Galaxia de Nan-Esath. 3:071 horario lunar. 12 años atrás.
—¡Viva el general Altín!
Los ciudadanos de Mu-Scorpii celebran la nueva victoria. La guerra ha llegado a su fin, siendo victoriosos por una exitosa carrera militar del padre de Otabek. Con el nuevo logro, los poderes facticos de las demás galaxias caen rendidos a un anónimo tratado de comercio. La paz reina por primera vez en mucho tiempo. La firma de avenencia, se sella con un anillo de compromiso entre el líder de cada galaxia, siendo aprobado por un consejo de siete ancianos. Nadie llora. Todos celebran esa noche en la gran cúpula del palacio. Todos, menos uno...
—No te veo demasiado contento —inquirió Yuri Plisetsky, deslizándose hacia el— ¿No eras tú, quien mas deseaba la paz entre las dos galaxias? —redundó— ¿O es que acaso ya no te gusta la idea de quedarte quieto en un solo lugar?
—Usted realmente me conoce muy bien, majestad —reverenció Viktor— Quizás no le sea de su agrado, pero durante la guerra tome mucho partido de la situación.
—Lo sé. Lo leí en tus reportes —murmuró de vuelta, dando un vistazo a la celebración desde lo alto del balcón— Tus expediciones militares dieron frutos. Diste en el clavo sobre muchas nuevas investigaciones y armas de destrucción masiva. Es por eso, que ahora te quiero aquí. Donde mis ojos te vean. Necesito levantarme de esta maldita silla.
—Como he dicho —sentenció Nikiforov, gesticulando una sonrisa sínica— Usted realmente me conoce muy bien.
El silencio otorgó una brisa tensa en el ambiente. El rubio juntó el entrecejo.
—¿Que es lo que quieres, Viktor?
—Una expedición mas —demandó el albino.
—¿No estamos teniendo esta conversación, verdad?
—La estamos teniendo.
—De ninguna manera.
—Todo llega a su fin algún día.
—¿Acaso no te fue suficiente con ver todas esas muertes durante la guerra? ¿Qué demonios te ocurre? —chistó Yuri, mas asombrado que cabreado.
—Lo tengo calado en mi estructura ósea —susurró, casi inaudible. Lo suficiente como para que el ojiverde captara el mensaje. El regente apretó los labios. No estaba del todo seguro si emitir sonido alguno después de aquella declaración o no— ¿No cree que allá afuera, pueda haber algo más?
—¿Algo...mas?
—Sí. Algo más. Algo mas allá que la simple muerte —acotó el ojiazul, observando las lunas en lo alto del manto galáctico— Incluso si el universo o el tiempo, fuesen eternos, incalculables. Hay gravedad en todo lo que tocamos, vemos o percibimos. Pero...¿Y qué tal si hay algo mucho más grande que todo eso?
—¿Estas usando drogas? —espetó Yuri— No hay nada mas ilimitado que el universo. Es infinito. Eso todo el mundo lo sabe.
—¿Y si no lo fuese? —cuestionó— ¿Y si tan solo, el universo estuviera aquí mismo?
—¿A qué quieres llegar, Viktor? —suspiró ya rendido el príncipe. Se tomaba la cabeza en son de estar sobrecalentándose. El científico, frunció el ceño en respuesta. Tal vez ofendido con la falta de inteligencia del líder planetario. O peor aún, molesto por su estupidez a la hora de expresarse. La comunicación no era parte de su trabajo investigativo. Le dio la espalda, expresando su pensamiento por sobre el hombro.
—He oído de una raza de seres sumamente fascinante —reveló— Viven en la galaxia de Vanesh. Se hacen llamar Vaneyanos y tienen una cultura altamente avanzada, a base de crear vida a través de la naturaleza misma.
—He oído hablar de ellos. Pero solo en cuentos de niños —musitó Plisetsky con sutil dejo de incredulidad— Creí que estaban extintos. Ya sabes, una raza de seres que no aprecian los conflictos bélicos, nunca duran.
—Somos seres bélicos —admitió Nikiforov— Pero ellos no. Al parecer...hay algo mucho más infinito que los mueve. Algo que solo los dioses podrían otorgarle al más sabio. Y ni así, con todos mis estudios podría llegar a estudiarlo.
—¿Los dioses? ¿Te refieres a...?
—Iluminación.
—...—Yuri aguantó la risa— En serio...¿Quieres que financie una muy costosa expedición para ir en busca de tu iluminación? Tienes que decirme que te inyectas —bufó.
—¿Tan banal sueno? —carcajeó el mayor. Sin embargo, algo que realmente había comenzado como una broma tomaba un rumbo completamente distinto. Era cierto. Realmente le estaba pidiendo ayuda para aquella expedición. El rubio, rascó su mejilla con una sutil gotita deslizándose por su sien. O el era demasiado irreflexivo o Viktor definitivamente estaba fuera de sus cabales.
—Tengo que admitir que estoy algo aturdido —suspiró rendido, regalándole una sonrisa ladina— Pero está bien. Será tu última expedición. Luego de ello, te retiraras como militar y trabajaras para mí en tu laboratorio.
—Es usted tan grande como generoso —halagó el profesional, generando una reverencia mucho más respetuosa que antes— Deseo una nave para mí solo y provisiones para dos meses lunares.
—¿Qué? ¿Iras solo? —impugnó— Al menos deja que te acompañe Chris.
—Me temo que tendré que rechazarle. No podré encontrar lo que busco si voy con más gente. Me distraería.
—¿Si quiera sabes lo que estas buscando? —rebatió Yuri. Viktor sonrió. No era la respuesta que estaba esperando de el, pero así le aceptaba. Confiaría en él una vez más— Los datos económicos serán cargados a tu base virtual. Espero ver tu reporte en mi escritorio cuando vuelvas —ordenó— Ah...y Viktor —sentenció— Mas te vale que regreses con vida.
—Como siempre, majestad...
[...]
Hasetsu, en la actualidad.
—¡¿En verdad es un ser del espacio?! —vociferó Lutz, una de las gemelas Nishigori. Rápidamente, sus hermanas desembuchaban celulares.
—¿Hace falta gritarlo? —discutió Yuuko— ¡Hey! ¡No empiecen con el paparazzi!
—No lo parece —indicó otra de las niñas— Se ve bien normal.
—¿Verdad que si? —Katsuki admitió nervioso, acomodando sus anteojos de mejor forma. Sin embargo...ya había descubierto algunas cosas para nada humanas de el— Pero créanme cuando les digo...que no es humano. Es un viajero del espacio.
—¡Shhh! ¡Cierren la boca! ¡Quiero ver Masterchef! —chilló Plisetsky desde el otro lado de la habitación. Ideas de Hiroko[?]— Woah...¡Hay mucha comida ahí!
—¿Tienes hambre ya? —sugirió la señora Katsuki— Prepararé Katsudon.
—¡Si, si, si por favor! —saltó Yuri, mordisqueándose el brazo.
—Que bien que pueda comer todo el día y no engorde como Yuuri —se burló Toshiya.
—Gracias papá. Yo también los quiero —aceptó el periodista, mas avergonzado que nunca. Suspiró— Como les decía...Yuri no es para nada normal...
Recordando:
Ya se ha peleado tres veces con Vicchan por un plato de comida.
—¡GRRR! ¡LARGO PULGOSO! ¡ESTE ES MI PLATO! —aulló el rubio, mordisqueándole las orejas al can.
A veces duerme dentro del closet.
—¿Serias tan amable de pasarme una de mis chaquetas? —consultó Yuuri, abriendo el closet. Una mano estirada le entregaba la prenda de vestir— Muchas gra-...—y era violentamente cerrado.
No le gusta bañarse, creo que le da fobia el agua en general. Pero no he tenido problemas con meterlo a las aguas termales.
—¡¿Qué demonios con esa babosa?! ¡Aleja eso de mi! —gruñió, tapado en jabón.
—¡No es una babosa! ¡Es una manguera! —advirtió Yuuri, tan desnudo como él. Le estaba correteando por todo el baño hace más de media hora— ¡Ya quédate quieto!
—¡GHN! ¡NO ME GUSTA! —chilló, tirándose a las aguas termales en una forma de escapar.
Se come todo lo que ve y no engorda ni un maldito gramo —lo envidio— De vez en cuando persigue a los autos. Tiene una fuerza increíblemente desmedida, por lo mismo mi madre siempre le pide ayuda para mover muebles o cosas así. Puede hablar prácticamente todos los idiomas de este planeta, incluyendo los de sus planetas. Dibuja como si fuese diseñador grafico y prácticamente es capaz de resolver todos los problemas matemáticos del mundo mundial. Incluso el Zudoku.
—¡Y el crucigrama del periódico! —alardeó el ojiverde desde la otra esquina de la casa. Alzaba el papel de un lugar a otro, hasta que finalmente lo miró, y comenzó a comérselo.
—¡¿YURI?! —Katsuki al rescate.
Y así, ha pasado ya un mes. Las muchachas decidieron ponerle "Yurio" al ser espacial, para no confundirlo conmigo. Ya que cuando mi madre nos llamaba a comer era un caos[?]. El chico me ha contado cosas asombrosas de su universo. En su planeta, la gente prácticamente no envejece. El tiempo en el espacio, tal y como afirman muchos, es relativo y no tiene principio ni fin. A menos que uno se lo busque. No existe el dinero. Las personas compran cosas con datos cargados en lo que podría llamarse "cuenta de ahorros" la cual, técnicamente es de cualquier sujeto que viva bajo el yugo del imperio. Ellos también se rigen bajo sistemas políticos, lideres y cabecillas. Pero lo que más me ha llamado la atención, es la cantidad de guerras que se han librado ahí afuera. Ni se comparan a las nuestras. Cuando el poder es infinito...el peligro es mucho mas grande. Y a diferencia de aquí, allá no desaparecen ciudades. Sino planetas, o galaxias enteras. Si te pones a pensar solo un segundo en ello, no somos más que un punto diminuto en la nada.
Plisetsky me pidió ir a ver su capsula. En ella, descubrimos la trayectoria que había tenido y la grabación de la nave. Me comentó entonces, él como había llegado aquí y su historia en escuetas palabras. Aun se mantiene receloso con ese tema. No tiene padre ni madre. Pero si habló de un creador. He deducido que debe de ser alguna especie de Deidad o Dios para ellos. Con el golpe que se dio al estrellarse parte de sus recuerdos se borraron. Dice no recordar mucho, y es mejor así. No deseo presionarlo a hablar demás o incomodarlo. Quiero demostrarle...que aquí en la tierra podemos tratar muy bien a los astronautas del espacio.
[...]
Distrito de Shibuya, Tokio. 12:04 pm.
En realidad no habíamos dejado Utopia Akatsuki desde su "inoportuna" caída del cielo. Pero tampoco podía dejarlo solo en casa por tanto tiempo. Tokio era una ciudad completamente distinta a Hasetsu. Cosmopolita, atrevida, sin ningún escatimo en sonidos ni colores. Temí por unos instantes que Yuri se espantara; mas no lo hizo. Y en caso de que se perdiera, le colgué un rastreador en el cuello. Sus instrucciones eran claras y regularmente obedecía. Suele maravillarse con todo. Desde una mariposa hasta una ardilla. Es por eso que no puedo quitarle los ojos de encima ni un solo segundo.
—Escucha, no puedes comerte todo lo que pilles. Hay cosas que te pueden enfermar —volvió a repetir Katsuki a modo de regaño.
—Ya te dije que no me enfermo —aclaró nuevamente cabreado.
—Es cierto... —consintió, escuchando con estruendosa melodía el estomago resonar del menor— Demonios...realmente tienes hambre.
—Si tuviera mis pastillas todo sería distinto —chasqueó la lengua, sentándose sobre una banca.
—Yuri —llamó, captando su atención— Tengo que entrar a ese edificio. ¿Lo ves? —apuntó— Ese es mi empleo.
—¿No dijiste que te habían despedido?
—Pues sí. Y hoy pretendo lograr que me contraten de nuevo. Gracias a ti —dijo, gesticulando una sonrisa— He escrito todo lo que me has contado de tu planeta. Y también, lo he grabado. Pretendo mostrárselo a mi jefe para que me crea de una buena vez, que tu existencia si es fidedigna. Mucha gente cree aquí, que ustedes no existen.
—¿Si? Pues que tontos —objetó, cruzándose de brazos— Y yo pensé que ustedes eran los que no existían.
—Una verdadera paradoja sin duda... —concedió pensativo. Sacó la billetera y le entregó un par de billetes— Ten. Si te da hambre, usa esto. Te ayudará. No tardaré. Y no te alejes mucho —echó carrera hasta la gran construcción.
Sería entonces el único chance o LA GRAN oportunidad del siglo. Poder convencer a Celestino de que la vida fuera de la tierra era real y estaban aquí, entre ellos. Por fin estaba preparado para eso. Lo hubiese concretado, de no ser porque al llegar al noveno piso de la revista, dos hombres vestidos de negro resguardaban la entrada del lugar. Si. Literalmente los hombres de negro. Tragó saliva, haciéndose el desentendido del asunto. Tuvo que dar media vuelta, pues se notaba que buscaban a alguien. Probablemente, a el mismo. Se quitó los anteojos y se cubrió el rostro con la ayuda de una revista abierta. Se sentó a esperar, percatándose que uno de los sujetos salía desde la oficina de Cialdini.
—No veo ni una wea...
—Quedo a la espera de su llamado, director —concretó el tipo, estrechando su mano con frialdad. Tozudo en su postura, Celestino acordaba un pacto insoluble— Es muy importante poder recibir cualquier información valiosa del asunto.
—No se preocupe, coronel. Lo haré apenas tenga algo.
—¿Coronel? ¿Qué hace el ejercito aquí?
—Más le vale. Su reputación está en juego —advirtió— Solo usted podría saber donde cayó esa cosa.
—¡Que mal, que mal, que mal! ¡¿Están hablando de Yuri?!
Los hombres se retiraron del lugar, dejando a un Celestino bastante abrumado. Como si no tuviera problemas suficientes.
—Director, tiene una entrevista —indicó la secretaria.
—Arg...demonios. ¡No estoy para entrevistas! —ladró— A menos que sea el tonto de Katsuki.
—El joven de-...¿Ahre? —pestañeó pasmada— No está...
—¡Pues menos mal! ¡Tengo suficientes problemas ya! —bramó, dando un portazo.
Eso no había estado para nada bien. Ahora Celestino sería la última persona en la cual confiar. Ni hablar de recuperar su empleo. Si los del ministerio de seguridad interior estaban al tanto del asunto, eso quería decir que buscarían a Yuri a como dé lugar. Por nada del mundo debían enterarse. Aprovechó la oportunidad para fotografiar las patentes de los vehículos, los rostros y un sigiloso seguimiento hasta que se marcharon. Tendría entonces que recurrir a otras instancias ahora.
—Demonios...¿Eso quiere decir que más gente lo vio? —se mordió el dedo, intensamente nervioso. Lo mejor sería dejar el caso en paz hasta que las aguas se calmaran— Será mejor que volvamos a Hasetsu. Solo ahí estará seguro.
[...]
Impulsado solo por su instinto digestivo, Yurio concibió seguir el aroma dulce de un hombre que llevaba consigo un Creepe recién horneado. La esencia era demasiado embriagadora como para desorientarle. Fue así como acabó a las afueras de un establecimiento para adultos; en donde unas muchachas bien mozas y vestidas de ceñidos disfraces de sirvientes alentaban a los varones o mujeres a ingresar. Hubiese ingresado de no ser por una mano gentil tocando su hombro.
—Disculpa —le detuvo una muchacha rubia, de apariencia dulce— No puedes entrar a este lugar a menos que seas mayor de edad. Es un lugar de adultos.
—Esta chica...huele delicioso —tragó saliva sintiendo arder el rubor en sus mejillas. Despabilándose, dio un paso hacia adelante sujetando con decisión aquella mano dócil que le hurtaba— No soy un niño. Soy un adulto.
—¿Eh...? — ¿Será un enano? Se ve de dieciséis — ¿Qué edad tienes jovencito?
—Tengo doscientos años.
—¿Qué...? ...
—Oye... —jaló su brazo; esta vez mucho más violento que antes. Aun le costaba trabajo medir su fuerza— Hueles bien. Chocolate. ¿Por qué? —olisqueó la parte descubierta de su extremidad, indagándola casi con una morbosa curiosidad. Los ojos filosos cual depredador esperando atacar a su presa— Me gustas.
—¿Q-que haces...? —se defendió— Es mi jabón quizás. O el perfume... —refutó, dando un paso hacia atrás— O-oe...ten cuidado. Me haces daño.
—Quiero comerte —admitió, relamiendo la tersa piel antes de desenfundar los dientes.
—¡¿Qué demonios?! ¡¿Eres una clase de pervertido o algo así?! —chilló la muchacha, alertando a los guardias del interior— ¡Kyagh!
El alarido terrorífico de la fémina, le arrebató la hipnosis de su hechicera loción. Apremiado a huir de los guardias, echó carrera a una viveza sobre humana por los basurales del callejón contiguo. Hubiese sido absurdo seguirle con esa velocidad. Uno de los sujetos se tomó la cabeza.
—¿Que mierda era eso...?
—Quizás el Chupacabras...
[...]
—Tsk...demonios. Aun tengo mucha hambre —masculló entre dientes; desalientado, hurgueteando en el interior de su bolsillo. Extrajo un par de billetes y los observó con insistencia— Esto...
—Si te da hambre, usa esto.
Justo en frente de él, había una heladería.
[...]
—¡Yurio! —rezongó Yuuri a modo de sermón— ¿Dónde diablos te habías metido? ¿No te dije que te quedaras aquí?
—¡Tch, no molestes! —se defendió de mala gana, pateando una piedra— Te hice caso y usé los papeles que me diste. Pero sigo con hambre.
—¿Eh? ¿Cómo que sigues con hambre? Te di suficiente dinero —suspiró preocupado— ¿Que compraste?
—¿Comprar? ¿De qué hablas?
—¿Como de que hablo? ¿Y el diner-...?
—...
—Te lo comiste.
[...]
Hasetstu. Baños termales.
—Te lo he dicho un montón de veces. No te puedes comer todo lo que pilles por ahí —reprimió, refregando su cabello— Aunque es mi culpa no haberle enseñado lo que significa la palabra "comprar" —exhaló— Tendremos que usar enjuague bucal.
Ambos muchachos se encontraban sentados sobre unos bancos de madera. Katsuki lavaba el cabello del rubio con destreza, mientras este mordisqueaba un pato de hule. Una vez enjuagado, lo volteó.
—Ya estas limpio —admitió en una sonrisa jovial— ¿Que tanto estuviste haciendo ahí afuera, eh? Estabas todo sucio.
—Esa chica olía bien —murmuró.
—¿Chica? ¿Cual chica?
—Una chica afuera de un lugar con luces fosforescentes —repitió, desanimado.
—¿Luces de neo-...? Yuri...¿Estuviste en un club nocturno o algo así? —una gota deslizándose por su rostro— No puedes entrar a esos lugares a menos que seas mayor de edad.
—¡Ghn! ¡Que soy mayor! —contradijo— ¡Soy mayor que tú!
—Bueno...en mi planeta, nadie te va a creer la edad real que tienes —explicó— Aquí nadie puede vivir más cien años. Algunos lo hacen, pero con algo de suerte...creo. Aun así, tienes la apariencia de un crio de dieciséis.
—¡Que no soy un crio! ¡Soy un adulto! —rugió, alzándose delante de él— ¡Soy un hombre!
—¿Por qué te alteras tanto...?
—¡Tú tienes la culpa por no creerme! ¡Eres igual a él! ¡Todos son iguales a él!
—¿"El"? —parpadeó, anonadado con la revelación— ¿Quien es "el"? —el rubio, desvió la mirada evitando la torpeza que su lengua no pudo. Ruborizado, jadeó para tranquilizarse. Tras no conseguir respuesta, Katsuki ahondó el tema— Yurio...¿Quién es él? ¿Te refieres a tu creador?
—No quiero hablar de eso ¿Si? Déjame en paz.
—Yuri... —indagó el periodista, escondiendo la mirada entre el velo de sus negros cabellos. Buscaba de alguna manera reencontrarle— ¿Alguien...te hizo daño? Esas marcas que tienes en los brazos. Y los orificios en tu cuello —cantó— ¿Eres...acaso...?
—Soy Yuri Plisetsky —aclaró en seco— Soy...yo.
Silencio. Iba a confesarlo a pesar del tiempo que llevaban juntos, siempre notó una distancia intrínseca en el ojiverde. Un halo de misterio rondaba su mirada adolorida. Posiblemente lo que venía especulando Yuuri de hacia días. Repasando una y otra vez los acontecimientos de su extraña caída. Tal vez...entonces...Yuri era un experimento de laboratorio. O algo de lo cual, querían deshacerse. Un ser no aceptado por la sociedad. Un ser desacreditado. Tras el prolongado mutis, tomó sus manos con cortesía. Siendo nuevamente aceptado con una mirada cordial. Sonrió.
—No te preocupes. No hace falta que me cuentes del todo aun —expresó— Cuando estés listo, no dudes por favor en decírmelo. Puedes confiar en mí.
—...
—Tú y yo...somos iguales de alguna manera —asintió— No estás solo en el universo. Siempre habrá alguien que te de una mano.
—Yuuri...
—¿Si, Yuri?
—¿Por qué...mi pecho está saltando tan fuerte? —confesó, completamente ruborizado. El aire, exhalado con intimidación— Me duele. No me deja respirar bien.
—Eso es tu corazón —enseñó, apuntando directo a la piel desnuda de su pectoral izquierdo— Estas emocionado.
—Ritmo cardiaco aumentado en 0,87%. Presión arterial del 23%. Irrigación sanguínea vascular en 340% —determinó, cual sistema androide— Sujeto en misma condiciones.
—¿Por qué te diagnosticas como si...? ¿Y-Yuri...? —retrocedió el cuerpo, intentando soltar sus manos que ahora eran apretadas con fuerza desmedida— Oe... —la mirada esta vez, era completamente distinta a las demás veces. Los ojos verdes, ahora se contorneaban de un aura amarillento, similar a las de un felino o reptil. La pupila diagonal, contrayéndose cual telescopio— ¿Por qué siento como si estuviera leyendo mis pensamientos...? — ¿Te encuentras bien? No me asustes así.
Sin preguntas ni preámbulos para dar explicaciones, el rubio quitó la toalla que rodeaba la cintura del pelinegro. Si bien al principió le espantó el hecho de que fuese tan atrevido, la conducta inquisidora del ser espacial no era de extrañarse para nada. Por primera vez desde aquel encuentro, Yuri daba atisbos de sentir curiosidad por el cuerpo humano. Dudaba mucho que supiese para que servía cada cosa. Y sin vergüenza alguna, permitiría que investigara todo lo que quisiera. Tenía que admitirlo, el también sentía muchas ganas de hacer un merodeo. ¿Esos seres también tenían aparato reproductor...? A pesar de haberle visto semi desnudo en muchas oportunidades, el Kentauriano nunca se dejó ser desnudado por completo. Hasta ahora...que era el mismo quien pedía a gritos con la mirada, ser examinado de vuelta.
Casi al unísono, ambos se desprendieron de los pocos paños portados. Katsuki reveló lo suyo, como ser humano. Sin embargo, la sorpresa fue monumental al enterarse de la verdadera naturaleza de Plisetsky. No había nada. Tan solo una ligera protuberancia re saliente que al parecer, podía tomar la forma que quisiera. Tanto hacia adentro como hacia afuera.
¿Es hermafrodita?
—Vaya...debo admitir... —tragó saliva, abrumado con tal suceso. La timidez y el perturbado desgano; apoderándose de sus pómulos rosaditos— Que esto sí que es nuevo.
—¿No te gusta?
—¿Eh? N-no...no he dicho eso. Es solo que...ah... —rascó su nuca, aturdido con sus propias palabras. ¿Como decírselo sin cagarla o herir sus sentimientos? Realmente nunca había visto algo así— ¿Todos los de tu planeta son así?
—No. Mi creador es como tu —admitió, examinando un poco más de cerca su entrepiernas— Creo que todos son como tú. Yo soy...el único distinto —redundó cabizbajo, como derrotado con la verdad de su naturaleza.
—Lo sabia...entonces si es un experimento —Yuuri rió con jovial confianza— Pe-pero...eso no tiene que ser malo ¿O sí? Ser distinto al resto.
—¿Eh...?
—Eres un ser consumado. Y perfecto —reconoció el ojinegro, tomando sus hombros— Piensa lo tedioso que es ser, dos seres distintos y tener que buscarnos por todo el planeta para juntarnos y unirnos de nuevo. En cambio tu...eres único. Un solo ser. Completo.
—¿Eso...tiene que ser bueno? —preguntó para nada convencido.
—¡Claro! ¡Piensa que contigo mismo basta y sobra!
—¿Eso quiere decir que no debo buscar a nadie?
—...
Ok. Si. No es tan bueno si lo vemos desde ese punto de vista. ¿Qué significaba todo esto? Ahora la cabeza del periodista se asemejaba a un plato de cereales revueltos. Demasiada información, muchas teorías, nada concreto. ¿Si realmente era un experimento de laboratorio, con que propósitos alguien sería tan despiadado para crear un ser sin la capacidad de...lo más importante sobre todo el universo? Se rehusaba a creerlo. No obstante, conforme pasaba el tiempo a su lado más se convencía de la realidad. Una cruda realidad, en donde las habilidades de Yuri no eran el coqueteo, sino la caza. ¿Tal vez...era un arma? Un arma destinada a matar. ¿Si no, por qué le otorgarían dichas destrezas? Casi como una maestría alcanzada. No solo era perfecto en todo lo que hacía, si no que también lo era físicamente. No enfermaba. No engordaba. No envejecía. Y ahora con esto, dudaba seriamente de su sexo. Con un sistema reproductivo lo mas lógicamente masculino y femenino. Capaz de engendrarse a sí mismo tal vez. Con la capacidad de regenerar tejidos muertos. Reparar células dañadas. Sin sistema óseo. Elasticidad. Músculos indestructibles.
La puta madre. Este chico...
¿Es dios...? Nunca llegué a pensar que Dios fuese tan...solitario.
—¿Alguna vez te has enamorado? —preguntó mientras se vestía. Ambos se encontraban en los probadores.
—¿Qué es eso?
—Quizás me estoy pasando un poco —exhaló dándose un golpe en la frente— Bueno...ya sabes...amor.
—No sé qué es eso —negó con la cabeza— ¿Que es el amor?
—Ah...mierda. Esa pregunta ni yo la sé — E-Etto...bueno...el amor. Es como... —la pensó y la pensó y la volvió a pensar. ¿Sería como explicarle a un niño pequeño lo que era un sentimiento? Algo tan complejo— Es como cuando algo te gusta mucho, mucho y te hace perder la cabeza...tus sentidos. Te emocionas. Tu corazón se exalta. Y piensas mucho en eso o esa persona que te revoluciona así. Si sientes todo eso, puede que estés enamorado.
—¿Y eso es malo?
—No. Para nada —concibió, gesticulando una mueca de alegría— Es lo más hermoso que te puede llegar a pasar. Sobre todo si es correspondido.
—Ya veo —determinó Yuri, caminando hacia la puerta— Entonces sí. Estoy enamorado.
—¿Qué? ¿De verdad? — Bueno...entonces si tienen sentimientos después de todo.
—Sí. De ti.
—... — Que.
—Yuuri Katsuki me gusta mucho —confesó, esbozando una sonrisa casi maquiavélica. La mirada incisiva, llena de un opaco fluvial— Yuuri Kastuki me hace perder los sentidos —repitió, segundos antes de retirarse de los baños.
¿Que había sido eso en realidad? ¿Era amor o...deseo? Sintió un escalofrió opresor transitarle por la espalda. Era demasiada información para una sola noche y definitivamente su cabeza era más bien un huevo frito ahora. El problema no era que Yuri se enamorara de el —si es que realmente lo era. Posiblemente no—, el problema era que dormía en su closet. Y si durante un tiempo a esta parte se había sentido observado, ahora lo sentiría mucho mas. No era miedo lo que en realidad le robaba el sueño. Era más bien la inconsistencia de creer que así como el de pequeño, se había enamorado de un extraterrestre misterioso, este mismo extraterrestre misterioso se enamorara de él.
[...]
No pegó ojo alguno aquella noche. La puerta semi abierta del closet, le atormentaba como no tenía idea. La mirada templada, escondida en las tinieblas de la habitación; no le permitió obviar aquella rendija poco visible. A diferencia de él, el rubio portaba una vista nocturna félida. El acelerado latir de su incomodo corazón, le robó el aliento. No importaba cuantas vueltas se diera en la cama, no lograba conciliar el sueño. Agobiado, suspiró con fuerza, destapándose hasta quedar sentado en la cama. Habló al aire.
—¿Tu tampoco puedes dormir?
Silencio. Lo sabía. Sabía que no estaba durmiendo. Lo sabia...
—No.
Una sonrisa delatadora se dibujó en el rostro de Katsuki. Cerró los parpados.
—Ven aquí —le llamó con voz sutil y seductora— Duerme conmigo.
El sonido de la puerta deslizándose. Los pies sigilosos del ojiverde tocando suelo. El eco de las colchas removiéndose por el nuevo peso del clon. El nipón abriendo las cortinas para dejar entrar la luz de la luna por la ventana. Su silueta remarcada de un azul precioso.
—¿Sabes lo que es un beso? —el rubio negó con la cabeza— Te voy a enseñar lo que es—musitó, acercando su boca a la suya— Voy a enseñarte lo que es el amor. Anda...abre tus labios. Eso es...siente mi lengua...
—Yuuri...
[...]
—¡Yuuri! —aulló Mari.
—¡Ah! —despertó el japonés. De un solo salto, se halló así mismo empapado en sudor— ¿Que carajos? Jodeme que acabo de tener un sueño húmedo con un extraterrestre... — ¿Ma-Mari-neechan? ¿Qué ha pasado...? —preguntó completamente avergonzado, escondiendo la parte inferior de su cuerpo bajo las colchas.
—Algo le pasa a Yuri —advirtió preocupada la mujer— No quiere salir de la casa del perro.
—¿Qué demonios...? —observó el closet, notando que este se encontraba vacío— Dame un momento para cambiarme.
En efecto. Vicchan llevaba un buen rato ladrando bastante inquieto. Saltaba de un lugar a otro, alertando los sentidos agudos del ser que ahora, por ningún motivo deseaba salir de la pequeña casa de madera. Con ayuda de linternas, Katsuki y su hermana se adentraron a la parte trasera de la casa; dando un camino estrecho al bosque.
—¿Yuri...? ¿Estás bien? —preguntó, inclinándose hacia la casita. Tuvo que disminuir la luz de la linterna pues el foco era demasiado fuerte para sus ojos. Se encontraba en un rincón, completamente en shock. De piedra. La expresión facial aterrada— Hey...¿Qué tienes?
—Está aquí...
—¿Está aquí? —redundó, atónito— ¿De quién hablas?
—El creador...me ha encontrado...
—¿El creador...?
—¡Y-Yuuri! —alertó la chica mayor— ¡Arriba!
Enorme es una palabra que se hubiese quedado chica para la luz monumental que llegó a destellar el lugar. Una bola gigantesca, resplandeciente, generando un viento horripilante sacudió los arboles. Vicchan corrió despavorido detrás del periodista, siendo este mismo el que se ahuyentara tras caer sorprendido hacia atrás. No habían muchos lugares a los cuales escapar. Sin duda era una nave espacial, majestuosa y rica de tal tecnología avanzada, que los relojes y los aparatos eléctricos se detuvieron de golpe. Descendiendo de manera pulcra entre los arbustos delanteros, Katsuki no tardó en llamar a Yuri para sentirle más resguardado. Sin embargo, este seguía en estado de parálisis y no acudió a su llamado. ¿En verdad era tan terrible aquel creador? Un sujeto altamente peligroso, bélico, y seguramente monstruoso. Un montón de imágenes se le pasaron por la cabeza. ¿Tendría alas? ¿Diez ojos? ¿Tal vez un reptiliano con cola y colmillos sedientos de sangre? Tragó saliva, pues permanecería hidalgo a conocerle. No huiría. No sin antes conocer a las criaturas que ahora visitaban su planeta. Las luces y los sonidos se extinguieron con la velocidad de la luz.
Los hermanos se mantuvieron expectantes a lo que saldría de la maleza; la cual sutilmente era removida a pasos bastante humanos.
—Tranquilo...todo va a salir bien —se dijo así mismo— Mierda...las piernas no me responden. No podré huir si quisiera. ¿Qué es...?
Mari Katsuki tragó saliva, sintiendo la necesidad asquerosa de prender un cigarro. Los nervios le estaban comiendo viva. De pronto, un ser resplandeciente reapareció de la oscuridad. Vestía un traje espantoso, junto con un casco pavoroso y lleno de ojitos. ¿Eran reptilianos entonces? La luz se apagó, siendo entonces la voz de una mujer la que llegó a los oídos de los familiares.
—Uhg... —chistó Mila, quitándose el casco— Tenias razón. Este aire es respirable —una muchacha joven, pelirroja y bastante humana en aspecto— Carajo, como odio esta cosa...¿Huh? —observó a los sujetos— ¡Viktor! ¡Por aquí! ¡Aquí! —rió feliz.
—¿Es una...mujer? —parpadeó, más tranquilo— Que idioma tan raro...
—¡No puedo creerlo! ¡Son humanos! —carcajeó con placidez desmedida— ¡Asombroso!
Seguida entonces, de lo que a ojos de cualquier persona era un ser creado por los dioses. Un hombre de cabellera alba, peinaba sus hebras con seductora experiencia. Gimoteó, sobando los músculos de su cuello, para acto continuo regalarle una sonrisa angelical a los homo-sapiens. Dentadura blanca como la nieve. Perfecta y llena de cordialidad.
—¡Hi! —saludó en ingles— ¡Saludos, terrícolas! ¡Mi nombre es Viktor Nikiforov!
—Puta madre...es hermoso... —el periodista se atragantó.
—¿Está hablando en ingles...? —Mari arqueó una ceja.
—¿Ahre? ¿No son de ese cuadrante? —parpadeó atónito el ojiazul. Babicheva ajustaba mejor su traductor, dándole un sermón por ser tan descuidado— Oh. Japanese —admitió, disculpándose— Lo siento. ¿Ahora si?
—Otro poliglota
—Mi nombre es Viktor Nikiforov. Ella es Mila Babicheva y venimos de la galaxia de Mu-Scorpii —aclaró en voz alta— ¿Es esto Hasetsu?
—Es la galaxia de Yurio... —Yuuri se armó de valor, sacando pecho y ganas de donde no las tenía. Tendría que comenzar a acostumbrarse a las visitas mas seguidas de estos seres. Actuar normal ante lo desconocido— Saludos, Viktor. Mi nombre es Yuuri Katsuki. Y si. Esto es Hasetsu.
—¡Amazing! —aulló con jovial espontaneidad— ¿Lo ves? Te dije que lo encontraríamos —le habló a la bermeja, regresando la vista a los sujetos— Disculpa. Estamos buscando a un buen amigo nuestro. Se nos perdió hace un par de días atrás en un trágico accidente y supimos que cayó en esta región. Hemos venido desde muy lejos para llevarlo a casa. ¿De casualidad no lo has visto? —explicó, extrayendo un holograma virtual de su bolsillo. La clara imagen de Yuri— Su nombre es Yuri Plisetsky. Comprenderás que es muy valioso para nosotros. Si pudiera cooperar, buen terrícola, te recompensare muy bien por tus servicios.
—Lo sabía. Están buscando a Yurio —frunció el entrecejo— Así que este debe de ser el famoso "creador". Lo mejor será obviar información hasta saber sus verdaderas intenciones — Lo sentimos, pero no lo hemos visto.
—¿Joh? ¿De verdad? —entrecerró los parpados con una desconfianza letal— Bueno. Sería una lástima que no estuviera por aquí —llamó— Mila.
No supo a ciencia cierta qué clase de conjunto de técnicas estaban utilizando. Solo se llegó a enterar de lo peligrosa que era cuando aquella mujer, presionó un posible dispositivo de larga distancia en la que un sonido demasiado agudo resonó en el ambiente. Sonido que no afectaba a los humanos. Sin embargo, en cuestión de segundos, Yurio salió disparado de la pequeña casita. Se tomaba la cabeza y gruñía, quejándose adolorido. Cayó al suelo, dándose un par de vueltas con violencia; intentando a todas luces soportar el daño cerebral que le estaban causando. Por supuesto que eso alertó al pelinegro.
—¡Alto! ¡¿Que creen que hacen?! ¡Le hacen daño!
—Yuuri Katsuki. Es fascinante que tengas la capacidad de mentir —acotó Nikiforov, esbozando una sonrisa sínica— Ustedes están llenos de misterios —alzo la mano, deteniendo el efecto de aquel objeto. Entre gimoteos débiles, Pisetsky se arrastró hasta el nipón en busca de refugio. Acto que sencillamente, maravilló al científico— Es maravilloso...
—Tsk...¿Qué clase de monstruo eres? —protestó el pelinegro, llenando de ira su mirada— ¿Cómo puedes hacerle daño a una criatura indefensa como esta?
—¿Daño? —rió— Sus signos vitales están mas intactos que los míos. Este aparato solo paraliza. No destruye neuronas.
—¡Aun así, no tienes por qué paralizarlo! —rugió.
—¿Por qué no? —argumentó con total frialdad— Yuri Plisetsky es propiedad del imperio. Su majestad requiere que regrese a su planeta cuanto antes.
—¿Propiedad...? —refutó, impregnado de una impotencia crispada. ¿Entonces era cierto? Aquel creador era realmente un demonio— No sé qué clase de seres sean ustedes o que sistemas políticos tengan. Pero Yuri ahora está viviendo en la tierra y es uno más de nosotros. Aquí las personas no somos propiedad de nadie. No puedes venir e imponer las reglas de una galaxia que no tiene jurisdicción con nosotros.
—Carajo... —murmuró la pelirroja— Este chico tiene razón...el príncipe no nos dio ninguna hueste real.
—Eso es obvio. Esta galaxia no pertenece a la confederación —admitió el albino, juntando el entrecejo al verse acorralado— Ellos...se rigen por otras leyes.
—Okey...no pensé que ese argumento funcionaria —una gota rodó por su sien. Sin embargo, estaba maravillado con su propia inteligencia— Parece que los he desarmado — Yurio...¿Estás bien? —examinó, notando como un pequeño rastro de sangre salía por su oreja derecha— Tranquilo...te curaré —
—¿A dónde creen que van? —detuvo Babicheva— No crean que no nos llevaremos al sujeto. Es cosa de que le pidamos el permiso a nuestro rey para regresarlo. Después de todo, Kentaurus es un planeta de conquistadores. Supongo que en tu galaxia también hay planetas de guerreros ¿No? Marte, Jupiter, por ejemplo.
—Puede que eso sea cosa de su galaxia. Pero en mi planeta, no conquistamos otros planetas.
—No. Solo conquistan territorios —se mofó Viktor— Algo bastante arcaico y fuera de razón. Pelear por trozos de tierra y barro.
—Aun así —volvió a objetar— No somos seres bélicos. Somos pacíficos —el rostro del especialista se deformo con alegoría, pues dentro de todo tenía razón. Y era una de las razones por las cuales estaba tan fascinado con esa raza de seres. No supo que delimitar, permitiendo que se retiraran al interior de la casa.
—Mila. Contacta con el príncipe y consíguete esa orden —ordenó, regresando a la nave.
Por supuesto que se llevaría a Yuri a como dé lugar. Aunque su vida dependiera de ello —cosa que ya lo hacía—. Tras ser curado con la ayuda de su hermana, el Kentauriano se mantuvo dormido sin dar luces de querer despertar. Tal vez esos viajeros estelares no lo sabían aun, pero el Yuri que había salido de aquel planeta ya no era el mismo. Algo había cambiado en el. Mas bien, algo estaba creciendo dentro de él. Algo de lo que ellos carecían. Durante las próximas horas, Katsuki se mantuvo alerta de aquellos extraterrestres que permanecían estacionados en el bosque. Prestando atención de manera insistente cada dos horas por su ventanal, notó como aquel objeto se desvanecía con la atmosfera. Un sistema asombroso de camuflaje sin duda.
Siendo observado del otro lado...
—¿Algún resultado? —examinó Nikiforov, tras el ventanal de la nave.
—Tch...¿Qué demonios este planeta? No sé si es muy antiguo o yo soy muy tonta —discutió consigo misma— No logro contactarme con el intercomunicador del príncipe. Es como si nuestra tecnología no fuese lo suficientemente buena.
—Es la atmosfera —comentó Viktor— Utiliza otro tipo de desplazamiento químico. Los seres que vinieron aquí antes, utilizaban sistemas conectados por estructuras piramidales —pirámides— Muchas, repartidas por todo el mundo. Generando una sola red de transporte.
—¿Qué? ¿Y tu como sabes tanto de eso? —cuestionó— ¿Habías venido antes aquí...?
—...nunca. Es mi primera vez —expresó, dejando el brebaje que bebía sobre el mesón— Siempre estudio cuando viajo a un nuevo lugar. Tu deberías hacer lo mismo.
—¿A dónde vas? —le detuvo, notando como se preparaba para salir— ¡¿Me vas a dejar sola con esto?!
[...]
—Te lo digo, Phichit —explicó a través del teléfono— Será mejor que tomes el primer tren hacia Hasetstu.
—¡No me lo pierdo por nada del mundo! ¡Voy!
—¡Yuuri! —exclamó la señora Katsuki— ¡A cenar!
—¿Cómo puedo pensar en comer en una situación como esta? Deberían matarme por cerdo.
Hubiese seguido discutiendo consigo mismo, de no ser porque al descender de las escaleras se encontró en la mesa con nada más y nada menos...
—¡¿Qué demonios haces aquí?! —chilló espantado. Viktor Nikiforov, en persona. Cenando con sus padres. Claro, estaba de lo más normal compartiendo con los humanos— La ptm...
—¡Hi, Yuuri! Tu madre me invitó a cenar —saludó confianzudo el albino.
—¿No te parece apuesto? —halagó la mujer, tomándose las mejillas con un rubor sutil— Además es tan caballeroso. Dijo que vino del espacio, igual que el pequeño Yurio~. No te preocupes en invitar seres de otros planetas. Son muy divertidos —rió con naturalidad.
—No crea que todos los seres espaciales somos iguales. Los Centurianos por ejemplo, suelen comerse entre ellos y además, son de un color verde bastante pasado de moda —se mofó— Ustedes también vinieron de otros planetas —expresó Viktor, tragando los bocadillos de la mesa— ¡Amazing! ¡Esto está sumamente delicioso! Mhn...¿Qué es?
—Son dangos. Se venden mucho por esta zona —esclareció la madre.
—Otro más que come y no engorda —acotó Toshiya— Claramente Yuuri no vino del espacio.
—Todos sabemos de dónde vino Yuuri, querido —rió la mujer.
—¿Si? ¿De dónde vino? —inquirió el científico, profundamente intrigado— Yo quiero saber.
—¡YA BASTA! —rezongó Yuuri, sulfurado por la banalidad con la que se estaba tomando el asunto. Independiente de lo incomodo o avergonzado que se sentía; pescó a Viktor del brazo y lo jaló hasta la puerta— Debes irte. Vamos. Regresa a tu planeta. No te llevarás a Yuri.
—¡Katsuki Yuuri! —sermoneó Hiroko, tirando de una de sus orejas— ¡Esa no es forma de tratar a un invitado!
—Por supuesto. Sobre todo si ha pagado un millón de yenes —dijo el mayor.
—¿Qué...? — ¿Un mill-...? — Déjame ver esos billetes.
—Que desconfiado es el muchacho —Viktor se encogió de hombros, mostrándole un par— ¿Lo ves? Estoy pagando por los servicios como cualquier huésped. Puedo quedarme si hago eso.
—Son falsos.
—Envidioso.
[...]
—¿De dónde sacaste todo ese dinero? —indagó el periodista, desconfiado incluso de su respiración— De seguro lo robaste.
—No soy pirata. Soy científico.
—¿Qué clase de científico, eh? —limpió sus anteojos, para poder juzgarlo de una manera más fea y de mejor forma.
—Genetista —aclaró.
—Comprendo. Así que alteraste al pobrecito de Yuri ¿No? —acusó sin desmedida— Eres un despiadado. Quizás que experimentos hiciste con él.
—No lo alteré. Yo, lo cree.
Silencio. Ahora más que nunca venia reafirmar sus teorías locas de conspiración y weas. ¿Pero algo como eso? Entendió entonces que el apodo de creador estaba bien puesto. Con todas sus letras. ¿Era tanta la tecnología, capaz de poder crear un ser desde 0? Poco a poco comenzaba a dilucidar el por qué tanta perfección, destreza y belleza combinados juntos.
—No te creo.
—A diferencia de ustedes, nosotros no solemos mentir para proteger algo o alguien —Viktor estaba más seguro de sus palabras que cualquiera— Lo hacemos por conveniencia propia. Y créeme...que esto no me favorece en nada.
—¿Cómo es posible? No se puede crear vida de la nada.
—¿Viste a la mujer que me acompaña? Ella es Mila. Es genetista igual. Ella entregó su información reproductiva, para ser combinada con la mía.
—Un segundo...¿Yuri tiene tus genes?
—Así es.
—¿Eso quiere decir...que Yuri es...tu hijo?
—Algo así. Solo utilicé para darle forma a la estructura base —manifestó— Técnicamente, Yuri es un clon...
—Un clon... —pensó— Aun mas solitario... — No puedo creerlo...lo que hiciste...
—Es una larga historia que no tengo tiempo de contar —reveló— Mi misión fue clara; venir a buscarlo y llevarlo de vuelta. Él ni si quiera debería estar aquí. Fue un completo error de cálculos.
—Claro. ¿Al igual que su existencia, no? —Nikiforov, guardó silencio con el semblante sepulcral que le correspondía. Buscando la respuesta en la mirada ajena, apretó los labios. ¿Cómo es que sabia tanto, con tan poco? — Se cómo funciona esto de los experimentos. Lo he investigado año tras año, desde que comencé mi carrera de periodista. Y déjame decirte, que nada bueno sale de esto.
—Escucha, no tengo por qué darte explicaciones a ti sobre mis acciones —refutó, frunciendo el ceño. Se levantó de su puesto— Si me entregas a Yuri, el príncipe te recompensará de una buena forma. El es muy benevolente con quienes sirven al imperio.
—Bien. Entonces, me llevaras con tu príncipe —manifestó, casi como una orden. ¿Personalidad? Nadie sabe de dónde saco— Si dices que es tan benevolente. El entenderá que Yuri no se ira de este planeta. Se quedará aquí.
—Tienes carácter, Yuuri Katsuki —se mofó— No obstante, eso no funciona conmigo. Me entregarás al sujeto de igual forma.
—El no quiere irse contigo. El está feliz aquí.
—¿Desde cuándo tiene derecho a opinión? —objetó Viktor.
—Desde que vive en este planeta. En donde todos los seres humanos tenemos derech-...
—¡El no es ningún ser humano! —vociferó, hastiado con la conversación— ¡Es una criatura, creada en un laboratorio, para un propósito especifico! ¡Él es mi experimento! Y ni tú, ni nadie, va a quitármelo —amenazó.
Craso error haberlo gritado a los cuatro vientos, pues el propio Yuri estaba ahí. Impávido, escuchando aquella declaración. Ese maldito incomodo momento, en el que te toca escuchar algo que realmente no querías. Viktor aun...tenía muchas cosas que aprender de otros seres. Los ojos humedecidos del rubio, denostaron toda la nostalgia y melancolía que alguien podría demostrar.
—Y-Yurio...no es-...
—¡Cállense! ¡No quiero saber nada de ninguno de ustedes! —gritó adolorido, huyendo por la puerta principal. Ni si quiera las advertencia de Katsuki sirvieron para detenerle. Incluso en la salida, alcanzó a darse de bruces contra Phichit, quien llegaba hacia poco de un tren— ¡Son unos monstruos!
—¡¿Yuri?! —llamó el Tailandés, sin poder evitar su escape— ¡¿A dónde vas?! ¡No salgas, es peligroso!
—Bien hecho, Viktor —le reclamó el pelinegro con total autoridad frente al mayor. Este, solo hizo un mohín de disgusto— Si realmente quisieras llevarte a Yuri contigo, esta no es la forma.
—Tú no entiendes lo valioso e importante que es para mí —farfulló el albino, cerrando los parpados para finalmente retirarse del lugar— Con permiso. Estoy agotado por el viaje.
—Pues si realmente te importa, deberías al menos darte el lujo de aprender más de él —esclareció a distancia, logrando que se detuviera en el marco de la puerta— Se nota que no eres un mal tipo...pero en verdad, esta no es la manera más adecuada.
—¿El es...un extraterrestre también? —el moreno poco y nada entiende— ¿De qué me perdí?
—Te...te ayudaré con lo que quieres —declaró Yuuri, ligeramente avergonzado con su fina estampa. Y es que Viktor era un ser de respetar, solo de presencia.
—¿Por qué me ayudarías?
—La verdad... —rió con ironía— Ni yo lo sé. Supongo que porque es la primera vez que tengo contacto con seres intergalácticos como ustedes y...bueno —rascó su nuca— No me gustaría que se fueran de la tierra sin haber sido recibidos como corresponde. A-además...en verdad estoy muy interesado en aprender de tu cultura. Y...conocerte un poco más a fondo. Después de todo, soy periodista —Nikiforov permaneció inactivo durante toda la charla. Su rostro, no demostraba estar ni conforme ni tampoco disgustado con la ayuda ajena. ¿Era realmente una persona confiable?
—Y-Yuuri... —interrumpió Chulanont— tal vez el no quie-..
—Acepto.
—¿Eh? —cantaron al unísono.
—Acepto tu ayuda, Yuuri —consintió, generando una sonrisa sincera en su rostro— Llevo viajando muchos años luz y estoy algo agotado. He pagado bastante dinero por una habitación. Así que...supongo que puedo hacer uso de mis atributos como huésped.
—¡Cla-claro que sí! —los ojitos negros del nipón se encendieron como dos focos brillantes y hermosos. Estaba ansioso. Sumamente ansioso— Será un honor poder atenderte. Tenemos aguas termales y habitaciones bastante cómodas. Ah... —reverenció— Bienvenido a "Utopía Akatsuki". Por favor, póngase cómodo.
—Wow...una reverencia —reverenció el también, como quien estima sea una persona importante— ¿Entonces...cuál será mi habitación?
—Etto...hay una habitación disponible junto a la mía —convino— Si no te molesta...
—Para nada. Así estaremos más cerca y podremos conocernos mejor.
—Ya veo...después de todo son seres bastante más civilizados —asintió— Te la mostrare. Eh...¿No traes equipaje, verdad?
—Está en mi nave. Pero traigo todo lo necesario conmigo —mostró un pequeño bolso de material ligero. Ambos jóvenes se adentraron a la gran casona, dejando a un Phichit mas confundido que todo.
—¿Ahre...?
[...]
Su nombre es Viktor Nikiforov. Y es muy distinto, no. Totalmente distinto a Yuri. Si bien, ambos vienen del mismo planeta, Viktor sugiere tener gustos y tendencias mucho más refinados y...exóticas que cualquier otro huésped. Nuevamente es presentado a mis amigos, sin embargo el no parece estar incomodo con la presencia de mas humanos. Por el contrario, es amable con todos, educado y no emite sonidos al comer. Siempre lleva consigo una especie de libreta digital, en donde escribe y escribe y escribe. ¿Tal vez sea su diario de vida? O una especie de bitácora. Su compañera no quiso acompañarnos. Ella es un poco más reacia a la idea de tener tanta confianza y contacto con nosotros; así que decidió dormir en su nave. Tal vez, porque es una científica como él y de seguro nos ve como sujetos de experimentación. Eso...de alguna forma es rescatable, ya que Viktor manifiesta tener algo mas "humano" dentro de todo.
Increíblemente, se lleva de maravilla con Vicchan. Como si se conocieran de toda la vida. De vez en cuando, se pasea por los bosques y escribe. Olfatea el aroma de las plantas y escribe. Observa el cielo y escribe. A veces, le veo observarme a lo lejos y también...escribe. ¿Estará escribiendo cosas malas de mi? Me da mucha curiosidad saber qué es lo que tanto impregna en aquel objeto. Pero siento que si se lo pregunto sonaré demasiado estúpido. Sé que no me lo creerían del todo, pero le siento tan familiar. El...despide una energía única, curiosa y al mismo tiempo llena de misterios. La confianza entre ambos ha crecido de maneras inexplicables, sin conocernos para nada. No nos ha contado mucho de su pasado, pero sí de su presente. El rango notorio entre los de clase alta y baja es absurdo. Indiscutiblemente, mantiene una relación muy intima con el príncipe de esa nación. No obstante, eso tampoco le difiere de las responsabilidades como doctor. Fue así, como accedió a darnos una entrevista extensa de como había llegado a este planeta y...los acontecimientos previos a ello. Así, es como hemos llegado al inicio de esta historia.
—Creo que es suficiente por hoy —finalizó Katsuki, dando un largo bostezo— ¿No iras a dormir? Phichit ya se ha dormido.
—No —dijo abrumado, desviando la mirada hacia el ventanal— Me voy a quedar un rato mas despierto.
—¿Sigues preocupado por Yuri?
—Aunque no lo creas, le conozco a la perfección. Sé que no debe de haber ido muy lejos.
—Viktor... —musitó, tomando su rostro para poder conectar una mirada decidida con él. Su compañero, acarició aquella mano con delicadeza— Debes perdonarte ya de una vez. Con todo lo que he mas contado, se que tus intenciones en el fondo eran buenas.
—No basta con tener solo las intenciones. Se debe reivindicar el futuro —suspiró agobiado— Si tan solo pudiera hablar una vez más con el...trataría esta vez de hacerme explicar mejor.
—¿Acaso...sientes cosas por Yurio?
—¿De qué hablas? —protestó en una risita— Tu sabes que nosotros no tenemos sentimientos.
—Es lo que me dijiste durante la entrevista —soltó su rostro con evocación, dándose una caricia en el brazo derecho— Ustedes no tienen alma.
—Cuando te conocí, supe que eso no era del todo cierto —admitió, en una sonrisa dulce. Miró el rostro derrotado del humano, levantando su mentón— Yurio ha desarrollado sentimientos que ni yo mismo podría expresar. Creo que gracias a ti, finalmente mi teoría del alma ha sido revelada. Declaro firmemente, que aquella criatura que fue creada en una probeta es ahora, más humano de lo que pensé. Y todo te lo debo a ti, Yuuri. Me has dado una nueva visión de cómo la vida, se desarrolla a partir de lo que somos. En lo que nos podemos llegar a convertir.
—No es... —desvió la mirada con un rubor dócil en sus mejillas— la respuesta que precisaba escuchar, realmente...
—¿A qué te refieres? —examinó con inocencia.
—La razón por la cual llegaste a este planeta, fue porque venias en busca de Yurio —expresó dubitativo— No es como si realmente tuvieras intenciones de descubrir si tienes alma o no —Nikiforov, calló. Aquella sonrisa que adornaba con iluminación su expresión facial, se incinero con la fiereza de sus palabras. Una vez más, había sido mal interpretado.
—Te equivocas —evitó con la garganta seca— Desde la última guerra de mi planeta, solo pude observar muerte y mas muerte. Si bien, reconozco con total tranquilidad que somos seres expansionistas, no nos dedicamos a solo destruir y matar. En algunas razas, logré vislumbrar algo que pocos pueden llegar a comprender o si quiera admirar —fue entonces cuando recordó un acontecimiento en particular— Era un mocoso aun, pero lo recuerdo como si hubiese pasado ayer. Yo era un experto piloto de naves. Y estábamos ahí, asediando una luna de Esath. Acabamos con todo, inclusive con civiles que nada tenían que hacer en el asunto. Me ordenaron concluir con un hospital antiguo en el último bastión de Siburath. Pero...no pude. Tenía el objetivo en la mira. Era el único encargado de aquella misión y no pude —declaró asqueado con la historia— Ella estaba ahí abajo. Me miraba, fijamente, como quien ve a un demonio. Transformada en una energúmena lista para ser sacrificada por lo que a mi parecer, fue un acto sublime ante los dioses. Puedo asegurarte que su arma era diez mil veces inferior a la mía. Y quizás ni balas le quedaban. Yo estaba recargado de todo...y a la vez de nada. ¿Y sabes por qué...?
Flashback.
—¡Vamos! —bramó la joven, apuntando directamente a la nave— ¡Vamos! ¡¿Qué demonios esperas?! ¡Acércate maldito infeliz! ¡Acércate! —amenazaba, sintiendo los espasmos recorrer su cuerpo magullado. Una muchacha notoriamente embarazada, permanecía herida en el suelo. Justo detrás de ella— Voy a acabar contigo...¡TE DESPEDAZARE! ¡TE VOY A MATAR!
—N-no...no lo hagas...por favor... —rogaba la mujer— Cariño...
—Tranquila...todo saldrá bien —masculló entre dientes— Voy a hacerte trizas. Ya vas a ver... —juró, entre ceja y ceja— ¡DISPARA!
—¡Viktor! —chillaba el transmisor— ¡El general nos pide que nos retiremos! ¿Ya acabaste con la misión?
—...si. Blanco eliminado —mintió, cerrando las válvulas de fuego— Me voy a casa...
Fin Flashback.
—Estaba dispuesta a morir. Incluso dando hasta el último aliento de su vida —admitió, ruborizado de solo recordarlo— Al tiempo después, ganamos la guerra. Supe que aquella chica era su pareja y había dado a luz a un hermosa criatura. No tuve el valor de ir a verles a la cara. Como todo un cobarde —rió con ironía— Sin embargo...nunca pude borrarme esa imagen de mi mente. Eso no fue instinto puro. Ni mucho menos sobrevivencia. Eso...tenía que ser algo más. Había algo ahí que nadie veía. Eso...eso tenía que ser...
—Se llama amor.
—¿Es eso? —reconoció, clavándole una mirada llena de angustia— ¿Es lo que los mueve? ¿Lo que les da un poder infinito? ¿Eterno, incluso más allá del universo?
—Es lo que Yurio ha comenzado a aprender —buscó su mirada, acariciando sus mejillas con afecto— Es lo que creo, que realmente estabas buscando.
—Y lo que creo...he encontrado aquí —admitió sin tabúes de por medio. La conexión entre ambos fue consolidada— La devoción que pueden llegar a demostrar estos seres es...impresionante.
—¿Por qué sigues hablando de "otros seres", cuando tu corazón está latiendo tan fuerte que desde aquí lo escucho?
—¿Mi corazón? —sondeó anonadado— ¿Está latiendo tan rápido?
—Creo que estas ansioso —tanteó, sobando su pecho— Y sumamente abochornado. Mira tu rostro.
—Creo que estoy enamorado —concedió, riendo.
—Sí. Yo también lo creo ¿No te da risa? Que apenas nos conozcamos y ya estemos así —se burló Katsuki, ligeramente apegado a sus labios— Somos dos...
—Tal vez...no es la primera vez que nos vemos...
—¿Eh...? —el color se le desvaneció del rostro. Un paso en falso, le permitió alejarse lo suficiente como para llevar una mano a su boca. Si lograba expresar algo, seria realmente revelador. ¿Acaso estaba insinuándolo? ¿O era más bien una declaración? — No...no puede ser. Viktor... —cayó en shock— Todo este tiempo. Eras tu...aquel ser que vi de pequeño... —la voz paralizada— Viktor...tu...
Un estruendoso eco grotesco, hizo estremecer la tierra por completo. Nikiforov tuvo que agarrar la cintura del muchacho para que no cayese de golpe al suelo. En una escena bastante comprometedora, a tan solo centímetros de ser sus labios tocados. Se separaron de golpe, tras ser descubiertos por el Tailandés.
—¡¿Qué demonios fue ese ruido?!
Era Mila quien interrumpía abruptamente el encuentro. Jadeaba como si hubiese corrido un maratón.
—¡Viktor! ¡Tenemos problemas!
—¿Mila? —pestañeó boquiabierto— ¿Qué ha pasado? ¿Que ha sido ese ruido?
—¡Es Otabek! —advirtió— ¡Otabek nos ha-...! —un disparo certero dio en su hombro derecho, provocándole una caída directa contra el suelo. Los espectadores, entraron en pánico.
—¡MILA! —bramó el albino en un intento por ir en su ayuda, mas fue retenido por Yuuri, quien claramente temía lo peor por aquel ser que deliberadamente y a sangre fría, había disparado en contra de la chica. En efecto, una bota negra se adentró en la morada, seguido de un hombre cargando una potente arma de fuego a cuestas. El ojiazul, gimoteó con ira— Otabek...¿Qué demonios haces aquí?
—Vaya...—sonrío el capitán— mira nada más donde te encuentro, Viktor Nikiforov. Jugando con humanos. ¿No tenías ya suficiente con los de tu especie?
—¿Quién demonios es ese sujeto? ¿Y por qué viste así? —el periodista dio un paso hacia atrás. Su porte era intimidante.
—No tenías por qué venir.
—¿Que dices? Por supuesto que sí. Tuve que venir personalmente a buscar lo que le pertenece al imperio —aclaró, jalando desde afuera una gran caja tipo jaula, electrificada con iones de plasma. En su interior, estaba Yuri— No me costó mucho trabajo encontrar al Gatito. Gracias a los mensajes que logre interceptar de Babicheva, pude dar con su paradero. ¿Pueden creerlo? Estaba en la casa de un can escondido —se mofó.
—¡Yurio! —reclamó el científico— No temas. Todo saldrá bien. Te sacaremos de ahí.
—¡No gracias! Estoy mejor aquí adentro que ahí afuera —refutó el rubio. A lo que Altin se echó a reír monstruosamente.
—¡¿Oíste eso, Viktor?! ¡Ni tus creaciones te quieren! —carcajeó— ¡Ahora comprendo por qué has venido a la tierra! Crees que estos seres inferiores te van a aceptar.
—Como se nota que no tienes idea de lo que sale de tu boca —indicó el albino— Los humanos son mucho más evolucionados de lo que tú, llegarías a ser.
—¿Evolucionados? ¿Qué más evolucionados quieres que seamos? ¿No te basta con las naves que piloteas o las píldoras que ingieres? — junto el entrecejo— Eres un mal agradecido. El rey estará complacido de asesinarte por alta traición.
—¿El rey? Yo estaría mas preocupado por el príncipe —alegó— Pues es el, quien me ha otorgado esta misión. Estarás en problemas cuando se entere.
—¿Estas de broma? ¡El príncipe me adora! —alardeó, en una sonrisa solapada. Viktor, incursionó en un tipo de mirada sagaz. No entendía mucho de lo que hablaba— ¿No te lo había dicho ya? El príncipe y yo, somos amantes —la expresión del especialista, se fue a nada con la noticia— Oh...si. Fue uno de los flujos más exquisitos que he vivido.
—Eso no es verdad. Estas mintiendo. El príncipe jamás haría eso contigo. Seria rebajarse demasiado.
—Por supuesto que lo hizo —admitió— Y déjame decirte, que quedó mucho mas complacido conmigo que contigo.
—...no te creo.
—¿Qué pasa? ¿Por qué pareciera ser que Viktor está afectado con esa noticia? ¿Acaso él y el príncipe...? —Yuuri tomó la palabra— ¿Te llamas Otabek, no? No sé qué clases de intenciones tengas, pero no tenias por qué dispararle a la chica. Si solo vienes para servir a tu pueblo, llévate lo que quieras y déjanos en paz.
—Es verdad —acotó Altín, apuntando ahora hacia el— Debí dispararte a ti.
—¡Yuuri! —impidió Phichit— ¡No lo hagas!
—Ya basta —obstaculizó Nikiforov, interponiendo su cuerpo entre el suyo— Si esto es una clase de venganza en mi contra, hazlo como corresponde. No seas cobarde —demandó, dando pasos hacia el— Vamos a resolverlo como Kentaurinos que somos. A manos limpias.
—No sé si te lo han dicho alguna vez, Viktor —reconoció el militar, esbozando una sonrisa pérfida en el rostro— Pero yo soy Esathiano.
—¿Qué...? —un disparo limpio en la pierna, le inmovilizó por completo— Argh... — Mierda, he bajado la guardia.
—¡Viktor! —aulló Katsuki. El horror se apoderó de su semblante, tras ver a aquel ser apreciado; adolorido en el suelo.
—¡Yuuri, no vayas! ¡Es muy peligroso incluso para nosotros! —le detuvo su compañero.
—Alto ahí, monito —evitó el líder militar— Un paso en falso y te despides de tus extremidades.
—No es justo... —masculló impotente ante la escena— ¿Por qué está pasando esto...?
—Regresaras conmigo a Kentaurus —expuso con total autoridad, amarrando una cuerda de plasma a sus pies cual saco de papas. Mientras que con la otra mano, cargaba la jaula de Plisetsky— Recibiré una muy buena recompensa por parte del Rey por esto —le echó una mirada a Mila, pateando su cuerpo como cerciorándose de que estuviera muerta— Una pena lo de la muchacha. Era bastante guapa —le arrastró con crimen— Andando.
—Yuuri... —le vio alejarse, impetuoso de no poder hacer mucho— Lo siento mucho...
—Vi-Viktor... ¡Viktor! —forcejeó contra Chulanont— ¡Viktor! Gnh...¡Déjame ir! Tengo que ir por él. Tengo que...ayudarle... —tembló, sintiendo arder sus ojos con ira— ¡VIKTOR!
A pesar de haber logrado soltarse de su agarre, no alcanzó a salir del todo de la casona. Una mano forzuda le detuvo del pie. Era la bermeja, quien aun permanecía boca abajo. Estaba mucho más que viva, simulando haber fallecido, le contuvo para que no cometiera una locura. Una cosa de algún emulsión similar a la sangre, procedió de sus labios. Rápidamente, fue asistida por los muchachos, notando como finalmente la nave de Otabek Altín despegaba con rumbo incierto. La incompetencia de no poder hacer nada le corroía los huesos. Totalmente incapacitado tras desconocer una civilización inexplorada por él, Yuuri golpeó el tatami en cólera. Si tan solo hubiese sido más fuerte en aquel momento...
—No tengas miedo, humano —musitó Babicheva. Sus heridas, poco a poco convalecían con la ayuda del propio líquido espeso emanando de su cuerpo. Una manera eficaz de regenerarse a sí mismo— Viktor sabe cómo cuidarse así mismo. Todo saldrá bien. Después de todo...ya estábamos condenados desde antes.
—¿Acaso no hay nada que podamos hacer? —insistió con desesperación— Por favor...tienes que ayudarme a encontrarlo.
—¿Por qué? —se quejó, sobando aquel pedazo de piel expuesta en su vientre. Mila daba indicios de comenzar a comprender un poco más la situación— ¿Por qué te empeñas tanto en rescatarlo?
—Porque el es... —confesó— Todo para mí —la mirada moderada de la fémina, dio como resultado un suspiro derrotado en su contra. Tal vez estaría pensando que aquel terrícola estaba fuera de sus cabales por querer sacrificarse sin mayores problemas. Sin embargo, el encuentro entre ambos era algo mucho más profundo de lo que cualquiera hubiese imaginado— Tal vez tu no creas en el destino. Pero en mi planeta, el destino es algo que realmente tiene peso entre nosotros. Viktor y yo-...
—Tiene aun las energías suficientes para volver.
—¿Eh?
—Mi nave —manifestó, apuntando en dirección al bosque— Llévame hasta ella. Y te llevaré con Viktor.
—...Mila...
[...]
—¡¿Estas demente?! —rezongó Mari— ¡¿De verdad piensas subirte a una nave alienígena y embarcarte en un viaje sin retorno, a quizás que constelaciones misteriosas?!
—No tengo más opciones —expresó el pelinegro. Preparaba un par de cosas en una mochila simplona. Ni si quiera estaba seguro de si servirían de algo esos artefactos para el viaje, ni cuánto tiempo tardaría— No sé qué cosas me depare el futuro. Pero no dejaré que se pierda este reencuentro. Tengo que ir por él.
—¿Acaso has perdido la cabeza? ¿Por qué rayos harías algo como eso?
—Porque el haría lo mismo por mi —admitió, sonriendo con total confianza— Por favor, cuida de Vicchan. Volveré pronto.
—¡Y-Yuuri! ¡No vayas!
No es demasiado tarde aun para reparar el pasado, Viktor. Si en aquel entonces tu no hubieras aparecido en mi vida, quizás nada de esto hubiese sucedido. Mi existencia dio un giro fragoso desde nuestro primer contacto. Y me hizo el hombre que soy ahora. Todos estos años...inducido por la simple estimulación de volverte a ver. Cada paso que daba, me acercaba mas a ti. Y sin darme cuenta, acabé enamorado de un cuento de hadas que en realidad siempre existió. De un ser espacial, que sabía, esperaba por mí en algún rincón de este vasto firmamento. Estaba listo para enfrentarme a todos los misterios intergalácticos, solo para volver a verte una vez más. Atravesando constelaciones enteras y galaxias infinitas.
Viktor. No necesitas cruzar el universo entero para venir a mí. Tu ya eres, mi universo. Siempre lo fuiste. Y te lo demostraré.
—Fijar curso de regreso a Mu-Scorpii —ordenó Mila— Destino, planeta Kentaurus.
Viktor...tú serás mi próximo Best-seller.
¡Próximo capitulo, el final!
