NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE DREAMWORKS, SOLO ME DIVIERTO ESCRIBIENDO SIN GANAR NI UN CENTAVO POR ESTO.

¡Hola a todos!

Al fin pude traerles este capítulo, intenté subirlo el fin de semana pero Fanfiction no me dejó T_T al menos lo aproveché para editarlo aún más. Este capítulo tiene mucho Hiccup/Astrid :3

Reviews:

DragoViking: jajaja si, tus divagaciones van bien, tienes buena intuición. Curiosamente, no pensé que Astrid matara a Chimuelo jeje, aunque hubiera sido interesante (a ver si después se agrega eso).

HoneyBH: wow, siento muy lindo que por mi fic te empezara a gustar esta pareja, supongo que estoy haciendo un buen trabajo =D Pues mira, hace mucho que no leo fics de este fandom (por falta de tiempo) así que no sé cuáles son los fics más recientes (muuuuy malamente, porque debo ponerme al corriente) pero los fics que leía hace unos años y que me gustaban mucho destacan los de las autoras Earline Nathaly, Barakkeda, Veddartha y Noblee. Si no mal recuerdo todos los fics de estas autoras están terminados. Intentaré ponerme al corriente con más historias esta semana (tengo curiosidad por las de DragoViking) para poder recomendarte más fics =)

anakarenzavala029: jaja si, Hiccup es muy terco. Creo que es de las cosas que tiene en común con Astrid, es de las cosas que más me gustan de esta pareja.

i lOve anime-jOya: originalmente iba a ser más corta, pero me salieron más palabras de las que tenía planeadas jeje. Aunque tengo en mente otro fic de esta pareja, pero no le he dedicado mucho tiempo por estar trabajando en este, veamos si consigo pulirlo lo suficiente para publicarlo.

KillSat: de verdad intenté que fuera antes, pero simplemente no se pudo :c

Melanie Villamar: jajaja ¿Hiccup cometiendo estupideces? ¿de dónde sacas eso? (sarcasmo) Astrid también sufre un poco en este capítulo, pero creo que valdrá la pena jeje, no te daré más spoiler para que leas a gusto =D

Shinki S: muchísimas gracias, aquí esta la nueva dosis de este fic para disminuir tu intriga c;

Astridfangirl: ("Eres dinamita nena" te juro que me echo a reír de recordar la escena de Ralph el Demoledor jaja ¡me encanta!) me pasa algo curioso con las escenas Hiccup y Astrid, las pienso muchísimo en mi mente pero cuando me pongo a escribirlas nada de lo que escribo se parece a lo que pensé... pero de alguna forma funciona. El punto es que a ustedes les gusta, y también a mí, así que parece que mis dedos saben más jaja. Creo te gustará este capítulo c;

Anislabonis: Al principio de la historia no tenía muy bien definida la diferencia entre esos dos Hiccups, vi las dos películas y varios capítulos de las series para marcar una especie de "guion" que lo hiciera más realista, y muchas veces reescribí los capítulos porque algunas escenas no me salían. No creo que debas menospreciar tu trabajo, si te pasas a mi perfil y lees mis primeros fics verás que son muy simplones y con una redacción muy mala XD pero ahí los conservo porque me ayudan a ver si he mejorado o no ¡Ánimo! Muchísimas gracias por tus palabras, por disfrutar de mi historia y de verdad te lo digo, sólo es cuestión de que practiques y en definitiva mejorarás =D

Ahora sí ¡a leer!


VI

—Yo podía venir solo ¿sabes?—dijo Hiccup, un poco molesto mientras él y Toothless seguían a Windshear.

—Ni hablar—replicó Heather—Si no querías que Astrid viniera es por algo. Lo menos que puedo hacer es garantizar que llegues seguro.

—Ustedes se preocupan demasiado.

—No, nos preocupamos sólo lo suficiente.

Volaban en la noche, Hiccup estaba encantado, pues las estrellas se reflejaban en el mar y las olas estaban tranquilas. Todo el ambiente era hermoso y casi surrealista. El viento fresco y el aroma de la sal le relajaban. De no ser por Heather y Windshear, ya se le habría olvidado que volaban hacia Dragon Edge por una misión.

Por su parte, Heather se mordía los labios. Sabía que Astrid iba a enojarse mucho, mucho, pero tras todo lo que habían vivido ella no podía negarle nada a Hiccup.

—Astrid te dijo que no vinieras ¿verdad?—preguntó la pelinegra.

—Sí, me dijo que ella y los otros se encargarían—respondió automáticamente—Por cierto ¿cuál es el problema que tienen? Tampoco me quiso decir.

Suspiró, Astrid iba a matarla de todas formas ¿qué tenía que perder?

—Una manada de Monstrous Nightmares se está instalando en la isla—dijo—Eso es normal, lo extraño es su comportamiento. Nos han estado atacando, y también a nuestros dragones. Es muy extraño y no sabemos qué hacer para que se instalen en la isla sin que nos vean como enemigos.

Hiccup escuchaba. No recordaba absolutamente nada de dragones con excepción de lo que su padre le enseñó cuando tenía catorce años: "Son bestias enormes escupe fuego, unas más peligrosas que otras". Y ahí estaba, montando a un Night Fury. No, esas viejas lecciones de su padre no servían ahora.

Pero, en lo profundo de su ser, una vocecita le susurraba que eso no era normal. Guardó silencio para escuchar mejor a esa voz, esa suerte de intuición que lo llevaba guiando varias horas.

—No se supone que esos dragones sean tan territoriales—dijo.

Heather lo miraba atenta. Aunque sonaba como el Hiccup de antes, seguía sin ser él por completo. Era extraño, pero comprendía mucho mejor a Astrid ahora.

—Lo sé, por eso no sabemos qué hacer.

—¿Qué han intentado hasta ahora?

Heather le explicó que intentaron usar sus propios Monstrous Nightamres para señalarles una especie de frontera en el bosque, creyendo que el problema era la delimitación del territorio. Pero la manada rugió, quemó árboles y se fue, sin atacarlos, pero tampoco respondieron a la dinámica. A los Gronckles, los Nadders y Terribles Terrors si los atacaban bastante, y temían que se fueran encima de los dragones más pequeños que apenas estaban entrenando y que por ahora no sacaban mucho de los establos. Probaron también dejándoles comida de diferentes tipos, intentaron acercárseles desarmados para mostrarles que no eran peligrosos, pero en ambos casos fueron casi incinerados vivos.

—Es un comportamiento demasiado extraño.

—Sí, lo es—respondió Hiccup.—La verdad lo es.

Al menos eso decía la vocecita en su interior.

Tras varias horas de vuelo cruzaron la zona nebulosa que marcaba la frontera entre el Archipiélago y el mar abierto. Poco después estaba una isla, grande y de altos acantilados, con un acceso fácil tanto por mar como por aire. A Hiccup le gustó, y no se sorprendió mucho cuando Heather giró hacia el interior de un acantilado, en donde estaba medio escondida la pequeña aldea de Dragon Edge.

No era ni la mitad de grande de lo que era Berk, y es que apenas la poblaban unas veinte personas. Sin embargo, le gustó mucho el estilo con el que la habían construido. Las diferentes casas estaban dispuestas a diversas alturas, conectadas por puentes entre sí y a una sala común, dejando jardines y veredas lo suficientemente amplios para personas y dragones. Era un lugar pensado no sólo para los vikingos, sino para que los dragones y sus crías pudieran desplazarse fácilmente.

Como era de noche, había un centinela en una torre de vigilancia que saludó a Heather, pero todos los demás dormían. Aterrizaron en la plataforma frente al establo, más que grande para que una tropa de jinetes pudiera aterrizar ahí.

—Tu casa es esa—señaló a una casa cercana y grande, con una chimenea alta y el símbolo de los Haddock pintado en rojo—Nadie la usa, así que puedes dormir ahí si quieres.

—¿Y tú dónde dormirás?

—En la casa que era de Astrid.

Heather abrió la pesada puerta del establo, dejando que Windshear entrara para tomar agua y dormir. Hiccup notó que Toothless no se movió en ningún momento hacia el establo, así que asumió que dormiría con él igual que en Berk.

—¿Por qué tenemos casas individuales aquí?—recordaba que en su diario escribió un poco sobre los planes de construir Dragon Edge, pero quizá Heather sabría más al respecto.

—Ustedes construyeron esta aldea hace ya tiempo—Heather bostezó, cansada por el viaje—Querían proteger a los dragones que no viven dentro del archipiélago. Cuando derrotamos al enemigo, Stoick les pidió que regresaran a Berk, y un pequeño grupo nos quedamos aquí para monitorear.

Fue la explicación más rápida que se le ocurrió. Notó que Hiccup no estaba satisfecho con esa información, pero estaba realmente cansada y quería dormir. Miró al cielo, faltaban pocas horas para que amaneciera, y debían aprovecharlas.

—Vamos a dormir, Hiccup—le pidió amablemente—En la mañana podremos hablar mejor sobre esto… antes de que llegue Astrid.

Hiccup la vio bostezar otra vez y asintió. Caminaron por el puente correspondiente, pues la casa que era de Astrid estaba en la misma vereda que la de Hiccup. Eso por alguna razón le hizo sonreír. Agradeció a Heather otra vez y le deseó buenas noches, entrando a su propia casa. Toothless no parecía muy cansado, pues no se sentó, más bien se quedó de pie cerca de la entrada, observando a su jinete.

Los ojos de Hiccup recorrían la habitación. Tal y como sucedió con la de Berk, no la terminaba de sentir suya. Pero la vocecita en su interior estaba muy contenta. Decidió hacerle caso a la voz, y no a sus emociones pesimistas. Había una pequeña forja, que era de donde salía la chimenea, también había una cama, otra placa de piedra para Toothless y una especie de escritorio. No prestó atención a los otros muebles ni a los varios prototipos de armas cerca de la forja, se fue directo al escritorio. Guardados en diferentes diarios había una gran cantidad de bocetos, anotaciones y dibujos de dragones que no vio en Berk.

Pero lo más sorprendente fue otro diario, que leyó de manera rápida. Era una especie de bitácora de todo lo que acontecía día con día en Dragon Edg, desde las discusiones sobre cómo construirían el campamento –ahora villa– hasta la defensa de Viggo, cuando éste falleció cayendo hacia el volcán. Las batallas, mucho mejor descritas, los diferentes dragones encontrados, las armas que desarrolló, los problemas y discusiones que tuvo con los demás jinetes, todo estaba ahí. Hiccup cerró el diario dejándolo sobre el escritorio, sentía que ahí estaba representada una parte importante de su vida.

Una parte que ya era pasado, que no recordaba, pero que por primera vez desde su accidente, no se preocupó ni molestó en recordar.

Miró las altas vigas que sostenían el techo de la casa. Él la había construido. Con sus amigos. Con Astrid. Él había hecho todo eso. Sonrió orgulloso de sí mismo, aceptando el mérito sin culpa. Sus hombros se sintieron de repente fuertes. Y una confianza que no recordaba poseer regresó a su mente.

—¿Estás cansado, amigo?—preguntó a Toothless. El dragón negó, y rugió en aprobación a cualquier aventura.—Qué bien, porque debemos ir al bosque.

Quería encontrarse con la manda de Monstrous Nightmares y ver el problema con sus propios ojos. Se puso en el cinturón una espada y caminó al lado del Night Fury, sintiéndose muy a gusto. Todo se le hacía familiar.

No era esa sensación de familiaridad que había sentido antes en Berk. No se trataba de que reconociera las calles, las casas, los establos o los dragones. Sí, una parte de su ser parecía haber visto todo aquello antes, pero eso no era lo que le causaba la sensación de familiaridad. Lo que se lo causaba, era la manera en que se sentía al estar ahí, al caminar al lado de Toothless hacia el bosque, le invadía una sensación de confianza y de seguridad que no sintió en sus primeros catorce años de vida, pero que ahora no se le hacía nada desconocida.

Estaba contento de sentirse a gusto consigo mismo, con su entorno y con su dragón. Todo gracias a que escuchó a esa vocecita en su interior. No la ignoraría ahora, ya no más. Así que la fue siguiendo mientras caminaban hacia el bosque, aprovechando que los Night Furys son casi invisibles en la oscuridad y que nadie parecía saber que él estaba ahí (excepto Heather, dormida en otra casa a varios metros de distancia).

No esperaría a que Heather despertara, ni que Astrid llegada enfurecida –por más seguridad que sentía ahora, la imagen de una Astrid enojada seguía asustándolo– actuaría haciéndole caso a su instinto. Llegaron al límite con el bosque y, sin mirar atrás, cruzaron los matorrales.

.

.

Stoick llegó a su casa un poco más tarde, procuraba legar temprano estos días que Hiccup seguía recuperándose, pero ahora que debía cumplir con muchas de las responsabilidades que le había cedido a su hijo su itinerario era más largo. Le dolía la cabeza del cansancio, así que se dejó caer frente al fogón y colocó perezosamente el agua caliente para preparar el té, quizá si tomaba un poco de esa cosa su dolor disminuiría.

—Hiccup—lo llamó, con la voz más baja que pudo, pero lo suficientemente alta para que se escuchara en la casa—Hijo…

No hubo respuesta.

Bueno, últimamente estaba saliendo mucho con Astrid, lo cual era bueno. Tampoco estaba Toothless. Desde que Hiccup entró en esa etapa de la pubertad en la que sólo buscaba aventuras, Stoick se convenció a sí mismo de que mientras su hijo estuviera con el Night Fury nada saldría mal. Al menos así se calmaba en los días más pesados.

Ese día en particular había sido muy pesado, así que tomó un poco del té de su hijo, dejó otro vaso con la humeante infusión en la mesa a simple vista y se fue a recostar. Necesitaba un descanso.

A la mañana siguiente estaba mucho mejor y descansado, se despertó de tan buen humor que comenzó a cantar una de sus viejas canciones favoritas sobre un viaje en altamar. Llevaba mucho tiempo sin navegar, y los ancianos siempre decían que los vikingos no podían ganarse la gloria de Odín sin una buena aventura en barco al menos una vez al año. Salió de su alcoba pensando que podría tomarse una tarde –quizá la otra semana– para pescar un poco, extrañaba usar los remos y podría invitar también a su hijo. No compartía muy gratos recuerdos con Hiccup en altamar, pero bueno esa amnesia debía servir para algo ¿no?

Su buen humor se esfumó cuando vio el vaso con el té, frío y solo en la mesa, exactamente como lo dejó el día anterior.

—¡Hiccup!—gritó, subiendo a la alcoba de su hijo. No estaba, ni tampoco el Night Fury.

"Muy bien, esos dos están juntos" intentó calmarse, con poco éxito. Era demasiado temprano en la mañana, pero quizá, sólo quizá, Hiccup había madrugado.

Salió de la casa rápidamente y caminó hasta la fragua. Gobber estaba frente al fogón, viendo cómo su dragón encendía el fuego para realizar las labores de ese día. Al ver a su amigo, el viejo vikingo agitó su mano-martillo y sonrió.

—Madrugaste hoy, Stoick—saludó.

—Hiccup no está en casa—dijo sin perder tiempo—Creo que ni siquiera llegó a dormir ¿lo has visto?

—No desde ayer. Pero ¿qué te inquieta? Sabes que el muchacho se da sus perdidas de vez en cuando.

Era cierto, y hasta tenían un sistema para eso. Cuando Hiccup partía en una aventura que podría tomarle más de una tarde, le dejaba un pequeño recado en la mesa principal, Stoick no solía preocuparse hasta el tercer día, y cuando llegaba solía regañarlo por haberlo preocupado y dejar sus responsabilidades en la aldea por tanto tiempo. Ambos estaban tan impuestos a esa dinámica que la consideraban perfectamente normal.

—Lo sé, lo sé—respondió—Pero Hiccup no ha recordado todavía muchas cosas, por eso me preocupa.

—¿Está con el Night Fury?

—Sí.

—¿Y con Astrid?

—No lo sé.

Como invocada por los dioses, Astrid apareció saludándolos con una sonrisa y preguntando por las armas que había dejado para reparar el día anterior. Al verla, Gobber hizo una mueca.

—Bueno, creo que sí tienes razón de preocuparte.

Gobber se inclinó buscando las armas de Astrid, mientras la rubia veía al Jefe con una mueca de confusión.

—¿Preocupado por qué, Stoick?

El Jefe suspiró, pues no sabía cómo decir lo siguiente sin que ella se alterara.

"Claro que se va a alterar, es Astrid" se reprendió mentalmente.

—Parece que Hiccup no está en Berk—dijo.

La rubia primero hizo expresión de confusión, después de incredulidad, y terminó con una de total preocupación.

—¿No está?—ni siquiera se percató de que Gobber le tendió un bolso con sus armas—¿Cómo que no está? ¿Dónde podría estar?

—Era en lo que estábamos pensando cuando llegaste—le dijo Gobber, poniendo el bolso en sus manos—Al menos sabemos que está con Toothless.

Ante la mención del Night Fury, Astrid recordó que la tarde anterior Hiccup lo había montado, y que había manifestado su deseo de ir a Dragon Edge. Oh no, por favor no. Rezó en sus adentros, apretando al mismo tiempo la mandíbula y las armas en sus manos.

—Creo tener una idea de dónde está—le dijo a Stoick—Espero equivocarme.

El Jefe la siguió a la Academia, en donde estaban reuniéndose los otros jinetes. Le daban de comer y de beber a sus dragones antes del viaje, todos un poco adormilados pero de buen humor. Astrid ni siquiera los saludó, caminó directo hacia los guardias nocturnos que estaban terminando su jornada y les preguntó por Heather.

—Ella se fue ayer, al anochecer.

—¿Heather se fue?—dijo Fishleg sorprendido, pero todos lo ignoraron.

—¿Se fue sola?

—No—respondió con actitud relajada—Iba con Hiccup.

Su actitud tranquila desapareció apenas pronunció esas palabras.

.

.

"¿¡Cómo que se fueron!?"

"¿¡Por qué no los detuvieron!?"

"¿¡Y por qué no me hablaron!?"

"¡No me importa que fuera de noche!"

"¿¡A qué hora se fueron!?"

"¡VÁMONOS!"

Todos los jinetes montaban a sus dragones en el más absoluto silencio, aún asustados de los potentes gritos de Astrid y su expresión de pocos, muy pocos amigos. Ella iba al frente, murmurando en voz baja cosas que seguro asustarían a los dioses en Asgard, y todos se esmeraban en distraerse viendo al cielo, las nubes, el mar, los peces o cualquier cosa para no prestarle más atención. Hasta los gemelos hacían silencio, y eso era decir mucho.

—Con estos amigos para qué quiero enemigos ¡Claro, Heather, llévate a mis espaldas a mi novio para que se enfrente con una horda entera de peligrosos dragones! No importa que tenga amnesia, no, nada de eso importa, ni que…

Snotlout y Fishleg intercambiaron miradas preocupadas, pero en honor la verdad, ambos temían por sus vidas si intervenían. El único con la valentía –o tontería– suficiente para enfrentarse a Astrid en esa condición era Hiccup. Maldita sea ¿cuándo se dignaría Hiccup a mejorar?

Por su parte, Astrid intentaba no pensar de más, pero le resultaba imposible no preocuparse. Confiaba en Hiccup con todo su ser y sabía que era de las personas más valientes y capaces en Berk, pero debido a su amnesia el chico se había comportado de manera torpe e imprudente, y Dragon Edge NO era un lugar para alguien con esas cualidades. Cualquier error que Hiccup cometiera con un dragón no entrenado podría costarle la vida, ella mejor que nadie lo sabía, y aunque el instinto de Hiccup había sido muy bueno últimamente temía de pensar en qué pasaría si su instinto fallaba justo ahora.

Cuando estaban cerca de Dragon Edge Astrid dejó de murmurar, por lo que todos creyeron que estaba más tranquila, Fishleg respiró profundo y le susurró a Meatlog para que se posicionara al lado de Stormfly. Astrid ni siquiera pareció notarlo, hasta que le habló.

—Hm, Astrid.

—¿¡Qué!?

Oh, seguía igual de enojada. Fishleg se aclaró la garganta.

—Quería saber, bueno, si es que se puede claro—no, no titubeas ahora ¡no ahora!—¿Tienes alguna idea de qué haremos una vez que lleguemos a Dragon Edge?

—Primero, buscaremos a Hiccup y Heather—declaró con tono fuerte—Tendré una larga conversación con esos dos y, después, sólo después de eso, buscaremos a los dragones para verlos de cerca ¿entendido?

—S-sí.

—¿¡Alguna duda!?—gritó, volteando hacia los demás jinetes.

—No, no, claro que no—dijeron a coro.

—Tu cabello se ve tan bonito hoy.

—¿Has adelgazado, verdad?

—¡El azul de Stormfly combina con tus ojos!

Astrid rodó los ojos con fastidio.

—Aduladores—tiró de las riendas de Stormfly para ir más rápido.

Hasta la siempre fiel nadder de Astrid hizo una mueca, su jinete estaba demasiado enfadada y eso nunca era bueno para nadie. Los demás jinetes se vieron entre sí, preocupados, nadie podía controlar nunca a Astrid a excepción de Hiccup. Tenían una morbosa curiosidad sobre cómo iban a desarrollarse los eventos, pero al mismo tiempo, temían por su integridad personal.

Y quien dijera que estaban exagerando, era porque nunca antes se habían enfrentado a Astrid Hofferson… ni Loki en sus mejores días lo intentaría.

Finalmente divisaron Dragon Edge, era media mañana y varias personas empezaban sus actividades diarias. Aterrizaron frente al establo, apenas Astrid puso los pies en el suelo se escuchó su potente grito.

—¿¡Dónde está Heather!?

El pobre muchacho del establo señaló hacia el área común, asustado. Los demás la fueron siguiendo mientras la rubia caminaba a pasos firmes, entrando a la sala y buscando en la mirada a Heather. La pelinegra estaba frente a la mesa, cruzada de brazos y con expresión nerviosa.

—Astrid…

—¡No, nada de "Astrid"!—gritó—¿cómo pudiste hacerme esto? ¿¡dónde está Hiccup!?

—Yo… no lo sé.

¿¡Qué!?

Heather se encogió un poco, pero respiró profundo dándose a sí misma aliento.

—Astrid, primero cálmate.

—¡No pienso calmarme!—gritó la vikinga—Apenas ayer hablé con Hiccup sobre esto ¿tienes idea de lo preocupada que estaba mientras volaba hacia aquí? ¿te pasó por la mente las mil cosas que pueden pasarle? ¡no recuerda casi nada de cómo entrenar dragones!

—Pero…

—¡Si lo ibas a traer, mínimo me hubieras dicho para seguirlos y…!

—¡Él quería venir solo!—debatió—Por eso vine con él.

—Sabes tan bien como yo que esto es peligroso.

—Si, muy peligroso ¿pero qué querías que hiciera?—puso los brazos en jarras—¡Sabes lo terco que puede ser! No me podía simplemente negar. Además, pensé que sería un avance.

—¿Avance en qué forma?

—Sí Hiccup quiso venir por su cuenta es porque quiere arreglar este problema—le dijo con un tono más amable—Eso se parece mucho más al Hiccup de siempre ¿no?

—¿Enserio?—Astrid de cruzó de brazos, pues ya había pensado en eso—¿No será que quiere probarse a sí mismo que lo puede hacer, como el Hiccup de antes? ¿debo recordarte cuántas veces puso su vida en peligro para demostrar que era un vikingo fuerte?

De repente la expresión de Heather se volvió lívida. No había pensado en eso.

—Yo…

—¿Dónde está Hiccup?—demandó saber, antes de que su amiga siguiera hablando.

Cerró los ojos y suspiró.

—No lo sé.

—¿Cómo que no lo sabes?

—¡No lo sé! Lo dejé en su casa para que durmiera y cuando desperté no estaba. Lo he buscado en el establo, en la arena, en…

—Está en los bosques—respondió Astrid, llevándose una mano al rostro—Fue a buscar a los dragones.

Su voz ya no sonaba enojada, sino preocupada. Heather se sintió culpable de ver a su amiga en ese estado, pero como acercarse le parecía arriesgado, sólo habló:

—Entonces debemos iniciar un patrullaje.

—Sí, sí—todo enfado se fue a segundo plano, era más importante encontrar a Hiccup—Vamos, ustedes al norte, ustedes al sur…

Tras dar todas las indicaciones, Astrid saltó a la espalda de Stormfly y se fue volando rumbo al bosque. Heather no quiso seguirla, dirigió a otro pequeño grupo hacia otra parte de la isla. Mientras más terreno abarcaran, mejor.

.

.

Ni Stoick ni Gobber admitirían nunca que estaban en la Academia todavía asustados por los gritos de Astrid. Esa mujer podía asustar a todos los dioses de Asgard si se lo proponía, Stoick mismo sintió pena por su hijo cuando la rubia lo encontrara, porque claro que lo iba a encontrar…

—Esto de alguna forma me trae viejos recuerdos—dijo Gobber, aligerando el ambiente—¿recuerdas cómo se ponía Valka cuando te ibas a las expediciones en secreto?

Temblando al recordarlo, Stoick hizo una mueca y después sonrió.

—Ah, qué viejos tiempos. Sólo mi madre y Valka han podido tratarme de esa manera—recordó que en una ocasión, cuando se fue sin avisarle, Valka lo esperó todos los días en el muelle y cuando finalmente arribó la mujer lo llevó jalándole de las barbas hasta el gran comedor para "charlar a solas con su prometido"—No me queda duda de que mi hijo ha elegido bien.

—Sí, de tal palo tal astilla.—Gobber sonrió pensando en que podría disfrutar muchos años de cómicas situaciones maritales una vez que Hiccup decidiera por fin casarse con Astrid.—Al menos te queda el consuelo de que tu hijo regresará sano y salvo… con esa valquiria que salió a buscarlo no puedo pensar de otra forma.

Stoick le dio la razón, y aunque estaba aún algo preocupado por Hiccup, sabía que Astrid se encargaría muy bien del asunto.

Se dieron la vuelta y caminaron rumbo a la salida cuando divisaron a un vikingo pelirrojo que corría apurado.

—¡Me quedé dormido!—dijo Dagur, agitando una mano para que lo vieran—¿Ya se fueron todos?

Miró alrededor, y no encontró a ningún dragón o jinete.

—Temo que sí—le respondió Gobber

—Ni siquiera mi propia hermana me esperó—Dagur se cruzó de brazos, medio molesto, y se acercó a la celda en donde estaba descansando su dragón—Vámonos, aunque nadie parece valorarnos aquí aún tenemos que ir a Dragon Edge.

Gobber miró al vikingo, le parecía francamente extraño. Él y Stoick salieron de la Academia a realizar sus respectivas labores, durante las próximas horas esperarían con ansiedad tener noticias de Hiccup.

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—Nunca había visto a Astrid tan molesta conmigo—dijo Heather, suspirando—Y vaya que hemos tenido malentendidos.

—Más que molesta, está preocupada por Hiccup—Fishleg intentó reconfortarla.—Ya se le pasará.

—Espero que sí.

Los dos estaban sobrevolando la parte norte de la isla, sin embargo, Windshear estaba muy ansiosa, viendo hacia todos lados en constante tensión.

—¿Por qué está tan inquieta?—preguntó Fishleg.

—Por los ataques de los Monstrous Nightmares. Nunca sabemos en qué parte de la isla están, así que salen de la nada.

Heather acarició con ternura a su dragona, para calmarla un poco, parte de la angustia de Windshear estaba pasando a Meatlog.

—Oh no, pequeña, estate tranquila—Fishleg acarició a su dragona para calmarla—Si te pones muy nerviosa no podrás volar bien nena.

—Lo siento, Windshear debe ponerla nerviosa, pero es que nos han atacado ya dos veces.

—¿Cuántos dragones forman esa manada?

—He contado de seis y nueve.

—Con algo de suerte no los encontraremos… y si aparecen, nos internaremos al bosque para escapar.

Heather le sonrió, le gustaba cuando Fishleg intentaba parecer más valiente de lo que en verdad era sólo para calmarla.

—Me preocupa Hiccup—continuó Heather—No sé cómo no se me ocurrió que se iría al bosque.

—No te culpes por eso. Nadie lo conoce como Astrid.

—Tienes razón.

Ambos tiraron de las riendas y dirigieron a sus dragones más cerca del suelo, para poder ver entre los huecos de los árboles. De todos los jinetes, Hiccup era el más difícil de encontrar, pues Toothless podía esconderse perfectamente si lo quería y algo les decía que no querían ser encontrados.

—Aunque creo que Astrid exageró un poco—dijo Fishleg, viendo hacia las sombras de los arbustos—Ni Hiccup ni Toothless son tan débiles como para no saberse cuidar allá afuera.

—¿Recuerdas que hay una manada de Monstrous Nightmares escondida quién sabe dónde y que nos puede atacar en cualquier momento, verdad?—respondió en tono sarcástico.

—Bueno, sí… pero ¡es Hiccup!

—Astrid teme que su amnesia no le permita enfrentarse bien a esos dragones.

—En parte tiene razón. Pero Hiccup es muy inteligente, con o sin recuerdos. Creo que estará bien.

—Puede que tengas razón… pero ¿y si no?

Fishleg no respondió a eso. Llevaba tanto tiempo confiando ciegamente en Hiccup, que le costaba recordar que debido a su amnesia era más vulnerable que ellos. Era Hiccup el inteligente, el valiente, el que siempre sabía cómo resolver un problema, simplemente no podía dejar de verlo así.

—No quiero ni pensarlo—respondió al fin—Además, estos días que ha estado enfermo ha sido un verdadero martirio.

—¿Enserio? ¿Por qué?

—Hemos tenido que cubrir todos sus deberes en Berk ¡y ha sido agotador!—dejó caer los brazos enfatizando su punto—Sin la experiencia de Hiccup todo es más difícil.

Heather apretó los labios, pensativa.

—Bueno, esperemos que recuerde muy pronto la memoria—porque hasta ella misma lo ocupaba.

Se alzaron más sobre las copas de los árboles, redirigiendo su ruta. En eso vieron a lo lejos a los gemelos que volaban con Snotlout.

—Si los encontramos aquí, entonces cubrieron aquella zona—razonó Fishleg—¿te parece si cambiamos de rumbo?

—Claro, a donde dirijas—le guiñó el ojo.

Fishleg le sonrió un poco sonrojado y guio a Meatlog hacia el este. Ya habría tiempo, cuando todo esto terminara, para otras cosas.

.

.

Hiccup llevaba dos horas caminando, adentrándose al bosque con Toothless al lado. Llegaron a un claro cerca de un río, y lo aprovecharon para sentarse y descansar. Le gustaba esta calma, no se había encontrado con ningún dragón en todo el trayecto, lo cual le pareció extraño, pero ignorando a su mente y escuchando la vocecita, dedujo que todo se iría resolviendo a lo largo del día.

—¿Te gustaba este lugar, Toothless?—preguntó Hiccup, inclinándose para mojarse el rostro y refrescarse.

Toothless asintió y se recostó al lado del rio.

—Aunque no lo recuerdo, me gusta—admitió—Principalmente este claro… me es familiar.

Miró cada detalle del claro, el césped verde, las grandes formaciones rocosas, los árboles que lo cercaban y la tranquilidad del sonido del agua que corría por el río. Tenía la certeza de que había estado ahí antes, y de que había ocurrido algo importante… sí, algo importante para él.

Sintió una punzada en la cabeza, seguida de un dolor agudísimo. Toothless se tensó cuando vio a su jinete inclinado por el dolor. Escuchó susurros lejanos, que de golpe parecía que gritaban en sus oídos. Cerró los ojos abrumado y, como por arte de magia, una imagen nítida apareció en su mente.

Astrid tenía una expresión de completa triste y decepción, parecía rendida, y eso estaba mal. Astrid Hofferson nunca se rendía.

"¿Qué pasará Hiccup?" le dijo con voz resignada "¿Qué pasará si el resto de mi vida es así?"

"Lidiaremos con eso." Su voz sonaba firme y decidida.

No iba a permitir que ella se sintiera así, sola y entristecida. Astrid jamás debía sentirse así si él estaba cerca. Mentalmente se hizo la promesa de que se encargaría, de ese día en adelante, de cuidarla y de procurarla mucho más de lo que llevaba haciéndolo por años. Era el momento.

"Astrid, tú y yo hemos pasado de todo juntos ¿no crees que podamos manejarlo?" continuó, y se coló un poco de ansiedad en su voz "Astrid me tienes a mí, sin importar nada ¿okey? Lo que sea que signifique, lo que tú quieras que signifique, estoy contigo." se aseguraría de que nunca lo olvidara "Siempre será Hiccup y Astrid. Siempre."

Se inclinó hacia ella…

Hiccup abrió los ojos, mirando hacia el claro. Sí, ese había sido el lugar en que aquello ocurrió. Miró a Toothless, que se veía preocupado por él, pero no tenía tanta cabeza en ese momento para pensar en dos cosas a la vez, en lo único en lo que pensaba era en Astrid, y en lo que le dijo aquél día, en ese mismo claro, quién sabe cuánto tiempo atrás.

Siempre será Hiccup y Astrid.

Otra dolorosa punzada llegó a su mente. Y con esa punzada, un puñado más de imágenes. Astrid cegada por el rayo de una tormenta, Astrid montada en Toothless porque no encontraban a Stormfly. Astrid enfrentándose, a pesar de su ceguera, a un dragón. Astrid recuperando la vista, sentada a su lado y viendo el atardecer… besándose.

Así había empezado todo. Una intensa emoción lo abrumó de pies a cabeza. Lo había recordado ¡había recordado el inicio de su relación con ella! Había años y años de memorias perdidas sobre momentos que compartieron, pero nada de eso importaba. Había recordado el inicio de todo, y sólo por eso estaba feliz.

Se concentró en Astrid, en lo que le gustaba de ella. Siempre había adorado sus ojos azules, su sonrisa tan auténtica, su expresión firme y decidida, su cabello rubio que brillaba bajo el sol. Pero de repente nuevas características le vinieron a la mente: su perseverancia, su agilidad en la pelea, su sentido del humor cuando estaba contenta, la manera que tenía de animarlo cuando nadie más sabía qué decirle. Esas eran cosas más personales, cosas que se aprenden tras años de convivencia y de complicidad. Y todo eso regresaba a su mente.

Una punzada más, y otro puñado de imágenes.

Un golpe en su hombro.

"¡Auch!"

"Eso fue por asustarme" le dijo Astrid, ceñuda.

"¿Qué? ¿siempre va a tener que ser así?" reclamó, molesto por el golpe "¡porque yo…!"

Astrid lo jaló de la camisa y le besó en los labios, corto, conciso y con cariño. Cuando se separó, le sonrió de lado coquetamente.

"… podría acostumbrarme" sí, un golpe claro que valía un beso. Pero sólo los de Astrid.

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"Sé que debe ser muy triste ver a todos con sus dragones" le dijo ella, con una mueca de tristeza e intentando sonar comprensiva "Pero lo que hiciste por todos fue muy noble. Gracias" se inclinó y lo besó.

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La colocó cuidadosamente sobre el césped, Astrid se veía fatal. Su piel estaba verde, tenía los ojos rojos e hinchados y le costaba respirar. No estaba asustado, no, estaba aterrado, pero se obligó a mostrarse más calmado mientras le susurraba con todo el afecto que pudo:

"Tienes que quedarte con nosotros…" le dijo, luego agregó "No puedo imaginarme un mundo sin ti"

Por favor, pensó en sus adentros, por favor no me abandones.

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Astrid lucía perfectamente sana, y era tanto su alivio que podría concederle lo que ella quisiera. Ella le sonrió, con esa sonrisa que adoraba, y le dijo:

"Tampoco puedo imaginarme un mundo sin ti" esas palabras fueron directo a su corazón, reconfortándolo más que cualquier medicina.

Más besos, más sonrisas, más anécdotas, más aventuras.

Siempre habrá un Hiccup y Astrid. Siempre.

Hiccup respiraba rápido, abrumado por todas las cosas que acababa de recordar. Se inclinó otra vez sobre el río mojándose el rostro y el cabello, intentando calmarse. Una sonrisa boba de enamorado apareció en sus labios. No era la sensación de admiración y torpe enamoramiento adolescente de antes, oh no, era el amor y el cuidado que sientes tras años de relación.

No recordaba todo, claro que no, pero recordaba casi todo. La mayor parte de sus aventuras con Astrid. Muchas cosas estaban fuera de contexto, pero no le importaba en absoluto. Él lo recordaba. Eran sus memorias, sus imágenes, sus pensamientos. No eran historias que Astrid le contó, no, eran sus propias versiones de sus historias. Estaba eufórico.

Pero apenas llegó la euforia, ésta se esfumó. Porque al haber recordado esas cosas, sus sentimientos hacia Astrid se volvieron más profundos, y de repente comprendió que ella no estaría sólo molesta de que él se hubiera ido a Dragon Edge, ella estaría bastante preocupada. Por su culpa.

Y la idea de que ella estuviera angustiada, molesta y desesperada por su culpa le destrozó.

—No debí venir aquí, Toothless—le dijo al Night Fury—No sin Astrid.

El dragón rugió, dándole la razón. Hiccup se mordió el labio ¿cómo iban a ser Hiccup y Astrid si él estaba ahí, solo? Le estaba fallando. Tenía amnesia, desde luego, no recordaba muchas cosas, pero eso no era excusa. Le estaba fallando y no se permitiría seguir haciéndolo.

—Vamos, debemos buscar a Astrid. Ya debió de haber llegado aquí y…

Se puso de pie, pero apenas saltó sobre la espalda de Toothless cuando el Night Fury rugió, y un nadder azul voló sobre el cielo. Hiccup suspiró, preparándose para la fiera que de seguro lo aguardaba. Stormfly sobrevoló en círculos para perder velocidad y finalmente aterrizó, de manera grácil y práctica, frente al Night Fury.

—¡Toothless, quieto!—gritó Astrid, saltando al césped—Confío en que eres más prudente que tu jinete.

El Night Fury se encogió un poco, la pareja de su amigo podía ser intimidante. Sintió a Hiccup bajar de su lomo con cuidado.

—Ni se te ocurra irte, Haddock—no gritó, pero lo pronunció con tanta firmeza que nadie la hubiera cuestionado.

Stormfly saludó a Toothless y ambos dragones saltaron al otro lado del rio, buscando su seguridad y un ángulo idóneo para observar la discusión que empezaría.

Astrid e Hiccup estaban uno frente al otro. Ella ceñuda, él con una mueca. El silencio era abrumador.

Ahora más que nunca Hiccup quería correr hacia ella y abrazarla, decirle "¡recordé nuestro primer beso!" y contarle con lujo de detalles, preguntándole por las cosas que no recordaba aún. Pero la expresión herida que tenía la rubia le hirió profundo, y agradeció a todos los dioses que sus recientes memorias lo tenían un poco más preparado para lo que venía ahora.

—Astrid…—dio un paso adelante, pero se detuvo cuando ella levantó la mano, indicándole que guardara silencio.

—"Si algo sale mal, no estás en las condiciones de defenderte y no podemos estarte cuidando" fue lo que te dije ayer, ¿recuerdas?—su voz sonaba contenida—"Estaremos bien. No debes preocuparte por nosotros" fueron mis exactas palabras.

Se sintió acusado, y bajó los ojos un momento.

—No te imaginas cuántas situaciones pasaron por mi mente mientras volábamos hasta aquí ¡hasta Stormfly estaba preocupada!—la dragona asintió a distancia—NO espero que entiendas todo, de verdad que no lo espero, pero sí quiero que me creas cuando te digo que eres lo más importante para mí…

Para ese punto, había lágrimas en sus ojos, que amenazaban con derramarse.

—… y que si algo te pasara por un descuido mío… jamás podría perdonármelo.

Hiccup asintió, acercándose unos pasos hacia ella. Astrid siguió hablando.

—Confío en ti, con todo mi ser—explicó—Pero en estas circunstancias, de verdad necesito que confíes en mí ¿podrías hacerlo?—sollozó.

Empezó a llorar, e Hiccup con cuidado le limpió las lágrimas que bajaban por sus mejillas, ahuecando la mano derecha para acariciarle el rostro.

—Lo siento—dijo, con total sinceridad.

Astrid cerró los ojos, disfrutando de la caricia. La sentía… diferente. Más auténtica, más genuina que las anteriores. No pudo pensar más en eso porque Hiccup colocó ambas manos sobre sus hombros, y las hizo descender por sus brazos en una suave y tierna caricia hasta agarrar las manos de ella con firmeza.

Esa caricia… era… tan Hiccup. No del Hiccup de catorce años, no, era una caricia que solía hacerle el Hiccup de veinte años. SU Hiccup.

Abrió los ojos, encontrándose con una mirada verde penetrante, sincera y llena de cariño.

—Lamento haberte preocupado—le dijo, con ese tono de voz seguro y firme—Lamento haber sido tan impulsivo y descuidado. No volverá a pasar.

Levantó su mano derecha y le besó el dorso con exquisita delicadeza.

Perdóname, m'lady.

Ante la mención de aquel apodo, Astrid se sintió desfallecer de amor, alivio y felicidad. M'lady ¡cómo había extrañado esa simple palabra! Sólo Hiccup podía llamarla así, sólo Hiccup podía hacerla tan feliz, hacerla sentir segura, cuidada y confiada, sólo él y nadie más. La emoción atoró el sollozo en su garganta, y simplemente se echó a sus brazos, sin poder gritar, pero dejando que las lágrimas demostraran su profunda felicidad.

Hiccup la abrazó, sin recelo, sin dudas, la abrazó como un novio abraza a su novia, como un hombre abraza a su mujer. La estrechó contra su pecho, acariciando su cabeza y susurrándole palabras al oído para calmarla. Y Astrid se sintió reconfortada, realmente cuidada por primera vez en semanas, desde que Hiccup había perdido la memoria. De repente la soledad que llevaba soportando todo ese tiempo se esfumó. Hiccup estaba ahí, con ella, su Hiccup estaba ahí.

Ya nada más le importaba…

…hasta que sus dragones rugieron, y escucharon el inconfundible sonido de un rugido de ataque de un Monstrous Nightmare.


Y eso es todo por ahora...

Si habrá capítulo VII

NOTA: Hiccup aún no recupera TODAS sus memorias, pero sí la mayoría que lo relacionan con Astrid. De cualquier forma, esto se explicará mejor en el siguiente capítulo.

Espero que lo hayan disfrutado mucho =D