Astros en movimiento


Sunset Shimmer

Siempre escuché que los Changeling eran seres aterradores, crueles y engañosos. No existía libro alguno que hablara sobre ellos de forma positiva, todos referían lo mismo; silueta negra opaca, patas agujereadas que emulaban el vacío de su ser, alas incapaces de reflejar luz y que zumbaban como preludio de perdición.

Por eso, cuando vi a los pocos que quedaron, me sorprendí. No efusivamente, mucho menos curiosa, fue, triste.

Flurry Heart me había llevado al centro de la colmena, donde solo un puñado se agrupaba para descansar; algunos heridos, otros con quemaduras, la mayoría agotados. Se encontraban rodeando un trono de piedra lisa, imponente y oscura, contrastaba con el rey que lo ocupaba.

-Te presento a mi padre, Thorax.- La princesa anunció con orgullo.

Un padre…

Así es como lo ve ella. Encontró una conexión con él y no es menos, la mantuvo a salvo casi toda su vida.

Lo observé, melancólico, cansado, viejo y débil, como si estar sentado en ese trono le hubiese arrebatado el vigor de sus mejores años.

Todos me observaron, tétricos.

-Es un gusto conocerlo.- Mencioné.

Con movimientos taciturnos, Thorax extendió su pata, aquella con los agujeros que los distinguían, sin embargo, algo era extraño, parecía como si todos estuviesen deformados; había algunos con dos cuernos coloridos, otros negros y puntudos, la mayoría conservaban el ébano característico de su piel, muy pocos poseían colores llamativos.

Por muy extraño que pareciera, el rey acumulaba su cambio en distintas partes del cuerpo, casi aleatoriamente; un ojo carmesí y otro celeste, alas tanto oscuras como brillantes y una expresión rígida, casi molesta.

-El gusto es mío.- Respondió tratando de realizar una mueca, asumí su intento de sonreír, sin embargo, le fue imposible.

-Ella es Sunset Shimmer. - Complementa Flurry Heart.

Durante un breve periodo de tiempo hubo un silencio apacible. Luego, el gobernante intervino.

-Entonces, el momento ha llegado.- Correspondió.

Lo miré intrigada, presumí que quizás conocía el plan de Sombra, luego recapacité ante la imposibilidad de ese hecho. Era obvia la razón de sus palabras; Flurry Heart apareció de la nada y con una nota, no supo de ningún otro poni por mucho tiempo.

-¿A qué te refieres?- Me atreví a preguntar.

Otorgó una orden visual a su grupo que, inmediatamente se dispersó y dejo solos a Flurry, Thorax y a mí.

-¿No estás aquí para llevarte a Flurry Heart entonces?- Cuestionó con soberbia.

Mis pensamientos titubearon en una escala arrepentida.

"Tiene razón"

El hecho de que un poni llegara a su hogar, solo cabría en muy pocas posibilidades, entre ellas, la necesidad de la princesa en Equestria.

La miré directamente a los ojos.

-Te necesitamos, Equestria te necesita.- Imploro.

Ella le otorgó una mirada afectuosa a su padre.

-Parece que no solo es Equestria.- Dice comprensiva, con su suave voz, tan dulce que logró abrazar mi ser.

-Si…- Suspiré.

-Entonces, debemos irnos.- Contestó.

-¿Así, si más?-

Ella sonrió ajena.

-¿Qué esperabas?-

-Bueno…- Observé a Thorax, estaba tan calmo como la princesa. –Pensé que quizás querían despedirse.-

Se observaron sonrientes.

-Hace mucho que los dragones comenzaron a asediarnos, peor aún, una increíble anomalía mágica retiene prisionera a Flurry…- Realizó una pausa vehemente. –Después de tantos años viviendo así, es una alegría despedirnos al menos una vez.- Concluyó mientras su cuerpo adoptaba una nueva forma.

La transición a un ser brillante y hermoso fue sencilla, casi difuminada por los años. Con brillos que provenían desde el pecho, el rey Changeling se manifestó como un ser multicolor y orgulloso.

Apenas si pude sorprenderme.

-Adios Flurry.- El gobernante se levantó de su trono mientras despedía a la princesa.

Ella solo le sonrío y vio elevarse sobre nosotras.

-¿Tienes el poder suficiente para llevarnos a Ponyville?- Flurry preguntó.

Había perdido parte de mi poder y quizás parte de mí ser al llegar aquí. Peor aún, no recordaba cómo utilizar ese hechizo.

-No…- Contesté vencida.

Tomó mi barbilla y habló.

-Entonces iremos a otro lugar antes de llegar a Ponyville.- Sentenció.

-¿Donde?- Cuestioné.

No me otorgó respuesta, pero con un solo movimiento me subió a su lomo y voló.

Atravesamos la colmena gracias a una apertura que sin previo aviso se vislumbró, así mismo cerró el paso. Nosotras fuera, los dragones alrededor y, un rey que ascendió con sus últimos súbditos para mirar cara a cara a los seres escamados.

-Hace mucho tiempo que nos preparamos para este momento.- La princesa hablaba mientras se alejaba tan rápido como podía de la colmena. –Ahora van a destruir el trono.- Continuaba. – Eso creará una gran explosión mágica, al mismo tiempo, tendré mis poderes de Alicornio y nos tele transportaremos.-

-No me has dicho aún el lugar.- Insistí.

-Ni yo mismo lo sé.- Aclaró en volumen bajo. –Aparece de forma recurrente en mis sueños, y quiero verlo.-

Aunque la sorpresa me embargó, decidí callar, no conocía las facultades de Flurry, pero no podía hacer más.

Simplemente esperé…

Esperé…

Y…

Escuché la explosión.


Sweetie Belle

Los ponis partieron, y con ellos, Applebloom liderándolos; un éxodo que tiene como destino un lugar inseguro y devastado. Al menos, podrán regocijarse de un nuevo paisaje, nuevos rostros y acciones.

Eso pensaba mientras las hojas de los libros que me había otorgado el señor Glass viajaban de un lado a otro por mi magia. La terea consistía en aprender hechizos de protección, algo sencillo, de no ser porque lo que se necesita es una perduración estática contra el flujo de magia, ya sea por fuera o por dentro.

"Un aislante total"

Tenía la certeza de que hechizos así no requerirían magia oscura, pero como no aplicaba ninguno, acepté investigar.

"Algo tan fuerte que pueda impedir un flujo continuo de la magia."

Dediqué mucho tiempo a esa labor, no en vano, ya que cuando estaba a punto de descansar, lo encontré.

Cabía resaltar que en esos momentos me encontraba sola en la sala de estar del señor Night Light. Por lo tanto, los otros tres corceles habían ya tomado control del observatorio; no los había visto desde que me dispuse a leer, eso sí, escuchaba sonidos de objetos pesados caer al suelo, relinchidos y una que otra magia. Lo que sea que estuviesen haciendo, debía ser de gran magnitud.

Cuando adentré en el observatorio, el telescopio había sido desmantelado; partes se encontraban en el suelo, al detallar, pude darme cuenta de que estaba todo organizado, quizás enumerado. En cuanto a los potros; el observador estaba exhausto en un rincón, Glass se había apoderado de una silla para recostarse y Sunburst, permanecía de pie, estático como la mitad de su cuerpo, justo en el centro de la habitación.

-¿Sunburst?- Me acerqué con premura, no quería despertarlo, en caso de que estuviese dormido.

-¿Estas despierto?- Me situé frente a él y ante su rostro rígido y frio, la curiosidad de su ojo perdido me atrajo como si fuese un tesoro y yo, una noble codiciosa.

Entonces, reaccionó.

-Encontraste el hechizo.- Afirmó neutro.

Asentí silenciosa.

-Descansa, los días venideros serán agotadores.-

Entonces, ocurrió algo improbable; la habitación que siempre dejaba entrar suaves rayos de luz entre sus cortinas delgadas, oscureció, no como si hubiesen cerrado totalmente las persianas, inclusive con eso se filtraría una pequeña iluminación.

El sol… Se movió, y con ello

La primera noche en veinte años dio comienzo.


Scootaloo

Ya habíamos visualizado en el horizonte la tierra más allá del mar cuando el cielo apagó su luz. Ninguno realizó comentario, estábamos fascinados de observar el infinito tan adornado y bello; la luna que dominaba orgullosa el cielo, acompañada de sus estrellas que generaban una calma profunda, recreando un buen momento para descansar.

Observé a Pound, sus ojos parecían buscar un techo, algo que lo hiciera sentir seguro o quizás grande.

-Es tu primera vez viendo la noche.- Afirmé neutra.

Asintió con empeño. –Noche…- Dijo suave, reconociendo lo que había frente a él.

-No te quedes idiotizado con las estrellas, debemos descender.-

Se sorprendió al mirar abajo y darse cuenta que, efectivamente, estábamos sobre tierra.

Sabía muy bien donde se encontraba Griffonstone, de hecho, como Wonderbolt, alguna vez visité esa tierra, sin embargo, en ese tiempo estaban reorganizándose como comunidad.

Apenas si pude apreciar su estilo de vida o forma de actuar y ver el mundo, pero si hubo algo que me llamó la atención la primera vez que fui: Una ruda Griffo, ya madura que tenía tras de sí a varios acompañantes, como si fuese una guía o líder comunitaria.

Pound y yo observamos el pueblo, oscuro, apenas si podíamos ver lo que teníamos al frente; unas cuantas estructuras, descuidadas y gastadas por el paso del tiempo. Camínanos entre ellas, miramos y concluimos que todavía los seres vivían en aquel poblado, pero en cuanto a su paradero, solo había un lugar que faltaba por explorar.

En lo alto del árbol que se erguía imponente sobre el pueblo, el castillo del monarca atestiguaba la noche con un ojo vacío. Subimos hasta él y escuchamos murmullos desde la entrada. Observé a Pound quien, temblaba, no sabría decir si de emoción o nervios, no le presté importancia y empujé la puerta.

El sonido chirriante hizo eco por toda la estructura, una vez pasamos el umbral noté que las apagadas voces se habían apagado. Después de unos segundos, un aleteo estridente y múltiple ocupó mis orejas.

Eran ellos. Inmensos y orgullosos, con rostros fieros y semblante firme, casi logré sentirme intimidada. Tras el grupo; de unos cinco o seis, se escuchó una estridente y áspera voz:

-¿Quiénes son estos intrusos?- Cuestionó.

Di un paso al frente y contesté: -Ponis de Equestria.-

Los fieros griffos que recibieron nuestra llegada se hicieron a un lado para dejar a ver a una de ellas; se apartaron con respeto ante la presencia.

Reconocí su mirada añeja y porte soberbio, pico corto y las plumas de su cabeza se inclinaban hacia delante, casi sueltas. Sus garras dejaban ver múltiples cicatrices y el pecho destacaba por una marca negra y falta de plumas.

Me observó igualmente, de cascos a crin. Se detuvo un momento en mis alas y dio un ligero vistazo a Pound, quien inmóvil, permanecía con una expresión igualmente seria.

-Están lejos de casa, pequeños ponis.-

Asentí lenta, casi evitando cualquier movimiento innecesario.

-Hemos venido a pedirles un favor.-

Ella me miró extrañada, luego bufó con gracia.

-y… ¿Por qué habríamos de ayudarlos?- Comenzó a rodearnos, caminaba con gracia, casi elegante. Estaba perpleja de cómo, con solo su presencia era capaz de hacerme quedar inmóvil.

-La situación en Equestria está cambiando.- Indiqué. –Tenemos ahora la oportunidad de reestablecer la tranquilidad y riqueza de hace años.-

No se mostraba muy convencida.

-Entonces pequeña ¿Qué debemos hacer?-

Esbocé una sonrisa inocente.

-Acompañarnos a Ponyville.-

Por un instante, casi inapreciable, me pareció que su postura flaqueó. Sin embargó la recuperó al instante.

-y allí ¿Qué haremos?- Era muy cautelosa en cuanto a darme una respuesta.

-Quizá… Enfrentarnos con algunas criaturas-

Un murmullo por parte de los otros griffos se hizo presente.

-Entonces los ponis no pueden defenderse solos.- Con burla, indicó. –Mira pequeña, conozco a los ponis; además de ustedes los pegaso, están los unicornios, me parece poco probable que necesiten ayuda solo para enfrentarse a un puñado de criaturas mágicas.- Volvió a bufar. – Te daré una sola oportunidad para convencerme del por qué deberíamos ir contigo y arriesgarnos a combatir con esas criaturas que mencionaste.-

-Oye que…-

-Déjame esto…- Pound desplegó un ala frente a mí y tomó la palabra.

Lo miré con extrañeza. Él, con una confianza improbable guiñó el ojo.

-Discúlpeme, señorita…- Dio una vista a modo de complemento hacia la griffo.

-Gilda.- Respondió impasible.

-Señorita Guilda, resulta que la situación en Equestria ha cambiado mucho en estos últimos años. No quiero aburrirla con sucesos que quizás no le interesen pero, la población poni descendió, igualmente la fuerza y magia de algunos. Sé que debido a la situación que atravesaron los habitantes de Griffonstone esto no le resulte comprensible pues veo, que muchos se han esforzado por sobrevivir a su manera.-

Pound había logrado captar la atención de todos.

-De momento no le podemos ofrecer más que gratitud si deciden ayudarnos.- Prosiguió.-Pero si fallamos en esto, no habrá futuro para ninguno, eso los incluye a ustedes.-

Los griffos en la sala se observaron incrédulos.

-No conozco los detalles, pero sé que lograron resistir contra los dragones. Al menos mejor que nosotros.- Se volvió hacia mí, casi ofreciéndome disculpas con la mirada. –Es probable que volvamos a enfrentarnos con ellos.- Suspiró pesado. –Por favor, ayúdenos y verán un futuro brillante.- Dicho eso, agachó su cabeza y esperó.

-Levanta la maldita cabeza.- Gilda ordenó.

Pound obedeció.

-¿Cómo sabes sobre los dragones?-

Él sonrió, casi con orgullo.

-Hay un vigía que es capaz de observarnos a todos.-

Gilda permaneció inmóvil, meditando, solo para contestar: -Lo pensaré. De momento, hay que descansar.- Otorgó una orden visual a quienes estaban allí y se dispersaron.

Observé a cada griffo mientras salía. Busqué entre tantos uno familiar. No lo encontré.

La líder permaneció con nosotros luego de que la mayoría partieran.

-Se quedaran en una de las habitaciones de este castillo.- Ordenó. –Luego enviaré a alguien para que los guie.- Se dispuso a partir.

-Discúlpeme.- La detuve. –No vi a Gabby, ¿Sabe dónde la puedo encontrar?-

-¿Es tu amiga?-

Asentí, casi tímida.

Suspiró como si hubiese dejado todas sus fuerzas en el aire.

-Murió. Lo lamento.- declaró.

Me quedé inmóvil, perdida en mi propio ser. No supe cuando fue que llegamos a la habitación, mucho menos cuando me quedé dormida.


Appleblom

Ante la sorpresiva oscuridad, muchos ponis engendraron una calma invasora. Apreciando lo que era, otro bello rostro del cielo, más calmo y transparente. Nos tomamos un momento para admirarlo y descansar. La caminata, aunque no había sido extensa, el ritmo impuesto lograba desgastarlos de apoco.

La pareja que felizmente decidió acompañarme, permanecía con sus trapos sobre el cuerpo, tapándose, casi con vergüenza y apartados del grupo.

Algunos conversaban conmigo, con timidez, pero esta se fue transformando en confianza a medida que intercambiábamos palabras.

La mayoría de los ponis que decidieron venir eran terrestres, les gustaba el trabajo artesanal y se vieron con la oportunidad de adoptar un nuevo estilo de vida. Había uno que otro unicornio, entre ellos, la familia de Shinestone. Charlé con todos, o al menos eso me pareció, ya que cuando di la voz de partir, un sentido llamado se hizo presente y el paso se mantuvo firme, es más, incluso escuchaba murmullos y risas. Aquello me permitió sonreír…

Bueno… y una cosa más.

Vislumbraba el pueblo, como siempre, vacío. Mi pecho retumbaba con fuerza, había vuelto, no solo eso, traje conmigo a los ponis de cristal, y por supuesto; un regalo.

Mientras nos acercábamos a la granja, escuché un aviso por parte de los que en ese momento nocturno hacían guardia; Snips y Snails. El portón se abrió dejando ver a un poni que galopaba presuroso hacia nosotros, posteriormente otros dos con más calma.

Era Diamond, quien quizás, había sido la primera en divisarnos, dado la orden de abrir la puerta y por supuesto, la primera en recibirnos. Su impulso agitado, casi con desesperación, me sorprendió cuando se abalanzó sobre mí con tal entusiasmo, que terminamos en el suelo.

-Volviste.-Susurró mientras abrazaba con firmeza.

-Señorita Diamond, creo que debería manifestar su alegría en otro momento.- Pumpkin se introdujo con decencia. Igualmente se notaba la alegría en su voz.

Haciendo caso, nos levantamos, me hice a un lado y presenté a los ponis de cristal.

-Todos serán de gran ayuda.- Concluí.

Diamond les indicó que cruzasen el umbral, la mayoría de ellos estaban sorprendidos por la estructura de metal y madera, más aún por la distribución de los lugares, inclusive por los ponis que les ofrecieron comida y algún que otro curioso que los observaba, de igual manera, fascinados.

-Será complicado mantenerlos a todos abrigados ahora que la noche llegó.- Mencionó Silver Spoon quien, como fiel escudera, permaneció al lado de Diamond.

-Por cierto.- Intervine. –Hay un par de ponis que quiero presentarte.- Los mencionados aún permanecían al otro lado, temerosos por ingresar. Ella me observó cautelosa, únicamente la empujé para que se acercara a ellos.

-Ustedes, también pueden seguir. No tenemos mucho espacio, pero de seguro encontraremos alguno para ustedes.- Mencionó la poni rosa.

-Eres toda una yegua ahora.- El primero comentó. Diamond lo miró extrañada. –Lamento no haber estado contigo para verte convertiré en lo que eres ahora.- Con eso dicho reveló su rostro, aquel que denotaba un orgullo inmenso por su hija.

-Papá…- Suspiró para inmediatamente observar a la yegua junto a él.

Ella dejo ver su rostro, lleno de lágrimas arrepentidas, igualmente, de orgullo.

La expresión de asombro por parte de Diamond era invaluable. Alternó su vista entre ellos, luego, con un impulso similar a como cuando me recibió, se abalanzó sobre la pareja que decididamente, negó caerse al suelo.

-Se quedarán en mi habitación.- Sentenció. –Síganme, deben estar cansados, comerán el mejor pastel de manzana que hayan probado.- Se dirigió con ellos y se perdió entre la guarida. Estaba alegre, igualmente yo.

Me dispersaron del momento cuando sentí un casco llamando sobre mi cruz. Era Pumpkin.

-y… ¿Las demás?- Su rostro estaba poseído por un miedo inmenso.

-Descuida ya llegarán.- Traté de calmarla. –Y si no estoy mal, todas lo harán con compañía.

La hermana Cake reprimió un suspiro de alivio y murmuró un gracias.

-Bueno, creo que es hora de dormir.- Mencionó observando el cielo. La imité, tenía razón, era momento de descansar.


N/A: Buien día, tarde o noche. Bueno, descubrí como poner lineas horizontales (que ciego estoy)

Sé que hace mucho no actualizo el fic, asi que quisiera disculparme. La verdad, me encontraba con dudas sobre lo que sucedería acontinuación; todo lo que había organizado hasta el último capítulo iba relativamente bien, hasta que me senté a escribir el actual. Creo que se debe a que falta poco para terminarlo y supongo que estoy sobrepensando las cosas, (Quiero finalizar el Fic de la mejor manera posible) lo que me ha llevado a retroceder sobre la trama y notar vacíos importantes, por lo tanto me disculparé igualmente por esos errores y a "tapar" (que horrible se ve eso) dichos elementos, ya que siendo asi toda la historia no tendría sentido.

En fin. Esto ya va por la etapa final, lo que significa que quizas continúe pensando mucho sobre lo que vendrá, asi que me demoraré con las actualizaciones.

No siendo más por el momento, hasta una próxima lectura.


PD: -Vaya que si estaba ciego. ¿Cómo no ví esas malditas lineas hasta ahora?- Por cierto, también estoy "trabajando" en otras historias; mas sencillas, más personales, y bueno, más románticas. Asi que, para los que gusten de esos elementos, espero que encuentren algo interesante en lo que vendrá despues de "Crónicas de un futuro sin gloria" El Fic que tiene más cuerpo hasta el momento lo titularé "Canto para un eclipse en primavera" es más que obvio quien será el personaje principal.

Bueno, eso es todo.