VI. Por siempre y para siempre
Hablábamos de nuestro futuro como si tuviéramos alguna pista. Nunca planeé que podría perderte. En otra vida, yo sería tu chica y mantendríamos todas nuestras promesas.
Sakura sintió el agua helada pasar por su espalda. Contuvo un grito. Su corazón se paró por un momento y la congeló.
—Lo siento muchísimo—dijo Hinata mientras secaba a Sakura con tela fina—, ¿te ha dolido?
—No…
No era que doliera, bueno… Sakura estaba consciente de que había sufrido heridas muy graves en su espalda por los latigazos que le dieron. Seguramente su espalda se había abierto o sus heridas habían quedado expuestas. No era eso lo que le dolía, sino que tenía mucho tiempo —por no decir años— que no se bañaba con agua tan helada. El frío podía colarse por sus huesos y cada baldazo de agua removía algo en sus entrañas.
Sin embargo, Hinata estaba ahí con ella. Le sonreía de vez en cuando de forma tímida y cuidaba de ella. Fue en ese momento que Hinata le preguntó algo, una pregunta que la tomó por desapercibida.
—Señorita Sakura, ¿está usted casada?
Al instante Sakura se removió en aquella tina de madera y miró a Hinata con un deje de sorpresa. Se sentía tonta, ¿cómo no lo previó antes?
Su anillo de compromiso, aquél que Sasuke le había dado. Con el cual él le juró amor eterno, o algo así pues en realidad no dijo nada en la boda más que un seco "acepto". Pero para ella, ese "acepto" significaba tanto —significa, aún— pues con aquella palabra él le reafirmaba su amor. Si él quiso casarse con ella por algo era, ¿no?
Pese a todos los comentarios negativos de sus amigos y conocidos, sobre que él no era el hombre de su vida… Sobre que Sasuke no la amaba. Pero ella no hizo caso, ella lo amaba —lo ama— y él a ella, entonces ¿qué podía fallar en aquella simple ecuación de amor?
Otro balde de agua fría cayó e hizo que arqueara su espalda al instante. Aquello sólo le sacó de su ensimismamiento mental, estaba de nuevo en la realidad, aquella que no era muy prometedora pues estaba en un mundo donde parecía no encajar, no era su tiempo ni su época, siendo una forastera más de un tiempo pasado.
—Sí, estoy casada—le contestó a Hinata después de un buen tiempo, que bien pudo durar algunos minutos.
Hinata asintió y no hizo más preguntas, pero Sakura sintió como si aquella chica quisiera preguntarle más y más cosas. Por prudencia o por timidez no lo hacía, tal vez.
—Él no está aquí—agregó Sakura por si las dudas—, él no está vivo.
"No en este tiempo" hubiera querido agregar. Pero no tenía sentido decir aquello. De hecho nada tenía sentido.
—Lo siento mucho Sakura, debió ser una pérdida muy dolorosa.
Sakura no podía responder con claridad aquello. ¿Había dolido mucho? Era obvio que Sasuke estaba vivo en algún lugar del universo, en una infinitesimal parte de todo el conjunto que rodea al ser humano. ¿Pero en dónde? ¿En qué tiempo? Habría querido soltar todo eso con Hinata y confesarle que ella no era de ese lugar, que ni siquiera lo comprendía pero desde luego que nadie creería en eso. Así que lo mejor era hacerse una nueva vida, en lo que las cosas pasaban y regresaba a casa —si es que lo conseguía— y de momento decir que Sasuke, su marido y amor, estaba muerto sonaba a la mejor opción posible.
—Es difícil pero seguiré adelante.
Sintió algo removerse en sus ojos, ¿lágrimas? En efecto. Comenzaron a inundar sus mejillas de forma silenciosa. Hinata no dijo nada. No preguntó más. Sakura agradecía de todo corazón aquello.
—El baile será esta noche señorita Sakura, Neji y yo la acompañaremos, es nuestro deber cuidar de usted. Después de eso tal y como lo dijo Itachi nuestro Rey le hará una audiencia, no tenga miedo.
—¿Qué quiere el Rey de mí?
—Naturalmente usted ha curado sus heridas, le intriga saber por qué y quién es usted.
—No tengo nada sobresaliente que decir—murmuró Sakura entre dientes, al tiempo que Hinata secaba su espalda y su cabello con esa fina tela de color pálido—, ni nada que ocultar.
—Si se me permite decir algo, señorita Sakura, creo que ellos creen que usted es una espía.
—¿Una espía? ¿Cómo puede ser eso posible?
—Verá, en esta región el Rey tiene muchos enemigos. Siempre ha sido así con los Uchiha. Se sospecha que en el reino de Suna, el primogénito ha enviado algunos mercaderes que en realidad son espías. No se me permite saber más del asunto pero lo cierto es, es que el Rey no es bien querido en otras regiones. No es de sospecharse que un forastero pueda ser un espía.
—No lo soy—dijo Sakura con firmeza—, ¿tan difícil es creerme?
Hinata no respondió y la dejó sola por un momento diciéndole que iría por algo para que se vistiera de forma adecuada a la ocasión.
Por fortuna, su espalda ya no dolía como el día anterior. Aquello era un buen augurio.
—Es para ti.
Hinata le enseñó un vestido color rosa pálido. Sakura lo observó ensimismada y se dijo a sí misma que nunca había visto algo tan bonito.
. . .
Música. Cantos. Baile.
El castillo estaba repleto de todas aquellas cosas. Las personas se tomaban de las manos y danzaban en círculos —los más jóvenes—, los más grandes bailaban en forma pausada. Los varones platicaban entre ellos y de vez en cuando tomaban una copa de vino —o eso le pareció que era—, aunque decir que una copa era una copa… No era del todo exacto.
Sakura observaba todo desde un rincón, junto a ella se encontraban los Hyuga, aquellas personas que parecían no quitarle un ojo encima. Podía sentir sus miradas atravesar su espalda. No era incomodo, o bueno, pudiera que un poco sí. Por consejo de Hinata, Sakura tuvo que quitarse su anillo de compromiso. Según Hinata tener un anillo de compromiso en el dedo podría generar comentarios entre los varones y entre el consejo del Rey. Así que con tristeza guardó el anillo en una caja de madera.
Sí, se sentía extraño no llevar el anillo. Ese era su símbolo de amor. Pero… ¿era cierto ese amor?
Se servían una bebida transparente en unas copas de bambú, no de vidrio como ella estaba acostumbrada. Quiso pedir una pero Hinata tomó su mano con discreción y con una mirada le dijo todo.
—Las mujeres no pueden tomar sake—dijo Neji con seriedad—ni los oráculos ni sacerdotes.
Neji no parecía afectado por no beber de aquella bebida. De hecho se mantenía estoico en su posición y de vez en cuando comentaba algo. Hinata no era mucho de hablar, y solo cuando veía que Sakura cometería alguna imprudencia intervenía de forma muy prudente y discreta.
Sakura se sentía encerrada, como un pájaro en una jaula de oro. Estar parada en aquel salón, viendo la vida pasar y como los demás festejaban y ella no poder hacer nada le daba cierta inquietud y desesperación.
Los hombres de capas y nubes rojas estaban ahí, junto al Rey y una mujer de cabello castaño corto.
—¿Quién es ella?—preguntó en voz muy bajita, temiendo que alguien que no fuera Hinata la escuchara.
—Ella es Rin, es esposa de nuestro amo y Rey.
—Es bastante joven—soltó Sakura al observar de lejos las facciones tranquilas de aquella mujer. No le calculaba más de treinta años.
—Tiene la misma edad que el Rey, Sakura—agregó Hinata.
Sakura quiso debatir aquello, ¡no era posible! Pero después se puso a analizar mejor las cosas…
El brazo del Rey —uno de ellos— estaba mutilado, y su otro brazo sostenía de forma animosa una copa de madera. La mitad de su rostro estaba afectada por las quemaduras y las cicatrices de las mismas, al igual que su ojo el cuál no abría. Pensó que a Obito no le debía quedar mucho tiempo, no con esas heridas.
Fue entonces que divisó a Itachi, con aquel porte de dueño del universo. Soberbio. Orgulloso. Machista. Él estaba detrás del Rey enfundando una espada. Mirando hacia el salón del Castillo como si éste le perteneciera.
Sakura deseó no encontrarse con la mirada de Itachi, así que de forma constante volteaba a otros lados y trataba de enfocar su vista en cosas más interesantes: como la gente que bailaba y reía, y aquellos que parecían estar ebrios.
No supo cuánto tiempo pasó, pudieron ser horas o minutos. La gente parecía no inmutarse por nada del mundo, al igual que Itachi. Él seguía con aquel semblante y Sakura se preguntó si aquello podía ser una reacción humana, parecía una estatua de cera perfectamente esculpida.
De vez en cuando escuchaba la voz de Hinata, pero era en muy contadas ocasiones. Más bien, era más frecuente la voz de Neji preguntándole algo a Hinata.
Sea cual fuese la situación, Sakura comenzó a sentir sus piernas cargadas, quería sentarse. O al menos bailar. Hacer algo y no ser simplemente una espectadora. Pero parecía que el hecho de que estuviera junto con los Hyuga le otorgaba una especie de escudo protector —o quizá repelía a los demás— ya que nadie se acercaba a ellos. Absolutamente nadie.
Entonces la música se detuvo. La gente dejó de danzar. Y el Rey se puso de pie con algunas dificultades, seguido de Rin —su supuesta esposa—, quién hasta ese momento se había mantenido sentada como una princesa de porcelana, no había movido ni un poco su cuerpo.
—Estamos reunidos—dijo Obito con voz firme y clara—, en honor a mi recuperación. Hasta hace unos días muchos de ustedes creyeron que moriría pero no fue así. Festejamos que este Rey se mantiene con vida.
La gente gritó en coro y alzó sus copas brindando entre ellos.
Sakura no alzó ninguna copa, obviamente. Sino que se sintió algo molesta por el comentario del Rey. Esperaba que al menos le diera una mención. ¿Era normal sentirse humillada? Quiso marcharse en ese momento. Se sentía aburrida, humillada, harta y enojada. Sin embargo, en cuanto menos se lo esperó alguien tocó su espalda de forma algo brusca.
Quiso gritarle y desquitar su enojo, pero se dio cuenta de que aquello hubiera marcado una imprudencia de su parte. Su orgullo estaba herido de forma completa.
—Mujer—masculló Itachi—, el Rey desea verte. No cometas tonterías.
Sakura dio un paso al frente y lo encaró, ante la atenta mirada de los Hyuga.
—No quiero ir—dijo Sakura—, el Rey ya dijo los motivos de su fiesta. Él está bien, y yo me retiro.
Itachi la tomó por la muñeca y negó con la cabeza.
—El Rey nunca da agradecimientos en público. No seas ignorante y ve con él mujer.
—¿Me lo estás pidiendo o es una orden?—preguntó, con la ceja alzada y ligeramente divertida.
Pero antes de que ella pudiera mofarse del rostro de Itachi se llevó la sorpresa de que él la tomó de su antebrazo y la llevó en medio del salón de baile. No precisamente para bailar, sino para llegar con el Rey.
Aquella escena provocó que la gente comenzara a cuchichear. Ella, que no había sido notada por estar con los Hyuga ahora era señalada en forma silenciosa por los demás, algunos decían entre dientes que ella era la bruja, y otros que habían escuchado que ella curó al Rey.
Itachi susurró a su oído,
—Es una orden, Sakura.
Sí, dijo su nombre. Aquello la estremeció y provocó que una especie de electricidad recorriera su espina dorsal. Miedo o temor. Fuera lo que fuera, Itachi logró provocar una sensación amarga en ella. Su orgullo se fue al carajo y ahí estaba frente al Rey, sintiéndose avergonzada por tal presentación, una muy absurda. No hizo reverencia alguna. Y eso provocó que las demás personas la señalaran y murmuraran en voz más alta cosas sobre ella.
Itachi se mantenía a su lado, y ahora era él quién tenía una sonrisa burlona en su rostro. Sakura quiso gritarle y decirle que era un estúpido y cabrón. Pero el Rey comenzó a hablar.
—Puedo oír tus quejas en mis oídos incluso si no hablas. Eres ruidosa.
El Rey tal vez esperaba que Sakura se disculpara, sin embargo ella le respondió,
—Rey—hizo una reverencia exagerada que a muchos les pareció una grosería—, ¿por qué me ha llamado a mí, a la que acusó de brujería junto con este hombre?
Era clara la acusación contra Itachi. De momento nadie dijo nada. La única que parecía estar alegre era Rin, quién siempre sonreía. Sakura no supo si aquella sonrisa era practicada o real.
—Me has curado, ¿qué no es eso lo que deseabas en el interior? Eso y el hecho de que eres bienvenida aquí, pero…
—¿Pero?
—Pero en condición de rehén. No puedes salir de los confines del Castillo a menos que salgas con los dos Hyuga. No es bien visto que una mujer salga con un hombre sin que estos sean pareja. Sin embargo, Hinata Hyuga es una excelente dama de compañía y heredera. Ellos dos te cuidarán y protegerán. A cambio de nuestro hospedaje para contigo deberás hacer curaciones a los heridos.
Sakura quiso protestar, ¿era rehén? ¿por qué? Apretó sus puños y quiso escupir más cosas, pero el Rey se le adelantó.
—Tanto ruido en mis oídos por tu culpa—puso su rostro serio— demasiado ruidosa. Eres un rehén aquí puesto que sospechamos que eres una espía. No podemos dejarte salir de aquí como si nada.
—No soy ninguna espía—interrumpió Sakura—, soy solo una persona normal y común.
—No conocemos nadie que se apellide Haruno, ningún clan ni familia pequeña. Y todavía dices ser una persona normal y común. Vergüenza debería darte mujer.
—Necesito irme de aquí—dijo Sakura desesperada—, necesito ir al santuario sagrado una vez más, por favor.
—¿Para qué o qué?
Itachi fue quién preguntó aquello con enojo y suma rabia en sus ojos. Incluso la obligó a mirarlo provocando en ella dolor en sus brazos por sus jaloneos. Sakura se soltó de ellos con enojo y no le respondió.
—Mi primo te ha hecho una pregunta—inquirió Obito—, debes responderla.
—No es de su incumbencia. No se preocupen, no soy ninguna bruja ni nada que se le parezca. Necesito ir ahí porque en ese lugar fue donde vi por última vez a mi familia.
"A Sasuke…"
—No puedes ir—alegó Itachi—, creemos que ya no eres una bruja. Sin embargo en este momento para todo el reino de Konoha tú eres una espía, sospechamos de ti y de cada movimiento que haces. Los Hyuga te vigilaran día y noche, incluso cuando duermas. Hasta que comprobemos que tú no nos estás engañando.
—Hagan lo que quieran, no tengo nada que ocultar.
Sakura apretó sus puños de nuevo a tal punto que dolieron. Entre más tiempo tardaran en comprobar que ella no era ninguna espía, más tiempo tardaría en regresar a su antigua época. ¿Y si ya no la recordaban? ¿Y si no podía regresar jamás? Esas y más preguntas la atormentaron. Debía irse, no podía quedarse en aquel castillo para siempre pero de nada servía contradecir al Rey o a Itachi.
El Rey se levantó de su asiento y comenzó a aplaudir,
—¡Qué siga la celebración!
Sakura aprovechó aquello para marcharse, sin embargo Itachi la siguió. Paso que ella daba, paso que Itachi daba. Era incluso más molesto que tener un par de ojos a su espalda mirándola siempre —los ojos de los Hyuga, aquellos que todo lo ven— y le frustraba.
—¿Por qué me sigues?—dijo enojada soltando un suspiro—, no es como que me vaya ir del castillo.
—Te vigilaré cuando los Hyuga no puedan. No pasaré por alto ningún detalle concerniente a ti Sakura.
—Vaya, ahora me hablas por mi nombre. Me siento realmente halagada.
Itachi notó el sarcasmo, pero no dijo nada. En cambio se quedó de pie detrás de ella.
—Iré a mi habitación.
—¿Sabes si quiera dónde está?
Sakura se sintió estúpida. No, no recordaba donde estaba. Había estado con Hinata en un cuarto pero de tantas habitaciones y pasillos que tenía el castillo no recordaba con claridad. Las ubicaciones no eran lo suyo ciertamente.
—Bien, por lo visto no sabes ni dónde estás.
Itachi puso aquella cara de diversión que a Sakura le molestaba tanto, le parecía desagradable. Pero no podía contraatacar o decirle algo puesto que él tenía razón y ella no.
—Encontraré mi habitación.
—Entonces desperdiciaré mi tiempo contigo.
—Nadie te pidió que me siguieras.
—En realidad, el Rey lo hizo Sakura.
—Esto es absurdo, ¡no soy una espía!
—¿Y quieres que creamos en ti? De ninguna manera.
Sakura caminó y caminó entre los jardines y pasillos sin llegar a la habitación de los Hyuga, se sintió totalmente fracasada. Y el hecho de que Itachi la siguiera no ayudaba, era por demás incomodo dar un paso y escuchar el crujir del piso por efecto de la pisada de atrás. Detenerse y escuchar como alguien más se detenía. No, no era para nada grato. Sus nervios estaban a flor de piel y de hecho por momentos podía imaginar que él le clavaba algo en su espalda hasta matarla. Aquello la hizo estremecer, ¿Itachi sería capaz de aquello?
—¿Estás asustada?
Sakura negó con la cabeza y siguió avanzando pero Itachi no lo hizo.
—No quiero perder más el tiempo. Sígueme.
Sakura no tuvo otra opción más que seguir a Itachi, ahora era ella quién estaba a sus espaldas. No se dijeron nada durante el camino, no era necesario. El miedo seguía latente en ella y la incertidumbre de en qué momento él podría asesinarla.
Pero no fue así, al cabo de un rato llegaron a una puerta café de madera. Era distinta al cuarto de los Hyuga, puede que más vieja y maltratada. Menos lujosa, en pocas palabras. Al abrir el cuarto salió polvo y humo blanco. Sakura soltó un grito de horror ante la mirada escéptica de Itachi.
Quiso decirle ella que lo sentía, pero después se repitió que eso era absurdo. Debía mantenerse fuerte, ¿no?
—Esta es tu habitación—dijo él con aburrición—, la de los Hyuga en concreto la habitación de Hinata Hyuga está junto a esta. Debes ser demasiado tonta para no haberlo notado. Puedes entrar, sin embargo me quedaré aquí afuera hasta que ellos regresen, no puedo dejarte sola.
En otras circunstancias a Sakura le habría dado ternura aquello, y de hecho recordó algo que le había sucedido tiempo atrás…
—Sasuke… no me gusta la lluvia.
Él estaba escribiendo algo en su ordenador mientras leía algunos libros, de cosas que Sakura no entendía y prefería ignorar.
Repitió de nuevo que no le gustaba la lluvia. En ese momento, Sasuke se levantó y la abrazó, no dijo mucho salvo cuatro palabras que derritieron su corazón.
—No te dejaré sola.
Pero la situación actual distaba mucho de esa. No había lluvia. Y Sasuke no estaba ahí. Aunque Itachi fuera físicamente muy similar a Sasuke era muy diferente a él.
Así que con esos recuerdos y esa amargura que invadía su corazón desde el día que desapareció de su época correcta, decidió entrar a su habitación y cerrar la puerta. Así lo hizo. Ya poco le importaba si Itachi estaba ahí afuera. Ella no haría nada por intentar escaparse —no de momento, pensó— sino que planearía todo con cautela y anticipación, solo esperaba que no fuera demasiado tarde.
/ . . . /
Shikamaru Nara trata de animar a Sasuke, diciéndole que no todo está perdido.
—Aún se confía que B.I.T 0 pueda funcionar Sasuke, no es tan malo el asunto. No es una amenaza pública, lo que pasó con Sakura fue algo desafortunado pero es como si hubiéramos tenido un sujeto de pruebas.
—Estamos hablando de mi propia esposa Shikamaru—dice Sasuke entre dientes, cabreado.
En sus ojos hay ojeras, su cabello desordenado y su camisa a medio planchar. Él es un desastre completo. No ha dormido ni comido. No se ha atrevido a mirar a Sakura ni irla a ver al hospital. Lo hará, pero no puede. No puede mirarla echada en la cama sin ni siquiera reaccionar.
—Sasuke…
—Tsunade tratara de reanimarla mediante la estimulación cerebral profunda. No se garantiza que funcione. Actualmente Sakura está en grado cuatro de coma. No reacciona al dolor, no hay reacción en pupilas, no hay nada. Esto puede llevar a que nunca más despierte o que llegue a ser peor todo. Tengo un plan para esto.
—¿Un plan? No lo entiendo Uchiha. Últimamente nuestras conversaciones no se tratan de B.I.T 0 sino de tu esposa.
—¿Acaso importa? ¿Importa siquiera? No es como que pueda decirle todo esto a Naruto, él no entendería ni la mitad de lo que digo. Solo Tsunade y tú saben lo que pasó con ella.
—¿Y bien, qué pretendes hacer con Sakura?
—Le daré una oportunidad de ser feliz finalmente, aunque no sea conmigo.
—¿Te has vuelto loco? Ella ni siquiera ha regresado de su viaje astral, ¿cómo pretendes hacerla feliz?
—Ella vivirá por siempre en la eternidad.
N/A ¡Hola a todos! Bueno me tardé un poco más de lo esperado, sin embargo aquí esta el capítulo, que espero les guste. Estoy disfrutando mucho de retomar esta historia.
Agradezco muchísimo a todas las personas que han leído, comentado, dejado su favorito o su follow a esta historia. Significa mucho para mí.
¡Gracias!
Ya saben, si les gustó, si no les gustó díganmelo.
¡Saludos a todos!
