Para Arya con amor.
Pues somos reliquias
de universos destruidos.
Nuestra llegada presagia
el final del mundo conocido.

IV

Colapso

"Some of them want to abuse you,
some of them want to be abused."
~Sweet Dreams - Eurythmics

Al quitarse de sobre el rostro los googles, un tanto incrédulo, Peter se agachó para comprobar que Wanda se encontraba bien. La chica se había quedado de rodillas en el suelo áspero de roca con la mirada clavada en el suelo, tratando de reprimir un par de lágrimas de rabia que le resbalaban por las mejillas.

―¿Te encuentras bien? ¿Quién rayos eran esos? ¿Te han hecho daño? ―acercó su mano para colocarlo sobre el hombro de la chica.

Un torrente de sensaciones contradictorias convergió justo en el punto en que la mano del joven tocó el hombro de ella, haciéndola tener un espasmo raro que él interpretó como que debía retirar el contacto y no volver a intentarlo.

―Tu… ¿lo sabias? ―pronunció ella entre dientes.

―Saber… ¿qué cosa?

―Mi nombre… ―levantó la vista abriendo sus ojos muy grandes, encendida de enojo no sabiendo en qué dirección proyectarlo. ―Di mi nombre.

Él se hizo un poco hacia atrás, pero sostuvo la mirada, concentrándose en aquellos brillantes ojos que tanto le gustaban.

―Wanda.

―¿Qué más?

―Yo… tu no… ―balbuceó un poco. Algo en su mente había echado a andar. Algo que había mantenido intencionalmente apagado en la trastienda de su conciencia. Se quedó callado ante esta inusual incomodidad desconocida, lo que Wanda interpretó como que debía permitir que su pregunta quedara sin respuesta.

―¿Te recuerdo a ella?

―A… ¿ella? ―Peter tuvo que repetir, tomado por sorpresa por el susurro casi inaudible en que ella le habló mientras miraba en todas direcciones, como nerviosa.

―A tu hermana.

―Claro que no. Ella es una niña… ¿Cómo supiste que tengo…?

―Yo también fui una niña una vez y tu hermana crecerá algún día… Peter.

Se calló de pronto y se encogió ahí donde seguía sentada, casi queriendo desaparecer. Estaba en parte furiosa, pero el fuego de su ira se ahogaba antes de poder estallar ante el dolor que la anegaba de pronto. Era cierto. Algo en su corazón se lo decía. Algo que hizo un nudo en la garganta de Peter tan pronto ella mencionó su apellido, haciendo que el chico también conectara esas ideas en su cabeza. Algo casi hacía que errara el nombre del mutante, llamándolo por aquel que había pertenecido a su hermano. Eran tan parecidos sus nombres, que apenas eran distintos. Eran de hecho el mismo nombre, pronunciado en dos diferentes idiomas, único testimonio de la diferencia entre el joven Maximoff de un mundo y del otro.

Y eso es lo que la tenía afligida. Por un momento se había sentido segura nuevamente. Por un instante sus ojos trémulos, acostumbrados a las tinieblas de la tristeza habían contemplado la posibilidad de volver a mirar la luz de algo que se sentía muy parecido a la felicidad. Pero del torrente oscuro, de aquel abismo de su desgracia, como un demonio de acero, la voz modulada de Ultrón se había levantado para destrozarlo todo, dándole un giro siniestro.

Eso la hacía enfurecer. La enardecía haber vuelto a confiarse y a creer que podía ser feliz. Que aun en el refugio de sus sueños no se le permitiera estar en paz. Que ella, en un desesperado intento por alejarse de su dolor, había encontrado, de alguna manera que aún no entendía, alguien que llenara la herida doliente que en su corazón había dejado la muerte de su hermano. Y lo había encontrado.

Era él… y no lo era.

―No sé qué te habrán dicho esos robots, pero si te han hecho sufrir, deberías olvidarlo. ―el chico la rodeo con sus cálidos brazos nuevamente y su gentileza tranquilizó el torbellino de emociones dentro de Wanda por un momento. Se separó de ella después, solo un momento para entregarle algo que traía consigo ―Te dije que usaras el casco.

Wanda tomó la pieza metálica y la sostuvo entre sus manos.

―De haber sabido que te han hecho sufrir tanto, los habría hecho sufrir más. Acabé con ellos tan rápido que casi les hice un favor. ¿Tienen a menudo ese tipo de problemas en el futuro?

La chica trato de reprimir un poco la risa y algo tibio la tranquilizó en su corazón. Si era cierto que Pietro y Peter eran la misma persona en dos mundos distintos, no entendía como podían ser tan diferentes entonces. Su hermano era frio, orgulloso y distante aunque tenía un lado gentil que ocultaba de todo el mundo y reservaba solo para ella. Por su parte, Peter era transparente, distraído y un poco ingenuo. Parecía estar desconectado completamente del mundo, pero no tenía problema con conectar con Wanda a la que cuidaba y procuraba como si se hubieran conocido de toda la vida.

Sin esperar más, la vengadora correspondió el abrazo acercándose lo suficiente para susurrarle al oído:

―¿Seguirás fingiendo que no lo sabes, que dentro de ti no lo supiste todo el tiempo y que no lo escuchaste de Ultrón aun cuando estuviste aquí cuando él lo dijo?

―¿Qué cosa? ¿Qué eres mi hermana… de una versión alterna de mí de un universo paralelo o algo así?

Ella asintió sin dejar de mirarlo.

―No. No voy a fingir nada. Es más, digamos que eres mi hermana. No cambia lo que siento por ti. Hacer como que solo te quiero como hermano mayor y nada más, eso sería fingir.

Un gesto parecido a una sonrisa se dibujó en el rostro de Wanda al tiempo que ambos cerraron sus ojos y se acercaron para compartir un tierno beso…

Pero no pudo suceder. Con un crujido terrible, el techo, las paredes y gran parte del piso del recinto se desprendieron haciéndose trizas y elevándose a gran velocidad como si el viento de un tornado las hubiese arrancado de su sitio. También el casco metálico que Wanda cargaba en una de sus manos se resbaló de sus dedos y se perdió en las alturas entre los escombros que giraban rompiéndose y chocando apurados por un colosal torbellino de luz de un refulgente color amarillo.

Desconcertados, los dos chicos miraron alrededor, pero sin separarse, tomados de las manos dispuestos a enfrentar juntos lo que sea que los amenazara en esta ocasión. Aquello que había tenido la osadía de arrebatarles un bello momento.

Pero no había sido coincidencia. Era como si aquel poder los hubiera estado observando, más allá de las fronteras de sus sueños, evaluando, juzgando y había decidido intervenir cuando consideró que había tenido suficiente. Aún el trozo del suelo donde ambos seguían parados comenzó a sacudirse y a crujir ante el poder tremendo del vórtice que había destrozado y devorado el castillo de piedra.

Peter no quiso esperar y tan pronto comprendió que no estaban a salvo ahí, puso manos a la obra y levantando a Wanda en sus brazos como lo había hecho antes, echó a correr a toda velocidad, aprovechando el gran empuje que su carrera le proporcionaba para dar enormes saltos entre las colosales rocas y los escombros, aterrizando a veces en secciones de escaleras que habían quedado enteras, recorriéndolas en un abrir y cerrar de ojos, para luego correr en vertical sobre los segmentos de los muros que volaban arrastradas por los vientos inclementes de aquel luminoso tornado.

Su carrera se prolongó durante mucho tiempo. Seguían subiendo y subiendo y parecía que no había fin para aquel fenómeno, pero Quicksilver estaba seguro de ser capaz de correr más rápido que cualquier viento. Se esforzó más y después de un saltó especialmente largo, aterrizó en una superficie amplia y plana. Bajó a Wanda de sus brazos permitiéndole ponerse de pie.

―¿Pero que ha sido eso? ―suspiró Peter quitándose los googles de la cara dejando ver donde el polvo se le había pegado al rostro dibujando un par de siluetas alrededor de sus ojos. ―Ha sido difícil, pero creo que finalmente lo hemos dejado atrás.

Con el ceño fruncido y con un presentimiento extraño aun pesándole sobre el corazón, los ojos de Wanda se abrieron mucho de pronto y su mirada se elevó mucho como si contemplara la cima de una montaña en la distancia.

No tuvo tiempo de decir nada. Una voz tranquila pero segura y potente se escuchó en torno a ellos:

―Eso es lo que crees… temo decirte, que te equivocas. Ustedes no han ido a ningún lado.

Peter se dio la vuelta acercándose a Wanda y extendiendo su brazo para protegerla detrás de él. Ni aun siendo un sueño estaba preparado para lo que vería, pues sería algo tan impresionante como inesperado.

Se trataba de la figura colosal de un hombre, o era muy parecida a ello. Si tan solo no tuviera la piel de color rojo metálico, enmarcado de líneas verdes y una reluciente piedra brillara como una ardiente estrella amarilla en la frente de su cabeza calva, distante y tan gigantesca como una mansión.

De hecho, tan pronto el joven mutante bajo la mirada, comprobó con horror que la amplia plataforma donde él y Wanda estaban parados no era sino la palma de la mano de aquel sujeto, que flotaba levitando grácilmente en el centro del torbellino resplandeciente, con una larga e igualmente inmensa capa ondeándole a la espalda.

―Hola, Wanda. ―dijo la voz, serena y gentil del gigantesco hombre artificial.

―Visión… ―se adelantó la vengadora, como si el hecho de que el androide fuera cientos, talvez miles de veces más grande que como lo recordaba no pudiera amilanarla. ―Entonces eres tú de quien hablaba Ultrón. Tú eres quien ha venido a llevarme de vuelta.

―Sí, es cierto. Lamento que tuvieras que toparte con él. De alguna manera, la conexión emocional que te vincula a su recuerdo le permitió encontrarte primero.

―Entonces por ti es que él estaba aquí. Tú fuiste su verdugo ¿no? Tú guardaste una copia de su mente en tu memoria.

―No una copia ―aclaró y su tono hubiera sido muy tranquilizador de no provenir de un ente del tamaño de un rascacielos ―tan solo un esquema básico. No era nada descriptivo, solo las principales ecuaciones que eran la base de su programación.

»Aun con todo el mal que cometió, la existencia de Ultrón era algo único y muy peculiar como para permitir que se perdiera después de su destrucción, aunque admito que su retorno, si bien momentáneo, fue algo que no pude prever ni tuve intención que sucediera. Fue estar dentro de tu sueño lo que le permitió desplegarse y crecer, alimentado por los recuerdos que guardabas de él.

―No importa ―alejó de él el rostro como quitándole importancia, luego abrió sus ojos mirando de frente a Peter compartiendo una mirada de complicidad ―nos hemos encargado de él.

El silencio se extendió demasiado entre los tres. Wanda, negándose a mirar a Visión a la cara mientras él no le quitaba sus grandísimos y lejanos ojos de encima. Peter solo los miraba a los dos alternadamente sin entender exactamente lo que sucedía y sorprendido, aun a pesar de todas las cosas raras que había visto ya, de lo peculiares que parecían ser las personas de las que se rodeaba la chica.

―Aun debo llevarte de vuelta.

―Quisiera ver que lo intentaras ―Wanda le espetó con molestia a Visión que aún no había alterado su voz ni fruncido el ceño siquiera. ―No debiste venir aquí, no necesito que me salves. Ni tú ni nadie.

Visión levantó su mano, llevándose a los dos jóvenes, minúsculos en comparación, más cerca de su rostro, donde podía mirarlos mejor, a la altura de sus ojos.

―Mucho me temo que debo diferir. ―de cerca su voz se escuchaba mucho más atronadora y la gema de su frente fulguraba con cegadora intensidad ―Si he venido es precisamente a salvarte, en este caso, de ti misma.

Peter no supo cómo ni en qué momento, pero era como si el suelo bajo sus pies se hubiera esfumado. No es que lo hubieran removido rápidamente. Lo habría notado. Lo habría visto pasar. Nadie podía ser más rápido que él. Simplemente el suelo desapareció, o más bien, dejó de sostenerlos, pues cuando Quicksilver miró hacia arriba mientras caía, la mano de Visión seguía ahí, sin moverse, pero ellos la habían atravesado como si hubiera estado hecha de humo.

Tal vez Wanda lo había hecho, pero cuando al joven se le ocurrió mirar hacia ella con sus sentidos a velocidad aumentada, pudo ver en cámara lenta como en el rostro de ella se dibujaba, primero la sorpresa, luego el horror de verse en caída libre y tan de pronto, sin nada a la vista que pudiera frenar su descenso.

Peter pronto formuló un plan. Debía caer primero, posicionar su cuerpo de manera que generara menor fricción y así precipitarse rápidamente hasta uno de los grandes trozos de escombro que aun giraba en torno al enorme vórtice de luz. De ahí, tomaría apoyo, subiendo nuevamente, corriendo entre los pedruscos y paredes tratando de que su impulso hacia arriba fuera cada vez menos potente, hasta saltar en el aire y atrapar en Wanda en plena caída. Pocas personas entendían las implicaciones de la inercia tan bien como él, que había tenido tiempo de observarlas y diseccionarlas a detalle.

Se giró en plena caída, de cara hacia el fondo adoptando una postura totalmente vertical y su trayecto al fondo fue larga y tardada para su percepción súper veloz. Tan pronto descubrió una plataforma no muy lejos donde posarse, se volvió a dar vuelta en el aire y frenando un poco su caída pisando algunos pedruscos pequeños en su descenso, aterrizó de pie en la tosca plataforma.

Se dispuso a comenzar su carrera ascendente, cuando algo llamó poderosamente su atención, desconcertándolo por completo.

Visión se apareció ante él nuevamente, emergiendo del suelo de roca, atravesándolo como si se tratara del agua de una piscina, pero esta vez, no tenía su inusual tamaño enorme. Era de tamaño natural, de la estatura normal de un hombre muy alto. El androide lo miro sereno, inexpresivo y analítico como siempre.

―¡Muévete o pasaré a través de ti! ―le gritó el mutante, poniéndose sobre la cara sus googles nuevamente.

―Eso me temo. ―acertó Visón mirándolo sin siquiera pestañear.

El mutante echó a correr a toda prisa. Viendo en cámara lenta que su oponente no hacía el menor intento de quitarse del camino, descifrándolo por su lenguaje corporal, se lanzó contra él con un puño por delante. Peter debó anticipar el resultado, pero en el candor de la carrera no se detuvo a pensar demasiado. El golpe paso atravesándolo, pero sin tocarlo. Era como si fuera una suerte de holograma o una proyección. Era nítido, como cualquier ser humano, pero tratar de tocarlo era el equivalente de tratar de capturar el humo con las manos.

Y eso no era todo. De alguna manera, los pies de Peter atravesaron el suelo como si fueran de humo también. Se hundieron en la superficie de la roca un poco y volvieron a ser sólidos de pronto, quedando atrapados dentro, dejándolo inmovilizado de las rodillas hacia abajo.

Entonces era él. Wanda no había hecho nada allá arriba. Este sujeto parecía tener el poder de afectar la densidad de los objetos volviéndolos intangibles a placer, y lo mismo podía hacer con su propio cuerpo.

Sin ponerle atención alguna, Visión pasó volando junto a él como si nada. En cámara lenta, Quicksilver lo vio acercarse a rango de sus puños y aunque lanzó una ráfaga de golpes súper rápidos y todos dieron en el blanco, ninguno tuvo efecto alguno. Para el chico era lo más desesperante que la había pasado. Tenía todo el tiempo del mundo, pero no podía moverse ni tocar a su enemigo. Era como boxear con un fantasma.

Por su parte el androide le dirigió una mirada penetrante y acusadora. Mientras se alejaba volando.

―No te tienes que preocupar más por Wanda. Estará en buenas manos a partir de ahora.

Enfurecido, Peter le gruñó apretando los dientes y haciendo su mejor esfuerzo por liberarse. No solo no logró resultados, sino que sintió que su cuerpo se hundió un poco más, quedando sepultado hasta la cintura para luego ser bombardeado por una inclemente lluvia de pedruscos que, al depositarse en el suelo comenzaron a cerrarse sobre su cabeza, como si estuvieran conscientemente formando una irregular tumba de piedra a su alrededor, encerrándolo junto con sus gritos y su rabia.

Wanda no había acabado de caer todavía. De hecho, no sabía siquiera si seguía cayendo. Podía ver de lejos las piedras que giraban y se revolvían compelidas por el torbellino, pero estaban demasiado distantes como para tomarlas como referencia. Arriba y abajo no eran fácilmente distinguibles y la chica había comenzado a sentirse muy desorientada y confundida.

Pero de pronto, un par de brazos volvieron a sostenerla. El mundo recupero su soporte y su sentido, pero la sensación que le dio a la vengadora, no fue de cercanía y seguridad como antes. No, estos brazos eran distintos. Estos brazos no la rodearon con amor y confianza. Estos brazos la sostuvieron con extrema cautela como si temieran romperla en pedazos si la sujetaban con demasiada fuerza. Como si ella fuera frágil. Como si fuera débil y eso no le gustó.

Visión la llevó en sus brazos y descendió poco a poco. Conforme descendían, los escombros de roca comenzaron a reunirse bajo ellos formando, primero un piso, luego cuatro paredes. Tan pronto los pies del androide se posaron en la superficie, las rocas terminaron de cerrarse sobre ellos completando un cuarto cerrado. Ya completo, no parecía estar hecho de trozos sueltos de roca destrozada. Por dentro, superficies pulidas y lisas, un suelo brillante, incluso muebles elegantes y modernos.

Wanda conocía ese lugar, había estado ahí hace no mucho tiempo, en el mundo real. Era una réplica exacta de la cocina del nuevo cuartel general de los Vengadores y aunque era bella y muy funcional ese sitio tenía un significado particular. No para ella, talvez, pero estaba segura de que para Visión lo tenía.

Tan pronto estuvieron dentro, ella no espero a que el androide la bajara sino que saltó al suelo quedando de pie, dando unos pasos para apartarse, dándole la espalda.

―Estamos de nuevo aquí. ¿Recuerdas?

―Lo hago. ―Dijo ella apenas levantando la mirada para estudiarlo. Estaba enfadada, pero no era tonta. Sabia cuan peligroso podía ser Visión. Sabía que era, talvez, el ser más poderoso que existía en el mundo. No podía arriesgarse a enfrentarlo directamente, pues aunque había podido reducirlo una vez, sabía que el androide no le permitiría usar el mismo truco dos veces, y si había preparado para ella ese recuerdo, es porque él no había dejado de pensar en ello.

―Fue la última vez que nos vimos…

―No. ―ella se dio la vuelta mirándolo de frente, pero sin alzar la voz, recordando su feroz batalla en aquel aeropuerto.

―Como amigos. La última vez que nos vimos y hablamos y fuimos como amigos. Después… eso había cambado.

Él la miró largamente. Sus ojos y expresiones eran tan reales, tan humanos. Desentonaban tremendamente con su apariencia tan llamativa y artificial, que no le permitiría jamás pasar por una persona de carne y hueso.

―Para mí no ha cambiado nada, ¿sabes, Wanda? Todo ese conflicto. Ese desacuerdo, ese… malentendido. Mi intención no fue jamás hacerte daño, a ninguno de ustedes. Yo solo…

―Estabas siguiendo órdenes. Lo entiendo.

―No. ―la voz de él se alzó un poco, emotiva ―Estaba haciendo lo que era correcto. De otra manera no habría jamás actuado en contra de ninguno de ustedes.

―¿Y a ahora? ―en respuesta, la chica se cruzó de brazos, sosteniéndole la mirada ― ¿Por qué lo haces? ¿Esto es lo correcto o estas siguiendo órdenes? ¿Stark te mandó a despertarme? ¿Aun sigues siendo su herramienta? Nada más que un… electrodoméstico, un despertador para él.

―No, ¡No! ―Visón se acercó a ella, sus manos rodeándola a la altura de sus codos, pero sin tocarla. ―Esto es iniciativa mía. Tony… él no sabe nada. Las cosas afuera son… turbulentas aún. Quise venir y asegurarme de que estuvieras bien aun antes de que el resto tuviera oportunidad de preocuparse por ti.

Los dedos sintéticos se levantaron y se acercaron a su rostro, tocando la mejilla de la chica apenas con las yemas rojas. La caricia fue vacía, distante. Wanda se mantuvo indiferente y ecuánime.

―Ya he tomado una decisión. No voy a volver. No hay nada allá afuera para mí.

―No digas eso, Wanda. Los demás…

―¡No me interesan los demás! ―lo interrumpió de golpe siendo más enérgica ―Ni sus guerras, ni sus conflictos, ni sus intereses. No me interesa el mundo ni la nueva manera que han inventado para destruirse. Escapé de ese mundo porque desde el día en que nací se empeñado en matarme haciéndome sentir miserable cada que no lograba su cometido.

»Yo apenas si escapé. ―la mirada de Wanda se sostuvo férrea pero sus ojos se volvieron cristalinos humedeciéndose ―Pietro no lo logró. Él era mi única conexión con ese mundo. Ya no tengo para que volver si no lo tengo a él.

―¿Y qué tienes aquí? ―se irguió Visión señalando alrededor ―Esto no es nada. Son sueños, Wanda. Sé que lo entiendes. Proyecciones que tu mente sufriente pretende usar para entretener el dolor. Pero no pueden, ¿cierto? No has logrado dejar de sufrir, ni de pensar en tu hermano ¿me equivoco?

―¿Tu que sabes? ―la mirada de la vengadora se desvió por primera vez al suelo tragándose su rabia. No debía ceder. No debía estallar. Tal vez es lo que Visón quería. Una muestra de debilidad.

―Nada, realmente. ―se serenó él. ―¿Y él? ¿Él sí sabe?

La chica no respondió. Respiró hondo y sus ojos recorrieron el techo de la estancia y las paredes como si esperara escuchar los pasos veloces de Peter acercándose. No sonaban por ningún lado. ¿A dónde se había ido?

Visión continuó hablándole:

―Él es real. No voy a mentirte. Un joven real, viviendo su vida en el año 1984 de una línea de tiempo paralela. Una instancia del mundo distinta que por muy similar que sea a la nuestra, están tan distanciadas la una de la otra que jamás van a cruzarse. Es absurdo siquiera pensar en cercanía de una a la otra porque no existen en el mismo espacio siquiera. Es más, mientras la una existe, la otra es irreal y viceversa.

»Mientras tu eres real en el mundo, él es sólo un sueño tuyo. Menos que eso. Un atisbo, un presagio de una fantasía imposible que se cruzó por error con tu mente y tú eres lo mismo para él mientras es real en su mundo. Sé que lo sabes Wanda. De alguna manera, dentro de ti lo entiendes y eso no te ha dejado soñar en paz todo este tiempo. Vamos, ven conmigo. Despierta y olvídate de esto. Es en el mundo real es donde podemos hacer las cosas mejores. El mundo de afuera no es ni remotamente un lugar agradable, pero es nuestro mundo, el que nos tocó vivir y está en nuestras manos hacerlo mejor.

El androide le tendió la mano amistosamente. Sus ojos estaban esperanzados y eran gentiles. Algo en ella sentía una especie de dejavu. En esa cocina, hace tiempo, una decisión se le planteó a Wanda y Visión estaba de un lado de ella. En ese entonces lo había confrontado para después abandonarlo. De alguna manera, había traicionado la amistad que el androide le había dado, talvez incluso, de alguna manera le había roto el corazón. No lo sabía pero, ¿podía de hacho saberlo? Ella no había pedido esa amistad, esa confianza, esa vida. Ella no había pedido estar a cargo de ese corazón ¿tenía entonces que tomar responsabilidad por él?

Las palabras de Visión resonaron dentro de sí con su lógica poderosa y convincente, derrumbando las paredes del corazón de Wanda, dejándola expuesta a la desesperanza y vacío del que estaba intentando esconderse. Él tenía razón en todo y aún estaba ella ahí rebelándose a conformarse con la realidad que se aferraba a aprisionarla, forzarla, limitarla.

―Nuestros caminos no pueden cruzarse… es cierto, y sin embargo, aquí estamos. Peter y yo. ―ella levantó la vista obligándose a ser fuerte y lo miró. Él seguía con la mano extendida. ―Luchando contra ti y lo seguiremos haciendo hasta que te marches porque este es nuestro sueño y no te hemos invitado a formar parte de él.

La expresión del androide cambió. Estaba legítimamente desconcertado. Al parecer, esa reacción en Wanda no la esperaba y eso lo tenía confundido. Tan confundido, que tardó en bajar su mano un instante, la miró y levantando los ojos de nuevo a los de la chica su ceño fruncido denotó la frustración que su voz tranquila no podía:

―El punto es, Wanda, que no tienes opción. He venido por ti y no iré a ningún lado si no es contigo. He tratado de hacerte volver en ti y no ha resultado. Ahora tendré que hacerlo por la fuerza, y creo que entiendes del poder que dispone la Gema del Alma dentro de la mente de cualquier persona.

El cristal en la frente de Visión brilló con la intensidad del sol, destrozando los muebles, la cocina y las paredes a su alrededor. El androide se elevó volando majestuosamente mientras Wanda había comenzado ya a concentrarse, reuniendo sus poderes en un intento de fulminarlo con una sola ráfaga pues sabía que si fallaba, seguramente no tendría una segunda oportunidad.

Bruja Escarlata hizo una seña con sus manos y un poderoso torrente de energía psíquica se proyectó furioso en contra de Visión en la forma de fulminantes llamas carmesí, rodeándolo pugnando por destruirlo al instante. Pero todo fue inútil. La energía, pura y limpia de la Gema Infinita rodeó al androide permitiéndole, no sólo resistir el ataque, sino contrarrestarlo de inmediato proyectando un tremendo rayo en un despliegue de puro poder.

El estrepito fue tremendo y Wanda fue lanzada al otro lado de la plataforma, casi al borde, pero no fue el poder de Visión lo que la había arrojado. No, ella estaba ilesa y ver la plateada chaqueta de quien la había movido del sitio del impacto la reconfortó inmensamente.

Peter tenía sus manos sosteniéndole el rostro y la miraba con los ojos llenos de dicha del otro lado del cristal de sus googles. Pero su piel no estaba tocándola. En su lugar, lo que le rodeaba la cabeza era un pesado objeto metálico que ella reconoció de inmediato.

―Jamás salgas sin él. ―le dijo el chico sonriendo y ayudándole a ponerse de pie.

―¿Qué hacemos ahora?

―Échalo de aquí. Es tu sueño, ¿recuerdas? Tú tienes el poder, y con el casco, te aseguro no podrá volver a entrar.

Wanda giró el rostro hacia Visión que levitaba a varios metros de altura y, con los ojos relucientes del destello amarillo de la piedra, se disponía a reunir el poder para otro ataque. La descarga no se hizo esperar pero esta vez fue totalmente inefectiva. Una burbuja de magia roja cubrió a los dos jóvenes que, tomados de la mano, salieron ilesos aun cuando todo el suelo salvo donde ellos estaban parados y las rocas a su alrededor fueron obliteradas completamente de la existencia.

―¡Imposible! ¡Nada puede contener el poder de las Gemas de Infinito, mucho menos un simple trozo de metal cualquiera! ―la voz de Visión, aunque serena, tronó como un relámpago en todo alrededor como si fuera emitida desde cada rincón del torbellino.

Wanda lo miró sonriendo confiada y maliciosamente.

―Sí, pero este es nuestro sueño y aquí funciona como nosotros queramos.

Levantó su brazo hacia él, y como una tormenta de carmín, el viento se enervó en torno a Visión, que se resistió a ser llevado por la fuerza del poder que la Bruja estaba conjurando. Alzó los brazos tratando de protegerse y se concentró intentando usar el poder de su piedra, pero fue inútil. El poder psíquico ascendió tornándose virtualmente infinito y el vórtice de luz dorada se desdibujo en el vacío, destrozado por una fuerza muy superior.

El propio Visión fue arrastrado, pero los vientos torrenciales no lo arrojaron lejos, sino que lo borraron, disolviéndolo de golpe, forzándolo a dejar de existir en aquel plano.

Antes de desaparecer, miró intensamente hacia Wanda, entre el escudo inútil que le proporcionaban sus brazos y usó todo el poder que había reunido para jurar en lo más profundo de su alma que no se daría vencido. Que seguiría intentando, durante toda la eternidad si era preciso, rescatar a Wanda de aquel sueño. Después de todo, él podía vivir prácticamente para siempre y, en su mente y corazón, nada ocupaba un lugar más importante, nada robaba más de su energía y sus pensamientos que el amor ciego que sentía hacia ella.

Borrado, olvidado. De vuelta al mundo real.

El lugar quedó sumido en silencio y tinieblas. Cuando los ojos del chico se acostumbraron de nuevo a la penumbra, la mano de Wanda había soltado la suya y la chica se había dejado caer de rodillas sobre el áspero suelo, abrazándose a sí misma.

―¿Te encuentras bien? Hacer eso te ha dejado fatigada cierto, déjame ayudarte.

Ella se hizo a un lado con violencia. Sin levantar la mirada para verlo, por su mentón resbalaban lágrimas discretas.

―¿Qué caso tiene? Esto… no es real. No lo será nunca. Es… tan solo un sueño.

Y no dijo nada más. El corazón de Peter dio un vuelco y quedo suspendido en un aterrador vacío. Tenía razón. Era cierto. Aquello era solo un sueño y todos los sueños tarde o temprano tienen que terminar. Eventualmente ellos tendrían que despedirse talvez para no volver a verse nunca.

Eso le dolió. La idea de no poder volver a ver a Wanda lo desconsoló y aterró al borde de la desesperación y la locura, pero meditándolo y reuniendo su valor en un largo instante, se lo tragó. Se tragó todo lo que sentía y arrodillándose junto a ella, la abrazo en silencio, consoladoramente.

Ella no se resistió y se dejó descansar en los brazos de mutante, callados en medio de la nada de un sueño hueco y permanecieron así un largo rato en que Peter no pensó en nada sino en la hermosa y dulce sonrisa que pudo ver alguna vez en el rostro de Wanda convencido de que, si hubiera algo que pudiera hacer él para que ella volviera a sonreír de nuevo, no habría nada en el universo que lo detuviera de poder hacerlo.

Y en verdad lo hizo.