11. Día de pioneros.
Esa mañana de mediados de abril el día amaneció soleado, caliente y húmedo, pero con una leve llovizna; la misma que creó un arcoiris de seis franjas, para el deleite de todos los niños y algunos adultos que aún se dejan alegrar por esas cosas.
Naori Uchiha hubiera sido uno de ellos, si no fuera por el pequeño detalle de que está ciega y no puede ver arcoiris. Pero eso no quita que le haya pedido a su nueva mejor amiga, Kage, que la llevara afuera para sentarse al sol. Una pequeña llovizna hasta es bienvenida. Después de haber entrenado tanto sus sentidos con la ayuda de la sannin de sus invocaciones, ahora hasta el tacto es de gran ayuda y su amigo. Sentir como ha aprendido a hacerlo, cuando se sigue en la más rotunda oscuridad, le hace sentir de nuevo conectada y parte del mundo. Segura en él.
Eso y que tuviera dos nuevas adiciones en la casa, por más que hubieran llegado allí a causa de la tragedia de haber perdido a sus padres. Bien que mal, aunque al principio se sentía muy embargada en el hecho de que no veía y sus piernas no la podían mantener para poder apoyar a las niñas o siquiera querer acercarse a ellas, con el tiempo empezó a sentir el cambio de tener niños en la casa. Como nunca tuvo hijos, la nueva dinámica, conversiones y vivencias que Anko y Yuugao llevaron a la casa eran de cierta formas nuevas, a la vez que no. Bien que mal, como la mayor cuando su madre murió, ella se hizo cargo de sus hermanos menores.
… Ambos muertos en las guerras.
Pero Naori se manda a no pensar en esas cosas, si no en sentir el cielo caliente y seguir manteniendo el pulso de chakra a su alrededor, y poder sentir el mismo en su piel y mente.
Siente como Kage se mueve a su lado y termina poniendo su gran cabeza babeante en su regazo. Naori le acaricia en la cabeza.
―Gracias querida ―le dice.
―No tiene que decírmelo cada dos minutos, Naori-sama ―le dice la gran ninken con esa voz suya, masculina y desafinada. Pero con un tono cariñoso.
―Ni tienes que decirme Naori-sama cada dos minutos tampoco ―le rebate ella.
Naori siente a su ninken negar en su regazo, pero no dice nada. Según le han dicho y lo que puede sentir con la nueva técnica que sus invocaciones le enseñaron, Kage es una perra muy grande y negra, con una gran cabeza, de cuerpo muy robusto y musculoso detrás de su espeso pelaje. Y, según las quejas de una de sus nuevas habitantes de la casa, siempre está babeando. Kage le contó que le pusieron así, sombra, porque a diferencia de la gran mayoría de los perros de su raza, ella no tiene pelaje blanco con café. Sin embargo, al igual que ellos, Kage tiene un instinto de protección y amabilidad aún mayor que su gran cuerpo peludo.
Claro que al principio, su orgullo le había llevado a pensar que solo con ayuda de sus invocaciones y un arduo entrenamiento estaría bien. Pero Naori ha peleado por años contra ese orgullo en su tiempo como consultora del hospital. Sabe que muchos ninjas no se dejan buscar una mejor vida personal solo por ello y, al final, se terminó convenciendo a sí misma de aceptar la ayuda.
Una de las mejores decisiones que ha hecho nunca. Kage ha sido una luz de apoyo en su vida desde el primer momento… Y ella misma se da cuenta de lo irónico que eso suena. Aún así, a Naori aún le cuesta pensar en sí misma como una minusválida, aunque la oscuridad siempre esté ahí para recordárselo.
Kage le acaricia el vientre con su enorme cabeza y dice animadamente.
―Ya empieza el entrenamiento matutino.
―¿Ahí está Yugao-chan?
Yugao Uzuki, sobrina nieta de su esposo Kenshin Uzuki (Uchiha desde que se casó con Naori siete años atrás) hace poco vive con ellos, y la ex ANBU quiere hacer sentir como parte de su familia. La chica parece creer que eso es un honor que no se merece: vivir con la segunda gran heroína de Konoha y ser parte de la familia más influyente en el arte del bukijitsu en todo el país del Fuego. Naori solo quiere que los deje de tratar como si ellos fueran sus señores, y empiece a verlos como los tíos que han intentado ser para ella.
―Como todos los días desde que llegó a la casa ―le contesta Kage―. Es verdad lo que dice Kenshin-sama. Yugao-kun es un diamante en bruto para el taijitsu y el bukijitsu. ―la ninken lo dice llena de un gran orgullo maternal.
Porque, aunque Kage siempre está donde Naori está, eso no le ha evitado ser de apoyo y dar cariño a todos en la casa. Como Naori no está tan apta para hacer eso en ese momento, es de las cosas que más le agradece a su ninken.
―Como ahora mismo saca el dolor de perder a su madre en "pulir ese diamante", es de esperar que mejore mucho en poco tiempo. Solo espero que, cuando entrenar no le sea suficiente para callar ese dolor y gran temor de lo que vivió en el ataque, se deje apoyar por nosotros.
―Yugao-kun ya los quiere y les agradece mucho su apoyo, Naori-sama. Ella va a darse cuenta de que tiene una nueva familia y de que puede tenerla pronto, no se preocupe.
―No como con Anko-chan, ¿verdad?
Como Anko perdió a sus padres y hermano menor en el ataque, con mucho, es la más emocionalmente golpeada de esa recién formada familia. Pero, como ella es una genin a su corta edad, en vez de entrenar como hace Yuugao, se ha mantenido haciendo misiones de reconstrucción o asistencia en el hospital todo ese tiempo. Además, aunque se ha abierto un poco con ellos durante las semanas, ella sigue con esa idea de que solo les está alquilando una habitación. Una vez, algo raro en ella, se abrió para avisarles que, apenas su querido Orochimaru-sensei regresara de su misión, ella se iría a vivir con él. La Uchiha da un suspiro. Entiende porqué la niña se quiere refugiar en él, solo que ella sabe que el tipo no es material para figura paterna en ningún sentido.
Naori siente como la ninken levanta la cabeza de su regazo y, luego, el pelaje al lado de su brazo. Se ha sentado y la voz de la ninken suena por arriba de la cabeza de Naori. Así de alta es. Siente, además, la gran pata de Kage en su hombro.
―Anko-kun está viviendo una situación más difícil, porque siente que ya tiene otra familia y no se quiere encariñar con ustedes. Pero nada que el tiempo y el esfuerzo no cambien, Naori-sama. Y, si de algo estoy segura, es de que usted va a lograr consolar y animar ese corazón escudado de ella.
Naori no puede evitar dar una risotada.
―En serio que tienes un corazón más grande que Konoha, Kage-chan. ¡Si esa niña te está gritando y molestando todo el tiempo porque… "no deja de babear, está encima mío para que coma lo que no tengo ganas de comer, deja pelos por todos lados…"!
―Y no olvidemos el "se mete en mi cuarto en medio de la noche" ―anumera la ninken, con buen humor.
Las dos se ríen con ganas. Aunque no puede verlas, el solo oír las discusiones acaloradas entre ambas y la manera en que la ninken siempre logra "ganar" esas discusiones; ha sido de lo más divertido en su vida desde que salió del hospital.
Sin embargo, Naori deja de hacerlo de repente, para decir con tono apesadumbrado.
―Las pesadillas de Anko-chan se están agravando, ¿eh, Kage-chan?
―Sí, pero la otra vez se acercó a mí cuando se dio a la idea de que no me iba a echar de su cama… Yugao-kun hasta me abraza cuando es uno de las malas noches de ella. Van a estar bien, con el tiempo y esfuerzo, como usted Naori-sama.
―Gracias Kage-chan.
La ninken da un suspiro.
―No me lo tiene que decir cada dos minutos, Naori-sama.
―Lo dejaré de hacer cuando me dejes de llamar así.
―Creo que sería más fácil conseguir que Anko-chan esté entusiasmada. Desde que sabe que tiene que ir al año especial de clases para ninjas de doce o menos años; hasta ha dejado de quejarse tanto de mí para hacerlo de sandaime-sama.
―Pues diga lo que diga, godaime-sama lo hizo ley, así que no tiene otra que ir. Insisto, esa idea por parte de sandaime-sama ha sido muy buena. Según he sabido por las entrevistas que su equipo de trabajo me han hecho, en serio han hecho un gran esfuerzo por ayudar a la juventud después del ataque. Solo espero que les vaya lo mejor que puedan.
―¿A qué hora empiezan las clases, Naori-sama?
―Tengo entendido que no hay por hoy y mañana, si no que van a hacer una ceremonia especial. Uno de mis sobrinos me ha pedido que vaya mañana a las diez, así que iremos todos mañana.
―¿Una ceremonia de dos días? ―pregunta Kage, echándose junto a ella.
―Una nueva actividad…
Las dos se mantienen ahí, hablando de todo y de nada, mientras oyen a Kenshin dar la clase de armas de tiro para principiantes. Allá abajo de la colina en que se sentaron, en el campo de tiro a un lado del dojo. Dentro del mismo, hay algunos alumnos más avanzados haciendo katas de todo tipo a su gusto. Una de ellas es Yugao. La misma imagen de la concentración con su bo en la mano.
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Itachi Uchiha mira hacia su otouto con gran intensidad. El pequeño Sasuke, de ocho meses y medio de edad, había dado sus primeros pasos el día anterior, y él se lo había perdido por estar entrenando con Shisui.
Lo que le dolió más es que su padre, cuando su madre se los comentó en la cena con gran orgullo, solo dijera en son de broma: "ya era hora que ese vago se moviera, que Itachi-kun a esa edad ya estaba bajando y subiendo de la mesa como si tal cosa". Y aunque su madre y él mismo insistieron en que lo común es que los niños empiecen a caminar al año, su padre solo se encogió de hombros y felicitó a Sasu-chan como de pasada.
―Ya se lo he dicho varias veces, Sasu-chan ―le susurra Itachi a su hermano. El pequeño sigue muy dormido en su cuna, sus brazos a los lados de su cabeza. Está bien, a Itachi le gusta más hablarle así. Eso de hablar nunca ha sido su fuerte, después de todo―, pero chichi-ue sigue creyendo, en el fondo, de que puede esperar de ti lo que obtuvo de mí. Lo siento, otouto, no es tu culpa que yo no sea un niño común. Pero te prometo que voy a hacer lo posible por hacerlo entender…
Itachi le acaricia el cabello y sonríe un poco cuando su otouto mueve la cabecita hacia su mano. Luego de despedirse con un leve beso en la frente, y sale de la habitación. Al menos él sí está muy orgulloso de su otouto.
Aunque dejó de dormir en toda la noche a causa del trauma del ataque del Kyubi, a las pocas semanas solo necesitaba sentir la intención de proteger de su hermano para volverse a dormir. En el fondo, a Itachi le duele un poco que desde hace unas semanas, su hermano ya no se despertara nunca en la noche y no lo necesitara más… Y ahora empieza a caminar con solo ocho meses de edad. ¡Claro que está muy orgulloso!
Pero su padre debería estarlo también. E Itachi siente que él debería haber estado ahí para ver esos primeros pasos, y no entrenando en el hengecomo su padre se lo había ordenado.
―Haha-chan, ¿me da permiso de salir hasta el almuerzo? ―pregunta Itachi a su madre, después de terminar su desayuno.
―Oh, tenía pensado visitar a Himawari-san con Sasu-chan y quería que nos acompañaras. ―ella le sonríe, mientras coge otra bola de arroz de sus platos―. Himawari-san dice que es casi que un milagro que su niña se lleve tan bien contigo.
A Itachi le gusta la idea. La pequeña Hinata-chan se parece mucho a Sasu-chan, en que es una bebé tímida pero, a diferencia de su hermano, no es dada a los berrinches y, más bien, la bebé más tranquila que haya conocido. Y, cuando se ha acostumbrado a alguien, la más dulce también. Itachi se siente más tranquilo con ella que con los mellizos, los otros compañeros de juego de Sasu-chan. Desde que se ven, las cosas son caóticas. Aunque al principio parece llevarse mal con Naru-chan, porque el niño hace lo posible para llamar la atención de todos, los dos siempre terminan jugando y riendo. Y a Itachi le encanta ver a su hermano reír. Mientras que Nami-chan suele quedarse en su mundo, jugando felizmente con el móvil arriba de su cabeza y teniendo ataques de pataleos y risas cada tanto. Algunas veces, Naru-chan parece olvidar que está jugando con Sasu-chan y gatea hacia ella; lo cuál siempre es seguido de más risas y pataleos por parte de los dos bebés. Y, varias veces, Sasu-chan es atraído por ellos, y los dos terminan estando juntos, pasando el tiempo… Con solo recordar el entusiasmo que se respira en esa pequeña casa, Itachi sonríe. Y Mikoto se llena de dicha cuando puede ver una sonrisa en la impasible cara de su hijo, al menos hasta que su esposo habla.
―¿Te gustaría acompañar a tu madre a alguna de sus visitas de juegos para Sasu-chan?
―Sí, chichi-ue.
―Pues cuando me enseñes un henge perfecto, te dejaré ir todo un día con Sasu-chan a ver Kushina-san y sus mellizos, o a donde Hyuga-san. ¿Estamos de acuerdo?
Itachi mira impasible hacia su padre y, por el rabillo del ojo, puede ver como su madre se tensa y hace puños sus manos por debajo de la mesa.
Sabe que cuando él salga de la casa, su madre va a discutir con su padre sobre lo estricto que está siendo con su primogénito. Y que su padre va a terminar haciendo lo que le da gana después de esa discusión. Lo cuál solo logrará que su madre se vuelva a enojar… Por eso, Itachi prefiere terminar rápido con las demandas de él, para conseguir ganar su premio y ver feliz a su madre.
―De acuerdo, chichi-ue. ―se gira de nuevo hacia su madre―. ¿Me haría el favor de darle mis saludos a la familia Hyuga, y de decirles que muy pronto iré con Sasu-chan todo un día?
Ve a su madre enviarle esa sonrisa melancólica de ella mientras le asiente. Itachi se excusa y sale de la casa.
Ninguno de ellos sabe que en ese día va a llevar a la práctica un plan que había decidido pocos días después del ataque del Kyubi.
El que sí lo sabe es el chunin de diez años que baja de un árbol frondoso y en flor. Lo había estado esperando ahí, a dos calles de su casa, porque sabía que su primo iba a pasar por allí.
―Buenos días, Itachi-kun.
―Shisui-san.
El mayor de los dos no se inmuta por las maneras tan serias del menor. Aún cuando antes le había insistido mucho en que se relajara, ya sabe que no es propio de Itachi.
―Tengo tiempo hasta media mañana, cuando tengo que ayudar con algo en el centro. ¿Seguimos con el henge?
―No, ya sabes que hoy mismo voy a llevar a cabo el plan.
Shisui da un suspiro, mientras camina a velocidad civil a la par del niño de casi seis años. El distrito Uchiha está muy silencioso en esos momentos de la mañana. Las calles limpias y las casas, todas del mismo tamaño, parecían aletargadas aún. En esa calle residencial las casas eran medianas, de dos plantas y tres habitaciones. Estaban pintadas de blanco, con tejas rojas, un corredor de madera y unos diez metros cuadrados de patio para uso personal de la familia. En ese momento, estaban pasando entre el patio con una piscina inflable de una familia de tres niños, civiles que trabajan en la vendiendo tela y haciendo y lavando ropa. Del otro lado de la calle, hay un patio lleno de maniquíes para el entrenamiento en taijitsu y bukijitsu de una casa donde viven dos hermanos, chunin que trabajan en la policía militar.
… Lo único despierto es un nekonin con pelaje blanco y negro, que camina sobre la cerca de esa segunda casa y les hace un ademán de saludo con la cabeza. Los dos le responden con el mismo movimiento. El neko-nin corre y salta hacia un árbol cercano, para hablar con otro de su raza.
Shisui decide seguir su ejemplo, mientras se lleva las manos a su nuca, despreocupadamente.
―A tu padre no le va a hacer nada de gracia.
―Lo sé.
―Además, mi tía tampoco parece estar para esos andares. ―Itachi se encoge de hombros y Shisui se ríe―. ¿Eso qué quiere decir, Itachi-kun? En serio que a veces eres imposible de descifrar.
Itachi le mira, sonríe ese poquito que se deja sonreír, y vuelve a encogerse de hombros. Shisui se ríe de buena gana y le da una palmada en la espalda.
―Me extraña que no me estés exigiendo empezar a correr por los techos ―dice Itachi unos segundos después de caminado civil, como por decir algo.
―Es extraño ¿verdad? Pero no sé, un día que amanece con un arcoiris parece ser hecho para la tranquilidad.
Itachi responde dando un gran brinco para llegar a uno de tantos techos rojos. Para brincar de uno a otro, entre varios pasos corridos. Shisui solo niega y le sigue. A las afueras del distrito, justo cuando van a topar con los terrenos de entrenamiento y bosque que hay entre el distrito Uchiha y el centro de Konoha, Itachi deja de brincar y baja a donde hay varios niños, de edades entre siete y doce años, y algunos padres, madres o encargados. Ellos son los que llegaron temprano, más de media hora antes, de cuando está estipulado salir juntos hacia la Academia.
Es común para los clanes ninjas que, el primer día de clases en la academia, todos los alumnos y varios padres lleguen juntos a la misma, con los sellos de su clan orgullosamente a la vista de todos en alguna prenda de vestir. Parece que es un gran orgullo anual darse cuenta de que se es el grupo más grande entre todos.
Lo que no es común es que el cabeza de clan no acompañe a su hijo en el primer día de escuela de éste. Pero, mientras todos le daban los buenos días respetuosos a Itachi, nadie se le ocurre comentarlo. Están más emocionados de que por fin, después de más de medio año, la Academia va a abrir de nuevo sus puertas.
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Por más que se suponía que los clones de Kushina solo iban a servir como formas rápidas de comunicación, ponerse de acuerdo entre todos a la vez que observación del proceder de todos para que la godaime esté al corriente; la pelirroja también los usaba para dar su opinión. ¡Y vaya que le gustaba darla e insistir en sus ideas! Tanto que al final, el sandaime fue convencido por Kushina de hacer unos festivales y instituir mandatorio el ser parte de un club recreacional. Pero, al menos pudo mantenerse fuerte en cuanto al pago como jonin especial de los senseis que ella (y los mencionados senseis) tanto querían.
Como mucho del Departamento de Desarrollo e Investigación vienen de su bolsillo personal (dado que Konoha estaba tan necesitada en la reconstrucción de la villa y mantener a las personas heridas, entre otras cosas), el sandaime sí que no se lo podría aceptar. Económicamente era imposible, no había dinero para ello. Sin embargo, sí había dinero para pagarles algo a los diez mejores senseis al final del año lectivo… Por insistencia de la necia aunque entusiasta y pelirroja.
Hiruzen se sonríe sentado a su nuevo escritorio, pensando en cómo todos los senseis habían aceptado gustosos esa idea. Y el como, desde ese momento, todos estuvieron muy anuentes y cooperadores en aprender sobre la nuevas materias y formas en que iban a enseñarlas.
Al final de esas semanas de trabajo intensivo antes del inicio del año lectivo, el Sarutobi estuvo muy contento con la selección de senseis. Aunque habían personas que normalmente no habrían sido tomados en cuenta: como ninjas pensionados y personas del escuadrón genin; el sandaime está seguro de que no hay mejores personas para esos puestos.
El sandaime recuerda todo eso mientras tiene varios papeles sobre el escritorio, pero no tantos ni tan importantes como antes. La oficina es más pequeña, no tiene ANBU en sus esquinas, pero sí dos bibliotecas y una pequeña salita frente a él, al rededor de una mesa baja. Tiene varias pinturas de tono infantil y elegante sobre los clanes y la historia de Konoha en las paredes, además. Ahí se sentía muy relajado siempre, que pertenecía y que estaba en paz y alegría. En su anterior oficina nunca podía hacerlo realmente. Muchas malas noticias las había recibido en ese lugar.
Pero en esa oficina, Hiruzen sonríe porque le nace hacerlo, y toma reposadamente su pipa mientras se gira en su silla para ver por la ventana. A diferencia de la oficina que tuvo por más de treinta años; la del director de la Academia, que él había tomado como suya, se encontraba en el segundo piso. Por lo tanto, no tenía la vista panorámica de Konoha que tanto le había inspirado y acompañado durante aquel tiempo.
No le importaba en lo más mínimo el cambio.
En la torre del Hokage no era capaz de ver bien a sus queridos konohianos. Y desde que puede, se siente más lleno y seguro de su trabajo. Por ejemplo, justo a unos viente metros hay un café con una pequeña fila de clientes esperando afuera. Ese lugar había abierto recientemente y se ha convertido en una revolución por los dulces y bebidas que hace… Menos de un año después de perder a casi 1500 konohianos, hay un nuevo café en la villa que antes no estaba y está siendo un éxito.
Se siente sonreír. ¡No necesita fumar para sentirse tranquilo! Se pone en pie y se gira para poder ver justo abajo y frente la Academia. Ahí afuera, esperando a que abrieran las puertas, se encontraban los niños y niñas del primer y último año, con algunos de sus padres. Eso era una tradición en Konoha. Para ellos se hacía una ceremonia de bienvenida y, otra, de despedida; antes de que se iniciaran las clases… O al menos así era antes. Se sonríe con picardía, esperando que la sorpresa les gustara a los niños…
Los grupos de los Hyuga, Aburame y Shimura habían llegado casi una hora antes de cuando se van a abrir las puertas. Todos llevan los mismos tipos de ropas tradicionales y colores propios de su clan, además de su escudo en un lugar visible de su ropa. Los Hyuga son casi el doble en número que los Aburame y Shimura juntos, pero los tres tienen el aire altivo y de orgullo de estar ahí y ser parte de su clan.
Los niños civiles y sus padres caminan de allá para acá entre los grupos de los clanes. Hablando con más soltura entre sí. O, en otros casos, con más nervios, sobre todo los niños primerizos. Eso se ve más en el grupo de los niños de un orfanato, que estaban llegando en dos carretas Nara y acompañados por un par de mikos.
Desde la calle frente a las carretas, el grupo más grande de todos, la alianza Ino-Shika-Cho, están terminando de llegar. También andan sus ropas tradicionales y colores propios de sus familias pero, en su forma de ser, se parecen más a los civiles que a los otros clanes presentes.
Hiruzen se pregunta que qué les ocupará tanto a Asuma y los demás de su clan. Está emocionado como hace mucho no lo hacía… ¡Hacía unos viente años que su clan no hacía la entrada a la Academia que era tan tradicional de ellos!
Los Uchiha, casi o tan numeroso como los Hyuga, llegan detrás de la alianza Ino-Shika-Cho y en seguida se ponen en orden de tamaño y en posición de firmes. Itachi, al ser el más pequeño, está al frente de todos, con ese aire de autoridad que ha aprendido de ver a sus familiares, la policía de Konoha.
Pasan unos tres minutos, llega otro grupo de un orfanato acompañados de algunas mikos… Empieza a caer una garúa, y solo unas pocas madres civiles abren sus sombrillas para protegerse a ellas y a sus hijos… Segundos después, Hiruzen ve unas pequeñas sombras brincar por arriba de los techos, y empieza a oír los chillidos agudos. Los ojos del Sarutobi se empiezan a aguar de contento.
Abajo, hasta los Aburame se inquietan con el ruido. Y las exclamaciones de asombro y, luego, divertimento, no se hacen esperar entre los cientos de congregados. Los primates de todos los tamaños llegan, rodean, se suben en el techo de la academia y esperan brincando emocionados de allá para acá. Desde un camino lateral, la mediana delegación de los niños Sarutobis y sus padres son encabezados por un algo avergonzado pero muy firme Asuma.
El Sandaime recuerda que hace unos minutos, los Aburame también llegaron rodeados de una bruma de bichos que se disipó a su llegada, en muchos aleteos de colores por los cielos. Y sabe que los Hatake llegarán también rodeados de sus perros, todo meneos de colas y ladridos de orgullo. Mientras los Inuzuka vendrán montados en esos enormes compañeros caninos que, justo al llegar, darán unos aullidos al unísono y se sentarán junto a sus amigos humanos.
Pero los Sarutobi, los Sarutobis habían dejado a sus aliados olvidados. Sin embargo ahora, y a insistencia de él, harán lo posible para recuperar mucho más esa alianza entre el clan de Enma y el suyo propio, y de todas las técnicas y tradiciones que eran propias y habían nacido por esa relación. Esa llegada se lo ha dicho a toda Konoha. ¡Los Sarutobi y sus invocaciones volverán a brincar por las ramas!
Hiruzen había estado esperando poder ver eso. Y, aunque sus kage-bunshin han estado ayudando a terminar con los preparativos, ya nada lo detiene de dar los últimos detalles él mismo. Bien que mal, en unos diez minutos debe abrir las puertas para dar la bienvenida al primer festival de inicio de clases.
―Estamos listos ―le dice la voz animada de su hija detrás de él.
Como le pasaba con Biwa-hime, su instinto está tan seguro con ella, que el sandaime no la sintió abrir la puerta ni llegar junto a él. Pero está acostumbrado a eso y, sin inmutarse, comenta aún viendo hacia afuera.
―Estoy seguro de eso, pues las preparaciones de último minuto estuvo en tus manos. ―él se gira para mirarla con gran orgullo.
Su Saya, tan parecida a Biwako, pero con ojos más redondos y grandes de un color café-amarillo; le sonríe complacida.
―Gracias, tou-chan. Pero realmente, sin los kage bunshin de Kushina-san, creo que lo habríamos tenido más difícil.
―¡Kushina! ¿Pero ella no entiende que en verdad solo es una observadora y sistema de comunicación, o algo así? ―dice él, con algo entre exasperación y divertimento-
―La verdad es que no. ―comenta ella, también de buen humor. Aunque, por su vestimenta y peinado tan profesional, hasta parece una emoción fuera de lugar―. Y según me dicen, es así en todos los departamentos. Pero, por más que sea… muy alegremente insistente, también tiene algunas buenas ideas y, sobre todo, ganas de trabajar. Imagénese, tou-chan, que ella llegó en la mañana, antes que nadie, y las encontramos trabajando en los espacios, para no tener peros cuando nos insistió en que se le diera uno de esos espacio a su clan. No pudimos disuadirla. Que viniera en persona con los mellizos, su esposo y un par de personas más, los que ella insiste, son los primeros de muchos de Uzushio que ella va a encontrar; la verdad es que al final, hasta nos emocionamos con ella. Creo que su puesto va a ser uno de los que los niños más les va a gustar ―Saya se encoge de hombros, pero es fácil de ver en su mirada una cierta diversión ante la preocupación que acaba de despertar en su padre.
―Vamos en seguida allá, Saya-chan.
Pero el sandaime se siente excelentemente. ¡Su mayor preocupación es que una mujer no tan cuerda decidiera hacerse de un espacio "ilegal" en su festival estudiantil!
Sabe que han pasado más cosas en esos meses después del ataque del kyubi. Que en el hospital han muerto más de seiscientas personas por las secuelas de las heridas que vivieron en el ataque. Y, algo que le ha dolido más a la comunidad de Konoha, más o menos cincuenta niños de tres años o menos, y algunos no natos por abortos espontáneos, murieron en el mismo.
También sabe que como el departamento de Detección fue tan tremendamente golpeado, deben haber más espías en Konoha de los que se han encontrado, y traidores por parte de personas que no han sabido sobrellevar el golpe emocional que sufrieron. No desconoce que han habido ataques tipo guerrilla en los pueblos cercanos a las fronteras de Konoha y el País del Fuego. Por eso, el daimyo no está colaborando económicamente como se quisiera, pues siente que los ninjas han llevado violencia a su nación sin que él nada tenga que ver ello. Además, los jonin están trabajando de más para poder hacer frente a misiones clase A y B. Las C son llevadas a cabo por chunin, muchos de ellos que solían trabajar dentro de la villa, mientras los genin siguen manteniendo a flote Konoha y su burocracia… El sandaime sabe eso y mucho más porque ha aceptado, junto a Danzo y una médico experimentada, ser consejero de la Hokage.
―¿Tsunade-chan ha dicho si puede venir o no?
―Una ANBU llegó hace poco a decir que no, pero que espera poder pasar unos minutos en el día y dar un pequeño discurso. Si no puede hoy, lo hará mañana.
―Entendible, que por su condición ni siquiera puede seguir la ley de los cinco kages para ayudarse. ―da un suspiro y luego sonríe―. Gracias a kami Jiraiya ya volvió de las fronteras y está ayudando. Aún así, siempre parece que estamos cortos en todo. En serio que no extraño el sombrero…
Saya sonríe y asiente.
―Eso lo dices por lo menos una vez al día, tou-chan.
―Es que aún no me lo termino de creer.
Los dos han bajado las escaleras, y el sandaime vuelve a sonreír al ver los pasillos del primer piso llenos de colores y personas. Sí, en verdad que no extraña ser Hokage.
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Faltando un par de minutos para la hora de entrada, todas las invocaciones y los animales que no iban a entrar a la academia, se van de allí. Solo los cachorros Inuzuka de los chicos y chicas del último años, y los bichos de todos los Aburame, siguen allí.
Justo a las ocho de la mañana, y con todos los clanes ninjas presentes, que son más o menos el cuádruple de los civiles; las puertas se abren y todo el personal administrativo sale por delante del sandaime que, con una gran sonrisa y los brazos abiertos, les da a todos una calurosa bienvenida y un pequeño e inspirador discurso que termina con un:
―… Los ninjas debemos cambiar con los tiempos. Y la academia ninja se ha propuesto estar a la cabeza de esos cambios. ―Un ninjitsu de aire poco potente y sin sellos de manos sale desde un tekenjitsu de la nuca del sandaime y abre las puertas dobles de la academia―. Y estos dos días, van a conocer uno de esos cambios. ¡La Feria Histórica de Konoha! Entren, entren y, por favor, diviértanse mientras aprenden, o recuerdan.
Los adultos verdaderamente sorprendidos y, la gran mayoría de los niños, emocionados; entraron al lugar con menos orden de lo que podían esperar, al menos por la manera en que estaban esperando la entrada.
Itachi no puede creer lo que ve ahí. La entrada de la academia va a dar a un gran salón principal, donde suelen hacerse las ceremonias y, diariamente, los niños y niñas se sientan en el suelo a comer o hablar entre lecciones. Sin embargo, en ese momento, el espacio había sido tomado por varios puestos de diferentes tamaños. Los mismos eran coloridos, además de estar decorados con todo tipo de objetos e imágenes; las personas dentro de los mismos vestían de maneras antiguas o tradicionales. Muchos de ellos, hasta tenían diferentes juegos o actividades a la par de los mismos.
Las bombas de colores están por doquier, varios dibujos en las paredes y grandes telas con un único pero diferentes símbolos han sido colgadas del techo. ¿De qué se trata todo eso? Es fácil de ver desde el puro inicio, pues dos grandes puestos están a cada lado de la entrada de la Academia. Uno de ellos tiene colores blancos y rojos por doquier, y el símbolo Uchiha bien puesto en la parte alta del techo. Del otro lado, con tonos rojos, blancos y verdes, y se encontraba el símbolo de los Senju sobre su techo.
Habían varias personas en ambos lugares, hombres y mujeres vestidos de la forma tradicional del clan; sonrientes y animados por la bienvenida (los Senju) y serios pero amables los Uchiha.
Cuando por fin es su turno de entrar, Itachi les hace un saludo de cabeza a los Uchiha, que ellos responden en seguida, en posición de firmes. Luego, el niño decide acercarse al lado de los Senju primero, donde una mujer mayor, alta morena y con el cabello totalmente blanco está hablando.
―… Y por eso, es que Umino-san y Kamizuki-san se encuentran aquí, porque todo civil de Konoha ha sido adoptado por los Senju. ―dice ella a una pareja de padres con su niño de siete años, que la mira con una gran sonrisa.
―¿Entonces, yo soy un Senju?
―Si naciste aquí, para Konoha eres todo un Senju. ―le responde ella, maternalmente, y luego le pone la mano en la cabeza, lo cual hace al chico sonreír mucho más―. Y te voy a contar un pequeño secreto a voces, Mako-san ―ella se agacha para estar a su altura, y le dice en un falso susurro―: los Senju no tenemos lo que se dice un kekkei genkai, un super poder, como los Uchiha o tantos otros de Konoha. Lo único que tenemos es más chakra que la media y muchas, muchas ganas de entrenar y proteger a los nuestros. ―Ella se levanta―. Así que, recuerda eso: Los Senju somos grandes entrenando y protegiendo a los nuestros, a Konoha. ¿Entendido?
―¡Entendido! ―dice el chico, prácticamente brillando de emoción.
Los padres les dan las gracias a la mujer, y luego deciden ir al siguiente puesto. Es cuando la señora mira hacia Itachi y le sonríe antes de hacer una reverencia:
―¡Bienvenido al puesto de los Senju, Uchiha-san! ―deja de hacer la reverencia, y coge uno de tantos broshures que están a la par de ella―. Hoy a las nueve de la mañana, en el campo de entrenamiento académico uno, el que está a la derecha de la entrada, va a ver la exposición de técnicas de los Senju. Espero que pueda ir a verla… En ese papel, además de darle esa información, puedes saber algo de la historia de mi clan, y cosas curiosas. Por lo pronto, ¿le gustaría oír alguna historia de mis primos Hachi y Tobi, conocidos como el shodaime y el niidaime?
Itachi, que había estado viendo el papel que ella le diera, la mira y asiente finalmente, sonriendo.
A la par de él, unos chicos del último año, están viendo como una ninja está moviendo agua entre sus manos.
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Una media hora después, Itachi se encuentra frente a frente con un puesto que, según la organización del lugar, no debería estar ahí. Normalmente, hay espaciosos pasillos entre los mismos, pero este está totalmente pegado a los que están a su lado; y es considerablemente pequeño en comparación a estos.
Sin embargo, el que Kushina Uzumaki esté pidiéndole con sus manos y una gran sonrisa que los visite, les hace saber el porqué la diferencia entre los puestos. Simplemente sabe que ella ha construido uno "ilegal". Aún así, Itachi sonríe más grande que de costumbre cuando se da cuenta de que los mellizos también están ahí. Se encuentran sentados al suelo frente al puesto, sentados en una cobija rodeada de un corral, lleno de todo tipo de juguetes suaves. Apenas Itachi se acerca a ellos, el rubio Naru-chan; más gordito, alto y energetizado que su hermana, empieza a reír con gusto y adelanta sus manos al frente, pidiendo con grandes ojos azules que lo levantara.
Itachi va a darle en seguida lo que quiere, pero una mano la palmea como un relámpago. Él mira hacia la Kushina (o clon de Kushina) que está sentada en el suelo, junto al corral, y que ha evitado que lo alzara.
―Por favor no, Itachi-chan, que estamos intentando que deje de pedir ser cargado. Últimamente, está muy chineado… Es que hace pocos días, los pasamos a sus cuartos y…
Naru-chan mira hacia ellos dos con sus grandes ojos azules brillantes de lágrimas, y ojos temblantes de dolor. Para el asombro de Itachi, la Kushina junto a él ha agarrado el bebé, apretado a su pecho mientras le da besos en el rostro. "Perdón, perdón, perdón, ¡no me odies mi amor" decía, con súplica en su rostro.
―¡OTRO YO, NO! ―exclama la Kushina que está detrás del puesto… Mientras mira como Nami-chan empieza a pedir ser alzada también, su rostro contorsionado apenas aguantando el llanto.
―Bunshina, baja a Naru-chan ahora mismo ―dice otra voz, esta vez masculina. El mismo parece no poder poner mucha vitalidad en su voz. Lo cuál va con su apariencia.
Arashi Uzumaki, el esposo de Kushina y padre de los mellizos, es un tipo que contrasta con su familia. Alto, más delgado que la media, pálido y siempre con ojeras debajo de los ojos; Arashi parece estar tranquilo, casi que aletargado, todo el tiempo. En sus maneras es un tipo reposado, como falto de energía; pero en su mente es de las personas más listas que Itachi ha conocido y, en su corazón, parece siempre saber cómo reaccionar para que su familia esté bien. Por eso, Itachi se lleva muy bien con él.
A la orden, que llegó de debajo del puesto, le siguió el cabello negro puntiagudo y corto de Arashi, seguido de sus ojos azules oscuros y quijada cuadrada. En su rostro, hay una expresión de mucho cansancio hacia la clon que él ha llamado "Bunshina".
La misma lo está mirando con ojos entre desafío y alarma. Al menos hasta que Nami-chan levanta su cabecita llena de pelos rojos amarillentos, y empieza a llorar con toda potencia.
Y cuando Nami-chan llora de esa manera, hasta le gana a Naru-chan en volumen. Así que, mientras casi que todos los presenten miran hacia ese pequeño y casi que olvidado puesto; Bushina vuelve a poner a Naru-chan en el corral, como si su acto fuera cosa de vida o muerte. Y el pequeño enseguida va hacia su hermana y, al intentar abrazarla, los dos caen juntos en la cobija. Pero, mientras lo hacen, la niña ya está tranquilizándose.
―Y por eso es que no se debe alzar a Naru-chan porque sí ―dice Arashi-san hacia Bushina y, luego, hacia Kushina. Es obvio que ya lo ha dicho antes, muchas veces, pero aún tiene paciencia para hacerlo de nuevo―. Porque él puede aguantar sin ser alzado, pero Nami-chan.
―No puede aguantar estar sin él ―dicen Kushina y su clon a la vez.
Arashi le sonríe a su esposa, saluda a Itachi y, luego, entra y se sienta en el corral para jugar con los mellizos sin más. Así que Itachi decide saludar a todos como se debe. Es así como se da cuenta de que hay dos personas más en el puesto. Un hombre moreno y, lo que le extraña, con ojos cerrados; y una niña de ojos y cabellos café como de su edad.
―¡Veo que te diste cuenta de nuestra nueva adición al clan! ―la exclamación de Kushina lo hace tener un respingo. La pelirroja está abrazando de lado al hombre, mientras tiene una mano sobre la cabeza de la niña―. ¡Te presento a Teuchi y su hija Ayame! Ambos vienen de los Kyuuraku de Uzu, pero ahora se llaman Ichiraku!
La niña dice apenas un "hola" con la mirada baja, mientras el señor le hace un movimiento de cabeza, antes de preguntarle que si quiere saber sobre el clan Uzushio.
―¿Uzushio? ―pregunta Itachi―. ¿Así no se llamaba el lugar donde estaban los Uzumaki?
―¡Exacto! ―dice Kushina, y saca de debajo del puesto un mapa del País del Fuego, en donde está indicado una pequeña isla en el sur―. Esa isla era donde estaba mi clan, pero no solo mi clan. La fuerza de los Uzumaki era que, en verdad, éramos siete clanes… ―le enseña la banderas que estaban colgadas en el techo del puesto― ¿Quieres saber de ellos?
Por toda respuesta, Itachi asiente con fuerza y una sonrisa. Ese es el puesto en el que más tiempo se quedó.
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La verdad es que, aunque Itachi tenía pensado entrar, llevar a cabo su decisión y salir a entrenar un poco antes de volver a la casa a almorzar; la feria histórica de Konoha decidió diferente por él. Estuvo viendo todas las exposiciones de técnicas de los clanes; entre ellas, la hora de almuerzo que regaló los Akimichi. Fueron esos olores de sus ollas de comida, y la alegría de los amables gigantes, los que lo hicieron a Itachi devolverse del camino hacia su casa. Si su madre y otouto hubieran estado ahí, esperándole, en vez de en la casa Hyuga; él jamás se habría devuelto. Pero, como no era así, claro que lo hizo y hasta pudo repetir del bento que los Akimichi habían traído como su exhibición de habilidades.
Era casi las tres de la tarde, y la feria empezaba a estar menos concurrida, otra vez. La última de las presentaciones de ese día, del clan Shimura, estaba empezando en ese momento. Y normalmente claro que él habría estado ahí para verla. Sin embargo, sabe que las oficinas de la academia cierran a las cuatro. Así que prefiere evitar alguna posibilidad de salir de ahí sin haber hecho su misión.
Con ayuda de Kushina-san, que está entregando pruebas de ramen en su puesto por alguna razón (le da dos para llevar); sabe cómo llegar a la secretaría. Está en el segundo piso, prácticamente al subir las escaleras. Ahí, para su sorpresa, se encuentra con una Bunshina. Una Bunshina que está haciendo un fuerte con cajas y folders… Y que intenta "esconderlo" a penas ve a alguien entrar a la oficina. Al menos hasta que se da cuenta de que es Itachi.
―¡Ah, hola Itachi-kun! ―dice, y se sienta al escritorio com si tal cosa―. ¿En qué te puedo ayudar?
El joven Uchiha decide pasar por alto en lo que encontró a la Bushina. Se hecha de ver que ha tenido la mala suerte de ser dejada ahí mientras abajo, las personas se divierten.
―Quiero llenar la fórmula para que se me permita estudiar en casa.
―Por supuesto. ―pasan varios minutos mientras ella busca entre la oficina las hojas correspondientes. Por fin las encuentra. Están dentro de un folder, siendo parte de una pared de su fuerte―. Aún no las hemos actualizado, pero debes saber que hay nuevas reglas para que puedas estudiar en casa: los padres no pueden ser tus maestros principales. ―mientras habla, lo está escribiendo con gran rapidez en el papel. "Como se puede esperar de una experta en fuiinjitsu" piensa él―. Además, los miércoles los pasarás en actividades de la academia. Las mañanas, debes ser parte de alguna gira de "Implicación en la villa" y, en la tarde, de por lo menos dos de las materias optativas… Los horarios de los mismos están en la pizarra de la izquierda, y lo de las giras, decidirás cuando llegues cada miércoles a las ocho de la mañana. ¿Entendido?
―Entendido ―dice Itachi, mientras mira con mucho interés a las materias optativas.
―También, debes saber que se estará examinando cada seis meses. Y, si no sales bien en esos exámenes dos veces seguidas, deberás entrar a la academia como cualquier otro niño… Aunque no creo que tengamos problemas en eso, claro.
Itachi solo le sonríe, un poco avergonzado por el halago. Eso de que se celebre por cosas que no le son difíciles, le hace sentir desmerecedor.
―Eso espero, Uzumaki-san.
―¡Que la original quiere le llames Kushi-obaa! ―exclama ella, con gracia―. A nosotras, nos puedes llamar como el koi ―así es como Kushina siempre le dice a su esposo―: Bushina, por favor.
―Está bien, Bushina-san.
Ella asiente, le tiende los papeles en los que había estado escribiendo y, luego, empieza a buscar otros en los cajones.
―Y, además de todo lo anterior, está la regla de que debes ser parte de un club social… La lista está en la pared de la derecha. ¡Aquí están! ―saca dos objetos y los pone sobre el escritorio―. Esta carpeta es la de la lista de los clubes y, ésta, es donde te enlistas en las materias optativas que vas a llevar. Hazlo de una vez. En cuanto a lo de estudiar en casa, lo puedes traer mañana. Necesitamos una carta de uno de tus padres diciendo que está de acuerdo en que estudies en casa, y una de tu sensei diciendo lo mismo en cuanto a enseñarte. ¡Por cierto! Dile a tu sensei que se venga para que le podamos dar una copia de los temarios, y ver si nos parece apto para enseñarte. ―se queda pensando un instante, y luego sonríe y dice―: Creo que eso es todo.
―Gracias, Bushina-san.
La pelirroja le sonríe, y le da un lapicero. Al final, a Itachi le ha costado más decidirse por cuál club va a estar que por las materias optativas. Simplemente, se metió en todas las que pudo, teniendo en cuenta los horarios de dichas materias optativas.
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Tsunade Senju se encuentra viendo hacia un papel. Jiraiya está frente a ella, con el ceño fruncido y las manos frente a su boca. Su expresión es la viva imagen de la aprehensión.
Finalmente, la godaime hokage baja la hoja que ha estado leyendo, y sonríe apenas.
―Es hermoso Jiraiya ―él sonríe y respira con felicidad―. Es fácil de entender, emotivo, fuerte y en verdad da el mensaje… Es una lástima que tenga que quitar la última parte. ¡Pero éste discurso va a tener siendo vitoreado mañana en la Academia!
Sin embargo, Jiraiya la está viendo con ojos entornados.
―Hime ―dice él, seriamente―. Me parece que es el momento justo para anunciar al bebé y nuestro matrimonio.
―Falso matrimonio.
―Para ellos no.
Tsunade se recuesta en la silla. Desde hace casi dos semanas que Jiraiya está de nuevo en Konoha y, de cierta forma, su llegada ha hecho más "real" su embarazo. Él hace de todo para intentar satisfacerla, tanto que Tsunade termina abrumada por él. Lo cuál claro que se transforma en enojo. Aunque, en el fondo, también enternecida.
Las personas que están a su alrededor se han dado cuenta fácilmente del cambio de su relación. Aún cuando ni Tsunade misma saben bien qué son. ¿Amigos con relativos derechos sexuales que van a tener un bebé? Lo único que sabe es que no son un matrimonio. ¡Eso sí que no! Ella solo puede pensar en Dan como su esposo.
… Aunque últimamente, se ha dado cuenta de que cada vez piensa menos en Dan y en Nawaki. Y, también, cuando lo hace, no siente ese aplastante dolor que ella ahuyentaba con apuestas y licor. Lo que más le hace sentir culpable, es que no se siente culpable por ese cambio.
Y no quiere ni pensar en la posibilidad de que sea exactamente esa extraña relación con Jiraiya la que haya logrado ese milagro en ella. Por eso, y porque quiere proteger aún su título de hokage (Konoha apenas se está estabilizando) y, sobre todo, a bebé (todo el mundo sabe que una kunoichi embarazada es más vulnerable); se dice que no es momento de hacer público el tema.
―Ese no es el punto. El punto es que apenas estoy ingresando en el tercer trimestre, en el que estaré más impedida tanto físicamente como en el control del chakra… ¿Y quieres que lo anuncie ahora mismo?
―¿Si no cuando, cuando bebé vaya a graduarse de la academia?
"¿Por qué no?", se avergüenza de pensar ella. Sin embargo, como ha tenido que hacer desde que volviera a Konoha, se enfrenta a su parte cobarde y dice:
―Cuando salga de la cuarentena.
Jiraiya abre mucho los ojos y se pone en pie.
―¡Vas a decirle a Konoha que estás embarazada cuando llevarías más de un mes de no estarlo? ¡Tsunade!
Ante su tono de regaño, Tsunade palmea fuertemente el escritorio mientras también se pone en pie.
―Le voy a decir a Konoha cuando crea que la noticia no va a preocuparles. Cuando la amenaza que tenemos por esta situación ya esté anulada.
―¿Y el sentido de confianza que necesitas desarrollar en las personas de Konoha? Puede que los ninjas entendamos porqué lo estás ocultando, pero los civiles no van a entender porqué se los escondes. No van a entender la posible amenaza en lo que tu estado te ponía, solo que su hokage no les tiene confianza para decirles una buena noticia.
―Vamos, no seas melodramático, que es mi vida personal y nadie tiene derecho de enojarse porque no les fui con el chisme. Y si fuera así, no me preocupa. Los civiles que necesitaba que entendieran, el daimyo y su gente, siguen de mi lado después de que se dieran cuenta de que las cosas funcionan. Y los civiles de Konoha pueden tener cierto poder político y algo del económico, pero no tienen nada contra nuestra organización. Por más que se enfurruñen y hagan berrinche, no pondrían en peligro a los ninjas de Konoha ni a Konoha misma.
Jiraiya parece querer decir algo más, pero no se le ocurre nada. Y por eso, termina dando un gruñido gutural y a despeinarse los cabellos. Por alguna razón, eso hace sentir culpable, y termina susurrando:
―Diré lo del matrimonio. Lo del falso matrimonio, pero nada más.
Tsunade puede ver como los ojos le brillan a Jiraiya, mostrando tanta alegría como su enorme sonrisa. Y ella se sintió muy avergonzada por ello, porque ¿por qué diantres siente ganas de sonreír cuando él se pone así?
… Entre sus ropas la pequeña Katsuyu que la acompaña ese día, da un suspiro lleno de ternura. ¡Es que, esos dos y su relación es tan tierna!
Jiraiya estaba rodeando el escritorio para poder darle un abrazo de oso a su hime, cuando son interrumpidos por alguien que toca a la puerta. Eso hace que Tsunade le envíe una mirada amenazadora a Jiraiya, y que este se devolviera hacia la silla en seguida. Solo cuando nada "sospechoso" parece pasar entre ellos, Tsunade deja entrar al ANBU.
Aunque el hecho de que ella suele decir a sus ANBU que se vayan cuando está con Jiraiya, como en esa ocasión, es de lo más sospechoso. Por más que la excusa que pone: ¿quién va a atacarme estando dos sannin juntos? Tiene mucha lógica. Aunque, realmente, la escolta de ANBU suelen estar ahí para decir mensajes que obtengan desde la comunicación de sus tatuajes y, algunas pocas veces, para ser mandados en misiones. Sin embargo, Tsunade parece olvidar eso cuando se trata de estar a solas con Jiraiya…
El ANBU que llega allí lo hace por haber recibido un mensaje desde su tatuaje. Uno muy urgente.
―Hokage-sama. Se ha producido una explosión subterránea a las afueras del sector Shimura. Y, a la misma hora, se han sentido fallos sísmicos en cuatro diferentes bosques de Konoha que, creemos, pueden deberse a otras explosiones. Ahora mismo, equipos de ANBU los están revisando.
Tsunade siente como se le revuelve el estómago y un vacío doloroso en su pecho. Jiraiya se ha puesto en pie y, mientras ella respira un par de veces, sintiendo a la vez que Katsuyu está haciendo algo para ayudar a tranquilizarse; Tsunade ha ordenado sus pensamientos.
―Iniciaremos protocolo naranja ahora mismo.
―¡Sí, hokage-sama! ―exclama el ANBU, y desaparece en un shunshin de allí. Todo ninja sabe cuál es su puesto cuando se está en un protocolo naranja. Y también saben que deben estar allí en seguida.
Tsunade ha tocado uno de los tantos sellos que están en el escritorio, y lo ha activado. En seguida, un sello de color naranja ha aparecido en todas las paredes. Eso está pasando en todos los lugares de importancia estratégica de la villa.
―Hime, ¿cuáles son mis órdenes?
―Red de apoyo y vigilancia con los sapos. Si hay algún ataque, encárgate del mismo ―dice ella y, justo cuando Jiraiya va a salir, ella pregunta lo que se teme en un impulso―: Esto tiene que ver con que Orochi se esté tardando en contactarse, ¿verdad?
―Es él el que mejor conoce el subsuelo de Konoha. Bien que mal, él ha construido mucho del mismo. Y que estén atacando justo desde abajo. Sí, me temo que esto puede tener con el silencio de Orochi.
Los dos se miran un segundo, dejándose ver la preocupación en el otro porque su compañero de equipo haya sido atrapado. Saben que Orochimaru es duro pero, también, que un buen torturados rompe a cualquiera.
Lo que jamás imaginaron es que eso no era lo que había pasado, aunque todo tuviera que ver con Orochimaru… Y Danzo Shimura.
-o-
Unas horas antes.
Aunque es de noche, y sabe que para un niño de su edad está mal visto salir solo a esa hora, Itachi le ha pedido permiso a su madre para salir en ese momento. Y, para sorpresa de él, Mikoto Uchiha se lo ha dado. Aunque, como también fue su madre la que escribió la carta para la academia diciendo que estaba de acuerdo con que él estudiara en casa con esa persona que quiere como sensei, a Itachi le parece que ella está disfrutando de ese plan tanto o más que él. Así que, con una carta ya redactada en mano, Itachi se prepara para tocar la puerta de la persona que quiere que sea su sensei.
―Hay un niño en la puerta. ―dice de repente una voz extraña. Muy gruesa pero con altibajos―. ¿Puedo abrir? Es un buen niño. ―su tono es emocionado.
Itachi no oye la respuesta que le dan, pero debe ser positiva ya que la puerta se empieza a abrir. Él no se siente listo para entrar, pero respira hondo porque sabe que ya no tiene opción. Tiene la sorpresa de que la "persona" que le ha abierto es un gran perro negro y lanudo, más alto que él mismo. Y, a todas luces, un ninken, pues ha abierto la puerta con el uso de hilos de chakra.
Aunque su gran hocico pondría poner nervioso a cualquiera, sus ojos están llenos de bondad.
―Buenas noches, Uchiha-san. ¿En qué le podemos ayudar?
―Kage, ¿quién es? ―pregunta una voz, que se acerca corriendo. Y una chica de ojos sin pupilas y cabello morado se asoma para verlo. Se serena al instante―. Oh, ¿te has perdido, pequeño? ¿Necesitas ayuda para llegar a tu casa? ―le pregunta, con preocupación.
Itachi entrecierra un poco los ojos. Para nada está acostumbrado a que se le hable como a un niño… de su edad.
―Buenas noches, vecina-san. No, no estoy perdido. Perdón por la hora de mi llegada, pero quiero hablar en seguida con Naori-dono.
Itachi ve como la chica abre mucho los ojos, sorprendida por la manera tan solemne y correcta en que ha hablado. Luego mira hacia adentro y grita: "¡Naori-san, te buscan!" Mientras tanto, Kage abre más la puerta y se hace a un lado para darle espacio de pasar.
El joven Uchiha así lo hace. Lo primero que piensa, mientras se quita los zapatos, es que esa casa se ve mucho más acogedora que la suya. Como que es más evidente que ahí vive una familia, no "el cabeza de clan". Luego, mira hacia la derecha. Ahí hay una sala de colores rojizos y café, y es de donde está viniendo la persona que viene a ver, sentada en una silla de ruedas.
―¿Qué sucede? ¿En qué te puedo ayudar? ―dice ella, su voz compuesta, pero con un deje de preocupación.
Detrás de la mujer, sentado a un sillón muy cómodo, se encuentra su esposo, viéndolo con interés. En el suelo, otra chica con el cabello morado, pero más oscuro, que está limpiando una espada; hace lo posible para no hacer evidente que también le está mirando. Detrás de él, puede sentir a la otra chica como a Kage poniéndole atención. A Itachi le hubiera gustado estar solo para hablar con Naori, pero algo le dice que no podrá ser. Por lo que, decide hacer su plan ahí mismo.
―Estoy arrodillándome y haciendo una reverencia de cabeza ―dice él. Sabe que es costumbre contarle los movimientos a las personas sin vista―. Deseo tener el gran honor de ser su pupilo.
Naori no es la única que sube las cejas. Hasta Kage lo hace. Y sin embargo, durante la más de una hora en que la Uchiha estuvo intentando negar el pedido, terminó siendo convencida por el niño de ser su sensei. En verdad que Itachi está más que decidido en que "los jitsus no violentos que usted ha iniciado… ¡Yo los perfeccionaré!" entre otras cosas. De cierta forma, tanta entrega y fe por el futuro le hizo tener ganas de ser parte de ese plan del chico.
"Paz al mundo ninja, por medio de los que él llama "jitsus bondadosos" ¿eh?" piensa ella esa noche, acostada en la cama, mientras los leves ronquidos de su marido la están adormilando "¿Por qué no? Cualquier plan hacia la paz es mejor que ningún plan".
… Jamás hubiera pensado que, más o menos dos horas más tarde, unos gritos la despertarían. Unos gritos que repetían una y otra vez "Protocolo Naranja".
Por segunda vez en menos de un año, Naori sale de su casa mientras las personas a su alrededor se agolpan y corren. Gritando preguntas, llevando a rastras a los bebés y niños pequeños, algunos padres tranquilizando a los hijos y, unos pocos tercos, insistiendo en que no se iban a ir de su casa, o salir de la misma sin algunos objetos.
Sin embargo, a diferencia de hace casi siete meses, Naori no está sola. Kenshin, su esposo, la ha tomado en brazos mientras van hacia el centro de Konoha. Detrás de ella, siguiendo el camino de árboles que su esposo ha tomado, está Anko-chan. Ella fue la primera en estar lista para salir corriendo de allí pero, a diferencia de lo que hubiera hecho unas semanas antes, se mantuvo en la puerta, gritándoles a todos que se apuraran. Y finalmente, abajo en el camino, corre Kage con Yuugao sobre su lomo. La niña está bien asida a su gran cuello, con los ojos cerrados y temblando…
Yuugao le está rezando a todos los dioses que no pase nada. Que no le roben la familia que acaba de ganar. Todos lo están haciendo.
Y sus plegarias terminaron siendo contestadas. Para el amanecer del día siguiente, todos en la villa saben que no habían atacado.
Aunque, por más de dos años, no supieron porqué algunos del clan Shimura había empacado, salido por unos caminos subterráneos desconocidos por todos, y bombardeado los mismos para que fueran difíciles de seguir. Como sus casas. Sin embargo, de ellas las que más sorprendieron ver bombardeada era la de Danzo Shimura.
Los otros lugares que fueron bombardeados, después de analizar sus residuos, sí explicaron porqué tuvieron ese destino. Una de ellas, habían sido las barracas de la Raíz pero otros… Por ese poco que se pudo encontrar de los experimentos de Orochimaru, es que fue catalogado como un ninja renegado. Uno de los dos clase S de las más de trescientas personas que se fueron de Konoha en ese día. El mismo que pasaría a la historia como el momento en que se han creado más ninjas renegados de una sola villa.
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Esa noche.
Palacio del Daimyo.
País de los Vegetales.
El asesinato de la familia real y los más altos mandos del País de los Vegetales es mucho más fácil de lo que previó. Sentado como está, en la sala del trono, Danzo mira hacia una gran ventana. La noche está despejada, y estrellada. Ningún civil podría darse cuenta de que han muerto más de cincuenta personas en los últimos minutos.
Danzo Shimura espera que la toma de poder que está haciendo Orochimaru en el País del Arroz sea igual de exitosa. Es verdad que el sannin de las serpientes tiene su propio ejército, pero el mismo no ha tenido un entrenamiento exhaustivo como él ha hecho con sus agentes de la Raíz. Además, el hecho de que Orochimaru use las emociones de ellos como manera de mantenerlos leales, le parece una manera poco elegante de actuar.
―Danzo-sama ―le dice uno de sus agentes, que acaba de aparecer en un shunshin, postrado frente a él―. Tenemos noticias del ejército civil. Siguen sin saber del golpe de estado.
―Bien. Que el equipo genjitsu siga manteniendo las barreras.
―Por supuesto… Danzo-sama, pido permiso para hacer una pregunta directa.
El Shimura sube un poco las cejas, sorprendido. Son pocas las veces que sus ANBU le piden eso. Pero, normalmente, tiene que ver con algo de la estrategia, así que dice sin más:
―Permiso concedido.
―No entiendo cómo es que esta misión va a asegurar el futuro de la villa. ―hace una reverencia de cabeza en el suelo―. ¿Podría tener el honor de que me lo explique, Danzo-sama?
―Es fácil. ―dice él, algo enojado con la pregunta. No recuerda la última vez que alguno de sus subordinados le hiciera una pregunta en que, en el fondo, parece que pone en tela de juicio su proceder―. Algo que he aprendido del reinado de esa zorra ―espeta él, pensando en Tsunade―. Es que esa villa ya no es la villa del inicio, la villa con el ideal que yo he querido proteger todo este tiempo. La villa que decidió unir los clanes para ser la más poderosa del continente, una fuerza que nadie podría querer atacar. No, lo que he aprendido de estar supervisando esas malditas misiones tipo H, es que esa villa son unos peones de daimyo y esas familias que no saben qué es pelear para sobrevivir. ―Danzo deja de hablar y respira hondo un par de veces para tranquilizarze―. ¿Por qué esas familias, esos civiles que no saben nada de la vida, son los que pueden mandar sobre nosotros, los ninjas? Y de esa forma, supe que la villa ya no era la del ideal del inicio. Me di cuenta de que para ser los más poderosos, para no tener ninguna amenaza que nos haga daño, debemos ser los que controlan el poder civil también.
―Entonces, matamos a la familia real y las más influyentes de este país, ¿para que usted tenga el poder político y económico, además del militar?
―Exacto. Desde ahora en adelante, este país va a ser liderado por las personas que deben tener el poder. ¡Los ninjas!
―Si me permite hacer otra pregunta, Danzo-sama ¿por qué la godaime no hace justo eso en el país del fuego? Si es lo más lógico.
Danzo mira hacia su postrado ANBU con una leve sonrisa de orgullo.
―Porque es una incompetente que prefiere reorganizar toda la aldea a su antojo, a hacerse un aborto como cualquier kage que se respete habría hecho ―dice él, con convicción. Y se recuesta a su trono―. No, no. La verdadera villa ninja del fuego nace hoy. ¡Hoy nace Kasaigakure!
… También ese día pasaría a la historia como el día en que nació el Imperio de la Sombra. Aunque no se supo del mismo hasta años después. Danzo y Orochimaru supieron bien mantener el secreto de sus planes hasta que sus primeros países, del Arroz y de los Vegetales, estuvieron totalmente bajo su control.
