CAPITULO 13
HACIENDO NUEVOS AMIGOS
Salí de casa más tarde de lo previsto pues debía dejar todo limpio, Jessica me había dejado y se había ido sola hacía mucho rato. Caminé apresurada hasta que escuché una carcajada ahogada.
—Hola princesa— Edward estaba subido a un árbol y me sonreía apoyado en una gran rama.
—Hola mono araña ¿Qué haces allí?— pregunté riendo. Saltó ágilmente y cayó de pie a mi lado. Me abrazó, ya se le estaba haciendo costumbre… Algo que no me molestaba para nada.
—Esperarte. Jessica se quedó aquí casi media hora. Se veía impaciente. Menos mal que traía zapatos nuevos porque no dejaba de mirarlos y no se le ocurrió levantar la cabeza— su carcajada me hizo sonreír.
— ¿Bueno ahora me contarás lo que ayer no quisiste?— su rostro cambió, parecía que eso lo hacía infeliz.
—Es complicado y no quiero pensar en eso tan temprano. Mira, traje un refrigerio para dos. ¿Querrás compartirlo conmigo? Yo mismo los preparé— me mostraba una bolsita de papel grande.
—Claro que sí, no me importaría un dolor de estómago si tú lo hiciste— le dije sonriendo y comencé a caminar más rápido.
—Ey, he practicado mucho este verano— dijo corriendo tras de mí.
— ¿Es cierto que hay nuevos estudiantes?— pregunté.
—Sí, están los Hale, Rosalie y Jasper son gemelos. Él es un poco tímido y no habla mucho, ella es algo reservada también. Y Emmett, es muy buen amigo, ahora trabaja con papá, es enorme no parece estudiante.
—Espero que me los presentes, será interesante tener nuevos amigos— casi habíamos llegado a la escuela cuando divisé a un chico muy alto y fornido, venía directo hacia nosotros.
—Que hay Edward ¿no me presentas a tu amiga?— preguntó mirándome.
—Hola Emmett, ella es Bella— respondió Edward algo avergonzado.
—Vaya, tu princesa en persona. Buen día su majestad, es un placer conocerla— dijo haciendo una reverencia exagerada. Yo reía de lo gracioso que se veía.
—El gusto es mío— contesté haciendo una reverencia también.
—Ya es tarde entremos a clases— nos urgió Edward.
Me senté a su lado al parecer él se había sentado con Emmett el día anterior y su amigo me cedió su lugar muy contento. Vi de reojo a los otros nuevos estudiantes, que apenas le sonrieron a Edward. Ella era muy hermosa, tanto que pensé si a mi amigo no le gustaría. Su gemelo era también muy apuesto pero del tipo melancólico y retraído. La rubia se quedó mirando a Emmett un par de segundos más de lo normal. Dos carpetas delante de nosotros Jessica y Mike estaban discutiendo. Cuando él se volvió y me miró vino de inmediato a saludarme.
—Bella, que alegría verte. Pensé que no vendrías este año, casi se me parte el corazón— hizo una mueca chistosa tomando mi mano. Edward se revolvía en el asiento de al lado.
—Pues estoy aquí, nuevamente. Gracias— respondí algo confundida. Este muchacho era siempre tan meloso.
Las clases iniciaron con un repaso. Literatura, mi materia favorita, aunque no había leído casi nada en todo el verano. A media mañana salimos al refrigerio Edward no se apartaba de mi ni un instante. Después de comer el rico emparedado que había traído mi amigo, vi que los Hale se acercaban a nosotros.
—Hola Edward, queríamos presentarnos con tu amiga— dijo Rosalie.
—Claro los presentaré. Bella ellos son Rosalie y Jasper Hale, somos amigos desde hace mucho tiempo— me dijo él no tan feliz de tener que presentarme a sus amigos. Qué raro, Edward era siempre muy amable.
—Hola Bella, espero que seamos amigas, aunque sea por poco tiempo— me saludó Rosalie.
—Es un placer— dijo Jasper y besó mi mano en lugar de sólo estrecharla. Sentí que me ruborizaba, hasta ese momento sólo Edward había hecho eso, era extraño viniendo de alguien que apenas conocía.
— ¿Por poco tiempo?—le pregunté a Rosalie para no pensar más en lo que acababa de ocurrir.
—Sí, nos quedaremos solo tres meses, nos iremos antes de navidad, mi padre quería que vayamos acostumbrándonos a los Masen— dijo sin mucho entusiasmo.
—Pero si sólo estarán tan poco tiempo ¿Cómo se acostumbrarán?— pregunté muy intrigada, eso no tenía ni pies ni cabeza.
—Pasaremos algún tiempo con la familia del juez antes de que sea trasladado…—Edward nos interrumpió molesto.
—Qué bueno que ya conocieron a Bella, si nos disculpan— dijo, me tomó de la mano y tiró de mí hacia otro lado, estaba muy perturbada ¿Qué había querido decir con que sea trasladado?
—Quería decírtelo pero no tenía el valor— dijo mirando al horizonte.
— ¿Te vas a ir?— sentí como si me quedara sin aire.
—No quiero. Papá ha sido transferido a Chicago, ocupará un puesto en la corte de justicia, es un puesto muy importante. El señor Hale es también un abogado muy reconocido y pues… tienen la ligera esperanza de que emparentemos… cuando yo cumpla 18— se oía más molesto.
— Te marchas… ¿Y vas a casarte con Rosalie? ¿Eso es lo que no podías decirme?— la verdad me había golpeado con más fuerza. Él se iba y lo perdería para siempre. Pero saber que tal vez se casaría con esa muchacha tan bonita me sentó peor.
— ¡No quiero!— gritó. —Tal vez puedan obligarme por algún tiempo a estar lejos de aquí pero no me casaré con ella.
—Debes obedecer Edward. Tu padre es un hombre muy bueno y correcto— le dije sin fuerzas.
—Volveré. De una u otra forma lo haré. Estudiaré mucho y me graduaré tan rápido como me lo permita el tiempo—sus manos habían formado puños y sus nudillos resaltaban.
—No tienes que hacerlo, empezarás una nueva vida, llena de oportunidades. No debes mirar atrás— dije conteniendo el llanto.
Sabía que eso me partiría el corazón lo que no entendía era porque. Él era mi amigo pero no mi propiedad, debía dejarlo ir sin hacerlo sentir peor. Algún día tal vez nos volveríamos a ver. Yo no tenía un brillante futuro, las mujeres raramente lo tenían. Si mi padre no aparecía me marcharía de aquí y tal vez busque a la familia de mamá, pensé.
—No debemos hablar de eso. Aún no. Por favor princesa, aprovechemos el tiempo que estemos juntos— se volvió sonriendo.
—Bueno, no tengo mucho tiempo salvo el de la escuela pero podemos hacer muchas cosas. Leeremos los libros que nos faltan en los refrigerios y tal vez podamos pintar algo o hacer alguna travesura— le sonreí con mucho esfuerzo.
—Tal vez podamos dormir a Newton y trasquilarlo— sonrió.
—Eso suena bien— regresamos a clases pero ya no estaba de tan buen humor como en la mañana, algo en mí se movía y me causaba muchas extrañas sensaciones.
La semana pasó y me costaba hacer las tareas ya que terminaba muy cansada por la noche. Edward me ayudaba mucho y también Emmett, era muy bueno en los estudios.
—Algún día quiero ser un famoso abogado— sonreía orgulloso Emmett. Durante un recreo.
—Y yo no sé cómo decirle a mi padre que no quiero serlo— se quejaba Edward.
—A veces envidio tu suerte amigo. Tienes unos padres geniales que te enviarán a la universidad más prestigiosa de Chicago. Y hasta quieren casarte con la mujer más hermosa del mundo— suspiró mirando hacia los Hale pero se ruborizó un poco cuando nos lo quedamos mirando.
—Pues por mí que te adopten, cambiaría mi lugar contigo y creo que saldría ganando— respondió Edward sonriendo.
— ¿No lo dices en serio verdad? Le romperías el corazón a tu madre si no te vas con ellos y entras a la universidad— le reprochó.
—Claro que quiero estudiar pero no me gustan las leyes. Yo prefiero la medicina— confesó algo avergonzado.
—Los hijos de los abogados son abogados, eso es lo tradicional. En cuanto a mí, bueno no recuerdo bien a mi familia, yo era pequeño. Pero sé que mis padres eran campesinos, trataré de cambiar un poco eso. Yo sí quiero ser abogado— incistía su amigo.
—Bien por ustedes caballeros. Pues yo seré una escritora amargada y solterona— les solté recordando a Jane Austen.
—Ya verás que te casarán pronto, eres muy bonita para que te quedes solterona. Te vendría bien engordar un poco— bromeó Emmett sonriendo.
—Pues yo prefiero que te quedes solterona— replicó Edward molesto.
La semana pasó muy rápido y llegó el sábado. Salí muy temprano por pasto fresco y venía caminando feliz porque había encontrado unas fresas que tanto me gustaban, cuando vi una figura a lo lejos. Una chica, muy delgada y más baja que yo caminaba con dificultad. Me acerquen a ayudarla parecía a punto de desmayarse.
— ¿Te encuentras bien?— le hablé, ella me miró y sólo atinó a sonreír.
—Creo que sí pero tengo mucha hambre— me respondió muy bajito. No lo pensé dos veces y después de sentarla en la hierba, corrí a lavar en el riachuelo las fresas que había encontrado. Se las ofrecí. La pobre chica se las tragó casi sin masticar.
—Lo siento, siempre olvido mis modales. Eres muy buena. ¿Cómo te llamas?— preguntó.
—Soy Bella. ¿Qué haces por aquí?—pregunté.
—Estoy perdida, venía huyendo y creo que me perdí— dijo mirando en todas direcciones.
—Huyes de tus padres o de la justicia— era extraña y tal vez peligrosa pero no daba miedo.
—De todo mundo, de la ciudad, de los policías, del sanatorio y de la mujer más malvada que hay en el mundo. Mi madrastra— dijo sonriendo.
—Ven a casa conmigo— le sugerí.
—Eso suena grandioso ¿Tiene algo más consistente? Tengo mucha hambre.
—Pues, yo también tengo madrastra así que quizás no sea tan buena idea, pero en el establo no te encontrarán. Puedes quedarte allí el tiempo que quieras. ¿Te irás pronto?
—No lo sé, en cuanto encuentre a mi tío. Se suponía que iría por mí pero parece que de verdad no le importo a nadie— se quejó. Algo se me hizo conocido.
— ¿Cuál es tu nombre?— le pregunté.
— Soy Alice Brandon— me dijo muy contenta –Al menos así me bautizaron, hace tiempo que solo oigo insultos pero me rebotan.
—Yo soy Isabella Swan— le dije muy impresionada.
—Vaya, te apellidas igual que mi tío. ¿No serás familia? Mi tío es un al Charlie Swan quien por cierto es una mala persona, mira que dejarme a merced de semejante bruja— se quejó. De inmediato empecé a llorar. —Vamos, no pensaba hacerte sentir mal. Seguro que lo conoces, está bien no creo que sea malo, solo me gustaría saber porque no fue por mí—dijo haciendo un puchero.
—Papá fue por ti y nadie lo ha vuelto a ver— le confesé.
— Rayos ¿Charlie Swan es tu padre? ¿O sea que somos primas? ¡Hola!— me dijo arrojándose a mis brazos. Para ser tan pequeña y estar medio muerta de hambre tenía mucha fuerza.
—Si somos primas. Papá salió hace casi dos meses hacia New York pero no ha regresado. Está desaparecido— le dije.
—Eso es terrible. Y yo que venía echando chispas contra mi tío. ¿No lo han buscado?— preguntó.
—Lo siguen buscando pero no aparece.
— ¿Y ahora estas con tu madrastra?— preguntó.
—Y también tengo una hermanastra.
—Eso suena terrorífico, yo no pienso vivir cerca de una madrastra bruja otra vez. Son la encarnación del mal— sonreí ante su comentario. Mi madrastra era muy estricta pero no era mala. Yo trataba de comprender que estaba pasando por muchos problemas.
—Mi madrastra no es tan mala— le dije —Es algo estricta y está muy preocupada, es todo.
—Y seguro te manda a hacer todos los quehaceres en casa ¿verdad? Así comienzan, luego no te compran nada, te restringen la comida, las salidas y luego te encierran— esta chica estaba desquiciada, parecía medio loquita, era muy vehemente cuando hablaba.
—Tal vez la pasaste mal. Vamos a mi casa, si ella sabe que eres sobrina de Charlie no creo que te niegue que te quedes con nosotras.
Alice no estaba muy convencida pero igual me acompañó. Entramos a casa y le preparé algo de comer que se lo terminó casi tan rápido que no me di cuenta. Luego subí, indicándole que se quedara en la sala. Respiré y me llené de valor, sería algo difícil y no sabía cómo lo tomaría mi madrastra pero Alice era mi prima y no podía dejarla en el establo.
—Señora puedo hablar con usted un momento— le dije acercándome a su puerta abierta. Ella tejía algo.
— Pasa niña. Dime— me miró con esa expresión dura de siempre.
—Sé que esto es extraño pero acaba de llegar mi prima Alice. La muchacha que mi padre viajó a traer con nosotras. Parece que vino por sus propios medios. Está abajo. Yo pensaba que tal vez pudiera quedarse con nosotras por un tiempo, no tiene donde vivir. Yo puedo compartir mi cama con ella— apenas pude seguir hablando porque su expresión cambió de inmediato. Su rostro se tornó de un rojo peligroso.
— ¡Sabes bien que estamos casi en la ruina! ¿Acaso crees que esto es un refugio o una beneficencia?— gritó.
—Pero señora… es mi prima y no tiene a nadie más— le dije asustada.
—Esta es mi casa y no recibo a extraños— dijo.
—También es mi casa, la de mi padre, estoy segura que él no la rechazaría— le dije con algo más de valor.
—Pues tu padre se largó y nos abandonó ¿Cuándo lo vas a entender? Yo no me creo eso de que anda perdido. Se aprovechó para poder dejarte conmigo y se fue a vivir su vida.
— ¿Cómo puede decir algo así?— le reproché.
—Pues si quieres tanto a tu prima ¡Puedes irte con ella!— me gritó.
Yo no pensaba dejar a Alice sola, ahora que la había encontrado. Era la única familia que tenía cerca.
—Como usted diga— le dije haciendo una reverencia para marcharme.
—Isabella. Ya no hay espacio suficiente como podrás ver— dijo suavizando su tono. –Si lo deseas puedes acomodar a tu prima en el establo mientras se quede. Espero que sepa cocinar y pueda ayudarte, como te dije el dinero no nos alcanzará mucho tiempo más.
— Está bien señora, procuraré que alcance la comida para todas y ella no será una carga. Lo prometo— le dije algo más tranquila por un momento pensé que tendría que marcharme de mi casa.
Bajé y miré a Alice que me sonreía.
— ¿No te dije que era una bruja? Así comienzan todas— me dijo muy segura de sí misma.
—No es tan mala, vez que te permitió quedarte— le recordé.
— Claro, para dormir con los animales. Bueno no me debo quejar, anoche dormí en el bosque y me tape con hojas secas, esta noche al menos tendré un techo y comida— suspiró.
—Me ayudarás con los quehaceres y no te preocupes que dormiré contigo— le sonreí.
—Eres tan buena— volvió a abrazarme –Pero espero no quedarme mucho por aquí. Quiero trabajar, ganarme mi comida, poder estudiar y con el tiempo ser una modista famosa— dijo mirando al cielo.
—Entonces habrá que buscarte algo. Déjalo de mi cuenta tengo un amigo que nos ayudará— dije pensando en Edward.
Dormí con Alice esa noche a Jessica y a su madre no pareció importarles. Pasé dos días sonriendo Alice era muy graciosa y casi no hablaba en frente de ellas. No se sentaba a la mesa, y yo comía con ella. Trabajamos mucho en el campo ese fin de semana. Cosechamos grosellas, algunas verduras y fuimos por leña.
—Mañana tengo escuela— le comenté el domingo antes de acostarnos.
—Yo también quisiera estudiar— respondió pensativa.
—Pronto Alice, ya verás que todo va a mejorar, lo sé— sonreí aunque ella no podía ver mi rostro.
—Yo también lo sé pero no tengo tanta paciencia— suspiró antes de quedarse dormida.
Al día siguiente pude salir más temprano porque Alice me apuro diciéndome que ella terminaría la limpieza y el lavado de trastes.
— ¿Amanecimos temprano hoy?— preguntó Edward desde el mismo árbol de siempre.
—Tengo algo importante que decirte— le hice señas para que se me acercara. Se sorprendió un poco, vino a mi algo cauteloso.
— ¿Te pasa algo?— me dijo interesado.
—El sábado llegó mi prima de New York, vino huyendo de su madrastra que la metió a un sanatorio mental para deshacerse de ella y quitarle el poco dinero que su padre le dejó. Mi madrastra no quiere que viva en la casa y se está quedando en el establo. Yo le hago compañía y…
— ¿Estás durmiendo en un establo?— me preguntó molesto.
—Te estoy hablando de mi prima no me estás oyendo— le reproché.
—Claro que te oigo pero acabas de decir que estas durmiendo en el establo, como quieres que me ponga. Bella, esa es tu casa, la construyeron tus padres, esas dos arpías no pueden obligarte a hacer eso.
—Ya te dije que la acompaño por voluntad propia, no quiero dejarla sola.
—Pero es tu prima deberían dejar que se quede en tu casa.
—Por eso quería pedirte si podrías conseguirle trabajo. Ella quiere estudiar, tiene casi mi edad, es algo menor que yo…
—Claro que buscaré algo y apenas ella esté mejor, regresas a tu habitación, no quiero que te resfríes ni nada parecido. Me volvería loco si te enfermas— él siempre había sido algo sobre protector conmigo.
— ¿Entonces nos ayudarás?—pregunté para confirmar. Aunque yo sabía que él si me ayudaría.
— ¿Cómo puedes dudarlo?— preguntó muy serio. —Haría lo que sea por ti…— se interrumpió de golpe. —Quiero decir, por ayudarte— trató de hacerse el indiferente pero noté que se había ruborizado. Eso era algo que también se estaba haciendo muy común últimamente, me sentía mejor, al menos no era la única en pasar vergüenzas.
Esa tarde llegue a casa a contarle a Alice las novedades pero me encontré con que no estaba. Pregunté por ella pero Jessica me dijo que no la había visto. La esperé un par de horas y salí a buscarla, tal vez se había perdido. O se fue.
Mientras caminaba divisé un caballo que traía a dos personas. Cuando se acercaron vi que era mi prima. La traía Jasper Hale.
— ¿Alice estás bien?— le pregunté al darme cuenta que estaba empapada. Me quité el suéter para arroparla en cuanto él la bajó.
—Hola prima. Salí a buscar fresas pero me caí al riachuelo. Este joven me rescató— tartamudeó por el frio.
— Hola Bella— saludó Jasper sonriéndome. Traía un caballo negro azabache. Y era raro que sonriera, siempre lo había visto taciturno.
—Gracias por rescatar a mi prima Jasper, nos vemos mañana en la escuela— me despedí. Llevé a Alice adentro, no paraba temblar y hablar sobre lo impactada que estaba de haber conocido a su salvador.
—Be... Bella ese joven es tan apuesto y tan caballero. Lo hubieras visto. De… debía verme atroz allí tirada en medio del riachuelo y todo por lavar la fresas que para colmo se me cayeron. Entonces él entró y me tomó en brazos. Nunca en mi vida he estado ma… más feliz de ser una damisela en peligro— sonreía de alegría. Su corto y mojado cabello negro estaba más rebelde que de costumbre. Cuando llegamos a casa nos encontramos con el carruaje de los Masen. Las dos nos miramos sorprendidas.
—Es el carruaje de Edward— sonreí. Debe haber venido de visita.
— ¿Edward tu príncipe?— preguntó Alice.
—Es Sir Edward— le corregí.
—Es lo mismo. Va… vamos por la cocina, déjame tomar algo caliente para poder ir a cambiarme.
Entramos sigilosamente, le serví un mate y fui a espiar. La señora Masen estaba tomando el té con mi madrastra.
—Isabella, no debes acechar a la gente— escuché la voz de mi madrastra. Caray, no había sido tan discreta después de todo. Avancé unos pasos y la señora me lanzó una mirada de reprobación.
—Hola Bella, que gusto verte— me sonrió Elizabeth, se puso de pie dejando su taza y vino a abrazarme.
—Buenas tardes, la he echado de menos— dije correspondiéndole. Miré instintivamente hacia la cocina, y allí estaba Alice, apara en el umbral de la puerta con la mirada clavada en nosotras. Le hice un gesto para que se acerque.
— ¿Y esta jovencita es tu prima?— preguntó la madre de Edward.
— ¿Qué fachas son esas? ¿Qué va a pensar la señora Masen?— le llamó la atención mi madrastra.
—Bueno, he venido porque Edward me dijo que necesitas trabajar y yo me estoy volviendo loca, la mucama nos dejó, necesito ayuda urgente— le dijo la señora Elizabeth a mi prima ignorando por completo los comentarios agrios de mi madrastra.
—Sería un placer trabajar para usted— respondió Alice sonriéndole.
—Entonces si quieres nos vamos ahora, así avanzas un poco. Ya mañana después de clases me ayudas con el resto de deberes— Alice la miró asombrada.
— ¿Podré estudiar?—le preguntó muy feliz.
—Claro, siempre he pensado que las jovencitas necesitan mucha educación, al fin y al cabo somos las que educamos a los hombres ¿no?— sonrió mostrando un adorable hoyuelo.
—Pues yo no creo que haga falta saber muchas cosas para conseguir un buen matrimonio. Basta con que se tenga belleza. Pero es sólo mi opinión— replicó mi madrastra.
—Voy por mis cosas— Alice salió muy rápido, como si temiera que la señora Masen cambiara de opinión. Mientras tanto la madre de mi amigo me invitó a sentarme con ellas a la mesa y me sirvió té.
— ¿Cómo vas en la escuela?— me preguntó.
—Muy bien, gracias. Estamos estudiando literatura inglesa— respondí.
—En casa tengo libros de las hermanas Bronte, de Austen, de Dickens. Ven cuando quieras o pídele a Edward que te los preste— me sonrió.
Apenas habíamos terminado cuando Alice llegó cambiada y con aquella bolsita que trajo desde Nueva York. Yo la había visto, en ella sólo había un abrigo viejo, unas cuantas fotos de sus padres y unas páginas de revistas. Su sonrisa me contagió, estaba radiante, sé que aquí no tuvo ninguna comodidad, me alegraba que fuera a un lugar mejor que el establo. Aunque eso signifique que ya no la vería.
Se despidió de mí prometiendo que conversaríamos al día siguiente en el colegio. Yo estaba más que feliz por ella y tan agradecida con Edward. La próxima vez que lo viera le daría un beso. Me lo prometí.
—Bella, cuídate mucho y regresa a dormir en tu habitación— me dijo al oído la madre de Edward.
—Sí. Gracias— respondí sonriéndole.
Por la noche mientras cenábamos Jessica estaba molesta, no dejaba de hacer esos gestos feos como torcer la boca y chupar limón.
—Qué suerte de la enana esa— explotó por fin sin poder contenerse. —Vivir con los Masen. ¡Estará todo el día cerca de Edward!— soltó su mal humor.
—Pues no será por mucho tiempo— dije con tristeza.
— ¿Qué quieres decir?— Jessica estaba intrigada.
—El juez Masen será transferido a Chicago antes de fiestas. Se irán. Aunque tal vez Alice vaya con ellos— susurré. Ahora que lo pensaba sí que mi prima tenía suerte.
— ¿Edward se va? No puede ser. ¡Mamá!— miró a su madre a punto de tener una crisis histérica.
— ¿A dónde irán Isabella?— preguntó ella.
—A Chicago— le respondí, nunca pensé que ellas tenían interés especial en mi amigo.
—La ciudad de los vientos…— murmuró para sí misma.
Yo había oído esa expresión antes. Mi corazón latió de prisa. ¡De allí era mi madre! Entonces, tal vez todavía me quedaba familia y podría ir a buscarlos y tal vez… No debía dejar a mi imaginación volar tan alto. No quería hacerme ilusiones pero al menos ese rayo de esperanza me iluminó otra vez.
Al día siguiente Edward me esperó pero no estaba solo, hablaba con una joven que estaba de espaldas a mí. Traía un hermoso vestido y un sombrero a juego de encaje. Sentí un pinchazo de tristeza. Aunque esa no era Rosalie, no sabía con quien venía Edward. Apenas le sonreí cuando lo vi. La muchacha a su lado se giró sonriendo y corrió a abrazarme. ¡Era Alice! Bien vestida, peinada y con ese sombrero precioso parecía otra persona.
— ¡Bella!— me gritó desde lejos. Casi me caigo por el choque.
—Por favor pequeño monstruo sé más cuidadosa con ella— dijo mi amigo acercándose a nosotras.
—Alice ¿Cómo estás?— pregunté mientras ella se giraba para que la viera mejor.
—Es un sueño, ya entendí lo que me contaste sobre la señora Elizabeth. Es tan buena como me la describiste. Y Sir Edward no se queda atrás. Son muy buenos conmigo, mira hasta tengo ropa elegante para venir a la escuela. Ayudaré en todo lo que pueda, me esforzaré al máximo. ¡No sabes lo feliz que estoy!— gritaba saltando como un conejito.
—Me alegro que estés bien— la abracé nuevamente.
—Bueno, es mejor que me apure necesito llegar temprano y hacer muchos amigos. Nos vemos— salió corriendo hacia la escuela.
—Tiene mucha energía— aseguró mi amigo. Me acerqué a él y sin pensarlo le di un beso en la mejilla.
—Gracias— me miró sonrojándose. — Y eso ¿Por qué fue?— preguntó sorprendido.
—Ayer me dijiste que me ayudarías y pensé que tenía que agradecértelo de alguna forma— le sonreí.
— ¿No necesitas nada más?— me preguntó sonriendo también –Digo si así me vas a agradecer los favores…— su rostro cambió, su mirada se hizo intensa. Algo pasaba, lo sentía, en mí y en él.
—Gracias, estoy bien por ahora— respondí evadiendo su mirada.
Llegamos a la escuela, Alice estaba sentada al lado de Emmett delante de Jasper y Rosalie, les hablaba como si los conociera desde siempre. Mi prima sí que sabía hacer amigos. Edward y yo tomamos asiento juntos.
—Bella, quería saber si el sábado que viene puedo llevarte a pasear— me dijo Edward algo serio.
— ¿El sábado por qué?— no me molestaba salir con él, al contrario.
— ¿Lo has olvidado? Es 13 de setiembre. Tu cumpleaños, quiero llevarte por allí y en la tarde mi madre preparará algo, una pequeña reunión. Sé que en dónde vives no te festejarán nada. Ven conmigo— pidió sonriendo. Esta era una nueva y misteriosa sonrisa y yo que creía conocer todas sus expresiones.
— ¡No me había dado cuenta! Pero tendrán que pedirle permiso a la madre de Jessica—
—No te preocupes, mi madre se encargará.
Pensé en papá, él jamás olvidaría un cumpleaños mío, era la primera vez que no estaría conmigo. Tenía nuevos amigos ya no me sentía tan sola pero rezaba mucho para que él vuelva.
Reeditado
