NA: Aunque no lo parezca sigo pensando en todos mis fics! Aunque empiece 7 mil más en el proceso.

Aviso, he revisado ortografía y tal, pero seguro que me he dejado mucho por en medio porque soy un caos y el procesador que tengo es basura.

btw me veo en la obligación de decir que todo lo que aquí pone sobre la falsificación de dinero es mentira e inventado.

Thank you for your love a todos los que leéis y dejáis reviews!


V

Lev no quería estar en aquella reunión, aunque sí quería, lo que no quería era quedarse escuchando a Kuroo Y Tsukishima lanzarse pullas mientras Kiyoko tosía sin que ellos quisieran darse por aludidos al respecto. Llevaban con el diseño y el papel días, y no salía nada bien.

Habían empezado con un papel que pasaba por las máquinas detectoras sin problema, pero una vez hacían el dibujo venían los problemas, por no hablar de que aún no tenían una forma de colocar el sello hologáfico.

— Me abuuurooo — expresó abiertamente, evitando decir que Terushima y Konoha estaban probablemente probando ácido en casa del segundo y era mucho más interesante que estar allí.

— Tenemos que solucionar este problema con el papel — dijo Kiyoko muy seria, fue secundada por Tsukishima que seguía mirando los distintos papeles que tenían sobre la mesa baja del salón.

— Ciertamente no creo que lo solucionemos así de fácil — puntualizó Kuroo un poco harto también —. Pero sí, también me aburro bastante.

Asahi asintió sin decir la gran cosa.

— Podrías pensar un poco más en cómo lo solucionamos y así no te aburrirías — añadió Tshukishima con su aire casi de diva mientras estiraba una hoja de papel que habían tintado para probar con rotuladores.

— Tomemos un descanso y mañana ya veremos qué hacemos — dijo Asahi finalmente. Se suponía que por voto popular él era el líder del equipo. Aquellas palabras llenaron en corazón de Lev que se veía en el Puf morado de Konoha probando aquellas láminas que iban ayudar a su cerebro a llegar a un éxtasis superior de su existencia, pero Kuroo le tomó por el brazo y le sacó de su fantasía tan pronto como pudo salir de la casa.

El rellano estaba iluminado a medias, y a su ex compañero de clase se le veía fatigado. Muchas horas dibujando y copiando lo mismo con una precisión perfecta. Podía sentir lo mismo en parte, pero no se había esforzado tanto, a fin de cuentas eran solo prototipos de prueba.

— Voy a hacer una prueba con los billetes, pero necesito que primero me ayudes con algo — dijo el moreno andando hasta las escaleras y bajando mientras le observaba. Lev tenía cara de poco interés, pero poco interés para él ya era estar sonriendo y asintiendo como si le pareciera lo más decente y legítimo del planeta —. Tenemos que robar en la máquina de recreativos, y sé que tú las conoces todas.

— Pero ahora no ¿no? — preguntó dubitativo el medio ruso. Quería marcharse, pero lo decía porque robar a plena luz del día sin más era arriesgado, no era algo en lo que quisiera meterse por muy divertido que pudiera sonarle la posibilidad.

— Ahora no, pero necesito que pienses bien en cómo — empezó por contestar el otro. Sacó la cartera de su bolsillo derecho, donde solía guardarla desde siempre por inercia y le enseñó la cartera abierta a Lev que la miró entusiasta pero sin saber qué debía ver.

Se pararon al final de las escaleras y Lev se sentó a pensar en lo que le acababa de enseñar Kuroo. Una foto vieja de él y Tsukki con decoración cursi pintada encima, una marstercard, fotos de sus hermanos, y un preservativo con caducidad en una semana. Nada que le llamara especialmente la atención y le dijera por qué le había abierto la cartera de aquel modo.

— ¿Qué tiene que ver que no folles con que tengamos que robar en la tienda de recreativos? — preguntó finalmente.

Kuroo se rió pero no dijo nada, parecía que trataba de reorganizar su discurso.

— Las prioridades en orden Haiba, ¿has visto la foto? — añadió.

— Después de varios meses tal vez yo la hubiera tirado, pero supongo que eres un sentimental — puntualizó el menor encogiéndose de hombros —. No es como si te culpara, sigo guardando algunas fotos de mi ex también.

Esta vez, Kuroo si que bufó.

— Empecemos por que la hicimos en una máquina de Purikuras, y terminemos con que hay un sello holográfico exactamente igual que los que tratamos de conseguir — explicó con detalle a la vez que Le abría la boca sorprendido por la realidad de su explicación —. Tenemos que conseguir las pegatinas que tienen esas máquinas.

Lev se dejó caer sobre la escalera algo abrumado. Sí, si había alguien capaz de algo así, Lev era el hombre. Lo sabía, conocía demasiado al resto de sus compañeros como para imaginar que Kuroo se lo comentara a otro.

— Cierran a las nueve, si estoy dentro y distraigo al dueño frente a las máquinas de carreras, Tsukki y tú podéis entrar y desmontar la máquina de Purikuras sin que él os vea — dijo al cabo de unos minutos de pensar en el tedio que le tenía aquel hombre por hacerle cerrar tarde día tras día junto con Terushima —. Tal vez pueda traer a más gente y os sea más fácil.

Kuro Tetsuro sonrió incómodamente. Él y Tsukki, claro. Aunque su plan parecía bastante mejor que entrar y robar una vez hubieran cerrado. Llamó por teléfono a la casa e intentí hacer bajar a Tsukishima. Quienes bajaron fueron Kiyoko y Asahi, porque el rubio tenía que seguir buscando trabajo.

— ¿Hay cámaras CCTV? — añadió Kiyoko al oír el plan que habían montado Kuroo y Lev. Mantenían la voz baja para evitar que los vecinos oyeran aquel plan, pero de todos modos aquello era arriesgado —. Necesitamos saberlo para organizar cómo lo haremos.

Lev asintió recordando las pocas cámaras de seguridad que había visto fuera y dentro del local.

— Una fuera y varias en el interior — puntualizó.

— Supongo que con una media en la cabeza bastará para que las cámaras no nos reconozcan — añadió la chica pensando en que necesitaría un mapa del lugar para saber ubicarse. No había pisado una tienda de recreativos desde que dejó el instituto —. Tengo que hacerlo yo sola.

—¿Qué? — preguntó Asahi creyéndolo imposible.

— No puedes hacerlo tú sola — añadió Kuroo.

— ¿Cuántos japoneses de metro noventa creéis que hay en japón? ¿En este barrio? — dijo la morena irritada por aquella negativa tan directa —. Nunca he pisado esa sala al contrario que Lev, y además hay muchas chicas de mi estatura y complexión. Soy la menos rastreable de los que estamos aquí.

Después de sus palabras no hubo más quejas. Kiyoko entraría en la tienda y desmontaría la máquina. Prepararon el robo para días más tarde, en los que Asahi se encargó de imprimir en un cibercafé toda la información posible sobre el montado y desmontado de aquellas máquinas. Era a modo se seguro, si lo hacía él no encontrarían a una persona como Kiyoko que pudiera obtener la información fácilmente.

La morena se pasaba el día ansiosa pensando en si debía planearlo todo mejor, si realmente Lev podría distraer al dueño con su cháchara interminable. Fue en aquellos días en los que había quedado con todas las managers y Saeko para rememorar viejos tiempos. Solía ver a la mayoría de managers, pero como Saeko no había sido una de ellas no la veía tan a menudo. La recordaba con el rubor en las mejillas del pánico que le suponía la extroversion de la rubia.

Nunca lo había hablado con nadie, ni tan siquiera había sido capaz de escribirlo en un diario personal o aceptarlo en voz alta. Saeko era alguien especial que hacía que su corazón se acelerara y su mundo se parara. No era algo que pudiera explicar con palabras y le había costado años comprender la base de sus sentimientos, pero después de todo había madurado y era consciente.

Saeko le gustaba, no como un amor ideal y eterno de esos que salían en los dramas televisivos, era algo sutil y agradable, aunque le hablara de que saliera con Tanaka de tanto en tanto.

Estaban en un café del centro, y Hitoka pagaba por ella, lo que le daba ligera vergüenza. Todas hablaban de sus relaciones y del trabajo, y Kiyoko se ausentó para ir al baño. Sabía que detrás de ella Yukie hablaría de que probablemente se había sentido triste o herida porque no tenía trabajo ni pareja. Yukie podía llegar a ser muy básica, aunque la apreciara.

El baño estaba altamente decorado, como la mayoría de los baños de los locales a los que solían ir todas juntas. Un montón de espejos rodeaba las pilas para lavarse las manos, y las puertas entre váteres eran de madera caoba con pequeños espejos que le daban un toque Kisch y psicoldélico.

Kiyoko se lavaba las manos pensando de nuevo en el robo en la sala de recreativos y se asustaba. ¿Y si la pillaban y toda la fantasía se iba al traste? ¿Y si ella sola no era capaz de hacerlo? Dudaba de sí misma cuando la puerta del baño se abrió y Saeko entró para colocarse a su lado. Se retocaba el maquillaje con gracia sin haber abierto la boca, pero al terminar se quedó mirando a la morena y preguntó sin rodeos.

— ¿Estás bien? — dijo a la par que posaba sus enormes ojos sobre los de Kiyoko intimidándola ligeramente. Kiyoko asintió.

— Yukie sigue preocupada por mí ¿no es así? — dijo pensando que la pelirroja no sabía demasiado cómo era ella realmente.

— Supongo que confía en que tengas sus mismas aspiraciones — añadió Saeko apoyándose sobre la pila y observando a la chica —. Aunque sí me pareces preocupada por algo.

— No es algo de lo que pueda hablar aquí, pero si te lo cuento ¿me ayudarías? — preguntó sin pensar demasiado. Saeko podía y era capaz de hacer cualquier cosa, la conocía lo suficiente como para pedírselo.

— Soy tu chica para lo que necesites — puntualizó.

Kiyoko sonrió. Era una sonrisa tímida, pero a los ojos de Saeko era una amplia sonrisa, puesto que la morena no solía expresar muy exageradamente.

— Es una operación que llevo a cabo con más gente, pero quiero que me ayudes en secreto — dijo pensando que aquello convertía el trabajo en una apuesta mucho más segura —. Ven mañana a mi casa y te lo cuento con detalle.