Muchas gracias a todos los que se han tomado la molestia de leer y, más aún, dejar sus comentarios. Significa mucho para mí.
XOXOXOXO
Disclaimer: Los personajes pertenecen a Rumiko Takahashi
Capítulo 3: Porque Akane odia a Ranma…
—Pobre Akane. No puedo creer que Ranma la haya abandonado…
—No sé tú, pero yo nunca lo vi muy interesado en ella. Siempre tuvo, además de Akane, otras tantas prometidas.
—Seguramente estaba esperando la oportunidad para huir y no tener que casarse con ella. Pobrecita. Aunque es mejor que lo hubiese hecho ahora y no el día mismo del casamiento…
En el comedor, de espalda a todo y a todos, Akane fingía no prestar atención a lo que se decía. Odiaba ser objeto de lástima. Era lo mismo de siempre desde que Ranma se fue. Bastaba que Akane se sentara a comer y empezaba el chismoseo. Por lo mismo, ya casi no pasaba a almorzar, lo que trajo consigo otros tantos chismes que decían que, deprimida por el abandono, había renunciado a vivir. Y el dejar de comer era una muestra clara de ello. Por lo mismo, prefería pasar el tiempo libre en el patio. Lamentaba que ni siquiera P-Chan estuviese cerca: le hubiese ayudado tanto en ese momento. Se sentía sola y con un vacío en el pecho. ¿Era posible que la ausencia de Ranma le causara tal tristeza? ¿O era sólo su ego herido? No lo sabía. No quería saberlo. Sólo sabía que necesitaba que las habladurías acabaran porque la estaban matando. Sí, la persona con la que estuvo comprometida se había largado sin dar una razón muy clara para ello ¿Tenían que recordárselo a cada momento?
—Akane ¿dónde está Ranma? Todo el mundo comenta que se fue de aquí sin decir una palabra a nadie. No me sorprende que haya roto tu pseudo compromiso contigo (porque no era tal). Pero él estaba comprometido conmigo desde que somos niños…No puede marcharse sin decir una palabra. Te exijo que me digas dónde está.
No podía ser. Como si los chismes de pasillo no fueran ya demasiados, ahora aparecía Ukyo a pedir explicaciones por Ranma ¿Qué tenía que ver ella en el asunto?
—No sé dónde está Ranma, ni me interesa. Si no te dijo nada, es problema tuyo y no mío. Sus razones tendría.
—Tú sabes algo y no me lo quieres decir. Si crees que puedes esconderlo, estás equivocada.
Ukyo debía estar loca ¿Cómo iba ella a esconder a Ranma por tanto tiempo? ¿Y dónde? Ese tipo de actitudes le correspondían a Shampoo, no a ella. Ukyo consiguió finalmente que no probase bocado alguno ese día, nuevamente.
— ¡Incluso cuando no estás me siguen fastidiando estas mujeres por tu causa, Ranma!
Se echó a correr sin saber a dónde iba. Tampoco le importaba. Si hubiese podido salir del mundo y olvidar todo ese tormento, lo hubiese hecho. Corrió y corrió. Una, dos, cinco, veinte cuadras. Sólo se detuvo cuando se quedó sin aire y sin piernas para seguir corriendo. Se apoyó sobre una reja para no caer. Irónicamente, era la reja por la que solía caminar Ranma cuando se iban a la escuela. Desesperada, comenzó a darle golpes hasta que le sangraron las manos. Después, nuevamente a correr por las calles hasta llegar a su casa. No saludó, no se detuvo ante nadie, ni siquiera miró quienes estaban ahí presente. Subió tan rápido como pudo y se encerró en su dormitorio en donde dio rienda suelta a su ira, tirando todo lo que ahí encontró.
En la planta baja, todos se sorprendieron al comienzo para luego dar un suspiro de tranquilidad. Eso debió haber pasado mucho antes. Akane había aguantado estoicamente una semana de sufrimiento sin decir nada, aparentando que todo estaba bien cuando todos sabían que no era cierto. Genma se sentía culpable por la inmensa tristeza que su hijo le causaba a la hija de su mejor amigo pero los Tendo le hicieron saber que no era su responsabilidad. Y, en cierto sentido, tampoco lo era de Ranma, al menos no por completo. Seguramente había una buena razón para hacer lo que estaba haciendo. Lo importante, ahora, era tranquilizar a Akane que, al ritmo que iba, terminaría destruyendo toda la casa.
—Trataré de hablar con ella—dijo Kasumi visiblemente triste. El dolor de su hermana le afectaba mucho.
—Voy contigo — Nabiki también se sumó. Como en pocas otras oportunidades, Nabiki estaba genuinamente preocupada por su hermana.
La encontraron tendida en el piso en medio del desastre que ella misma había ocasionado. Si las oyó entrar, no le dio mayor importancia, porque no cambió de posición ni hizo intento alguno por levantarse del suelo. Sus hermanas la miraron afligidas.
—Akane…
No respondió, ni siquiera se movió. Sin embargo, comenzaron a oír unos pequeños sollozos. Kasumi se acercó y comenzó a acariciarle el cabello hasta que volteó a verla. Akane, entonces, se reincorporó y se sentó frente a sus hermanas.
—Toda la escuela habla de mí, de cómo me abandonó Ranma, seguramente por otra de sus novias…
—Pero Akane, eso no es cierto. Tú sabes lo que dijo Ranma: se iría a entrenar.
—Aun así, no paran de hablar de mí, de él, de los dos—dijo mientras estallaba en un llanto desconsolador.
Kasumi miró a Nabiki. No estaba diciendo toda la verdad y eso les preocupaba porque, mientras Akane no aceptara que lo que verdaderamente le dolía era que Ranma se hubiera marchado y no tanto lo que decían de ellos, difícilmente encontraría paz. Kasumi le curó las manos y se quedaron con ella hasta que se durmió y luego se fueron, sin decir nada, porque todo lo que hubiesen podido decir estaba demás.
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Al completar una semana de entrenamiento, se le otorgó a Ranma un descanso de media tarde. Luego de practicar en la mañana y cumplir con las tontas obligaciones de siempre, quedó libre para hacer lo que quisiera, siempre dentro de ciertos límites.
—No pueden pasar las rejas que delimitan este lugar. No pueden tener contacto con nadie que no pertenezca a esa comunidad, por lo tanto, no pueden hablar con la gente que venga a trabajar en reparaciones o los que vienen a dejar provisiones. No intenten comunicarse con nadie ajeno— anunció el guía de Ranma quien, al parecer, oficiaba de vínculo entre la gente recluida ahí y el maestro, al que jamás veían por ahí.
El día estaba soleado y bastante caluroso por lo que Ranma pensó que una excelente opción para pasar su tarde libre sería darse un chapuzón en un pequeño río que corría ahí cerca. Era cierto que pasaba a unos cuantos metros más allá de los límites que les habían fijado como prohibidos pero, tampoco era tanta la distancia. Además, si era cauteloso y rápido, nadie se percataría que violó una de las reglas impuestas.
Cuando estuvo seguro de que no había nadie cerca, Ranma se escabulló por entre las casuchas en dirección al río. No le tomo mucho tiempo llegar a la orilla. El agua se veía exquisita y, después de quitarse lo que llevaba puesto, se lanzó de cabeza. Sentía como la frescura del agua lo envolvía de pies a cabeza. Hacía bastante rato que no disfrutaba de un momento de relajo y soledad ya que, siempre estaba rodeado de la demás gente o del granuja ese que le había servido de guía el primer día. Sólo en las noches lograba tener algo de intimidad pero, a menudo se acostaba tan exhausto que no alcanzaba a disfrutarlo. Estaba tan dichoso que no sintió que alguien se acercaba y comenzaba a observarlo detenidamente. Cuando lo supo, ya era demasiado tarde. Unas manos increíblemente fuertes lo tomaron por la espalda sin que pudiese librarse de ellas. Pataleó, aleteó, trató de voltearse pero todo intento parecía en vano, no podía liberarse de las manos que lo aprisionaban.
—Nos encontramos de nuevo, linda.
Ranma sintió que le estallaba la cabeza al descubrir quién era el dueño de esas manos. Debería haber estado más atento e intuir que ese tipejo parecía tener ojos en todas partes. Lo encontraría hasta debajo de la tierra, hasta en el río más allá de su territorio.
— ¡Suéltame maldito enfermo! —. Ranma luchaba por escapar pero no lograba siquiera aflojar las garras ¿Cómo podía ser posible que tuviese tanta fuerza?
El otro sonreía de manera aterrorizante. Parecía dispuesto a hacer cualquier cosa con Ranma. Como su presa parecía estar cada vez más difícil de capturar, optó por métodos un poco más brutos: lo tomó del cuello y comenzó a apretar lentamente mientras Ranma comenzaba a sentir que el mundo externo se desvanecía.
—No quiero hacerte daño, pequeña, pero no me estás dejando más opciones. Además, te has comportado como una niña mala al no acatar mis órdenes. Tendré que castigarte por ello—y soltó una carcajada siniestra. Era el fin o podría haberlo sido pero, para su suerte, aún no llegaba la hora de Ranma. Una voz femenina se escuchó a lo lejos.
— ¡De nuevo con lo mismo!
Al oír la voz, las garras soltaron a Ranma y este pudo volver a respirar, con dificultad. A lo lejos, una muchacha con un vestido floreado de llamativos colores se alejaba corriendo. Ranma vio que su acosador comenzaba a alejarse de él.
—Tenías que ser tú, otra vez — dijo con un tono de fastidio. —Te las arreglas siempre para aparecer en el peor momento y arruinar todo.
Por esta vez, Ranma se había salvado. Pero sabía también que no pasaría mucho tiempo antes de que este maldito se saliera con la suya. Necesitaba hacerse tanto o más fuerte que él para sacárselo de encima. Sin embargo, por ahora, debía buscar a la muchacha y agradecerle ya que, por ella, él todavía podía decir que estaba vivo.
Después de mucho buscarla, la encontró llorando detrás de una de las casuchas de la comunidad. Era bastante joven aún, posiblemente más joven que él.
—Yo… yo quería agradecerte por haberme ayudado…
La niña dejó de llorar por un momento y lo miró. Parecía no reconocerlo.
—No sé de qué hablas, nunca he hecho nada por ti. Por favor, déjame sola.
Ranma entonces recordó que ella lo había visto en su forma femenina y él había cambiado de apariencia una vez que tuvo la posibilidad de tener agua caliente cerca. Tomó un jarro con agua fría y se lo lanzó encima.
—Sí lo hiciste, hace unos minutos. En el río.
Cuando la muchacha vio a Ranma como mujer, se largó a llorar de manera desconsolada.
—Siempre es lo mismo, basta que llegué una joven linda y él las persigue. A todas.
—Yo soy un hombre—, respondió Ranma— y si fuera una chica, jamás me fijaría en un pervertido como aquél. Cuando vio que la niña volvió a llorar de forma aún más descontrolada, supo que había dicho algo de más.
— ¿Lo conoces?
Ella asintió con la cabeza.
—Se supone que nuestros padres nos comprometieron pero, la verdad, él nunca ha mostrado gran interés en mí. Siempre se lo pasa detrás de cualquier otra niña…
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El haberse desahogado, en parte, hizo que el buen humor regresase a Akane. Luego de ordenar el caos que ella misma había dejado en su dormitorio, fue a ver si Kasumi no la necesitaba para algo en la cocina. Era la primera vez que entraba ahí desde que preparó ese pastel de cumpleaños que Ranma ni miró.
—Kasumi ¿necesitas que te ayude en algo?
—No Akane, ya tengo todo listo para la cena. Quizás podrías ir a pasear un momento. Te haría bien tomar aire fresco y volver para cenar.
Le pareció una muy buena idea. Necesitaba distraerse y pensar en otras cosas que no tuvieran a Ranma como el protagonista. Quizás ir a ver algunas revistas o comprar ropa. Le haría bien.
Salió. Paseó por el parque, revisó números nuevos de revistas y libros, compró helados, tuvo que esconderse de Kuno Tatewaki, evitó pasar por el restaurant de Ukyo, alimentó a unos pájaros, vio como unos niños jugaban en unas fuentes de agua, otros con unos perros. Cuando vio que el cielo se ponía anaranjado y el sol estaba cada vez más bajo, sintió que era hora de volver. Le había dicho a su hermana que volvería a comer y así lo haría. Es más, si se iba enseguida, podría ayudarla a poner la mesa y servir. A los pocos pasos se encontró con alguien.
—Hola Akane — la saludó Mousse amablemente. Ella le respondió de igual forma; siempre le había tenido aprecio.
—Hace algún tiempo que no te veía, Mousse ¿cómo están las cosas?
—La verdad es que he tenido muchísimo trabajo, ahora que Shampoo no está, debo también realizar labores que, comúnmente hacía ella.
¿Shampoo no estaba? Eso era nuevo para Akane. La verdad es que no la veía desde hace algún tiempo, ni siquiera para preguntarle por la desaparición de Ranma. Le pareció algo extraño y comenzó a preocuparse.
— ¿Cómo que Shampoo no está? ¿Fue a China?
El rostro de Mousse reflejó tristeza. Cuando se quitó los anteojos, Akane pudo ver que sus ojos estaban llenos de lágrimas.
—En realidad, no lo sé. No fue mucho más lo que dijo, a mí por lo menos. Y su abuela tampoco me ha dicho más. Sólo sé que un día apareció diciendo que tenía que entrenar de forma más seria y dura y, para eso, debía marcharse lejos, por un tiempo indefinido. Se fue precipitadamente al día siguiente sin decir cuándo volvería. Recalcó, eso sí, que era un viaje que debía hacer sola y que no podía dar más detalles. No se despidió. De ahí en adelante, no la vi más y no he sabido tampoco nada de ella ni su paradero — suspiró.
Akane sintió estar viviendo un déjà vu. Esas eran exactamente las mismas palabras que había pronunciado Ranma cuando intentó explicar por qué debía irse tan repentinamente. Sintió como un frío insoportable se le colaba en los huesos, en la sangre y le paralizaba el corazón ¿Era eso? ¿Ranma se había fugado con Shampoo? Seguramente no dijo nada para no hacerla sentir mal, por lástima ¿Cómo podía ser tan cruel? ¿Marcharse sin darle una explicación, dejando que ella imaginara todas las historias posibles sólo porque no había tenido el valor de decirle que a la que realmente quería era Shampoo? Apretó los puños con fuerza y, de haber podido, hubiese golpeado a Mousse por darle semejante noticia (aunque él, en realidad, sólo se limitó a describir un hecho) pero se detuvo al pensar que el pobre Mousse debía estar tan triste como ella. Era mejor no decirle que Shampoo y Ranma debían haber escapado juntos…
—Disculpa, Mousse, se está haciendo tarde y dije que estaría en casa para la cena—la voz de Akane sonó ahogada.
—Akane ¿te sientes bien? — Pero no hubo respuesta. Ella se había ido.
A diferencia de la vez anterior, Akane no corrió. Se fue lentamente a su casa, caminando. Aunque hubiese deseado no hacerlo, las lágrimas comenzaron a resbalar por sus mejillas. Shampoo la había derrotado una vez más, como siempre. Pero esta vez, su victoria era total. Había huido con Ranma y, al parecer, esta vez no hubo trucos ni hechizo de por medio. Si Ranma había decidido que ese era su camino, aunque le doliera, ella no podía hacer más. Sólo olvidarlo. Pero la herida estaba demasiado fresca, todavía.
—Eres un mentiroso y un cobarde, Ranma ¡No sabes cuánto te odio!
¡Gracias por leer!
