Cascos Contundentes
Sunset Shimmer
La penumbra del bosque incomodaba mis nervios, la nula presencia de sonidos naturales alteraba mi visión para antelar cualquier anomalía que se pudiese presentar, la deformidad de los árboles, el aspecto tétrico de la flora, la poca luz que se filtraba por la espesura de las copas arbóreas, era sofocante, tanto que, mi respiración perdió ritmo, como si estuviese agotada.
-Esto es extraño- Sweetie Belle detallando los alrededores mencionó. –Estamos cerca de salir y no lo he visto.-
Scootaloo y Applebloom inmediatamente entraron en tensión.
Mi incomodidad se incrementó.
-Debe de estar dormido- La pegaso sugirió.
-No lo creo, su respiración es bastante audible- Repuso la unicornio.
Sentía una tensión pegajosa y húmeda debido al sudor que inició su emanación de mi piel.
-Chicas ¿Sobre qué están hablando?- Cuestioné con rasgos frágiles en mi hablar.
-Una mantícora, se resguarda en el bosque y, tal como dice Sweetie es extraño que no haya hecho su aparición- La granjera respondió ante mi inquietud, sin embargo no fue suficiente para tranquilizar mis sentidos.
Logré percibir un escalofrió apabullante, una brisa lamentada y un bosque inquieto, definitivamente, como si lo hubiésemos llamado con la paranoia, el hibrido entre dragón, león y escorpión hizo su aparición con una embestida proveniente de la espesura natural.
La suerte no acompañó a Sweetie Belle quien fue elegida como presa por la bestia, derribándola con su enorme corpulencia y tratando de aprisionarla en su mandíbula, sin embargo, la reacción por parte de Scootaloo fue inmediata, una carrera imparable que terminó golpeando a la mantícora fue suficiente para liberar a su amiga, en secuencia, Applebloom se ubicó frente a la criatura que se reincorporaba del empujón, la actitud de la granjera fue muy cautelosa pues, antes de que su rival lograse estabilizarse, otorgó una doble patada con sus extremidades traseras para aturdirlo por unos instantes.
-¡Sunset!- Me encontraba tan asombrada que mi reacción fue nula, solo cuando escuché el llamado de la pegaso atendí como bien pude comprender la situación.
-¡Ven acá!- El grito de la anaranjada yegua posibilitó mi reacción, hice caso a sus palabras y galopé hasta su posición, sin embargo me encontré con la derribada Sweetie quien no parecía tener fuerzas para levantarse.
-¡Sácala de aquí! Continúa por la senda hasta que encuentres un claro, allí estarán seguras.- Posicionando sobre mi lomo a la afectada unicornio empujó mi cuerpo hacia la dirección mencionada y corrí, con desespero, temor y afán.
Applebloom
La bestia se erguía imponente a pesar de los golpes recibidos, por fortuna, no se percató de la huida rápida que emprendió Sunset con Sweetie, sin embargo, estaba atento a cualquier movimiento por mi parte.
Su mirada llena de salvajismo alcanzaba a incomodar mis músculos y, su decisión aprisionaba mis patas al suelo, aquello me recordó cuando enfrenté por primera vez a un Timberwolf; era pequeña, débil y estaba atormentada por los sucesos que nos llevaron a este mundo gris.
Respiré profundo y la bestia continuaba con su intimidación; sus alas extendidas, su cabeza alta y su cola de escorpión levantada. Lograba su objetivo, no podía pensar con fluidez acerca del próximo movimiento, solo espere…
Dio un paso firme y lo imité, no aparté mi vista de sus ojos felinos, no estaba dispuesta a retroceder, aun así, tenía el entero conocimiento que perdería aquel duelo de no ser por Scootaloo, quien muy inteligentemente desapareció del campo de visión de la mantícora, yo habría salido corriendo para esperar que la suerte iluminase mis actos en un desesperado galope, pero no era pertinente, no era recomendable, no era sabio retroceder, no ahora que tomamos la determinación en nuestros cascos para buscar un benevolente día en la ya gastada y rutinaria tierra que a pesar de todo, nos trata aún como sus hijos.
Mi compañera pegaso realizó un movimiento atrevido al tomar la extremidad venenosa de su adversario, con todo su cuerpo trató de inmovilizarlo unos pocos segundos, afectando así su equilibrio, generándole una incomodidad que lo distrajo de mis actos.
Aproveché el momento para atentar contra el rostro de león nuevamente, con un salto decidido, mis patas delanteras impactaron su hocico, propiciando un segundo instante de inmovilidad, el cual, fue aprovechado por la yegua acompañante para dirigirse, de igual manera, a la parte superior y afectar con todos los golpes que lográsemos para incapacitar a la bestia, sin embargo, su resistencia era tal que, con una violenta sacudida logró desprendernos de su faz.
Su actuar fue ágil, ya que otorgarnos respiro no fue una alternativa, se abalanzó sobre mí, desenfundando sus garras para hacer un daño letal. La suerte jugó un papel importante pues, mi tiempo de reacción fue limitado, solo pude mover mis patas para tratar de detener el pesado ataque. Lo logré, sin embargo solo retuve una de sus pisadas, la otra había logrado aprisionar una extremidad posterior.
Scootaloo, como una insistente amenaza, retomó la cola y tiró con suprema fuerza, desde la posición donde me encontraba, logré observar como utilizaba la totalidad de su cuerpo, inclusive se atrevió a morder para contar con un mejor agarre mientras trataba de movilizar el pesado cuerpo.
Su actuación intrépida permitió liberarme de las garras para asaltar nuevamente su rostro, imité el recurso de la pegaso y mordí el hocico de la bestia para arrebatarle su ritmo respiratorio, la mantícora trataba inútilmente de desprenderme, mi agarre desesperado y la incomodidad que propiciaba mi compañera fueron suficientes para apaciguar poco a poco sus movimientos.
Aún con la adrenalina invadiéndome, noté perfectamente como la bestia gemía sofocante, trataba de encontrar aire, inclusive se sacudía esperando lograr desprendernos, hasta que con sus limitadas fuerzas acercó las garras al rostro, que debido a la fisionomía no lograba aplicar un buen agarre, en vez, rasgaba mi piel desesperado. Inició un duelo de aguante, yo resistiéndome a sus zarpazos y él buscando oxígeno…
Cada golpe, cada aliento, todo, pasaba con extrema lentitud, el ardor sanguíneo de las heridas abiertas hacía difícil permanecer más tiempo, solo cerré mis ojos y esperé, esperé a que la bestia durmiese…
Sunset Shimmer
Corría incesante, no permití que nada me distrajese, atenta a las instrucciones que había recibido para salir por fin del bosque fatídico y oscuro, observé a mí alrededor como si algo estuviese acechándome, no paré. Solo quería salir.
La suave luz por fin favoreció mi andar para exponerme a un horizonte amplio, liberándome así de la espesura natural que permeaba mis sentidos, sin embargo, al atender los espacios, caí en una extrema desilusión pues, no había más que una tierra árida dibujando el lugar hasta donde lograse alcanzar a mi visión.
Un pequeño instante en la inmóvil expectación de mortandad natural y de secos pensamientos permitieron implorar nuevamente la fantasía horrible al desear, que esto fuera obra de mi mente.
Suspiré conociendo con antelación que no podía seguir evocando la Equestria de la que partí, solo acepté el trazado por el cual nuevamente inicié mi galope, esta vez mucho más suave, cuidando a Sweetie quien permanecía inmóvil.
Tal era la preocupación que sentía por la unicornio, que inclusive ignoré con premura el hecho de que mis otras dos acompañantes se habían quedado atrás combatiendo la bestia. Incliné mi rostro para observar la ciudad en la montaña.
"Canterlot."
Lejanos recuerdos suscitaron la memoria para anhelar los ya pasados tiempos de tutoría por parte de Celestia.
"¿En qué piensas, Sunset? Ella necesita que llegues allí lo más rápido que puedas. Espero que no sea tan grave."
Dibujé mi camino a través de la montaña antes de iniciar con el ascenso, no sin antes observar una última vez el bosque, casi implorando que las yeguas emergieran de este al instante. Como era de esperarse, ninguna asomó.
Llegué a la base del cerro y me encontré con los raíles por los que alguna vez dominaba el tren, los inspeccioné; tablas agrietadas y mohosas, metales oxidados y tierra cubriendo segmentos de las vías. No requerí de una segunda revisión, era evidente que desde hacía mucho tiempo nada pasaba por aquí. Me dispuse a caminar junto a estos por motivos de precaución, sin embargo, no duro mucho pues, el primero de incontables túneles estaba próximo.
El camino se prolongaba innecesariamente, esto debido a la poca inclinación que poseía, mi andar era fluido sin embargo, al menos, hasta que el cansancio por llevar el peso muerto de la inconsciente se hizo presente. Ingenua, traté de afanar con un suave galope, como resultado, mi agotamiento se incrementó y, el hambre y sed se presentaron conjuntas.
Prometí no detenerme, ni siquiera cuando mis cascos se hincharon y las rodillas flaquearon, solo seguí, terca ante mis autoinculcados objetivos.
Quizás siempre ha sido una manía, o al menos desde que conocí a la princesa Twilight. Lejanos recuerdos acudieron reiteradamente, hubo en tiempo en que pedía su concejo para aclarar situaciones en el otro mundo, después, fui yo la que trataba de encontrar las respuestas, más adelante, la contra parte de la princesa acudía a mi concejo para aliviar sus inquietudes…
Que maravilloso es el destino al presentarme con aquella Twilight, tímida e insegura, sin embargo, ahora es mucho más que eso y, me alegra haber estado allí para ella. Pero, lo que me inquieta es no haber estado para la princesa, quizás, me sienta en deuda con ella por acudir siempre a resolver mis inquietudes y encaminarme hacia el bien, quizás, siento responsabilidad por cuidar la tierra que me vio nacer, de ser así, es notorio que no deseaba involucrar a mis amigas, ya que recurrir al espejo para contar con su magia nunca pasó por mi cabeza.
"Si todo esto acaba mal, va a ser por culpa de tu terquedad"
Desearía que solo hubiese sido una incapacidad de pedir ayuda, pero fue más que eso. Los sentimientos de ese día en el que decidí nuevamente cruzar el espejo fueron tan ambiguos que, mi mente se nubló. Me dediqué a buscar desesperadamente a la princesa, tanto así, que su diario fue lo único capaz de tranquilizarme, sin embargo, también fue lo que me hizo percatar la desdichada situación que acarrea este mundo.
"Una tormenta mágica."
Una tormenta, esa sería la representación perfecta a mi mente y alma, inundadas por la duda, enojo, impotencia, decisión y responsabilidad.
Por eso continúo, por eso soporto el peso de mi acompañante, porque no podría pasar otro día en Equestria dejando a todos estos ponis a su suerte, sobre todo, porque de algún modo, me siento responsable de la tormenta.
Algo en ese fenómeno me incomoda…
-¿Quién anda ahí?- La voz de un corcel me desprendió del trance.
Atiendí a mí alrededor…
No sé cuánto tiempo caminé, cuanta distancia recorrí…
Había llegado…
Applebloom
Un suave contoneo y el apenas audible sonido de los cascos sobre la tierra llamaron mi atención para despertar del estado inconsciente al que había estado suspendida durante un tiempo incontable. Abrí mis ojos para observar la penumbra de un túnel que pasaba con ritmo lento permitiendo así, detallar las piedras, tablas y raíles.
Ubiqué mi cuerpo de forma que permitiese un descenso estable, asumí que mis patas no se encontrarían con fuerza, por lo tanto, no sobraba aquella precaución.
-Te debes sentir muy bien si quieres bajarte- Scootaloo con su ya acostumbrado tono de autoridad se dirigió a mí.
-Solo dame un momento- Delicada como pocas veces, traté de ubicar mis cuatro cascos en la tierra, sin dificultad inicial, logré equilibrar el peso, inclusive con la notoria debilidad que acarreaba mi cuerpo.
Fue después, no mucho, solo unos pequeños instantes pasaron hasta que logré sentir la piel abrirse y la sangre seca agrietarse para liberar más fluido, percaté el triste estado de mi cuerpo y resigné toda intención de caminar por mi cuenta.
-Vaya, vaya, parece que la gran Applebloom necesita ayuda- No había necesidad de resaltar el tono burlesco con que sus palabras cantaban.
-Solo vuelve a levantarme ¿Quieres?- Reacia le hablé.
-Tranquila, solo estaba jugando contigo… deberías relajarte un poco.- Susurrando esa última frase que llegó a mis oídos sin problemas levantó su cabeza en prepotencia. Sobresalté.
-¿¡Crees que es un buen momento para estar tranquila!?- Solo permití que salieran las palabras.
-Para ti nunca es un buen momento, te la pasas seria, tratas de hacer todo por tu cuenta y ni siquiera te preocupas por los demás.- Sus sentencias habían sido muy atrevidas para mi gusto.
-¡Me preocupo por los demás! Yo…-
-… ¿Es eso cierto?- Interrumpió -¿Alguna vez te preguntaste que pasaría con la granja si no estuvieras?- Había unas segundas intenciones en sus palabras, continuó -… ¡Mírate! ¡No es la primera vez que te arriesgas de esta manera! Por eso Diamond quería venir…-
-¿Qué sabes tú acerca de ella? Además, no eres la indicada para decirme eso, siempre alardeas de tus "aventuras" cuando vuelves.- La reté.
-Lo hago por los pequeños, para que observen a un modelo que no tenga la cara larga todo el día como lo haces tú, y con respecto a Diamond, no hace falta "saber" mucho de ella para darse cuenta que estaba preocupada por ti, tal y como lo estamos todas.- Percibí lamento en sus palabras, sin embargo, no parecía estar dispuesta a detener su discurso, aun así, sentí la necesidad de intervenir.
-Entonces ¿Vinieron conmigo para cuidarme?- Estaba molesta.
-¡No te hagas la estúpida!- Aquello fue… - Sabes a lo que me refiero, solo tienes que mirar tu cuerpo ¿Acaso no piensas? Te pasó lo mismo cuando enfrentase a Spike… Un ataque frontal ¿Estabas loca o querías morir?-
-¡No entiendes!- La detuve -¡No tenía alternativa! ¿Qué habrías hecho tú?- Se aproximó, ubicó de forma brusca sus dos cascos delanteros aprisionando mi hocico.
-Habría esperado a que Snips y Snails cerraran la boca del dragón- No aceptaría su respuesta, mucho menos ante la actitud que había adoptado. Golpeé sus cascos para separarlos de mi boca.
-No estabas ahí, no puedes estar tan segura de eso.-
-Entonces dime- Esta vez sus cascos atraparon mi cabeza y la aproximó a su rostro. -¿Viste que Sweetie Belle fue envenenada? O acaso ¿Creíste qué inmovilizar la cola de esa bestia era únicamente para afectar su equilibrio?
Sorprendida, relajé todo mi cuerpo ante la veracidad se las palabras.
Respondí con temor…
-No… No lo vi…-
-Entonces…- Con un tono más calmado intervino. –No viste que estaba tratando de protegerte…- Suspiró -…yo… yo no sé qué habría hecho si en vez de esos zarpazos hubieses recibido el aguijón… yo… No sé el estado en que Sweetie Belle se encuentra…- Su voz se estaba quebrando -… Solo quiero que dejes de arriesgar tanto… si en verdad crees en un futuro, por favor, se prudente… no quiero perder a nadie más, no ahora que he vuelto a creer en la esperanza.-
Como bien pude, la tomé para otorgarle un abrazo, ella, aunque reacia en principio, lo aceptó.
-Lo siento Scootaloo- Mencioné con volumen bajo, cerca de su oído.
-No tienes por qué hacerlo…- Acérrima en llevarme la contraria.
-Entonces, gracias-
-Ya me lo agradecerás cuando lleguemos a Canterlot, aún queda mucha montaña por recorrer. Sube.- Arrodillándose en el suelo, esperó a que me ubicara de la mejor forma posible sobre su lomo, a pesar de ser más pequeña y aupada, logró incorporarse con mi peso. –Deberías dejar de comer tantas tortas de manzana.- Dijo entre gimoteos de esfuerzo.
-Lo siento, pero tu amigo Pound hace las mejores, es imposible comer solo una-
-Ja… ¿Ahora quieres burlarte de mí?- Aunque no la observé, sabía que estaba sonriendo.
-Tú dijiste que debía tranquilizarme un poco-
-¿Crees que es un buen momento para estar tranquila?- Ante su respuesta reí, no mucho, pero lo suficiente como para olvidarme momentáneamente del dolor.
-La verdad no- Respondí –Sigo preocupada por Sweetie Belle.-
-Yo también-
Fue lo último que mencionamos, el silencio no era tan invasivo pues, mis pensamientos y, seguramente los de ella, estaban llenos de preocupación. Mientras continuaba en el lomo de mi amiga, solo imploré que nuestra unicornio estuviera bien…
Final del día 2
