Nota: Muchas gracias a todos los que han pasado por aquí y se han tomado la molestia de leer la historia. Espero no defraudar a nadie con este nuevo capítulo.
Disclaimer: Los personajes le pertenecen única y exclusivamente a Rumiko Takahashi
Capítulo 2: Con el corazón en la mano.
Caminaron horas, días, quizás semanas. La vida completa bajo el sol ardiente, con poca agua y casi nada de comida. Ranma sentía que los pies le pesaban, que la lengua se le dormía, que la cabeza le estallaba. Pero no dejó de andar ni un solo minuto. Nadie dijo que sería fácil ni bonito. Nadie lo obligó a ir, de hecho.
Delante de él, el muchacho que lo sacó de su casa parecía completamente entero, sin una gota de sudor, ni un tropiezo. Nada. Como si fuera poco le llevaba su bolsa de ropa. ¿A dónde diablos se dirigían? Lo cierto es que había perdido completamente el sentido de orientación y sólo seguía a quien lo guiaba, como un autómata.
—Te ves mal, Saotome. No sé si con ese estado físico puedas soportar lo que se viene…
Ranma no contestó ¿Cómo ese idiota podía pensar que alguien, ni siquiera el más fuerte de los seres humanos, pudiese resistir caminando tanto tiempo, a pleno sol, sin agua y comida? Calculaba que habían salido desde la casa de los Tendo hace tres días, más o menos. ¡Tres días! Era una locura.
—Y este es sólo el primer paso. No sabes todo lo que te queda por delante. Yo también estaba como tú, sufriendo montones por una pequeña caminata, sin imaginar lo que se venía.
¿Sufriendo? Él no estaba sufriendo, ni mucho menos. Si ese tipo pensaba que acabaría con su voluntad de volver a ser el de antes, se equivocaba. Ya se había propuesto llegar al fin, sin importar los obstáculos que se le atravesaran. Había dejado todo por ello, no iba a rendirse ahora.
Sacando fuerzas de la nada, Ranma comenzó a caminar más rápido, casi más que su acompañante. A éste le sorprendió la convicción del joven. Tan grandes eran sus deseos de cambiar. Por lo mismo decidió que era un buen momento para un descanso y una merienda: le entregó una manzana.
— ¡Que lo disfrutes!
Si hace unos días alguien le hubiese entregado una manzana como almuerzo o cena, probablemente Ranma lo hubiese molido a golpes, pero la situación era demasiado distinta. A la sombra de un árbol, se sentó a disfrutar como si se tratase de un manjar. Ahora, lo único que lo atormentaba era el calor. Estaba insoportable. Si sólo pudiese obtener un poco de agua…
— ¡Espero que esto te refresque, Saotome! —y al instante Ranma sintió como litros de agua fría le caían encima ¿Dónde había conseguido tanta agua ese tarado?
— Pero ¡¿qué te pasa, enfermo?! —Ranma, en su forma femenina, se paró de un saltó dispuesto a destrozar a su compañero. Sin embargo, cuando se acercó a él, notó que éste lo miraba como si fuera un ídolo. Sintió que le explotaba la cabeza.
—No puedo entender cómo quieres dejar de ser lo que eres…
—Este no soy yo realmente, es decir, no es mi cuerpo, o sea…—No había manera de explicar bien el asunto. El compañero de Ranma sonreía fascinado sin poder creer como Ranma, aquel muchacho insípido y sin gracia, podía querer dejar atrás esa forma espectacular que ahora tenía ante sus ojos. Sin duda, como mujer, mostraba todas las cualidades que como chico no poseía. Ranma sentía que lo desnudaba con la mirada. Fuera de sí, se le lanzó encima dispuesto a matarlo pero sólo recibió un golpe en la nuca que lo hizo abandonar rápidamente la realidad presente…
"Es demasiado fuerte" pensó luchando por no perder la conciencia, temiendo de lo que ese loco pudiera hacerle estando él indefenso.
De a poco comenzó a recuperarse. No supo cuánto tiempo permaneció así ni si el loco que iba con él aprovechó esos momentos para sobrepasarse. Se dio cuenta que estaba en su forma masculina y comenzó a preguntarse cómo y de dónde habría conseguido agua caliente. Le dolía todo y no sabía si podría dar un paso más pero tampoco estaba dispuesto a pedir nada: se puso de pie y se dispuso a retomar su camino.
— ¿A dónde crees que vas Saotome? — Ranma sentía que estaba bajo el agua.
—Sigo con mi camino…
— ¿Pero cómo? Si ya hemos llegado — y apuntó a una pequeña aldea de unas cuantas casuchas que se veía a unos doscientos metros. En unos pocos minutos estaban ahí.
No se veía un alma en ese lugar. No había luces ni ruidos. A Ranma se le indicó el lugar que le correspondería desde ese momento en adelante y, sin importarle que la cama fuera un montón de paja con unos cuantos trapos, se lanzó ahí, extenuado.
—Descansa Saotome. Mañana vendré por ti temprano.
Ranma estaba tan cansado que no tuvo tiempo de pensar en lo mucho que su vida había cambiado en esos pocos días. Tampoco pensó en la vida que había dejado, en la gente que lo quería, nada.
—Pronto seré normal— se dijo mientras dormía con una sonrisa.
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Akane estaba sentada en la ventana de su habitación. Era una noche bonita, había luna y las estrellas brillaban sobre ella. Hacía tres días la rutina de su casa se había transformado completamente. Se mentía a sí misma diciéndose que ahora todo sería como antes, antes de que tío Genma y Ranma llegaran a su casa. Volvía a tener más espacio para ella y podía entrenar y estudiar tranquila. Ya no tenía que preocuparse por las intrigas de Shampoo o por Ukyo. Ahora tenía todo el tiempo para ella. La estrellas brillaban allá arriba y, sin poder evitarlo, recordó la última navidad que pasaron todos juntos. Así estaban, bajo una luna que brillaba y un mar de estrellas, ella y Ranma, sin decir nada pero juntos. No podía entender qué estaba pasando, todo parecía una horrible pesadilla. Ranma se había ido lejos y no sabía por qué ni para qué. Le dolía aceptar que significara tan poco para él como para ni siquiera conocer el real motivo por el que se fue de la casa…
— ¿Por qué tuvo que ser así, Ranma?
Por mientras, Kasumi y Nabiki se encontraban en el comedor. Nabiki continuaba en su mundo material, pensando en cómo hacer más dinero ahora que una importante fuente de donde sacarlo, Ranma, se había marchado. Ya no podía vender nada de él a Kuno y eso significaba una gran pérdida para sus arcas. Kasumi, por su parte, pensaba en Akane.
—Akane no está bien, Nabiki.
Nabiki dejó un momento sus nuevos proyectos y miró a Kasumi.
—Yo la veo bastante bien…
—No lo creo, sigue actuando normalmente, como si la ida de Ranma no le hubiese afectado en lo más mínimo.
—Pues, no es tan así—. Nabiki parecía saber algo que los demás desconocían: —Ha estado tomando un camino diferente estos días, para ir a la escuela. Si eso te parece normal, pues entonces, lo es.
Kasumi sentía una gran tristeza por su hermana. Sabía que no estaba bien y el hecho de fingir que nada pasaba le podía hacer peor. Pero, nadie podía realmente ayudarla. Sólo ella misma y Ranma.
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Por su parte, y lejos del hogar de los Tendo, Ranma pasaba lo suyo. El primer día en su nuevo "hogar" se transformó en un infierno.
— ¡Buenos días princesa!
Ranma sintió como una oleada de agua le caía encima, despertándolo. Ya estaba de nuevo como mujer en frente del pervertido que le acompañó en su viaje. ¿Cómo podría llegar a sanarse si ese loco vivía lanzándole agua? Se levantó como pudo y pidió algo de comer, no podía empezar nada con el estómago vacío.
—No señorita. Aquí primero se entrena y luego, dependiendo de tu desempeño, comes. Entre mejor lo hagas, más comes ¿No es maravilloso?
Ranma insistió: estaba muy débil sin comer pero no obtuvo la respuesta que quería. Así partió el primer día.
Tuvo que correr, ir a buscar agua, hacer flexiones, partir madera, piedras, levantar pesas, ejercicios de destreza, piruetas. De todo. Nunca en su vida había practicado tanto. Aunque estaba extremadamente cansado y hambriento, las ansias de llegar al final de esto y ser libre, una vez más, le hacía sacar fuerzas que él mismo desconocía poseer. Al terminar el día, pidió lo que le correspondía de comida.
—No hay nada para ti, Saotome. No has entrenado ni la cuarta parte de lo mínimo que se espera de ti. Tendrás irte a dormir sin comer.
Debía ser una broma ¿Cómo que no había entrenado lo suficiente? Hirviendo en ira, pensó en atacar a su enemigo. Todo quedó en pensamiento porque, antes de armar siquiera un golpe, había recibido él uno, tan fuerte que lo dejó sin aliento.
—Odio tener que hacer esto, preciosa, pero no me dejas otra opción. Espero que mañana sea un mejor día.
Y ahí quedó Ranma, tirado, completando su cuarto día sin comer decentemente. Al menos le dieron permiso para tomar un baño y volver a su forma normal. Con el estómago rugiendo, se durmió.
Esta rutina se repitió por los siguientes dos días. Ranma despertaba en las mañanas a causa del enorme balde de agua fría que le caía encima. Una vez despierto, debía soportar la humillación que le causaba la forma en que era mirado, por su cuerpo de mujer. Luego, el entrenamiento que duraba todo el día. Se esforzaba al máximo pero, aun así, no parecía suficiente: no reciba comida alguna. Desesperado, intentó robar algo para comer desde el lugar donde se guardaban los alimentos. No obstante, apenas asomó la nariz por ahí, se llevó una paliza descomunal. Cinco tipos, tan rápidos y fuertes como el pervertido, se le vinieron encima y casi lo matan. No podía entender cómo podían ser tan fuertes, qué hacían para tener tal habilidad. Recostado en su cama, pensó en renunciar a todo y volver a su casa pero, de inmediato recapacitó ¿Qué pensaría su padre si desistía? Akane seguramente se burlaría de él. No, no podía. Él nunca se había rendido y, esta vez, no sería la excepción. Sólo tenía que empezar a hacer las cosas de mejor manera.
Como primera cosa, decidió despertar antes de que le lanzaran el balde de agua. Cuando el pervertido entró, él ya estaba listo y dispuesto. Y para asegurarse, y también para mostrar su habilidad, pateó el balde que llevaba en las manos, dándole a entender que, de ahora en adelante, él también tenía algo que decir en esta historia. Su compañero sonrió: se moría de ganas por volver a ver a Ranma chica pero también le seducía el hecho de encontrar en Ranma hombre un rival a vencer. Las cosas comenzaban a gustarle…
Ranma trabajó más duro que nunca. Era el primero que se levantaba y el último en irse a dormir. Todo lo que se le pedía hacer, lo hacía y de manera sobresaliente. No lo detuvo ni el calor, ni el hambre, la sed o el cansancio. Él había venido con un objetivo; no descansaría hasta alcanzarlo. Muy pronto, todos los que estaban ahí se dieron cuenta de que sería cosa de pocos meses para que Ranma pasara a la segunda parte de la prueba, la prueba en sí. Y a él le gustaba sentir esa admiración sobre sí. Fantaseaba con el día en que, vencida la maldición, volviese a casa y todos lo vieran como siempre debió ser. Seguramente su padre le pediría que lo llevase a él también. Y Ryoga. ¿Qué diría Akane? Hasta podía ver su rostro. Era tanta la emoción que olvidó haber hecho un trato…
—Muy bien Saotome, esta vez sí que has hecho un buen trabajo. Por lo tanto, puedes recibir comida.
Por fin. Ranma se acercó para recibir su cena y mayúscula fue su sorpresa al recibir tan sólo dos zanahorias. ¡Dos zanahorias! No podía ser cierto.
— ¿Cómo se supone que sobreviviré con esto?
La respuesta fue clara: había hecho lo suficientemente bien para recibir esa cena. No quedaba más remedio que conformarse. Tenía tanta hambre que se demoró más en recibir las zanahorias que en comérselas. Y luego, a dormir. Si el ruido de su estómago casi vacío se lo permitía.
Estando ya solo en su pieza, y tratando de obviar el agujero que sentía en el estómago, Ranma pensó en tiempos pasados. ¡Qué sabroso cocinaba Kasumi! Y Ukyo y Shampoo. ¡Cómo estaría su padre disfrutando ahora de los más ricos platos! Comiendo seguramente doble porción: la de él y la suya. Estaba tan hambriento que, en ese momento, hasta hubiese devorado de buen gusto cualquier cosa que le hubiese cocinado Akane. Casi podía verla con su delantal, en medio de una cocina desastrosa, llena de harina o salsas, tratando de preparar algo. Sonrió melancólico. Hasta ahora, no se había percatado lo mucho que extrañaba a su padre, a lo que él consideraba su hogar, su familia, sus amigos. Volvió a sonreír.
— ¿Qué estarás haciendo ahora, Akane?
¡Gracias por leer!
PS: Se aceptan sugerencias.
