Japón. Año 2030. 3:20 PM.

Hoy en día en Japón...

—¡Eso es, chicas! ¡Muévanse, muévanse! ¡Quiero verlas brillar!

El reconocido camarógrafo; Phichit Chulanont, en medio de una sesión fotográfica. Los flashes intermitentes; destellantes, dejaban un tras luz de belleza y magnificencia, otorgando armonía a las anémicas modelos que se pavoneaban por las escenografías. Un centro de estudios bastante reconocido por todos. La revista "OH! Japan" entraba con viveza al mercado, con su nueva línea de ropa interior para jovencitas.

—¡Okey! ¡Estamos listos por hoy! —finalizaba el joven. La vibración constante de su chaqueta, le condujo a deducir que su celular estaba sin carga— Rayos...¿Alguien tiene cargador de iPhone 10? —una llamada entrante.

—¡Phichit-kun! —chilló del otro lado.

—¡Oh! ¡Yuuri! ¿Cuando has llegado de Detroit? —saludaba jovial— me estoy quedando sin batería, amigo. ¿En donde estas? Te escucho horrible.

—Llegué anoche —indicó el japonés, acomodando de mejor forma sus anteojos— Voy en el metro, es por eso que hay mucha interferencia —mascullo— Por cierto, Phichit. Necesito tu ayuda con algo.

—¿Ha estado bien el viaje? —pestañeó, incomodo con su petición— Que. ¿Otra vez con eso? —ya se lo imaginaba— Quedamos en que lo dejarías ¿No es así?

—¡Esta vez es real! Le he hecho seguimiento desde la base en USA —anunció, exaltado— Este tipo, nos llevará a la verdad sobre todo.

—Un momento. ¿Entonces no habías ido a Detroit para sanarte de tus juanetes? —dudoso ya.

—Dará una conferencia de prensa con muchos espectadores. Te veo en Shibuya a las cuatro. Por favor no tardes.

—¡¿Qué?! ¡No! ¡Esper-...! — ¿Me cortó? — Demonios...me huele a peligro...

Tokio, distrito de Shibuya, 4:05PM.

La muchedumbre se reúne ansiosa en un evento público y vigorosamente acordonado. Levantan las pancartas y los mensajes alusivos a preguntas sin responder. La mayoría, visten ropa extravagante y freak. Seguramente, llevan años tras una pista reveladora. Una limosina blanca con el logotipo de la NASA se estaciona en el frontis. Desciende un hombre de cabellera rubia, en traje elegante; acompañado de dos guardaespaldas mas. Si bien, no ha sido para nada puntual como lo acordado, Katsuki permanece dentro de la primera fila. Ha logrado llegar hasta ahí, gracias a la credencial que cuelga de su cuello.

Periodista.

El motivo de la congregación, es la aclaración sobre un nuevo descubrimiento en la galaxia. Una nueva constelación, a muy pocos años luz de la terrestre. Algo, que a simple viste no es la gran cosa, pero para el pelinegro, quien sus intenciones demuestran su vasta carrera de reportero, todo es distinto. Es algo más bien...personal. El hombre inicia la charla. Yuuri observa el reloj de su celular con intranquilidad. Phichit, está tardando demasiado. Ya para cuando el especialista finaliza la exposición él, ya no muestra luces de venir. Entabla el interrogatorio periodístico.

—¿Alguna duda o consulta? —examina el científico al público. Nadie pareciera querer preguntar algo. ¿La información entregada es satisfactoria para el público? ¿Eso ha sido todo? ¿Esperar tanto, para tan solo anunciar un nuevo "descubrimiento"? Y válgase de descubrimiento, porque técnicamente no ha sido descubierto. Ha existido ahí, por milenios. Yuuri, levanta la mano— Tu, el muchacho de la chaqueta azul. ¿Tienes alguna pregunta antes de retirarme? —sonríe.

Hai —responde, tomando apremio del micrófono— ¿Usted, de que raza es?

—¿Eh...? —tanto el sujeto como el público, acallan del asombro. Simplemente, una pregunta irreverente y llena de atrevimiento.

—¿Es usted un Ciakar o Chitauri? —declaró, como si fuese de lo más normal del mundo. Con total decisión— ¿O tal vez será un Pleyadiano? —niega con la cabeza— No. Usted ha revelado, que se ocupa en Hangar 1. Una base militar norteamericana, que trabaja directamente con razas extraterrestres.

—¿Cómo te atreves...? —uno de los guardaespaldas, gruñe.

—¿Es la constelación de Acturión, no es así? La que nos quieren hacer creer que es recién descubierta, pero existía desde antes. Justo, desde donde vienen ustedes —finalizó sin más.

Atónito, el tipo parpadea y sonríe con sutileza. En silencio, se retira del podio, mas la bestia de la incertidumbre, ya ha sido despertada en el publico...y está hambrienta. En un acto que además, era transmitido en televisión abierta por todo Japón, no hubiese sido de esperarse que fuese termino de burlas para más de alguno. Sin embargo, en ese momento...no fue así.

—¡Oi! ¡Anciano! —vociferó una mujer— ¡¿Acaso no piensas responder la pregunta?!

—¡Está mintiendo! ¡Todo ha sido mentira! —alardeó otro muchacho.

—¡Es un extraterrestre! —emitió otro, lanzando un peñasco de roca a los guardaespaldas— ¡Maten al bicho!

Fue como si hubiesen prendido una llama con agua. Imposible de controlar, indómita. En una era, donde la información era la única arma vital para la supervivencia; venir a negar algo tan obvio como vida fuera de la tierra, era inaudito para la metrópoli. Los ánimos, se excitaron como el viento de invierno. Rápidamente, las tropas policiacas se desplegaron por la ciudad. El caos, se delegó de los ojos iracundos de quienes, pedían respuestas hace años. Muchas eran las noticias de un posible Fin del Mundo. Las sectas, ya no eran religiosas, sino más bien eran del tipo alienígenas. Mas de alguno había escuchado alguna vez, que una nave nodriza vendría a la tierra a rescatar a los "buenos" de la extinción.

Patrañas.

Las bombas lacrimógenas hicieron lo suyo, a duras penas, logrando reducir a la multitud arrebatada. El desorganización del encontronazo, limitó a Yuuri a seguirle la pista al sujeto. A una cuadra de distancia, consiguió verle subir a un auto nada parecido al del comienzo. Un cruce de miradas sin duda astuta, pues una aureola verde lunar, se dibujó en los ojos para nada humanos del científico. Un extraterrestre.

Lo sabia...es un Acturiano.

Demasiado tarde para atraparle, pues el vehículo se perdía raudo en la carretera. Lo único que alcanzó a tomar, fue un par de fotografías de la patente del auto. Sin embargo, tras revisar la supuesta evidencia, la sorpresa fue monumental.

—¿Jah...? —las fotos, estaban en blanco. Era como si realmente, el coche nunca hubiese si quiera estado ahí— Tch...demonios. ¿Qué clase de tecnología usan...?

—¡Oe! ¡Mocoso! —bramó uno de los policías— ¡¿Con que te gusta agitar a las masas, eh?! ¡Vendrás con nosotros!

—...no otra vez...

[...]

—Katsuki Yuuri —anuncia un guardia, tras abrir la celda en la que se encuentra confinado— Han pagado tu fianza. Puedes largarte.

Un lamento sometido, manifiesta su desgracia. A la salida de la comisaria, solo carga su ropa y las ganas monumentales de tirarse de un puente. No es la primera vez que algo como esto ocurre. Y no es la primera vez, que un hombre de mirada furibunda le espera a la disculpa. Es hora de enfrentar a la verdadera justicia.

Editorial OH! Japan. Shinjuku.

—Yuuri —murmura el Tailandés, abrumado con su irresponsabilidad— Perdóname. En verdad lo siento mucho. Me quedé sin batería y nunca me llegó la dirección.

—No importa ya, Phichit —se encoge de hombros— De todas formas, no hubiese servido de nada. Las cámaras no funcionan con ellos.

—¿Qué? ¿Entonces si era verdad? —parpadeó anonadado con su declaración.

Siempre es verdad, Phichit. Ya déjalo...

La puerta de la oficina principal se abre. Una muchacha de apariencia pulcra sale del lugar, anunciando que ya pueden ingresar. Aun desalentados, ambos jóvenes se alistan. Con la expresión lánguida, Chulanont intenta tomar la palabra ante la presencia del mayor. Este, no se lo permite, prendiendo así la TV. Una noticiera.

Una vez más, el controversial periodista Yuuri Katsuki, arremete con todo. Esta vez, declarando en público que el especialista en ciencias aplicadas, Julios Paul, es nada más y nada menos, que un extraterrestre.

¿Es usted un Pleyadiano? —sondea.

Apaga la pantalla. El hombre, suspira. Busca en la mirada avergonzada del nipón una respuesta.

—¿Y bien? —indagó.

—Celestino-...

—¡No me llames Celestino! —rezongó el Italiano, con su habitual tono de voz exaltado— ¡No me llames así, en tu vida! ¡A partir de ahora, me llamaras por lo que soy! ¡Director! ¡Soy tu director! ¡Soy tu jefe! —los regaños del presidente, son pan de cada día.

Director —redundó Katsuki, abrumado con su falta de tolerancia— ¿Que quiere que le diga? Creo que...últimamente la suerte no ha estado de mi favor.

—¿Suerte? ¿Le llamas a esto, suerte? —chistó, encrespado— Yo te diré lo que es suerte. Suerte, es que no te hayan venido a buscar de la maldita Interpool.

—¿No cree que exagera un poco...? —balbuceó, cabizbajo.

—¡¿Acaso te estás oyendo?! —berreó— ¡Te infiltraste más de diez veces en bases militares Chinas! ¡Robaste documentación oficial del gobierno Ruso! ¡Culpaste a personal de la Nasa de ser extraterrestres! ¡¿Y dices que exagero?! —ni él se la cree.

—¡Pero es la verdad! Solo pido...que crea en mi —exigió con dolor.

—¡Yuuri! —Cialdini, le tomó de los hombros— Publicaste un artículo en donde acusabas a Ronald McDonalds de ser Anunnaki —[?]— ¿Cómo demonios quieres que confié en ti?

—Usted lo censuró.

—De todos los que he tenido que censurarte, sin contar el maldito proyecto MK-Ultra —acotó, exhausto. Se tomó la cabeza— Dios santo, Yuuri. Tienes que dejar esto ¿Capisci? No puedes ir por el mundo, acusando a gente inocente de ser alienígena. Los extraterrestres, no existen.

—¡Si existen! —bramó el pelinegro, con el desazón empapado en sus ojos— ¡Yo los he visto! Están entre nosotros ¡Van y vienen a la tierra!

La expresión facial de Celestino, culminaba la charla de una manera poco honorable. No iba a hacerle recapacitar, pues las mismas convicciones que tanto admiraba de él, ahora le jugaban en contra. La paciencia...tiene un límite.

—Lamento mucho si no te pude cuidar como debía —murmuró el director, estirando la mano derecha— Siento...que te he fallado de alguna forma, Yuuri. Quizás, no dándote todo el apoyo que debías tener.

—Celestino-sensei-...—Phichit, fue acallado. En un intento por querer detenerle. Ya era demasiado tarde. El moreno comprendía sus palabras.

—Entrégame tu credencial —pidió— Y...estas despedido.

¿Que podía decirle? Las advertencias fueron demasiadas. Sin nadie ya que pudiese respaldar sus propias creencias ¿Qué valor tenia seguir trabajando para una empresa como esa? Quizás...el extraterrestre era él. Un bicho raro...

Y así, Katsuki entregó su credencial. Sin nada más que ofrecerle a la gran capital, regresaría a su tierra natal. Hasetsu. Tal vez, retirarse un poco de aquel mundillo, le haría bien.

"Basta ya de extraterrestres. ¿Qué me sucede...?"

[...]

—Quisiera llorar... —dijo Viktor, bastante serio— Pero no sé cómo se hace eso —[?]

—No me hagas golpearte otra vez —exhaló Katsuki, haciendo un receso de todo. Se levantó del sofá, en busca de algo para beber. Un vaso de agua para aclarar la garganta. Pichit, ya casi estaba dormido sobre la mesa. La historia, había dado un rumbo distinto ahora. Uno más bien...intimo— ¿Quieres beber algo? —indagó. Mas su voz se vio opacada, por un susurro leve en su oído. Dócil, pulcro.

—¿Cuando comenzó esto? —examinó, esperando la respuesta dubitativa de Yuuri.

—Cuando tenía 10 años, mi hermana y yo nos internamos en el bosque en busca de bellotas —recordó— Por ese entonces...mi perro Vicchan estaba muy enfermo en casa. Fue...cuando lo vi caer del cielo. Ese milagro...

Flashback.

—¡Mari-neechan! —apuntó el menor hacia el cielo— ¡Mira eso! ¡Es una estrella fugaz!

Una enorme bola de fuego, surcando el cielo estrellado. Dejando consigo una estela magnánima de colores. Por esas estaciones de invierno, la ventisca escarchada de la noche; revelaba la propia luz lunar contra un vasto campo de amapolas.

—Pide un deseo. A las estrellas. Ellas te escuchan —dijo la fémina.

¿Debo pedirle un deseo? —cerró sus ojos— Hola estrellas, me presento. Soy Yuuri Katsuki. Quiero pedirles un deseo. Por favor, salven a mi perrito. No dejen que muera...

—Eso es, Yuuri —sonrió— Volvamos a casa ahora.

[...]

Los ladridos incesantes, inquietos, del can.

—Nee-chan... —llamó el ojinegro, a su dormida hermana. Le movía y le movía— Algo le pasa a Vicchan...no deja de ladrar —el temor apoderándose de su semblante— Hay algo ahí afuera. Tengo miedo —la muchacha, solo emitió un gemido somnoliento. No. Iría solo a ver.

Y entonces los vi. Como esos seres, sanaron a mi perro.

—¿Quienes son ustedes...? —examinó.

Un hombre, de caballera blanca y larga. Hermoso, radiante, sujetaba al animal entre sus brazos mientras le proporcionaban caricias suaves. Por unos segundos, ladeó la cabeza como queriendo no comprender el idioma. No obstante, tras soltar a la mascota, se limitó a hablar.

—En realidad...estamos en una expedición —dijo el ser, con una expresión sumamente humana— Sentimos una energía muy poderosa emanar de este lugar y...decidimos venir a ver.

—¿Usted es...un extraterrestre? —parpadeó, atónito el muchacho.

—¿Extraterrestre? —rió, obviando su presencia por el lugar. Sin duda...un jovencito fascinante— Tu cuadrúpedo... —sonrió manso y cordial— Se parece mucho al mío. Debes cuidarlo mucho.

—¿Usted también tiene un perro?

—¿Así es como lo llaman? ¿Perro? —pestañeó, gesticulando nuevamente una sonrisa— Me temo que debo retirarme ya. Ha sido un placer charlar contigo, Yuuri.

—¿Eh? ¿Cómo es que sabe mi nombre?

—¿Acaso lo has olvidado? —bufó— Tu me lo dijiste.

—¡Espere! ¡No se vaya señor! —le detuvo— Por favor...¿Cómo puedo agradecerle por esto?

Nunca dejes de buscar, Yuuri. Y quizás algún día...tu y yo, nos volveremos a ver...

Fin Flashback.

—Wow...esa historia, suena fascinante —halagó Viktor— ¿Te enamoraste de un extraterrestre o algo así?

—Tsk, ya cierra la boca —chistó, sumamente sonrojado. En realidad, la historia no le conmovía para nada pues desde ese encuentro fuera de serie, literalmente enloqueció— Ni si quiera sé si era macho o hembra... —dudó, rascando su mejilla— A juzgar por su voz y su cabello...quizás era hermafrodita.

—Aun así, ese encuentro cambió tu vida. No puedes tomarlo a la ligera.

—¡Por supuesto que no! —dijo decidido el japonés— Aunque...ya no recuerde si quiera su rostro. Todo pareció como un sueño...tan irreal —suspiró— Estoy dispuesto a darlo todo para saber todo respecto a sus razas. Sus costumbres, sus formas de pensar —aclaró, plantándole una mirada llena de angustia— Es por eso...que necesito saber más de ti.

—Yo soy bastante aburrido —suspiró— Mírame. Aquí, atrapado en un planeta lejano en busca de mi creación fugitiva.

[...]

—¡Yuuri! —berreó. El periodista Morooka. Jodiendo desde tiempos inmemorables incluso en este Fic— ¡¿Acaso piensas retirarte del periodismo?! —él y sus preguntas al pedo. He aquí la respuesta a todo, como buen japonés promedio.

—"No saque conclusiones tan apresuradas, por favor" —Katsuki se encogió de hombros—En realidad, solo he venido para darme un descanso del trabajo.

—El rumor es cierto —aseveró entonces, el mayor— Te despidieron.

—Con su permiso —reverenció— Estoy muy agotado con el viaje.

—¡Yuuri! —tronó a lo lejos— ¡No deberías rendirte jamás! ¡Hay gente que cree en ti y en tus artículos!

—Señor, estacionó mal su auto —dijo un anciano.

—Vete al diablo ¿No ves que soy un relleno?

[...]

Hasetsu.

En realidad...no tenía pensado volver jamás a este lugar. Desde que me fui de casa para estudiar en la facultad de Tokio, creí que no podría si quiera extrañarlo. Había olvidado por completo la tranquilidad de esta pequeña ciudad. Y digo pequeña, porque aquí todo el mundo se conoce. Desde el panadero, hasta el cartero. Incluso los encargados del aseo. Nunca sospeché, que estarían esperándome en una característica bienvenida.

—¡Bienvenido, Yuuri!

Debo examinar que me dejó atónita la sorpresa. No por el hecho de que fueran tan efusivos y cordiales conmigo. Si no mas bien, por la simple idea...de que ahora estaba cesante. Fue algo así, como si alabaran mi infortunio. Lo bueno de todo eso, fue reencontrarme con Yuuko, Minako, y los demás muchachos. Vicchan...saltó a mis extremidades con tanta alteración, que pensé que mi corazón brotaría de mi pecho. Lo había extrañado como no tenía idea. Tal vez, el haber estado tanto tiempo metido en mi mundillo de seres interplanetarios y proyectos galácticos me estaba convirtiendo en uno de ellos. Hay que reconocerlo, son realmente fascinantes. Sin embargo...la pregunta que incluso en las noches de mi propio hogar me replanteo una y otra vez, sigue siendo la misma de antaño.

¿Tendrán alma o sentimientos, esos seres?

—No deberías prestar atención a lo que digan los medios sensacionalistas —dijo Minako, mientras bebía un vaso colmado de cerveza— Tu sabes que siempre te apoyaremos en todo, aunque estés loco.

—¿Eso debería alegrarme? —una gota bajó por su sien en respuesta- Si. Yuuri, es considerado un chalado.

—¡Por supuesto que sí! —afirmó la profesora, golpeando la mesa— ¡Ellos no saben lo brillante que eres!

—Las chicas y yo, comprábamos semanalmente tus artículos —acotó Yuuko— Me parece sumamente fascinante ese mundo.

—¡Y mientras estuviste fuera, nos encargamos muy bien de administrar tu blog! —dijo una de las hermanas— Hay un chico llamado Minami, que te escribe a diario. Es un fans tuyo al parecer. Y esta tan enfermo de la cabeza como tú.

¿Debería suicidarme?... —exhaló por tanta sinceridad— Ah...etto...muchas gracias por ser de tanta ayuda —se inclinó— En realidad, no tengo planeado quedarme por mucho tiempo. Solo vengo de pasada. Debo conseguir empleo cuanto antes...

—¿Por qué no? —evitó Mari, esbozando una sonrisa ladina— Nos haría mucha falta un poco de ayuda. ¿O es que acaso tus amigos estelares no te dejan dormir?

—Mari-chan... —se iluminó de vuelco, más bien aliviado por su presencia.

—Además, puedes comer todo lo que quieras —dijo Hiroko— Nos encargaremos de ahuyentar a todos los malos rumores.

No supe a ciencia cierta cómo sentirme realmente. ¿Era un recibimiento lleno de añoranza...o más bien un conforte del tipo refugio? En general, durante mi estadía en casa todos me trataban muy bien. Mi madre era amable conmigo y mi padre, no me exigía muchas cosas. La gente de la ciudad me saludaba como de costumbre, sin evitarme o regalarme miradas de indiferencia. Era como si el tiempo se hubiera detenido en Hasetsu, desde mis 10 años. Sin embargo...¿Por qué entonces me sentía como si fuese un perrito bajo la lluvia? Esa atención excesiva, contrarrestaba el garrafal error de mi frustrada carrera como periodista investigativo. ¿Estaban agasajándome...o consolándome?

Doy pena...

—¿Qué tal, Yuuri? —hablaba Pichit del otro lado de la video llamada— ¿Cómo te has sentido?

—Huh...dentro de todo, no sé como describir mi estado de ánimo, la verdad —rascó su nuca algo indeciso— Lo bueno es que ahora puedo pasar más tiempo con Vicchan.

—Me alegra tanto saber eso —expresó jovial el moreno— Desde lo ocurrido con Celestino, me he estado haciendo muchas preguntas. Hablé con él y creo que se excedió contigo.

—No, no. Por favor, no deberías tomarte esas molestias —indicó falsa modestia— Lo que hizo el director estaba bien. Yo me lo busqué —reconoció en una sonrisa fingida— Por otro lado, me siento mas tranquilo al menos en casa. Puedo dedicarme a administrar de mejor manera mi blog.

—Ya veo. ¿Cómo vas con eso?

—Tengo bastantes seguidores aun. Me escriben de todas partes del mundo —admitió Katsuki— Leo de la Iglesia, de USA; me dice que él ha visto Esathianos en Dakota del Norte. Guang-Hong Ji de China, escribe desde su balcón. Posteó archivos de los rusos. Kenjirou Minami, me informa que hace un par de días atrás, la NASA publicó una explosión similar a una colisión entre dos naves, en las cercanías de Andromeda.

—Cielos...¿Crees que estén en una especie de guerra o algo así?

—No lo sé la verdad. Pero de ser así...creo que no nos iría bien. Estaríamos en fuego cruzado.

—Solo mantenme informado de cualquier cosa ¿Si? No dudes en llamarme si me necesitas, por favor.

—Lo hare. Muchas gracias, Phichit —aceptó el japonés.

—Y Yuuri...

—¿Si?

—Somos amigos... —aseguró Chulanont, gesticulando un movimiento con la mano— No lo olvides.

Ahí está. Otro más que me ve como un animal atropellado ¿Es que acaso no se dan cuenta? Realmente...quiero estar solo...

[…]

Galaxia de Mu-Scorpii. Planeta Kentaurus.

—Tu misión era simple —reprochó Giacometti— Llevar al "Príncipe" a Andrómeda. ¿Era tan difícil?

JJ permanecía en una camilla medica, conectado con ventilación mecánica. Sus heridas, eran graves; pero dentro de todo no eran mortales. Si había sobrevivido al hostil aire galáctico, su condición medica seria resultado de procedimientos inmunes por parte de los especialistas. Técnicamente, había resistido por destino.

—Discúlpenme...—musitó con padecimiento en su voz, agrietada— Hice todo lo que pude...pero nos emboscaron en el camino. La...policía de Andrómeda...ellos...

Esto no está bien. Tengo que informarle al príncipe —acalló— Shh...tranquilo. No te esfuerces demasiado. Necesito que te concentres por ahora y recuerdes...—indagó el rubio— ¿Que trayectoria tomó la capsula?

—Vía...láctea...

—¿Vía Láctea? —parpadeó, atónito— Eso es...

[...]

Penitenciario.

—Viktor —enunció Plisetsky— Tenemos que hablar...—la inquietud de Nikiforov, nuevamente confiriéndose de su semblante— Creo que...tienes derecho a saberlo. Después de todo, fue tu creación.

—¿Yuri ya fue...?

—No —negó— Todo fue idea mía. Sacar a Yuri del planeta, evitando así el juicio —redundó, desviando la mirada sutilmente por el fracaso de la misión— Sin embargo...algo salió mal. Se supone que debía ser enviado a Andrómeda. Le encomendé esta misión a Jean Jacques Leroy, pero la nave fue emboscada por la policía de esa galaxia; simplemente por no pasar el control aduanero. Algún...chiflado, según cuenta JJ.

No me extraña que haya salido mal, confiando en un pirata — Yo supongo que nadie más sabe de esto —delimitó Babicheva, aun mas sorprendida con la noticia. Por un lado se sentía aliviada de saber que el clon no había sido sacrificado. Sin embargo, ahora su paradero era desconocido. El regente, negó con la cabeza— ¿Otabek?

—Ya me encargué de Otabek. El problema ahora...es otro —expresó, congestionado con la historia— Al parecer...la capsula en la que era transportado fue enviada a otra galaxia. Una cercana a ella. Vía Láctea —extrajo desde el interior de sus prendas de vestir, un mapa tridimensional de aquel lugar. Los planetas, las constelaciones, las nebulosas, giraron por la habitación— Tengo entendido que hay alrededor de ciento sesenta millones de planetas ahí; con un porcentaje habitable del 5,6%. En pocas palabras...los chances de encontrarle...

—Yo puedo hacerlo —admitió el albino, completamente seguro de sí mismo. Mila, tomó su hombro en un intento por detenerle. La culpa aun rondaba sus pensamientos— Déjeme ir a mí. Yo sé que puedo encontrarle.

—¿Tu? —bufó Yuri— ¿Que te hace pensar si quiera, que te daría permiso para salir de aquí? Eres un convicto ahora, Viktor.

—Porque aun confía en mí —determinó el ojiazul.

—¿Te estás oyendo? —el ojiverde frunció el ceño— Mañana partirás a las lunas de Duhr a trabajar como esclavo ¿Y crees que aun confió en ti? Técnicamente, el hecho de que Yuri ahora este perdido en quién sabe dónde, es culpa tuya.

—Exacto. Esto es mi culpa —señaló Viktor, cabizbajo— Conozco a la perfección mi posición en estos momentos. Estoy al tanto de mis errores. Por favor, permítame hacer esto por última vez antes de ser enviado a las lunas. Quiero...repararlo de alguna forma. Al menos traerlo de vuelta.

Silencio. La mirada afinada y fisgona de su alteza, solo incineraba aun más la conversación efímera que ambos amparaban ¿Podía darle una última oportunidad? Viktor ya no parecía ser el mismo de antes ¿Realmente quería recuperar al clon, o era más bien una excusa para matarlo con sus propias manos? Un ensañamiento justo, para borrar de la faz de la tierra su propio pecado. Con un solo gesto, el rubio ordenó a los guardias desatar a Mila. Seria ella su acompañante.

—Alista todo. Partirán al alba —ordenó, permitiendo su liberación. La bermeja, no demoró mucho en salir del recinto. El perdón real, no era algo que se ganaba tan fácilmente. Una vez a solas, Yuri volteó la mirada, ordenando que también liberaran al científico. Sin embargo...— Viktor —aun había un tema pendiente entre ellos— ¿Recuerdas hace años, cuando viniste a mí para pedirme que te ayudara a financiar tu expedición sobre los Vaneyanos? —este, asintió— Nunca vi tu maldito reporte en mi escritorio.

Nuevamente silencio. Un mutis, que acabaría en definitiva con la verdad.

—Dime qué era lo que estabas buscando —demandó— Aquella vez, cuando te embarcaste solo en ese viaje. Y quiero que seas honesto de una buena vez —estaba en su derecho. Basta ya de mentiras. Nikiforov, suspiró aliviado. Fue realmente como si se hubiera quitado el mundo de los hombros. Sonrió, obviando lo que ambos sabían pero no se atreverían a revelar con palabras.

Amor.

Increíblemente, Yuri Plisetsky se paralizó. ¿Ir tan lejos solo para buscar...un sentimiento? ¿Qué razón entonces tendría, para mentir con algo de esa calibre? Exhaló, rendido a sus propios argumentos. Viktor, es un mar de misterios.

—Mas te vale que esta vez no me mientas. O seré yo mismo quien te asesine —cantó, sin esperar respuesta alguna de su parte; pues se retiraba de la celda tras emitir dicha sentencia. Lo dejaría a su suerte. Y es que dentro de todo, Viktor aun lo tenia de los huevos con el temita de la confianza. Si...aun confiaba en el, a ojos cerrados.

Tras ser liberados, ambos jóvenes regresaron a sus casas para preparar todo respecto al viaje. Seria largo, arduo y con un futuro incierto. Incluso alguien tan "experto" como Viktor, podría temer a lo fortuito. Algo eventual, que le sacase de sus planes. Mas no tenía ya nada que perder. A diferencia de su corta juventud de explorador intergaláctico; su éxodo en busca de lo que algunos seres llamaban sentimientos, estaba apenas comenzando.

No pegó ojo alguno aquella noche. Ya tendría tiempo de descansar cuando pereciera. El tiempo en este planeta, no es tiempo; sino más bien una paradoja interminable. Las estaciones aquí son eternas. Su fiel acompañante cuadrúpedo, se recuesta en sus piernas. El momento apremia a una despedida imprevista. Pasajera, pero apenada. La mirada temblada, precisa, determinada, llena de quien sabe que cosas por manifestar. Bebe un brebaje lleno de esencias rúnicas —alcohol—. Nadie sabe qué es lo que Nikiforov piensa. Nadie sabe que es, lo que Nikiforov siente ¿Un plan sagaz se teje; en la vasta red de representaciones oníricas? ¿O es meramente un vacio carente de pensamientos? La nada.

Amanece en Kentaurus. Los primeros rayos del quinto sol galáctico, se escabullen por la cortina férrea de la morada. Es hora de partir. Ya no hay suficiente esencia en la alacena. Eso le irrita. Alguien llama a la puerta.

—Muchas gracias por cuidar de Makkachin, Chris —retribuye— Se que contigo estará en buenas manos.

—Debes prometerme que vas a volver, Viktor —reprocha, pues a diferencia de Yuri; Giacometti no confía en el. No por el hecho de tener una amistad añejada en conflictos. Si no, porque realmente lo conoce mejor que nadie— Si me llego a enterar, que ya te vale verga la vida...voy a-...

—¿Cuando te he fallado? —rió, pues el menor falseaba el rostro— No me respondas —agrega en un bufido, besando su mejilla con afección— Nos volveremos a ver.

[...]

—Tsk...trabajar en las aguas termales no es para nada rentable —masculló Yuuri entre labios. Acomodaba un paño húmedo en su nuca, pues ese simple acto ayuda a relajar las neuronas— De todas formas...ya no sé si vuelva al periodismo. He sido completamente desacreditado —desvía la mirada hacia el cielo con melancolía— ¿Que haré? —las estrellas, están más brillantes que nunca— ¿Los viajeros espaciales sufrirán de problemas existenciales también? —ríe de sí mismo— Que estupidez...ya me imagino a un extraterrestre teniendo mis complicaciones... —citó— "Los humanos si existen, créanme"

El monologo, se tornaba cada vez más sonoro. Alzando las manos, cual escena de película, Katsuki interpretaba su propia locura en la soledad de los baños termales.

—"No, bueno, mamá ¿Como... te lo explico? Escondo un humano en mi closet. Es redondo y usa anteojos porque no ve ni mierdas"

—¡Yuuri! ¡Ayúdame con los invitados! —ordenó una mujer, a lo lejos.

—¡Ya vooooy! —rezongó el pelinegro— Dios...así no podre irme nunca de mi casa —chistó de vuelta, alzando el puño al cielo— ¡¿Serian tan amables de venir a ayudar con los invitados, también?! ¡Son unos flojos! Tch...

El objeto...

—¿Eh? —pestañeó, palpando las rocas, en un intento de búsqueda desesperada por encontrar sus lentes. Tuvo que limpiarlos, pues estaban empañados por el vapor— ¿No me digas...que eso es...? —un objeto no identificado, rodeado de una bola de fuego enorme; cruzando todo el cielo hasta...estrellarse a solo kilómetros de su casa— ¡No puede ser!

Le costó su resto poder secarse y conseguir algo de ropas limpias. Pero finalmente, lo logró. Alertaron a su hermana y a Phichit; quien tomó un vuelo express, se adentraron en lo profundo de los bosques cercanos a la vivienda. El objeto, había caído detrás del castillo ninja. Armados...únicamente con las ganas, linternas y cámaras. Sería la noticia del siglo. La prueba que Yuuri estaba buscando de hacia años. Seria...primicia. No solo con ello regresaría a las pistas del periodismo investigativo. Si no que también, tendría el único privilegio de conversar de frente con uno de esos seres. La tensión y la ansiedad, se apoderaron de los integrantes del grupo. Esperanzados y al mismo tiempo, temerosos con lo que podrían encontrar ahí. ¿Sería un reptiliano escamoso y con mil ojos? ¿O quizás alguna babosa gigante?

La capsula, estaba ahí. Delante de sus ojos. A pesar de las advertencias de su hermana, Katsuki se adentró aun más a la entidad.

—No dejes de grabar —pidió el pelinegro a su amigo— Que quede todo registrado...

—Yuuri... —pidió Mari— Es peligroso...

Al diablo con el peligro. El corazón, latiendo a mil por horas. El reencuentro estelar que toda su infancia añoró. Nadie le detendría. Examinó la capsula con lujo y detalle. No parecía ser menos terrestre que una nave conocida. El polvo y las partículas de hierro de la propia atmosfera, habían quemado el vidrio. Algo...había ahí dentro.

—Hay alguien ahí...

—"¿Alguien?" —cuestionó Chulanont, pues darle semejanza a un humano con tanta naturalidad...le daba algo de temor— O-oe...no toques nada... —tarde. Indagando con maestría quirúrgica, el nipón había dado con al parecer algún dispositivo o mecanismo de compartimiento para abrir el objeto. Un vapor gélido expelió desde el interior, dándole un susto a los espectadores de retroceder— ¡Yuuri! ¡Aléjate de esa cosa!

Pero entonces...

—¿Qué demonios...significa esto...? —pestañeó. Pues no era ni semejante a lo que realmente imaginó. Era... — ¿Un...niño? —sí. Un niño dormido.

—¿Eh? —la hermana mayor, estaba anonadada— ¿No era un alíen? —ni ella se lo creía. Hasta que finalmente, logro acercarse lo suficiente como para comprobarlo— Cielos...es verdad. Es solo un niño...

—¿Será algún experimento de la NASA quizás? —examinó el Tailandés, bastante confundido.

—No...no puede ser... —declaró Katsuki con total seguridad— Esta clase de tecnología no es terrestre —echando un vistazo al interior de este— Esas ropas...jamás las he visto antes.

—¿Está...? —iba a decir muerto, pero el atrevimiento desmedido del periodista no tenia limites. Y con plena certeza, acercó su oído a su pecho. Similar a un humano, el ser, tenía un corazón latente.

—No. Está vivo...creo... —balbuceó— Pero apenas puedo oírlo. Debe de estar muy débil.

Una tos. Seguida de un vomito amarillento.

—¡ESTÁ VIVO! ¡Y está escupiendo sangre! —saltó Phichit, espantado como una nena— ¡แม่ร่วมเพศ!

—¡NO ME ASUSTES EN IDIOMAS QUE NO ENTIENDO! —la mujer, comenzó a ahorcarle.

—¡เราจะฆ่าทั้งหมด! [?]

—No es sangre. Parece ser...liquido de algún suero para dormir —murmuró el especialista.

No...quiero...morir... —balbuceó Yuri, en un idioma para nada humano.

—Ok...el me la ganó —una gota descendiendo por la sien de Phichit— Eso sí que no lo entendí.

—¿Eh...? — Lo sabia...el no es... — ¡Ayúdenme a cargarlo! ¡Hay que sacarlo de aquí! —ordenó el pelinegro.

—¡¿Qué?! —refutaron al unísono.

[...]

—No creo...que sea buena idea... —murmuró nervioso el camarógrafo— Yuuri, aun continua botando mucho de ese liquido —indicó Phichit, temeroso de las convulsiones del menor. Cada dos minutos, tenía que cambiar el balde— ¿Crees que se esté muriendo?

—Tiene mucha fiebre —examinó Yuuri, tocando su frente. Acomodó un paño húmedo en su rostro— ¿Los extraterrestres también se resfrían? — Si realmente es un ser del espacio, lo más probable es que esté sufriendo una especie de embolia por la gravedad, el clima, el aire, etc. Lo mejor será...vigilarlo —agregó, cogiendo un trozo de papel higiénico para limpiar sus labios.

—¿Estas de broma? Debemos avisarle a las autoridades —enunció el Tailandés.

—Phichit —le agarró de sopetón, sujetando sus bazos con firmeza. Una mirada decretando la complicidad entre ambos— Una vez me dijiste, que creías en mi ¿No?

—S-si...pero-...

—Y también me recordaste, que éramos amigos —su camarada guardó silencio, percatándose de la seriedad del asunto. Incluso de la forma que se pintase, era peligroso mantener "cautivo" a un ser de otro planeta— Este es el momento para hacerlo —le soltó en definitiva.

—No es que no seamos amigos. Ni quiera apoyarte. Pero la idea de mantener un ser de esta calibre, es muy peligroso, Yuuri —acotó— Aun ni si quiera sabemos si es salvaje o no. O si es civilizado. Con que intenciones llegó aquí. Que es lo que busca...—mientras más ahondaba en la situación, mas se abrazaba a sí mismo— Admito que siempre quise ver uno real de cerca. Pero en el momento de poder interactuar, yo...no sé qué hacer —declaró sin más, tomando asiento en la silla de escritorio.

—No saquemos conclusiones apresuradas ¿Si? Vamos a tomárnoslo con calma —manifestó Katsuki, en una manera suave y etérea como para calmar a su amigo— Dudo mucho que esta criatura sea peligrosa. Claramente, su nave se estrelló. Por lo que en estos momentos, vendría siendo como un accidente de tráfico. Esta muy herido. Lo mejor que podemos hacer, es cuidar de él. Hasta que despierte.

—¿Y luego qué? —tanteó Chulanont— No tenemos las herramientas o la tecnología suficiente para curarlo si está enfermo. Es por eso que deberíamos al menos llevarlo a un hospital.

—Nadie puede saber que este ser está en mi casa —sentenció— Ya viste lo que hicieron conmigo, con solo especular de que creía en su existencia. Imagínate lo que le harían, si el gobierno se llega a enterar. Sería su fin —observó a la criatura con melancolía— Y quien sabe por qué, cosas malas ha pasado ya...

—Es verdad...los poderes facticos son terribles —suspiró, aceptando la idea de todas formas— Aun así, no podrás mantenerlo oculto para toda la vida. Cuando despierte...

—Cuando despierte...veremos qué hacer.

—¿Y qué hay de tu madre y los demás? Ella seguro se entera pronto...

—Mierda. Es verdad...—pensó— Mamá, hay algo que tengo que decirte. Oculto un extraterrestre en mi cuarto —negó con la cabeza— Mejor voy pensando en decirle la verdad...

—¿Crees que...lo tome bien? —examinó el camarógrafo, no tan convencido de la idea.

[…]

¡¿De verdad?! ¡Que se quede a cenar al menos! —chilló Hiroko— Le prepararé Katsudon.

[…]

—No fue tan malo después de todo ¿No crees? —rió Phichit.

—No sé por qué te hago caso en algunas cosas —lo miró feo de vuelta— Mi madre se toma las cosas demasiado a la ligera. No se da cuenta que en el fondo, esto es muy importante para mí. Debería poder confiar más en mis habilidades —protestó.

—Yo creo que son tus anteojos. Te dan un toque mas creíble, pero esa panza no lo hace —carcajeó.

—¡¿Jah?! ¡Te voy a-...!

Ambos callaron de forma automática. Puesto que la criatura...estaba despierta. Con tan solo los ojos abiertos, firmes; de penetrante mirada, removió el estomago de cualquier espectador a lo desconocido. Chulanont observó a Katsuki, dando ápices de respuestas no consultadas. Realmente, era aterrador, ya que no movía musculo alguno. El semblante terrorífico plasmado en su rostro, como un cazador investigando a su presa. No importaba a donde caminaran, el muchacho los seguía con los ojos.

—¿Qué crees...que quiera? —musitó el menor— Que miedo...

—Si quisiera atacarnos, ya lo hubiera hecho —susurró bien bajito— Creo que...quiere decirnos algo —agregó, acercándose de manera sigilosa al muchacho— Hola...bienvenido a la tierra...¿De dónde vienes?

El rostro de Yuri, se deformó por completo. Su cerebro, procesaba rápidamente las ondas sonoras de la voz de Yuuri. Una voz, singularmente amena y tranquilizadora; llenándole el pecho de un calor extrañamente llamativo. ¿Acaso era una especie lejana de alguna bestia, como él? Había leído que algunos seres descendían de mezcla con cuadrúpedos del tipo Gorilas, pero nunca imaginó, que aquel muchacho sería tan parecido a él. En conclusión, entendía a la perfección lo que aquel nipón le decía, más aun, no lograba entablar palabra alguna. Los hilos, se le quedaban en la garganta. Tosió, tocándose el pecho con violencia. Una herida certera en su pectoral izquierdo.

Tsk...

—Hey...no te...esfuerces —advirtió el periodista, asistiendo raudo a su queja. Sin embargo, en instantes fue apartado de manera brusca por Plisetsky; a modo de "no me toques". Exhaló— Veo que también tienes carácter —el rubio, desvió la mirada indiferente. Se sentía mareado aun y con muchas ganas de irse a la mierda.

¿Donde...estoy?

—¿Eh? ¿Realmente hablas japonés? —se asombró el ojinegro, esbozando una sonrisa idiotizada con la magnificencia de sus habilidades— ¡Qué maravilla! Entonces si podremos comunicarnos — Lo sabía, estos seres son genios. Seguramente es poliglota — Mi nombre es Yuuri Katsuki. Y estas en el planeta tierra.

¿Planeta tierra? ¿Pero qué demonios? — parpadeó desvanecido— ¿No se supone que Otabek iba a matarme...? — Oe...¿Cómo llegué aquí?

—Etto...tu-nave-se-estrelló —informó Chulanont, alzando las manos y los brazos, como si le estuviera hablando a un retrasado— Caíste-del-cielo.

¿Por qué habla como idiota? —el ojiverde, pestañeó mas impresionado por su estupidez que otra cosa— ¿Mi nave? ¿Eso quiere decir, que no me enjuiciaron? —Ambos amigos se miraron entre sí, con vergüenza. Frunció el ceño— Tú no puedes llamarte Yuri. Porque yo me llamo Yuri.

—¿Tu también te llamas Yuri? —Katsuki rascó su mejilla con timidez— Ah...eh...es un placer conocerte, Yuri.

—Tú. No eres clon —murmuró con hostigamiento. La mirada inquisidora— Tu no te pareces a mí.

—No. Por supuesto que no soy un clon —dedujo algo inquieto con su pregunta— Pero aquí en la tierra, muchas personas pueden llamarse de la misma forma que tu. O tener tu mismo apellido.

—¿En este lugar...pueden haber dos personas así? —examinó, anonadado con la información— ¿Iguales...?

—Claro —sonrió— Somos demasiados. Sobre todo si tienes un nombre muy común o un apellido.

Son...demasiados —redundó en su mente, removiéndose ligero sobre las colchas— Tu...me has curado.

—Yuuri estaba preocupado por ti —dijo el camarógrafo— El...decidió cuidarte hasta que pudieras recuperarte y regresar a tu...¿Hogar? —el rubio, desviaba nuevamente la mirada. Desconocía completamente esa palabra.

—Escucha...—Yuuri tomaba asiento a su lado— No te esfuerces mucho por el momento ¿Si? Hay...hay muchas cosas que quisiera conversar contigo y preguntarte. Tengo mucha curiosidad. Es...la primera vez que veo a alguien de tu clase. No te asustes. Aquí, nadie te hará daño.

Nadie me hará daño —profesó así mismo, observando sus manos mucho más a gusto con ellas. Si bien, se encontraba en un lugar completamente desconocido para él, no era como si temiera por su vida como de antaño. Por primera vez, se sentía cómodo en aquel sitio. Esos seres, despedían un aroma y una esencia única para él, jamás antes vista. Eran inofensivos a simple vista. ¿Pero el hecho de que lo fueran, le hacían confiables? Tendría que averiguarlo — Hambre.

—¿Eh? ¿Tienes hambre...? —ambos profesionales se miraron al unísono. ¿También tenían estomago? — ¿Y...que te gustaría comer? Desconozco tu alimentación —el japonés rascó su nuca.

—Lo que sea —admitió— Pildoras. Savia de Polen. Gotas de épsilon. Brotes de Gajos —pero mientras más alimentos enumeraba con eficacia, mas confundidos quedaban los acompañantes. El camarógrafo, se encogió de hombros al no conocer dichos productos.

—Etto...—Katsuki negó con las manos— No tenemos nada de eso en este planeta. No al menos...con esos nombres. Sin embargo...—extrajo del interior de su pantalón una barra de chocolate— Tenemos otro tipo de alimentación. ¿Quieres un poco?

—¿Huh? ¿Qué es eso? —Yuri ladeó la cabeza, recibiendo la barra.

—Es chocolate. Es dulce. Muy bueno —sonrió.

—Chocolate... —redundó, mordisqueando el dulce con envoltorio y todo. Yuuri se espantó, removiendo el papel de inmediato. Ahora, libre a sus ojos curiosos de niño, olfateó primero por los bordes antes de pasarle la lengua como un perrito. El sabor empalagoso, no tardó en hacer efecto en su paladar. La mirada, se encendió como un enamorado en primavera— ¡Oh, oh, oh! ¡Es delicioso! ¡Es lo mejor que he probado en mi vida! —aulló extasiado, devorando prácticamente de un mordisco todo lo que pudo abarcar.

—O-oe...tómatelo con calma. Si comes mucho, enfermaras —espetó Phichit.

—Ah. No hay problema con eso. Yo no enfermo —admitió Plisetsky, relamiendo la comisura de sus labios completamente manchada del dulce café— ¿No tienes...mas?

¿Estos tipos...son inmunes? —Yuuri hurgueteo en sus bolsillos, teniendo conciencia que solo traía esa barra. De pronto, se sintió amenazado con el examen insistente por parte del rubio. Le olfateaba cual animal salvaje, buscando en el, algo que fuese comestible. No pudo evitar sonrojarse con aquella intromisión tan...intima— E-eh...l-lo siento. No traigo mas...—contestó nervioso, sin medir mucho lo que salía de sus labios. La mirada zafiro; penetrante, le robó el aliento. Sus manos, acabaron en sus mejillas, acariciando sutil la textura de su piel— ¿P-pasa algo...?

—Tú eres...diferente.

—¿Qué?

Se retrajo sobre sí mismo, volviendo a su puesto de origen. Yuri suspiró, haciéndose bolita en la cama.

—Voy a dormir ahora...un poco —determinó sin más. No hacía falta decir, que en realidad les estaba ordenando a marcharse de la habitación. No estaba acostumbrado a que le vieran dormir. En pocos segundos, tanto Katsuki como Chulanont salieron de la pieza.

Sin importar lo mucho que Phichit se cuestionara la situación y, la manera en la que estaban sobrellevándola, el sentimiento que ahondaba el corazón de Yuuri era completamente distinto. Ansiedad. Alegría. Excitación, pues al fin estaba cumpliéndose uno de sus mayores sueños y logros desde aquel encuentro de pequeño; un ser interplanetario, durmiendo en su cama. Le costó su resto poder regular sus latidos. Tras anunciar que dormiría "un poco", Plisetsky permaneció dormido una semana. Fue realmente, como si hubiese entrado en estado de coma inducido. Quizás, en su vida había dormido de esa forma. Tan tranquilo y placentero. Durante todo ese tiempo, Yuuri se encargó de informarle tanto a su familia como a sus amigos y conocidos, del inusual ser que se hospedaba en su casa. De vez en cuando, Yuuko y sus hijas entraban para verle dormir. Lo que para la fémina, era tan solo un niño de no más allá 16 años. El periodista, se encargó personalmente de su cuidado durante esa prolongada estadía de sueño. No dejaría que nadie le hiciera daño. No al menos, hasta que no hubiese comprobado bien su procedencia. Estaría dispuesto a dar su vida, para proteger ese secreto.

Con la ayuda de su hermana, ocultaron muy bien la capsula en el patio trasero de las aguas termales. Cualquier indicio o rastro extraño; de que algún objeto no identificado hubiese caído ahí, fue borrado. Una escena limpia de lo que quizás, podría ser un meteorito desintegrado al chocar con la ionosfera. Ahora...esperaría paciente a su añorado despertar.

[…]

—¡Eres un idiota! —un golpe certero en el rostro. Sus compañeros, evitaron que se diera un golpe contra la pared de la habitación. El capitán, está furioso.

Planeta Kentaurus. Guardia Real.

—¡L-lo sentimos, señor! —se disculpó uno de sus hombres, arrodillado en el suelo con total sumisión— ¡E-en verdad creímos que era usted!

—¡¿Como demonios se pueden hacer llamar, guardia real?! —bramó Otabek— ¡Fueron engañados por un embustero! ¡Son todos una tropa de ineptos!

—Fu-fue imposible dudarlo —inquirió uno más adulto que los demás— Se movía igual que usted, hablaba igual que usted. Incluso, introdujo la contraseña correcta en la celda.

—Ghn...—gruñó Altín, alzando una vez más la mano para golpearlos. Sin embargo, se retractó. No estaba en condiciones para hacerlo, ya que el propio inquisidor del incidente; era el más idiota de todos. Mas avergonzado que nunca, se retiró del recinto con impotencia. No por el solo hecho de haber sido engañado. Si no, porque el engaño había sido protagonizado por el príncipe. Su príncipeCarajo...bajé la guardia de la peor forma. ¿Cómo no darme cuenta antes...que era falso? —chasqueó la lengua, asqueado con su propia personalidad. Reingresó a los andamios para montar un vehículo aéreo. Uno de los guardias, estaba ahí— Infórmale al príncipe que solicito una audiencia para verlo. Es urgente.

[…]

Ahí estaba el general. Delante de él. Tan recio como siempre, con su porte gentil pero a la vez enérgico. Tieso como una maldita estatua religiosa. El sutil nerviosismo infundido en sus pómulos, ligeramente coloreados de un carmesí demasiado delatador para ser cierto. Un avergonzado capitán Otabek, reverenciaba. Los sentimientos encontrados, atacando su abrumado pecho. La conciencia...sucia.

—¿Que se te ofrece, Otabek? —indagó el regente Plisetsky, con total normalidad; sin ápice de sospecha. Una jovencita bien moza, peinaba su dorado cabello. Le observó a través del reflejo de su espejo— Se breve por favor. Estoy algo ocupado ahora.

—Majestad...—tragó saliva, hilando muy bien sus palabras antes de hablar. Se quitó el sombrero, definiendo a la muchacha con una mirada afilada. Yuri alzo la mano, pues no permitiría que su chica dejara el lugar. Se quedaría ahí, a escuchar lo que tenía que decir. La tensión, lacerando sus intenciones— ¿Usted a-..?

—Así es —determinó el ojiverde, cerrando los parpados con tranquilidad. Sin desdén alguno, admitiría sus cargos— Yo lo liberé.

—¿Por qué? —cuestionó.

—¿Por qué, que?

—¿Por qué lo hizo?

—¿Disculpa? —refutó Plisetsky, girando el cuerpo hacia él. Alzó una ceja, obligando al militar a reverenciar con respeto— ¿Acaso estas cuestionando mi autoridad?

—Eso nunca, excelencia. Usted sabe que yo jamás pondría en duda sus decisiones. Pero...¿Qué hay de Viktor y Mila?

—Viktor y Mila cumplirán su condena, en cuando se encarguen de un asunto importante para el imperio —decretó en seco, dando por finalizada la conversación. No obstante, Otabek aun permanecía de pie delante de él. Sin intenciones aparentes de retirarse, el regente frunció el ceño— ¿Algo más que acotar, capitán Altín?

—Eh...si —dudó unos segundos, antes de reanudar la plática— Es sobre...bueno...ya sabe. Lo que pasó la otra noche...—poco a poco dilucidaba dar aires de sus verdaderas intenciones del reencuentro. Plisetsky suspiró hastiado con su consulta.

—Fue una ilusión, Otabek. Tan solo eso —declaró, percatándose de la decepción en los ojos ajenos— Y supongo que también quieres saber el por qué, lo hice ¿No? La razón es simple. Y tú la conoces muy bien. El pelinegro, dio una reverencia sutil encaminándose de vuelta hacia la puerta. Yuri le detuvo—Espero no estés insinuando que realmente lo disfruté. No te confundas. Yo no soy esa clase de hombre.

—No está en tela de juicio sus gustos —expresó abatido, observándole por sobre el hombro— Pero si de algo sirve saberlo...a mi realmente me gus-...

No quiero saberlo.

Una conversación inédita, llegaba a su fin. Sin más preámbulos, Otabek Altin hizo abandono de la plataforma. Esta vez, sería distinto a las demás veces en las que solo agachaba la cabeza y acataba ordenes. Yuri podía ser el rey de todo un imperio; pero llegar a dominar su corazón de esa manera tan maquiavélica, no tenia limites. No sería perdonado. Incluso obviando el hecho de haberse saltado su propia autoridad como líder de la milicia. La humillación era doble. No solo por jugar con su orgullo, si no porque también era desechado como un objeto sin sentimientos. Empuñó las manos, llamado a uno de sus subordinados.

—Reúne a tus hombres. Quiero un informe completo esta tarde en mi escritorio, sobre la "supuesta misión" otorgada por el príncipe a los criminales

—¿Criminales...señor?

—Los malditos criminales —masculló con ira, tomando su uniforme por el pecho. La mirada reacia— Viktor Nikiforov y Mila Babicheva. Cualquiera que desee aportar información valiosa con el imperio, tendrá una recompensa por ello. Ve y diles.

—¡S-si señor!

Esto no se va a quedar así...Yuri Plisetsky.

[…]

—Al fin despiertas —murmuró Yuuri Katsuki, trayendo consigo una bandeja con alimentos— Mi madre a preparado Katsudon. Pensé que quizás te gustaría —esbozó una sonrisa afable, entregándole una cuchara— Cuidado que quema

—¿Katsudon? —cuestionó, abriendo y cerrando sus fosas nasales con insistencia. El aroma era embriagador, incluso para una mascota cualquiera. El vapor que emanaba del tazón, indicaba una alta temperatura. Ni se inmutó al tomar el trozo de carne con la mano. Automáticamente, chilló— ¡Mierda! Quema...—recordó entonces las palabras de Viktor.

Esto es el dolor fisico, Yuri.

Dolor físico...—musitó.

—Te dije que estaba caliente —exhaló rendido. Limpió la comisura de sus labios con sutileza; ayudado de una servilleta que traía— Ten más cuidado para la proxi-...—le detuvo. El rubio, tomaba su mano con firmeza sin permitirle escapar de su agarre. Le observó a los ojos, con una de esas miradas penetrantes que congelan a cualquiera. La tensión, no tardó en dibujarse en sus pómulos teñidos de rosa— ¿Y-Yuri...? ¿Pasa algo?

—Me gustas —admitió sin más. Quizás, con demasiada naturalidad para ser cierto.

—¿D-disculpa...? —inquirió, con el corazón a mil por horas.

—Me gusta también esta comida. Y este lugar —agregó el Kentaurino, dejando que el muchacho le enseñara a como ingerir los alimentos. Estaba dispuesto y abierto a conocer su cultura, dejando de lado su personalidad atolondrada— ¿Qué debo hacer si está caliente? —preguntó, sin tapujos.

Tuvo que exhalar de vuelta para no perder la cordura del momento. Ese muchacho...claramente no tenía ni la menor idea del contexto que se le podía dar a la palabra "gustar". Sin embargo, si bien Yuri parecía ser un humano mas dentro de todos, muy pronto descubriría que lo único humano de él, era su apariencia. Le enseñó a soplar con la boca, generando el aire frio necesario para poder comerlo. Plisetsky asintió y dentro de pocos segundos, ya comía como todo un experto. No le costó mucho trabajo explicarle el contenido del platillo y sobre cómo se preparaba todo.

—Dime...dime una cosa, Yuri —murmuró el periodista, livianamente dubitativo en sus palabras— ¿Serias tan amable de enseñarme de tu cultura?

—¿Mi cultura? —extrañado, cuestionó— ¡Oe...esto esta delicioso! —agregó, con los ojitos llenos de jovial alegría.

—Me alegra mucho —admitió aliviado— Es mi plato favorito. Mi comida favorita.

—¡¿De verdad?! ¡Ahora es mi comida favorita también! —tragó, saboreando con más gusto ahora que ambos tenían algo en común. De alguna manera, eso le hacía sentir mas cómodo y...en un hogar— ¿Te refieres a mi planeta?

—Si —murmuró— Con respecto a eso-...

—Te enseñaré —decretó sin más. Decidido a devolverle la mano como fuese, después de todo había salvado su vida— Te diré todo lo que quieras saber de mi planeta. Si tú me enseñas del tuyo —sus negros orbes se encendieron como dos platos enormes.

—¡Por supuesto! Te enseñare todo lo que gustes —aceptó, estirando su mano para ser estrechada. Estaba mucho más que satisfecho. Por fin...por fin después de tantos años, aprendería de una fuente directa sobre una raza de inteligencia superior distinta a la suya. Yuri observó su mano con recelo— Ah...disculpa. Debes estrecharla.

—¿Por qué?

—Porque...estamos cerrando un trato. Es lo que hacen los caballeros —asintió.

—Yo no soy caballero. Ellos viven en la luna de Elatrán —explicó el viajero espacial.

—¿Qué...? —una gota deslizándose por su sien.

—Aish...olvídalo —estrechó su mano con tal fuerza desmedida; a lo que Katsuki respondió con un bramido intenso. Comprobó su diestra, desanimado con lo que descubrió. Esos seres eran mucho mas frágiles que el— Eres demasiado débil para ser tan gordo.

—Itte...—farfulló, aguando sus ojitos— Se dice "perdón" —protestó, notando como el rubio desviaba la mirada con timidez.

Perdón...

Bien. Aunque haya sido de mala gana, al parecer Yuri era un chico dócil y sociable. Yuuri sonrió, tomando las colchas para ordenar un poco la cosa. Le llevaría a darse un baño y de paso, a conocer un poco su entorno. Después de todo, estaban en unas aguas termales. A pesar de mostrarse reacio a descubrir lo que había fuera de la habitación, la curiosidad felina que le caracterizaba una vez más abrumaba sus pensamientos. ¿Todo era real aquí? La hierba fresca del patio trasero, espinosa bajo sus deditos. El aire gélido, junto con los sonidos de las aves; entremezcladas con la música del mar. Los arboles revoloteando de un lugar a otro. El olor a tierra, a los platillos de la avenida principal, los chicos en bicicleta, la gente pescando, los cántico de la ciudad. Armonía. Yuri era un universo, en la palma de su mano. Un concierto de sonidos y sensaciones por descubrir con amateurismo.

—¿Qué es esto? —indagó, apuntando sobre una revista de modas. Los colores llamativos, incitaron su morbosa curiosidad.

—Eso se llama Moda —explicó Yuuri— ¿No existe eso en tu planeta? —este negó en respuesta.

—En mi planeta todos visten igual. Solo los nobles o los principes- … —se detuvo de golpe. Esa simple frase le había amargado el día— Tch...los príncipes. ¿Todos podemos ser príncipes aquí, no?

—En mi planeta, no todos pueden ser príncipes. Se nace así —explicó— Sin embargo...puedes vestirte como uno.

—¿De...de verdad?

—¡Por supuesto! Puedes elegir la ropa que gustes —acotó, dibujando una sonrisa gigante en su rostro— Eres libre de elegir lo que más te guste.

Lo que más me gusta... —Yuri gimoteó, señalando un regocijo incontrolable. No estaba aun del todo acostumbrado a esas emociones llamadas "sentimientos" y que aun, desconocía por nombre— En mi planeta, los príncipes visten pieles de criaturas.

—Ya veo. Te gusta el Animal Print —indicó Katsuki, cogiendo su mano— ¡Vamos por ello!

—¡O-oe! —intentó zafarse— ¡¿Cómo es que ahora si tienes fuerzas?!

[…]

—Capitán, le tengo buenas noticias —presentó un soldado raso— Hallamos a un sujeto que tiene información valiosa con respecto a la misión.

—Excelente —una sonrisa pécora, diseñada en su rostro— Llévame con él.

Centro clínico civil. Planeta Kentaurus.

—¡Alto! ¡Usted no tiene permitida la entrada aquí! —le detuvo una androide del tipo enfermera. La que violentamente fue apartada por el propio militar.

—¡A un lado, pedazo de chatarra! —rugió el pelinegro. En la entrada, se encontró con uno de los doctores de pasillo. Un muchacho de alguna raza extranjera, con apariencia azulada— Ábreme la puerta.

—¿Qué demonios cree que hace? —protestó— Este es un recinto de descanso. No puede llegar y entrar como si nada. Necesito ver su permis-...—el hombre, fue golpeado impulsivamente contra la puerta.

Aquí tienes mi permiso —amenazó, empuñando con brusquedad el cañón de su arma; contra su estomago. Completamente reducido y aterrado, el muchacho accedió. Raudos, ahuyentaron a los demás internos. Tras ser abierta la puerta, los hombres de Otabek permanecieron afuera. Solo el entraría.

En el interior de la habitación, un joven conectado a una capsula de reanimación, despabilaba con la nueva presencia.

—¿Y tu quien eres? —parpadeó, aturdido aun por las drogas.

—Jean Jacques Leroy —determinó con sombrías intenciones. Su arma, siendo apuntada directamente a su cabeza— En nombre de su majestad el rey, quedas bajo arresto por alta traición

—O-oe...espera...no te conozco —una gota deslizándose por su sien. A duras penas se removió bajo tantos cables— Yo no he traicionado a nadie.

—¿Secuestrar al príncipe Plisetsky, no es alta traición?

—¿Yo? Es-espera...yo no lo he secuestrado —argumentó el azabache, pávido por las declaraciones— Te lo juro. Solo fue un accidente. Yo no sabía que nos encontraríamos con la policía aduanera. Ya se lo expliqué al tipo con cara de depravado —Christophe.

—¿Policía aduanera? —frunció el ceño— ¿Hacia dónde te dirigías?

—Andromeda. El príncipe me dijo que quería una largas vacaciones en algún lugar muy lejano —reveló— Iba a llevarlo con su tío al planeta Galantis, pero nos detuvieron.

—¿Dónde está?

—¿Qu-que cosa...?

—¡¿Eres estúpido o qué?! —recargó el arma— ¡¿Donde mierda está el príncipe?!

—¡Yo no lo sé! —chilló JJ de vuelta— ¡Nos emboscaron! ¡La capsula desvió su trayecto a la galaxia vecina!

—¡¿Que galaxia?! —bramó Otabek.

—¡VIA LACTEA!

—¡¿Y POR QUE ME GRITAS?!

—¡PORQUE USTED ESTÁ GRITANDO PRIMERO!

—Tch... —farfulló, guardando su arma— Eres un estúpido.

—Lo sé —admitió, ya más calmado al ver como guardaba el artefacto— Pero el señor Giacometti me dijo que ya tenían todo resuelto. Y que irían por él.

—¿Que dices...? —en shock— Era eso entonces. Viktor y Mila en estos momentos están... —¡Guardias! —aulló, dejando ingresar a dos sujetos que permanecían haciendo escolta afuera— Vigilen a este idiota. Lo más seguro es que sea contactado por el otro criminal y si ven algo raro, ya saben qué hacer —los hombres se endurecieron en su postura— Cabo, prepare mi nave.

—¿Señor...?

Es hora de ir a dar un paseo a la Vía Láctea...