III
La posibilidad de fabricar dinero falso era baja, pero estando todos de acuerdo a intentarlo parecía una idea mucho menos remota. Fuera como fuera, falsificar billetes de Yen resultaba más realista que esperar a que el dinero lloviera del cielo o simplemente que la sociedad cambiara y el mundo se convirtiera en algo más cálido y cómodo.
Lev se había metido en la ducha para después meterse en la cama, Tsukishima leía una novela de supermercado y Kiyoko había subido a la terraza con la excusa de que si llovía la ropa de todo se iba a mojar. A nadie le importaba demasiado qué pasaba con la ropa en casa, ni tan siquiera Kiyoko.
Toda aquella situación a Asahi se le hacía entre ajena y extraña, pero se convencía a si mismo de que podía salir bien. Salió del piso hacia el rellano, a la internperie de un balcón que daba con otro edificio de la misma altura de aquel en el que se encontraba. Realmente sí daba la sensación de que fuera a llover.
Se llegaba a la terraza desde la esquina del rellano abalconado, desde donde se podía ver la ventana del vecino y las cosas que tenía dentro de casa, motivo por el cual Asahi siempre se sentía incómodo al pasar. Pasó y vió que la persiana estaba bajada, lo cual le hizo sentir bien y subió hasta la terraza, donde Kiyoko miraba el cielo despreocupada aparentemente.
Kiyoko solía subir a mirar las estrellas en verano, y a veces se quedaba dormida mirando al cielo. Era extraño para la gente que no la conocía, puesto que la veían como solo una chica tímida y guapa pero sosa y casi sin personalidad.
Asahi se sentó a su lado con cierta tranquilidad. A pesar de la calma que reflejaba, Kiyoko se angustiaba ahora pensando en que había propuesto a sus compañeros de casa hacer algo con lo que había soñado desde pequeña, pero que nunca había pensado poner en práctica o simplemente confesar en voz alta.
Recordaba la última audición a la que había ido, y como pensaba en cualquier salida más rápida o dura a volver a modelar en su vida. No tenía muy claro por qué continuaba apegada a aquel trabajo, o por qué no simplemente entregaba un currículum para trabajar en una tienda de moda, pero se quedaba en casa y hacía cualquier cosa menos trabajar.
Desde pequeña, su madre había visto potencial en su belleza clásica y apegada a los cánones de belleza japoneses y había explotado sus características para sobrevivir. Al principio eran unos juguetes extra, lo que le encantaba, pero al llegar a la secundaria se dio cuenta de lo repugnante de aquel trabajo. Era divertido peinarse y hacerse fotos, pero la mayoría de fotógrafos y agentes que había tenido parecían ensimismados a meterla de lleno en un mundo de fotografías en bikini que la abrumaban y la hacían sentir un mero objeto bonito.
Siempre había recibido aquel tipo de halagos, y siempre había sido agradable, a excepción del momento en que los chicos la avasallaban con que les diera su número de teléfono, que fuera a lugares con ellos. Recordaba con cierta lástima cómo había juzgado a Noya y Tanaka en el instituto cuando habían tomado su belleza por algo propio y digno de proteger. Aunque también había apreciado que fueran cuales fueran sus métodos, siempre estuvieran presentes como amigos antes que cualquier otra cosa.
— ¿Cómo has llegado a la conclusión de que debemos hacer tal locura? — preguntó el chico sin girarse a mirarla.
— Me gustaba pasar papeles por la máquina detectora cuando mi madre me llevaba a la carnicería en la que había trabajado antes de que yo naciera — dijo sin que fuera del todo mentira. Recordaba aquel tiempo como algo mucho más sencillo —. Y no quiero trabajar de modelo nunca más.
— Deberías ser actriz, no tienes por qué ganar un Oscar — rió el chico imaginando a su amiga como protagonista de algún drama televisivo. La había visto actuar en las obras del colegio, en Miyagi, cuando aún eran unos críos y creía que le gustaba de verdad.
— ¿Sugawara lo sabe? — Cambiar el tema era mejor. No quería replantearse su futuro, era algo demasiado complicado en aquel momento.
— Lo sabrá mañana —. No se le ocurría decir otra cosa. Koshi no podía saberlo antes o seguramente le defendería delante de los jefes y tal vez también le despidieran a él.
Alguna que otra vez ya había sucedido, Koshi le animaba, le compraba dulces y se encaraba al jefe con la verdad o echándose las culpas a sí mismo. La última vez había sido por un pedido que no estaba a tiempo, y el jefe se había ensañado más con Asahi a modo de reprimenda por protestar en su favor.
— Me refería a si ya le has dicho lo que sientes — puntualizó la chica, ya se imaginaba que no le habría dicho que le habían despedido. Veía que Asahi no tenía el ánimo necesario para hacerlo, aunque si lo pensaba tampoco creía que fuera capaz de declarar sus sentimientos—. Creo que siempre le has gustado y por eso se queda en la tienda de fotocopias. Incluso después de sus prácticas, se quedó en vez de buscar un trabajo acorde a sus estudios. Deberías decirle algo.
Asahi lo miró incrédulo de las teorías que oía. Sugawara no era del tipo de persona que se queda mirando, era de esas personas que saben cuando deben actuar y cuando echarse hacia atrás, aquella lógica tenía muy poco sentido. Negó con la cabeza a la ve que musitaba que no estaba de acuerdo.
— Estábamos hablando de tu trabajo.
— Si el ex de Tsukishima no quiere hacer la copia de los dibujos, ¿Crees que Lev será capaz de copiar la cara Higochi Ichiyô? — preguntó la chica obviando de nuevo el tema de su trabajo.
— Me preocupa más encontrar una tinta adecuada para ello — dijo él asumiendo que la mayor parte de la gente no se fijaba tanto en el dibujo como en el color y el tacto — . El papel no me parece problemático, porque el representante del papel tenía uno que podía pasar. ¿Y qué hay de la parte esa holográfica?
— ¿Te refieres a la pegatina que brilla? — Preguntó algo confusa respecto a si realmente se trataba de una pegatina holográfica o de qué manera debía llamarse aquella zona brillante y arco iris que la mayoría de billetes de todo el mundo tenían — . Esa parte creo que será lo más complicado de todo.
o0o
En el salón, Tsukishima trataba de centrarse en aquella novela barata, que había comprado para reírse de lo patética que era la trama, pero no podía. Releía la misma frase una y otra vez, creyendo que la siguiente vez que lo hiciera le prestaría más atención, pero nada. Solo la angustia de que si realmente hacían billetes falsos tendría que ver cara a cara a Kuroo de nuevo. No era que hubieran acabado mal, pero le angustiaba tener que verle, y más si no le llamaba él directamente, puesto que tal vez a Kuroo tampoco le agradaba la idea de verle.
La última vez que se habían visto también había sido la última vez que habían discutido. Cerró el libro y pensó en ello detalladamente, porque aquel día celebraban el cumpleaños de Bokuto, al que no le había podido comprar un regalo.
— No pasa nada, Tsukki — había dicho despreocupado Kuroo. Él había comprado una gran botella de champán, bastante cara, además de unas deportivas que sabía que le gustaban al chico del cabello grisáceo —. A Bokuto solo le gustará que estés ahí, y si te sientes mal con la idea mis regalos son de parte de los dos.
El rubio había bufado. Y es que no solo se trataba de el regalo de Bokuto, también eran las entradas al cine, las bebidas si salían, la comida si no iban a casa, los zapatos que necesitaba porque sus deportivas antiguas estaban que echaban humo...
— No puedo vivir eternamente de tu dinero.
— No me importa lo más mínimo si lo haces — había puntualizado el otro. Y era cierto, por él como si despilfarraba todo lo que tenía, lo cual irritaba a Tsukishima que no entendía en absoluto su actitud.
Si fuera al revés tal ve entraría en cólera y Kei mandaría a Kuroo a fregar el suelo del supermercado por una miseria. Tal vez no, pero no se sentía cómodo, era como si fuera su hijo y no su novio, lo que lo hacía todo extenuante.
— Lo que tú digas.
Kuroo había mirado de reojo con hastío al oírle decir aquellas palabras. El tono, era aquello lo que Tsukishima sabía que le había molestado. Si había algo que le hería era que no tomaran en serio algo que él se tomaba muy en serio. Resultaba curioso que siempre difirieran en casi todo, pero en el fondo siempre acabara dándole la razón, a excepción del tema del dinero. Después de aquella charla el cumpleaños de Bokuto había sido tranquilo, nadie había notado la discusión previa que ellos dos habían tenido, no al menos hasta que Tsukishima había decidido marcharse.
Todos se habían preparado para ir al karaoke que había detrás del campus de la universidad, pero él no había querido ir. Pagar su parte era algo que no podía hacer, y tampoco quería permitir que Kuroo pagara una vez más por él.
— ¡Te digo que no importa! — había insistido el moreno en la esquina que coincidía con la calle del karaoke. Estaba oscuro y todos habían bebido. Con sus manos le agarraba por las caderas y le miraba a los ojos con franqueza, como pocas veces hacía si no estaban completamente a solas —. Puedesdevolvérmeloo cuando encuentres trabajo, es más, puedes mudarte a mi casa y dejar de pensar en si tus padres te darán o no una asignación antes de que lo consigas, de verdad.
— Insisto en que no, me despido ahora y ya está — había dicho Kei enfadado —. No sé cuando voy a poder devolverte todo esto, no soy un chico de compañía para que lo pagues todo, y no quiero ser tu maldita ama de casa o tu esposa.
— Siempre puedes compensarlo de alguna manera... — había bromeado Kuroo. Lamiéndose el labio y atrayendo a Tsukishima hacia sí.
Aquel comentario había rozado límites para el rubio que simplemente se sentía de menos por no poder pagar, incomprendido por su novio y especialmente resumido a un prostituto o mantenido en aquel último instante. Ahí se le había dado rienda suelta la molestia mínima del principio hasta quee había sido capaz dejarlos a todos tirados. Tenía vergüenza hasta de hablar con Bokuto cara a cara desde aquel día. Se había separado bruscamente de su ahora exnovio y había desaparecido sin más.
No podía negar que todo se había convertido en una nebulosa deprimente. Lo más emocionante de su día era salir a compartir un bento preparado con sobras con Yamaguchi, que le hablaba de los niños de su clase. No era que hablar con su mejor amigo fuera algo malo, pero echaba de menos las chorradas de las que hablaba Bokuto, a Akaashi dándole codazos para que viera en qué se metían Kuroo, Bokuto y Komi mientras ellos no miraban... El círculo social de Kuroo también había sido el suyo durante demasiado tiempo.
Pensando en ello, Tsukishima dejó el libro en el suelo y se tumbó sobre el sofá. Hacer las paces son Kuroo no era como volver a salir con él, a pesar de que habían estado juntos bastante tiempo. No creía recordar cómo era estar en la misma habitación que Kuroo sin preguntarse si estaba pensando o no en quitarle la ropa. Iba a ser realmente difícil estar delante de él, especial porque aún a veces quería escuchar la forma insufrible que tenía de reírse, sentir la respiración a veces cortada porque dejar el deporte y fumar traía consecuencias, y aquella forma retorcida que tenía de fingirse alguien amable cuando lo era tan poco como él.
Levantó la vista y vió a Lev que salía de casa de nuevo. Se había duchado realmente rápido para ser él, y parecía que nunca antes se hubiera puesto la ropa a sí mismo, puesto que llevaba la camiseta del revés, los pantalones con los bolsillos medio vueltos y los calcetines impares.
— ¿Dónde vas así? — le preguntó el rubio saliendo de su drama personal respecto a Kuroo.
— Yaku, sí, Yaku necesita hablar de su novia la coreana y quiere que vaya — dijo mientras asentía y se volvía hasta el recibidor oscuro de la casa — . Le daré saludos a Yaku de tu parte.
Tsukishima asintió confuso por las explicaciones de más, y trató de volver a su libro sin prestarle atención a su compañero de casa.
Lev nunca se sentía idiota por mentir mal, así que seguía haciéndolo. No era que a nadie le importara a dónde iba, así que tampoco les importaría si mentía. Bajó las escaleras de emergencia, en vez de dar un rodeo por el interior del edificio y salió al callejón que daba con el edificio del lado del suyo. Si se daba prisa, tal vez podía encontrar a Terushima y Konoha donde los había dejado rato atrás. Con todo el tema de los billetes falsos había perdido tiempo para ducharse, y arreglarse y ahora tenía aspecto de idiota por ir rápido.
Se quitó la camiseta mientras caminaba y le dio la vuelta antes de volvérsela a poner, se aseguró de que sus pantalones tejanos estuvieran bien puestos y que no se vieran los calcetines. Caminó a prisa hasta la sala de recreativos y miró en el lugar en el que Terushima solía dejarse las propinas que ganaba como camarero. Nada, no estaban allí.
Llamó por teléfono a Konoha, si había alguno de ellos que fuera más propicio a no colgar directamente ese era él.
— ¿Dónde te has metido? — Preguntó una voz al otro lado de la línea telefónica —. Hemos estado esperando, pero como no aparecías...
— Habéis entrado ya ¿no? — Dijo intuyendo que aquellos dos no habían esperado a que volviera para ir al local al que se disponían a ir y parte del motivo por el cual pensaba decir a sus compañeros que el dinero que le habían quitado era más del que realmente había sido.
— Seh — dijo el chico. Parecía apurado y desde el otro lado se oían risas a la vez que Terushima gritaba algo que Lev no fue capaz de entender. Si ya habían pasado tendría que hacer cola para aquella discoteca a la que tanto le apetecía ir, y pagar más de lo que tenía puesto que quien estaba siempre en la lista allí era el mismo Konoha. Konoha no era de los que salían a buscarte si llegabas tarde —. Teru-kun dice que la semana que viene tienes que venir sin falta.
Lev se rió e hizo un par de bromas antes de que Konoha decidiera colgar. Konoha y Terushima tenían siempre dinero o colegas dispuestos a pagar por ellos en todas partes. Resultaba injusto, él como mucho podía pedirle a Yaku que le pagara una gyozas cuando cobraba la extra en la oficina.
Marcó el teléfono de Yaku instintivamente. Seguramente tendría cosas interesantes que contarle o simplemente podía, como le había dicho que ocurría a Tsukishima, hablar mal de su novia a distancia de Seúl.
— ¡Yaku, vamos a comer ramen, me han atracado hoy! — Dijo como si le hubieran ascendido y hubiera que celebrarlo.
Gracias por leer y por comentar a todos los que lo habéis hecho.
Creo haber repasado las faltas ortográficas mil veces y aún encontré otra la última vez que miré. Sorry si alguna os desgarra el nervio óptico, no es mi intención.
Alex, me expresé mal en mi nota, guiones sé hacer... lo que necesito es dinero para hacer películas porque si no me sentiría satisfecha.
