Hola, después de no sé cuánto tiempo he regresado con el que sería mi capitulo original, y del que surgieron todos los demás. He tenido que modificarlo un poco, debido a unas pequeñas alteraciones que había hecho en los capítulos pasados, para que todo coincidiera. Les agradezco de su paciencia, y gracias por leer mi historia, espero que les guste.
Muchas gracias edsongviera, por dejarme un pequeño comentario, espero que te este gustando la historia. Saludos a Magaly, por ser mi lectora más constante y darme ánimos. Mucha suerte en tu nuevo ciclo mujer. Ahora si, los dejo con el capítulo
Advertencias: Omagaverse, Lemmon. No recomendado para menores
El tiempo tenía una rara forma de transcurrir. Pasa veloz cuando haces algo que disfrutas, pero es una lenta tortura cuando te ves obligado a hacer aquello que odias. Ash lo había aprendido muy bien tras cuatro años, que pasaron con cruel lentitud, conviviendo con un lunático con tendencias de megalomanía, a quien se vio obligado a servir en cualquiera de sus caprichos, y fingir que tenía una profunda convicción por él. Donde se vio obligado a hacer cosas de las que ciertamente se arrepentía y cargaba en su conciencia. Cada vez la lista crecía, y Ash temía que hubiera un punto de no retorno. Pero seguía en su lugar, aparentando y ganando cada vez más confianza de aquel ser despreciable, aguantando lo que fuera necesario. Cada vez que perdía el ánimo, con sigilo, sacaba aquella única foto que se permitió conservar. Aquella donde estaba toda la familia Blantorche, abrazándolo con cariño, y con Elisabeth a su lado. Se repetía una y mil veces que lo hacía por ellos. Por continuar con su herencia, por vengar sus muertes, y por mantener a salvo a su amada. Jamás llego a pensar hasta qué punto uno llegaría a hacer locuras por un ser amado, pero vaya que lo había descubierto. El plan de Saiki seguía conforme lo planeado, el torneo había sido lanzado, atrayendo la atención de los competidores, entre ellos, los portadores de los tres tesoros. Había sido fácil robarles dos de los tres tesoros, aquellas personas pecaban de engreídas, creyéndose invencibles, y les había mostrado de una forma burlesca que distaban mucho de serlo. Eso había sido lo fácil. Lo difícil había sido darse a conocer públicamente, atrayendo con ello la atención de Elisabeth. La misma que lo había encarado en el torneo pasado, inscribiéndose en este solo para enfrentarle. La misma que como había pensado, lo seguía buscando con rabia para exigirle una respuesta. A la misma que había tenido que romperle el corazón, pretendiendo que solo era una extraña, solo para que Saiki apartara sus ojos de ella.
Ash había tenido que ahogar sus ganas de saltarle encima y robarle un beso, de decirle que volviera con él, que lo perdonara por todos sus crímenes. No lo hizo, contra todos sus deseos, siguió representando su papel. Y por ello se había ganado una mueca de tristeza y rencor dedicada únicamente hacia él, que había sido una estoca directa a su corazón.
Elisabeth se mantenía estoica ante él en cada encuentro que tenían en este último torneo, como si realmente hubiera dejado de importarle. Ash temía pensar que aquello era posible, aunque la duda carcomía su corazón. Cuatro años alejados, uno de ellos creyéndole la peor persona del planeta, y sin ningún lazo que los atara. Se arrepentía de no haberla marcado antes, al menos, se decía, así pasará lo que pasara estarían unidos. Pero temía, ahora más que nunca, que de haberlo hecho, la marca se hubiera borrado, dando por hecho que su lazo se había roto irremediablemente.
Y aunque se había mantenido estoico en su papel, este se había venido abajo con aquella simple imagen. En la pantalla de su televisión, se mostraba un programa algo rosa, sobre los participantes del torneo KOF y su vida privada. Un programa dedicado más a chismes y cuya mayor preocupación era criticar los vestuarios de los competidores. Ash poco le prestaba atención, utilizándolo más como ruido de fondo para distraerlo de sus pensamientos. Pero cuando mencionaron el nombre de Elisabeth, no había podido evitar prestarle atención. La mayoría de lo que decían, él ya lo sabía de primera mano. Reconocida mujer de negocios, exitosa empresaria, recatada. Una Alfa que se imponía en el mundo de los negocios y ahora en el de las peleas
-Vaya que si has sabido guardar tu secreto Cher.- Se dijo, burlándose ante lo último.
-En días recientes se ha visto muy cercana de un hombre misterioso. Nuestras fuentes nos dicen que podría tratarse de otro empresario Francés, y hay varios posibles candidatos.-
-Así es Jean, parece ser que tras todo ese recato se encuentra una mujer apasionada, después de todo. Nos han llegado un par de fotos, donde la podemos observar en actitud muy cercana, y hasta cariñosa, con un joven de cabellos rubios. Muchos especulan que se trata de Kaín, un antiguo pretendiente suyo. Aunque yo no lo creo, dado que luce mucho más joven. Yo creo que se trata de Adrian, un famoso modelo francés con quien ella tuvo tratos hace no mucho.-
-¡Cierto! Hace tiempo llamo la atención que el heredero de la famosa casa de diseño visitaba constantemente la mansión Blantorche…- Ash sintió sus manos temblar, a la par que el vaso que sostenía cayó al suelo. Siempre creyó que Elisabeth lo esperaría, pero…. Golpeo la tele, apagándola en el acto antes de salir corriendo camino al hotel donde sabía que se hospedaba. Debía encontrarla cuanto antes, debía aclarar la situación, antes de que fuera realmente tarde.
El día comenzaba a decaer, marcando el final de las eliminatorias del torneo por ese día. Elisabeth esperaba con ansías que este por fin acabara, había sido un largo día y se sentía completamente agotada. A su lado Shen y Duo se concentraban en ver los últimos combates, en parte para analizar a sus oponentes, y otra parte por la simple emoción que les ocasionaba ver una buena pelea. Platicaban tranquilamente, mientras ella buscaba una excusa para poder retirarse antes, aunque le resultaba difícil puesto que era la líder del equipo y aquello no se vería bien en ella, que continuamente les pedía a sus compañeros que se comportaran adecuadamente.
-Las peleas de mañana serán geniales, muero de ganas de enfrentarme al equipo de K y patear sus traseros.-
-K es uno de los fuertes, aunque…- Duo pareció dudar un segundo.
-¿Qué pasa hombre?-
-No sé si puedan presentarse. Escuche que Kula está… indispuesta. No sé si pueda recuperarse a tiempo.-
-¿Indispuesta? ¿De qué demonios hablas?-
-Sabes que ella es una omega ¿no? Ayer tuvo… tu sabes- Dijo incomodo de hablar de tales temas.- Escuche que las cosas se salieron de control y que K incluso tuvo que golpear a unos cuantos para que la dejaran en paz-
-Tsk, no sé porque permiten que los omegas compitan, solo complican todas las cosas.-
-Kula es una excelente peleadora, y el que sea omega no le ha impedido ganarte ¿o sí?- Intervino por fin Elisabeth en la plática sinsentido.
-Eso fue… solo suerte.- Se removió incomodo Shen.
-Creí que sabías apreciar a un buen oponente ¿O es que tu ego te lo impide?
Shen se encogió en su asiento rumiando alguna queja, pero lo bastante bajo para que no fuera escuchado por la mujer del grupo.
Duo solo los observaba atento, y una leve sonrisa se dibujó en su rostro.
-Opino lo mismo que usted señorita Elisabeth. Xiao es bastante fuerte pese a su condición. Yo no me atrevería a molestarla por eso, a menos que quiera recibir un castigo de su parte. Aunque…. Me preocuparía que se saliera de control en un lugar así. Los omegas suelen ser muy vulnerables… en esas ocasiones.-
Betty asintió, sin dirigirle la mirada realmente, prestando su atención en la batalla.
-¿Le preocupa el joven Ash?-
-Elisabeth los defiende por él, su "protegido"- Se burló Shen, ganándose un golpe en el acto. -¡Es la verdad! Digan lo que digan son débiles y sumisos.-
-Y esos tres omegas débiles lograron vencerte fácilmente ¿En qué lugar quedas después de eso Shen? Tal vez debería buscarme un nuevo compañero que no sea tan débil y quejica ¿Tu qué opinas Duo Lon? -
-Una deducción interesante.- Sonrió ligeramente, al ver el rostro de su compañero rojo del coraje.
-Como sea, yo me voy, no tengo ánimos para soportar más tonterías. Nos vemos después-
-¡Esa… Esa mujer!- Gruño Shen al ver a Elisabeth levantarse, obteniendo un golpe de su fuete y una mirada severa de su parte, lo cual lo callo inmediatamente, a la par que un escalofrió lo recorría, vaya que esa mujer le daba el suficiente miedo para saber cuándo callarse.
-Es una alfa de armas tomar.- murmuro Duo Lon al ver al gran Dios de la guerra de Shangai se hacía pequeño a su lado.
Elisabeth tomó el primer auto que encontró con dirección a su hotel. Su cabeza dolía bastante y tenía un humor de perros tras tantas tonterías ese día. Alzó el vidrió que la separaba del conductor y desabrocho los primeros botones de su chaqueta, demasiado acalorada, aunque el aire estaba prendido, apenas podía soportar el calor que tenía. Un escalofrío la recorrió por completo, dejándola sorprendida cuando una ligera molestia se posó sobre su vientre.
-No puede ser…- Murmuró asustada, pasándose la manga de la chaqueta por su frente. Reviso su pequeña bolsa, pero no encontró nada de lo que necesitaba, dado que se suponía que aún faltaba bastante tiempo, no había comprado la medicina.
Sopeso sus opciones, y lo mejor era llegar al hotel en cuanto antes para después encargarse de lo demás, maldijo por lo bajo antes de indicarle al chofer que se apresurara. Los minutos le parecían eternos, mientras el calor se incrementaba en su cuerpo. En cuanto llego, se apresuró a bajar de inmediato, dejando un billete sobre el asiento sin fijarse demasiado.
-Solo unos metros más- murmuro, deseando que nadie se percatara.
Para su mala suerte, Ash estaba justo en la entrada del edificio, al parecer esperando por algo, y al verla se le acercó de inmediato.
-Cher, que coincidencia vernos. Teníamos tanto tiempo…-
-Ahora no es un buen momento, Ash.- Murmuro caminando más rápido, cortando su parloteo y evitandolo lo más que pudiera. Su cuerpo empezaba a estremecerse y a sudar, y aquello no era una buena señal.
-¿Qué pasa Betty?- Se preocupó el joven al ver el estado de la mujer, Elisabeth siempre lucía impecable, pero esta vez había algo diferente en ella, parecía bastante alterada. Además, después de lo que había pasado entre ellos y como él se había alejado, lo primero que ella haría sería ir sobre el a reclamarle sus acciones, no huirle. Aquello sin duda lo desconcertó, y aunque lo dejo pasmado unos segundos, se apuró a seguirla.
Ella apresuro sus pasos, abrazándose inconscientemente. Las puertas del hotel se abrieron, y el aire acondicionado la golpeo de lleno, llevándole ciertos olores, y causándole un nuevo escalofrío, al ver tanta gente ahí reunida por el torneo. Ash corrió para alcanzarla, y a tan solo unos pasos lo pudo percibir, el suave aroma que soltaba Betty, tan dulce y atrayente que poco a poco iba haciéndose más fuerte. Tal vez en un espacio abierto aún no fuera tan notorio, pero dentro de aquel lugar cerrado, no tardaría en atraer la atención de todos. Elisabeth vaciló unos segundos, abrumada por todo, camino un par de pasos hacía la recepción, atrayendo un par de miradas. Ash se apresuró hacía ella, queriendo evitar toda la situación que se estaba por desarrollar. La abrazo fuertemente, volteándola hacía el, causando la curiosidad de algunos espectadores.
-¡Ash!- soltó un pequeño grito, sorprendida y asustada por el contacto. –Suéltame… por favor-
-Calla y camina, no quieres atraer la atención de los demás ¿O sí?- le hablo por lo bajo, mordiendo ligeramente su cuello. Ella no pudo evitar estremecerse ante el mínimo contacto. –Sígueme la corriente.- Betty asintió, pero odió el ser tan débil en aquella situación, si todos llegaran a enterarse…
-Cher… oh vamos Cher, te necesito.- Ash se apretujo contra ella al tiempo que su voz sonaba tan dulce y necesitada, moviendo las manos por su cuerpo. Algunos voltearon a verlos, otros en cambio apartaron la mirada ante aquel espectáculo
-Ash- Su voz se escuchó placentera, y se obligó a callar, por temor a delatarse-
-Vamos Cher, no puedo más con esto.-
-Yo te puedo ayudar cariño.- Alguien hablo entre la multitud. Ash pareció apenado, apretando aún más el cuerpo de Betty contra sí.
-Muerdeme.- Le ordeno Ash por lo bajo, y ella trato de resistirse, pero algo la hizo obedecer cuando Ash le mostro su cuello y empujo levemente su cabeza. Aquello envió un mensaje a la mayoría, mientras Ash se concentraba en guiarlos hasta el elevador. Cuando este se abrió, las personas que se encontraban en él los miraron sorprendidos.
-¡Fuera! ¡Ahora!- Ash gruño, y todos se movieron para salir de él y dejarles el espacio libre. Se separaron ligeramente cuando las puertas se cerraron al fin y Ash pulso el botón del piso. Betty estaba completamente roja, y parecía aún más alterada que hacía apenas unos minutos, trataba de jalar todo el aire que le fuera posible para calmarse, pero no funcionaba.
Ash la cargó contra sí, para su sorpresa, y aunque quiso evitarlo, su presencia la embriago, aquel era el aroma de un alfa, y eso fue algo inesperado que le dejo sin defensas. El pasillo estaba desierto para su suerte, aun así, él se apresuró hasta su habitación, entrando en ella y dejando a la mujer sobre la cama. Era una verdadera suerte que pese a que no la ocupara, siguiera estando a su disposición por normas del mismo torneo. Regreso a asegurar la puerta, no quería que nadie fuera a molestarlos en aquellos momentos. Observo nuevamente a Betty sobre su cama, que se estremecía y parecía querer quitarse de encima toda la ropa, desesperada, aunque solo desabrocho un par de botones de su camisa con sus manos temblorosas.
-Nunca imagine verte así de nuevo Cher.- Ella volteó a verlo, sonrojada, con los ojos empañados y los labios entreabiertos, y aquello fue una de las mejores visiones que Ash hubiera tenido.
-Ash.- su nombre salió en un suspiro. –Yo…-.
-¿Sabes lo que hubiera sucedido si alguien se hubiera dado cuenta? Creí que eras más cuidadosa.- Le gruño, molesto ante su propia idea. Desabrocho levemente su chamarra, caminando unos pasos hacia ella.
-Yo… yo no…. Quería...-
-La gran Elisabeth Blantorche, líder de su familia, resulta ser una linda omega, que fingía ser una alfa… Eso no sería bueno, ¿O sí? Toda tu reputación…-
-Ash… Por favor…-
-Por favor ¿Guardo tu secreto? ¿O te refieres a que te ayude con tu problema?- Abrió completamente su chamarra, sentándose en la cama. Elisabeth mordió su labio, el olor de Ash empeoraba su situación. Ayudo a abrir el resto de su camisa, dejando a la vista su blanca piel. –siempre tan recatada, pero ahora… bueno, no será lo mismo, ¿O sí?-
Betty tenía las manos en puños, tratando de reprimir los impulsos que la instaban a dejarse llevar de una vez, y lanzarse sobre el rubio para calmar sus ansias. Se le hacía cada vez más difícil contenerse, su cuerpo le exigía estar con él, llenar su necesidad, pero la poca cordura que le quedaba le pedía ser fuerte… aunque esa voz sonaba cada vez más lejana. Ash la tomo del cuello, atrayéndola contra sí, para robarle un beso, su lengua se adentró en la boca ajena, mientras ella le seguía el ritmo. La tomo de sus caderas para colocarla sobre sí, quitándole por completo la camisa y pasando sus manos por su pecho. Betty tembló ante el contacto, acercando más su cuerpo contra él, colocando las manos sobre sus hombros. Brinco en su lugar cuando sintió el miembro de Ash chocar contra si, aún por debajo de su ropa.
-Lo deseas, ¿no es así?- Ash sonrió complacido, mientras ella asintió ligeramente, apartando la mirada.
-Buena chica, así me gusta.- Pasó una de sus manos por la espalda de la mujer, hasta liberar el broche del brassiere, quitándoselo fácilmente y dejando expuestos sus pechos. Los tomo entre sus manos, mientras silbaba suavemente.-Nada mal, Cher. Crecieron en este tiempo-
Metió uno de sus pechos a su boca donde empezó a chuparlo ávidamente, mientras ella soltaba un gemido placentero, para después pasar al siguiente, e intercambiar atenciones en ambos. Ash pudo sentir como se humedecía la ropa de Betty, y ella se aferraba a su espalda.
La tiro en la cama, para después arrancar sus pantalones sin mucho cuidado, dejándola solo en pantys.
-¿Tan pronto y ya estas así de mojada?- Paso sus manos por su entrepierna, acariciándola suavemente, y llenándose de sus fluidos.
-Calla.- murmuro apenas, con la voz ronca de placer, para después levantarse, lo jalo de su camisa, para besarlo demandantemente. Ash siguió estimulándola, mientras ella trataba de desabrochar sus pantalones. Se separó de ella, para bajar por su cuello, dejando suaves marcas.
-Así me gusta… sabía que no eras tan recatada.- Betty le gruño, pero él la tomo del cuello, para después girarla y dejarla de espaldas, en un movimiento un tanto rudo.
-Ash…-
Él sonrió con satisfacción, deslizando su mano para después introducirla debajo de sus bragas, provocando que ella arqueara su espalda contra sí. Su cuello lucía tan apetitoso, y se alivió de no ver ninguna marca sobre él, pero se abstuvo de acercarse, iba a hacer que ella suplicara por cumplir lo que hace cuatro años no le dejo hacer.
Con pericia deslizo los pantys por las piernas torneadas de la mujer y bajo dejando besos por su espalda hasta sus nalgas, para después tomarla de las caderas, alzándola, y quedar frente a su entrada. –Hueles delicioso Cher.- Aspiro su aroma, para después comenzar a lamer aquel lugar, besando su clítoris, y recorriendo cada parte con su lengua, adentrándose en ella y saliendo nuevamente, fingiendo penetraciones. Sentía como ella temblaba y buscaba más contacto con él, gemía sin reparo alguno, murmurando su nombre sin cesar, mientras brotaba más humedad de su ser.
-Ash… te deseo… te quiero… en mi.-
-Shhhh, tranquila Betty, muy pronto. Debes obedecer todo lo que diga-
-Por favor… por favor Ash.-
Se separó de ella, para acomodarse sobre la cama, quitándose de paso los pantalones, para después recostarse a su lado. Acerco su miembro a la boca de Betty.
-Si tanto lo deseas…. Se buena chica.- La colocó sobre si, mientras nuevamente se dirigía a su entrada, dándole más atenciones. Ella se estremeció nuevamente, para después comenzar a lamer el miembro de Ash, abarcando su punta, para después introducirlo poco a poco en su boca. Ash fue introduciendo un par de dedos en su entrada, moviéndolos poco a poco, preparándola para lo siguiente. Disfruto hacerla estremecer, conocía cuales eran las zonas más sensibles de aquella parte, provocando que ella perdiera la concentración en lo que hacía, separándose de su miembro para ahogar un gemido y después intentar retomar el ritmo. Aunque minutos después, él tuvo que morder sus labios por el placer, al sentir la ávida lengua recorrer por completo su miembro. Se separó de ella con dificultad, mientras ella se acomodaba sobre la cama, dándole una mirada hambrienta.
-Mirate nada más, ya has perdido todo el recato Cher, tan poco propio de ti.-
-Ash... te necesito… por favor – Murmuró entrecortadamente.
Él se levantó de la cama, observándola atentamente, y aunque ansiaba continuar con aquello, primero obtendría lo que quería.
-¿Qué tanto lo deseas?- Tomó su miembro y comenzó a estimularse frente a ella.
-Por favor… tómame, hazme tuya…- Sabía que la necesidad era la que hablaba, no la razón de la mujer, así que quizás lograría su cometido fácilmente.
-Si tanto lo deseas… me dejaras marcarte, cher.-
-Ash… eso no…-
-¿No es necesario? ¿Eres una omega que se entrega a cualquiera?-Gruño, recordando la razón que lo llevo ahí en primer lugar. Aquellas fotografías que corrían por los medios, el hecho de que la mujer que estaba predestinada para él lo negara, aun cuando su razón la hubiera abandonado.
Ella enrojeció, apartando la mirada, mordiendo su labio. Ash se enojó, malinterpretando el gesto. Todo en él alertaba peligro, no se dio cuenta el instante donde se había levantado y sujetaba del cuello a Elisabeth. -¿Te has divertido en mi ausencia, Cher?- Soltó con veneno, acariciando la cara de ella lentamente. Elisabeth se estremeció, la actitud del joven y su aroma la hacía sentir pequeña e indefensa ante una amenaza. Pensó levemente en vengarse por lo que él le había hecho, ponerlo aún más celoso.
-¿Importaría si lo he hecho?- Hablo su orgullo, queriendo lastimarlo así como él lo había hecho al irse. Ash gruño aún más, apretando su agarre y haciendo que la empujara hasta sentir la cama contra su espalda.
-Lo hace…. Eres solo mía Cher, y odio compartir mis cosas.- Ash estaba a escasos centímetros de ella, siseando molesto. La beso bruscamente, mordiendo sus labios, obteniendo una queja de respuesta. Sujeto sus piernas, alzando sus caderas, para después introducirse en el centro de ella de una estocada. Betty gimió en el acto, envolviendo sus piernas alrededor de las caderas de Ash. El sintió como gemía y se quejaba, en medio del beso, pero no le dio oportunidad de separarse. Ella aferro sus brazos alrededor de su cuello, incluso una de sus manos rasguño su espalda, pero aquello solo lo incentivo. Comenzó a penetrarla, dejando de lado toda sutileza, entrando y saliendo de ella con fuerza y rapidez. Se separó de ella, solo cuando se volvió necesario respirar. Betty se estremecía bajo el, completamente sonrojada, soltando jadeos que no podía acallar.
-Así es como debe ser Cher… Haré que lo recuerdes.- Ash sujetaba con fuerzas sus caderas, manteniéndolas alzadas para poder entrar más profundo dentro de ella. La mirada de Betty estaba completamente nublada por el placer, moviéndose contra el cuerpo de Ash, queriendo sentir más, era lo que su cuerpo tanto ansiaba, lo que había estado esperando por demasiado tiempo. Ash escucho su nombre salir de los labios de la mujer, completamente perdida en el placer. –Di que eres mía.- Ella se rehusó por algunos segundos, mordiendo sus labios, mismos que fueron besados nuevamente. -¿No eres mi Omega cher?- Preguntó, bajando el ritmo de sus embestidas. -¿Quieres que vaya desquitar mis ganas con otras omegas, así como tú lo has hecho?-
-Yo no lo he hecho…. Solo he estado…. Contigo- Ash sonrió complacido, atrayendo a Betty contra si, sentadose sobre la cama, dejándola sobre sí.
-Me alegra escucharlo cher- Beso sus labios en una caricia pasional, acariciando su espalda, logrando escalofríos en el cuerpo ajeno. -¿Por qué no me demuestras que tanto me extrañaste?- Movió sus caderas contra las ajenas, obteniendo un suspiro placentero. Betty no tardo en moverse sobre él, tomando el control de las estocadas, en un ritmo cadencioso y rápido. Ash le ayudaba a subir y bajar por su miembro, con las manos en sus caderas, dándole un empuje extra, mismo que ambos estaban disfrutando. Habían ansiado ese encuentro desde hace demasiado tiempo, y ahora que por fin ocurría, pensaban aprovecharlo. Ash sintió que pronto terminaría, así que impulso con más fuerza y velocidad el cuerpo de Betty contra sí, sin querer contenerse.
-Soy… soy tuya Ash….- murmuro Betty contra él, en apenas un murmullo, pero fue suficiente para él. Con un par de estocadas más, más lentas, pero mucho más potentes, se vino dentro de ella, llenándola por completo, al tiempo que mordía su cuello, dejando su marca. Betty enterró sus uñas en su espalda, dejándole un par de marcas, mientras mordía su hombro, adolorida por la acción. Ash pareció tomar conciencia, dejando de hacer presión, para comenzar a lamer su marca, queriendo recompensar el sufrimiento que recién le había causado.
-Duele…- murmuró Betty contra él.
-Lo sé, lo siento Cher.- Ash movió un poco sus caderas, provocando un escalofrío en ella. Su miembro aún estaba hinchado a causa del nudo, para que su simiente no saliera de ella. Se movió un par de veces más, para hacerla olvidar el dolor, estimulándola lo mejor que pudo. Era la primera vez que se quedaban en esa forma, que le resultaba tan placentera. Al diablo lo que pasará, pensó Ash sientiendo el cuerpo ajeno temblar contra él, ya había perdido demasiado tiempo lejos de Betty como para permitir que algo más lo volviera a separar de ella. Y la marca en la curva de su cuello lo demostraba.
