CAPITULO 2

Si miraba la situación en retrospectiva, Feitan no sabía cómo había llegado ahí. Bueno, sí sabía, pero eso no significaba que la situación dejaba de ser extraña. Siempre tuvo una imagen diferente del bastardo de las cadenas, nunca se imaginó que podría ser alguien tan calmado y educado.

Pasó su vista por el departamento y pudo notar que tenía una decoración minimalista, al parecer al chico no le gustaba tener nada de más y eso era algo en lo que Feitan estaba de acuerdo, a él tampoco le gustaba tener cosas de más consigo y si se aburría de algo simplemente lo desechaba, no le encontraba el sentido a guardas cosas que ya no le eran de utilidad y tampoco entendía ese sentimiento de añoranza que tenían algunas personas por ciertos objetos, le parecía algo delirante. Después de unos minutos solo en la sala, su escrutinio se vio interrumpido cuando vio llegar a su acompañante con dos tazas.

– Toma, es un poco de café. –

– Vaya, quien diría que el bastardo de las cadenas sería alguien educado. –

– Tengo nombre. –

– Ya lo sé. Pero siempre serás el bastardo de las cadenas. –

– ¿Qué es lo que quieres? –

Es verdad, esa pregunta lo regresó a la realidad.
Después de ese encuentro en el callejón, mientras Feitan divagaba en sus pensamientos, Kurapika aprovechó para irse lo más rápido posible. Cuando el más bajo se dio cuenta, el rubio ya estaba unas cuadras más adelante, así que decidió seguirlo. Era obvio que el Kuruta lo sabía, pero por alguna extraña razón no hacía nada por impedirlo. Feitan lo atribuyó a que probablemente el chico quería terminar con esa rara situación en un lugar más cómodo y sobre todo más calmado.

– ¿No piensas responder? –

El rubio comenzó a perder la paciencia, es más, no tenía ni idea del porque lo dejó pasar. Tal vez, si se sinceraba un poco, él solo quería alguien con quien desahogarse, aunque no estaba seguro si esa persona era la mejor opción. Por todos los dioses, ni siquiera sabía si aquel individuo podría sentir empatía por otro ser humano. Aunque claro, después de haber salido con Kuroro, comenzó a cuestionar todo lo que le rodeaba, hasta su propio juicio. Y no lo malinterpreten, no es que Kurapika no confiara en sus amigos, sin embargo, él no estaba muy seguro de cómo ellos reaccionarían si él les contaba que estuvo un tiempo saliendo con Kuroro.

– Quiero saber... ¿qué estabas haciendo con el líder? –

– Estábamos hablando. –

– Eso ya lo sé. Pude verlo claramente. –

– ¿Estabas siguiendo a Kuroro? –

– ¿Cómo sabes que no te seguía a ti? –

– Porque supongo que me hubieras matado antes de llegar con él. Además, supongo que es la primera vez que lo sigues, caso contrario esto hubiera sucedido mucho antes. –

Bueno, Feitan ya sabía que el bastardo de la cadena era más inteligente que el promedio. Eso lo dejó más que claro en York Shin, pero siempre era ¿deleitante? No sabría explicarlo bien, pero sus habilidades deductivas y su razonamiento hacían que de una extraña manera algo dentro de él se emocionara. Era como encontrar el rival perfecto, aquel que probablemente no te decepcionaría en una batalla, sin embargo, al mismo tiempo no quieres pelear con él porque sientes que no podrás encontrar a alguien como él, otra vez. Y en ese momento, un foco dentro de la cabeza de Feitan se prendió, haciéndolo cuestionarse si su líder había visto lo mismo que él, si se había emocionado como él ante la inteligencia del rubio o si simplemente se había fascinado con la belleza de ese niño.

– ¿No piensas contestar? – La voz del Kuruta lo sacó de sus pensamientos y alzó la mirada solo para encontrarse con esos hermoso ojos chocolates. – Mi paciencia no es infinita. –

– Últimamente el líder se comportaba fuera de lo usual. Ya no nos reuníamos y supuse que algo malo estaba sucediendo, pero no me esperé que ese algo fueras tú. –

Esa respuesta descolocó un poco a Kurapika y algo dentro de su corazón salto, pues en ese momento recordó cuando comenzó a salir con Kuroro. Recordaba perfectamente esa cita en donde a manera de broma le había dicho que le gustaría que dejara de robar. Bueno, no es cómo si en realidad le gustara ese "profesión", pero tampoco le obligaría a dejar de hacerlo, Kurapika sabía que eso solo dependía de Kuroro, además habían acordado separar el "trabajo" de su vida amorosa. Sin embargo, no pudo evitar sentir un poco de alegría al saber que Lucifer probablemente hizo eso solo para complacerlo. Pero, le resultó raro que él no le haya comentado nada sobre eso.

– Ya veo... –

– ¿Solo vas a decir eso? –

– ¿Qué quieres que diga? –

– ¿Qué hacían el líder y tú? –

– Creo que eso es algo obvio. –

– Quiero oírlo de ti, no deducirlo. –

– Estábamos teniendo una cita... – Kurapika no pudo evitar sonrojarse un poco al terminar la frase, pero enseguida recordó cómo todo había terminado y sintió una punzada en el corazón.

Feitan pudo notar claramente cómo la expresión de su acompañante pasó de expresar vergüenza a un palpable dolor y otra vez, en un solo día, sintió empatía por alguien que no pertenecía a la araña. No estaba muy seguro si debía seguir con la conversación o quedarse callado, y algo dentro de él le incitaba a tratar de consolar al rubio, pero ¿qué es lo que alguien como él podría decirle? Y de nuevo, ese dolor se presentaba en su pecho, el mismo que sintió cuando lo vio llorar. Eran demasiadas sensaciones nuevas para él en un solo día, Feitan no sabía cómo manejarlas, así que optó por ser directo y fingir que no se había dado cuenta de nada.

– ¿Por qué estabas llorando en el callejón? – Ya. Feitan sabía que no era el momento adecuado pero la curiosidad le comía vivo, quería saber qué es lo que había pasado entre ellos, como para que afectara de tal manera al rubio.

Kurapika no esperó que su acompañante fuera tan directo con respecto al tema y no estaba seguro si decirle la verdad o no, es decir, cómo le iba a contar que estaba llorando porque había terminado con Kuroro y eso le dolía como los mil demonios, sin que sonara ridículamente cursi o cómo el prefería decirlo, patético.

– No es algo que te incumba. – Kurapika se puso a la defensiva mientras evitaba el contacto directo, sabía que si lo miraba a los ojos las lágrimas volverían a traicionarle.

– ¿El líder y tú están saliendo? – Y otra punzada directo a su maltrecho corazón, definitivamente los miembros de la araña solo existían para causarle dolor, pensó Kurapika. Y con todo lo que pudo contestó un leve no, pero esta vez sus lágrimas salieron sin que él pudiera evitarlas.


¡Hola!
Espero que les haya gustado este segundo capítulo.
Si les soy sincera, disfruté un montón escribir esto.
Como ya les dije, soy nueva en esto de los fanfics. Así que, si tienen alguna critica constructiva, no duden en decírmelo.