7. SanGo I

A inicios del sétimo día después del ataque del kyubi, Shizune le hace ver a Tsunade que ella no ha dormido más de seis horas enteras en todo ese tiempo. La Senju se sorprende al darse cuenta de que tanto había pasado desde que llegó a Konoha. Y, perder de esa manera el sentido del tiempo, es lo que la hace aceptar la orden de su sobrina.

―De acuerdo. Te voy a dejar a cargo de la sala de cuidados intensivos. Decide quién te releva en seis horas. Voy a llegar en unas doce.

Shizune abre grande los ojos de sorpresa y luego se sonríe, sonrojada por la confianza que Tsunade ha depositado en ella… Pero, cuando ve a su maestra acercar una mano llena del chakra curativo hacia su propia cabeza; los ojos de Shizune se habían fruncido y se había despedido para seguir con sus tareas.

Tsunade siente un gran golpe emocional en ese momento, y eso la deja sorprendida. Tal vez todo el dolor que debió haber sentido a cada hora de su tiempo en el hospital, surgió en ese minúsculo momento. Todo lo que debió haber sentido al estar sanando los cuerpos en el peor de los estados, viendo morir a muchos, alegrarse de los que no mueren pero han quedado lisiados para siempre… Siempre rodeada de desesperación y premura por doquier. Siempre teniendo que estar lista para ser la gran Tsunade Senju, la mejor ninja médico de toda la historia, frente a los pacientes y al equipo médico del hospital.

Está muy cansada, y por primera vez se lo deja sentir. Pero aún así, ¿lo primero que hace cuando está libre es hacer la técnica para evitar el síndrome de abstinencia…? ¿Por qué le extraña y duele tanto, si lo ha hecho cada tanto en todos esos días? Usar chakra curativo en ella misma, un precioso chakra que pudo haber usado en los pacientes. Por eso, todo su ser le grita: "¿¡Tan bajo he caído!?".

Siente unas ganas enormes y desesperadas por borrar esa sensación tan horrible de ansiedad, de sed por sake, junto a la vergüenza por estarla sintiendo.

Con las manos en puños para que los demás no vieran que están temblando, la rubia va hacia la ventana más cercana y se tira por ella. En medio del aire, hace una pirueta y cae de pie en la calle. No ve nada de Konoha, ni oye nada de lo que los ninjas dicen o hacen mientras la limpian. Agradece que es de noche porque así es más fácil no hacerlo.

Se manda a seguir brincando y brincando, corriendo hasta que llega a una gran casa que no fue golpeada por el ataque. Una de las más antiguas de Konoha. La casa del cabeza del clan de los Senju, donde sus abuelos, tíos, padres y ella misma, vivieron desde los inicios de Konoha; es una gran construcción tradicional de madera, varias habitaciones y espacios al aire libre, que ha visto mejores días. Nadie ha vivido ahí desde que ella se fuera de Konoha seis años antes. Por eso, cuando ve una de las luces prendida, Tsunade se pone en guardia y se manda a despertar todos sus sentidos.

Cuando sabe quién ha traspasado su casa la Senju da un gruñido, sus puños preparados para romper algunos huesos. Entra con rapidez, sus pasos fuertes, y va hasta la cocina que Shizune había acondicionado en uno de sus pocos descansos.

… El muy descarado se gira lentamente a verla con un pedazo de carne entre la mano y la boca, y le sonríe alegremente.

―¡Tsunade-hime, bienvenida a casa! Shizune-chan me dijo que podía quedarme aquí, porque el departamento que tenía…

Ella se mueve para estar justo al frente de Jiraiya. Por más que tiene que subir la vista para mirarle a la cara, algo en su enojo la hace parecer hasta más grande que él.

―Fuera de mi casa ―dice, un susurro airado entre rechinar de dientes. Toda ella tiembla, pero no solo de rabia si no de debilidad, cansancio y necesidad de alcohol.

El sannin de los sapos no parece darse cuenta del peligro en que está. Más bien se gira de nuevo, y tira dos bistec más en el sartén.

―Pero acabo de levantarme e iba a comer algo antes de volver a la limpieza de la villa… ¿Quieres un poco de carne de oso? La suavicé como te gusta.

―¡QUE. TE. VAYAS!

Pero Jiraiya solo sonríe y dice:

―Eso quiere decir que sí tienes hambre.

―¿¡Acaso no escuchas lo que te digo, baka!?

Él, por toda respuesta, mueve una mano con rapidez. Tsunade no siente que es una amenaza, Jiraiya nunca lo ha sido para ella, y por eso no se inmuta de que el movimiento terminara justo frente a su rostro. Aun de espaldas a ella, Jiraiya le está mostrando una botella llena de uno de sus sakes favoritos… Tsunade lo toma en su mano y le saca el corcho sin siquiera pensar al respecto.

―Hay más de donde ese salió ―dice él, como si tal cosa―. Abrí uno de mis sellos contenedores de sake, esos que están hechos justo para este tipo de días. ―Tsunade no dice nada, toma y toma mientras se sienta en el desayunador de la cocina―. Y la verdad que en estos momentos, o tomo con alguien o terminaré buscando a alguien a quién matar de la frustración. Así que, ¡estás de suerte Tsunade-hime! ¡Hoy yo invito!

―Creí que estabas descansado ―le dice ella, su enojo olvidado por sentir el alivio del licor en su cuerpo. ¿Cómo estar enojado con Jiraiya cuando él le había proporcionado la sustancia que le diera esa sensación?―. Siempre estás de un extraño buen humor cuando estás descansado.

―Mi estudiante murió.

Tsunade se atraganta un poco con el sake, pero no lo suficiente para tener que toserlo.

―No lo sabía… ―dice, su voz baja.

―Me lo dijo el sensei de Dan. Katsuyu-sama estuvo ayudando con sus heridas, pero… Si ellos dos no pudieron salvarle, nadie lo hubiera podido hacer. ―su voz se quiebra, y por eso tiene que carraspear. Le echa más aceite al sartén―. Eso es lo que me tiene más enojado.

Tsunade siente un apretón en la garganta que ni el sake le quita. ¡Está tan cansada de todo!

Los dos se quedan en silencio, mientras los sonidos de Jiraiya cocinando y el de Tsunade tomando, les hacen compañía… Empieza a llover con fuerza, un tamborileo por doquier que, justo cuando Jiraiya sirve la comida, (arroz, carne y sopa miso); empieza a ser coreado por el shishiodoshi, que se llena rápidamente de agua y, pronto, empieza su lucha de deshacerse de ella para que, segundos después, tenga que moverse de nuevo.

Además de los generosos platos con comida, Jiraiya ha abierto un sello con una exorbitante cantidad de botellas con sake. Tsunade se sienta frente a él con la mesa baja tradicional entre ambos, llevada allí más por el delicioso olor de las bebidas que por el hambre.

Pero se come todo. Sí, había tenido tanta hambre que la mediocre comida de Jiraiya le parece un manjar. ¿Hace cuanto que no comen como se debe? Ni siquiera entonaron el "itadakimasu" antes de empezar a engullir con muchas ganas.

Y, después de comer, siguieron tomando sake en silencio. Luego de un rato, Jiraiya empieza a hablar de su estudiante y Tsunade, a maldecir a la vida ninja.

Él llora por su mala suerte como maestro. "¿Seré yo el que les traje la muerte a mis estudiantes? ¡Cinco muertos, y Minato lo esta para el mundo!…" Tsunade le insiste en que no es culpa de él, si no del maldito mundo en que están. "Por eso yo solo tengo a Shizune, y ella no es una ninja, no. ¡Es una médico que nada tiene que ver con misiones y qué mierdas!".

Los dos brindan por Shizune y por no haber tenido una vida de mierda… Hay siete botellas vacías entre los dos. Jiraiya va a orinar y regresa mojado, porque lo había querido hacer en el estanque del jardín, bajo la lluvia torrencial. ¡Y qué diantres, él es el sannin Jiraiya y puede orinar donde le da la gana!

Tsunade se ríe histéricamente de verlo llegar totalmente mojado, su ropa pegándosele al cuerpo, su melena goteando por doquier. Termina tirada de espalda en el tatami, su cabello regado entre su cara y el suelo.

―¿Cuándo te quitaste las coletas? ―ríe él, sentándose a su lado.

―¿¡Quién sabe!? ―ríe un poco más Tsunade, intentando quitarse el cabello sobre la cara sin lograrlo del todo.

Jiraiya se acerca para ayudarla, también entre risas. Le aleja los mechones del rostro y termina mirándola. Siente como algo crece en su pecho, y no solo en su bajo vientre. "Es tan hermosa" piensa. "Aún cuando esté llorando". Porque Tsunade ahora está llorando en silencio. Acerca más el rostro y le deja la mano en la mejilla, porque no quiere dejar de tocarla.

La Senju se cubre los ojos con un antebrazo, aunque su llanto es obvio en las lágrimas que caen por su mejilla y los movimientos de cuerpo.

―¡No es cierto! ―dice ella de repente, con la voz ahogada―. ¡Yo le he dado una vida de mierda a Shizune! ¡Me debe odiar por eso!

Jiraiya no ha sentido tanto pánico en su vida ni siquiera cuando ha estado entre la vida y la muerte.

―No es cierto…

―¡Sí lo es! Yo me la llevé, y no tiene amigos y le hago la vida imposible.

―Tsunade-hime…

―Y ahora ella me odia porque soy violenta, y huyo, y lloro y tomo para no llorar y pierdo nuestros ahorros y… ―A penas puede decir, entre hipidos y llanto cada vez más histérico.

―… Tsunade…

―¡Y ella es todo lo que me queda, y yo le he dado una vida de mierda y…!

Pero no puede seguir, porque Jiraiya ha hecho, por una vez, lo que su cuerpo siempre le pide al estar con ella. La había besado en la boca. Por un instante, por detrás de su cuerpo revolucionado, Jiraiya piensa en lo que va a doler lo que sea que ella le hará por el atrevimiento. "Valdrá la pena".

Jamás se le ocurrió que, cuando va a alejarse de ella y huir por su vida, Tsunade alargara el cuello para seguir besándolo, hasta movimiento ella misma su boca y, luego, su lengua. A la vez, le abraza por los hombros muy fuerte. En todo ese movimiento de la kunoichi hay una desesperación tal, que parece que si lo dejara ir es igual a dejar de respirar.

Jiraiya no puede creer las sensaciones en su cuerpo, la sorpresa, felicidad y lujuria. Ella huele y sabe a saque y la salinidad de sus lágrimas, ¡afrodisíaco! Y esos grandes pechos aplastados contra él, los pezones endureciéndose por el contacto con el frío del agua en la que él está empapado. La abraza de vuelta. ¡Kami, está tan caliente y él se da cuenta de que sentía tanto frío antes de tocar ese fuego en ella! Y toca, toca por su espalda y costado. Todo es suave, y firme a la vez y ¡Kami-sama… Su más grande sueño, su más desesperado deseo está siendo realidad…!

"¿… Será un genjitsu?". El sannin de los sapos siente como el instinto de supervivencia le gana al de… procreación. Y, muy a su pesar, se quita los brazos de ella de los hombros como puede mientras se aleja de su rostro. El respirar de ella en su rostro, caliente, lo hace repensar lo que va a hacer… Y el hecho de que Tsunade decidiera dar un gruñido y empezar a besar su pecho y cuello, lamiendo el agua de su piel, no le ayuda en nada. Pero, cerrando los ojos y temblando de arriba a abajo, y solo por la fuerza de sus treinta años de vida como ninja, logra aguantar el sentir su cuerpo, su olor, su calor, sus labios y lengua; y hace el signo de manos requerido para terminar los genjitsus. "¡Kai!" Dice con voz aguda. Todo sigue igual. No, peor, que Tsunade acaba de darle una pequeña mordida en el bicep…

"Kami-sama, kami-sama, ayúdame" se dice a sí mismo… Además de estar besándole en el pecho una y otra vez desespereradamente, Tsunade empieza a quitarle la ropa que le cubre el torso, como si quisiera besar y probar más y más de él.

... Pero Jiraiya ha logrado ser un sannin a pesar de que muchas personas han querido usar sus perversiones contra él. Por lo que, temblando tanto de la desesperación por no volverse loco, vuelve a tocar a Tsunade. Su mano se posa castamente en uno de sus hombros y él le da de su chakra para despertarla a ella del "genjitsu".

La rubia solo da un gemido, coge su mano y la baja hacia ese lugar que él siempre ha querido tocar: uno de sus pechos. Jiraiya ya no puede pelear más.

… La desesperación de besos, caricias y quitada de ropa se redobla con los esfuerzos de Jiraiya. Y, cuando él termina cargándola bien apretada a su pecho y levantándose, caminando sin mucha dirección ni elegancia hacia el cuarto más cercano, oye una risa venir de ella.

Junto a los "¡Oh, kami!" y "¡Jiraiya!" Que ella gimiera o exclamara en los siguientes momentos, esa risa fue lo que más le hizo desear seguir haciéndole el amor.

Cuando Tsunade se despierta, unas tantas horas después, la lluvia había dado paso al trinar de los pájaros y, la luna, al sol. La sannin de las babosas jura que uno de sus rayos se cuela desde la ventana justo para atacar sus ojos. Se merece eso y mucho más.

Aunque está medio dormida y se sabe sola en ese momento, recuerda muy bien lo que había hecho unas horas antes, con quién y las ganas con las que lo había hecho. Tsunade entierra el rostro en el colchón del futón, nunca antes sintiendo tanta vergüenza y recriminación contra sí misma… Y maldice el hecho de ser una ninja de élite. Como tiene los ojos cerrados, inconscientemente, su cuerpo ha enviado más chakra a los otros sentidos. Por eso, se da más cuenta del estado en que está su cuerpo desnudo, y el olor que aún se encuentra en ese futón. Las dos sensaciones son testamento de la muy apasionada intimidad que Jiraiya y ella vivieron unas horas antes.

Entierra aun más el rostro en donde está y da un grito de desesperación que es ahogado en el mismo. Se siente tan idiota, culpable y airada contra Jiraiya… Empieza a pensar en su Dan, en que le ha sido infiel… ¡Con Jiraiya!

Siente unos grandes deseos de huir y se pone en pie de un brinco. Además de un mareo, más dolor de cabeza y esa maldita ansiedad por tomar alcohol, Tsunade siente el frío de la mañana en su piel desnuda. Por si acaso el estúpido de su compañero de equipo está por ahí, coge la cobija y se envuelve en ella.

Está en un cuarto de invitados, muy parecido a tres más de la casa. Se acuerda que llegaron allí casi que por suerte, dado lo "ocupados" que habían estado en saborear y tocar el cuerpo del otro… Tsunade necesita vestirse. Claro que encuentra de su ropa en el suelo. Pero, lo que le sorprende, es que esté toda ella y bien doblada. Esa sensación aún se hace mayor por el papel que estaba esperando por ella, arriba de esa ropa. "¡No he huido!" jura la hermosa caligrafía de Jiraiya.

Tsunade siente que su enojo baja un poco, para redoblarse aún más por ello. "¡Acaso te importa que te dejara plantada ese ero-baka, Tsunade!". Se grita. Y coge el papel para quemarlo con chakra. Pero éste solo se enciende con las líneas de un sello, y se abre. Ya que ve las letras de la nota, la curiosidad le gana y la lee:

«Me voy porque sé que no querrías verme esta mañana.

Sé que sabes que esta ha sido la mejor noche de mi vida. Pero no te preocupes, también sé que no lo fue para ti. Por eso, haré que no ha pasado nada y seguiremos con nuestras vidas.

Te dejé desayuno.

Tuyo.

Jiraiya.»

Tsunade se siente tan aliviada con esas palabras, que tiene la entereza para bañarse y desayunar antes de quemar la ropa que había llevado la noche anterior, el futón y la cobija. No le quedaba entereza para tomarse el esfuerzo de lavar todo eso.

Y aunque aún se siente como la peor de las personas por haber sido infiel a Dan, sabe que Jiraiya, y su ligereza de carácter, en verdad le ha ayudado a sobrellevarlo. Él no la va a juzgar por lo que habían hecho. Y, al parecer, tampoco le va a pedir nada por ello.

Además, se dice a sí misma… En verdad que la pasó muy bien con él. Tan bien, que sintió una saciedad que solo conseguía con apuestas. Además del olvido, que era el regalo del alcohol.

Eso, realmente, fue lo que más le sorprendió. Y le hace sentir terrible consigo misma. "Bueno", se dice mientras sale de nuevo hacia el hospital. "Como decía Mito-baa-chan, un único error a veces no vale en la cuenta de errores". Tsunade se cree en serio que jamás volverá a pasar… Como, años antes, se había creído que jamás iba a terminar en bancarota por las apuestas, huyendo de acreedores y terminando siendo adicta al alcohol…

-o-

Unos días después, el sandaime está en la oficina del hokage experimentando en la vida real una de sus pesadillas: ¡papeles, papeles y más papeles por doquier! Y sabe que es una idiotez, que no es para tanto. Que su Biwa-hime fue asesinada, él casi no ha dormido y, si lo intenta, simplemente no puede hacerlo por más de tres horas. Que Saya-chan está destruida por la muerte de su madre, que Asuma-kun no puede verlo sin gruñir del enojo… Que Konoha ha perdido mucho, y por eso mismo sus enemigos pueden atacar en ese mismo momento para destruirla del todo.

Sabe eso y más. Aún así, es cuando ve el papeleo por doquier que siente unas ganas incontrolable de llorar. "¡Contrólate Hiruzen! esto solo significa que algunos de tus ninjas ya pueden dejar de trabajar en las ruinas, y empezar a hacer reportes de todo lo que ha pasado y sus repercusiones". Se dice mientras está sentado a su silla, fumando de su pipa, temblando y aguantando las ganas de llorar.

Sabe que en verdad no se siente así por el papeleo.

―¡No sé qué me poseyó para acceder a tanta idiotez! ―la voz de Tsunade lo saca de su ansioso ensimismamiento.

Y, como siempre le pasa cuando tiene que hacer frente a una persona que le busca por apoyo, Hiruzen Sarutobi se siente tranquilizar al instante. Sonríe.

―Tsunade-kun, ¿en qué te puedo ayudar?

Tsunade está mirando alrededor, pálida. Aún con la mirada ida en esas montañas de papeles, coge la que está en una de las sillas frente al Hokage, la pone encima de otra, y se sienta.

―No podré, no podré, no podré… ―la oye musitar una y otra vez su maestro.

―Estoy seguro de que no tendrás mucho que ver con el papeleo que tengan que hacer en el hospital…

―¡Sensei, no puedo! ―le interrumpe ella, y hace un movimiento hacia las varias columnas de papeles puestas en el suelo. Algunas llegan a ser más altas que un metro― ¡Y no es solo el papeleo! ¡Es todo, todo lo que ese dichoso sombrero significa!

Al sandaime casi se le cae la pipa de la mano. Pero, aunque es asaltado por la sensación de que todo eso es un sueño, no lo deja ver en su tono de voz sereno:

―Así que serás tú la godaime.

―¿¡Acaso no has oído lo que te he dicho!? ¡No puedo! No soy como tú, o mi abuelo, ¡Menos como mi tío abuelo! ¿En qué estaría pensando al decir sí?

Tsunade entierra su rostro en sus manos, respirando rápidamente. El Sarutobi sigue sintiendo esa sensación de irrealidad que le ha quitado su reacción emocional. Sabe que si no fuera por ello, estaría sintiendo algo que no le haría nada de gracia.

Solo ha podido sobrevivir sin ella, sin su Biwa-hime, porque ha tenido que ser el sandaime… Esa verdad lo ha dejado frío. Abre uno de los cajones de ese escritorio que tan bien conoce, y saca la botella de sake a medio vaciar de ésta. Se la da a su pupila sin más.

―Estupideces, Tsunade. ―dice, centrándose en lo que la Senju ha venido a pedir de él: apoyo―. Estás mucho más capacitada que yo cuando mi sensei me heredó el título, y que tu abuelo cuando inició la villa. Bien sabes que el Hashirama-sensei tenía el carisma para liderar, pero si no fuera por Tobirama-sensei, habríamos terminado estando en una tierra donde reinara el caos.

Tsunade coge la botella y toma mientras su maestro dice eso. Luego, golpea más fuerte de lo necesario el escritorio con la misma. Al menos, no la quiebra.

―Pues yo no tengo ni el carisma del abuelo, ni el orden del tío abuelo. ¡Si ni siquiera he estado aquí los últimos años! ―exclama, a la desesperada.

Hiruzen frunce el ceño y la ve severamente. ¡Ya basta de dejarla a ella jugar a la derrotista! ¡Él no enseñó a una mujer débil de carácter, como Tsunade parece que se cree que es!

―Cuando yo subí al cargo apenas tenía la fuerza de un jonin, no tenía mayor poder político, había ninjas más fuertes, experimentados y mejor capacitados en la villa que yo y, además, estábamos en medio de una guerra ninja… ―Afirma. Y la rubia lo mira con grandes ojos sorprendidos―. Créeme, Tsunade: Tienes todo lo necesario para ser hasta la mejor Hokage. Y, lo más importante, una villa que no solo te va a seguir, si no que te va a dar fuerza, consejo y, algunas veces, hasta guía. ―y, dirigiéndole una sonrisa confiada, el sandaime saca una botella de sake llena y se la presenta a ella.

Tsunade la coge sin sonreír pero, al menos, ya no tiene la mirada baja ni parece estar acorralada en su propia piel.

―Así que, ¿cómo hiciste para sobrevivir por cuarenta años en ese puesto, si tu inicio en el mismo fue tan o más terrible de como estamos ahora?

"Biwa-hime" piensa en seguida. Pero se queda callado, cavilando esa pregunta mientras fuma de su pipa y ve hacia la nada. Sabe que no solo fue por su esposa que sobrevivió. Solo piensa en cuál es el consejo más práctico que se le puede dar a su pupila y sucedora. De repente, da una carcajada. ¡Pues el mismo que le diera a Minato-kun!

―¿Sabes la verdadera historia del porqué Tobirama-sensei inventó los clones de sombra?

Si a Tsunade le extraña la pregunta, no lo deja ver… El sandaime se levanta para cerrar la ventana. Desde ésta estaban cayendo gotas de lluvia por el tremendo viento de ese día. La rubia sabe que le está escuchando aún así.

―¿Algo me dice que no es solo porque son los espías perfectos?

―Correcto.

Tsunade sonríe pícaramente, entendiendo.

―¿Para sobrevivir a ser Hokage?

―Para sobrevivir ser el co-Hokage cuando tenía que estar detrás de su hermano, haciendo posible las grandes ideas que a éste se le ocurriera. ―el sandaime se ríe con nostalgia y vuelve a sentarse―. En fin, que te voy a dar el mayor secreto del hokage para sobrevivir al cargo: la regla de los Cinco Kages.

―Te escucho.

―Todos los días hay cinco hokages en Konoha, Tsunade-kun. El original y cuatro clones de sombra. Cinco, si el original está en su día de descanso.

―¡Cinco! ¡Pero lo sabríamos, eso no es…! ―deja de exclamar por la risa divertida de su sensei.

―¡Nadie pone en duda que el Hokage es más que un humano, Tsunade-chan! Por eso nadie se ha puesto a pensar en el horario de locos que es este trabajo. Pero Tobirama-sensei no solo se las tuvo que ver con eso, si no con la verdad de que un Hokage no puede solo trabajar si quiere mantenerse a tono para el cargo. Que también necesita mantener cierta estabilidad emocional fuera de esta oficina y, sobre todo, seguir entrenando para mantener su fuerza.

»Por eso analizó el cargo, y se dio cuenta de que hay cinco grandes tareas del hokage que se tiene que dividir entre cinco personas al día: Entrenamiento, descanso para el original o meditación para el kage-bunshin, política doméstica e internacional tanto civil como ninja, economía y preparativos pre y post-misiones.

―Pero eso solo lo dejaría con 25% de su chakra. 20 en los días que descansa. ―rebate Tsunade.

―Serán pocas las veces que necesites estar en óptimas condiciones cuando eres hokage, Tsunade-chan. La pelea del trabajo es más mental y emocional, que física. Además, si es necesario, bien puedes cancelar la técnica y eso te devolverá todo el chakra que le quede a los kage-bunshin. Y, algo que pocos saben, hacer un kawarimi para cambiar de posición con un kage-bunshin, aún cuando estemos a kilómetros de distancia, es factible con practica. Así puedes estar donde más se te necesita antes de cancelar la técnica.

―Pero aún así… ¡Estar solo con el 20% de tu chakra!

―Con el 50%, Tsunade-kun. Y, me di cuenta en mis años usando la técnica todos los días, la misma hace posible mayor flexibilidad en el chakra y lo aumenta pasivamente, sin tener que hacer algún entrenamiento para eso. Gracias a esa flexibilidad es que me es fácil usar jitsus elementales uno detrás del otro, sin ningún problema porque no sean de mi afinidad con el fuego. Y, por el aumento lento pero seguro de mis reservas, la mayoría de los sensores no se extrañan de que ande por ahí con tan poco chakra. Aún mis kage-bunshin, a mediados del día, tienen suficiente chakra como para compararse con un jonin.

―¡Kami! ―exclama ella, muy interesada. Luego, frunce los ojos―. No estaré hablando con uno de ellos, ¿o sí, sensei?

Hiruzen se ríe con mucha gracia, toma otra vez de su pipa, y le contesta mientras deja ir el humo.

―No. Por regla, solo el kage puede hacer uso de esa estrategia. Y ahora mismo, aunque esté trabajando como tal, no soy hokage ―eso último lo dice con cierta pesadumbre.

El silencio se alarga un poco, hasta que ella pregunta:

―¿Cómo puedes estar siempre con tus 50% de chakra, si usas el kage-bunshin para dividir el mismo en tres o cuatro partes?

Hiruzen le responde fumando de a poco y viendo hacia los cuadros de los hokages, con una mirada ida y serena.

―La forma en que se hace es que sacas solo un kage-bunshin con la mitad de tu chakra. Y éste, a su vez, hace la técnica para sacar tres o cuatro copias de sí mismo. De esa manera, tú sigues con el 50% de tu chakra, y ellos tienen poco más de 10% cada uno. Hay algo que debes tener en cuenta. Ellos deben hacer kage-bunshin y cancelarlos para que te reporte sus recuerdos cada pocas horas. De esa manera, la información del día llega poco a poco a tu cerebro, y no terminas teniendo una convulsión mortal al final del día por la sobre-estimulación cerebral de tres o cuatro días de vida en un solo instante. También, debes darte unos momentos para meditar, asimilar y guardar la información cada vez que eso pasa. Si no lo haces, puedes terminar con un dolor de cabeza horrible y, peor, una confusión mental muy grande.

Tsunade está muy pensativa.

―Aunque la mayoría de personas no deben hacerlo porque pueden morir por un bajonazo de chakra, no entiendo porqué una herramienta como esta no se hace pública y no se fomenta. Es decir, ¡el trabajo que se puede llevar a cabo con esto! ¡La cantidad de entrenamiento con chakra y de conocimiento que se podría hacer…!

―Te estás equivocando en tu premisa. No es el bajonazo de chakra el que mata a la persona, Tsunade-chan. Eso es lo que la mayoría cree. Lo que mata es la falta de energía vital. Ese es el centro de vida dentro de uno, el que produce el chakra Yang y chakra Ying que se combinan y crean el chakra común. Con la técnica del clon de sombra, es la energía vital la que se divide y crea el kage-bunshin, su cuerpo, su intelecto, su chakra como reflejo del ser real al que siempre le ha dado vida. Por eso es que tenemos los recuerdos del kage-bunshin, y por eso es que pueden aguantar más golpes y pensar mejor que los otros tipos de bunshin. La mayoría de las personas no tienen suficiente energía vital para poder hacer esas divisiones. Es verdad que esta se acrecienta con más chakra tengamos, pero su cantidad base suele ser personal. No todas las personas logran tener la suficiente para hacer clones de sombra duraderos, aún cuando pueden llegar a ser jonin… Los Uzumaki, por su lado, tenían tanta que es la base de su kekkei genkai de longevidad, mejor ritmo de curación y enorme cantidad de chakra. ―ríe―. Si Kushina-kun no estuviera decidida a tener siete hijos, solo por su capacidad de hacer kage-bunshin a diestra y siniestra, la haría una gran candidata al cargo.

Tsunade niega y se sonríe, avergonzada de sí misma.

―Ahora que me tuviste que explicar la técnica, me siento estúpida por no haberlo entendido antes. O por no haber sabido que ese era tu secreto para hacer tanto trabajo como hokage.

El sandaime se ríe con mucha más gracia.

―¡Minato-kun y yo reaccionamos de la misma forma cuando lo supimos!

Tsunade se sonríe sinceramente, mucho más relajada. Y hasta deja la botella en el escritorio, mientras se recuesta en la silla.

―Nunca he usado kage-bunshin así. ―piensa un poco, y se asiente―. Lo más que he usado es uno por siete horas.

―No estaría preocupado ―dice el sandaime con un ademán despectivo de mano―. Los Uzumaki son de los pocos con kekkei genkai progresivos, así que entre eso y que eres una ninja de élite, sé que tendrás más que suficiente para llevar en práctica la regla de los Cinco Kages.

Aunque claro que Tsunade sabe sobre la teoría de los kekkei genkai progresivos, aún así no está segura de hacer uso del kage-bunshin con tanta facilidad si la energía vital está en juego.

―Pues que mira que tendré que verlo con mis propios ojos. ¿Puedo ser tu sombra por estos días, para conocer el trabajo del mejor?

El sandaime siente volver la ansiedad a su pecho pero, como debe aparentar frente a Tsunade, no deja verlo. Y le dice con una sonrisa que sí, que está más que dispuesto a no tener que vérselas con el papeleo de nuevo.

Un par de horas después, mientras Tsunade gruñe algo sobre trastornos obsesivos compulsivos al leer algún archivo; Hiruzen recuerda que una de las últimas cosas que hiciera su Biwa-hime fue hacer que Minato le diera un gran trabajo: revolucionar el sistema educativo de Konoha.

Y es la promesa de saber que le espera esa montaña de papeleo lo que lo mantiene estable. Aunque pronto tendrá que dejar de ser la persona de las que todos buscan apoyo y liderazgo, se convertirá en el que va a guiar a los niños de su villa, después de haber vivido algo tan traumático como el ataque del kyubi en su hogar.

Va a seguir trabajando. Ya puede estar en paz.

Tsunade sale de esa oficina unas horas después, no tan positiva como su maestro. Termina yendo al único bar que vuelve a estar abierto al público. Se emborracha junto a varios ninjas, todos rodeados de compañerismo y silencio.

… Cuando se da cuenta está en su casa, recostada a la entrada de la habitación donde Jiraiya duerme. ¡Y kami! ¿¡Porqué tuvo que ser tan placentera aquella noche con él!? ¿¡Por qué ella tiene que ser tan débil!? ¡Es que siente a su cuerpo hervir, sus labios hormiguear y sus manos necesitadas de acercarse y tocarle! Ve su cuerpo a la luz de la luna, tan grande y varonil, y quiere ser envuelta por él y sentir su calor, y olor…

Tsunade camina hacia su propio cuarto, cada paso tan tensos como sus puños cerrados. Esa noche casi no puede dormir de recordar aquella otra noche. Maldice querer repetir la experiencia, y le pide mil veces perdón a Dan por ello… Al día siguiente, se sumerge en el papeleo en la oficina del hokage hasta agradecida. ¡Nada como la burocracia para adormecer su mente!

-o-

La mayoría de la población de Konoha está congregada alrededor de la torre del hokage. Los civiles, en las calles o en balcones de los edificios. Los shinobis, en los techos o árboles. Es media mañana, pero está oscuro y frío. Todos los presentes están envueltos en abrigos.

Aún cuando los civiles no lo saben, las defensas de la villa están en alerta máxima y, por eso, muchos ninjas no podrán ver la ceremonia.

No es como que se pierdan mucho, realmente. En el balcón se encuentran los cabeza de los clanes mayores, el sandaime, Tsunade, los tres consejeros del hokage y un representante del daimyo. Este da un discurso sobre la historia del País del Fuego con Konoha, lo mucho que se le agradece y lo tanto que se le va a ayudar en ese momento de necesidad. Luego, el sandaime hace una despedida, corta para lo que están acostumbrados de él, se quita el sombrero y se lo pone a Tsunade. Las personas empiezan a aplaudir, sin mucho entusiasmo. Aunque están contentos con la decisión, saben que no es momento para celebraciones. La Senju se presenta ante ellos con toda la imposición de una princesa, no, de una reina, y espera con digno silencio a que todos le pongan atención.

Jiraiya y Orochimaru están sentados en uno de los tantos techos, solos. El sannin de las serpientes está tan tenso, que su mandíbula palpita y sus puños están vibrando de la fuerza con la que están cerrados.

―¡Relájate un poco, hombre! ¡Que estás hasta más tenso que Tsunade-hime!

―Yo debería estar ahí, Jiraiya ―sisea Orochimaru. Muy bajo y lleno de ira.

Jiraiya deja de sonreír y ve seriamente hacia Tsunade, que empieza a decir algunas palabras sobre su abuelo y su sueño de un mundo donde los niños no tuvieran que pelear.

―Sé que en muchas cosas de ese trabajo, tú eres la persona el ideal. Como ella lo es en otras, o yo en otras. Ahora que lo pienso, ser hokage en verdad no es ideal para nadie, me parece. Es un trabajo donde se juega con muchas necesidades a la vez.

Orochimaru parece no haber entendido lo que Jiraiya le quiso decir.

―¿También crees que ella es mejor que yo, que Minato-kun es mejor que yo, que tú lo eres? ―su voz es más baja y más airada a cada momento―. ¿Sabes lo humillado que me siento de ni siquiera ser considerado para el cargo?

―Orochi, vamos, no es como…

Pero el aludido se pone en pie de la nada y le dirige una mirada fría a Jiraiya. Su rostro la máscara perfecta de la ira, aunque su tono sigue siendo bajo y sibilino.

―¡Yo soy un genio, un genio en ninjitsu, en fuiinjitsu, en medicina, en química, en cuanta cosa sobre el conocimiento del mundo exista, en política, en economía, en historia… ¿Y no puedo competir contigo, un auto-proclamado super-pervertido? ¿Con tu pupilo, que no logra mantener el cargo ni seis meses y, en ellos, sucede el primer gran ataque extenso en suelo de Konoha? ¿O con Tsunade, que ambos sabemos que es adicta a las apuestas y, muy posiblemente, ahora también al alcohol…? ¿Y ellos, tú, son mejores opciones que yo? ¿¡Por qué!? ¿Por esa ilusoria idea de la "voluntad del fuego"? ¡Pues noticias para todos ustedes, idiotas! ¡La voluntad del fuego es extraer el oxígeno del aire, para seguir creciendo y creciendo, mientras arrasa todo en su paso! ¡Eso es simple ciencia, no una idea casi religiosa para alejar a los más prácticos de los puestos de poder!

Jiraiya aguanta toda esa retahíla con paciencia y, cuando Orochimaru deja de hablar para controlar su respiración, dice:

―¿Ya más tranquilo? ¡Mira el lado positivo Orochi-kun! Sí fuiste invitado a la reunión que va a hacer ella con todos los cabeza de clanes y civiles. De seguro te va a dar…

―¡Cállate! ―grita de repente Orochimaru, extrañando totalmente a Jiraiya por su exabrupto. Y desaparece en un shunshin.

Pero el sannin de los sapos termina encogiéndose de hombros. Está acostumbrado a lo reina del drama que puede llegar a ser su compañero de equipo. Además, no quiere perderse uno de los momentos más importantes en la vida de Tsunade.

―… Y por kami-sama mismo, ―decía ella, solemne y sincera―, que voy a hacer todo en mi poder para ser la mejor médico que esta villa y país pueda tener. Y luego, todos juntos llegaremos al sueño que mi abuelo y tío abuelo tuvieron al fundar y hacer crecer nuestro hogar.

Luego de eso, el sandaime se quita su toga y entre él y el representante del daimyo, se la ponensobre los hombros a la rubia. Pocos se habrían dado cuenta del momento de duda que ella tiene, antes de meter sus brazos en las mangas de la misma. Pero Jiraiya sí lo ve. Aún así, es el que más vitorea y aplaude de los presentes, con una gran sonrisa en la boca.

-o-

Un día a finales de octubre, a la mañana siguiente de haberle dado el sombrero a Tsunade, Hiruzen Sarutobi se despierta decidido a hacerle frente a su nueva situación como director de Desarrollo e Inteligencia. Con mucho la más pequeña y subvalorada de las divisiones administrativas de Konoha, pero la que se ocupa de la educación de los ninjas y el desarrollo del saber. ¡Su gran pasión en la vida!

Se levanta del suelo húmedo en que se había dormido apenas un par de horas antes, se limpia las tantas hojas y tierra de lo que le queda de los pantalones, sale por debajo del árbol al cual se había recostado antes de dormirse y camina como cualquier civil hacia los aposentos de los Sarutobis.

No ha entrado en su casa desde el día del ataque. Prefirió entrenar prácticamente toda la noche, y destruir uno de los sitios de entrenamiento menos usados, que ir a la cama que compartía con Biwako después de haber tenido que dar de nuevo el sombrero...

Sin embargo, entra con tranquilidad, se baña, cambia de ropa y se hace por sí mismo algo de comida. Luego, va a buscar los papeles que había estado viendo antes de que los ANBU le buscaran para hablarle del Código Naranja anterior al ataque del kyubi. La casa está solitaria, pues apenas está amaneciendo. Media hora después, la cocinera se extraña de verlo sentado a la mesa de la cocina, con varios papeles a su alrededor y tomando café…

―Buenos días, sandaime-sama.

―Buenos días, Hiroko-san.

Después de eso, Hiruzen se mantiene en silencio, exceptuando los saludos de buenos días que le dice a las dos sirvientas y a Saya; y lee atentamente cada uno de los papeles, que subraya y ordena alrededor de él. Por eso, la joven Sarutobi se sorprende cuando éste le pregunta de la nada:

―Saya-chan, ¿qué tanto sientes que te ha servido las clases para kunoichis?

―Sinceramente te digo tou-chan: ¡Deshazte de esa materia! Solo has algo para que todos, sin importar que tengamos pechos o no, sepan una o dos cosas sobre trabajar encubierto y lenguajes ocultos.

Hiruzen parpadea, sorprendido por su vehemencia.

―¿Como qué cosas crees que son básicas de aprender, Saya-chan? ―le pregunta él.

Saya lo piensa mientras come lentamente el huevo frito.

―Observación del lenguaje corporal…

Y eso fue el inicio de una muy amena conversación de casi dos horas en que su hija, una jonin especial experta en espionaje, le contó varias historias de sus misiones que jamás tuvo la oportunidad de decir antes al hokage.

El papeleo, olvidado. La pérdida también, y la desesperación con ella. Solo un padre y una hija hablando. Pero los dos terminan llorando. Hiruzen consolando a Saya, porque su madre y esposa no está ahí para presenciar eso.

Unas dos semanas después, casi a media noche, el sandaime está sentado en la sala. Su papeleo claro que está ahí a su alrededor, en el suelo y en la mesa. Pero no está totalmente solo en su lucha contra su némesis: un kage-bunshin se encuentra también bien metido en su misión de leer de un papel a otro y hacer anotaciones.

Eso es lo que Asuma se encuentra cuando entra en la casa, después de otro arduo día de construcción y una noche de entrenamiento.

―Asuma-kun ―es el recibimiento que le hace su padre―. Saya-chan dejó tu cena en la refrigeradora.

Asuma da un gruñido para dar a entender que le había oído pero, en vez de ir hacia la cocina, se encamina a su habitación.

Después de dos semanas dándose fuerza para dar ese paso, Hiruzen Sarutobi toma valentía y levanta un poco la voz.

―Si no estás muy cansado, ¿crees que podrías darme tu opinión sobre algo? Ya terminé de armar los temarios para cada uno de los años en la Academia, y los temas generales para las clases de las escuelas básicas. Me gustaría que me recomendaras mejoras o cambios al respecto.

Hiruzen espera que su hijo no se sienta tan extrañamente avergonzado como él se está sintiendo en ese momento. Que después de semanas de no hablarse y siempre estar tensos uno alrededor del otro, ese pedido de ayuda casual se siente casi como una disculpa de cintura por parte del mayor de los Sarutobis hacia su hijo. Solo espera que Asuma no reniegue de ese gesto de amistad, como de tantos otros que Hiruzen ha tratado de tener para con él.

―… Mañana, que estoy cansado ―oye la voz de su hijo, unos segundos más tarde de lo que hubiera sido común―. Buenas noches, otou-san.

¡Le ha dicho otuo-san! ¡Por fin, una victoria! Hiruzen se siente sonreír tanto, que se extraña de sentir lágrimas llegar a sus ojos. Se ha imaginado la cara de contento que hubiera puesto su Biwa-hime con ese pequeño pero profundamente significativo intercambio de palabras entre los dos.

La conversación del día siguiente no es tan amena como las que ha tenido con Saya-chan, pero se da, que es lo importante. Los dos hablan civilizadamente, Asuma le dice una vez "tou-chan" y el sandaime toma en cuenta dos de las correcciones que el muchacho diera.

Cuando el adolescente se va, y bajo la atenta mirada de Saya-chan, Hiruzen hace otro kage-bunshin y se sumerge de nuevo en los perfiles de los posibles aspirantes a senseis entre los ninjas retirados. Saya-chan se sienta a su lado y le ayuda sin más. Los dos sonríen en silencio.

-o-

Jiraiya está cenando junto a Shizune en la casa de los Senju. Como las cosas se han tranquilizado mucho en el hospital y la gran mayoría de ninjas llamados a volver a Konoha ya lo han hecho, las cosas están más tranquilas y los horarios de locura se han relajado. Eso no quiere decir que la actividad de reconstrucción no sea intensiva solo que, desde hace pocos días, es más ordenada y no está revestida de tanta desesperación como antes.

Es más, en ese momento a la mesa, el ambiente es hasta ameno. La chica está sonrojada por las maneras tan abiertas del sannin y éste, riendo de gracia por la forma de ser tan vergonzosa de la adolescente, sigue hablando con risa en la voz:

―… Lo que quiero decir, Shizune-chan, es que si tuviera unos veinte años menos y me hubieras dado de esta comida, ¡me hubiera peleado por tu mano contra tu tía aquí y ahora!

―¡Jiraiya-sama! ―dice la pobre, cada vez más roja―. ¡No diga eso, por favor, que usted es como un tío para mí!

Jiraiya ríe un poco más. De esa manera suya, en que todo su cuerpo se mueve de la cantidad de alegría dentro de él.

Eso es lo que se encuentra Tsunade cuando llega a la casa. Shizune brilla de contento, se levanta y se acerca a ella con un "Bienvenida, Tsunade-sama" en la boca además de una sonrisa. Atrás, Jiraiya tiene levantado un vaso en un gesto de brindis, con una gran sonrisa también.

―¡Con razón te la llevaste contigo, Tsunade-hime, que su cocina es digna de los kamis!

―¡Jiraiya-sama! ―repite la pobre Shizune, con las manos en sus mejillas.

Ante ese recibimiento tan ameno, Tsunade da un suspiro de alivio y siente como el peso del mundo se le baja de los hombros.

―En eso sí estoy de acuerdo, Shizune-chan. Aunque viniendo de él, cualquier comentario positivo que haga hacia una mujer siempre me hace sentir escalofríos. ―y le mira de mala manera, aunque más con jovialidad que maldad.

Jiraiya no dice nada, solo sonríe grande con la boca cerrada y toma de la copa. Shizune va hacia la cocina para servirle a su maestra, y la misma se sienta a la mesa con otro suspiro. A su pesar, mira de nuevo hacia el sannin de los sapos. Y puede sentir en él, y en algo en la mirada que le dirige a ella, una nostalgia por aquella noche.

Las pocas veces que se han visto después de eso, siempre es lo mismo: silencios, tratarse como si nada hubiera pasado, y esa mirada anhelante pero sonriente de Jiraiya. ¡Cómo la maldice! Porque para solo le recuerda que vivir lo mismo solo sería cuestión de pedirlo, ¡Y se sintió tan bien, tan bien; que el que sea tan fácil de obtener le hace las cosas mucho más difíciles para no querer hacerlo! Tsunade nunca ha sido buena en eso: en decir no a situaciones que le son tan placenteras.

Más cuando, desde que Kushina la comprometió a ser hokage, no ha vuelto a tomar casi nada de sake y, desde que llegara a Konoha, no había podido apostar ni una vez. Pero Jiraiya está ahí sentado, comiendo y sonriéndole, diciéndole con su sola presencia de lo que es capaz de hacerla sentir.

Tiene que controlar su cuerpo para que su exitación no fuera evidente. ¡El muy maldito!

―¿No deberías estar de camino a la frontera noroeste? ―pregunta, frustración en la voz.

Jiraiya deja de sonreír y hace un puchero.

―¿Primero mandas a Orochimaru de espía a Kumo, y ahora a mí a mejorar las defensas por posibles ataques de Iwa? ¿Acaso ya no quieres a nuestro querido equipo siete junto?

―Quiero más a los ninjas que están vigilando las tierras cercanas a Iwa y que pueden ser atacados en cualquier momento. Ya han habido tres ataques tipo guerrilla, un herido grave y un fuerte derrumbado. ¿Tú y tus perversiones, y Orochi-kun y sus tendencias antisociales? No, no las voy a extrañar en lo más mínimo.

Jiraiya sonríe pícaramente, y sus ojos la ven llenos de un brillo que a Tsunade le produce un escalofrío. Y no de espanto, si no de todo lo contrario.

―¿Segura, Tsunade-hime? ―dice, mientras ella tiene que pelear por seguir viéndole a la cara―. ¿Segura que no me vas a extrañar cuando voy a estar lejos, en esta misión de duración indeterminada?

La Senju asiente mientras traga saliva… Y agradece infinitamente que en ese momento llega Shizune con la cena. Así, las dos se ponen a hablar juntas, casi como si Jiraiya no estuviera con ella. Sin embargo, para Tsunade claro que él seguía ahí, como un pulso dentro de ella. Un pulso que va a irse en unas horas, por un tiempo indeterminado. Y ella termina llevando la conversación hacia una dirección, para terminar con un:

―… Sin embargo, creo que sensei podría ayudar mucho con eso.

―¿En serio?

―Sí. No muchos lo saben, pero Enma-sama es uno de los jueces en la coalición de la Fauna Pensante. Eso quiere decir que todos los clanes animales le deben respeto a él. Así que, si le pedimos que les diga a éstos que los ninjas de Konoha que aparecen en sus dominios tendrán la vida asegurada, aunque no les parezca merecedores de ser sus invocadores, sería de mucha ayuda.

―¡Si es así, iría a parar justo con los animales más propicios para mis habilidades¡ ¡Serían mis invocaciones perfectas! Claro, si ellos quieren aliarse conmigo. ―dice Shizune, emocionada.

―No solo tú, si no los que yo acepte para que intenten suerte con esas invocaciones reversas… ¿Sabes qué? Sensei me había comentado que está buscando personas que le ayuden con el papeleo, o hasta posibles nuevos senseis para las escuelas básicas o la academia ninja. ¡Me parece que serías perfecta para alguno de esos cargos! ―Shizune frunce el ceño, poco convencida, y Jiraiya sube una ceja viendo a Tsunade, pero no dice nada―. ¡Creo que sería una excelente idea que fueras ahora mismo a hablar con él!

―¿No es un poco tarde…?

―¡Bah! Después de la cena es uno de los momentos en que sensei está de mejor humor. Y si te dice algo, pues dile que yo te estoy enviando en esa misión de ayuda.

Shizune no parece nada convencida, ve entre Jiraiya y Tsunade. La rubia se da cuenta de eso y dice:

―Además de que tengo que hablar con Jiraiya de cosas que son confidenciales.

Shizune parece por fin entender, y se sonroja como si hubiera cometido algún error, mientras se pone en pie.

―¡Por supuesto que sí! Como usted desee, Tsunade-sama. Limpiaré los platos y…

―¡No te preocupes, Jiraiya ya hará eso! ―ninguna de las dos oye el "¡ey!" del interpelado―. Vamos, mientras te acompaño a la salida te digo algunos pormenores de los que podrías hablar con sensei.

Y en menos de cinco minutos, Shizune se ha ido y Tsunade está activando uno de los tantos sellos de sangre que su abuela Mito puso en el lugar. Uno que protege la casa contra espionaje e infiltración. Mientras camina lentamente por uno de los pasillos que lleva hacia la cocina, y mucho más nerviosa y sonrojada de lo que ha estado en mucho tiempo, empieza a hablar:

―¡Quédate quieto y escucha en silencio hasta el final! ―le ordena a Jiraiya como si fuera un chiquillo revoltoso de cinco años. Toma aire y baja su tono―. En estas semanas casi no he tomado. En todos estos meses no he hecho apuestas; mi prima me hizo hacerme hokage, estuve muchos días tratando de salvar gente del ataque del kyubi y, estos últimos, de inventar todo tipo de soluciones para cualquier problema de Konoha… Así que por eso, solo por eso y porque como super-pervertido puedes entender lo que voy a decir. ―Se pone más roja, baja la mirada y se manda a hablar. Su orgullo nunca ha ganado cuando ella "necesita" sentir de nuevo una experiencia placentera―. Quiero repetir lo de aquella noche…

Jiraiya aparece en un shunshin frente a ella, sus manos llenas de agua y jabón. Tsunade puede sentir su aroma y esa necesidad por ella desde él, la misma que la rubia está sintiendo. Sin embargo se queda quieto, a centímetros de ella, protegiéndola con su sombra. Tsunade se maldice, pero termina:

―Pero solo sería… sexo. ¡Nada más!

―Lo sé ―dice él, grave. Acerca su mano hacia su rostro, pero no la toca. Tsunade cierra los ojos, y jura que ya puede sentir su caricia.

―Y sería más alto secreto que lo de Minato y el kyubi junto.

―Mjá.

―Y no por eso puedes dejar de respetarme y…

Jiraiya no aguanta más. Se agacha para abrazarla por los muslos, levantarla y besarla en el cuello con su cabeza bien posada en sus grandes pechos. Tsunade se relaja en él y ríe de alguna extraña y embriagadora alegría mientras le abraza con las piernas el torso y, con las manos, suavemente la cabeza.

Shizune regresa de la casa de los Sarutobi unas dos horas después de cuando salió. Está emocionada por haber podido tener una conversación tan amena con el sandaime. Y ya tiene ideas para escribir el pedido oficial a Enma-sama, para que él dé ayuda a las personas que quieran firmar contratos con invocaciones. Además, eso del nuevo temario de la Academia ninja le llama la atención. Está pensando seriamente en intentar ser una sensei.

Así que, sonriente y emocionada por tantas posibilidades que se avecinan en su futuro... Risu, la única ANBU que escolta a Tsunade, no la deja entrar a la casa.

―Lo siento mucho Shizune-san, pero Jiraiya-dono y Tsunade-sama aún no han terminado. ―dice con su voz femenina y neutral.

Shizune deja de sonreír. Si los dos siguen hablando al respecto hasta tanto después de que ella se fuera, solo quiere decir que las condiciones en que deben estar los ninjas que patrullan los lugares más cercanos a Iwa debe ser muy preocupante.

―Oh, ya veo. Iré al invernadero mientras tanto. Gracias, Risu-dono.

Y mientras la ve ir, la ANBU vuelve a su puesto sobre el techo de la mansión. Se dice que le debe decir a Tsunade-sama que las protecciones del lugar están muy débiles y que, en ciertos lugares, se puede oír muy bien su… Conversación con Jiraiya.

Espera que pronto terminen con ella. Es un poco incómodo eso de saber también ese… Alto secreto.

OoOoO

Si quieres saber qué es eso de los kekkei genkai progresivos, mira el review falso de hoy. Y, si quieres algún funfact de este mundo, un pequeño spoiler o simplemente hacerme muy feliz, deja review!