VIII. Huir para no volver
Hinata se mira al espejo con preocupación. No se siente cómoda. Siente al ambiente tenso, como si las paredes del castillo susurraran un mal augurio. No ha hablado con su primo desde que él le pidió un momento para conversar con los altos mandos del clan Hyuga. No puede preguntar de qué hablaron y no hace falta saber por sus propias lenguas que fue algo grave.
Se le ordenó que no se acercara a Sakura Haruno, aquella mujer que llegó de la nada. Como si hubiese salido de un hoyo en medio de la tierra. Hinata lo siente, algo malo está por ocurrir, y la persona afectada será Sakura.
Sus ojos no son tan poderosos como los de su primo, no puede ver más allá ni puede ver el pasado de las personas. Es frustrante no poder hacer nada. Lo único que quizá puede hacer es orar e ir al templo y pedir por Sakura, que la luz guíe su camino y la aleje de las personas que quieren destruirla.
Así que con armonía sale de su habitación, cubierta del cabello y con un gran velo que cubre casi todo su rostro. Sólo sus ojos perla pueden ser vistos en esas circunstancias. Camina descalza y sostiene una lámpara de aceite entre sus manos. La piedra caliza es fría en la noche y parece hielo, incluso quema la punta de sus dedos. Pero eso no importa, es su sacrificio y es su deber.
Sin embargo, escucha ruidos entre las plantas del jardín. No son susurros del viento, es de personas reales. Quiere pasar de largo y no entrometerse, mas siente el presentimiento de que está en el momento adecuado. Logra visualizarla, es Sakura Haruno e Itachi Uchiha hablando a solas. No puede escuchar con claridad, sus ojos ayudan un poco en esas circunstancias. Ella parece hablar rápido y mover las manos de un lado a otro, mientras que Itachi la sostiene por los hombros, la aprieta y ejerce presión en el menudo cuerpo de aquella mujer.
Con pasos apresurados, Sakura mira hacia los alrededores y comienza a caminar de forma apresurada. Es en ese momento que sus miradas se cruzan: el jade con el color perla. Pero ninguna dice nada. Hinata lo siente en el fondo de su corazón, algo malo está ocurriendo y ella no puede intervenir más. Es mejor que sus oídos no sepan para no tener que soltar su lengua después.
. . .
El frío del bosque provoca que Sakura se tenga que abrazar con sus menudos abrazos alrededor del cuerpo, dándose un poco de calor. La vida no puede ser tan sencilla como ella creyó en un inicio.
Han pasado horas desde que ella abandonó Konoha en un adiós mudo. No le dijo nada a Hinata, solo bastó que se miraran la una a la otra para entenderse.
Y de Itachi…
Aquél hombre previno su muerte. Él había llegado en la madrugada, tocó con insistencia la puerta de su habitación y ella entre abrió la puerta. El entró como una ventisca de aire helada —tal como el clima— y se coló hasta su habitación, sin importarle el protocolo de que un hombre no podía entrar a la habitación de una mujer sin previo aviso. Ella ni siquiera tuvo oportunidad de replicar ya que inmediatamente le tapó la boca y la introdujo hasta el fondo de la habitación, como si aquel minúsculo lugar fuera el último confín de toda una galaxia. En sus ojos detectó algo semejante a peligro, cuando Itachi Uchiha se acercaba a ella de esa manera nada bueno traía. Incluso pensó, en lo más remoto de su cabeza, que él podría asesinarla en ese preciso instante. Que él sacaría un cuchillo de algún lugar de sus ropas y terminaría por sacar su corazón y entregárselo al Rey. Pero no fue así. No sucedió de esa manera.
—Escucha bien Sakura, pon mucha atención—sus ojos emanaban un brillo tan peculiar que provocó que Sakura comenzara a temblar—, el Rey quiere asesinarte. No confían en ti.
Quiso replicar muy fuerte y decir a qué se debía esa acusación pero Itachi tenía muy bien tapada su boca. Él, siendo mucho más alto y fuerte que ella imponía su presencia impidiendo que ella pudiera siquiera hacer algo. Ella era como un pequeño gatito frente a un león de ojos afilados y dientes filosos.
Él la tomó del hombro y la sacó de su habitación casi a arrastras. Sakura por el miedo no opuso resistencia y ninguno de los dos dijo palabra alguna. No hasta haber salido al jardín.
—Debes de huir, nunca regreses aquí Sakura. Huye, lo más lejos que puedas. Si tienes aún familia, vete con ella y jamás vuelvas.
Sakura había abierto sus ojos en ese momento de par en par, sintiendo como la sangre se le subía al cerebro. Itachi no era un hombre de bromas, ni tampoco del tipo que le gustara traicionar a la gente. La pregunta real que cruzaba su cabeza en esos momentos de tempestad fue, "¿por qué, por qué el me ayudaría?" pero no encontró respuesta alguna.
Se sintió tan desprotegida en ese momento que sólo atinó a asentir de arriba hacia abajo con la cabeza, mientras trataba de no soltar un grito de miedo.
—Dámelo—le dijo Itachi.
Sakura no supo a qué se refería pero él con sus dedos señaló a su anillo. Sí, ese anillo que ella cuidaba con recelo y con gran amor, aquél objeto que tenía tanto valor. Lo único que le quedaba de lo que fue su antigua vida. En otros tiempos un anillo como ese pudo haber sido de fácil acceso mandándolo hacer en cualquier joyería de buen prestigio. Pero no en ese momento en el que sabía que quizá jamás regresaría a aquel mundo que conoció por tantos años.
—No…—respondió ella con un hilo de voz, llevándose la mano hacia su corazón—, no te lo daré.
No hubo tiempo de replicar, pues él se abalanzó sobre ella y a la fuerza logró que ella se lo entregara. Con lágrimas en los ojos, Sakura quiso gritarle y exigirle una explicación.
—¿Quieres vivir Sakura?
—Yo… No lo sé realmente.
Quería vivir, en el mundo donde ella creció. Quería estar, con las personas a las que tanto amó. No quería vivir en ese mundo extraño y arcaico en el que ella no estaba adaptada. Quería regresar a esos tiempos en lo que todo era más sencillo.
Las lágrimas caían y enjuagaban su rostro. Fue entonces que Itachi se acercó a ella, esta vez de una manera más cálida y le dio lo que se podría decir que fue un intento de abrazo. Palmeó su espalda con delicadeza y se alejó de ella al instante. Fue un abrazo fugaz, que Sakura no supo interpretar.
—En este momento lo guardias del palacio están en los preparativos de tu ejecución Sakura. En cualquier momento ellos vendrán a por ti. No te será difícil escapar, una vez que lo hagas no te quedes en el pueblo.
A continuación, él sacó de su bolsillo un pequeño costal que apenas y cabía en la palma de sus manos. Era ligeramente pesado para su tamaño y apenas hacía bulto, anexó también un pergamino y se los entregó.
—Antes de que preguntes que es—añadió—, son algunas monedas que te servirán en el camino y algo más que te podrá servirá. Vete en paz Sakura Haruno. Que la luz esté siempre de tu lado.
Itachi la miró en ese momento fijo a los ojos. Pudo ver ella unos ojos grandes y negros, con una profundidad inmensa. Por un instante, sólo por un efímero momento le pareció ver en esos ojos los ojos de Sasuke, su amor. Le dio miedo. Sintió pavor de que esa mirada no fuera de Sasuke. Itachi por su parte no comprendió lo que estaba ocurriendo y frunció el ceño confundido. Nada tuvo sentido en ese momento. Ninguno de los dos supo que ocurría y no hizo falta explicaciones porque Itachi se dio la media vuelta y se marchó. Llegó como una ventisca fría de invierno y se fue como un huracán, dejando desastre a su paso.
Sakura entonces comenzó a huir, encontrándose con la mirada de aquella mujer que siempre le brindó ayuda. Se lamentó de no despedirse, de no darle las gracias por todo.
(. . .)
Sarada Uchiha. Sarada, un nombre que sonaba como ensalada. Escrito con "S", cuya inicial sólo le recordaba a ella: Sakura Haruno, la mujer de su vida.
Sasuke decidió retirarse de todos sus proyectos y comenzar de cero, ser una persona diferente y olvidarse de todas las cosas. Sólo en sus momentos de soledad recordaría que en algún lugar del universo existiría Sakura. Escondería la verdad de sus objetivos y seguiría viviendo.
Eventualmente renunció a su empleo como investigador y tuvo que lidiar con denuncias y juzgados acerca de aquel proyecto que muchos parecieron olvidar: B.I.T. 0 pero que él jamás olvidaría. Gracias a ese proyecto había perdido a la única persona que quizá lo amaría de forma completa y sin condición.
Ahora, Sasuke sale de una escuela secundaria. Una entrevista más de trabajo en un barrio nuevo de la gran urbe de Tokio. Ahí donde en la capital hay oportunidades. Nada queda de su antigua vida de laboratorios y códigos computacionales. Nada de matemáticas complejas. Ahora es su hija, él y su posible trabajo como profesor de matemáticas de una secundaria privada de la región. Pasó de ser un gran científico a un maestro de jóvenes de no más de dieciocho años. Eso ya no le dolía. De hecho, lo único que podía dolerle es la ausencia de Sakura. Si antes no sonreía ahora menos lo hace.
Mece a Sarada entre sus brazos, ella es tranquila y no suele hacer mucho ruido. Se parece a él. Son similares y espera que así sea, no quiere que Sakura se vea reflejada en su propia hija. Él tomó ya la decisión de decirle a Sarada que su madre murió durante el parto. No es grato digerir aquello, pero la verdad es que Sakura no volverá , de momento, y lo sabe. No quiere ilusionar a su hija con la falsa esperanza de que un día ella regresara así como se fue.
Sin embargo, Sasuke aún tiene una deuda con Sakura: luchara porque ella sea feliz en donde quiera que se encuentre, aunque su felicidad nunca vuelva a ser con él.
"—Hay casos en los que las personas despiertan después de veinte años—le explicó Tsunade, ante la repentina actitud de Sasuke de desconectar a Sakura.
—Tsunade. No me obligues a hacer cosas que no quiero.
—¡Por un demonio! ¿Por qué quieres lo único que queda de Sakura que es su cuerpo?
—La necesito. Usaré un último recurso. Ella no regresará mañana ni dentro de un mes. Pero estaré listo o alguien más estará listo para cuando ella regrese. Su cuerpo debe estar preparado para ello Tsunade.
—¿Estás queriendo decir que quieres conservar el cuerpo de Sakura?
—Hay un método experimental que he diseñado, es semejante a la criogenia.
—Esto es una estupidez Sasuke Uchiha. Congelar a mi Sakura… Has perdido la cabeza. Si bien Sakura no está muerta, con tus actitudes y con tus prioridades terminaste por matarla espiritualmente. Mi niña ya no está en este mundo como solía hacerlo y ahora quieres remediar la situación. Haré lo que debí haber hecho hace tiempo—Tsunade sacó su teléfono celular y comenzó a teclear un número, sin embargo Sasuke le arrebató el celular.
—Lo advierto Tsunade, no me obligues a hacer cosas de las que no quiero ser autor. Todo lo que haga de ahora en adelante será por Sakura.
—Si quieres el cuerpo de Sakura tendrás primero que pasar sobre mi cadáver…Nunca dejaré que vuelvas a lastimarla."
Sasuke suspira regresando a la realidad. Sarada ha abierto los ojos.
—Ella no se interpondrá en nuestro camino Sarada.
N/A ¡Hola! Muchísimas gracias a todas las personas que han leído esta historia. Si bien el capítulo fue corto, les aseguro que el siguiente será más extenso. Pronto se verán la verdaderas intenciones de Sasuke y sobre todo, qué sucede con Itachi.
Las cosas no se pondrán tan buenas.
Estén muy atentos.
Saludos!
