II

DOCE MESES ATRÁS

Los ojos de Azumane se posaban en Koshi, que se disponía a marcharse del local. Había hecho sus horas y el jefe no tenía cuentas que pasar con él, así que se marchaba a casa. No le miraba porque él se estuviera preparando para una sesión de sermón por parte de su superior, lo hacía porque siempre le había gustado.

Asahi Azumane no entendía cómo su excompañero de clase ahora trabajaba con él en una copistería del centro de Tokyo a pesar de sus estudios universitarios. Habían empezado a trabajar allí juntos después del bachillerato, y allí ambos seguían. A excepción de algo todo seguía igual, Sugawara se había sacado la carrera, Azumane no.

Tenía que admitirlo, a él no le interesaba lo más mínimo estudiar. Había tomado el bachillerato para que sus padres no le dieran la tabarra, o simplemente porque era lo que se debía hacer. No hizo exámenes de ingreso para ninguna universidad, y no estudió más allá de la preparatoria. Pero del instituto había sacado algo importante, a Sugawara.

Sugawara se mantenía siempre impasible, amable y genial. A veces creía que quería ser como él, pero sabía que lo que quería era nunca dejar te tenerle cerca. La forma en que olía incluso cuando necesitaba una ducha, o simplemente su forma de dar los buenos días de forma enérgica.

— ¡Hasta mañana, Asahi! — dijo sacándolo de su mente por un momento.

Se despidió y continuó esperando a que el jefe llegara. El hombre no venía casi nunca y solo repasaba la facturación una vez al mes para asegurarse de que habían llegado a plazos concretos. A veces se encontraba a si mismo pensando en dejar aquel trabajo, pero temía no encontrar más que situaciones más difíciles y jefes más agobiantes. Además estaba la parte en que él y Koshi se quedaban solos hasta tarde trabajando juntos. Aquella parte pesada del trabajo que tenía un resabor agradable en el fondo.

El señor Abe, el propietario no tardó en llegar. Apareció con un buenas tardes malhumorado y pasó hasta la zona de impresiones y diseño del interior, esperaba que Asahi le siguiera y así lo hizo.

— ¿Has visto las impresiones para el restaurante Miyamoto?

Asahi asintió y se dio cuenta del gran problema. La noche anterior él y Sugawara habían estado imprimendo las cartas de un restaurante que el hijo del dueño se había encargado de diseñar. Todo iba tarde porque el restaurante inauguraba pronto, y la decisión de quedarse había sido de Asahi que no se fiaba de que Akira, el hijo del señor Abe se quedará hasta tan tarde para hacer las impresiones. Aquellas cartas tenían una falta ortográfica, que ni Sugawara ni él habían podido deducir si era hecha a propósito o un error de Akira.

— Estuvimos hasta tarde para tenerlas todas hoy — admitió sintiendo que pronto le caería un rapapolvo y tendría que volverse a poner a imprimirlo todo.

— ¿Qué hay de este error abismal en el título? ¿ES QUE NO PODÍAN HABER LLAMADO AL CLIENTE PARA CONFIRMAR EL DISEÑO?

— Señor Abe, fue Akira quien se encargaba de ese detalle — puntualizó el chico tratando de ser lo más asertivo posible y exponer la situación —, Sugawara y yo estuvimos llamándole a él y al cliente pero no contestaron, asumimos que se trataba de un fallo cometido a propósito para el diseño llamativo que...

— ¿CÓMO VA ESTE ERROR A SER PARTE DEL DISEÑO? — exclamó pegando gritos y casi acobardando al chico de casi metro noventa —. Además le echas la culpa a Akira de un error que podías haber solucionado fácilmente. Me lo estás poniendo muy difícil para mantenerte en esta empresa, Azumane.

— Lo siento —. Bajo la cabeza avergonzado. Poco importaba si realmente se habían planteado cambiar el diseño pero tampoco tenían idea de dónde estaba el fichero concreto en que se encontraba el documento a capas. No tenía ningún sentido insistir, habían impreso mal un documento de un cliente importante y nada más podía hacer. Por no hablar de que el mundo se le caía encima al oír aquellas palabras referentes a un posible despido.

— Esta es la tercera vez que ocurre algo así — añadió el señor Abe tratando de sonar condescendiente pero siendo igual de cruel —. No te molestes en venir mañana.

Asahi levantó la cabeza angustiado. Se había disculpado y igualmente le echaba. No podía, no sabía qué iba a hacer. Aquel trabajo era la mayor parte de su vida, incluyendo el amor probablemente no correspondido de su amigo del instituto.

— Señor Abe, por favor, no volverá a ocurrir — rogó inútilmente mientras pensaba en cómo se lo diría a sus compañeros de casa.

Y no iba a volver a ocurrir, pues por mucho que pidió una oportunidad simplemente no debía volver al día siguiente. Volver a casa se le hizo un mundo. Tenían la suerte de no pagar alquiler, puesto que la casa era de los padres de Lev, pero igual había que pagar luz, gas y agua. Sin su trabajo difícilmente pasarían más de un mes sin morir de frío en invierno, y seguramente se arrancarían los pelos por la comida que le mandaba su madre a Kiyoko.

Entró como alma en pena por aquel recibidor oscuro en el que ni se habían molestado en poner una bombilla y pasó al salón. Tsukishima estaba pegado al ordenador, escribiendo una nueva carta de presentación para algún museo probablemente, Kiyoko hacía ganchillo sentada en el sofá y como de costumbre, Lev estaría durmiendo o fuera de casa.

— Buenas noches — dijo mustio y pensando en que tal vez quedaban restos de la comida que se había traído de casa de sus padres el fin de semana anterior. No quería tener que decirles sobre su despido, solo quería meterse en la cama y dormir hasta despertarse en otro día aburrido, solo coloreado por la presencia de Sugawara en el trabajo.

Kiyoko le miró y sonrió, y Tsukishima se limitó a saludar sin mucho énfasis tampoco, para volver seguidamente su cara a la pantalla del ordenador. Se trataba de un modelo de finales de los noventa que tardaba dos siglos en hacer cualquier chorrada.

Los muebles de la casa eran parecidos al ordenador, cosas viejas que los padres de Lev habían desechado a lo largo de sus vidas y los más nuevos todos sacados de la zona de basura por él y Kiyoko.

Se sentó en uno de aquellos sofás viejos, enfrente del ordenador y Tsukishima, y al lado del sofá en que se encontraba Kiyoko. Tenía un tupper de comida fría en las manos y jugueteaba con los palillos. Lo normal hubiera sido prepararse algo de arroz, pero le daba demasiada pereza hacer algo así con su estado de ánimo. Además, seguramente no quedaba arroz, porque nadie habría ido a comprar.

— Me han despedido de la copistería.

El anuncio del chico cayó como un jarro de agua fría sobre los dos ocupantes de la habitación. Si Asahi no trabajaba, solo contarían con que Lev se acordara de pagar las mensualidades a tiempo. Kiyoko miró a su compañero de piso completamente abrumada, no entendía qué podía haber ido mal y eso también le iba mal a ella.

— ¿Qué ha pasado? — preguntó Tsukishima también abrumado. Se pasaba el día tratando de conseguir un puesto en algún museo de historia natural, o en alguna excavación como arqueólogo, pero nada no le iba bien y dependía del dinero que le mandaban sus padres, que era poco, y de Asahi.

Azumane explicó lo ocurrido con detalle mientras veía como Kiyoko y Kei se lanzaban miradas extrañas que disimulaban cuando se fijaban en que reparaba en cualquiera de los dos.

— Por suerte a Tsukishima le han ofrecido un trabajo hace poco — dijo Kiyoko finalmente haciendo que el rubio suspirara y negara con la cabeza.

— No voy a aceptar ese trabajo — añadió el chico. La conversación hacía que Asahi mirara de un lado a otro como si se tratara de un partido de tenis —. No voy a dedicar mi talento a algo tan estúpido como enseñar historia a adolescentes idiotas.

— Es una escuela muy prestigiosa, deberías pensártelo — añadió la chica.

— Tal vez tú deberías ir a una de tus audiciones y trabajar de modelo de una vez como se supone que haces — recriminó Tsukishima seco y frío. Aquel tipo de palabras herían la sensibilidad de Kiyoko, ella no lo mostraba abiertamente delante de nadie, pero Asahi lo sabía y se sentía realmente agobiado en aquel momento — ¿Cuando fue la última vez que fuiste a una? ¿A los trece?

— Esperad, ¿Qué es eso de un trabajo de profesor en una escuela prestigiosa? — preguntó Asahi entre nervioso e incómodo por la discusión entre sus amigos.

— Yamaguchi le recomendaría y a duras penas tendría que hacer la entrevista y agradarle a la directora — explicó la chica —. Él es tutor de una clase y profesor de inglés, así que tiene muy buena reputación en el centro.

— ¿Cómo sabes eso? — preguntó curioso. Si él no estaba presente Tsukishima y Shimizu a duras penas se hablaban más de lo necesario. No era que estuvieran peleados, aunque a veces parecía que sí, era simplemente que sus caracteres chocaban.

— ¡Yachi! — Exclamaron los dos al unísono. Y es que claro, la antigua manager del equipo aún tenía contacto con la futura esposa del mejor amigo de Tsukishima.

La puerta se abrió casi al momento en que ambos terminaron de exponer que había sido Hitoka quien había puesto al corriente de la situación a Kiyoko. Era Lev que aparecía despeinado, mal vestido y con el único fin de sentarse en el sofá.

— Tengo hambre — dijo ignorando la situación incómoda que se vivía en el hogar en aquel momento.

— Han despedido a Azumane — atajó Tsukishima. Esperaba que el medio ruso se diera cuenta de que aquello significaba que iban a racionar los tupper de comida y ponerse de acuerdo para visitar a sus padres una semana del mes cada uno y así poder alargar la comida gratis. Plan que Tsukishima había expuesto en numerosas ocasiones pero que nunca era escuchado.

— A mí me acaban de atracar — rió el otro chico echándose hacia atrás en el sofá. Su carcajada parecía genuina, como si realmente fuera divertido —. Aunque en realidad me había gastado la mitad del dinero que me dio mi hermana esta semana.

Kiyoko y Asahi miraban a los otros dos creyendo que era todo mentira, un show. Una artimaña para asustarles y que no tuvieran que comportarse como los adultos del hogar. Tsukishima apagó el ordenador, temiendo que la factura se hinchase demasiado aquel mes si seguía tratando de hacer algo cuando en realidad sabía que en parte perdía el tiempo mandando todos aquellos currículum.

— Hagamos dinero falso — dijo Kiyoko después de un corto silencio y de que Lev le arrebatara el tupper de comida fría a Asahi. Nadie dijo nada, y es que nadie esperaba una solución a sus problemas como aquella y menos de Shimizu —. Lo digo en serio, tú Asahi sabes de papel, Tsukishima puede pedir ayuda a Kuroo para la falsificación del dibujo, Lev puede blanquearlo con ayuda de su hermana, y supongo que algo podemos hacer los demás. Si le pido a Yukie las maquinas detectoras del supermercado en que trabaja su prima podemos intentar conseguir que no pite, o que los rotuladores no pinten el papel que usemos tampoco. No será fácil, pero tenemos tiempo ¿no?

Todos miraron a la chica en aquel discurso, más largo que ninguno que hubiera hecho nunca antes en su vida. Tal vez sí podían hacer dinero falso. No les serviría para pagar la luz y el gas hasta que no estuviera introducido en el mercado, pero podían intentarlo.

— Creo que Yaku conoce a unos Yakuza... — empezó a decir Lev sin terminar su frase porque no sabía bien cómo.

— ¿Estáis seguros de que podemos hacer algo así? — preguntó aún algo trastornado por que una idea como aquella saliera de la mente de Kiyoko —. Yo no quiero llamar a Kuroo.

— Podríamos intentarlo ¿no? — sugirió Asahi, quien se ruborizó al notar como las miradas de los otros tres se posaban el él al decirlo.

— Puedo llamar yo a Kuroo — añadió Lev encogiéndose de hombros —. Y siempre puedo dibujar yo, si os fiáis de mí.

Shimizu se empezó a reír tontamente, Asahi y Lev no tardaron en acompañarla en aquella risa ridícula. Mientras tanto Tsukishima les miraba entre pasmado y absorto en su pensamiento. Iban a hacer dinero falso en vez de buscar trabajo como se suponía que hacían las personas normales.


Debo admitir que este fic tiene mucho dialogo... y es que en principio lo imaginé todo más como una película que como un fic. (AKA quería hacer un guión de peli pero no tengo los medios para llevarlo a cabo ni nada, así que...)

A todos los que habéis dedicado tiempo para leer, muchas gracias! Cualquier duda comentario o queja es bien recibida.

bye