Rose metió las manos en ambos de sus bolsillos de su suéter, de pronto sintió un objeto bastante similar al tacto, su corazón dio un vuelco. No había absolutamente nadie que la viera, no podía meterse en problemas… entonces podría fumarse un cigarrillo sin preocupaciones.
Lo sacó del bolsillo de su suéter y con su varita lo encendió. Era justo lo que necesitaba, los nervios eran demasiado y requería tranquilizarse. Cerró los ojos, apoyó la cabeza en contra de la pared de las gradas, y le dio una larga calada a su cigarrillo. Mantuvo el aire en los pulmones y lo soltó después de unos segundos, enseguida sintió como todo le dio vueltas.
Era bastante triste pensar que no podía pasar un día sin romper las reglas, estaba estrictamente prohibido fumar dentro de los terrenos de Hogwarts, si alguien la encontraba se metería en graves problemas, pero Rose simplemente sentía que nunca podía cumplir con las expectativas de nadie.
Cuando se acabó el cigarro, ya casi estaba oscuro. Era mejor regresar al castillo, no se sentía con ánimos de ir a cenar, prefería irse a la cama temprano para hacer el tiempo pasar más rápido.
…
Lunes por la mañana. Hoy comenzaba lo que sería su último primer día de clases. Rose podía oír el tumulto que sus compañeras de cuarto armaban, desde el retumbo de sus pasos sobre el piso yendo y viniendo, las maldiciones que lanzaban cuando chocaban entre sí o pedían usar el baño, hasta el estrépito de sus baúles abriéndose y cerrándose. Rose simplemente yacía en su cama mirando hacia la cubierta, encerrada entre las cortinas. Hoy le darían su respuesta, hoy sabría si volvería a jugar Quidditch.
Claro que la respuesta la recibiría para medio día…
Su corazón latía ferozmente, su estómago era un nudo. Por nada del mundo bajaría a desayunar, tenía el ligero presentimiento que sí olía el tocino recién frito, las salchichas ahumadas y el huevo vomitaría. Así se quedó ahí, aprovechando los minutos extras que tenía antes de entrar a clases.
Además no deseaba encontrarse con cierta persona.
A los pocos minutos sus compañeras abandonaron el cuarto, Rose decidió que era un buen momento para levantarse y hacer algo productivo de una buena vez. Una ducha sería perfecta. Y eso fue lo que hizo. Fue al baño, abrió la llave y dejó el agua caliente correr unos minutos antes de meterse. De pronto no supo si era el agua o lágrimas las que caían por sus mejillas. Soltó un sollozo, y recargó su cuerpo desnudo contra el azulejo frío. Era demasiada presión… era miserable.
…
Su primera clase del día era pociones, era la optativa que había elegido al haber obtenido Extraordinario en todas las áreas de su T.I.M.O sin embargo, lo primero que había hecho Slughorn al iniciar con la clase fue aplicar un examen. Rose sonrió un poco, adoraba cualquier oportunidad para demostrar que era la mejor de la clase.
Slughorn tenía la costumbre en sus exámenes de dar puntos extras a la casa que tuviera el puntaje más alto, no era sorpresa decir que Rose siempre ganaba. Durante el examen su estómago comenzó a hacer ruidos, la chica maldijo en voz baja… sin tan sólo hubiera bajado a desayunar.
Sus mejillas comenzaron a arder cuando escuchó las risitas de sus compañeros, odiaba ser el centro de burlas de las personas, era como una bofetada cada vez que alguien se reía o criticaba algo de ella. Se mordió los labios conteniéndose de decirle una palabrota a aquel Hufflepuff, tenía que controlarse justo hoy que le darían respuesta a su petición de volver a jugar.
Cuando acabó el examen, Rose estaba seguro que no había logrado obtener la mayor nota por no haber podido concentrarse. Simplemente entregó su pergamino al profesor y se sentó en silencio, envolviendo sus manos alrededor de su estómago en un intento por hacerlo callar. Alguien le tocó el hombro, al voltear para ver de quien se trataba no pudo evitar poner los ojos en blanco y refunfuñar. Su primo Albus también se encontraba en la misma clase, al parecer había logrado alcanzar la nota mínima para poder escoger la optativa de pociones, pero eso no fue lo que la molestó, sino el hecho de que le estaba tendiendo una barrita de granola… por supuesto que había oído y ahora se había atrevido a sentir lástima por ella. Como todo mundo hacía desde que quedó en Slyhterin y no en Gryffindor. Las mejillas se le pusieron aún más coloradas, y cuando estaba a punto de mandarlo a la mierda se dio cuenta de la forma en la que la miraba.
Era sinceridad, no porque debía ser civil por ser familia.
Rose tomó la barrita de granola con cautela, Albus hizo una mueca que pretendía ser una sonrisa y se devolvió a su asiento. Vaya como odiaba cuando las personas hacían buenas acciones hacia ella, era como estar en deuda o un sentimiento de culpabilidad.
De pronto el hambre de esfumó y la barrita dejó de parecerle apetitosa.
…
A la hora de la comida, Rose ya no podía aguantar el hambre. Si iba al Gran Comedor existía una gran posibilidad que se encontrara con Lorcan, lo bueno es que ya era medio día lo que significaba que era hora de ir con McGonagall. Su estómago se llenó de mariposas, sus piernas y sus manos comenzaron a temblar, por no mencionar su corazón el cual retumbaba con tanta fuerza que podía sentirlo en sus oídos.
Suspiró hondamente, la hora había llegado.
A Rose nunca le había gustado demostrar sus sentimientos, la hacía sentir débil, indefensa y vulnerable. Odiaba manifestar que tanto la afectaban las acciones de los demás, que la vieran enojarse por un insulto, llorar por haberse caído de su escoba o asustarse por algún suceso. Ahora mismo estaba aterrada, y no le importaba que la vieran porque no podía controlarlo. Dio gracias a Merlín que no había nadie en los pasillos y que todos estuvieran en el Gran Comedor, no aguantaría las burlas o comentarios estúpidos de los estudiantes.
Y ahí estaba parada, de nuevo como aquel sábado que decidió visitar a McGonagall. Era algo sencillo, decir la contraseña y de inmediato comenzarían a aparecer unas escaleras en aquella estatua. Pero a pesar de ser ya la hora, no quería entrar, no quería saber… ¿Y si no era lo que esperaba? No podría soportarlo, no esta vez.
Cuando la seleccionaron para Slytherin, no supo que hacer. Fue una sorpresa total que su sistema nervioso no estuvo preparado para reaccionar, simplemente se levantó del taburete y se fue a sentar, no escuchando los murmullos y los pocos aplausos que recibía. Aún podía recordar cómo sus ojos se llenaron de lágrimas que luchó por no derramar.
Algo húmedo se resbaló por su mejilla. Respingó sorprendida e inmediatamente se limpió la lágrima y se frotó los ojos. No, no iba a llorar, todavía no le habían dicho su destino, no había porqué adelantarse. Una maldición se escapó de sus labios, antes de mencionar la contraseña a la estatua.
Esta comenzó a girar, mostrando los escalones que le llevarían directo a su veredicto.
—Aquí vamos —musitó y puso un pie en el peldaño y después en otro.
Al llegar arriba, se dio cuenta que ya no había marcha atrás, era hora de enfrentar su destino de una buena vez, pues no iba a cambiar en este universo en el cual ella existía. Se dice que hay infinitos universos, cada decisión crea un universo alterno el cual muestra como hubieran sido una situación habiendo tomado la opción A en lugar de B o C...
Estúpidamente pensó eso, y tal vez los universos fueran imaginarios, pero al menos le daba un poco de confortamiento.
—Señorita Weasley, ya era hora de que llegara —saludó McGonagall con un ligero tinte socarrón—. Por favor pase, no me haga perder mi tiempo más de lo que ya ha hecho su retraso.
—Lo siento —y entró al despacho de la directora como si fuera un ratón escurriéndose para poder entrar en cualquier rincón. Así es como se sentía: cohibida y temerosa.
McGonagall se aclaró la garganta, y la miró fijamente por encima de sus lentes de media luna—: Como usted sabrá, la he citado el día de hoy con motivo de darle respuesta a su petición de abolir su suspensión de practicar Quidditch —tomó una pausa evaluando las reacciones de aquella pelirroja que tenía sentada enfrente—. He discutido su situación con los jefes de casa y cada uno de ellos tuvo comentarios bastantes particulares sobre usted.
Rose tragó en seco, sintió como las piernas le temblaban por lo que tuvo de colocar sus manos encima de sus rodillas para que McGonagall no lo notara.
—La jefa de casa de Huffepuff no mostró ningún problema con que vuelva adquirir su derecho como estudiante de Hogwarts: jugar Quidditch. Ella piensa que es una excelente oportunidad para que aprenda a ser más disciplinada, a trabajar en equipo y ser más tolerante, sin embargo, ha recalcado lo impulsiva que puede llegar a ser.
La directora de casa de Hufflepuff era Madame Pomona Sprout II, su madre trabajaba en el colegio, pero después de la Batalla de Hogwarts abandonó su puesto como maestra de Herbología para dejárselo a Neville Longbottom, mientras que el de jefa de casa y profesora de Runas Antiguas se lo quedó su hija también llamada Pomona.
Cuando Rose estuvo en tercer año, escogió como optativa Runas Antiguas y Aritmancia
—El profesor Slughorn estuvo inmediatamente de acuerdo con la revocación de su castigo —McGonagall alzó las cejas inquisitivamente, dando a entender que el jefe de casa de Slytherin diría que sí a su regreso si eso significaba incrementar la probabilidad de ganar la copa de las casas.
Rose sonrió un poco, por supuesto que Slytherin las respaldaría.
—Sin embargo… Ravenclaw tuvo una postura totalmente diferente —Rose cerró los ojos con fuerza, respingó. Jamás la dejarían olvidar aquel incidente, a pesar de haberse disculpado hace tres años.
—Vaya… —apretó los puños, sintiendo como sus uñas se encajaban en su palma, pero no le importó el dolor, sentía furia la cual estaba tratando de controlar.
—Como jefe de casa de Gryffindor, reconozco sus habilidades como buena jugadora y no tengo la menor duda que sería un indispensable miembro para el equipo de su casa, además sé que usted ya ha recibido suficiente castigo y es momento de darle una segunda oportunidad, por eso me he atrevido a abogar por usted —le sonrió a Rose.
—Yo…
—Permítame continuar señorita Weasley —enseguida se silenció, tenía que saber de una buena vez si le concedieron el permiso—. El jefe de casa de Ravenclaw mencionó que usted es difícil de controlar, posee un carácter bastante impulsivo, y suele ser mezquina con sus compañeros de clase. Insiste que es una actitud que ha visto desde que inició el colegio, y no hay indicios de mejoras, por lo que si se te concede el permiso de volver a jugar Quiddicth es probable que vuelvas a arremeter contra algún otro estudiante.
Le dieron ganas de poner los ojos en blanco, desde siempre el profesor de encantamientos y jefe de casa de Ravenclaw le tenía tirria, y cuando ocurrió el incidente con sus estudiantes no dudó el sugerir su suspensión. Ahora más que nunca ella lo odiaba, y lo haría más si él conseguía que no le revocaran el castigo.
—Para no alagar esto más de lo que a nosotros nos tomó en llegar a una respuesta a su petición, hemos concluido que usted puede volver a jugar Quiddicth, pero con las siguientes condiciones.
Ahí está, lo había logrado, podría volver a jugar Quidditch. Fue tanto la emoción que no le importó saber que la estaban condicionando, el punto era que podía volver a jugar y eso la hacía sentir tan feliz.
Había sido ya bastante tiempo desde que sintió una felicidad intensa, al fin las cosas estaban saliendo como ella quería.
—No se emocione todavía, señorita Weasley. No son condiciones sencillas y requieren completamente de un cambio de actitud en usted —la mirada severa fue suficiente para borrarle la sonrisa del rostro.
—Disculpe.
—Solamente tendrá tres oportunidades, si recibo alguna queja que usted ha roto alguna regla del colegio, disminuido su rendimiento escolar o su actitud no mejora; entonces recibirá una llamada de atención, juntar tres significará la revocación definitiva del privilegio que se le está concediendo.
—¡Tres! Pero eso es bastante… —nuevamente la mirada de McGonagall la hizo callar.
—Entonces le sugiero que empiece por mejorar su actitud. Tengo entendido que usted quiere entrar al equipo de Quidditch, lamentablemente tendrá que hacer las pruebas y si el capitán de Slytheirn la escoge entonces pasaremos a la siguiente condición: si Scorpius Malfoy decide expulsarte, entonces no hay nada en mi poder que pueda volver a reintegrarla en el equipo.
—Mañana son las pruebas…
—En ese caso es mejor que vaya a practicar de una buena vez —Rose no pudo evitar contener su alegría, una risa llena de felicidad se le escapó de sus labios, podría echarse a llorar en ese mismo instante y no le importaría que la mirara McGonagall.
—¡Muchas gracias! ¡No voy a fallarle! —La directora le hizo una señal con las manos para que se retirara, pero Rose seguía agradeciendo al mismo tiempo que caminaba de espaldas hacia la salida—. ¡Gracias!
Con lo ocurrido, ni siquiera tenía hambre, lo único que quería hacer era correr directamente hacia el campo de Quiddicth, tomar una escoba, aunque fuera vieja, lenta y llena de astillas, y volar por toda la escuela. A pesar de tener prohibido jugar, durante las vacaciones de verano y navidad siempre practicaba horas y horas, pero cuando regresaba a la escuela ya no podía hacerlo así que sus habilidades se estropeaban un poco.
—Vaya al parecer alguien consiguió lo que quería —dijo una voz llena de amargura a sus espaldas, Rose se giró para encontrarse a Lorcan en el pasillo.
N/A: ¡Hola a todos! Se que ha pasado bastante tiempo desde que actualice este fic, peor TENGO UNA BUENA RAZÓN. Estuve bastante ocupada durante este semestre, trabajando, yendo de 2 pm a 8 pm a la escuela, tareas, proyectos, exámenes que simplemente no me dio tiempo de escribir, y la veces que podía tener algo de tiempo era tanto mi cansancio que prefería dormir. Ahora mismo me encuentro cerrando el semestre, me quedan 3 exámenes para cerrar semestre y darle la bienvenida a las vacaciones de verano.
Ahora no tengo nada planeado para verano y eso me deprime como no tienen idea, soy de ese tipo de personas que no puede estar tanto tiempo sin hacer nada.
Ahora no hay viajes a Europa, y esos viajes no saben como me ayudaban a inspirarme con mis fics.
Espero que les haya gustado, y supongo en el próximo capítulo saldrá Scorpius.
