Corazones
Sunset Shimmer
En fugaces memorias que arremetieron mi cabeza, observé a Twilight, Celestia, Cadence y Luna. Estaban alegres, vivas, parecía como si yo fuese la difunta en estas evocaciones. Lo sabía, eran los recuerdos de Flurry, lo que ella había vivido, lo que manifestaba y traía a mi subconsciente, casi, como si fuese mi habilidad al otro lado del espejo.
Abrí los ojos con una calma anormal, la oscuridad cubría todo mi campo de visión y escuchaba unos murmullos inentendibles próximos. Moví con ligereza el cuerpo, agotado por un motivo que desconocí, continuaba en su lomo, como si fuese ella la que me protegiese.
Iluminó con su cuerno y desprendiendo una luz ambigua sobre nosotras, lo suficiente para que podamos observarnos.
-Despertaste.- Con su calma contagiosa inquirió.
Asentí un par de veces, traté de ubicarme pero resultaba imposible. La penumbra cubría todo a excepción de nosotras. Ella se dio cuenta y otorgó un impulso mágico al brillo flotante.
Todo se esclareció.
La tierra grumosa y gris me obligó a evocar sentimientos dolidos, agrietada, muerta y…
Petrificada…
-El árbol.- Susurré propia.
Di un vistazo a las figuras, se veían más aterradoras en la oscuridad perpetua. Giré mi cabeza para evitarlas, me centré en el árbol y, en la tumba de Starlight.
-Están todas las amigas de mi tía aquí.- Afirmó la princesa.
-Si…- Lamenté por un instante, sin embargo, como una llamarada creciente, mi ímpetu se apoderó por completo de todo. – Pero no todas fallecimos.- Concluí.
Me acerqué a la tumba y a la caja junto a esta, la levanté con mis cascos. Ahí estaba. Traté de utilizar magia para hacerlo levitar pero me fue imposible.
"¿Qué ocurre?"
Medite realizando otro intento…
El mismo resultado… nada.
Me desesperé y traté con todas las fuerzas que tenía en realizar el hechizo, el más sencillo, básico y común.
Nada…
Me sentí resignada, observando el diario como si fuese lapidario para mí.
"¿Habré perdido mi magia?"
En negación traté desesperada, una vez más, de levantar el diario…
Nada…
-¡Maldita sea!- Exclamé.
Flurry no ignoró mi acto y se aproximó. Casi no pude prever cuando cerró la distancia entre nosotras y posó su casco en mi cruz.
-Tranquilízate.- Murmuró. –Estas cansada.-
Casi creí esa mentira, por más cansada que estuviese, por tan increíble desgaste que haya sufrido por la magia negra o por todo lo que haya ocurrido hasta ese momento, era imposible que no pudiese lograr aquel hechizo.
-No estoy cansada.- respondí. –Simplemente, no tengo magia.-
Levanté como bien me permitieron los cascos aquel libro antiguo y personal.
-Esto es para ti.- Le ofrecí.
Con su magia levantó y posó el libro frente a si, lo abrió desde el inicio y creó una nueva fuente de luz.
-"La magia de la amistad"- Leyó.
Me senté a observar el árbol, impotente y gélido, pareciera como si con el más ligero viento se derrumbaría.
"Es como si el viento se hubiera llevado mi magia."
Sweetie Belle
La improbable noche nos obligó a trabajar en penumbra, avancé mi lectura lo más que pude para llegar a la práctica de forma oportuna. Campo de anulación mágica; nada puede dañarlo, ni afectarlo a menos que el poni portador lo deshaga. Resultó de útil para nuestra labor, sin embargo, me preocupa la posibilidad de otros fines ya que, si se lanza de forma precisa, hasta un unicornio sería incapaz de utilizar magia, siendo así, el efecto aplicaría para cualquier tipo de ser mágico, pero, y algo amorfo, gaseoso y que se manifiesta únicamente como magia, ¿Puede ser encerrado?
Seguramente Glass y Sunburst pensaron en ello más de una vez. La imposibilidad de controlar, aunque fuese un poco, y de manera eficaz la tormenta requeriría de una cantidad inconmensurable de poder, tal vez, un alicornio logre con dicha tarea, o quizás colapse debido a la magia misma.
Decido no darle más vueltas al asunto, una a una, cada parte del telescopio desensamblado es paciente del hechizo, apenas perceptible a la vista, lo suficiente como para evitar que la anomalía destruya todo el armado.
-Haz avanzado bastante.- Glass se aproximó con rostro cansado y una copa de cristal; el líquido que hay es oscuro, casi tanto como la noche imprevista.
Asiento sin perder concentración, la minuciosidad es clave para que todo funcione, o al menos así lo mencionó el unicornio de cristal.
-¿A qué crees que se debe esta noche, Night Light?- Pregunta.
El aludido; encontrándose sobre el suelo, cansado y desaliñado se estiró y respondió vacilante. –Quizás la tormenta se movió, o todo volvió a la normalidad.-
Aquel comentario logró una creciente incomodidad en el ambiente.
-Tal vez Sunset y Flurry Heart ahora se dirijan a Ponyville.- Melancólicas, sus palabras ahondaron en mí, yo también lo deseaba.
-Ya estoy por terminar.- Menciono para cambiar la pesadez que embarga, de momentos, la casa.
-Entonces debemos prepararnos. El tiempo debe ser óptimo para que todo funcione.- Ordenó Glass.
Su acompañante y casi sombra, Sunburst, dejó la inmovilidad y papel de objeto decorador para acercarse y observar las piezas del telescopio.
-Tienes talento para esto.- Halaga, aunque no es notorio debido a su neutro tono.
-Solo es mucha práctica, me habría dedicado a otra cosa de no ser por todo esto.- Otro mal paso por los recuerdos. Suspiro, faltaba una pequeña tuerca.
-Es momento.- Indicó Sunburst.
Sin mucha dificultad termino, dejo escapar un suspiro de alivio, me sentía muy pesada, decaída, pero no quería dormir. Solo pasar un rato agradable sin pensar en nada.
-¿Cómo nos vamos?- Pregunté ingenua.
-Teletransportación.- Responde Glass. –Sunburst es el único que conoce Ponyville a parte de ti. Él nos llevará. Por cierto, señorita Sweetie Belle, muchas gracias.- Concluye.
Eso no me lo esperaba.
Sonrío, algo picara y coqueta, tal y como solía hacer mi hermana.
-No fue nada, y ya sabes, puedes contar conmigo.-
Realizó un comando visual y Sunburst iluminó su cuerno. Entonces, el destello encegueció y todos esperamos aparecer en Ponyville.
Applebloom
Gracias a la extensa noche, logré apreciar cuan agotamiento acumulé en estos días. La cama se hacía a cada instante más cómoda, como si la oscuridad exterior la obligase a retenerme entre suaves telas y aire fresco que visita las ventanas; esa noche abiertas, ya que debido a la disposición del astro, se permitieron alejar las cortinas para que todo nocturno invadiera los lechos de cada poni.
Un golpe suave, discreto a la puerta me advirtió un poco, no tenía ánimos en esos momentos de recibir a nadie, sin embargo, era mi responsabilidad. No solo con los pertenecientes a Ponyville, incluso los que llegaron del imperio de cristal; es mucha más responsabilidad.
Para mi suerte, la puerta se despeja con un empuje sigiloso. Observé desde la comodidad como la silueta entra, no logré apreciar bien quien era hasta que susurró en mi oreja.
-Deberías levantarte.- Con dulce voz y proximidad envidiable, la recomendación fue ignorada.
Tomé a Diamond entre mis cascos y la obligué a agacharse para tener su rostro de frente.
-No quiero.- Esbocé juguetona.
-Quiero decirte un par de cosas, por favor, escúchame.- Con el tono bajo y respiración sutil hablaba tan serena que, obligándome sin ordenar, subí mi cabeza para obtener su atención y aprobación.
-Bien, dímelo.- Propuse.
Se expresó contenta y calma, casi como si no tuviera preocupaciones; un rostro tan sereno que se complementaba con mi prolongado reposo, seguramente yo tenía esa misma cara.
-Gracias…- Dijo. –Gracias por traerlos de vuelta.-
-No fue nada.- Correspondo.
Me observa, reflejando sus palabras. La imito en silencio, como si no hubiese más que decir. El tiempo ha logrado que nuestra relación mejore significativamente, desde que éramos potrancas, jóvenes yeguas, y ahora, maduras y centradas ponis que decidieron llevar sobre su cruz el peso de todo un pueblo. Era imposible que soportáramos todo eso por nuestra cuenta. Las dos vimos como todo se deshizo en el mundo de la otra, y así mismo, nos apoyamos.
Recordaba cuando Sweetie y Scootaloo partían para cumplir con su labor. Desde jóvenes, ellas se aventuraron para expandir su mundo, sin embargo yo, debía proteger mis raíces, después de todo, fui criada de esa forma.
Logré seguir adelante gracias a ella. Desde su emancipación hasta la forma en cómo se ganó la confianza de todos aquí. Me gusta pensar que yo la ayudé de igual forma.
-Quiero agradecerte como es debido.- Inquirió con un creciente rubor.
Se acercó, sigilosa y cautiva. Besó por primera vez con ternura, retrocedió y nos volvimos a mirar. Sus ojos pertenecían a otro mundo; mi mundo. El segundo beso fue más apasionado y el resto, historia.
Scootaloo
Los griffos manifestaban una energía contagiosa, escuchaba sus ejercicios mientras calentaba los músculos en la habitación. No acostumbro a dormir mucho, por lo tanto siempre me mantengo activa, cada vez que me levanto, estiro y caliento un poco, solo para prepararme.
Pound permanecía roncando como un potrillo, despreocupado y calmo. Decidí ir donde provenían las voces pesadas y agitadas, solo fue un salto por la ventana del castillo y ya había llegado.
Eran cinco quienes, ya agotados luchaban con una fiereza genuina; entre zarpazos, vuelos, golpes y rasguños, el plumaje de algunos se desprendía y caía como si fuese nieve, los observé interesada, creí por un momento que podía ganarle a cualquiera de ellos, el pensamiento me produjo una risa soberbia, para mi suerte, la única que escuchó fue Gilda.
-Parece que te diviertes observando.- Afirmó cautelosa, no quería que los otros se diesen cuenta de su presencia.
-Creo que les hace falta más movilidad.- Observé. –Son fuertes, pero los dragones lo son aún más. Si quieren hacerles frente, deben ser veloces.-
Sonrió confiada, casi burlesca igualmente, se inclinó para observarme a los ojos, intimidante, solo su tamaño bastaba para hacerme sentir aplacada, peor fue cuando sus ojos dorados bañaron mi visión, titubeé en dar un paso hacia atrás.
-No podrías ganarle a ninguno de ellos en una carrera.- Sentenció con total seguridad. Como si fuese un hecho.
Entonces, fui yo la que sonrió.
-Puedo ganarle a cualquiera.- Espeté.
La presente retrocedió sorprendida, como si el aliento fantasmal de mi prematura confianza la hubiese asustado. Aproveché para forzarla.
-De hecho, creo que inclusive, te ganaría, Gilda.-
Soltó un par de carcajadas contenidas, apenas si lograba evitar que el ruido saliese de su pico, fue tan así, que al cabo de unos segundos, el estruendo alegre llamó la atención de quienes estaban aún entrenando.
-¿De dónde sacas esa confianza?- Respiró breve, calmándose. –Te pareces a un poni que conocí tiempo atrás.- Observó con una nostalgia pasajera. Con eso, logré percatarme que no manifestaba mucho de sí misma, un destello de lo que es se había asomado en el rostro un par de veces desde que la conocí.
Decidí continuar por el sendero risueño.
-Lo formé gracias a una heroína.-
-Antiguos relatos ponis, me imagino.- Se aventuró a opinar.
Lo negué con la cabeza.
-No fue un viejo relato, mucho menos una historia ficticia. Era la guardiana de la lealtad. Rainbow Dash. - Una presentación sublime para alguien que lo merecía.
El rostro de Gilda se congeló como una fotografía, pálida y con nostalgia, aproximó su rostro y con ojos de anhelo se aventuró a decir:
-Rainbow Dash…- Soltó un suspiro, con voz agrietada. –Era mi amiga…-
Sweetie Belle
La noche cambia significativamente la perspectiva de cada cual, de cada lugar y memoria. Cuando reaparecimos en Ponyville, una abrazadora penumbra nos cobijaba, casi con ternura, sentí la calidez que exhumaba el lugar. Estaba tranquila, el cansancio se había convertido en una ligera claridad emocional, la cual se intensificó cuando aprecié en la distancia las luces de unicornios que ofrecían visión de la granja y hogar.
-Ponyville.- Escuché a Glass susurrar, extrañado y con un interés florecido por el pequeño poblado.
-Continuemos.- Propuse levitando el telescopio desmontado. La gran cantidad de piezas dificultaba la movilidad.
Sunburst me ayudó.
Nos acercamos con una lentitud impropia, quizás fuese por la oscuridad, o por consideración hacia mí, que los demás mantuvieron un ritmo tranquilo y estable. Debido a eso, era cuestión de tiempo que un guardia nos observase.
-¿Quiénes son?- Su voz ronca y madura resultó ser, en ese instante, un alivio.
-Snips, soy yo.- Respondí.
Se quedó observando, invadido por la incertidumbre, juraría que ni siquiera notó a los ponis que me acompañaban.
-¡Abran la puerta!- Ordenó.
Sorprendentemente, al momento de que el umbral se expusiera, estaba él allí abajo, como fiel guardián.
-Applebloom ya ha llegado.- Me informó.
Sonreí complacida y le agradecí, acto que repetí cuando con su magia se apodero de las piezas que llevaba sobre mí.
-Llevaré esto por ti, puedes ir a descansar si quieres.- Se ofreció. –En cuanto a ustedes tres. El profesor Hooves los estaba esperando. Me ha informado de su llegada. Los guiaré hasta el laboratorio.-
Dio media vuelta y sin preguntar, comenzó a avanzar. La puerta nuevamente se cerró, todos decidimos seguirlo y, a diferencia de como veníamos caminando, su paso fue mucho más intenso, tan así que apenas logré observar si los ponis de cristal estaban o no entre los habitantes de la granja.
-¡Profesor!- Tocó con fuerza.
Todos estaban muy callados, quizás por la asertividad de Snips o por el cansancio acumulado, pero el ambiente se notaba muy tranquilo a pesar de eso.
La madera se corrió hacia un lado y dejó ver al desaliñado poni.
-¡Oh!- Se sorprendió cuando apreció a Night Light y Sunburst. –Los esperaba.- Calló un momento mientras observaba detenidamente a Glass. –Supongo que él también nos ayudará. Pasen, tenemos mucho trabajo.- Indicó.
Sunburst reclamó los elementos flotantes y entró junto a los demás potros, dejándonos a mí y a Snips fuera.
Suspiré alegremente, como si un enorme peso me fuese quitado de encima, casi tuve ganas de dormir.
-Parece que se han esforzado mucho.- Comentó.
Solté un par de risas, ya cansadas, igual que yo.
-Sí, fue un día muy largo.-
-Me alegro que dos de ustedes hayan llegado bien.-
-Gracias por tu preocupación, pero ya sabes que podemos encargarnos de lo que sea.- Orgullosa mencioné tratando de recuperar un poco los ánimos.
-Eso veo.- Esbozó una mueca, juraría que trató de sonreír. –Applebloom trajo a ponis de cristal y tú llegaste con un aparato extraño y tres unicornios melancólicos. ¿Qué traerá Scootaloo?- Se burló. -¿Griffos?-
Solté una estruendosa carcajada, la ironía de su comentario le dio la razón. Sin embargo, no le daría esa insatisfacción.
Una vez termine con mis espasmos y suspiros toqué dos veces su cruz casi reconfortándolo.
-Si supieras lo que vendrá después, no dirías eso.-
-Entonces, deberé preguntarte, así te sorprenderé con otro comentario.-
Agaché la cabeza y pensé. La situación no estaba para que nos riéramos de infortunadas frases, mucho menos para sentir tranquilidad.
-¿Ocurre algo?- Preguntó como si algo horrible hubiera pasado.
-Nada, es solo que creo, que este, quizás, sea el último momento de tranquilidad que podamos aprovechar.- Inquirí con notoria pena.
Él asintió, pensativo, casi nervioso.
-Entonces, puede que no tenga otra oportunidad.- Mencionó.
Me sorprendí ligeramente, algo curiosa.
-Otra oportunidad ¿De qué?- Pregunté.
Se detuvo un momento, apreciando mis ojos y yo, inconscientemente los de él, entonces, después de un profundo suspiro, dejó salir sus palabras.
-De que me gustas Sweetie, de que a mis ojos, eres lo más bello que Equestria vio nacer, y deseo estar contigo.-
Aunque sus palabras fueron sinceras, por algún motivo no lograron llegarme, no supe darle sentido, quizás fuese por el cansancio, los nervios o lo inesperado de su declaración. Solo pude realizar un pequeño acto de crueldad.
-En serio me halagas.- Sonreí casi con desganas. –Pero en estos momentos, no creo que debamos o tan siquiera podamos, pensar en un futuro más allá.-
Su pose estática y respiración pausada, me dio una idea de cómo lo hice sentir.
-Si tuviera la certeza de que esto tendrá un desenlace positivo para todos, créeme, no dudaría en darte una oportunidad.- Traté de reparar mis palabras. Me acerqué y besé su mejilla, lenta y delicadamente. – Eres muy atento, sincero y muy seguro de ti mismo. Eres el mejor guardián que hemos tenido, por eso, necesitamos que estés atento, sobre todo si quieres que esto termine bien para todos.-
Esbozó una sonrisa, una sincera y valiente sonrisa.
-Entonces, protegeré a Equestria de cualquier cosa y entonces, tendré mi oportunidad.- Se irguió con orgullo, su mirada se avivó y dio la vuelta. –Deberías descansar Sweetie. No querrás que tu bello rostro tenga ojeras.- Mencionó mientras se alejaba, a travez de las maderas que actuaban como paredes, puestas y pisos. Sus pesados cascos hacían temblar algunas tablas, y antes de desaparecer por una esquina volvió su mirada y sonrió.
