VII. De confianza y pruebas


La habitación sólo está rodeada por cinco personas. Incluidas él.

La tensión puede palparse e inunda cada ventana de aquel cuarto cuadrado. Tsunade es quién carga por primera vez a aquella pequeña criatura. Sasuke naturalmente no se atrevió a mirarla, ni siquiera un poco. Se sentía avergonzado.

Un chillido, aquél ruido que significaba la vida en pleno florecimiento retumbó en todo aquél lugar. Sasuke temió que la criatura pudiera desfallecer, de verdad creyó que esos sonidos provenientes de un cuerpo tan pequeño no podían ser reales.

—Eres un hombre débil—le dijo Tsunade molesta, al tiempo que sostenía a su bebé, a su propio primogénito.

Llegado a ese punto, no sabía si era niña o niño. En otras circunstancias, Sakura le habría dicho desde el primer momento el género del bebé en cuestión y de forma segura se habría entusiasmado por el nacimiento.

Pero no sucedió de esa forma.

Ahora Sasuke mira hacia el techo, sintiéndolo desconocido. Tsunade Senju sigue sosteniendo a su bebé y parece mecerla entre sus brazos, mientras que otra mujer de cabello —de un color muy extraño— rojizo observa a su maestra.

Y él ni siquiera puede decir algo.

Por una parte está el cuerpo vacío de su esposa, de aquella mujer que significa tantas cosas para él y que de forma irónica está pérdida. Todo sería más sencillo si pudiera que el tiempo regresara y detenerla, decirle todo lo que siente por ella. Las cosas no pueden ser tan sencillas. No son una novela rosa. Su vida —la vida del sobreviviente Uchiha— está llena de ironías y desventuras. Se culpabiliza constantemente de su propia fortuna, todo lo que ha tenido y que ha perdido ha sido por él, incluida su familia. Ahora que tiene la oportunidad de comenzar de nuevo se siente atemorizado y no es capaz de mirar a su primogénito, siente que lo defraudaría. Se odia por todo lo que esa criatura tendrá que pasar, porque no se miente, Sasuke es sincero consigo mismo y sabe bien que es posible que Sakura jamás regrese de ese viaje en el tiempo. No hay medicina ni explicación a lo que ha ocurrido, si él que es el diseñador de su proyecto no sabe que ha ocurrido menos lo sabrá otra persona. Lo intentó, pasó noches en vela —en vez de visitar a su esposa físicamente— buscando una solución. No la encontró. Conforme fueron pasando los días se dio cuenta que era más difícil mirar el cuerpo de Sakura, ahí tendido en una cama, postrada sin posibilidad alguna de levantarse de nuevo. Él le arrebató la vida. Él se la quitó. Literalmente despedazó todos sus sueños y sigue sintiéndose egoísta. Lo sabe bien y sigue en esa burbuja impenetrable en donde nadie cruza esa barrera, ni siquiera esa criatura que sigue llorando como si su vida dependiera de ello.

No sabe si pasan minutos, o si acaso horas.

Tsunade le entrega a aquel pequeño bulto humano. Una nueva vida que creció dentro de Sakura a pesar de todo, aquel ser humano se aferró a su madre de una manera inexplicable. No recibió cariños típicos de los padres ni tampoco recibirá una fiesta en bienvenida. Sakura hubiera querido eso, por supuesto. Pero Sasuke no puede dárselo. No sabe cómo volver a ser humano después de haber cometido tantos errores, ni siquiera puede decir si es capaz de cuidar a su propio hijo.

—Es una niña hermosa.

Aquella voz es de la mujer extraña. Aquella que apareció meses atrás suplantando a Ino. Sasuke no supo los motivos por los cuales Ino se había ausentado del Hospital y tampoco es como si lo preguntara —después de todo, no era cercano a ella— sin embargo Tsunade le notificó que esa mujer sería su nueva aprendiz.

Estatura mediana y ese cabello rojo chillón. Lentes de pasta gruesa y piel blanca. A veces era seria, en ocasiones un tanto agresiva con algunas personas. Pero con él era tan hostigosa que prefería guardar su distancia.

Pero dejando a un lado todos esos puntos incomodos, que detestaba de Karin —si no mal recordaba su nombre—, supo por fin que su primogénito era una mujer. Una pequeña niña que sólo sabía llorar en ese momento.

Indeciso se atreve a mirar de reojo a su hija, dándose cuenta que tiene el cabello negro. Ella todavía no muestra sus ojos y si acaso lo hizo él no los vio. Se pregunta si son verdes o si son negros. Pero a juzgar por el cabello se hace a la idea de que quizá son como sus ojos de él. Agradece que al menos ella no haya sido como Sakura, de lo contrario cada que la mirara sentiría más arrepentimiento del que ya sentía.

—Sakura está bien, si preguntas.

Tsunade está molesta. Quiere salir de ahí con aquella bebé y jamás volver a ver a Sasuke. Quisiera que Sakura despertara de ese trance —o sueño, o viaje en el tiempo o lo que fuera— y que se diera cuenta que su esposo no era más que un cabrón despreocupado. Pero se sorprendió a sí misma de la acción de Sasuke.

Él sin más preámbulos tomó a la niña y de forma torpe la agarró entre sus brazos. Karin, naturalmente acudió a apoyarlo sin embargo Sasuke la miró de tal manera que pudo haberla asesinado ahí mismo. El mensaje era claro, él no confiaba en esa mujer y jamás lo haría.

Su hija dejó de llorar, y de un momento a otro abrió sus ojos —negros, como él esperaba— y le sonrió. Ella era muy parecida a él y casi nada tenía de Sakura, a excepción del color de su piel y su frente ancha. En otra circunstancia se habría reído de aquello —o casi reído— pero ahora sólo puede pensar en que le dirá cuando crezca. ¿Debería decirle que su madre está muerta?

No. No se atreve a decir eso. Sakura sigue ahí, de una forma muy extraña pero está viva. Entonces… ¿qué debería decir?

—Yo creo que serás un gran papá.

Karin es quién dice aquello con una sonrisa y un rubor en sus mejillas. Ella no conoce la situación, y si acaso la sabe, solo conoce la historia creada por Tsunade: el hecho de que Sakura tuvo un accidente y que cayó en coma. Pero no sabe nada acerca de los viajes en el tiempo.

Por algún motivo extraño, aquellas palabras logran reconfortar un poco a Sasuke.

/ . . . /

Días, semanas o meses.

Sakura cuenta cada día en su habitación, no ha encontrado ningún calendario ni nada que se le parezca. Pero según sus cálculos, ha pasado más de un mes. Algo así como seis semanas, o cinco.

Nada ha cambiado. Ni la confianza con el Rey ni el hecho de que Itachi está como su sombra cada día. Hinata siempre está con ella por si las dudas y eventualmente platican, pero Sakura se siente agria en ese lugar. Rodeada de extraños. Poco a poco se ha ido adaptando a la nueva situación, al hecho de que no está en un mundo globalizado. Pero jamás podría acostumbrarse al hecho de que los hombres fueran tan machistas. Al menos agradece que Itachi haya cambiado un poco, ya no es tan duro con ella y solo se limita a estar en silencio. A veces es amable, incluso.

Sakura mira al cielo y recoge algunas flores silvestres, que según Hinata sirven para curaciones. Debe aprender a usarlas, ella es médica después de todo y adaptarse a métodos arcaicos debe ser su obligación.

Ver aquellas flores de diferentes colores le anima un poco, pero al regresar a su nueva habitación se encuentra con un techo lleno de moho, un techo desconocido. Ya nada queda de su ropa con la que llegó ni de sus sandalias —que según ella eran de buena calidad—, lo único que le recuerda que algún día estuvo en otro tiempo es aquél anillo de compromiso que Sasuke le dio, con el cual juraron amarse para siempre. Sí, aquella joya es lo único que tiene de su vida pasada —¿o futura?— que provoca que no pierda su salud mental. A veces piensa que es un sueño y que ella siempre ha crecido en aquel reino de habitantes que comercian, que siempre ha usado vestido y zapatos extraños. Que siempre ha sido una esclava del Rey.

Pero cuando despierta y ve su anillo es un recordatorio que tiene un pendiente allá en el mundo exterior, en el mundo futuro. Ese anillo le recuerda de forma constante que quizá Sasuke espera por ella, ¿verdad?

Sin embargo, se enoja consigo misma por esperar tanto. Quizá él sigue en su mundo de ecuaciones y matemáticas, de códigos y lógica incomprensibles del que ella no supo nada. Posiblemente él no la necesita a ella. No sabe si sentirse mal o bien, ya que de algún modo ha logrado sobrevivir sin él. Lo extraña. Piensa en él cada que ve el anillo, pero no le es vital tenerlo cerca. Puede ser que sea porque Sasuke no siempre fue su sombra, porque Sasuke la dejaba sola en muchos momentos aun cuando ella le pedía que se quedara con ella un poco más en la cama después de intimidar juntos.

Nunca lo odió tanto. Pero si algo es cierto, es el hecho de que del amor al odio también podía existir un paso. Cada que remota sus pensamientos a Sasuke sólo recuerda ausencias. Se enfoca en lo malo. Ino le diría que se enfocara en las cosas positivas, pero Sakura no puede pasar por alto el hecho de que todos los proyectos de Sasuke siempre fueron más importantes que ella. Que si esa máquina hubiera sido una realidad él la habría dejado para regresar a otra época. Que ella hubiera quedado sola y con el corazón roto, así como cada vez que él olvidaba algo acerca de su relación.

—Neji Hyuga ha solicitado a su prima, ella ha salido—dijo Itachi con seriedad.

Sakura no lo escucha, ella ni siquiera nota su presencia. Ella sigue inmersa en ese mar profundo de recuerdos amargos y de odio. De desesperación de la vida misma.

—¿Encontraste las flores que necesitabas, mujer?

Mujer. Itachi solía llamarla así cuando se conocieron. Eventualmente la llamó de forma simple y llana como Sakura. Escuchar que de nuevo la llamaba de esa forma, provocó que Sakura mirara a Itachi desconcertada.

—Eh, sí.

No muy contento con la contestación Itachi la tomó del hombro para que lo mirara de frente, encontrándose con una mirada perdida.

—¿Escuchaste lo que dije?

—Sí.

Sakura se deshizo de su agarre y tomó la canasta todas las flores. Acto seguido comenzó a caminar con rumbo hacia el castillo. No hubo una plática amena ni mucho menos. Lo único que escuchaba era el ruido de las botas de piel de Itachi crujir contra las hojas secas.

—No quiero entrometerme. Pero he observado que miras de forma constante una joya.

Sakura detuvo sus pasos y miró de reojo a Itachi.

—Es mía—dijo, por si acaso él creía que ella era una ladrona.

—Es una joya bastante peculiar, nunca había visto algo igual. ¿Puedo verla de cerca?

Sakura no supo si aquello era una trampa pero finalmente no podía negarse. Si lo hacía eso significaría que estaba desobedeciendo al gobierno del Rey. De cualquier manera mostró su dedo anular a Itachi.

Su anillo de compromiso era increíble. Se lo dijo incluso Ino y a regañadientes Tsunade. De color dorado y con una flor perfectamente tallada de alguna joya preciosa —que Sakura no sabía el nombre— en forma de cerezo, y adentro del anillo las iniciales de "S y S".

—Entre nosotros, el hecho de que una mujer lleve una rosquilla entre los dedos significa que está comprometida—Itachi dejó de mirar su dedo y se dirigió a ella de forma muy seria—, jamás había visto algo tan elegante. ¿De dónde lo sacaste?

—¿Insinúas que me lo he robado?

—De ser la circunstancia, lo haría. Sin embargo, no puedo levantar una acusación tan grave y menos cuando sé que ese tipo de joyas no existen ni las fabrican en este Reino.

—Es mía.

Sakura se giró y siguió andando, le pareció ver en Itachi un rostro de confusión. Era extraño verlo de ese modo puesto que él parecía siempre tener el control en todo. Era un maniático de tener todo en orden, ser tan serio y mostrar en muy raras ocasiones una faceta de amabilidad. Pero él era como un lobo, a veces se le podía ver tranquilo sin embargo en cualquier instante podría dar un zarpazo letal. Él era un arma de doble filo, una muy peligrosa.

No tenía nada más que decir de su joya. No tenía sentido. Lo único a lo que le temía era si él la acusaba de robo, lo cual sería una tontería ya que tal y como él lo dijo en ningún confín de ese extraño y arcaico mundo podía existir una máquina que tallara de forma tan fina y precisa las joyas. Ya había visto las joyas de la región y eran arcaicas y toscas. Nada estilizadas.

—Si tienes esa roquilla, tienes esposo.

Itachi concluyó aquello después de pasados ciertos minutos. Sakura no contestó naturalmente y lo ignoró. Él tomó ese silencio como una afirmación.

—¿Dónde está?

Lo que dijo a continuación Sakura le dolió, pero era un hecho de que el Sasuke, ese Sasuke a la que ella amaba y odiaba al mismo tiempo no existía ni existiría hasta mucho tiempo después. Sasuke no había nacido aún, pero… ¿quién entendería eso?

—Está muerto.

Fue fuerte y no lo dijo con lágrimas en los ojos, pero por dentro algo en su corazón se quebró de forma lenta y dolorosa. Sasuke no estaba muerto, no en su mente ni en su corazón. En sus memorias aún estaba ese Sasuke con ausencias y errores, ese Sasuke frío que dejaba verle su lado humano y sensible en ocasiones. Quizá Itachi y Sasuke no fueran tan diferentes después de todo. Los dos tenían una faceta humana pero también una que se parecía más a la de un demonio.

—Lo lamento.

Itachi no dijo más a partir de eso y Sakura lo agradeció. Ella odiaba mentir. Pero, ¿contaba cómo mentira decir que Sasuke estaba muerto? Técnicamente él estaba vivo pero no en esa dimensión.

Y no lloró, no mostró debilidad. Pero quizá su rostro denotaba frialdad y tristeza.

Itachi la siguió hasta su habitación en completo silencio. Fue en ese momento que Sakura volteó a mirarlo y se encontró con la nada, el rostro de Itachi era serio y sereno. Ella hubiera querido ser como él, ¿en que estaría pensando?

No se despidieron. Ella ya sabía que él se quedaría hasta que Hinata llegara, así que cerró la puerta y estuvo de nuevo en aquella habitación de moho y humedad, solo en ese momento pudo soltar silenciosas lágrimas.

/ . . . /

Una vez que Neji Hyuga llegó acompañado de Hinata, Itachi se dirigió a realizar sus propios asuntos. Pero antes de que pudiera decir algo, el oráculo lo miró fijamente.

—Mi señor, tiempos difíciles vienen.

Nada bueno significaba cuando Neji Hyuga decía aquello. Hinata fue la primera en excusarse y retirarse, ella no debía entrometerse. Itachi frunció el ceño, esperando la explicación de su mejor hombre de confianza.

Los dos caminaron a través del castillo, rumbo a una habitación de mesa circular que usualmente la empleaban para los consejos reales. Era un lugar solemne, poco sofisticado e incluso pudiera que antiguo. No había lujos ahí, más que algunas copas doradas y botellas de vidrio.

Se sentaron alrededor de la mesa y Neji fue quién tomó la palabra.

—He tenido visiones extrañas. Es sobre la señorita Sakura Haruno.

—¿Qué vio?

—Un futuro roto, esa mujer tiene un pasado como todos, sin embargo no hay nada a futuro se divide como si fueran muchas raíces. Como si ella estuviera en dos mundos.

—¿Dos mundos?

—Nunca había tenido estas visiones, pero mis ojos no mienten. Pero no es realmente de lo que quise hablar… El Rey, nuestro Rey no confía en Sakura.

—Es natural, ella salió de la nada.

—Quiere retenerla y sacarle los verdaderos motivos por los cuales está aquí. Como es bien sabido, tengo la obligación de decir todas y cada una de mis visiones al Rey y a usted. Hice lo apropiado. Y sus sospechas aumentaron, él insiste en que ella esconde algo, entonces ha planeado algo…

—Sea lo que sea que haya planeado, será lo mejor. Es nuestro Rey.

—Nuestro Rey desea que yo despose a Sakura.

Itachi fue consiente de aquellas palabras y lo desconcertaron. No podía decir ni replicar nada ya que le tenía tanto respeto a su primo, tanto como Rey tanto como familia.

Nunca debía contradecir al Rey, y siempre debía estar de acuerdo con el Rey. Esas eran dos reglas básicas en su vida.

—Nuestro Rey sabe que el Clan Hyuga sólo se une entre familiares con el fin de preservar la sangre, estos ojos son sagrados y no deben ser mezclados. Por ello desde antes que naciera, el matrimonio ya estaba hecho con Hinata. Estamos predestinados a estar desde antes de existir. Mi Rey cree que oculto algo sobre Sakura, y hace esto para…

—Probar su lealtad. Entiendo. Si está ocultando información de Sakura la dirá ahora para que ese matrimonio no se lleve a cabo. Pero si no la oculta…

—Jamás traicionaría al Rey. Dentro de unos minutos mi honorable tío vendrá junto con el Rey a tratar a este asunto, por eso está usted conmigo.

—¿Puede existir la posibilidad de que esa mujer no nos esté mintiendo?

Neji no respondió.

En ese momento las puertas gruesas de madera de abrieron, dejando ver a algunos mayores y entre ellos al líder del Clan Hyuga. Junto a él, el Rey Obito Uchiha.

Desde luego se comentó la situación y en todo momento los miembros del Clan Hyuga quedaron en silencio, meditando cada una de las palabras del Rey. Itachi observaba todo desde su asiento pensando en la mejor solución.

—No confío en esa mujer, desde luego que ella pudo haber muerto en la ceremonia del K'zaj de no ser por nuestro oráculo. Sí, usted Neji Hyuga. Han pasado semanas y nada hemos sabido de las intenciones de esa mujer. Hoy me ha comentado que ve que ella tiene un futuro "extraño". ¿No puede ver más cosas?

—Mi señor, como líder del Clan Hyuga debo decir que mi sobrino tiene los mejores ojos. Él sería el futuro líder directo de nuestra familia de no ser porque él es de la familia secundaria. Él sabe el riesgo de mentir en cuanto sus visiones, si él miente el sello del pájaro enjaulado será activado y morirá. Tengo depositada mi confianza en él y puedo asegurar que nuestros ojos funcionan como visionarios, nosotros no podemos ver cosas especificas si no se nos son mostradas.

—Neji Hyuga, usted desposara a la mujer. Si acaso está mintiendo, dirá la verdad. Todo lo que haya visto de ella. Si es el caso, lo perdonaré. Dejaré pasar este lamentable hecho.

—Mi señor, esto es demasiado—dijo Hisashi, el líder del Clan, visiblemente molesto—, jamás en la historia los Hyuga hemos traicionado a la realeza.

—No estoy mintiendo—se defendió Neji con seriedad—, no diré nada que mis ojos no hayan visto en visiones. Usted es nuestro Rey, mi señor. Pero no podemos mezclar sangre pura Hyuga con personas que no son de nuestro Clan. Desde tiempos ancestrales así ha sido.

—Soy el Rey aquí, es bien sabido lo que ocurre si no obedecen mis mandatos.

Comenzaron los cuchicheos. Los ancianos se miraban entre sí con confusión. Hisashi Hyuga tenía fruncido su ceño y sus brazos cruzados. En tanto Neji solo miraba a la nada, como si quisiera ver cosas con esos ojos que le fueron otorgados, con ese don excepcional.

Itachi observaba todo aquello con detenimiento y se atrevió a intervenir. Incluso cuando él no tenía voz ni voto en el asunto.

—La mujer puede ser incluso inocente.

Todos voltearon a verlo, era como si su voz los hubiera sacado de su mantra de especulaciones. Fue el Rey, su propio primo quién de forma impulsiva alzó la voz contra él.

—¿Tanto tiempo conviviendo con esa te ha influido? Ella no es más que una forastera, una espía.

—Si fuera una espía puedo asegurar que ya habría encontrado el modo de revelar nuestros secretos. Ha sido vigilada día y noche por mí y por el Clan Hyuga. No hemos encontrado culpa alguna en ella.

—Sigo sin confiar, puede que ella los haya embrujado. No sabemos nada de sus capacidades. Puede ser un ser mágico, ella me curó. Me dio la vida de una extraña manera incluso si eso me costó un brazo. ¿No es eso extraño?

—Nunca lo he desobedecido ni contrariado. Ante todo somos familia, y es por ello que me atrevo a decir que las medidas que ha tomado son exageradas. Neji Hyuga nunca nos ha traicionado. Él tiene un pacto matrimonial desde antes de nacer. Así son las cosas en el Clan Hyuga y usted lo sabe. Preservan su pureza e integridad entre ellos. Sus ojos son un don especial que se les otorgó y nosotros somos sus señores. Mi rey, confío en Neji Hyuga y si él dice que no ha visto más que "un futuro roto" en ella lo creo.

—¿Quieres que espere más tiempo y que ella nos quite lo que tanto nos costó construir?

Itachi apretó sus puños.

Muchos años atrás, él corría junto con su hermano menor Sasuke Uchiha y jugaban en los verdes prados de un castillo lleno de lujos. En la lejanía los primos mayores cazaban palomas. Un mundo en donde había tantos Uchiha como estrellas. Un mandato que siempre perduraría a través de los siglos. Pero esa noche, con la presencia de una bruja todo terminó. Murieron entre cenizas y solo sobrevivieron ellos dos.

Su primo, herido de gravedad. Con el rostro desfigurado y con el peso de ser el siguiente líder. Con la obligación de reconstruir lo que tanto tiempo les llevó a sus ancestros.

Itachi vio todo su sufrimiento y comenzó a desconfiar de todas las personas que no había conocido. Aborrecía a las brujas como se aborrecía a él por no poder salvar a su hermano.

Juró proteger a su reino, y como príncipe así lo hacía. Por ello entendía que su primo estuviera receloso de aquella criatura de cabello rosado.

—Mi señor… No. Obito, ¿confías en mí?

No se dirigió a él como el Rey. Sino como un igual, como un familiar. Así como en aquellos tiempos felices.

—Lo hago.

—Si me caso con Sakura significa que ella no es una bruja ni una espía.

Todos comenzaron a murmurar entre sí. Los únicos que se mantuvieron en silencio fueron Neji y el Rey. Itachi alzó su cabeza orgulloso y miró a su primo. Había ganado.

—No puedo permitirlo. Ella es una esclava. No debe casarse con el sucesor de los Uchiha. No ella.

—Mi señor…—interrumpió Neji, pero el Rey continuó hablando.

—Ordeno la ejecución inmediata de la mujer. Es mi ultimátum.

Itachi cerró sus ojos con brusquedad y escuchó el sonido de la puerta cerrarse. Nadie dijo nada, el silencio reinó y todos lo miraban a él, esperando que dijera algo pero no fue así.

Si Sakura moría, que así fuera.


N/A He regresadooooooooooooooooooooooooooo. Bien, tuve unas vacaciones fuera de la ciudad y posteriormente la entrada a la universidad. Espero no haber tardado mucho en escribir este capítulo. Son exactamente las 12 am en mi ciudad, así que me desvelé escribiendo porque realmente quiero escribir y terminar esta historia que comencé hace casi un año.

Muchas gracias por sus reviews, los que me siguen y los que le han dado en favoritos a esta historia. Si les gusta esta historia o no, díganlo. Me animan muchísimo.

Saludos a todos.

Blossom Lu.