Vuelo

Día 4

Sunset Shimmer

Desperté aturdida, como si el descanso hubiera debilitado mi cuerpo y mente. Hace mucho tiempo no dormía hasta que el mismo cuerpo deseara levantarse. Observé alrededor, las tres yeguas ya en vigía conversaban con suave voz.

-Despertaste, querida.- Atendió Sweetie Belle.

Estábamos ubicadas en la sala del señor Night Light y la señora Velvet, se acomodaron como bribonas en el espacio y la joven unicornio era la única que se encontraba en quietud.

-¿Qué están haciendo?- Pregunté.

-Dicen que ejercicio. Yo solo veo un juego de matonas.- Expresó.

Scootaloo y Applebloom habían improvisado una mesa con libros y almohadas.

-Vencidas.- Observé sorprendida. -¿Es buen ejercicio?- Repuse hacia la unicornio quien me ignoró. No deseaba saber nada de aquello y con su magia tomó un libro de los que formaban el soporte en donde apoyaban sus patas delanteras.

El resultado no se hizo esperar.

Desequilibradas por la nueva posición, la pegaso quien, contaba con más agilidad y reflejos, reaccionó y logró doblar la pezuña de Applebloom.

-¡Gané!- Gritó eufórica.

-Maldita sea Sweetie ¿Por qué hiciste eso?- Cuestionó la granjera

-Llevaban casi una hora, estaba aburrida y decidí leer este libro…- Miró la portada y su rostro se petrificó.

Demasiado tarde noté cual era el ejemplar que sostenía.

Lo tomé entre mis cascos.

-Perdona, pero estoy leyendo eso.- Dije mientras lo apartaba de su vista.

Su expresión había cambiado a la de sorpresa, se aproximó casi deslizándose sobre el suelo. Mantuve la mirada en sus ojos acusadores.

-¿Encuentras eso interesante?- Preguntó seca, casi como si me estuviera golpeando con sus palabras.

-Así es.- Respondí afable.

Entrecerró sus ojos, de seguro no esperaba que contestara de esa manera. Sin embargo, era algo delicado para tratar frente a ella. Lo corroboró en su próxima declaración.

-Entonces ¿Has aprendido algo interesante?-

Me disgustó un poco su tono de prepotencia, casi como si estuviera subestimando mi poder mágico, voluntad, inclusive cordura.

-Sí, lo he hecho. Déjame mostrarte.- Le di una vista a Applebloom quien, al igual que Scootaloo, observaba nuestra pequeña charla.

-¿Qué piensas hacer Sunset?- Titubeante, la granjera preguntó.

-Curarte.- Repuse.

-Pero… ya está curada.- Intervino Sweetie.

-Solo observa.- dije mientras concentraba la vista en sus cicatrices, parecían cera de vela derramada por lo largo y ancho del lomo, algunas llegaban hasta su vientre, donde la carne es mucho más tierna. Me sorprendí una vez más de lo fuerte que era la semilla Apple.

Iluminé mi cuerno, la magia se expresaba de un suave rojo y pronto, se pigmentó en un multicolor que constaba de negro, purpura y verde vivo. Fue tal la impresión de las tres yeguas que intercambiaron miradas temerosas, sin saber que podrían decir o hacer.

Recordé las líneas más importantes del hechizo. Asumí que para una curación tan reciente y nimia, solo bastaba un poco de mi energía, sabía que el cansancio me invadiría y esperé que nada de mi cordura fuese afectada por la acción.

El cuerpo de la granjera se iluminó en los puntos que deseé. El proceso fue tan impactante como grotesco. Las cicatrices se abrieron y evidenciaron carne viva, Applebloom expresó su dolor, apretó la mandíbula e inició a sudar. A los pocos segundos, cada una de las heridas desaparecía como huellas de un caminante en el desierto después de una tormenta de arena, como si nunca hubiesen estado allí.

Una vez terminado, sentí mi aliento frio y cuerpo ligero, una sensación en extremo relajante, mis pensamientos se despejaron casi hasta completar un vacío mental. Cerré los ojos y respiré profundo.

Unos segundos de silencio catedral ambientaron la sala.

-¿Cómo te sientes Applebloom?- Pregunté, con una voz que se hacía gruesa y limpia, me sentí extasiada.

-Estoy… bien.- Contestó con ligero temor, era la primera vez que escuchaba ese tono de voz por parte de la granjera.

Observé a las otras dos quienes, tenían el mismo retrato en su faz.

-Sunset…- Sweetie fue la primera en dirigirse a mí. - ¿Qué… fue lo que hiciste?-

Miré a la unicornio, trataba de permanecer imperturbable, pero sabía que si le otorgaba una palabra inadecuada, ella desconfiaría. De hecho, en ese punto, en los ojos de las tres alcancé a percatar una ligera duda tras el temor inicial.

-Solo un pequeño hechizo de reversión.- Mencioné con extrema confianza. Nada me había ocurrido, solo esa enorme satisfacción de apoderarme mágicamente de la oscuridad.

Luego, como si un marco de cristal se hubiese quebrado, la voz de Night Light nos distrajo de ese momento, se acercó con paso constante, nos observó y, sin detenerse declaró.

-Su transporte ya viene.- Abrió la puerta principal y se detuvo en medio del adoquín que sonaba a tierra débil, quebrada y polvorienta.

Le seguimos sin titubeo pero con una extraña cautela. Sentí que los cascos resonaban en extremo a cada paso, que el aire se congelaba a punto de ser respirado y que la extraña luz del día inconcluso amenazaba con arrancarme los ojos.

Expresé disgusto cuando el batir de las alas y un sonido metálico llenó mis oídos. Apreté la mandíbula, molesta como si llevara en mi lomo un gran peso amorfo que no lograba acomodarse para ofrecer un poco de alivio.

Pound Cake aterrizó con un carruaje burdo y mal ensamblado, el sonido de sus piezas sin ajustar penetraron mi cabeza como bastos sables que golpean el suelo. Llevaba sobre sí una cubierta frontal, igualmente metálica, solo que mucho más trabajada. Se deshizo de ella, nos otorgó una mirada de reconocimiento, se detuvo en Scootaloo un par de segundos y volvió al vehiculo.

Observamos una caja, no tan grande pero que parecía llevar algo pesado. La dejó frente a la yegua naranja.

-Siempre es un placer verte Scootaloo.- Con una sonrisa acompañó sus palabras. –A ustedes también chicas. Señor Night Light.- Concretó.

Aunque todos estuviéramos observando la caja, ninguno se atrevió a preguntar por su contenido. La pegaso estaba más que disgustada por la forma tan evidente en que Pound aprovechaba el momento para ofrecerle un cumplido.

-¿Qué hay en la caja Pound?- Con un suspiro resignado preguntó. La sonrisa del joven corcel dio evidencia por aquella pregunta y, con sus dientes abrió delicadamente las tapas superiores.

Desde donde me encontraba no pude ver lo que era en un principio, sin embargo, la expresión de Scootaloo dejó todo en entredicho, su mirada permaneció estática y su rostro helado, luego, dio paso a una agitada respiración que se combinó con el rojo de su rostro. No, no era vergüenza, lastimosamente para el corcel vainilla, la ira le envistió.

-¿Crees que esto es gracioso?- Cuestionó la exwonderbolt.- ¡Sabes que no puedo usar esto! ¿Acaso no has visto mi lomo?- Respiró con fuerza, casi como un toro encerrado. –Deja de idealizarme, ¡maldita sea! Eres todavía un potrillo que se obsesiona conmigo, déjame decirte algo.-Su voz bajó de tono. –Estoy harta de ti, aleja esto de mi vista y tú también.-

Se dio la vuelta y entró a la casa. Todos nos observamos confundidos. El pobre pegaso se había petrificado con la vista hacia la caja.

Me acerqué.

Al darme cuenta de lo que había allí pude comprender un poco el enojo de Scootaloo, sin embargo, creo que Pound no haría nada que comprometiera a la mencionada.

-¿Quién hizo esto?- Pregunté.

El joven corcel salió de su hechizo mental y respondió en tono apagado.

-Yo… digo… el profesor me ayudó.-

"Pobre."

Tomé los objetos con mi magia y observé detenidamente.

"Prótesis."

Estaban muy bien hechas; flexibles pero con resistencia, livianas y con gran extensión. Toqué con mis cascos y sentí en su interior dureza.

-Muy detalladas.- Observé. –Pero lastimosamente no podemos ponérselos.- Sentencié.

Nuevamente agachó su rostro.

"Ingenuo"

-Yo también quiero verla volar.- Repuse con una limitada sonrisa. –Sé cómo hacerlo.-

Requeriría gran poder, estaba confiada del primer hechizo, por eso no dudé cuando la idea pasó por mi cabeza.

-No lo estarás pensando ¿Cierto?- La conciencia blanca de Sweetie expresó su inconformidad.

-Es la única forma.- Dije.

-Puede ser, pero sabes que es muy arriesgado para ella… inclusive para ti.- Casi con desespero trataba de convencerme.

-Lo siento pero, ya tomé mi decisión.- Observé a la unicornio nevada, esta vez, se encontraba notablemente más asustada. Sus ojos se movían con desespero, trataba de alejar el temor.

-Entonces déjame estar ahí.- Nuestros ojos se encontraron y logré percibir su afecto.

-Está bien, puedes ayudarme en caso que necesite más energía.-

-No practicaré magia negra.- Decidida contestó.

-Traigamos esas prótesis. Pero antes, es mejor que estemos nosotras tres a solas.- Dirigí mi vista a Applebloom quien había permanecido calmada desde que curé sus heridas.

-Si… lo que digas.- Dijo. Ida, como si su mente hubiera tratado de volver para contestar desinteresadamente.

Nos adentramos a la casa, sentí una gran ansiedad cuando apropié el hecho de que volvería a utilizar ese tipo de magia. Pensé que quizás, al ser un hechizo mucho más complejo, sentiría un efecto mayor al realizarlo.

Sonreí, y cerramos la puerta.

La pegaso se recostaba en una pared observando un lugar inapreciable para nosotras, era necesario tener su atención.

-Scootaloo…- Llamé con cautela. -¿Confías en mí?-

La mencionada no realizó movimiento, sin embargo contestó calmada, casi distante.

-Puedes intentar lo que quieras.-

Sweetie y yo intercambiamos miradas, la suya preocupada, la mía decidida.

-En ese caso, recuéstate.- Ordené.

Debía ser muy cuidadosa, en su lomo no existía evidencia de que alguna vez hubiera tenido alas. Las cicatrices cubrían casi toda su extensión, inclusive la piel se hundía debido a la fiereza con la cual le fue arrebatada su habilidad.

-Sostén las prótesis sobre ella.- Indiqué a Sweetie.

Preparé el hechizo, esta vez, sentí un aire frio y ligero que invadía mi cuerpo, me enfoqué en el lomo y con gran cantidad de poder, actué sobre ella.

Applebloom

Mi mente no podía apartar las imágenes de Sunset, aquella magia me resultaba más intimidante que cualquier criatura que anduviera por Equestria. Sus ojos se habían tornado verdes, casi como un espectro, a su vez, liberó una niebla purpura que la seguía cada vez que movía su cabeza. Su voz gélida y carente de sensación, recorría mi mente como hollín que nubla los pensamientos

-Applebloom…-

Tenía miedo, genuinamente miedo de ella, de lo que pudiera realizar y, en lo que se podía convertir si se dejara absorber por la oscuridad.

-Applebloom…-

Mi lomo se encontraba en perfecto estado, como si nunca hubiese tenido el enfrentamiento con la mantícora, las cicatrices no estaban, no pude encontrar alivio en ese tipo de curación.

-Applebloom. ¿Estás bien?- Pound llamó mi atención con insistencia. -¿Qué te ocurre? Pareces distraída.- Concluyó.

-Lo siento.- Respondí. -¿Qué tratabas de decirme?-

Su apagada figura expresaba la pesadez emocional que sentía.

-Es solo, que estoy preocupado por ella.- Titubeó.

Era admirable la fidelidad con la que seguía sus emociones, Pound era todavía joven, sin embargo, mostraba una valentía contagiosa, sobre todo en los encargos que realizaba para el profesor. Todos ellos los hizo solo, partía siempre con una alforja apenas ocupada y regresaba con dos llenas. Desde su más tierna edad, se quedaba embelesado con las historias de Scootaloo, admirándola, aun cuando solo se trataban de travesuras. Él siempre primero en escuchar sus relatos. El sentimiento se hizo más fuerte cuando ella se unió a los Wonderbolts, mantenía su vista fija en el horizonte, esperando por su regreso. Una vez conversamos sobre aquello. Me dijo que si existía un poni al cual ofrecerle su confianza, era ella, mencionó, que sus historias le hacían creer en un futuro mejor y, que lograba sentirse más tranquilo cuando ella estaba con nosotros. Los gemelos apenas tienen recuerdo de sus padres, era necesario para él encontrar una figura que complementara lo que su pronta partida dejó. El profesor Hooves lo recibió como su aprendiz, y Scootaloo era todo lo que el añoraba en una yegua.

-Le tienes mucho aprecio.- Dije mirándolo con cariño.-Debí suponer que sus palabras no tendrían efecto negativo en ti.-

-Ella no lo decía con seriedad. Estaba más molesta por su inseguridad que por mi actitud.- Repuso con descaro.

-¿Cómo lo sabes?- Pregunté curiosa.

-La conozco.- Mencionó. –He estado interesado en ella desde hace muchos años, hemos hablado, me he acercado lo suficiente como para tener la confianza de afirmarlo y, sé que su enojo era por ella misma.-

-Entonces debes saber.- Interrumpí. –Que te estará muy agradecida.-

Una sonrisa inocente se dibujó en su rostro, le dije lo que quería escuchar, aun así ¿Qué seguridad tenía yo de que las tres salieran de allí sin ninguna repercusión?

Estaba asustada por la magia de Sunset, me permití confiar en ella por su seguridad y fe, pero no conocía mucho sobre su ser, más importante aún, estaba dispuesta a intentarlo todo con tal de que tuviéramos una vida mucho más favorable. Pero la magia negra era demasiado. Conocía las historias, todas ellas terminaban mal.

El sonido de la puerta abriéndose me retiró de los pensamientos, ahora, necesitaba observar el resultado de la fuerza de Sunset, y si eso nos permitiría acercarnos más a nuestro objetivo.

La primera en salir fue Sweetie Belle, con un extraño rostro de intranquilidad. Al instante que emergió Sunset tras ella, logré darme cuenta del por qué.

La unicornio de fuego estaba cubierta por la neblina purpura que auguraba un mal permanente, sus ojos de brillo anormal y una sonrisa de extrema confianza drenaba la mía en preocupación.

Por último, Scootaloo quien, a diferencia de las demás salió disparada de la entrada, batiendo sus prótesis y dirigiéndose hacia el cielo, sus carcajadas se escuchaban como estruendos, casi contagiosas.

-Está volando…- Resalté debido a mi incredulidad. –Esto es…-

-¿Un milagro?- Sunset dirigió la palabra al interrumpirme. –Es más que eso Applebloom. Es una muestra de lo que nos espera en el reino Changeling.

Sus palabras llenas de confianza me permitieron sonreír, esta vez, más natural, como si en verdad lo mereciéramos, una genuina felicidad.

Sin embargo, pronto fue opacada por la duda.

-¿Reino Changeling?- Pregunté sorprendida. –Se supone que iríamos al imperio de cristal.-

La unicornio de fuego soltó una risa imprudente. –Lo siento, no se los dije. Después de una parada en el imperio de cristal nos dirigiremos allí.- Terminó.

-y… ¿Por qué deberíamos ir al reino Changeling?- Cuestioné.

Sunset Shimmer

Después de una somera explicación hacia las que juraron seguirme, observé que era tiempo de alejarnos. Canterlot, ese lugar tenía mucho significado. Más aún cuando era el epicentro confuso del día y la noche. Los astros permanecían tras el castillo como dos amantes que no deseaban alejarse. Recelosos de que su aventura terminara y que nuevamente tuvieran que permanecer distantes en la infinidad del tiempo.

"¿En qué estás pensando, Sunset?"

Encaminé al carruaje que crujía mientras acomodaba mi ser en su lioso asiento.

-¡Oigan! ¿Esto no es muy pesado para que ustedes dos lo carguen?- Observé.

El pegaso vainilla se sobresaltó y con premura, retomó la caja de la que había sacado las prótesis.

-Es cierto.- Dijo.-Necesitas ponerte está cubierta, Scootaloo.- El corcel dejó ver un atuendo similar al que traía cuando aterrizó.

-¿Para qué? ¿Qué hace esto?- Curiosa, la mencionada dudó.

-Si lo pruebas, veras que tiene un soporte que engancha con el carruaje.- Explicó. –A demás, mi hermana utilizó un hechizo muy especial para que lográsemos llevarlo sin dificultad, inclusive con peso extra.-

Cuando terminó, no pude ignorar la mueca de disgusto que expresó Sweetie quien ya se había acomodado. Seguramente, su molestia fue a causa de que Pound, de alguna manera imperceptible para mí, nos llamó gordas.

-Colócate esa cosa de una vez y vámonos.- La referida en tono pesado se dirigió a su compañera.

-Tranquila, solo estoy emocionada.- Scootaloo hizo una pausa para tomar aire, tan profundo y con una expresión de felicidad tan sincera que no pude evitar sonreír. Era entrañable, parecía una potrilla, todo lo que manifestaba era tan honesto, tan puro.

-Espero que logren encontrarla.- El señor Night Light con su ronco tono de voz se dirigió a nosotras. –Ojalá todo lo que he mencionado sea de ayuda para ustedes.- Suspiró, y su amargura, inseparable de aquel rostro cansado fue notoria. – Si la encuentran, escríbanme, se los suplico.- Observó mis ojos, tan fija era su vista que no me atreví a dejarla. Luego, en un susurro, solo para mí concluyó. –No advertí sobre tu magia porque creo que puede resultar útil, solo mantén la cordura y no dejes que la oscuridad se apodere de ti.-

-Gracias por la recomendación.- Inquirí.

Retrocedió unos pasos y esperó a que Scootaloo y Pound estuvieran listos.

-Llegar al frio norte debería ser fácil, lo complicado es atravesar la tormenta. Escribiré en el diario para que Sunburst las reciba. Adiós.- Fue lo último que mencionó. Los pegaso habían iniciado vuelo y ascendíamos de forma constante. Sentí una extraña nostalgia al recordar mis años como estudiante de Celestia.

Es cierto que partí de allí con malas sensaciones; no fueron los mejores años de mi vida, inclusive sentí rencor hacia ella, como si hubiese tenido la culpa de que perdiera el camino. Sin embargo, el cariño que me embargó pudo más que un infantil sentimiento.

Durante años me pregunté si fue la mejor decisión permanecer en ese otro mundo, sobre lo que pasaría si volviera lamentándome por todo, pero ya no importaba. Continué allí y lo adopte como mi hogar, aun así sentía incomodidad, necesidad de redención y, sobre todo, deseos de volver.

-Adiós, maestra.- Susurré mientras el viento iniciaba a golpear el rostro debido a la velocidad que impusieron nuestros conductores. No aparté vista de Canterlot hasta que las nubes me obligaron a visualizar el infinito.

N/A: Buen día, tarde o noche. Este espacio lo utilizo para reflexionar sobre cierto formalismo. Se trata de la palabra pegaso, ya que, escribí el termino sin cambio cuando estaba hablando en plural. La verdad, no tengo idea de como se utiliza; "Pegaso" o "Pegasos". Sinceramente, me siento más cómodo con el primero. En fin, solo quería aclarar esto ya que es un aspecto del que no estoy muy seguro.

Con respecto al capítulo pasado. Tuve muchos problemas. Era complicado expresar de una manera eficiente lo que deseaba, sin embargo, despues de pensar mucho y con cierto afán (Estuve muchisimo tiempo en ese capítulo) lo subí. Pagué el precio ya que tuve problemas cuando lo hice, a demás de percatarme de cosas que no terminaban de cuadrar. En fin, el capítulo actual me costó menos trabajo y a mi parecer fluyeron mejor los pensamientos. Aun así siempre es bueno tener una opinión u observación. Espero sus comentarios.

Un saludo.