Libros
Sunset Shimmer
Entre la dicha y confusión, mi cuerpo no supo cómo manifestar tal marea de emociones, tenía ánimos de saltar y gritar, pero la nebulosa actitud del señor Night Light me previno para no adelantar hechos improbables. Traté de alinear mis pensamientos y apartarlos de toda emoción que llevara a teorizar erróneamente cualquier acontecimiento.
-Flurry Heart ¿Está viva?- Pregunté con intención de comprobar lo que escuché hace unos segundos.
El unicornio me observó intrigado, seguro no esperaba tal comportamiento de mi parte, por lo tanto, se limitó a responder. –Así es, es de los pocos ponis que sobrevivieron a la tormenta en el imperio de cristal.- Sus palabras como lapidas hacían remembranza a los acontecimientos de pena y sufrimiento, sin embargo, aquello extendía un gran infinito de posibilidades.
Cuestioné la suerte de la heredera al fijar con detalle la dirección hacia donde apuntaba el telescopio, no supe completar la continuidad de los hechos y una pregunta inocente resurgió de mis labios.
-¿Qué hace allí?-
La respuesta inmediata del observador fue un suspiro de corazón antiguo, acorazado, pero con cicatrices de vida y sentimientos.
-Es el único lugar que inhabilita la tormenta.- declaró.
Nuevamente, toda información parecía estar dispersa en el silencio que ocultaban sus palabras, me obligó a realizar preguntas más específicas.
-¿Qué fue lo que ocurrió entonces?- Sin dar tregua continué. –Necesito saber todo lo que puedas ofrecerme, necesito llegar a ella. Por favor, dime.- Casi suplicante le pedí.
Ofreció una mirada de cristal empañado al telescopio, duró así unos instantes, hasta que un pequeño brillo emanó de sus cuencas, impulsando su boca en narrativa.
-Durante el tiempo en el que lamentábamos la perdida de las princesas, Canterlot se fue acostumbrando a un nuevo sistema de gobierno; entre las familias más influyentes se eligió un representante. Funcionó durante algún tiempo, el suficiente para levantar las murallas de acero. Durante ese periodo, el grupo que se formó en el tétrico bar había distribuido sus funciones. Como ya te mencioné, Starlight se hizo cargo de los diarios, sunburst de detectar cualquier anomalía mágica, yo, me ocupé de estudiar los fenómenos celestes, por último, el profesor Hooves realizó toda la indumentaria que nos ayudó para avanzar en nuestra labor, de hecho, el fabricó este telescopio.-
Me costaba creer que dicho semental con mirada dispersa fuese capaz de recrear tal ingeniería.
-¿Él, fabricó esto?-
-Tiene habilidades natas, es un poco alienante, pero de no ser por su actitud, nunca hubiésemos conocido la situación por la que pasa Equestria.-
Me permití cuestionar lo que el señor Night Light comentaba, era difícil asociar la imagen del potro con dedicación y eficiencia, sin embargo, no lo manifesté, me interesaba saber más cosas sobre el mundo que ignoré durante tantos años,
-Podría, por favor contarme más acerca de lo que ocurrió, para empezar, me gustaría retomar el hecho del por qué Flurry Heart se encuentra en el reino Changeling.-
-Conozco a grandes rasgos lo que ocurrió. Sunburst sería más indicado para esto pero, te contaré lo que sé- El observador estuvo indagando en su memoria, eligiendo palabras y ordenando hechos, todo con tal decencia que recordé con cariño mis días de estudiante. Inició su relato.
"Recibíamos cartas de Shinning Armor; todas ellas hablaban de la nieve invasora, sin embargo, en su escritura se lograba percatar una calma forzada. Escuchábamos los rumores de soldados provenientes de allí, todos se referían al clima errático y despiadado que los recibía. Preocupados, enviamos respuestas, pero todo lo que recibíamos eran sencillas frases tranquilizadoras…
Tiempo después, dejamos de recibir las cartas…
Estaba sumamente preocupado, inclusive utilizaba el diario para obtener respuesta de Sunburst, aun así, nada. El profesor, y yo habíamos detenido las investigaciones desde la muerte de Starlight por respeto al mago del imperio. Mi preocupación fue tal, que un día tomé la decisión de ir al norte. Por suerte, Velvet me detuvo. Logró hacerme recapacitar y con eso, volví a mi labor. Retomé contacto con Hooves y encontramos la anomalía, precisamente sobre el imperio de cristal. Sin este telescopio no lo habría notado; Una pequeña nube en medio de la tormenta liberaba un haz de luz tan hermoso, que creí equivocadamente por la salvación. Cuanto deseé estar en lo correcto.
Supe que Twilight realizaría un viaje a ese destino, preocupado por ella no aparté mi ojo del lente, para su suerte, la nube se había dirigido al Este, sobrepasando el mar. Cuando volvió, trajo con ella la triste noticia. Solo pude seguir observando, anotaba y calculaba para distraer mi mente, fue peor cuando supe lo de mi princesa.
Casi como si el dolor y la pena me obligasen a seguir, no me aparté del lente, no hablaba, apenas salía de esta habitación. Cuando me di cuenta de lo que ocurría al rededor, los años habían pasado. Eso ocurrió cuando la nube se detuvo en el reino changeling; no tenía nada que informar y, estaba cansado y viejo.
Entonces, como si la brisa quisiera atraer recuerdos vagabundos, el diario se iluminó con la caligrafía de Sunburst. Su informe obtuso y falto en detalles dejo entre ver una necesidad de cautela extrema. Mencionó que gracias a un hechizo sobrevivió a la inclemencia mágica; no especificó el tipo ni el nombre de dicho recurso. Más importante aún y como firma de longevidad, afirmó el destino de mi nieta hacia el reino Changeling. Sin embargo, entre sus precauciones y dificultades se encontraba la imposibilidad de buscarla.
Desde ese día hasta hoy, ninguno de nosotros ha hecho contacto con ella…"
El desgastado unicornio detuvo su intervención con añoranzas cristalinas en sus ojos, deseaba ver a la princesa, su amor lo obligaba a permanecer en el telescopio durante tantos ciclos como su cuerpo lo permitiese.
Un vigilante fraternal…
-Pregunté a Sunburst del por qué envió a mi nieta hacia ese lugar- Prosiguió. –Dijo que era por un mineral que anula la magia y que solo es posible de encontrar en ese reino.- Observó por la lente, casi como un hábito en vez de una necesidad.- Sé que el poder mágico de ella también está anulado, pero la nube sigue sobre la colmena, como augurio del final ecuestre.-
-No será el final si llegamos a ella.- Sentencié con ímpetu aventurera. – Si es necesario ingresar en la colmena, lo haremos sin dudar.-
Night Light se quejó con sonido gutural. Lo observé, de inmediato comprendió el gesto de duda que le ofrecí debido a su notorio rostro de incredulidad.
-No pueden entrar a ese reino.- Observó. –Si la nube llega a percatarse de ustedes, les arrebataran toda la magia… quedarían como las princesas.-
Ante sus palabras, el pelaje se hizo agujas en mi lomo, el futuro equiparable a un carbón inerte aterrorizó mi ser de tal forma, que no supe pronunciar palabra o idear otra empresa para un próximo movimiento.
-Lamento decirte todo esto, pero la verdad, es que es la única alternativa que tenemos.- Otorgó una mirada de añoranza a un pilar de libros cercano a mi ubicación. –Durante diez años, la nube no se ha movido de allí.- Concretó.
-Diez años…- Repetí como si fuese el susurro de un espectro.
Inmediatamente, comprendí que fue similar a la voz de la conciencia.
La nube solo ha permanecido diez años sobre el reino Changeling, la princesa Luna y Celestia murieron hace veinte, no hubo una gran brecha de tiempo cuando Twilight y sus amigas se sacrificaron, es más, el imperio fue engullido por la tormenta antes de eso.
Algo me incomodaba.
-Me puedes recordar la dirección de la nube después de que atacara el imperio, señor.- Ensimismada, traté de hilar todo, llegué a una conclusión, necesitaba que alguien me lo confirmase.
Night Light, atento a mi rostro de efigie por la concentración, con cautela y, mucha incomodidad respondió.
-El… Este, al otro lado del mar…- Titubeó.
Continué maquinando mis suposiciones, lastimosamente, no recordaba muy bien lo que se hallaba en esa dirección.
Sin embargo, de forma atenta, el observador me propició un mapa.
-Bestias…- Repuse. –Grifos y Dragones…-
Ofrecí una mirada cómplice al unicornio que con expresión pensante anhelaba un rincón inseguro de la habitación.
Sacudió su cabeza como tratando de regresar al momento.
-El único dragón al cual hemos estudiado ha sido Spike. Según el profesor, la anomalía afectó su naturaleza pensante y los convirtió a todos en bestias iracundas. Los griffos no han hecho aparición y, el lejano bosque al noreste solo tiene criaturas infames.- Informó como si quisiera que no malgastara mis energías en pensamientos inútiles.
-Los griffos deben tener algún tipo de magia- Inquirí.
-De ser así, la nube acabó con todos ellos hace tiempo- Contestó Night Light.
-Entonces ¿Por qué se dirigió allí?- Insistí. -¿Cómo pudo ignorar el poder de una alicornio? ¡Algo había en ese lugar!- Golpeé el piso de tal forma que varios libros perdieron su balance entre los pilares y cayeron. Escuché las duras tapas golpear, dejando así de lado la grosera actitud que estaba manifestando.
-Lo siento.- Me disculpé levantando un par de libros.
-Descuida.- Respondió con extraña indiferencia.-Buscaré en los diarios si hay algún informe de Sunburst.- Suspiró. –Aunque no recuerdo que alguno de nosotros hablase sobre aquello.- Sentenció tomando un grupo de libros, los cuales acunó junto a su silla frente al telescopio, tan íntimo que, desvié la mirada al desorden provocado por mis cascos.
Traté de ubicar nuevamente los libros en pilares, seguí un orden que resultara con sentido, sin embargo, al revisar los títulos, supe que había de todo allí: Astronomía, literatura, ciencia, historia, anatomía, magia…
-Magia oscura.- Susurré al percatar una cubierta negra con el símbolo de un alicornio rojo; con un cuerno extraño y alas parecidas a las de un dragón. Resulté extrañamente embelesada por aquella imagen.
-Tardaré un poco en revisar los diarios. No te preocupes por los libros, algún día los reorganizaré.- Sin levantar vista, Night Light se refirió con educación.- No puedo ofrecerte mucho, pero si gustas puedes pasar el tiempo en la sala, aún conservamos los muebles como bien nos permite el tiempo.- Finalizó, a lo cual yo, en un sutil y descarado acto, llevé el libro conmigo hacia la puerta.
-Creo… que descansaré un rato…- Concluí saliendo del lugar.
Applebloom
Desperté en una habitación gris como nubes de invierno; fría y susurrante, amiga del viento que entraba por una ventana rota. Las sabanas que cubrían mi cuerpo apenas si podían cumplir su función; delgadas, sucias y rehechas. Maldije mi suerte y traté de incorporarme, sin embargo, cuando lo hice, sentí una presión en el vientre y lomo. Desprendí las sabanas y observé el área frontal vendada. Suspiré agria y molesta.
"Debí haberlo imaginado"
Completé mi berrinche silencioso moviéndome lo que más pude para aflojar. Fue inútil.
-Sabía que despertarías primero.- Orgullosa como siempre, Scootaloo se encontraba en una esquina, recostada contra la pared y el suelo, parecía una ladrona con esa mirada dura y sus cicatrices desnudas.
-¿Dónde están Sweety Belle y Sunset?- Pregunté sin parar de revolcarme.
-Sweety está descansando, ayer la intervinieron para deshacerse del veneno, la doctora dice que se recuperará.- Me relajé un poco al escuchar esa declaración.- En cuanto a Sunset.- Continuó. – Se fue a la casa de los padres de Twilight.-
La mire sorprendida, con los ojos secos, buscando explicación.
- Tranquila, no podía irme y dejarlas a las dos sin cuidado.- Se explicó.
-Alguien debe ir con ella.- Repuse.
-Oye, relájate.- Contestó al ver que intentaba levantarme de la camilla, chirriante y algo oxidada.- Esto no es Ponyville, la ciudad tiene un enorme muro de hierro, nada puede entrar.-
-Nada, a menos que venga del cielo- Contradije.
-¡Oye! ¿Qué fue lo que discutimos la última vez?- La noté molesta. –Te estas preocupando mucho por ella, puede defenderse sola, además, están los guardias. Mírate, pareces una momia. No es el momento indicado para eso. Terca.- A pesar de su fuerte tono de voz, había preocupación en sus palabras. Me tranquilicé y le di la razón.
-Igualmente debo salir.- Completando mi aventura con el vendaje y saliendo victoriosa repuse frente a la pegaso. Ella suspiró y me miró con ojos curiosos y algo traviesos. Sabía muy bien mis razones para deambular por la ciudad.
-Volveré entera, lo prometo.- Advertí.
-Me preocupan más los ponis con los que te vas a encontrar.- Expresó reteniendo una pequeña risa.- La habitación de Sweety es la ciento once.- Fue lo último que escuché, mis cascos ya estaban fuera del cuarto dejándola junto a las vendas algo ensangrentadas, pero nada que un buen lavado no pudiera solucionar.
Observé las heridas; numerosas, más no profundas. Los unicornios habían hecho un buen trabajo, no era la primera vez que me atendían. Recordé cuando un árbol cayó sobre mí, era una joven insegura y las habilidades de Pumpkin apenas se estaban desarrollando. Sweety algo sádica me obligó a acompañarla sin un hechizo para el dolor. Debía aprender un par de lecciones y ella, era muy buena para que comprendiera. Lo contrario pensó Diamond, sostenía que me necesitaban en el refugio pero mi amiga no la escuchó.
Cuando llegamos, solo bastó un par de hechizos básicos y uno para calmar el dolor. Habría sido una pérdida de tiempo de no ser porque la menor Belle indicó un callejón en la ya añejada Canterlot.
Me dirigí nuevamente a ese lugar.
-Buen día.- Saludé a los dos ponis que cubiertos con telas gruesas y sucias no dejaban ver gran parte de sus rostros.
Me observaron sin asombro, su indiferencia era igual a como recordaba.
-Me alegra ver que estén bien.- Complemente.
El corcel hizo un bufido en disgusto, la yegua me observó a los ojos; tal y como lo había hecho siempre, con molestia y asco, pero esta vez, había algo más en esa mirada.
-Ella se encuentra bien…- Titubeé.-le-le agradará saber que ustedes también lo están.-
-Lárgate- La yegua protestó.
La ignoré.
-También le gustaría que… volviesen.-
-No me escuchaste campesina ¡Lárgate!- Esta vez era mucho más hostil. –Deja de disfrutar viendo nuestra situación, ¡para ya! nos ofendes al hablar de esa pequeña desagradecida.- Su rencor la había enceguecido.- No vuelvas a aparecer ante mí, no requiero tu falsa lastima. Solo lárgate y olvida que existimos… ella lo hizo hace mucho tiempo.-
No cumplí su deseo, sentí lastima por ellos, era inevitable, quería contradecirla pero, sus oscuros sentimientos la habían dominado.
Me aparté silenciosamente, salí del callejón sin mirar atrás, caminé unos cuantos metros más para asegurarme de que no me observara nadie. Estaba frustrada, golpeé el suelo tan fuerte que la tierra cedió dejando una pequeña cuña.
"No cambiaran nunca."
Resignada, volví al hospital.
Scootaloo mantenía su porte suelto y relajado, aquello no significaba que estuviera tranquila, sus ojos no se apartaban de la durmiente unicornio, felinos, atentos a cualquier movimiento que esta pudiera realizar.
Me acerqué con cautela.
Movió sus orejas al escuchar mi cercanía.
-Por lo visto no te fue bien.- Mencionó al dar un repaso por mi rostro.
-¿Tan evidente es?- Traté de sonreír, ella hizo lo mismo.
-Nunca te lo pregunté ¿Desde cuándo?- Curiosa como pocas veces, dejó que la incógnita adornara el ambiente. Sentí cierta pena infantil, sin embargo fue opacada por un remordimiento amistoso.
-No lo sé.- Moví mi cabeza de un lado a otro cuando respondí. La pegaso parpadeo rápidamente, su incredulidad era notoria.
-Debes saberlo, no eres como la despistada que finge dormir.- Afirmó mientras giraba su vista a Sweety Belle quien, con una sonrisa apretaba los ojos.
La camilla chirreó cuando su paciente se incorporó.
-Deberías expresar más, el pobre Pound sigue pensando en cómo impresionarte.-
La yegua naranja no ocultó su sorpresa.
-Lo sabes…-
La nevada unicornio soltó una risa con clase, victoriosa por hacer que su amiga dejara la inexpresividad cautelosa.
-Claro que lo sé.- Continuó. –Su persistencia te obligó a ceder, eres muy tierna. Expresas tu cariño de forma brusca, crees que nadie lo va a notar. Disfrutas recibirlo con un golpe.-
El rubor en Scootaloo era notorio, tanto, que inclusive ella esquivó su rostro para que no percatáramos su vergüenza.
-¿Te sientes mejor?- Intenté cambiar el tema.
-Mejor de lo que estás tú.- Afirmó.- Mírate pareces hecha de retazos mal hilados. Súmale esa expresión de agotamiento y esa crin desastrosa. Por favor, no sé qué vio Diamond en ti.- Concluyó haciendo notorio su increíble estado de mejora.
-Me alegra que estés bien, pero no tienes derecho a decirme eso cuando no te das cuenta que posees el corazón de cierto unicornio en tus cascos.- Repuse en defensa propia.
-¿Unicornio?- Curioseo. -¿Quien? No puede ser ninguno que haga guardia, todos son muy serios y calmados.-
Observé a Scootaloo, trataba con determinación de evitar una carcajada. Volví a Sweety, no comprendía a quien me estaba refiriendo.
-Cuando regresemos, de seguro él te lo dirá.- Concluí.
-De acuerdo, lo siento. Pero no has dado respuesta a lo que Scoots te preguntó.-
Sorprendida di un par de pasos lejos de ellas.
-Ya… dije que no lo sé.- Me defendí.
-Entonces ¿Qué es lo que te atrae de ella?- Asedió.
Mientras maldecía mi suerte, la puerta de la habitación dejó ver a la señora Velvet. Salvándome así de responder.
Sunset Shimmer
No supe cuánto tiempo permanecí hipnotizada por las páginas de ese oscuro libro. Existía cierta naturaleza que emulaba a los hechizos convencionales, sin embargo, el factor decisivo era una ambición que no temía a las consecuencias. Algunos atrofiaban la mente, otros el cuerpo, la mayoría solo pedían cordura por parte del usuario, la magia negra es sinónimo de sacrificio, a diferencia de la otra que solo exigía tiempo y dedicación. Aun así, hacía falta un gran poder para realizar alguno de los cantos que se mostraban, eso, para que el unicornio capaz de convocarlos no resulte tan afectado.
"Quizás alguno me sea útil."
Una vez comprendida su esencia, me aventuré a buscar uno que no requiriera gran esfuerzo o sacrificio. Lo último que deseaba era regresar a aquel pozo de autodestrucción y maldad que me obligó a dejar en primer lugar Equestria.
Suspiré al lamentar mis recuerdos y con ello, una extraña determinación permeó mis actos.
Había uno, sin embargo, no me resultaría útil.
"Regeneración."
Distaba mucho de ser un hechizo curativo, su explicación ofrecía la capacidad de recuperar lo perdido. En lugar de acelerar el proceso de la piel y sangre para regenerarse, se ejemplificaba como el retroceso a un estado de mejor condición en el cuerpo. Parecía un intento de hechizo de juventud eterna, sin embargo, pensé que si se enfocaba en un área determinada, lograría convertirlo en un hechizo de curación definitivo.
Ya sabía de mi primer paciente.
Cuando intenté leer los detalles, el señor Night Light salió de su habitación.
-Señorita Sunset.- Indicó con voz cansada. –No había informe alguno sobre los territorios del Este.
Aparté mis ojos del libro.
-¿Nada?- Pregunté.
-La verdad…- el observador realizó una pausa vehemente. –También me comuniqué con Sunburst, me escribió que la información es obtusa y no sabe cómo interpretarla.-
No conocía a su contacto, sin embargo, percaté una incomodidad creciente en la faz del unicornio.
-Entonces mi destino no ha cambiado.-
-¿A qué te refieres?- Preguntó apurado.
Era muy extraño que el integrante de su grupo encargado de detectar las anomalías mágicas no fuese capaz de otorgar un informe sobre el comportamiento de la nube en esa época. Ha contado con diez años para averiguarlo.
-No creo que te esté diciendo la verdad.- Afirmé.
Me sonrió confiado, como si esperara esa reacción de mi parte.
-Tienes razón, por eso también le escribí a Hooves.-
Levanté una ceja de incredulidad.
-¿Acaso él lo sabe?- Cuestioné.
-No.- Repuso. –Pero les puede facilitar el viaje al imperio de cristal.-
Dejó un par de libros frente a mí.
-Starlight nos enseñó a realizar más diarios. Es algo complejo, pero dada la situación de desconfianza por parte de Sunburst, creí conveniente un cuarto diario, únicamente para comunicarme con Hooves.- Dijo levantando uno de los libros. –En cuanto al otro.- Prosiguió.- Creo que es necesario un reporte de lo que veas allá.-
Observé dubitativamente los ejemplares, logré reconocer su magia. Los acepté.
-¿Crees que algo le haya ocurrido a su compañero?- Inocente pregunta.
Obvia respuesta.
-Claro que sí, siempre fue muy detallado en sus primeros informes. Me cuesta creer que no sepa nada sobre ese acontecimiento, mucho menos de que sobreviviera de tal forma que se niegue a confesar.- Inquirió con sapiencia.
Su mandíbula apretó fuerte cambiando el gesto facial.
-Más le vale que no nos haya dicho una gran mentira. Sin embargo, me cuesta negarlo. Si la nube no se ha apartado de ese lugar, significa que una gran fuente de poder mágico está presente. De no ser mi nieta. No sé qué más podría atraer su atención.- Concluyó.
Dejé los libros junto al que estaba leyendo, al parecer el señor Night Light no se interesó mucho por lo que tenía. Debió ser por su cansancio, se movía más lento, inclusive bostezó.
-Entonces ¿Cómo el señor Hooves puede facilitarnos el viaje?- Interrogué.
-¡Oh! Es verdad, no te lo he dicho.- Volvió a bostezar.- Mañana vendrá su pupilo, creo que se llama Pound. Traerá consigo un carruaje especial para que resistan el frio y la ventisca.-
-Eso, sería de gran ayuda.- Inquirí.
-Lo será.- Afirmó. Volvió a bostezar. -¿Dónde está Velvet? Ya es hora de que hubiera llegado.
Casi como llamándola con el pensamiento, la puerta se abrió. Dejando entrar a la mencionada y a otras tres yeguas.
