IV

Tsukishima no quiso esperar a que nadie se levantara, eso aumentaría la presión y lo último que necesitaba era más presión. Descolgó el teléfono fijo de la casa y empezó a marcar el teléfono de Kuroo. El aparato era rojo y antiguo, con algunos de los digitios borrados por el paso del tiempo, aún funcionaba, y eso era algo decente pero le pareció una molestia que así fuera. No llegó a dar dos tonos y pudo oír la voz de su ex al otro lado del hilo.

— ¿Diga? — preguntó repetidas veces ante el silencio de Tsukishima que se sentía aturdido por la rapidez de la contestación.

— Soy yo — dijo secamente el rubio, inseguro de aquel tono que no había elegido a voluntad. Odiaba cuando su voz sonaba distinta a cómo él quería que sonara. Hubiera preferido sonar completamente despreocupado, pero no, como siempre sonaba más frío de lo que nunca hubiera podido ser realmente —. Tendría que hablar contigo y estaría bien que nos viéramos.

Kuroo Tetsuro, su ex, el imbécil que siempre bromeaba, rió con harta suficiencia. Eso era un ni de broma, y Kei lo sabía, porque no necesitaba mucho más para adivinar qué pensaba.

— No es nada personal, son negocios — puntualizó. No se atrevería a admitirlo, pero se encontraba temeroso de que Kuroo colgara el teléfono así que debía explayarse un poco más —. No conmigo únicamente, Asahi, Kiyoko y Lev también quieren hablar contigo sobre el tema.

— ¿Cuándo? — preguntó el moreno. Estaba serio, y no parecía tomárselo a risa, pero cualquiera podía notar el desdén y un ligero desinterés a lo que fuera que Tsukishima pudiera querer decir.

— Pásate por casa antes del mediodía, pero no muy temprano, Lev salió anoche y no ha vuelto todavía — puntualizó antes de que el otro pudiera aceptar.

Cuando Tsukishima hubo colgado, Kuroo se mantuvo unos segundos más con el móvil pegado a su oreja. Estaba en una cafetería del centro, tomando su primer café del día. Lo inverosímil de la situación le causaba emociones mezcladas.

El dolor que sentía, como si alguien le apretara con objetos punzantes para cortarle la respiración, y la risa descontrolada que requería de esa respiración al pensar todo el asco que en realidad no tenía por Tsukishima. Le odiaba, sí, pero de una forma que trataba de rozar la indiferencia máxima, no era un odio real, solo resentimiento.

Después de tomarse varios minutos para dejar que aquella sensación se disipara ligeramente, Kuroo marcó el teléfono de Lev. Hacía algún tiempo que no hablaban, pero él siempre había sido un colega, y le hacía sentir mejor que hablar con Tsukishima, por lo menos desde que habían roto.

— ¿Si? — preguntó Lev desde el otro lado de la línea. Sonaba adormilado, atontado especialmente.

— Me ha dicho Tsukki que tenemos un negocio entre manos — dijo sin importarle el estado en el que se encontraba su amigo, se despertaría rápido si era importante de verdad —. ¿Tenemos que hacer un diseño o qué hay que hacer?

— Oh, eso — bostezó el otro chico. No era que no le interesara, pero aún sonaba inverosímil —. Mejor que nos veamos luego, no podemos hablarlo por teléfono. No puedo hablar con Yaku presente, es alto secreto.

— Vale, paso por tu casa a mediodía, preparame un sándwich o no hay trato — puntualizó el moreno.

Lev se rió y seguidamente colgó el teléfono. Kuroo. Su amigo no iba a prepararle un sándwich, porque ni se iba a acordar, pero se lo recordaría a modo de chantaje.

Cuando llegó el momento, Kuroo se dijo a sí mismo que ver a Tsukishima por trabajo no podía ser tan duro. Se lo había repetido toda la mañana, pero seguía con su risa sardónica y cierta angustia que le oprimía el pecho. No era como si hubiera terminado con él porque ya no sintiera nada por él, ni tan siquiera porque le hubiera engañado con otra persona.

Fue a peor cuando fue Tsukishima quien abrió la puerta. Ni Asahi, ni Kiyoko, ni Lev estaban todaví presentes.

— Pensaba que los demás ya estarían aquí — dijo sentándose en el sofá, al igual que en la mañana ambos se trataban con frialdad y distancia. Ciertamente, Kuroo llegaba un poco tarde a propósito para evitarse estar más del tiempo necesario cerca del rubio — ¿Todo te va bien?

— ¿De verdad quieres saber qué tal me va? — preguntó Kei arqueando las cejas.

Kuroo suspiró y se rió seguidamente. Preguntaba por romper el hielo, no quería saber cómo le iba, lo sabía. A Tsukishima le iba mal porque quería trabajar desenterrando fósiles y no le había lamido el culo lo suficiente a ningún profesor de la universidad. Ser una persona integra y caprichosa eran dos cosas que solo se podían hacer si habías nacido en el seno de una billetera sin fondos, pero no él parecía entenderlo.

— Bokuto vino a verme la última vez que os visteis — admitió el moreno mirando la forma en que Tsukishima se mantenía de pie delante suyo sin sentarse, como si fuera a marcharse de un momento a otro —. Sabes que no tienes que contarle nada que no quieras que yo sepa ¿verdad?

— Creo que tú no deberías contarle nada que no quieras que yo sepa — puntualizó el otro, que había oído de boca de su amigo común que Kuroo se había enrollado, por puro despecho, con una chica que afirmaba ser modelo de lencería. Tuskishima solo le había contado que estaba bastante cansado de no encontrar trabajo y que echaba de menos verlos a todos, a todo el grupo de amigos. Aunque tal vez Bokuto siempre añadía de su propia cosecha y a saber qué le había contado al final —. Aunque asumo que sabes que no me importa nada de lo que me contó Bokuto. ¿Quieres tomar algo? Hay agua del grifo y té rehusado mil veces de Asahi.

El chico negó con la cabeza y sonrió para después afirmar que acababa de comerse una hamburguesa con la modelo de lencería de la que había hablado Bokuto. Una pequeña mentira sin importancia. Pensaba en lo que siempre le decía Yukie, maquillar la verdad hace las cosas más fáciles cuando uno tiene que calmar la sensación de pánico. Y sí, nada en el mundo le daba miedo, excepto quedar como un idiota o flaquear delante de Tsukishima.

Después de aquello se alargó un silencio incómodo durante varios minutos. Tsukishima no abría la boca, y de tanto en tanto miraba hacia la puerta y después a cualquier punto inconexo de la habitación, para evitar mirar a Kuroo. Por su lado, el moreno primero miraba su reloj, luego a Tsukishima y luego sonreía pensando en si debía o no hablar del tiempo o alguna superficialidad.

Se mantuvo el momento incómodo hasta que sonó el movimiento de la puerta de entrada. Asahi y Kiyoko entraron con bolsas con distintas muestras de papel y materiales distintos. Ambos saludaron y colocaron todo en una banqueta delante de los sofás.

— Supongo que Lev no tardará, pero de momento esto es lo que hemos conseguido — dijo la chica sin reparar en que Kuroo aún no sabía de qué se trataba todo —. ¿Crees que podrás hacerlo?

— ¿El qué?

— ¿No se lo has contado Kei? — preguntó Asahi mirándole primero a él y luego a Kiyoko, algo confuso —. Pensaba que le habríais contado todo Lev y tú. Dijiste que empezaba la reunión hace diez minutos.

— Teníamos que ponernos al día — se excusó Kuroo encogiéndose de hombros —. Lev aún no está aquí de todos modos.

Kiyoko bufó y Tsukishima hizo lo mismo.

— Vamos a hacer dinero, de forma literal — explicó Tsukishima. Añadió algunos detalles y después le pidió a Kiyoko y Asahi que expusieran el trabajo principal. Momento en el que Lev apareció para que tuvieran que volver a empezar de nuevo.

— Lo único que nos falta es que podáis imitar a la perfección el dibujo porque con un scanner la tinta se notaría enseguida, o una tinta especial — terminó de exponer Kiyoko.

— Eso y la parte brillante holográfica que marca la autenticidad — añadió Asahi una vez la chica hubo terminado.

Kuroo empezó a reírse a carcajadas, le parecía entre inverosímil y estúpido. Nunca antes había pensado en que aquello fuera necesario, y menos posible.

— Sabéis que hay una fábrica de comida enlatada a dos manzanas de aquí en la que siempre necesitan gente ¿verdad? — dijo sin remprimirse en absoluto.

— Esto es más excitante — puntualizó Kiyoko mirándole con fijeza. Seguidamente se sonrojó y apartó la mirada para fijarse en el papel que habían traído.

— No puede hacerlo, no sabe qué tinta usar — dijo Tsukishima tensando las cuerdas de su ex completamente a propósito.

Kuroo volvió a reírse, pero esta vez con suficiencia.

— Sí que lo sé, lo que no sé es si quiero meterme en toda esta mierda — dijo sin más algo irritado por el comentario. La verdad era que se trataba de un tema muy difícil, pero suponía un reto interesante —. empezad a buscar soluciones para la pegatina brillante. Voy a empezar a buscar la tinta y ver qué podemos hacer.