N/A: Bueno, es el final. La verdad tuve varias complicaciones para tenerlo listo, pero eso no viene a cuento. Espero lo disfruten.


Magia

Applebloom

Con expresiones inseguras y los músculos rígidos, observamos lo que se extendía frente a nosotros. La luz roja, casi sanguinaria de una luna improbable centellaba en los ojos de timberwolves y dragones, aquellos que se detuvieron a una distancia prudente, casi segura tanto para ellos, como para nosotros.

Flurry Heart había despertado un interés por las criaturas, las observaba con pasión, detallando la figura de cada una.

-Creo que es momento de un cambio de planes.- Sugirió la princesa observando a los sementales quienes, confundidos le ofrecieron su expresión de duda.

-¿A qué te refieres?- Sombra se aventuró con la pregunta.

-Tenemos que llegar a la tormenta ¿No es cierto? De ser así, es bastante ingenuo quedarnos a esperar que las bestias nos alcancen.-

El punto al que quería llegar era sencillo, necesitábamos cargar hacia la tormenta, con el mecanismo ensamblado y listo para absorberla. Sin embargo, eso dejaba otras preocupaciones.

-¿Quién avanzará y distraerá a las bestias?- Pregunté incrédula.

Ella me miró con pesar, como si hubiese hecho un comentario ingenuo.

-Nosotras, ellos, todos.- Manifestó. –Observen la cantidad de ponis que hay aquí. Es suficiente para abrirnos paso.-

Lograba sentir el nerviosismo por parte de todos, como si la brisa que llegaba desde el Oeste nos congelara a pesar de una cálida noche. Ninguno estaba dispuesto a pelear.

-Si piensas salir.- Sombra entabló conversación con la princesa. -¿Quién utilizará la aspiradora para concentrar la tormenta? No hay ningún poni con suficiente poder para manejarla.- La preocupación estaba bien encaminada, sin embargo, evidenciando su sabiduría, Flurry Heart respondió.

-Hay una, está aquí, con nosotros.- Se acercó hacia la unicornio en cuestión. –Tienes un talento muy desarrollado, además conoces mejor la máquina, eres la única que puede hacerlo.- Le tomó el casco y a su vez, depositó su confianza en ella. Sweetie Belle estaba atónita con el encargo, más aún, todos guardamos silencio.

-Señorita Sweetie Belle, la princesa tiene algo de razón.- Sunburst intervino. –Cuando sellaste los componentes del telescopio, la facilidad con que lo hiciste fue abrumadora, inclusive para quien nunca ha realizado magia negra. No logro evidenciar en ti una pisca de corrupción, todo lo contrario, lograste asimilar el poder como una gran hechicera.-

-Yo… no me había dado cuenta de eso.- La referida comentó insegura.

-Entonces solo escúchanos y confía. Necesitarán mi poder para distraer a los dragones.-

Durante un tiempo muy breve, sus miradas permanecieron fijas, como si la princesa lograse transmitir su confianza, así mismo, Sweetie la recibía y en sus ojos se lograba apreciar un vigor ascendente. Tanto, que la respuesta solo pudo ser una.

-De acuerdo.-

Flurry sonrió casi dando toques con sus cascos.

-Siendo así deberíamos montar la máquina, puede que las bestias decidan atacar en cualquier momento.- Hooves sugirió con algo de afán.

Observé con atención hacia Ponyville, se alcanzaba a vislumbrar como los Timberwolves merodeaban entre las casas abandonadas y sobre los escombros, en el cielo, los dragones bailaban de forma amenazante, justo bajo la tormenta, aquella que traía consigo relámpagos y ventisca.

La princesa desplegó sus alas, alzándose frente a nosotros, majestuosa y serena.

-El rey Thorax no me educó para gobernar, mucho menos para reconstruir Equestria.-Comentó sin mucha pena. Todos estábamos atentos a sus acciones. –Señorita Applebloom, abre la puerta.- Ordenó.

Sin meditaciones inservibles me dirigí a cumplir con sus palabras. Ante ello, Diamond me detuvo.

-No te atrevas Applebloom.- Miedo e inseguridad se reflejaban en sus ojos. –Sé lo que ella piensa hacer, lo que tú vas hacer, solo te pido que no lo hagas. Deja que otro poni vaya en vez de ti.-

Comprendía muy bien la incertidumbre que manifestaba. Esa no fue la primera vez que partí del refugio hacia un peligro inminente, mucho menos con tan poca probabilidad de volver.

-Y entonces ¿Qué haría yo?- Pregunté retórica, conociéndola, sabría cuál iba a ser su respuesta.

-No haré que me prometas volver.- Agachó su cabeza y se acercó con un cuidado impropio, casi temerosa por romperme. –Porque si no lo haces, seguramente lo perderemos todo.- Sentenció a la vez que su voz rompía.

-Me estás dando mucha importancia.- Comenté, igual de insegura y temerosa, tanto así que solo pude darle un beso, no solo para calmarnos, quizá, para despedirnos.

Abrí la puerta a la vez que reprimía toda emoción distractora hacia lo que tenía frente a mí. Escuchaba murmullos como lamentos, era comprensible, los mayores estaban agotados de luchar, algunos jóvenes ni siquiera lo habían hecho y los potrillos se acurrucaban nerviosos en el regazo de sus madres.

-No saldrán solas.- Una voz con arrastrada y aguda se hizo presente.

Observé al poni en cuestión. Era Snails.

-Gracias.- Fue lo único que pude decirle.

-No son necesarias. Es lo que tenemos que hacer. Lo que hemos hecho durante veinte años. No podemos detenernos ahora que el futuro con el que hemos soñado esta justo en frente.- Comentó con una postura inquebrantable, casi sentía su determinación.

-¡Él tiene razón!- Otra voz se avivó. –Yo también iré.- Un poni de cristal se ubicó a nuestro lado, con un temor incluso mayor, sus patas temblaban, sin embargo había fuego en su mirar. Aquello sirvió como un gatillazo, pronto, varios ponis dejaron su lugar para unírsenos, todos ellos con el mismo miedo. Sin embargo la gran mayoría aún permanecía reclusa de ese sentimiento.

-¡Ponis!- Flurry Heart llamó. –No tengo intención de reprocharlos. No soy su líder, ni siquiera sé gobernar. Aun así, viví junto al rey más amable y valiente en cuanto a lo que defender a su pueblo se refiere, y eso caló profundamente en mí. Lo que les pido no es una mera orden, tómenselo como quieran, pero el futuro solo será uno si permanecen aquí y no hacen nada.-

-Podemos vivir bien si nos ajustamos a las cosas, lo hemos hecho por mucho tiempo.- Otro respondió ingenuo. La princesa no logró ubicar la proveniencia de su voz, sin embargo contestó.

-Puede ser. Pero tendrán que escapar, este lugar ya no es seguro, y quizá el próximo sitio que encuentren este a solo un día de caminata, o tal vez a varias semanas. Peor aún, puede que ni siquiera logren escapar de aquí. De ser así, estoy segura que lamentaran el no haber luchado cuando se les necesitaba. Estoy segura que nadie quiere morir con ese remordimiento. –Realizó una pausa vehemente, observándonos, su porte había cambiado. –También estoy segura que hay quienes no desean arriesgarse por mí, pero la amenaza está allí y hay que eliminarla. Solo les pido una cosa, no en mi nombre, no deseo gloria, sino en el nombre todos los que perecieron para otorgarnos ese futuro que tanto cuesta conseguir.- La princesa se alzó muy alto, iluminó su cuerno y proyecto centenares de recuerdos en forma de cristal, aquellos que caían como copos de nieve, cada uno para un poni, cada uno era un motivo y una esperanza. –Sé que sus corazones están alienados y créanme, el mío también, y solo se calma brevemente cuando recuerdo los nombres de quienes ahora solo viven en estos cristales.- Susurró, quizá fuesen los nombres a los que se refería, hice lo mismo y casi no logro percatarme de que todos la imitaban.

-Applejack, Big mac, Abuela Smith.-

Entonces, una multidud de rugidos provenientes de los dragones rompió los cristales, así mismo nuestra serenidad. Se alcanzaba a percibir un estado unánime de valentía. Los rostros habían cambiado, todos estábamos dispuestos a avanzar.

Hubo un silencio necesario, tanto para afianzar la emoción y pensar con cabeza fría como para escuchar en la lejanía el grito agudo de múltiples águilas llamando al viento. Se acercaban velozmente, casi un centenar de ellas, tal fue la impresión cuando alcanzaron el refugio y comenzaron a volar en círculos sobre nosotros que no logré distinguir a Pound ni a Scootaloo mientras descendían. Junto a ellos, un grifo enorme, con una quemadura en su pecho y cicatrices violentas.

-Esas fueron palabras muy débiles para un ser tan poderoso.- La voz rasposa y femenina de una dura líder se dirigió a la princesa. –Soy Gilda. Hemos venido a auxiliarlos.- Hizo una pausa y observó a la distancia. –Parece que les vendrá bien nuestra ayuda.- Opinó.

-S-Soy Flurry Heart.- Inclusive la princesa no supo cómo reaccionar ante la figura imponente que volaba frente a ella.

Con un llamado alto hizo que el numeroso grupo bajara y se posicionara frente a nosotros. Todos ellos emanaban un vigor llameante, casi amenazador. Sin embargo, junto al par de pegasos que se encontraban a su lado, más la inminente situación que deberíamos enfrentarnos, nos influyó para que no temiéramos. Pero a confianza era vaga y la inseguridad volvió.

-¡Escúchenme todos!- Gilda se dirigió a los ponis. –También viví en Equestria por un tiempo y me guste o no, le tengo algo de aprecio. No porque sea una tierra bella, los grifos no nos fijamos en eso. Aquí conocí a la que quizá pudo ser mi mejor amiga y el ser más rápido en este mundo, pero no voy a argumentar el apoyo en que les brindaremos por una vieja amistad.- Señaló con su garra hacia la tormenta. –Esas criaturas son una amenaza para todos, y ahora que están reunidas hemos visto la oportunidad de acabarlas. Solo necesitamos una batalla más, quizá sea la última y por lo que veo en el rostro de algunos, también será la primera. No les mentiré, los timberwolves son mucho más fuertes que los ponis, los dragones son más poderosos que nosotros. Estamos en una clara desventaja, no importa que los superemos tres a uno. Pero nosotros tenemos algo que ellos no.- Realizó una pausa mientras se aseguraba que todos le estuviesen prestando atención, acto seguido, se elevó sobre la princesa, siendo acompañada por un grupo de cuatro grifos, quizá sean los más fieles o fuertes, eso no importaba, solo reconocía la grandeza y ferocidad que proyectaba Gilda hacia sus seguidores. Por supuesto, también me alcanzaba e invadía junto a un ímpetu orgulloso. -¡Tenemos un motivo para ver de nuevo el amanecer!- Su afirmación fue acompañada por los gritos elevados de águilas enfurecidas, justo después, los grifos ascendieron con tal fuerza que levantaron una gran nube de polvo, junto a ellos, la osada Scootaloo y el aventurero Pound, quienes sirvieron de motivación para los pegaso más jóvenes, cuyas alas se extendieron para reunirse en el cielo.

Observé tras mis flancos y decenas de ponis se habían aglomerado. Estaban más vivos de lo que alguna vez lograba recordar, igualmente yo. Estaba temblando de nervios, adrenalina y emoción. Todo era un caos dentro de mí, inclusive puedo decir, que todos nos sentíamos de la misma forma, sin embargo, tal era el deseo de un nuevo amanecer que simplemente caminé, siendo guiada no solo por Gilda y Flurry Heart, también por el recuerdo de mi familia, de quienes no están y de los que me estaban acompañando.

El regulado caminar se convirtió en un galope sereno, luego, antes de que lograse dar voz. Nuevamente el grito de águila se hizo presente en el cielo, esta vez seguido por el de nosotros.

En contra parte, las bestias rugieron y de igual manera, avanzaron hacia nosotros. Los Timberwolves maniobraban entre los escombros de ponyville, agiles y amenazantes. Nosotros pisábamos con determinación, los cascos resonaban como una multitud de relámpagos mientras corríamos con todo lo que teníamos.

El cielo se vio invadido de siluetas veloces, quizá fuese la primera vez en la historia de las dos razas, que estas se uniesen para combatir un mal común. En la vanguardia aérea, Gilda y su grupo, siendo inmediatamente seguidos por la princesa, Scootaloo y Pound. No lograba ver el rostro de mi amiga, pero estoy segura en que tendría una sonrisa de idiota, como si hubiese probado la sidra más deliciosa del mundo.

Por tierra, ya visualizábamos el furioso avanzar de las bestias. Cada vez más cerca. Tan cerca que solo bastó un instante para que viera el tamaño incomparable que tenían frente nosotros, pero, aún con eso, saltamos frente a ellos, chocándonos y encaramándonos como molestos insectos. Muchos de nosotros golpeábamos sus cabezas con tanta furia que lográbamos atravesar la madera gruesa y oscura que conformaban su cuerpo, sin embargo, eso no bastaba para detenerlos, pues el salvajismo incontrolable atacaba como una ola sobre nosotros. Bestias que llegaban desde atrás aplastaron a algunos y mordieron o devoraron a otros. Todo era un caos.


Sweetie Belle

Después de la avanzada. Nos percatamos de que la maquina no había sido ensamblada. Entonces, el nerviosismo me apoderó, no ayudó mucho el comentario de Sunburst, quien dijo que debimos haber aprovechado el momento y así aproximarnos lo más que pudiéramos a la tormenta antes de que esta hiciese algo.

Con afán los cuatro unicornios logramos hacerlo, sin embargo, ya los ponis habían tomado mucha distancia y nos costaría mucho acercarnos sin que algún timberwolf decidiera ir por nosotros. Pero no teníamos otra elección. Nos dispusimos a avanzar. Cinco unicornios y un poni terrestre; una no tiene magia y el otro tiene la mitad de su cuerpo hecho de cristal. No quisiera dudar del señor Night Light, pero tal parece su magia tampoco ayudaría bastante contra alguna bestia. El único que podría defendernos era sombra quien, como se esperaría de él, no dudó en percatarse de un error que fue obviado con el alzamiento de las emociones antes de la carga.

-¡Los grifos son unos tontos!- Vociferó con claro enojo. –Aprecio que vinieran para ayudarnos, pero ni siquiera preguntaron si teníamos alguna estrategia. Esto claramente nos pone en desventaja, no hay orden en nuestra formación. Los unicornios debieron ubicarse en la retaguardia, cubriendo desde la distancia a los terrestres y apoyando de igual manera en el aire.- Suspiró su enojo, casi dejándolo en el polvo vivo que habían dejado tras de sí los ponis.

-Si tanto le enoja, señor. Podría reorganizarlos.- Un inesperado poni habló tras nosotros, sigiloso a pesar de su gran tamaño, grueso como su voz y quizá nuestro protector.

-Snips.- Me sorprendí ante su presencia. -¿Qué haces aquí? Creí que habías ido con los demás.-

Me miró serio, pero con eso, había algo en él que me calmaba.

-No podía dejarte atrás, sabes lo mucho que me importas.-

-En vez de ayudar a sus amigos decidió ir tras una la señorita. ¿No cree que ellos necesitan más ayuda?- Sombra se había resentido por el comentario.

-y usted en vez de estar criticando ¿por qué no va y dirige a su pueblo? Los ponis de cristal lo consideran como un líder. Haga su trabajo y lidérelos.-

Sombra se detuvo en seco y le otorgó una mirada de reto a Snips, se acercó a este con una intimidante seriedad, sin embargo, el robusto unicornio no movió ni un musculo.

-¿Quién los defenderá si no estoy aquí, tu?- Interrogó

Snips sonrió confiado, como si esperase aquella pregunta.

-Sí, y puedo hacerlo mejor de lo que usted hubiera podido.-

-Tiene razón señor.- Sunburst interrumpió antes de que hubiese una reacción por parte de Sombra. –Ninguno de aquí tiene conocimientos sobre estrategia o habilidad, peor aún, no logran mantener la cabeza fría en estos momentos, es cuestión de tiempo de que los timberwolves pasen sobre ellos y acaben con nosotros antes de lográsemos si quiera acercarnos al centro de la tormenta.-

Lo meditó por un momento, su razonamiento tenía veracidad. Así le gustase o no el hecho de que fuese retado por Snips. Escuchó a su acompañante y tomó su decisión.

-Escúchame potrillo, si algo le ocurre a la maquina o a alguna de las señoritas, estamos acabados. Defiéndelas con tu vida si es necesario.-

-No se preocupe, lo hare.-

Hubo un silencio perturbador después de aquellas palabras, más aún cuando ninguno de los dos decidió apartar su vista. Sin embargo, Sombra fue el primero en apartarse, corrió hacia el fragor de la batalla, decidido, sin mirar atrás.

-Entonces ¿Cómo funciona esto?- Preguntó Snips, casi exigiendo.

-El cubículo que está en la parte posterior es a donde se dirigirá toda la magia que será absorbida.- El profesor Hooves sin miramientos, decidió contestarle. –Cómo puedes ver, está conectada a este panel de control, a su vez está conectado a ese tubo, todo está protegido por una barrera mágica, una que recluye la magia. Con el panel hacemos funcionar como lo que se dice comúnmente este motor de aspiradora. Pero para recluir este tipo de energía, se necesita igualmente magia. Por eso hay un anillo que funciona como receptor, esto le brindará a la maquinaria la suficiente potencia para atrapar la tormenta.-

El otro observó curioso, en silencio, totalmente ajeno a como se comportaba cuando era potrillo. Reí al recordarlo.

-Según escuché de la princesa Sweetie Belle es quien se encargaría de utilizar este panel con su poder. Siendo así ¿Qué papel cumple la señorita de fuego en todo esto?-

Sunset se encontraba muy apacible ante toda la situación, de hecho desde que llegó con Flurry Heart, ha estado muy distante, como si algo la estuviese afectando. Entiendo que la situación puede ser abrumadora, pero fue ella quien nos guio hasta este punto. Su deseo por conocer lo ocurrido y el interés por remediarlo era implacable, tanto que nos contagió su determinación. Sin embargo, eso no se veía reflejado en estos momentos.

-Cumple como contenedor.-Respondió el profesor. –La habilidad innata de Sunset con la magia la convierte en el único ser capaz de soportar tal carga. Aunque la idea original era utilizar a la princesa, ella lo negó argumentando que, aunque fuese una alicornio, su poder es limitado debido a la habilidad que posee.-

Snips sonrió incrédulo.

-Creo que la princesa los engañó.- Sugirió mientras dirigía su vista al cielo. –Solo obsérvenla, está utilizando magia bastante poderosa para hacer frente a los dragones. No les quiero decir que fueron ingenuos, de hecho creo que comprendía mejor que ustedes que está batalla acabaría en pocos segundos si ella no estuviese al frente. Inclusive con los grifos de nuestro lado, el resultado iba a ser negativo. Los dragones son seres muy poderosos.-

-Pero, venciste a un dragón.- Comenté tratando de disipar la incertidumbre que creaba.

-Solo porque éramos más, el dragón no tenía alas, nosotros si teníamos una estrategia y recursos, así mismo, actuamos rápido. Sabíamos que si le dábamos la más mínima oportunidad, nos acabaría con un solo aliento.-

No traté de responderle, tenía razón, era un hecho que él pudiese manejar este tipo de situaciones con mucha más calma que nosotros. Seguimos avanzando, cada vez con los nervios más finos. Ponis y bestias revueltas en un caos indescriptible. Sombra parecía haber organizado a unos cuantos ponis de cristal y avanzaba hacia el flagrar de la batalla.

-Los ponis de cristal le tienen mucha confianza.- Comentó Sinps con algo de admiración.

Tenía la intención de dirigirle un cumplido, pero aquello quedo rezagado cuando un estruendo apabullante golpeó el cielo. Observamos hacia la tormenta, estaba cargada, como una tempestad a punto de soltar la descarga.

Un haz de luz, serpenteante y desesperado viajó por el cielo en dirección a los pegaso. En un instante, aquel único rayo se abrió como una flor y golpeó en distintas direcciones, siendo acompañado por el sonido inconfundible del temor. La tormenta había empezado a rugir.

-¡Debemos avanzar más rápido!- Hooves en desesperación exclamó.

Acto seguido, la maquinaria levitó a causa del poder de Snips.

-Llegaremos al centro en poco tiempo si continuamos así.-

-¡Detente!- Gritó el señor Night Light. A lo cual, el robusto unicornio obedeció. Justo en ese instante un rayo golpeo cerca de cinco metros. La sorpresa no fue que a pesar de eso continuáramos bien, ya que esas descargar son meramente mágicas, lo verdaderamente asombroso fue el observador que, actuando como vidente, nos advirtió del peligro.

-Light eres un genio.- señaló Hooves. -¿Cómo supiste donde iba a caer el rayo?-

-Llevo observando esa cosa por mucho tiempo, no es la primera vez que suelta ese tipo de descargas, es muy interesante el patrón que siguen después de llegar a su punto más crítico…-

-No es momento para charlas señores.- Sunburst Interrumpió, con su neutral tono. Como siempre.

Continuamos nuestro avance, estábamos a unos pasos de la batalla, tan presente la teníamos que no fue sorpresa encontrarnos a un Timberwolf cargando hacia nosotros. Di la voz y de inmediato, Snips disparó un poderoso rayo que logró quemar a la bestia, neutralizándola por completo.

-Eso fue asombroso…- Murmuró Sunset quien había estado muy silenciosa.

-Lo es, no por nada lo consideramos junto a Snails como los mejores guardianes que hemos tenido.- Le expresé una sonrisa agraciada a la unicornio que parecía distraída.

-En verdad lamento que estén pasando por todo esto.- Mencionó con un volumen más bajo, casi no logré entenderle. –Pero esto se acabará pronto.- Concretó mirando al cielo.

La imité y pude distinguir que la situación allí arriba no era del todo favorable. Con los múltiples rayos que caían y rodeaban a todas las criaturas voladoras, era obvio que muchos resultasen heridos, incluso de no ser golpeados, con la sola presencia de las descargas, era suficiente para que se distrajeran o se preocupasen, sobre todo cuando muchos de ellos no han sido entrenados para el combate.

-Scootaloo…- Susurré en preocupación. No lograba distinguirla. Solo observaba pequeñas criaturas rodeando a los inmensos dragones. No pude soportarlo y bajé la mirada, esperando que al menos pudiese ver más ponis en tierra. Lastimosamente no fue así. Nos habíamos detenido, Snips disparaba su magia con desespero, no solo evitando que los timberwolves se aproximaran, también salvando a otros que seguramente, de no ser por su intervención habrían perecido. Di un vistazo general del entorno; las ruinas de Ponyville eran un campo de batalla atroz y sombrío, muchos de nosotros inmóviles en la tierra, siempre cerca a alguna madera oscura y gruesa. La sangre brillaba intensamente gracias a la noche roja. Gracias a la luna que permanecía a la vista, la tormenta había cubierto todo de nubes, pero dejaba espacio que el astro brillase con extrema intensidad.

-¡Maldición no podemos avanzar!- Night Light Soltó su grito frustrado.

-No solo eso.- Replicó Hooves, señalando al frente, donde un grupo de ponis retrocedía forzadamente, siendo guiados por Sombra. Applebloom no estaba con ellos.

-Esto va a peor…- Traté de calmarme mientras observaba como la jauría de a poco nos rodeaba. -¿Qué haremos ahora?-

-Si no podemos acercarnos, solo hay una forma de atrapar la tormenta.- Sunburst opinó con una extraña emoción.

-Hay que atraerla.- Sunset complementó, parecía meditar en la forma de ver realizado aquel acto. –Para eso necesitamos a Flurry Heart-

Con un nuevo vistazo al cielo la inquietud creciente me hizo dudar de ese plan.

-Si tan solo nos escuchara…-

-Si tan solo nos escuchara…- Sunset repitió mis palabras, como si se hubiese dado cuenta de una obviedad. Luego, posó el casco en su pecho y cerró los ojos, orando con todas sus fuerzas.

Le iba preguntar sobre lo que estaba haciendo, pero antes de que pudiera acercarme sus ojos brillaron con una intensidad estelar. Tal fue mi sorpresa que caí sobre mi lomo, confundida e incrédula.


Scootaloo

El cielo era un vivo escenario de voluntad y energía. Las tres razas danzábamos en una batalla de agilidad y fuerza a partes iguales. La inmensidad de los dragones superaba con creces el número de ponis y grifos. Nos acompañaba una tormenta eléctrica severa, como un espectáculo teatral de algún unicornio artista.

Había llamado la atención de un dragón esmeralda, con escamas tan brillantes que centelleaban al ritmo de los rayos y avivaban sus ojos rojos, perdidos entre la furia y la luna. Un grupo de pegaso me acompañaba en la ofensiva contra la escamosa criatura. Les costaba seguirme, ninguno había utilizado sus alas de manera tan extrema a como lo estaban haciendo, demonios, ni siquiera yo me escapaba del cansacio acumulado por el vuelo desde Griffonstone hasta Ponyville, sin embargo, no era momento para descansar. Llegamos en el momento oportuno para avivar las energías de estos ponis moribundos. Los que ahora luchan con más desespero que valentía. El dragón lanzaba zarpazos como si estuviera cazando moscas. Nuestros golpes eran molestos, pero ninguno asestaba con la fuerza necesaria para derribar a la bestia. Solo se me ocurría una forma de inmovilizarlo, o al menos, crear una pequeña ventaja. Cuando se distrajo con el grupo, me dirigí a su ojo desde un punto ciego. Maniobré como bien me permitía el aire caliente del fuego que exhalaban intermitentemente y golpeé con furia. Eso logró detener sus ataques, sin embargo y, ante la posibilidad de una recuperación pronta, fui hacia el otro globo. De igual forma, desde un punto ciego y con la mayor velocidad que me permitía en esos momentos acerté oportuna. Acto seguido retrocedí y, llamando a los pegaso próximos, les ordené que golpearamos su vientre, esperando dejarlos sin aire e inutilizarlo durante un momento. Me obedecieron y con tal determinación golpeamos las pieles blandas de la criatura. Logramos que descendiera controladamente. Eso nos daría algo de tiempo.

-¡Agrúpense con algunos grifos!- Sugerí –Sus garras y picos son más útiles que nuestros cascos. Primero deben inutilizarlo, luego dejarlo fuera de combate. Eso lo logran si hieren el vientre o perforan las alas. ¡Rápido! No es momento para divagaciones, deben luchar.-

Se dispersaron ágilmente, obedeciendo con lealtad absoluta, sabían lo que estaba en juego. Por mi parte, busqué a la alicornio. Se encontraba batallando con dos dragones; uno rojo y otro de un azul cristalino y alas purpuras, ambos deformados por la magia, gigantes como una casa y feroces como los demás.

La prometida princesa volaba majestuosa entre ellos, evadiendo sus golpes con una fluidez asombrosa, a veces lograba perderse de su visión y golpeaba con su magia. Sin embargo no le daba tiempo para cargar un hechizo í ayudarle, pero antes de que lograse intervenir, Gilda se unió a ese baile aéreo, con una velocidad asombrosa y fuerza implacable. La grifo se convirtió en una molestia para los dos dragones que por un momento apartaron su atención de la otra quien, apenas se vio con la oportunidad se cubrió en un escudo mágico mientras cargaba un hechizo. Para su mala suerte, justo un rayo la golpeó inhabilitando la barrera y distrayéndola el tiempo suficiente para que un tercer reptil se aproximara y tratase de atacarla.

Era mi llamado, volé hacia ella con doble intención, un plan que solo resultaría si me viese y comprendiera la osadía de mi actuar. De frente aceleré, esperando que me viera o que tuviese alguna intuición para darse cuenta de mi presencia.

Lo hizo, justo en el momento indicado, cruzó su mirada con la mía y antes de que nos precipitásemos en un choque inminente, ella cambió de forma brusca su dirección y yo, ataqué el ojo de la criatura, incrustando mi casco tan profundo que la viscosidad y sangre cubrieron la extremidad. Al instante, la princesa lo atacó en el cuello con un rayo que perforo no solo su piel, también las escamas posteriores de la nuca, dando fin a su vida.

Se me acercó con sutileza.

-¡Bien hecho!- Exclamó para inmediatamente retirarse y unirse en el combate con Gilda.

La ruda grifo se las apañaba muy bien en contra de las bestias. El dragón rojo estaba rasguñado y sangrante, víctima de los ataques veloces e imparables. Era cuestión de tiempo antes de que cayera. No me preocupé por ellas, pensé que podían manejarlo. Sin embargo, el resto de pegaso y grifos eran otra cuestión.

La diferencia entre líderes y seguidores era abismal, del mismo modo, los grifos tomaban a los pegaso como un estorbo, y no sin razón. La forma de vida de las hibridas criaturas desde la catástrofe fue enteramente combativa. A demás de vivir tan cerca de la tierra de dragones, estaban rodeados de un bosque mucho más atroz que el Everfree. En comparación, nosotros habíamos sido derrotados completamente. Los poblados distantes y poco comunicados, la necesidad de vivir encerrados y por supuesto, la comodidad de un lugar maso menos estable debilitó a muchos de nosotros; no es que en primera instancia fuésemos una raza guerrera, simplemente no nos adaptamos para manejar estos acontecimientos; a excepción de unos cuantos.

Observé hacia la tierra y logré percatarme de que la situación no era mucho mejor. Algunos ponis se habían reunido en una especie de formación. Sin embargo estaban prácticamente rodeados por los timberwolves. Había otros que luchaban en clara desventaja, apartados de los demás. Me sentí frustrada, no sabía qué hacer. Me necesitaban en el cielo, después de todo soy bastante cercana a los pegaso que decidieron emprender vuelo pero, abajo estaban mis amigas, a punto de caer.

Entonces, observé un brillo. Provenía del grupo de ponis terrestres. Algo extraño ocurrió después de mirar fijamente, era como un susurro, agónico y desesperado.

"Atrae la magia, Flurry Heart."

Escuché algo perturbada.

Flurry Heart, no había ese nombre, pero sabía perfectamente quien era. Era probable que ese susurro no fuese dirigido hacia mí, pero para nuestra suerte o desgracia fui yo quien lo escuchó.

Me dirigí hacia donde estaban las líderes. Parecían haber vencido al dragón rojo. El otro oponía resistencia, con más desespero que furia, estaba en total desventaja, pero algo en esa bestia, en esa forma de luchar en su rostro que, aun consumido por la locura mágica expresaba una resistencia admirable, casi orgullosa.

No duró mucho, Gilda perforó las alas de aquel dragón sin ningún problema, ante eso Flurry Heart dio el golpe final con un rayo mágico, mortal. Habían hecho algo verdaderamente increíble. Fue entonces cuando decidí acercarme, sin darles tiempo para que se ocuparan de otra bestia.

-¡Princesa, Gilda!- Las llamé. –Hay un mensaje urgente de los ponis terrestres.- Gilda bufó.

-No es tiempo para ellos, claramente tenemos los mismos problemas aquí arriba. Los ponis no saben luchar. Mis grifos necesitan ayuda.- La soberbia que acompañó esas palabras fue ofensiva, pero no podía distraerme por ella, necesitaba a la alicornio.

-Princesa, es importante.- Insistí.

-¿Qué ocurre?- Su voz era dulce a pesar de lo agitada que se encontraba.

-Algo…- Medité bien mis palabras.- Sunset requiere algo.-

-Dime qué es, ¡Pronto!- Apuró.

-Necesitamos que atraigas la tormenta hacia la maquina.- Propuse.

Ella observó el objetivo, era amorfo y extraño, inclusive sentía el pecho oprimirse en cuanto caían los rayos que descargaba sobre nosotros.

-Hay un problema.- Mencionó. –No sé cómo atraerla. Si utilizo mi magia quizá la absorba, lo mismo ocurriría si me acerco, puede que actúe como un imán o un pararrayos, pero esa cosa me evaporará.- concluyó con evidente miedo.

Era una situación complicada, no podíamos hacer mucho, inclusive perder el tiempo mientras pensábamos en una solución era mortal. Sinceramente, mi única alternativa en esos momentos era luchar, y esperar a que lográsemos dar vuelta a la batalla pero, aun con eso, la tormenta era lo que más preocupaba.

-Deben aproximarse aún más, maldita sea, debo abandonar el cielo.- Sugirió convencida. –Debes ayudarme. Vamos a acabar con todos los timberwolves de un ataque.-

La miré sorprendida, no tenía idea alguna del interés por las bestias terrestres cuando es más que obvio que el peligro mayor se encuentra en el aire.

-¿Por qué abandonaremos a los otros?-

Ella me miró confundida.

-¡Oh! Tu no estabas cuando organizamos el plan.- Contestó sorprendida. –Solo sígueme, y todo acabará pronto.-

No comprendía muy bien a lo que se refería, sin embargo, asentí con la fe puesta en ella.


Applebloom

No sabía sobre la situación en concreto, me la pasé batallando contra lo que tenía en frente sin descanso, estaba agitada pero quería seguir. Mis cascos a veces perdían fuerza, el sudor inundaba mi pelaje y había perdido el sombrero hace mucho.

Estaba frente un timberwolf, apartado y cauteloso, extraño frente a sus otros familiares de raza. Cargó contra mí en un salto ágil y preciso. Logré esquivar su pisada en descenso, pero un zarpazo póstumo me golpeó con fuerza, levantándome por los aires y haciéndome caer fuertemente contra el suelo lleno de escombros. Observé mi vientre; nada de lo que preocuparse, no había sangre, solo un rasguño sutil que me incomodaba. Me repuse y esperé por una segunda carga, el mismo movimiento; salto y zarpazo, esa vez logré esquivar ambos. Con un movimiento sagaz asesté sobre su mandíbula de madera, logrando desprenderla del resto de la bestia, aquella, con claro enojo envió un segundo golpe, el cual aproveché para utilizar mis patas traseras y atacar su pata de apoyo, destrozándola y haciendo que se viniera abajo. Con la bestia inmovilizada y tendida, pisé fuerte el cráneo de madera, destrozándolo y poniéndole fin a ese encuentro.

Tuve la imperiosa necesidad de relajarme. Respiré profundo un par de veces y luego, observé a mí alrededor. Estaba aislada, entre escombros y madera podrida. Lograba visualizar luchas individuales de algunos ponis a la distancia. Uno de ellos era Snails. Estaba solo, frente a una de las bestias, concretando un duelo que terminó a los pocos segundos. Su magia y fuerza le dieron la ventaja y la victoria.

-Snails.- Me acerqué. –Bien hecho.-

Me miró extrañado, como si no esperara encontrarme.

-Me aparté de la lucha entre los edificios que aún permanecen en pie, desde allí atacaba, pero como vi que los ponis retrocedían busqué a los timberwolves aislados.- Explicó.- Es notoria nuestra desventaja. Deberíamos regresar al refugio, allí nos defenderemos mejor.-

-Tienes razón.-

Galopamos hasta el punto donde se encontraba el grupo de ponis, para su desgracia, los timberwolves estaban a su alrededor, no había manera de que escaparan. Se formaron en un círculo estrecho, con los unicornios atrás y los terrestres resistiendo, era cuestión de tiempo para que sucumbieran.

-Hay que atravesarlos.- Sugerí.

Snails asintió y cargó junto a mí, disparando su magia, distrayendo a algunos e incapacitando a otros. Entramos en el círculo.

Observé una pintura algo incomoda; Snips y sombra estaban agotados de tanto utilizar magia, inclusive el señor Night Light estaba haciendo un esfuerzo para defenderé. Sunset parecía distante, con los ojos en blando, a su lado Sweetie Belle preocupada, junto a la máquina y a Hooves y Sunburst. Era incómodo.

-¡Sweetie!- Llamé. -¿Qué ocurre?-

Al verme logró suspirar de alivio, no mucho a comparación de lo que pude observar.

-Es Sunset, ella… está rara.-

Antes de que lograra acercarme lo suficiente como para cerciorarme de su estado, la unicornio flameante se movió errática y habló.

-Ojalá haya funcionado.- Comentó antes de ubicarse y comprender la situación. –Tiene que actuar rápido.- Tenía una ligera idea a quien se refería. Alcé la mirada, buscando. Pero antes de que pudiera ubicarla, se precipitaba junto a Scootaloo hacia nosotros.

En un explosivo destello y un campo de fuerza insuperable, apartó a las bestias que nos tenían rodeados. La princesa se acercó a Sunset y Sweetie, con su magia cargada y el rostro seco, cansado. Todos lo estábamos.

-Me las llevaré.- Sentenció a la vez que su barrera reducía el tamaño únicamente para albergar a las tres y la máquina.

-¿Qué vas a hacer?- Estaba intrigada por su actuar.

-Acabar con todo.-Dijo sin miramientos, segura de sí misma, como la princesa que era. –Señorita, ayúdame.- Scootaloo se aproximó y volaron juntas, llevándose a las protegidas y dejándonos en una incertidumbre absoluta.

-Applebloom, la princesa nos dio una oportunidad, vamos al refugio.- Snails aulló con cierto desespero. Tenía razón, Flurry había distanciado a las criaturas lo suficiente para que creáramos una vía de escape.

-¡Todos retrocedan! ¡Volvamos al refugio!- Ordené con cierto desespero, nacido de la lucha y el estrés.

-¡Ya escucharon! ¡Retirada!- Sombra secundó la propuesta.

Corrimos a más no poder, algunos fueron alcanzados y otros decidieron quedarse para darnos aunque sea una posibilidad de ingresar. No pude mirar atrás, mis amigas se dirigían en una dirección y yo, en la contraria. Solo deseé que todo saliera bien.


Sunset Shimmer

Había muchas cosas aterrando mi mente; desde la posibilidad de que mi cuerpo no resistiese la carga mágica, hasta cualquier accidente que ocurriese en el proceso. No lograba calmarme, Flurry estaba acercándose osadamente hacia la tormenta mientras nosotras éramos arrastradas por su magia. A su lado Scootaloo, con esa mirada tensa y de placer por la situación. Entonces nos observó.

-No deberías estar asustada.- Comentó mientras me indicaba que observase a mi lado.

Sweetie estaba tensa, pero concentrada. Observaba la máquina, estudiándola, preparándose para activarla en cualquier momento.

-Mete a Sunset en la cabina.- La princesa ordenó. Entonces con un ágil e impecable movimiento dispuso de mi cuerpo y cumplió con su acto.

Me aislé totalmente, no lograba ver nada y estaba demasiado aturdida como para prestar atención a los sonidos. Salvo por un crujir grueso e infernal que me paralizó de miedo hasta que la maquina comenzó a moverse y rechinar. Entonces, observé un fluir de magia que provenía de todas direcciones. Tenía la seguridad de que habían cazado la tormenta, o al menos, parte de ella. Pero tantas cosas podían salir mal. Para empezar, no estaba segura si Sweetie Belle tendría la suficiente fuerza para mantenerse activa hasta el final. En cuanto la princesa, pudo haber perecido tratando de darnos una oportunidad. Pero lo que más me preocupaba, era yo.

No me sentía capaz de manejar toda la magia, hace mucho que había aprendido sobre el ser ególatra y soberbio; sobre ser humilde y sencilla. Al conocer a Twilight comprendí que se necesita mucho más que habilidad con la magia para controlar un gran poder. Mucha más sabiduría de la que rechacé de Celestia y, sobre todo, a no mirar desde arriba a nadie.

Mi cuerpo se calentaba, ardía. Estaba recibiendo toda esa magia y me dolía, gritaba en desespero, trataba de salir de ese encierro, pero me fue imposible. Seguí aullando hasta que el dolor aplacó mi voz y mi conciencia…

Al poco rato, confundida y fresca, me observé en un lugar incierto, casi celestial. Un manto de neblina a mi alrededor mientras las estrellas complementaban la pintura. No había suelo que pisas, sin embargo me apoyaba creyendo que existía uno. Vi algo inusual, siluetas de ponis caminando entre la clara niebla. Traté de llamarlos pero no hacían caso, eran etéreos y taciturnos. Seguí observando, por un momento pensé que había perecido, pero me encontré rodeada de cuatro luces que aparecieron de la nada, flotaban como diminutas estrellas en colores vivos, casi como los cristales nevados que evocaba Flurry Heart. Entonces, una luz propia, desde mi cuerpo hizo su aparición. Bailaba errática y serpenteaba mi cuerpo. Luego, me elevé. Todas esas pequeñas estrellas giraban a mí alrededor, cada vez más rápido y más cerca. Me asusté al ver tal intensidad, tanta cercanía y calidez me abrumaron. Estallé…

Nuevamente, después de una oscuridad perpetua, sentí el peso de mis parpados. Abrí mis ojos solo para observar un pueblo destrozado, un cielo rojo y cientos de miradas confundidas. Una entre tantas, fue reconocible.

-¿Sunset?- Preguntó tímida, agachando su cabeza, se veía mucho más pequeña de lo que recordaba.

-Applebloom ¿Qué pasó?- Mi pregunta la sorprendió, alzó el rostro que dibujaba una expresión confundida.

-¿No… te sientes diferente?- Había una tranquilidad abrumadora en el ambiente pero sus nervios no me permitían apreciarlo.

Estaba confundida, puede que incluso más que ella, pero debía cerciorarme de la situación. Observé al cielo. La misma luna roja lo adornaba. Vi a lo lejos criaturas danzando en el aire, no lograba distinguirlas bien, pero lo que me afanaba, era Flurry Heart.

-¿Dónde está la princesa?- Todos se observaron extrañados. Comenzaron a murmurar, algo que me incomodó. -¿¡Donde está Flurry Heart!?- Callaron de inmediato, ahora con temor retrocedían.

-Sunset, están justo ahí. Tras tu flanco.- Giré inmediatamente y ahí estaba, no solo ella, también Sweetie Belle y Scootaloo. No había rastros de la máquina, mucho menos de…

-¿La tormenta?- Me cuestioné incrédula.

-Ya no está.- Dijo Applebloom acercándose.

Sonreí calma. Acorde a como todos se encontraban, al ambiente y a mi mente.

-Eso es bueno.-Dirigí mi sonrisa a la granjera que me observaba aún extrañada. -¿Qué ocurre?- Ella desvió su mirada hacia Flurry Heart; estaba inconsciente, al igual que las otras dos.

-Te pareces a la princesa.- Murmuró.

-¿Qué? No es cierto, ella es mucho más osada que yo, alegre y…-

-No es eso.- Me interrumpió. – ¡Eres una alicornio!- Aseguró con un grito a media voz.

Una sorpresa tardía viajó por mí ser. Miré las alas, la crin y la cola llameantes ondulaban casi por voluntad propia. Suspiré en cansancio, aquello significaba que todo no estaba resuelto.

-Princesa Flurry. Despierta.- Toqué suavemente su rostro, esperando que reaccionara. Así fue. Se incorporó lenta y perdida, igual a como yo lo había hecho. Me observó con interés, no cargaba sorpresa, más bien un alivio sincero.

-Me alegro que estés bien.- Comentó sencilla mientras trataba de despertar a las otras dos.

-¿Ahora qué harás?- Applebloom continuaba con su intriga. La verdad me era muy difícil responderle, mi intención siempre fue solucionar el problema. Ahora que no había ninguno, no se me ocurría nada. Me quedé en silencio, pensando.

-Creo que primero deberías quitar esa luna roja.- Flurry sugirió. –Es algo perturbadora.-

Asentí ligera, con dudas sobre la manera en que lo haría. Luego, se me ocurrió una idea mejor.

-Si pudiera… naturalizar los ciclos astrales.- Recreé la imagen en mi mente, el comportamiento que tenían tanto el sol y la luna del otro lado del espejo, una vez visualizado, lancé el hechizo hacia el cielo, al instante en que la magia tocó el astro, una noche brillante y estrellada nos cubrió en su manto tenue y azulado. –Ahora solo queda esperar.- Comenté con una sonrisa confiada.

-A lo que me refería…- La granjera volvió a hablar. -…Era que… ¿Qué pasaría con Equestria ahora?- Su pregunta iba encaminada hacía las responsabilidades que seguro esperarían de una gobernante, lastimosamente para ellos, yo no lo era.

-Lo siento…- Dejé escapar como un lamento. –Pero… este ya no es mi hogar.- Comenté.

El rostro de sorpresa e incredulidad a partes iguales ya me lo esperaba.

-¡No puedes hablar enserio!- La voz gruesa y estridente de sombra me alcanzó. –Estos ponis necesitan de alguien quien los guie.- Observó a la princesa. –No es por faltarle al respeto a Flurry Heart, pero le falta aprender y madurar. Además, sin ti no hubiésemos acabado con la tormenta.- Su desespero era notorio, había hablado casi a gritos, realizando ademanes muy amplios y bruscos. Entendía perfectamente, pero esa no era mi responsabilidad.

-Eso no es cierto.- Repliqué. –Tanto usted, como Night Light y Hooves, habrían hecho lo mismo, tarde o temprano.- El unicornio, orgulloso decidió callar y apartar la vista. –Además, Flurry Heart puede aprender mucho de un unicornio como lo es usted, inclusive de la señorita Diamond. Son más indicados que yo.- Estaban más comprensivos ahora, decidí soltar mi último argumento. –Olvidaron que yo inclusive, tengo hecha una vida. Pasé mucho tiempo fuera de Equestria. No es por un capricho, es solo que también, al otro lado, hay quienes me necesitan.-

-Señorita Sunset, hay algo que me preocupa.- Hooves se Intervino. –Precisamente hablamos sobre algunas cosas que afectarían la magia de este mundo, inclusive del de donde proviene. ¿Acaso piensa ignorar todo ello?- El semental estaba en lo cierto. La fuga mágica, y la presencia de esta en mi mundo era un asunto de alta prioridad.

-No.- Respondí confiada. –La mejor forma de evitar una fuga es sellando el lugar por donde se filtra. Eso tengo pensado hacer una vez decida partir.- Aunque el semental lo entendió, algunos tenían una expresión de duda. –La causa de todo esto.- Traté de explicarlo. –Fue debido a que la magia de Equestria se escapaba hacia otro mundo, mi mundo en este caso. Dado que la situación se prolongó por tanto tiempo y ningún se dio cuenta de ello hasta que fue demasiado tarde, veo necesario el sello. Eso quiere decir que no habrá conexión entre Equestria y el otro lado del espejo. Cerraré el portal para siempre.-

-y… ¿Cómo harás eso?- Sweetie Belle quien se había incorporado, preguntó dulcemente.

-Destruyendo los portales.-

-¿Qué pasará con la magia que posees, la de alicornio?- Night Light también expuso su inquietud.

-Ocurre algo extraño una vez se pasa a través del espejo. Los cuerpos de ese otro mundo no están hechos para la magia. Por lo tanto la perderé una vez atraviese el portal.-

-Un momento.- Applebloom replicó. -¿y el día? El sol se alzará de nuevo ¿Cierto?-

-Si. Solo tienen que esperar. El sol y la luna ahora son autónomos.- Reduje la respuesta a favor de una comprensión más inmediata.

-Solo una última cosa.- Sunburst con su titilante y rígido cuerpo se acercó cauteloso.- Los ponis que… ya no están, o al menos los que perecieron hoy ¿Tienen posibilidad de ser salvados?- Su pregunta me origino un cierre inmediato a la garganta. Solo pude ser sincera.

-No…- Suspiré, casi como un fantasma. –De hecho, ni siquiera sé si el hechizo que utilicé con Scootaloo servirá contigo.- Traté de adelantarme a sus interrogantes.

-Descuida, después de tantos años, no me lamento por este cuerpo.-

No hubo más inquietudes después de eso. Sombra habló para que levantaran los cuerpos y así pudiesen enterrarlos debidamente. Entre tanto, los demás nos dirigimos al refugio. No fue sorpresa que todos los que se habían quedado debido a su incapacidad para la lucha me observasen con interés. Nos adentramos nuevamente al laboratorio de Hooves. Ahí estaba el espejo. Rígido y extraño como siempre había sido. Me acerqué cautelosa, preparándome para el siguiente y último paso.

-Adiós a todos.-

Sonrieron de forma muy sutil, algunos estaban satisfechos, otros no tanto. Flurry Heart era la única que se despedía con genuina alegría, casi deseando lo mejor para mí. Una vez dije esas palabras, no volví a mirar atrás. Me adentré con la intención de regresar, y para ello, necesitaba destruir toda conexión con Equestria. Cargué un simple y básico hechizo, lanzándolo a mis espaldas, obligándolo a destruir el marco una vez cruzase. Así estaba planeado. Así fue…

Vislumbré un cielo teñido de rojo, una brisa cálida y mi espalda presionada. Entonces me di cuenta que estaba sobre el suelo. Escuchaba el viento que rozaba mis oídos, estaba tranquilizada. Tanto, que no me percaté de los pasos livianos y tímidos que se aproximaban.

-Directora. ¿Qué hace tirada aquí?- Su tono preocupado y a veces entrometido era inconfundible. No me alerté, solamente la observé desde mi posición.

-Me relajo.- Sonreí jovial. Como si fuese verdad.

Ella sentía algo de incomodidad, lo sabía por sus movimientos inseguros y mirada poco enfocada, que no encontraba objetivo.

-y… ¿Ese libro?- Su pregunta me sorprendió. Levanté mi cabeza, justo bajo mis pies, ahí estaba. El ejemplar con emblema de sol.

Me incorporé y lo tomé delicadamente. Acto seguido observé a la jovencita, estaba curiosa. El brillo de sus ojos tras sus lentes rectangulares delataba su afición.

-Es algo que estoy escribiendo.- Le respondí mientras detallaba el libro con cariño. Abrí sus páginas y la nostalgia me invadió como un sol de amanecer en tierra viva.

-¿Lo va a publicar?- Preguntó curiosa.

Rei, sencilla y calmada. Atraje el libro hasta mi pecho.

-No…-

Ella se había puesto aún más incómoda ante la negativa.

-Bueno… me iré a casa. Adiós directora.- Se despidió vagamente, como si no estuviera segura de partir. Unos pasos después, se devolvió. -¡Casi se me olvida!- Exclamó en iluminación. –Mamá desea reunirse con todas la otra semana. Me pidió el favor que le dijera. También que le dijera, que por favor contestara su celular, hace días estaba tratando de comunicarla.-

-Típico de ella, le gusta tener todo bajo control. Gracias.- Una vez más dio la vuelta y camino lejos del instituto.

Me acerqué a la estatua, una última vez y posé mi mano sobre la cara frontal del pedestal. Como suponía, era sólido y frio. No podía decir que estaba contenta, pero sí aliviada. Antes de apartar mi mano y dirigirme al claustro, deseé con todas mis fuerzas que todo mejorara para ellos. Entonces, como vieja costumbre, abrí el diario y quise escribir.

Fin.


N/A: Si… este es el fin. La verdad, en un principio tenía pensado algo más triste pero eso sería injusto para los personajes. Estoy seguro de que hay varias cosas que puedan disgustar, inclusive aburrir o confundir dado al estilo narrativo que propuse, inclusive para mí. Sin embargo ya tenía planteado el objetivo y la verdad, sus comentarios me ayudaron mucho a terminar esto.

Lamento no ser muy comunicativo con todos. Pero me gustaría agradecer, sinceramente a quienes estuvieron pendientes de cada actualización, dieron su opinión y me ayudaron con observaciones y concejos. Asi que ahí va.

FHix: Me gustan tus historias, tienes una narración bastante amigable y espero que continúes con "Masquerade" e "Identidad robada" Son muy interesantes.

Peter Macingtosh: Tus comentarios y teorías me mantenían atento a que la historia no resultase predecible. Lamento decirte eso, pero me alegro que no hayas acertado.

Espadachin de la luz: Gracias por el apoyo y espero algún día responder a todos tus saludos.

Portassj: Creo que lograste transmitirme esos buenos deseos para no escribir el final triste. La verdad me gusta más este.

Zultanita: Siempre atenta a cada detalle. Espero que no haya ningún cabo suelto y te haya gustado la historia.

Por supuesto gracias a todos los que dedicaron su tiempo en leer esta fantasía.

-Si llegaron hasta aquí, les informo que habrá una pequeña sorpresa para los que sintieron algo insípido en el final-