Frío cristal
Applebloom
El viento recorría mis orejas generando un sonido inestable e invasivo, la altura en que manteníamos vuelo estaba dominada por un aire frio que intentaba traspasar el pelaje y la piel hasta llegar a los huesos. El carruaje inestable soportaba los bruscos movimientos que a veces realizaban los pegaso, chirriaba y se quejaba por el viento, hacía un sonido molesto. Habíamos pasado la mayor parte del trayecto en silencio. Sunset decidió dormir y Sweetie la secundó, me dio lastima despertarlas pero, necesitaba distraerme en algo que alejara los malditos sonidos.
Observé a Pound, estaba mirando fijamente a Scootaloo. Hice lo mismo.
-Estas cansada.- Afirmó el potro.
Ella no respondió.
Decidí permanecer en silencio. Tenía razón, estaba agotada, era normal, hace mucho no volaba, inclusive con el trato milagroso de Sunset, el cuerpo debía readaptarse a sus extremidades. Sudaba tras la cubierta, se podía apreciar su respiración agitada debido al aire frio. Mucho ritmo y mucha distancia.
-Estas cansada.- Repitió con volumen alto.
-No, no lo estoy.-
-Claro que si.- Insistió. – Debemos parar.-
-No, no lo haremos.- Negó Scootaloo. Inclusive yo lograba apreciar la dificultad para ella en decir esas pocas palabras.
-Pero…- Pound titubeó. –Estoy preocupado por ti.-
-Pues no lo estés.-
Hubo un silencio tan gélido como el aire que golpeaba, me acurruqué un poco para concentrar el calor corporal, la temperatura bajaba.
-Pararemos.- El corcel con asertividad pronunció.
-No lo haremos.-
-¡Ya basta, Scootaloo!- Inclusive yo me sorprendí al observarlo tan severo. -¡Pararemos, esa es mi…!-
-¡Tú no diriges este grupo, potrillo!- Su grito fue tan intimidante que sentí lastima por él.
Tomé la decisión de intervenir, pero…
-Deja de tratarme como un potrillo.- Amargo, como si hubiera recibido un golpe a su moral, contestó.
-Lo haré cuando me demuestres que no lo eres.- Repuso Scootaloo.
-No necesito demostrarte nada.-
-¿No necesitas demostrarle nada a quien admiras?- En tono burlón cuestionó.
-No.-
-Vaya, entonces eso significa que no te…-
-No, ya no te admiro.- Tanto ella como yo nos sorprendimos al escuchar eso. –Al menos no como lo hacía hace unos años.- Continuó. – Y si necesito demostrarte algo, es el amor que siento por ti.-
Ligeramente el aleteo de Scootaloo bajó de ritmo, Pound lo igualó, sin embargo, el frio era más invasivo y el aire golpeaba mucho más fuerte.
-Recomendaba el detenernos para que así lograras recuperar energías y enfrentarnos a la tormenta con un segundo aire.- El corcel reiteró su propuesta.
Ella realizó un sonido burlón. -¿Un segundo aire? ¡Como si necesitara eso! ¿Y después me dices que no eres un potrillo? Dejaras de serlo cuando agites tus alas hasta que no logres sentirlas, trates de respirar más de lo que puedes debido al cansancio y tengas la osadía de llegar tan rápido a cualquier lugar que no te importe todo eso.- Soltó una risa confiada. –Me agradas Pound, pero no creo que puedas mantener mi ritmo.
Esta vez el joven evidenció su confianza respondiendo con otra risa.
-¡Claro que puedo! ¿Me estas retando?-
-No lo sé ¿Lo hago?-
-En ese caso, hagámoslo más interesante.- Propuso el pegaso vainilla.
-¿En serio estas proponiendo una apuesta para ganar algo de mí?- Bufó Scootaloo. –Si estas tan desesperado, acepto. Pero si pierdes serás mi sirviente hasta que el sol y la luna retomen sus ciclos.-
-¡Querida! no puedes estar hablando enserio- Sweetie Belle con una sonrisa de fantasía intervino.
-¿Estabas…?- Traté de decir.
-¿Estabas escuchándolos?- Fui interrumpida por Sunset.
-¿Tú también?- Interrogué sin esperar que las miradas acusatorias de los cuatro recayeran sobre mí.
-Sí, también los escuché.- Confesé.
Todas sonreímos, algo incomodas.
Pound estaba tan avergonzado que ni siquiera giró su vista, la mantuvo hacia abajo mientras calmábamos los aires.
-Eres un potrillo, Pound.- La pegaso naranja nuevamente lo retó. –Y mira al frente, no querrás perderte esta tormenta.-
Como un muro impenetrable, el viento era tan intenso y la nieve tan densa que nos aferramos al carruaje lo mejor que pudimos, no lograba abrir mis ojos y el frio había invadido de golpe. Los copos parecían piedras disparadas desde infinito y golpeaban con fuerza nuestros lomos, lograba reconocer voces, pero ninguna palabra. Simplemente apreté mis dientes y esperé que aterrizáramos.
Sunset Shimmer
No supe que ocurrió.
En un instante todos estábamos gritando y recibiendo la intensa tormenta pero, al siguiente la oscuridad invadió mi consiente. No supe cuánto tiempo pasó, pero lo que encontré al abrir mis ojos desechó cualquier otra cosa que abrumara mi mente en esos instantes.
Una habitación oscura hecha de cristales, se alzaban como estacas sobre nosotras quienes nos encontrábamos recostadas alrededor de otro pequeño cristal que emanaba luz y calor. Estábamos todos.
Respiré tranquila.
-Eres la primera en despertar.- Una voz titubeante y ahogada resonó.
El poni del que provenía sostenía un cristal con su magia; era un unicornio, de pelaje similar al mío y crin en un tono naranja, o al menos, así era la mitad de su cuerpo.
Su pata delantera izquierda era del mismo cristal que nos cubría, no solo eso, abarcaba hasta la mitad de su rostro, dejando ver una cuenca vacía en donde se supone iría un ojo. Su piel se aferraba al cristal y viceversa, cada vez que daba un paso, ese peculiar sonido retumbaba por el recinto. Su caminar era irregular, cojo y lento. Observó a los demás, con detalle y silencio, casi como si tuviera miedo de despertarlos.
-Asumo que serás Sunset Shimmer.- Dijo mientras caminaba de Sweetie Belle a Applebloom.
-Si me conoces, debes ser…-
-… Sunburst, un placer.-
Su actitud era tan cautelosa que me incomodé.
-Gracias por ayudarnos.-
-No hay de que, sin embargo, no fui yo quien los rescató de la tormenta, simplemente los estoy cuidando.- Mencionó imperturbable, como si el cristal en su rostro le impidiera gesticular.
-¿Quién, entonces?-
-El señor Glass. No tardará en verlos, se está recuperando.-
-No sabía que otro poni les ayudaba con su investigación.- Traté de continuar la charla.
-No deberían saberlo.- Respondió.
-¿Por qué?-
-Si se enteran que me está ayudando, no tomaran en serio los aportes.- Mencionó a la vez que continuaba su camino, esta vez, hacia mí.
Se refería al profesor y a Night Light, dicha cautela no debería ser necesaria para un poni que les ayuda a encontrar respuestas en la magia descontrolada.
-y… ¿Por qué no lo harían? Es tu amigo.- Dije.
-No importa si es mi amigo, por el hecho de ser quien es, no lo aceptarían.- En tono neutro contestó.
Busqué en mi memoria algo que asociara el nombre con lo que he visto desde que regresé.
-Nunca leí o escuché algo de un tal Glass.- Repuse.
Sunburst se quedó estático al observarme. Por un pequeño instante me pareció ver un diminuto brillo rojo salir de su cuenca de cristal. Acto seguido, observó sobre mí.
-Porque Glass no es un verdadero nombre.- Una voz masculina y gruesa se escuchó tras de mí.
-Señor, no creo que sea prudente…- Desesperado el poni de cristales trató de advertir.
-No tiene caso Sunburst.- Interrumpió. –Si ella supiese quien fui, lo habría adivinado por el lugar en el que están, y por como luces.-
Giré para observarlo, se trataba de un unicornio de pelaje gris, muy opaco y crin totalmente negra. Era alto y su cuerno, parecía estar hecho igualmente de cristal.
-Un placer…- Dije.
-El placer es mío, soy Sombra.-
Se ubicó al lado de Sunburst y susurró, el unicornio salió del lugar con ritmo pausado, el sonido de sus cascos era hueco y abrumador, pasó un tiempo antes de que dejara de escucharlo. Cuando eso ocurrió, Sombra utilizó su magia para iluminar el centro.
-Asumo que tendrás curiosidad por saber lo que ocurrió aquí.- Dijo mientras se sentaba al lado de la luz.
Asentí, con un ligero movimiento de cabeza, su presencia abrumaba, había un aura de misterio que lo envolvía y sus ojos, se veían opacos, casi como si absorbieran la iluminación.
Observó a su costado, los demás estaban despertando.
-Sean bienvenidos, es un gran acontecimiento recibir visitas.- Expresó mientras todos se observaban confundidos, mirando el lugar, inspeccionando cada detalle.
-Soy Glass, fui yo quien los recuperó de la tormenta.-
No pude evitar sorprenderme al escuchar su presentación, lo observé con duda sin embargo, él centró su vista en mí, casi como pidiendo que no dijera nada.
Así fue.
-Muchas gracias señor Glass.- Sweetie fue la primera en hablar.
-Sí, no esperábamos tal fuerza del viento y la nieve.- Applebloom la secundó.
Los pegaso se quedaron en silencio, con dudas también, pero más expresivos, casi lamentando el hecho de no poder resistir el viento.
-Me alegro de que estén bien, les diría que descansaran pero… necesito decirles algo… y que todos estén aquí para escucharlo.- Nuevamente me observó. –Si no es mucho pedir.-
Todos asintieron.
No había quitado mi vista desde que entró, la duda me embriagaba pero, no era por el estado del lugar, o el motivo de que nos tuviera a todos en este cuarto cristalizado, inclusive perdí el interés por Sunburst quien, con su mitad de cristal había despertado esa ansia investigativa. No, en esos momentos, solo quería saber de él, de Sombra.
-Le estaba preguntando a la señorita Shimmer si tenía curiosidad por nuestro estado.- Continuó. –Luego despertaron.- Dio una somera vista a todos los presentes, él permanecía cerca del cristal luminoso. –Considero de gran importancia que conozcan todo sobre este lugar. Más aún, sobre la tormenta mágica.- Escuché nuevamente los pasos huecos y titubeantes del unicornio. Traía unas tazas, no era de extrañar que también estuvieran hechas de cristal.
-Él es mi gran amigo Sunburst.- El mencionado nos ofreció una a cada quien, su contenido era un líquido oscuro y humeante. Di un sorbo, era dulce y reconfortante.-Como pueden observar.- Prosiguió. –Logró sobrevivir a la gran tormenta que atacó al imperio hace algunos años. – No era necesario resaltar el hecho de que todos se quedaron observando al corcel, intrigados por su forma. –Aunque la tormenta fue devastadora, algunos logramos sobrevivir gracias a estas estructuras.-
-Disculpa, tengo una inquietud.- Interrumpí.
Sombra asintió.
-Estos cristales son algo especiales, puedo notarlo. Pero sé que no estamos en el imperio. ¿Son estos, creaciones suyas?-
-Así es.- Respondió afable. –Estaba en una situación comprometedora cuando la tormenta se manifestó, hablo de la mágica. Pude observarla, ninguno en el imperio se dio cuenta, solo cuando fue demasiado tarde. Un haz de luz golpeó el centro del castillo e inició a consumir la magia del lugar. En principio no sabían lo que estaba ocurriendo, algunos ponis se desmayaron, otros simplemente se sintieron cansados. Solo muy pocos se dieron cuenta de que algo andaba mal, entre ellos, mi amigo aquí presente y la familia real. Trataron de protegerse, el príncipe trató de protegerlos, llegaron a la base del castillo, junto al corazón de cristal y, se dieron cuenta de que no podían hacer mucho.-
Sombra fue interrumpido por una queja proveniente de Sunburst, este lo miró, pero al poco tiempo continuó.
-Lamento hacértelo recordar, pero esto es importante para todos.- El oscuro unicornio comunicó. –Lo que hicieron, fue crear un poderoso campo de protección para el corazón, para la bebé… y Sunburst.-
El mencionado se sentó, parecía agotado, ubicó su pata común en la frente e inició a quejarse como si tuviera un fuerte dolor.
-Sin embargo eso no fue suficiente, él vio como los dos eran consumidos por la tormenta, el escudo que lo protegía fue destrozado y sus cuerpos vacíos quedaron allí. El corazón se quebró y la ventisca inició a consumir la ciudad…- Realizó una pausa vehemente. –Fue entonces, cuando los tomé entre mis cascos y logrando salvar un fragmento del corazón, logramos evitar que nos consumiera por completo. Sin embargo, uno de nosotros pagó el precio.- Nuevamente una vista impasible a Sunburst. - Fue él quien me dijo los hechizos que debía usar, por supuesto, también colaboró con magia, pero su ser no volvió a ser el mismo. La tormenta trató de arrebatarle su poder, así como también el fragmento del corazón.- Esta vez observó al cristal ubicado en el centro, aquel que seguía emanando una luz cálida que nos arropaba, casi como un abrazo.
-No podíamos quedarnos así.- Prosiguió. –Tuve que hacer igualmente un sacrificio, al menos para salvar nuestras vidas.- Hubo una incómoda pausa, todos nos observamos, casi como llegando a la conclusión de que no era buena idea preguntar por ello. –Después, la tormenta nos dejó, pero la nieve seguía acechándonos. Con el poder que me quedaba levanté este pequeño espacio y, decidí hacer algo por él, por ella, por nosotros. Era necesario enfrentar la tormenta, pero estaba débil, lo único que pude hacer fue salvar a otros pocos ponis, cubriéndolos en pequeñas cuevas, igual a esta. Ya con el paso del tiempo y la nieve, logramos conectarnos. Así, establecimos una pequeña comunidad. Así es como hemos sobrevivido hasta ahora.- Finalmente concluyó.
Era extraño, sus palabras parecían tan frías como el cristal, su actitud tan rígida como los mismos, pero, algo en él no era tan claro para mí.
-¿Qué pasó con la princesa?- Applebloom cuestionó, al parecer también tenía sus inquietudes.
-La princesa, era un problema para nosotros. Un bebé que apenas si sabía utilizar sus poderes. Decidimos enviarla al reino Changelig, Sunburst conoce a alguien de allí, así como la presencia de un mineral que anula la magia, con eso en mente y una nota, la teletransportamos.- Comenzó a caminar, se ubicó tras de mí y continuó hablando. –Sé que tienen la intención de ir por la princesa, pero teniendo en cuenta de que la tormenta está allí y, además del mineral, nos resulta casi imposible teletransportarlos. Por supuesto, un viaje como el que han estado haciendo hasta ahora queda descartado. La tormenta los convertirá en polvo una vez se acerquen.- Puso un casco sobre mi cruz. –Sé que aprendiste algo interesante, tal vez pueda enseñarte un hechizo que te permita llegar allí.- Luego lo retiró. –Descansen, mañana regresaran a sus hogares.- Sentenció.
Todos nos asombramos al escuchar su última declaración.
-¿¡Qué quieres decir con eso!?- Scootaloo alterada repuso. – ¡Vinimos aquí con ella y no nos iremos sin ella! –Fue tras él mientras gritaba. -¡No nos puedes decir que la dejemos!-
-¡Scootalo basta!- La interrumpí. – Ellos saben mejor que nadie lo que pasó con la princesa y lo que ocurre con la tormenta. Si dice que solo yo puedo ir, es porque correrían un gran peligro si me acompañan.-
La pegaso detuvo sus intenciones y volvió a acomodarse cerca de nosotros.
-Ahora necesito que me escuchen… solo las tres.- Miré a Pound quien asintió y acompañó a Sunburst fuera de la cueva, donde se apreciaba un pasadizo.
-Bien ¿Qué quieres decirnos?- Scootaloo con sus ánimos muy elevados preguntó.
-Cálmate.- Applebloom repuso.
-Sí, él nos ayudó, si no nos hubiera encontrado estaríamos allá afuera congelándonos, además, es muy bien parecido.- Sweetie Belle aportó.
Las demás le ofrecimos una mirada seria, de inmediato comprendió que su último aporte no era necesario. Aun así logró calmar a Scootaloo.
-Escuchen.- Inicié. –Esto es necesario. Ir todas sería un despropósito, además una vez me encuentre con la princesa tendremos que salir de allí, no sé cómo, pero de seguro será más fácil si solo lo hacemos ella y yo. Aún no sabemos que hacer contra la tormenta, además si algo malo ocurre, no quiero arriesgarlas, o a que pierdan su vida por un sentimiento de culpa y responsabilidad que me invadió, y de paso, las trajo conmigo.-
Las tres me otorgaron una mirada incrédula.
-Sabes que creemos en ti.- La granjera tomó iniciativa. –No nos arriesgaríamos tanto de no hacerlo.-
-Lo sé, pero ustedes tienen su vida hecha aquí, no pueden seguir haciendolo, al menos, no por mí.-
-¿Eres tonta, Sunset?- Manifestó Scootaloo. -¿Qué hay de ti? Dejaste tu mundo porque recibiste un mensaje de Twilight, nos convenciste de que un futuro mejor puede ser posible, creíste en que al menos una princesa estuviera convida y tenías razón, Flurry Heart está a un hechizo de teletransportación de nosotras. Es decir, mira lo que has logrado, antes no teníamos ni idea de por qué el mundo nos estaba tratando tan cruelmente. Pero ahora, sabemos lo que ocurre, tenemos la posibilidad de vivir en una Equestria donde el sol y la luna vuelvan a moverse. Hablas de culpa y responsabilidad, pero también tienes una vida al otro lado. Nosotras deseamos proteger nuestro hogar y que los jóvenes vean una Equestria prospera y mágica, tal y como nosotros recordamos.-
-No, no lo entienden. –Manifesté. –Fui la primera en usar el espejo, llevé magia de Equestria al otro mundo… si yo… si no lo hubiera hecho, nada de esto estaría pasando.- Mordí mi labio, fuerte, enfadada casi reprochando mi pasado, como lo había hecho hace muchos años.
Sentí un toque en mi rostro. Era Sweetie Belle, había ubicado un casco sobre mi mejilla.
-Querida, si sientes culpa, está bien. Si sientes que debes reparar tus errores, está bien. Pero, por favor déjanos ayudarte. No lleves sola esa responsabilidad, prometimos hacerlo, después de todo, somos amigas, lo sabes.-
No podía negarles ese afecto, su responsabilidad y lealtad eran tan grandes como su fortaleza. Me habían mostrado lo dispuestas que estaban para llegar al final.
-De acuerdo.- Dije.
Todas sonrieron, calmas, como si un peso les fuese arrebatado.
-Hablaré con el señor Glass, de seguro podemos hacer algo para que todas vayamos.- Concluí.
Applebloom
Nos reunimos con los demás habitantes del imperio en un salón comedor. No conté más de cincuenta ponis de cristal. La mayoría adultos, una docena o menos de potrillos.
"El futuro de ellos está sentenciado."
Un gran bloque liso de cristal servía como mesa. Estaban esperando por su comida.
-Siéntense donde gusten.- Una yegua tan clara como la nieve y brillante como el lugar nos indicó.
Sunburst había acompañado a Sunset para que hablase con el señor Glass, el primero nos recomendó que fuéramos allí. Le hicimos caso, teníamos hambre.
-Gracias, lamentamos sentarnos en su mesa.- Me disculpé.
-Descuida.- Repuso –Hace mucho no observamos a ponis de otros lugares. Como puede ver…- Indicó con su cabeza a un grupo que miraba con intriga. -…Es un hecho de gran interés para nosotros. Con gusto les ofrecería un lugar en esta mesa.-
-Gracias…. Eh…- Traté de comunicar mientras nos sentábamos.
-Shinestone.- Contestó. – y… ¿Ustedes son?-
-Soy Applebloom, granjera. La unicornio es Sweetie Belle. La pareja de pegaso son Scootaloo y Pound.-
-Un placer.- Hizo una reverencia, dicha formalidad nos incomodó de tal manera que nació un silencio opaco. –Les traeré algo.- Informó mientras se retiraba.
-¿De dónde sacarán la comida?- Cuestioné.
-Deberías haberlo preguntado antes de que se fuera.- Scootaloo con cierta altanería inquirió.
-Es cierto, cuando vuelva le preguntaré.-
Así fue, una vez dejó los platos con verdura fresca y una bebida clara la invité a que se sentase con nosotros.
Era muy amable, joven y algo curiosa. No dudaba en preguntar acerca del lugar que proveníamos. Escuchaba atenta cada palabra y se mostraba fascinada con algunas historias que nos ofrecía Scootaloo.
Ella nos habló sobre todos los lugares que se conectaban en estas cuevas. Aunque parecía limitado, contaba con buena organización. Inclusive mencionó que había horarios para la comida de distintos grupos. Aquello fue impresionante. Sentí empatía por ella, por todos. Lograron sobrevivir a tal adversidad con el clima en su contra e hicieron un refugio similar al que nosotros teníamos. Mencionó el lugar donde podían cultivar, una biblioteca y una torre que se alzaba para observar de vez en cuando la tormenta que dibujaba figuras imposibles en el cielo. Esa era su única entretención, así como el único aspecto que tenía para ellos el mundo.
Al terminar de comer, decidí acompañarla para observar esos cultivos, sin embargo, Sweetie Belle optó por revisar la biblioteca. En cuanto a Scootaloo y Pound, era obvio que deseaban visitar la torre.
Sunset Shimmer
Sunburst me guio hasta Sombra, el lugar en que se disponía era una amplía cueva que contaba con librerías y mesas de trabajo donde papeles y cuadernos cubrían toda la superficie.
El unicornio estaba sentado, leyendo.
Sunburst desapareció de mi vista y quedé allí con la incómoda sensación de distracción.
-Oye.- Llamé.
-Señorita Shimmer.- Repuso mientras cerraba el libro y lo acomodaba con su magia en una de las mesas.
Tenía claro que las declaraciones que ofreció a mis amigas no eran del todo correctas, además del hecho de presentarse con un seudónimo, hacía que desconfiara en él.
-¿Por qué mentiste allá?- Cuestioné.
El unicornio se levantó de su asiento y caminó alrededor de la cueva, pensativo.
-Sé que tus amigas tienen relación con los elementos de la armonía.-
-Eso no responde mi pregunta.-
Se detuvo y me observó, un pequeño gesto de agrado se formó en su rostro, sin embargo, al instante lo ocultó.
-Asumo que exiges una respuesta apropiada.- Se aproximó. –Pero es necesario que escuches todo lo que tengo para decirte. ¿Puedo continuar?-
Una vez más sentí su presencia abrumadora, casi intimidante, sin embargo, había algo más, sus ojos seguían expresando un vacío tan inmenso que no me permitió retroceder, casi, sentí lastima.
Asentí.
-Esas jóvenes están influenciadas por los elementos. No de manera emocional, no de manera abstracta; es mágica. A lo mejor fueron cercanas a las portadoras, eso no es de mi interés. Lo que si me atañe, son sus habilidades. Pueden ser muy útiles en lo que tengo planeado. Sin embargo, si ellas conocen mi verdadero nombre, mi verdadero ser, todo puede resultar desastroso. Por eso mentí, son yeguas listas, harían la conexión inmediatamente. De hecho, me sorprende que no lo hayan descubierto cuanto me tuvieron en frente.-
-¿Y qué hay de mí?- Pregunte. –Desde el inicio sabía quién eras. ¿Por qué ocultárselo a ellas?-
-Por dos cosas.- Caminó hasta una de sus librerías y buscó.- La primera, no sé qué tanta influencia tengan de los elementos, si me hubiera arriesgado, de seguro el impulso de una de ellas habría acabado con la posible confianza que deseo me tengan.-
-¿Y la segunda?- Insistí.
Tomó un libro pesado, de tapa gris, parecía estar hecha de piedra.
-Para probarte.- Dejó el libro en una mesa y lo hojeó. –Resultaste ser cautelosa, sin embargo, Observé algo… algo que una vez estuvo en mí…-
Indicó para que me acercara al libro.
-Curiosidad.-Inquirió.
Se alejó para que lograra observar con detalle el ejemplar.
-Esto es…-
-Lo que utilicé para salvar a Sunburst, para construir y conectar todas estas cuevas, también, para protegernos de la tormenta.- Explicó.
-Magia negra…-
Sentí preocupación, mi cuerpo se alertó y retrocedí cautelosamente. Sombra lo notó.
-Tranquila, no volveré a ser el oscuro Rey que alguna vez fui.-
-¿Cómo puedo estar segura de ello?-
-En primer lugar.- Explicó. –No los habría salvado de la tormenta.-
-Puede ser.- Contesté. –Pero es más astuto tenernos aquí para tus planes.-
-Señorita Shimmer, es claro que las deseo para ello. Pero no por los motivos que está pensando.-
-¿Cómo estar segura de ello?-
El oscuro unicornio sonrió de forma apagada.
-Déjeme decirle la verdad, una vez que lo haga, usted decidirá si confía en mí o no.- Expuso confiado.
-Eso es ventajoso para ti.- Resalté.
-Me gustaría iniciar diciéndote que si solo buscara mi beneficio, te habría dicho que soy la única opción que tienes. Están atrapados en las cuevas de cristal, la tormenta los enterraría vivos y quizás abandonarían la única oportunidad que tienen de ver a Flurry Heart.-
Me observó, esperando a que contestara su argumento.
-Pero esa no va a ser la base de mi discurso.- Continuó. – Ahora, me gustaría que tomaras asiento, esta va a ser una historia larga.-
Applebloom
Una espaciosa cueva cuyo techo estaba adornado de los más brillantes cristales que haya visto, emulaba la luz y calor de un sol infinito. La tierra, tratada y cultivada recorría la superficie con un bello verde. Aquel lugar servía como un invernadero.
Sentí vida, inclusive una pequeña brisa que me hizo recordar el campo donde pasé mis mejores. La abuela, mis hermanos, mi hogar. Toda clase de recuerdos invadieron mi mente y la fortaleza que necesitaba para mantenerme firme se hizo a un lado para dejar una sincera emoción.
Sonreí, apenas con ojos cristalinos, esos que ya habían olvidado como llorar de alegría.
-¿Te encuentras bien señorita Applebloom?- Shinestone se preocupó debido al florecimiento espontaneo de mi rostro.
-Sí, lo estoy… es solo…- Traté de limpiar mis ojos. –Esto… me hace recordar muchas cosas.-
Me adentré en el campo artificial y reconocí el olor de una infinita variedad de verduras.
-¿Deseas algo en particular?- La yegua preguntó inocente.
-No es necesario, no deseo comer de más.-
Asintió y se quedó allí, esperando a que dijera algo, lastimosamente para ella, me sentía tan invadida por el campo que no pude hablar. Me senté en la tierra, igualó el acto y observaba nerviosa sus alrededores.
-¿Quieres decirme algo?- Le pregunté.
-Si… yo.- Titubeó. –Quiero saber cómo es el mundo allá fuera.-
Levanté una ceja por la incredulidad. Tímida, apartó su vista y prosiguió.
-Es que… toda mi vida la he pasado en estas cuevas… yo… es mi sueño ver el mundo que hay tras la tormenta.- Había tanto anhelo en sus palabras. No pude negarme.
Sweetie Belle
Aunque fuese una biblioteca, el lugar era hermoso. Cada cristal estaba ubicado donde debía para otorgarle variedad a la vista. Muchos colores, muchas luces, todas ellas se reflejaban en la superficie creando una ilusión de suelo luminoso.
Mi búsqueda estaba siendo tan infructuosa que me dediqué a observar el lugar.
Cuando era niña nunca creí que mi magia sería un factor determinante para la vida o la muerte de mis amigos. Solo pensé en esta habilidad como algo natural, algo que debía a aprender a usar, aunque fuesen cosas pequeñas. Nada serio, nada como salvar a Scootaloo, utilizarlo en batalla o redescubrirme como una gran maga.
"El mundo me hizo cambiar."
Cada vez que llegaba a Canterlot, buscaba libros con hechizos útiles, es decir, curación, reconstrucción, inclusive cultivo. Todo para estar lista en caso de que ocurriera cualquier eventualidad.
Ni siquiera pasó por mi mente leer los de magia negra.
Crecí con un temor inmenso a ese tipo de poder. Las historias de Nightmaere Moon y el Rey Sombra sirvieron para alejarme de ello. Sin embargo, había cierta fascinación por el poder, ese tan grande que es capaz de enfrentar a la misma armonía, ese que casi conquista Equestria.
Pero el temor más profundo venía de mí. No me sentía con la capacidad y cordura necesaria para aprender. Solo me dediqué a lo conocido y seguro.
-Ningún libro interesante en esta bella biblioteca- Suspiré a tal infortunio.
-Tal vez la señorita necesite ayuda para encontrar lo que busca.- Sunburst, aquel poni con la mitad de su cuerpo hecho cristal me observaba con esa cuenca vacía que tenía como ojo.
-Quizás…- Mencioné dubitativa. –Busco algo de sanación, refuerzo o escudo.-
Asintió y caminó, con ese paso tan particular, con ese sonido tan molesto, esa figura tan deplorable. No pude evitar la curiosidad.
-Tus extremidades. ¿Sientes algo en ellas?- Me atreví a preguntar.
Después de lo que pareció una eternidad, respondió.
-No.- Cortante, como si no quisiera hablar de eso.
Sin embargo…
-y… ¿Qué hay de tu rostro? ¿Puedes ver por el lado izquierdo?-
Nuevamente, silencio.
-Solo un poco.- Contestó y detuvo su andar. –Aquí es.- Indicó una estantería a su derecha. –Todo lo relacionado con medicina.- Una vez terminó, trató de seguir su camino.
-Espera.- Lo detuve. -¿Deseas tener tu cuerpo otra vez?-
Giró, su cuenca me observaba.
-No podrás manejarlo. Conozco el hechizo, tratas de recuperar la mitad del cuerpo, la mitad de la vida. Es demasiado para ti.- Inició a caminar.
Tenía razón, no era tan fuerte como para un hechizo de tal magnitud. Sin embargo, no perdía nada con aprender otro.
-Llévame a donde están los libros de magia negra.-
Scootaloo
El camino hacia la torre era aburrido, largo y monótono. Luces adornando toda la cueva, un pasadizo que se extendía hasta casi donde alcanzara la vista.
-No hay necesidad de que estuviera tan lejos la maldita torre.- Me quejé sin saber que a los oídos que llegaban solo les importaba una cosa.
-Con eso tenemos más tiempo para hablar.- El iluso de Pound me había seguido como un fiel perro. Apenas escuché de la torre, decidí ir a mirar, a lo mejor no hay mucho de interés, de venida solo pude observar un extenso manto nevado que era cubierto por la brisa.
-Habla contigo mismo… y mentalmente si es necesario.-
Estaba caminando delante de él, aun así logré percibir como agachó su cabeza debido a la desilusión.
Reí.
-Por el infinito cielo Pound, no puedo creer que te doblegaras por eso.- Como acto de piedad le dirigí nuevamente la palabra.
-No es eso…- Con voz apenas audible dijo. –Es solo que… cuando estábamos volando…-
-… ¡Eso es!- Lo interrumpí. -¿Por qué no abriste la boca antes?- Observé el espacio, era demasiado amplio para que fuéramos caminando.
Observé mi lomo. Ahí estaban. Las sacudí para sentir si eran de verdad, parecía un sueño todavía. Tantos años sin ellas y ahora, el cielo es mío. Acto seguido, alcé vuelo y recorrí la maldita cueva como un espectro.
El aire golpeaba mi rostro, cuerpo se sentía ligero y solo había una dirección a la cual tenía que ir, comencé a volar tan rápido como me lo permitían las alas.
-¿Por qué estamos volando en un espacio cerrado?- La aburrida voz del potrillo se hizo notar justo a mi lado.
-¿Y por qué no hacerlo? Avanzamos más rápido así.-
Quería ser inclusive más veloz, tanto que ojala la fuerza del aire no me permitiera respirar. Estaba tan enérgica y me sentía tan libre…
Hasta que el potrillo me adelantó.
-¿Qué crees que haces?- Pregunté tratando de ocultar mi enojo.
Él simplemente sonrió y avanzó.
-Ya veo…-
Logré ver el final y como el túnel se abría en un espacio circular inmenso que tenía a sus extremos escalones. La torre se encontraba dividida en varias plataformas por lo que era necesario seguir las escaleras para avanzar. Fue en ese punto que alcancé a Pound. Quizás sea más rápido que yo, pero aún recuerdo como maniobrar debido a mi entrenamiento con los Wonderbolts.
No conté las plataformas que superamos, solo sé que llegué primero.
-¡Gané!- Victoriosa en aquel corto recorrido, sonreí.
Observé a Pound, agitado y rezagado. Su vista estaba tan fija en mí, casi sorprendido, como si no esperara que fuese más ágil.
-Eres increíble.- Mencionó.
Con su irregular respiración sonrió. Luego, se aproximó con un atrevimiento sorpresivo y asaltó mis labios. Impetuoso, como nunca lo había presenciado, con una decisiva pasión que me obligó a permanecer inmóvil durante unos pocos segundos. Acto seguido tomo mi rostro y observó. Desde la boca hasta los ojos. Aún agitado.
Su faz cambió a sorpresa e incredulidad, luego, pena.
-Lo siento…- Esta vez lo silencié.
Otro pequeño instante entre el calor de sus labios, el tiempo suficiente para impedir que recuperara su ritmo respiratorio. Lo solté.
-Creí que nunca lo harías.- Con sonrisa confiada dije. –Durante tanto tiempo fuiste tan discreto y tímido… Si te hubieras atrevido antes…- Reí.
-No creí que lo prefirieras así.- Trataba de ocultar su rubor.
-Y dices que me conoces… aún hay cosas que debes descubrir.- Coloqué mi casco en su cruz. –A partir de ahora tendrás mucho tiempo para descubrirlo.-
Hasta ese momento no me había fijado del bello lugar en donde estábamos. Enormes cristales transparentes hacían de ventanales. La parte superior adornada con sutiles iluminaciones otorgaba un ambiente nocturno y opaco, intimo se podría decir.
Me dirigí a uno de esas transparencias y observé la nieve, impetuosa y descontrolada. Me sorprendí del cuidado con el que se había hecho el lugar. Existía cierto encanto, casi artístico.
Pound permaneció a mi lado, nos sentamos y recosté mi cabeza sobre él. Escuché como su corazón cambió de ritmo.
-Relájate.- Susurré. –Es tiempo de relajarte. Nos esperan muchas cosas cuando nos encontremos con la princesa.-
Asintió, silencioso, apreciando el momento, al igual que yo.
