Gracias a todos los que, nuevamente, han pasado por aquí a leer y a dejar sus comentarios. Es muy valioso para mí. Para todos los que se han mantenido leyendo va dedicado este capítulo.
Disclaimer: Los personajes pertenecen a Rumiko Takahashi.
Capítulo 4: Sólo un sueño.
Hacía tanto calor que no dudó ni un instante en quitarse la ropa y lanzarse al agua. Desde que había descubierto ese río, Ranma no dudaba en violar las prohibiciones impuestas y correr a zambullirse, siempre tomando las debidas precauciones, a prueba de depravados. El agua estaba exquisita, fresca, cristalina: lo tentaba a tratar de llegar hasta el fondo. ¿Cuánto tiempo podría durar estando sin respirar? Lo intento, una, dos, cinco veces. Estaba bajo el agua tanto tiempo como sus pulmones se lo permitían y luego salía, cuando estaba a punto de perder la conciencia. Tomaba una gran bocanada de aire y volvía a la carga, soñando que era uno más de los peces que por ahí circulaban. Cuando creía que sería la última vez, se decía "una más" y volvía al fondo. Iba a repetirlo otra vez cuando notó su propio reflejo en el agua. Se acercó para asegurarse de que era real: no se había convertido en chica. Se tocó el rostro, el pecho y comprobó que, efectivamente estaba en su forma masculina, la única que siempre debió tener. Loco de felicidad comenzó a reír y zambullirse exclamando que todo había concluido. Era verdad lo que decían el famoso maestro, el pervertido, todos. Podían curar su defecto y ahora podía decirse que era un hombre libre. Se puso a nadar con todas sus fuerzas hasta que notó que una reja le cerraba el paso ¿cómo era posible? Salió a la superficie y vio que estaba en un lugar ligeramente distinto: había un puente de madera, árboles muy altos, una escalera de piedras llevaba hasta una glorieta que estaba un poco más arriba. Había flores de loto, cerezos, parecía un verdadero paraíso. Quiso con todos sus deseos atravesar. Una voz se escuchó recordándole algo.
—Ranma Saotome, prometiste cumplir con lo que se te pidiera si recuperabas tu aspecto normal. Lo has logrado. Tu promesa a cumplir es no atravesar la reja que te cierra el paso.
Ranma quedó un tanto sorprendido ¿eso era todo? Aunque el paisaje se veía bellísimo, no era que estuviera desesperado por cruzar. Prefería tener la dicha de estar en contacto con el agua sin preocuparse de volverse mujer. Dio una última mirada a ese lugar de ensueño, pensando que, de todos modos, siempre se pueden conseguir algunas cosas con algo de trampa y esta no tenía por qué ser la excepción. Estaba a punto de retirarse cuando escuchó unos gritos desesperados. Eran de más de una persona, al parecer buscaban algo o a alguien. Trató de retomar su camino pero no pudo. Parecía ser que algo terrible pasaba del otro lado de la reja, porque escuchó llantos. Se acercó nuevamente para ver bien y comenzó a reconocer a algunas personas que bajaban por la escalera de piedra: su padre, tío Soun, Nabiki, Kasumi, todos llorando ¿Qué les estaba pasando? De pronto, dirigió su mirada al agua. Al principio notó que algo flotaba pero no podía distinguir que era hasta que todo se volvió clarísimo. Era Akane ¿qué hacía ahí si no sabía nadar? Se ahogaría. Trató con todas sus fuerzas de romper la reja y llegar hasta donde ella estaba pero no pudo. Intento pasar por debajo, pero la reja comenzaba desde el mismo fondo. Trató de saltarla pero una fuerza desconocida lo lanzaba a su punto de origen. No sabía qué hacer. Lo único que sabía era que Akane lo necesitaba y él no podía ayudarla. Vio cómo la familia completa se metía a buscarla y suspiró aliviado cuando lograron tomarla . No podía irse sin asegurarse de que ella se encontraba en buenas condiciones pero, desde donde estaba, podía ver que ella no se movía. Trataron de reanimarla pero nada. No despertaba. Sentía un dolor en el pecho, la angustia le cerraba la garganta. "Resiste Akane" suplicaba. Tío Soun lloraba pero no como todas las veces. También lo hacían Kasumi y Nabiki quienes le tomaban la mano a su hermana. Vio como su padre movía la cabeza, con un gesto de tristeza profundo marcado en su rostro.
—Lo siento, Tendo. Akane está muerta.
Ranma sintió que la sangre se le congelaba. No podía ser cierto ¿Akane se había ahogado? Y él, estando tan cerca, no pudo hacer nada. Gritó desesperado pero nadie podía oírlo, nadie podía consolarlo. Akane ya no existía más.
Despertó empapado de sudor, con el corazón a punto de estallarle. Le costó respirar con normalidad y asegurarse de que todo había sido una pesadilla, una horrible pesadilla. Se levantó a beber un poco de agua para calmarse un poco. Todo parecía tan real. Quizás Akane estaba en problemas pero ¿cómo ayudarla? No, fue todo una pesadilla. Akane debía estar bien en su casa, con su familia, durmiendo. Todo debía estar igual.
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Había una luna tan bonita esa noche. Brillaba e iluminaba a la gente que pasaba por fuera de su casa, la que veía desde la ventana. Lucían todos tan felices, estallando en carcajadas, algunos de la mano, otros en plan de conquista; otros, los menos, pensativos, quizás evocando a quien los esperaba en casa para cenar. Todo el mundo parecía estar lleno de vida, menos ella y, lo peor, es que no sabía cómo revertirlo. O, mejor dicho, lo sabía pero esa posibilidad estaba fuera de sus manos.
— ¡Qué torpe eres, Akane! — exclamó sacudiendo la cabeza ¿Cómo podía ser posible que ella estuviera ahí, sufriendo, mientras Ranma y Shampoo debían estar disfrutando de su nueva vida juntos? Dos gruesas lágrimas rodaron por sus mejillas. Odiaba jugar el papel de la noviecita abandonada y abatida pero, en el fondo, eso era. Y, por ahora, no estaba en condiciones de superarlo.
"De todos modos, espero que disfruten su futuro juntos. Ranma siempre deseó a alguien como Shampoo, cariñosa, femenina, que cocine bien. Supongo que ahora soy yo la que debe seguir su camino" pensó, dándose fuerzas para enfrentar y superar lo acontecido.
Pero aún era tan pronto…
—No puedo entender cómo puedes sentir algo por ese tipo tan idiota—Ranma estaba sentado bajo un árbol, en una pausa de sus entrenamientos. A su lado estaba la muchacha que había conocido hace unos días, quien miraba desconsolada como su novio flirteaba con un grupo de chicas. Hombres y mujeres solían estar separados en los entrenamientos pero, a la hora de descanso, se les dejaba compartir por unos momentos. Ranma no compartía con nadie, excepto ahora con esta muchacha. Habían comenzado a hacerse amigos.
—Yo tampoco me lo explico— dijo con un dejo de amargura. —He intentado por todos los medios romper el compromiso y hacer como si no me importara el que esté detrás de otras muchachas, pero no puedo. Es algo más fuerte que yo —respondió con tristeza.
Ranma la miró serio. Aunque no era exactamente igual, su otrora situación se parecía.
—La gente no debería comprometerse. No faltan los líos, las confusiones, los malos entendidos—exclamó comiendo una gran porción de arroz.
— ¿Has tenido novia alguna vez?
La pregunta sorprendió a Ranma. ¿Qué podía decir? Se podía decir que sí, de hecho, se le adjudicaban tres.
—Me he visto comprometido con tres chicas debido a la necesidad de las circunstancias pero, en mi opinión, yo no tengo novia.
—¿No tienes o quieres pensar que no tienes? — quizás Ranma era otro sinvergüenza que negaba a sus novias para coquetear con otras.
—No tengo y no me interesa tener.
— ¿No te gustaban tus novias? ¿Eran muy feas?
No, no eran feas. Incluso una era muy bonita…
—No sé, no me interesan. Ninguna.
—Pero ¿no sentías algo ellas? ¿O por alguna de las tres?
— ¿Algo?
—Sí, algo. Algo especial, eso sólo se siente por una persona. Algo que te llevara a pensar que, de todas, esa era la que tú querías, la que te podía llevar a hacer locuras.
Pensó un momento. Algo especial ¿Podía referirse eso a los nervios que sintió durante la representación de Romeo y Julieta? ¿A la decepción que sintió cuando se dio cuenta de que ese beso no había sido real? Sabía muy bien, pues se lo repetía a cada rato, que lo que le importaba de la obra era el bendito viaje a "ver" China. Nada más. Pero…sabía también que, de no haber sido Akane su Julieta, nada hubiese tenido mayor sentido. Era ella la que completaba ese todo.
—Bueno, no sé...vivía en la casa de una de ellas junto a mi padre, por esa razón puede decirse que la conocí más pero…yo no sé…
La amiga de Ranma sonrió al ver que éste se ruborizaba. No, no podía ser sólo eso y ella lo sabía. Lo notó en sus ojos: brillaban de una manera distinta al momento de recordarla. Ella sabía perfectamente cuando alguien estaba enamorado y Ranma lo estaba, aunque él no lo supiera o no quisiera saberlo.
—Hey ¿por qué me miras con esa cara? —Ranma se sintió sorprendido, descubierto. —No vayas a pensar mal, no tengo nada que ver con las chicas, sólo traen problemas y enredos. Y creo que es mejor que me vaya a entrenar, he perdido tiempo valioso hablando aquí de boberías.
—Muy bien, Saotome, como has dicho, no estás aquí para boberías.
Ranma suspiró fastidiado ¿Habría un solo día en que no tuviese encima a ese degenerado? Cada paso que daba, cada pensamiento que tenía, todo era interrumpido por él. Hasta podía tener la sensación de su respiración en la nuca. Y esta chiquilla que no paraba de sufrir por él ¡Por él! ¿Qué le vería? Aunque ella siempre estaba dispuesta a agradarle, él parecía ignorarla. Rara vez los había visto juntos, hablando o al menos pasando el tiempo. La frialdad con que él la trataba era evidente. Aun así ella parecía profesarle un gran amor, casi una adoración… Decidió no prestarle atención y no caer en su juego. Por alguna razón, que él aun no descubría ni entendía, ese tipo poseía una fuerza y rapidez descomunales. No podía deberse a un gran entrenamiento porque, en todos los días que llevaba ahí, Ranma jamás lo había visto entrenar en demasía. Sólo como lo haría cualquier aficionado. Tampoco creía que fuera un prodigio, lo que le dejaba la opción de algún truco, magia, algo que lo llevara a tener semejante poder ¿Lo sabría el famoso maestro? ¿Sería que él mismo, una vez que sus discípulos lograban el objetivo de librarse de sus maldiciones, les llevaba a adquirir esa fuerza? De ser así, entonces quizás él podría lograr ser ultra poderoso. Pero, por ahora, necesitaba mantener a raya a ese chiflado, al precio que fuera.
El otro notó en la mirada de Ranma que éste algo sabía de él. O sospechaba algo. Eso le inquietaba. Necesitaba tener cuidado. La primera acción era tratar, por todos los medios, que Ranma no consiguiera su objetivo de dejar a atrás la maldición de los estanques. Eso lo mantendría por debajo de él en capacidades y, además, tendría esa forma femenina que tan loco lo estaba volviendo.
Mientras tanto, en casa de los Tendo, Soun lloraba desconsolado. Le habían cambiado a su Akane: ya no era la niña de antes, ligera de genio, impulsiva. Ahora era como una sombra flotando en tristeza. Genma lo acompañaba sabiendo que el causante de todo era su propio hijo y, aunque quisiera poder remediar la situación, lo cierto es que nada estaba al alcance de sus manos. Akane pasaba mucho tiempo encerrada, sin salir con sus amigas, sin comer de forma adecuada, apenas asistía al colegio. Ya no entrenaba y no parecía tener deseos de acercarse siquiera al salón de entrenamientos. Estaba completamente ausente, aunque jamás la vieron llorar o decir palabra alguna. Si al principio, cuando Ranma recién había abandonado la casa, la vieron mal, lo de ahora era preocupante ¿Qué podría haber pasado, luego de eso, para abatirla de tal modo? Ni Kasumi ni Nabiki supieron, tampoco, dar una respuesta concreta. Comenzaron a tratar de entrar por la fuerza al mundo de Akane, a ver si algo podían obtener, pero nada pareció traspasar el muro que ella había puesto en su defensa. El acoso al que fue sometida la hizo comprender que sería una tortura vivir de semejante manera y decidió acabar con eso. Retomó sus actividades normales, sonriendo a la fuerza, entrenando duro, saliendo con algunas amigas, etc. Todo pareció ir viento en popa pues ya no tenía a la familia encima de ella tratando de averiguar qué le pasaba. Era tanta la desesperación por librarse de ellos que, durante el día y tratando de despistarlos, pareció olvidar el dolor que la había hecho prisionera. Pero bastaba entrar en su habitación por las noches, cerrar la puerta, percibir el silencio y la figura de Ranma aparecía una vez más en su mente y, con ella, toda la tristeza que esta le entregaba.
Un día, mientras caminaba distraída, Akane encontró a Mousse. No quería realmente hablar con él así es que desvió su camino para no encontrarlo. Para su mala suerte, éste sí la vio y fue tras ella para preguntarle cómo estaba.
—Bien, gracias—. Akane le contestó de forma un poco tajante. Quería librarse de él.
— ¿Te sientes bien? Te ves un poco cansada…
Akane le explicó que estaba bien, que había entrenado mucho y también estudiado mucho por lo que sí, seguramente era el cansancio. Aunque trataba de comenzar su marcha del lugar, Mousse la seguía mientras le daba indicaciones de viejas recetas chinas que acababan con el cansancio en un abrir y cerrar de ojos. De un momento a otro, la presencia de Mousse dejó de incomodarle. Tenía miedo que le recordara algo sobre Shampoo y esto, inevitablemente, la llevara a Ranma pero nada de eso ocurrió. Mousse estaba tan enfrascado en su monólogo sobre la medicina china que no tuvieron tiempo siquiera de percatarse que iban directamente al café donde éste trabajaba. Sin saber cómo, Akane se vio con una taza de té y un pastel, mientras el muchacho la atendía.
Fue una bonita tarde. Por primera vez en bastante tiempo, Akane sintió que el tiempo se le pasó volando. Probablemente el hecho de saber que Mousse estaba pasando por una situación de tristeza similar la hizo sentirse entendida hasta que recordó que él no sabía nada sobre Shampoo y Ranma; seguía creyendo que ella volvería el día que se hiciera más fuerte. Meditó un momento sobre si era prudente decirle algo y llegó a la conclusión que no. Ella no tenía derecho a hacerlo. Mousse estaba tan esperanzado con que, a su vuelta, Shampoo por fin lo aceptara que no se sentía capaz de acabar con esa ilusión. Y no lo haría. Se despidió de él sin mencionar ni a Shampoo ni a Ranma pero agradeciéndole el buen rato que le había hecho pasar. Esa noche, no tuvo que fingir que estaba feliz. En realidad, no lo estaba. Pero sí llevaba una serenidad interna que la hizo sonreír sin mayor esfuerzo.
—Buenas noches familia —, dijo al entrar. —Esta vez no cenaré porque ya lo hice afuera— y se aprestó a subir a su dormitorio. Una vez ahí, sintió el vacío de siempre pero esta vez acompañada de una sensación de tranquilidad que la hizo dormirse casi de inmediato.
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Ranma aumentó al doble su jornada de entrenamientos con el fin de poder alcanzar su máximo nivel en el menor tiempo posible. En principio, eso lo ayudaría a librarse del pervertido acosador y, en segundo lugar, lo llevaría a cumplir lo que había prometido para librarse de su mal. Lo primero, era de suma urgencia ya que el loco ese que actuaba como intermediario buscaba hacerlo tropezar de cualquier manera. No entendía qué tenía en contra suya. Es cierto que no habían simpatizado y que él lo consideraba un pelele (aunque esto el loco no lo sabía pero, por la manera de ser, en ocasiones, tan franca de Ranma, debía sospecharlo) pero eso no era razón suficiente para pretender verlo derrotado. Quizás temía que Ranma lo aventajase y terminarse venciéndolo o, sencillamente, que descubriera que en realidad su fortaleza física era un fraude, porque así lo creía Ranma, y descubriera la fuente de su poder humillándolo delante de todos. Ranma no sabía lo peligroso que era ese hombre cuando se trataba de conseguir algo para sí. Nunca había sido un gran guerrero, era débil por naturaleza y con un alma fácilmente inclinada al vicio en vez de la disciplina. No tenía paciencia para entrenar y rara vez se le veía practicando. Su novia decía que, al comienzo, nadie tenía fe en que pudiese progresar pero, misteriosamente lo hizo, de la noche a la mañana. Comenzó a ganar demasiada atención y eso pervirtió aún más su ser. Hasta la hora, ninguna de las personas que había llegado a ese lugar era lo suficientemente poderoso como para sembrar algún tipo de celos en él, hasta la llegada de Ranma. Y a eso, había que agregar el enorme deseo que la versión femenina del mismo Ranma le provocaba, dándole una doble motivación para su actuar: seguir ocupando el sitial del más fuerte y no permitir que Ranma chica se fuera para siempre. Cuando vio el enorme progreso que Ranma había alcanzado, su miedo comenzó a materializarse y decidió que de él dependía que las cosas no avanzaran más allá. Sabía, por regla de la comunidad, que no podía atacar libremente a uno de los integrantes, sólo podía hacerlo para defenderse. Por eso, esperó a que la entrometida de su novia se alejara (no entendía por qué ahora parecía ser la sombra de Ranma) y actuó. Comenzó por lanzarle un balde de agua y se abalanzó sobre él, abrazándolo por la espalda.
—No sabes cuánto te extrañé, hermosa…
Ranma luchó con todas sus fuerzas y, esta vez, parecía poder hacerle frente. Con un rápido movimiento se lo sacó de encima. Le temía a ese hombre: podía ver una mezcla de maldad y lujuria en sus ojos, sentimientos que amenazaban con caerle encima.
—Esta vez no podrás salirte con la tuya. Me he preparado bien y puedo derrotarte— dijo Ranma seguro.
Su contrincante sonrió. Era cierto: había mejorado pero se necesitaba más que rapidez para acabar con él. Se lanzó nuevamente donde la pelirroja pero ésta saltó por sobre él y le asestó un fuerte golpe en la cara con el pie. Pudo sentir cómo la sangre salía del labio y volvió a sonreír. Tenía una prueba en caso de que algo no saliera como lo había planeado. Sin perder su malévola sonrisa, se acercó a Ranma y haciendo un rápido giro se ubicó tras él, comenzando el castigo. Ranma jamás supo de dónde salieron tantas manos y pies, sólo sentía los golpes: uno, dos, diez, veinte, cien. En un momento sólo sintió que todo se veía oscuro y no recordó más. Cayó de bruces para no levantarse. Su rival lo había vencido y lo miraba con lujuria pero su retorcida razón pudo más. Tenía un plan y lo importante era terminarlo. Antes de marcharse roció a Ranma con agua tibia.
Pasó la tarde completa y Ranma no apareció a comer. Su amiga comenzó a preocuparse y salió a buscarlo, no pensó en encontrarlo en el mismo lugar en que lo vio última vez, aunque ahora estaba en un estado calamitoso.
— ¡Ranma! ¿Qué te pasó? ¿Quién te hizo esto? —gritó mientras se acercaba al muchacho. Estaba cubierto en sangre pero respiraba. Podía tener un hueso roto. O más de uno. Era necesario llevarlo a su habitación y que alguien lo revisara pero ella no podría hacerlo sola. Pidió ayuda a gritos a la vez que le hablaba a Ranma, buscando alguna reacción de su parte. De pronto, éste abrió los ojos. Comenzó a mirarla con emoción ¿La habría reconocido? Su mirada era dulce y dejaba ver atisbos de felicidad: Ranma sonreír al mirarla.
— ¡Akane! — exclamó.
