Estrella de cuatro puntas
Applebloom
El señor Glass habló un tiempo con nosotras y nos explicó la situación de Sunset. No era necesario decir que la frustración se evidenció en cada una de nosotras, habíamos jurado permanecer a su lado, pero ella, decidió partir en solitario.
Sin embargo, el oscuro unicornio logró convencernos de permanecer tranquilas, más aun cuando declaró que necesitaba de nuestra ayuda.
Terminamos de hablar y ordenó a todos los ponis de las cuevas de cristal dirigirse hacia la torre, que prepararan solo lo esencial, ya que, el acontecimiento era la salida de todos y el abandono de aquel lugar.
Así lo hicieron, lograron llegar a la parte más alta de la torre, no eran muchos, la mayoría de ellos potrillos.
Shinestone se ubicó justo a mi lado, casi podía escuchar sus pensamientos, deseaba que permaneciera allí con ella, apretaba la mandíbula tan fuerte, con nervio y emoción simultánea.
-Ve con tu familia, pequeña.- le sugerí amable, ya que su presencia de alguna forma, también me estaba poniendo nerviosa.
Glass levantó una plataforma para que todos lograran observarlo, pidió silencio e inició.
-Escuchen todos. Como ya se les informó, este será el momento en que abandonemos la cueva, y con ello al imperio de cristal.- Realizó una pausa para observar los rostros de todos. –Sé que algunos se sentirán incomodos e inseguros de que nos vayamos, también, que los más jóvenes, los que solo conocen el cristal que los rodea tendrán ciertas expectativas del mundo que hay allá afuera, pero, les voy a pedir discreción. La Equestria que está plasmada en los libros no es la misma de ahora. Su grandeza y hermosura ahora viven en las mentes de los adultos y ancianos. Todos ellos igualmente lucharon para sobrevivir… Quizás más que nosotros.- En ese instante, nos observó a las tres y a Pound.
-Por lo que les puedo asegurar.- Continuó. –Va a ser muy difícil para todos.- En ese instante, los murmullos y miradas de incredulidad se hicieron presentes.
Glass levantó un casco para pedir silencio.
-Algunos se preguntarán la razón de este repentino acontecimiento. La verdad, es casi una obligación… y es prácticamente, por mi culpa.- El silencio era tal que podía escuchar la respiración nerviosa de los ponis cercanos.- Debo hacer algo fuera de estos muros, lo que tanto ustedes como yo, hemos llamado hogar. Pero al levantarlos y mantenerlos protegidos de la tormenta por tanto tiempo, he logrado crear un vínculo fuerte con estos cristales, tanto así, que en el momento que los deje, este lugar se derrumbará y la tormenta entrará por todas las direcciones. Por eso debo llevarlos conmigo.- Nuevamente los murmullos se hicieron presentes. Esta vez, más nerviosos. Ni siquiera el gesto de Glass logró detenerlos.
Solo una voz, inquieta y titubeante resaltó de entre todos, tenía solo una pregunta por hacer.
-¿A dónde iremos entonces?- Con aquella duda, guardaron silencio y observaron al unicornio con ojos incriminatorios, casi exigiéndole una respuesta.
Este repasó la vista sobre todos. –Primero a la capital.- Respondió con autoridad. –En ese lugar, los que deseen podrán quedarse allí, dado que, espero que la mayoría de ustedes logren acompañarme a Ponyville. Sin embargo debo confesarles algo, esa puede ser la opción más segura, pero, dentro de poco tiempo no lo será.- Nos señaló con su casco.- Nuestros visitantes provienen de allí, y una de ellas, de forma muy valiente, se ofreció para buscar a nuestra princesa.- La mayoría de los adultos se miraron sorprendidos. Glass continuó. –Si bien alguno de ustedes recordará, algo nos atacó hace veinte años, eso mismo, vendrá por ella.-
-Creo que la mayoría va a quedarse en Canterlot.- Opinó Sweetie Belle, y era razonable, muy pocos sobrevivieron, estarán atormentados de lo que pasó con el resto de los ponis. Nadie los culpará si se quedan allí.
-¡Es momento de irnos!- Glass repuso. Todos se agruparon, más por temor que por ayudar a su guardián a reducir el espacio del hechizo.
Su cuerno se iluminó, y en un destello dejamos atrás el cristal y la tormenta.
Sunset Shimmer
Contuve la respiración un par de segundos, los ojos cerrados y los músculos en tensión. Mi mente, concentrada en la realización del hechizo. Todo listo para cuando sintiera que mis cascos tocaran tierra.
Así fue…
Abrí los ojos y sin dudarlo, invoqué a mi forma etérea, con rapidez, tan así que no logré distinguir alrededor.
Solo cuando el espectro mágico se alzó, observé el terreno, árido y sin vida, el polvo viajaba por el aire como recuerdos añejos, entonces, con temor, observé el cielo.
Para mi sorpresa, no vi la figura multicolor que presencié en el telescopio de Night Light.
Me quedé confundida y temerosa, centré mi vista hacia una estructura que se erguía con timidez en el horizonte. Comprendí en ese instante, que las criaturas a su alrededor en la primera observación a través del lente, no eran Changelings.
Dragones…
No supe cuantos, no me interesé en verificar su número, ya que en ese instante, sentí el aire calentarse, mi cuerpo pesado y, la figura etérea de mi ser desvaneciéndose en el espacio, como si fuera engullida por el cielo.
Tan asombrada estuve, que seguí el recorrido de mi magia. En lo alto, una luz que recién asomaba en mi vista.
Solo corrí…
Hacia delante, hacia los changeling y dragones. Los últimos, tratando de asaltar con fiereza la colmena que parecía resguardada por un campo de fuerza, apenas distinguible.
Mi galope agitado me hacía tropezar, el temor creciente, me obligó a levantarme y volver a correr. Estaba confundida, miraba al suelo y a todas las direcciones. Enfoqué un túmulo humeante, oscuro como carbón, luego, maldije por reconocer que perteneció a una criatura. Forcé a mirar hacia otro lugar en el territorio, pero, mientras más me acercaba a la estructura, más humo, carbón y seres calcinados aparecían.
Una vez comprendí que no podía escapar de dicho manifiesto, solo me fijé en la colmena.
Llegué a su base, lisa e impenetrable, entonces, la desesperación me invadió, solo grité. Dos únicas palabras que se habían quedado marcadas en mi mente desde que decidí salir de Ponyville.
-¡FLURRY HEART!- En un desgarrador aullido que me dejó sin aire, inquieta y estúpida grité.
No fue sorpresa que algunos dragones me observaran.
Uno rojizo y feroz se abalanzó hacia mí. Traté inútilmente de utilizar magia…
Ni un pequeño destello salió de mi cuerno.
Las fauces del ser escamado se abrieron, a medida que se acercaba, su tamaño era superior.
Me engulliría de un bocado.
Ante tal idea, mi cuerpo no reaccionó. Más era el terror a causa de mi nula posibilidad por defenderme que solo permanecí allí, quieta.
Cerré mis ojos con fuerza, casi como plegaria, llamé un nombre.
"Twilight."
Applebloom
Literalmente, en un parpadeo nos encontrábamos allí. Fue hace poco tiempo que partimos y, nuevamente, aproximamos. Esta vez con más ponis, con incertidumbre y expectativa.
Cubrimos gran parte de una calle, la inmediatez con la que llegaron otros ponis a observarnos fue abrumadora. Murmuraban y atendían, algunos con temor, intriga, inclusive molestia. De igual forma, los recién llegados, casi como por reflejo, imitaron aquel acto.
-¡Glass! ¡Sunburst!- El observador se distinguió con su grito y afán por adentrarse en nuestro espacio. –Señoritas.- Indicó una vez logró observarnos. –No tardaron mucho.- Concluyó para luego dirigirse a los unicornios contiguos. –Lo imaginaba de otra forma, señor Glass.-
No era de extrañarse, ni siquiera nosotras lo habríamos imaginado con el aspecto que poseía en esos momentos.
Su pelaje oscuro, fue cambiado a uno claro, casi diáfano; la crin adoptó un tono grisáceo, sucio y enredado; su cuerno, aquel que parecía hecho de un cristal rojo y saturado, ahora era normal, combinaba con la claridad de su ser.
Nos observamos atónitas, sin embargo, ninguna expresó palabra alguna.
-Sunburst, lamento verte así.- Con cierta empatía se dirigió al poni mitad cristal.
-Estoy vivo.- Respondió. –Mientras continúe así, puedo cumplir con la promesa que le hice… Así como nuestra labor.- Con tono neutro sentenció.
-Tienes razón.- Glass inquirió. –Aunque es un placer conocerlo al fin señor Light, necesitamos llevar su telescopio a Ponyville inmediatamente. Ya sabe lo que eso significa.-
Él simplemente asintió.
-Voy a encargarme de algo primero.- Por segunda vez, Glass levantó una plataforma para que todos lo observasen.
-Compañeros de cristal.- Inició. –Es momento de que tomen su decisión, sabrán que aquí en Canterlot, los unicornios serán mejor recibidos, sin embargo, los que no son, tendrán, al igual que todos nosotros, que rehacer su vida. Pueden hacerlo aquí, en la capital, donde pocos peligros pueden acecharlos, o pueden ir conmigo a Ponyville, pero como ya les mencioné, dentro de poco, el pueblo va a ser el centro de un acontecimiento peligroso. No los obligaré, no les diré cuál es su mejor opción. Lo único que puedo decirles, si me lo permiten, es que construyan y manejen su vida como bien deseen, y que nuestro próximo encuentro, sea entre las alegrías de un nuevo sol y una bella luna.-
Bajó su plataforma, así también, observé como su ánimo descendía.
-Los unicornios pueden dirigirse al hospital.- Night light complementaba. –Allí servirán de ayuda, conocerán hechizos curativos y podrán tener un techo. Los pegaso pueden dirigirse al castillo, tendrán jornadas difíciles, necesitamos guardias que estén pendiente de todo lo que ocurre fuera, pero tendrán asegurada su alimentación. En cuanto a los terrestres, deberán dirigirse a la estación. Canterlot no es una ciudad agrícola, por lo que es necesario intercambiar provisiones con algunas ciudades; algunas tienen caminos peligrosos, otras son muy lejanas, pero proveen con lo necesario para que la ciudad se sostenga. Si tienen algo que preguntar. Es el momento.-
En principio, ningún poni se movió, pero con el paso de unos segundos fueron tomando la decisión. Tímidamente se acercaban al señor Light para aclarar sus dudas, entonces, el grupo se fue reduciendo.
-Necesito hablar con los cuatro.- Glass se dirigió a nosotras.
-¿Qué ocurre?- Scootaloo con cierta desconfianza en sus ojos fue la primera en cuestionarlo.
-Es sobre un asunto importante, y espero que todos puedan ayudarme.-
Cada una se observó cautelosa, sabíamos que estábamos en deuda con él, era justo ayudarlo, por mucho que su aspecto no fuese el mismo.
Asentimos.
-Bien, gracias.- Dejó escapar esas palabras junto a un pesado suspiro, parecía nervioso. –Esto que les voy a pedir no es sencillo.-
-El llegar hasta aquí no fue un camino de rosas.- Nuevamente la pegaso interrumpe.
-Si… tienes razón. Iré al punto. El favor que les pediré las separará y pondrá en peligro, sobre todo a ti, señorita Scootaloo. ¿Crees ser capaz de ir hasta Griffonstone?-
Ella no se movió, mantuvo firme su postura mientras dejaba que las palabras acudieran a su mente para clarificar una respuesta.
-¿Con… que objetivo?- Pregunta, incómoda.
-Información.- Contesta Glass. –Ningún poni ha decidido ir y observar en qué condiciones se encuentran los Griffos y… si pueden sernos de ayuda.-
-En caso de que me encuentre con ellos. ¿Por qué serian de ayuda?- Bufó. –Sé que nos enfrentamos a una tormenta, que compartimos la habilidad de manejar las nubes a nuestro antojo…-
-…Puede haber algo más que nubes.- Interrumpió el unicornio, con un leve gesto de preocupación que no pasó desapercibido por la pegaso naranja.
Asintió en reconocimiento y luego apretó los labios, era muy fácil descifrar sus pensamientos. Recordaba la caída de Cloudsdale, de los Wonderbolts, y de la propia.
-Bien, veré que puedo hacer.- reconoció al fin, trataba de parecer despreocupada, pero era muy mala fingiendo, aun así, no se arrepintió ni trató de crear algún tipo de excusa. Solo desplegó sus alas.
-En ese caso debería partir de inmediato, es un viaje largo hasta allí.- Insinuó con determinación.
Sweetie y yo nos observamos confiadas, resultaba extraño, adquirimos cierta costumbre al despedirnos, como si en el fondo supiéramos que nos volveremos a encontrar.
-Buen viaje.- Mencioné afable. Ella correspondió con una sonrisa confiada y alzó vuelo. Tras ella, Pound, como fiel escudero y tonto enamorado no perdió tiempo en alcanzarla.
Observamos mientras se alejaban tras la montaña.
-Ahora, Sweetie Belle.- Glass llamó a la siguiente. –Espero que puedas colaborarme con otro pequeño asunto.-
Ella sonrió cálida, como siempre, aquel gesto que otrora mantuvo nuestros días con cierta amabilidad y, que permanecía constante, como símbolo de fortaleza. Un gesto que negó a olvidar, que la mantiene firme.
-Sabes muy bien que no es un "pequeño asunto"- Respondió buscando una expresión similar en el rostro ajeno.
Poco expresivo.
-Necesitaré tu magia para preparar las cosas que Night Light nos dispondrá. Ahora mismo, estoy agotado, traer a todos de un solo hechizo es más de lo que puedo controlar ahora, por eso…-
-…No domino el hechizo de teletransportación.- Lo interrumpió, anticipándose a su pedido, sin embargo…
-Gracias por la información, pero eso no era lo que te iba a pedir.-
Sweetie levantó una ceja con inquietud y esperó a que Glass continuara.
-Es más como un encantamiento, pero de naturaleza… peligrosa.-
Con una modesta sorpresa lo observó, mantuvo silencio por unos instantes. Luego, afirmó.
-Sí, lo haré.-
Por cómo estaban las cosas, solo había un poni al cual dirigirse, otorgarle una responsabilidad inmediata y, depositar su confianza.
-En cuanto a ti señorita Applebloom.- Mencionó otorgando una ligera vista al grupo de ponis de cristal que no eligió ninguna de las opciones destinadas a Canterlot. -¿Serias tan amable de acompañarlos en el camino hacia Ponyville?- Con aquella decencia esmerada requirió su favor.
Observé al grupo, muchos estaban confundidos, otros asustados; la mayoría de los que estaban entusiasmados con la idea de abandonar la cueva se quedaron aquí, sin embargo, gran parte de dicho grupo era joven. Quedaron los mayores, quizás los que más añoraban tranquilidad en sus días por venir.
-Sí, los llevaré conmigo.- Respondí. –Pero dame un tiempo, debo hacer algo primero.-
Al escuchar eso, Sweetie tuvo la intención de decirme algo, sin embargo se detuvo, trató de comprender lo que era, y yo, le respondí con un gesto nimio. Era suficiente para ella.
-Entonces, les diré que te esperen.- Continuó Glass. –Nos veremos pronto.- Con eso dicho, me dirigí hacia un callejón conocido.
Sunset Shimmer
Hace mucho tiempo no sentía la necesidad de que me protegieran…
Estaba en un tiempo lejano, casi incierto, me observaba como una pequeña potrilla, sola y temperamental que caminaba por las calles blancas de Canterlot buscando sobrevivir.
Encontraba refugio en los libros; los mundos que se abrían ante mí gracias a las palabras, el conocimiento que adquiría, la verdad que me hacía olvidar que no tenía hogar. Era todo lo que necesitaba en esos tiempos.
Hasta que la encontré… o más bien, ella me encontró.
No supe cómo logró fijarse en mí.
Cada momento que pasé con ella fue maravilloso, habría hecho todo para que estuviera orgullosa, también para agradecerle por la oportunidad que me dio, gracias a ello, logré no solo conocer lo que estaba escrito en los libros, me conocí a mi misma. Sabía de lo que era capaz si me esforzaba lo suficiente. Toda mi dedicación era para que me continuara observando con esa expresión maternal y cálida.
Pero al final, no pude apreciar todo lo que hizo por mí.
Si tan solo pudiera verla una vez más…
…
Ese tierno roce sobre mi crin…
Así era como se sentía…
Tan acogedor que no creo poder despertar nunca, así lo quisiera…
Pero no quiero, por favor, hazme permanecer en este sueño para siempre…
-No puedo hacerte eso.- Respondió con su voz calmada y limpia.
-Por favor, princesa.-
-Sé que es muy difícil tener que despertarse de un sueño como este… Pero debes hacerlo. Si te quedas, ¿Qué pasará contigo?-
-No importa lo que pase conmigo- Respondí como la potrilla consentida que quizás pude haber sido.
-Eso no está bien.-
-¿Por qué no?- Con afán cuestioné. –Esto es lo que quiero. Estar a tu lado una vez más y poder decirte lo mucho que te agradezco por recibirme como tu alumna. No quiero apartarme otra vez, ya estoy arrepentida de muchas cosas.-
-¿De qué te arrepientes?-
-Ya lo sabes, desobedecerte, dejar Equestria, robar la corona de Twilight…-
Twilight…
…
Desperté sin comprender lo que había ocurrido. El solo hecho de mencionar su nombre me llenaba de tristeza, más aun, de una imperiosa necesidad de no quedarme quieta, casi incómoda por todo.
Entonces, la vi.
Una yegua clara, alta y soberbia, con rostro afable y sonrisa calma, su crin rizada y colorida, el cuerno delgado y estirado, sus alas desplegadas en el suelo, sus patas dobladas en una posición cómoda, casi parecía que flotaba.
-Flurry Heart…- Susurré atónita.
-Esa soy yo- Contestó, cortés y apacible. Casi lograba sentir como su tranquilidad me apoderaba.
Mi mandíbula comenzó a temblar y sentí como la garganta se cerraba. Con gran esfuerzo logré articular palabras.
-¡Te encontré!- Traté inútilmente de evitar que mis ojos dejaran escapar lágrimas.
-¿Me estabas buscando?- Pregunto con cierta sorpresa. –Parecía que deseabas estar con otro poni.-
-yo…- No supe cómo responder a eso, parece que muy dentro de mí, aún deseo volver bajo el ala de Celestia.
Imité su sorpresa y la observé.
-¿Cómo lo sabes?- Con cierta vergüenza me atreví a preguntar.
-Pude verlo también. Aquello, es lo que tu corazón anhela.- Acercó su rostro y posó el cuerno sobre mi frente.
Hipnotizada por su acto, sentí como mi corazón se oprimía de tal forma que creí por un segundo que moriría de la carga emocional que emergió tan rápidamente, que no me dio tiempo para volver a llorar.
-Tienes un corazón fuerte, pero eso, es debido a que tú misma lo lastimaste. Aun así, es noble y bondadoso, Inclusive, cálido.-
-¿Cómo puedes ser capaz de decir eso?- Extrañada pregunté.
Ella sonrió y se levantó.
-Puedo verlo, déjalo así. Ahora sígueme. Sé el motivo por el que estas aquí.-
Applebloom
Como una pintura de un artista banal y descuidado, la deprimente imagen de los dos ponis en ese callejón apartado, sucio y oscuro me molestó.
"Así estaban la última vez que los vi"
Me acerqué a ellos, esta vez, tenía una determinación, los llevaría devuelta a Ponyville, así no quisieran. No me gusta pensar en ellos cada vez que voy a dormir. Con esa imagen, incomodo mi lecho y conciencia, entonces, me pregunto si ella sentirá lo mismo, luego, me enojo.
-Hola de nuevo.- traté de mantener un tono calmo.
Ni siquiera me observaron.
-Vendrán conmigo.- Sentencié.
-No…- La yegua soltó con voz cansada, ronca y susurrante.
-No les pregunté.- Di un paso de autoridad, casi invadiendo su espacio.
El corcel parecía más cansado, apenas si pudo levantar la mirada y observarme.
-Vamos…- Dijo en volumen bajo.
-¿Qué estás diciendo?- La yegua preguntó asombrada. –Dejarás que ella te dé órdenes, esta… campesina.- La forma despectiva en que escupió esa palabra no me afectó. Sobre todo cuando el corcel le respondió.
-Una campesina que tiene techo y comida… más de lo que nosotros tenemos ahora.- Parecía rendido, pero supo percatarse de su situación, ya no tenía nada, y el orgullo no le ayudaría a recuperar lo que perdió.
-¡No quiero deberte nada!- Inestable y rabiosa gritó, se levantó y me observó con furia, una que ocultaba bajo sus ojos arrepentimiento.
-No lo harás, al menos, no a mí.- Sin moverme, ni apartar la mirada mencioné. –Nos vamos ya.- Me di la vuelta y comencé a andar.
Escuché como uno me siguió en el acto, en cuanto a la otra, después de unos segundos, caminó.
Suspiré aliviada, como si hubiera cumplido una difícil labor. De hecho, lo fue.
"Ahora tengo que regresar."
Fue la tarea inmediata que me propuse, pero no la única.
"Debo verla lo más pronto posible."
