Sombras

Sunset Shimmer

Dispuse mi cuerpo en el asiento que el unicornio me otorgó, orgulloso y rígido, casi como todo material encontrado en la habitación. Ubicó un segundo asiento frente a mí y se acomodó. Ofreció nuevamente aquella extraña bebida. Acepté cautelosa. Mi intriga porque relatara su experiencia podía más que el cansancio, sed, o cualquier otro estado que mi cuerpo tuviera. Solo quería saber, tener idea de todo, cada detalle. Necesitaba su testimonio.

Bebió un poco. Posó su casco al filo de la copa e inició a repasar su contorno, con esa mirada, vacía y oscura que no paraba de apreciar.

"Déjame iniciar con una disculpa. No fui del todo honesto con todas ustedes, sin embargo, ya mencioné los motivos, aun así, aquello no implica que te haya hecho mentir frente a tus amigas.

Ahora, en cuanto mí. Debo agregar que no me enorgullezco de mis actos. Dejé que la magia negra me consumiera y, lastime a muchos otros en mi camino hacia la autoperdición.

Tiempo atrás era conocido como el Rey Sombra, aquel que esclavizó a los ponis de cristal y deseaba conquistar Equestria. Pero fui derrotado, por las princesas y por el corazón. Por eso, fui incapaz de permanecer en un estado físico durante muchos años. Al menos hasta que la tormenta llegó.

Con el corazón de cristal lleno de amor, su campo era muy poderoso para que yo pudiera acercarme, igualmente, no permitía que regenerase todo mi poder. Por eso, cuando percaté de que fue destruido, decidí no perder tiempo y, con las pocas energías que logré acumular, adopté una forma física.

Tal fue mi suerte que encontré a la heredera de cristal y a Sunbrust. Ambos guarecidos en un campo creado por un fragmento del corazón. Aún no podía hacer gran cosa para tomar ese poder, mucho menos con la tormenta acechando.

Utilicé un hechizo que me permitió reunir energía de los ponis de cristal, pero no contaba con que aquella nube se fijaría en mí, por lo tanto, actué de forma desesperada, con otro recurso que logró separar parte de mí y ubicarla en un nuevo cuerpo. Desdoblamiento.

Al tener a Sunbrust tan cerca, lo utilicé. Destrocé la mitad de su cuerpo para alejar la nube. No estaba seguro si funcionaría, así que les arrebaté el fragmento de corazón y simplemente los envié al Este, donde existen muchas criaturas mágicas. El continente de bestias, Grifos y Dragones. Supuse que me daría el tiempo suficiente para retomar todo mi poder.

La pequeña aún con su magia controlada, no fue objetivo. Se dispersó y nos dejó tranquilos. Pero la nieve inició a engullir la ciudad. En ese punto, solo pude salvar a unos cuantos. La razón de que lo haya hecho, más de querer el control de todos los ponis como una vez lo hice, fue por mera supervivencia. Sabía que no lograría hacerlo yo solo, y que los ponis no me seguirían con la heredera viva. Así que Sunburst sirvió nuevamente como salvo conducto. Regeneré su cuerpo con cristales, pero al hacerlo, me di cuenta de algo, algo que me faltaba. Entonces comprendí.

Al desdoblarme, la mitad de mi espíritu, de lo que soy, fue separada. Aquella que llegó al Este fue la parte del oscuro y maligno rey, mientras lo que quedó fue su sombra. Un unicornio con talento para la magia, agotado y sin ambiciones. Yo.

No tuve tiempo ni siquiera para replanteármelo. La nieve acechaba y si no actuaba de inmediato, todos moriríamos. Concentré todo el poder que me quedaba, levanté los cristales en cúpulas, teniendo en cuenta la ubicación de los ponis que seguían con vitalidad y los protegí. El resto, fueron sepultados.

Ahí estaba yo, con el cristalizador y la pequeña. Encerrados en una prisión de cristal, con el frio golpeando desde todas las direcciones y el cansancio apoderado de mí ser. Solo dormí…

No supe cuánto tiempo pasó, pero cuando desperté. Sunburst estaba consiente, y la bebé, alzada como un pequeño sol, brillante y alado que reconfortaba y otorgaba energías. Fue así como sobrevivimos…

Con el paso de los días, o más bien de nuestros propios ciclos en vigía, logramos construir cuevas, túneles y pasadizos bajo la nieve. El unicornio se volvió un gran asistente, ofreció mucha sabiduría y concejos para que los ponis de cristal lograran confiar en mí. Sobre todo con la princesa resguardándonos. Sin embargo, no podíamos disponer de ella por siempre. En algún momento la tormenta mágica podía volver, así que incursionamos en lo que quedaba el imperio. Supe entonces que Sunburst estaba investigando anomalías mágicas en base a la información que otros dos ponis le otorgaban. Sacamos conclusiones y teorizamos que, si en algún momento la nube volviera a atacar, era para llevarse el poder de Flurry Heart.

Él tenía amigos inclusive fuera de Equestria, propuso entonces que lleváramos a la pequeña princesa al reino Changeling. Conocía el lugar, pero no tenía suficiente poder para llevarla. Decidimos que sería yo el encargado del hechizo. Nos preparamos para ello, debía conocer el destino en primera instancia, así que me adentré en su mente. Luego escribimos instrucciones para el Rey Thorax, si todo salía bien, él la educaría y protegería. Por supuesto, la principal recomendación fue la de crear un trono similar al de la reina Chrysalis para evitar el ataque de la tormenta.

Quizá actuamos con mucha anticipación. La amenaza no salió del Este pasado mucho tiempo. A decir verdad no sé qué ocurrió. Pero tuve el presentimiento que fue mi parte oscura tratando de evitar su destino. Luchando incansable para vivir. Después de diez años, la tormenta regresó a Equestria, junto con dragones y muchas otras bestias del lejano continente. Fue entonces cuando todo empeoró para los ponis. Los informes de Night Light narraban la caída de Cloudsdale y otras ciudades. Necesitábamos información sobre las criaturas que habían llegado al continente y, para nuestra suerte, Ponyville tenía un dragón. El profesor Hooves entonces, lo registraba y nos ofrecía información sobre Spike.

Fue gracias a eso que logramos teorizar sobre la locura de los dragones, así como del comportamiento de la tormenta. Resulta, que esos seres son puramente mágicos. Ancestrales y necesarios para el equilibrio de este mundo. Su gran poder proviene de la tierra misma. El alimentarse de piedras preciosas ayuda que su magia permanezca estable, eso es debido a que el poder de un dragón es puro caos, es decir, lo opuesto a los ponis. Esta es nuestra hipótesis: Ocurre algo similar con otras criaturas, la mayoría de ellas tienen sus orígenes de la magia y se alimentan esta. Dragones, bestias y Changelings. Las únicas criaturas que adoptan la magia son los ponis. Las únicas criaturas capaces de manipularla a su antojo, fuera de su naturaleza y de la de otras criaturas. Es decir, somos lo que sobra en este mundo.

Por eso, la tormenta se empeña en reestablecer la armonía. El primer paso es acabar con todas las princesas; seres de un poder inimaginable que son capaces de acabar con la armonía misma. Seres que se pueden corromper, que Inclusive, tienen el poder para detener la propia tormenta."

No sabía cómo sentirme al respecto de lo que contó. Si bien logró aclarar muchas dudas que tenía en cuanto a toda la situación. Aún quedaba la incógnita de lo que haríamos de ahora en adelante. Era imposible para nosotros ingresar al reino Changeling sin que la tormenta nos atacase. No se me ocurría nada. Por primera vez, en todo el tiempo que he estado aquí, me sentía perdida.

Observé a Sombra, seguía con esos ojos vacíos como agujeros negros, tan pesados que me atraían hacia él.

-Gracias por contármelo.- Dije. –Pero no sé qué puedo hacer ahora.- Decaída, bajé la mirada, casi con vergüenza.

-Tengo un plan.- Sombra intervino. –Es muy arriesgado, aun así, espero que lo consideres.

-No tengo nada. Debo considerarlo.-

-Bien…- Tomó otro trago de su bebida. –Es necesario el hechizo de desdoblamiento. Asumo que sabrás la naturaleza oscura de ese poder.

La magia negra abría muchas puertas para ponis ambiciosos, sin embargo toda ella dependía de ignorar la propia naturaleza, por eso es tan peligrosa realizarla. Sin embargo, ya había corrido el riesgo. Debía hacerlo, pero ¿a qué precio?

-¿Qué haría yo con ese hechizo?- Cuestioné.

-Utilizarte a ti misma como señuelo.- Contestó decidido. -Te lo explicaré detalladamente.- Continuó. –Sería peligroso llevar a más ponis, por lo tanto debe ir uno, en este caso serias tú. Con la piedra que anula la magia, solo llegarías hasta el límite del reino. Allí deberás ser rápida, utilizar el hechizo sobre ti, deberás dejar atrás gran poder para que la tormenta lo tome. Eso te dará tiempo suficiente para entrar al reino y estar protegida. Como te dije, es muy arriesgado.-

-No tengo opción. ¿Después que este allí?-

-Deberán hacer otro sacrificio. Espero contar con el rey Thorax para ello. Deberá hacer de señuelo mientras salen del reino, inmediatamente la teletransportarás a Ponyville.-

-¿Qué?- Interrumpí. -¿Por qué Ponyville?-

-Hooves ha estado trabajando en un artefacto para concentrar la magia. De hecho, si no puede abarcar toda la tormenta, contamos con que la princesa sirva de recipiente.-

-¿Y cómo piensan hacer eso?- La duda me invadía. Eran muchos movimientos arriesgados como para que todo saliera bien. Sin embargo…

-Sunburst y yo también hemos estado trabajando.- Respondió. –Un hechizo que nos tomó diez años en crear. Uno que emula la magia de Tirek.-

Decidí permanecer en silencio. Era la primera vez que observaba cierta emoción en los ojos de Sombra. Casi como si todo este tiempo hubiera esperado por el momento indicado para poner en marcha el plan.

-Tengo que sacar a todos los ponis de aquí.- Prosiguió. –Es necesario que yo también vaya a Ponyville, inclusive, necesitamos también a Night Light. Debemos saber el recorrido de la tormenta para tener todo listo.-

-Comprendo.- Mencioné, apaciguada, casi con la mente clara, como si todo se hubiera reducido a un objetivo inmediato. –Llevaré a Flurry Heart hasta Ponyville.-

Sombra expresó un pequeño gesto de gusto, casi dibujaba una sonrisa.

-Entonces, debo enseñarte el hechizo.-

Applebloom

Había pasado un rato agradable con Shinestone. Los lugares por donde estuvimos, los ponis que nos encontramos y trataron con genuina familiaridad, generaban en mí una calidad atenuante sobre el exterior, la nieve y la magia.

Tal era aquella afable comunidad, que un impulso delicado surgió para decidir reunirme con Scootaloo y Sweetie Belle. Encaminamos primeramente hacia los pegaso, el hecho de que hubiese una torre me resultaba curioso, sobre todo porque lo único que se puede ver, es la infinita capa de viento y nieve.

Shinestone mencionó que casi ningún poni sube hasta allí, también, que solo el señor Glass acude de forma constante, pero nadie sabe lo que hace una vez se encuentra en la cima.

En nuestro camino nos encontramos con Sweetie, venia junto a Sunburst; ambos tenían en su poder varios libros, los dos parecían dubitativos, casi nerviosos, o al menos, lo percaté en mi amiga, ya que el otro unicornio era poco expresivo. Les propuse que nos acompañaran hacia la torre, pero dijeron que irían al estudio del señor Glass, y que una vez allí nos esperarían.

Solo concentré mis pasos hacia la torre. Caminando una distancia inapreciable gracias a la forma cilíndrica del pasillo. Durante el recorrido, hablé con la yegua. A ella parecía agradarle, en principio creí que solo le gustaba andar conmigo por las cosas en común que teníamos, también por la excentricidad de conocer a un poni que vivía en ese mundo fuera de la cueva.

Su rostro reflejaba admiración y gusto. Yo conocía perfectamente los motivos por los que cualquier poni dibujaría esa expresión en su rostro.

Suspire…

No quise arruinar su momento y solo continué con el hilo de la conversación. Algo para que el andar resultase más ameno.

Lo fue.

Antes de darme cuenta, estábamos subiendo. Observé como la estructura estaba en un muy buen estado. Parece que los cristales no sufren por el tiempo.

Al llegar a su último escalón, vi como los pegaso se encontraban recostados uno contra el otro. No pude evitar sonreír, tampoco molestarlos.

-¿Enserio este es un buen lugar para iniciar lo suyo?- En volumen moderado pregunté con burla. La voz hizo eco por el espacio y, los ponis se sobresaltaron por tan enérgico sonido.

Scootaloo, con sus alas desplegadas me observó casi como si fuese una amenaza. Al darse cuenta que era yo, se relajó. Pero no podía decir lo mismo de Pound quien al parecer, se quedó inmóvil en su lugar.

-Mira como dejaste al pobre, aun no puede creer lo que pasó.- Ella tenía una facilidad casi envidiable para sortear las burlas. También logró hacerme reír.

-Déjalo tranquilo.- Supliqué por el potrillo. –Vamos a encontrarnos con las demás, quiero saber que ha pasado.-

Inseguro como pocas veces lo había visto, Pound se levantó con un semblante incauto, pero no ocultaba una sonrisa de idiota. Lo dejé estar delante mientras escoltaba a Scootaloo. En cuanto a mí, tenía escolta propio.

El rostro de Shinestone era de una vergüenza e ilusión simultáneas, sus pasos eran tímidos, casi inapreciables.

En ese momento solo pude pensar en otro poni. Uno que tiempo atrás también dibujaba esa expresión, que me esperará hasta el final de sus días y permite, que de algún modo, logre esperanzarme con cada paso que doy hacia el objetivo que Sunset persigue. Entonces, sentí una emergente ansiedad. El irreprimible deseo de estar con ella.

"Maldita sea ¿Por qué ahora?"

"Debo… volver a Canterlot."

Sunset Shimmer

Después de una teoría detallada y varios intentos, logré concentrar suficiente poder para crear una copia etérea de mi ser. Llena de poder, emulaba una nube de un oscuro dorado, casi asfixiante y maligno.

Sentí una incomodidad creciente a medida que observaba lo que Sombra definió como "parte de mi esencia." Gracias a ello, recordé mis primeros años fuera de Equestria, donde mi ambición contralaba los actos. Había pasado mucho tiempo desde la última vez que sentí tan cerca y palpable esa oscuridad interna.

Suspiré y deshice el hechizo.

-Tienes talento.- Sombra trató de realizar un cumplido, pero la neutralidad de su voz hizo que este no tuviera efecto. –Prepárate, voy a teletransportarte hasta allá.- Sugirió.

-¿Justo ahora?- Sorprendida lo espeté. Él mantuvo su expresión inmutable y contestó.

-No te dejarían partir si no vas con ellas.- Muy atento a pesar de su actitud.

Tenía razón. Ninguna de ellas permitiría que fuera sola. Pero el peligro era mucho más inmediato que otras veces. Si algo fallaba, no quisiera que sus vidas terminaran en un destello ambiguo.

-Si… necesitas que te colaboren con algo… pídeselo a ellas sin dudar, todas son muy serviciales.- Por un momento pensé en retrospectiva, sentí una presión en mi pecho que aumentaba los nervios y, como si mi mente se oscureciera, observé hacia un vacío cercano.

-Mírame.- Sombra se acercó, tomó mi rostro y volvió a mencionar. –Mírame, Sunset. No es momento para llenarse de sentimientos negativos. Tú fuiste la que tuvo la determinación de llegar hasta aquí. Ahora solo estas a un paso de llegar a ese objetivo.- Esta vez, sus ojos mostraban cierta chispa creciente.

-Has este esfuerzo y nosotros, nos encargaremos del resto.- Dibujó una sonrisa confiada y espontánea. Me sorprendí por la novedosa expresión, tanto que no logré evitar un comentario halagador.

-Sweetie Belle tenía razón, eres algo atractivo, al menos cuando sonríes.- El oscuro unicornio retrocedió por la sorpresa.

-Eso… fue inesperado.- Repuso –Pero gracias.- Concluyó el asunto al retroceder un par de pasos y reunir magia con su cuerno.

-Diles que las veré en Ponyville.- Exclamé como una promesa, más a mi propio ser que a las yeguas acompañantes.

Inicié a preparar el hechizo.

-Toma todo el tiempo que sea necesario. Esperamos llegar a Ponyville en este mismo ciclo.- Fue lo último que escuché de sombra antes de ser envuelta en su magia.

Cerré los ojos con fuerza, como si fuera a recibir un golpe, después, concentré mi magia.