Giro
Ya basta. Ahora es cuando... de verdad... no puedo seguir escribiendo. Mis manos tiemblan cuando lo hago, al recordar lo que sucedió ese día.
Fueron demasiadas emociones encontradas, fue demasiado repentino... fue... algo que terminó por colapsar el poco autocontrol que me quedaba.
Esto no es algo que deba escribir... nunca fue mi intención convertir mi carta en una novela erótica.
Y menos lo fue, el contarte absolutamente todo lo que sentí por aquellos años perdidos. Algunas cosas debo guardármelas, ¿Sabes?
Además, ¿Qué pensarías si te dijera todo lo que se me cruzó por la mente en ese instante?
En ese momento, por unos cortos e ilusos minutos, pensé que... todo estaría bien. Realmente lo pensé.
Pero supongo que, como siempre, fui una idealista. Si todo hubiese resultado de otra manera, luego de eso, quizás hasta nos estaríamos riendo de estas memorias que ahora inundan mi mente.
Tal vez creas que fue divertido para mí... Que soy una maldita pervertida, y que hice lo que hice solo porque quise. O tal vez pienses que fue poca cosa, y que no tuvo importancia... Algo inocente, un juego.
Bien... No. No fue así. No tienes la más puta idea de cómo resultó todo para mí. No tienes idea del porqué siempre tu presencia me debilitaba. Estoy segura... no lo sabes. Porque si lo supieras... estarías aquí ahora, conmigo.
Todavía guardo cierto rencor por ese día... por ese maldito día que decidiste darme esperanzas.
Pero también entiendo que tengo parte de la culpa. Es decir, ¿Quién en su sano juicio, toma en serio las palabras de alguien notablemente descarrilada? En especial, cuando esas palabras dedicadas, siquiera fueron certeras.
Ja... Solo yo.
Aún así, no tengo derecho de estar destilando tal odio. Soy consciente de que éste es solo una coraza, que encubre la culpabilidad que sentí.
Me refregué la frente, con impaciencia, mientras una leve y triste sonrisa se atrevía a delinear mis labios.
Es un hecho. Parece ser que no eras la única lunática, querida. Yo, claramente, estaba más loca que tú.
Y es probable... que todavía lo esté.
Luego de aquella extraña e incómoda conversación que tuve contigo, todo empeoró. Tu estado en especial.
Tú... no me pediste ayuda de nuevo, ni tampoco que volviera a dormir contigo. Dejaste de pedir completamente por mi persona. No querías que te acompañara más... No me lo dijiste, pero era obvio.
A pesar de tu negativa, yo decidí hacerlo, decidí seguir acompañándote, ignorando aquella parte de mi, que sabía el porqué te estabas alejando... Si, lo sé.
Era por mi culpa, por mi estúpido y precipitado comportamiento. No podía ser otra cosa...
Sin embargo, aunque insistiese, poco tiempo lograba pasar a tu lado, ya que tus padres se encontraban cuidándote a cada momento. Eran como un mural que no me permitía llegar hasta ti.
Mis pies me guiaron, casi desesperados, hasta el templo del aire, al regresar de una aburrida reunión con mi empresa.
-Me pregunto si hoy estará dispuesta a verme...
-¡Asami!
Alcé la mirada de inmediato, al escuchar la voz de tu madre.
-Me alegro que vinieras- caminó hacia mí, con una aliviada mueca plasmada en el rostro- ¿Puedo pedirte un favor?
-Claro.
-Tengo unos asuntos que atender en mi hogar, así que no regresaré hasta pasado mañana, ¿Podrías encargarte de Korra?
Mis ojos se abrieron de par en par, entusiasmados.
Perfecto. Por fin tenía la excusa ideal para cuidarla.
-Sé que es mucho pedir, y que ya has hecho demasiado, pero ella realmente te aprecia y tiene suficiente confianza en ti como para dejarse cuidar.
-¿Ah... si?
Asintió, con un amable gesto acompañándola -Esa chica es una testaruda, pero me imagino que eso ya lo sabes...
Sonreí de lado, dándole la razón.
-Confío en ti, tanto como ella confía en ti- su semblante se entristeció, melancólico -No te dejes llevar por lo que pueda llegar a decir. En este momento está un poco confundida y aturdida.
Aquí la única aturdida... soy yo.
Mis parpados descendieron, con comprensión -Senna, si ese fuera el caso, no estaría aquí, ¿No crees?
Rió por lo bajo, debido a mi comentario -Eres una buena chica. Me alegro que Korra te tenga como amiga.
Como amiga...
-... Nunca fue una persona fácil para adaptarse a la sociedad. Que tú consiguieras llegar hasta ella, es un gran logro.
Mis palabras quedaron selladas. Estaba movilizada. Me sentía realmente orgullosa de que su madre me tuviese tanto aprecio... ¿Por qué será?
Era como si... me gustara que me reconociese.
-Bien, te la encargo- puso la mano en mi hombro, amistosa, para luego retomar sus pasos -Cuida de ella, por favor.
-Lo haré- respondí, observando su ida.
Al detallar que ya se encontraba lo suficientemente lejos, largué un pesado suspiro, un tanto aliviada. Por alguna razón, me incomodaba un poco hablar con su madre. Sentía que debía dejar una buena impresión, y sé que estoy acostumbrada a ello, pero... esto era diferente.
Ser aceptada por la familia de Korra, era de verdad un honor.
Retomé el caminar, sumida en mis pensamientos. Pero el sonido de otros pasos, provocaron que volviese a dirigir la mirada al frente.
-Mako...
-¡Asami!- se apresuró hacia mi -¿Cómo estás? ¿Has venido a verla?
-¿Qué haces aquí?- cuestioné, de una firme manera, ignorando absolutamente su saludo.
Me miró, extrañado -Vine a ver a Korra.
-Oh... ¿Solo eso?
-Sí, ¿Por qué lo preguntas?
Ladeé la cabeza hacia el costado, indiferente -Curiosidad.
Él se inclinó un poco, para quedar a mi altura -¿Te encuentras bien? Te ves un poco... distinta.
Mis labios comenzaron a delinear una irónica mueca -Estoy bien, pero tú... supongo que debes estar ocupado, con el trabajo y todo eso.
-Un poco- sonrió, resignado -. Pero tenía que venir a verla. Es Korra, después de todo. Me preocupa...
Sus palabras me atravesaron, despertando los celos en mi interior.
-Ya no es tu trabajo- musité, sin mirarlo.
-¿Huh?
Ascendí la visión, clavándola de una iracunda manera en él -Ya no es tu trabajo cuidarla, Mako. Déjala en paz.
Pestañeó repetidas veces, claramente, consternado -¿Pero qué dices?
-La verdad- atiné a contestar, retomando los pasos, pasando de largo por su anonadado rostro.
-¿Asami...?
Lo escuché en un eco, pero no me di vuelta. No quería verlo. No obstante, había algo que debía dejarle en claro, si quería evitar su presencia.
-No es necesario que vengas tan seguido, ahora estoy yo para cuidarla- le hablé, de espaldas a él, para luego girarme un poco, y dedicarle una arrogante sonrisa, que terminó por confundirlo.
Mi caminar aceleró, mientras mis puños se cerraban con fuerza. Mierda, realmente me molestaba verlo preocupado por ella. Soy tan infantil.
¿Por qué me hacía sentir tan insegura? Korra ya lo no quería, ¿Cierto?
Mis pasos, me llevaron de forma automática a su habitación. Tomé aire, drenándome de valentía, pero antes de poder girar el picaporte, escuché unos ahogados quejidos, dentro de esta.
Eso solo me condujo a entrar más precipitada, para encontrarme con el Avatar, haciendo unas flexiones diamante.
-¡Korra!- corrí hasta ella, y me agaché a su altura -¿Qué crees que estás haciendo?
-E-Ejercicio- apenas pudo modular, ya que su cuerpo, de repente, se estrelló estrepitosamente contra el suelo.
-¡Tonta!- de inmediato la sostuve, tratando de reincorporarla -¡Sabes que no debes sobre exigirte!
Chocó los dientes, impotente -No puedo quedarme quieta.
Cerré los ojos, con una resignada sonrisa de fondo -Eso no es novedad, pero hasta que recuperes la movilidad de tus piernas, no te exijas, ¿Si?
Bufó, obviando mi preocupación.
-De todos modos- la examiné, curiosa -¿Cómo lograste llegar hasta el suelo?
Su ceño fruncido fue mi triste respuesta. Y eso... solo provocó que mi pecho se apretase con dolor.
-Eres tan... testaruda. Pudiste haberte lastimado- atiné a decir, ayudándola a pararse y sentándola sobre la cama.
-No podría estar peor que ahora, así que no importa.
Me quedé observándola, con un pesar que casi no podía tolerar. Su cabeza había decaído, y sus manos se encontraban fruncidas contra la sábana.
Si tan solo pudiera curarte... si tan solo... pudiese hacerte sonreír.
-¿Qué haces aquí?- inquirió, tomándome desprevenida.
Parpadeé varias veces, nerviosa -He venido a cuidarte.
Su cabeza decayó de nuevo, mientras sus manos, ahora, comenzaban a jugar con ellas mismas -Te dije que no tenías que hacerlo...
-No me importa lo que digas -Tus ojos volvieron a posarse en los míos, debido a mi serio comentario -Yo quiero estar a tu lado.
-¿Por qué?
¿Por qué? Bien... eso es algo que me gustaría confesar, pero no me siento lista para eso. Y creo que tú tampoco lo estás.
Entrecerré los párpados, con cierta impaciencia, para luego volver a abrirlos, capturando tu confundida mirada.
Tenía que mutar este incómodo ambiente, con urgencia.
A propósito, hice un sonido exagerado con la nariz, para luego mirarte de reojo -Tú, a la ducha, ahora- solté, sujetando tu brazo.
-¿Q-Qué crees qué haces? Mi madre es la que me ayuda a bañarme.
Arqueé una ceja, con una picarona sonrisa -Bueno, tu madre no está aquí, así que me haré cargo de ti.
Me acerqué más, y sostuve su cintura, elevándola conmigo.
Su rostro se giró con rapidez hacia mí, totalmente ruborizado.
Linda...
-¡Asami, ni se te ocurra!
Imité su acción, posando la visión en ella -¿Quieres apestar o qué?
-¡No apesto! ... ¿O sí?
Rodé los ojos, de forma burlesca -Solo un poco... veo que el ejercicio realmente te afectó.
-¡¿Huh?! ¡Si solo pude lograr hacer diez abdominales!
Sí... está bien, tenía razón. Yo estaba mintiendo. Pero parte de su rutina diaria era bañarse, su madre me lo encargó, ¿Cómo voy a desobedecer tal... tentadora petición?
-¿Por qué estás sonriendo tan perversamente?- me despertó su voz, provocando que regresara la atención a su insegura mirada, encontrándome con un hermoso y tierno puchero en sus mejillas.
Eso solo resaltó mi entusiasmo.
Le sonreí, con inocencia -Tranquilízate, no voy a violarte o algo así.
Aunque estaría encantada de hacerlo...
Amé detallar como los colores irrumpían sus morenos cachetes.
-¿Q-Qué dices?, Asami... últimamente estás extraña- murmuró, dejándose llevar por mis pasos.
Cerré los ojos apaciblemente, mientras abría la puerta del baño -¿Lo estoy? Me pregunto porqué será...
No pude evitar volver a chocar con sus tímidos ojos. Dios... tenía que controlarme.
Abrí la canilla, llenando la bañera con el agua. Tú me observabas de reojo, sentada sobre el borde de esta, sin hacer comentario alguno.
-¿Lista?- musité, aproximándome hacia ti.
Evitaste mi mirada, como si esta te quemara -Pareces divertirte...
-¿Divertirme?- repetí, con una desolada mueca, mientras mis manos se estacionaban en tu cintura y ascendían lentamente tu remera, rebelando lo hermoso que era tu ser -Solo relájate, Korra.
¿Por qué demonios este diálogo sonaba tan pervertido en mi mente?
-No puedo hacer eso, Asami.
Mi tacto, que ahora se encontraba en el elástico de tu parte inferior, se detuvo.
Ascendí la visión, tropezándome con unos apenados y celestes ojos que trataban de descifrarme.
Tragué saliva con un esfuerzo sobrehumano -Trata de hacerlo. Solo soy yo, korra.
Bajaste el rostro, dudosa -Justamente... porque eres tú, no puedo.
Esta vez, la saliva quedó atragantada en mi garganta, a causa de tu comentario. Mi corazón palpitó con tanta fuerza, que tuve que aspirar el aire a mi alrededor para calmar su precipitado latir.
Vas a matarme...
Obviando sus palabras, comencé a deslizar el pantalón por sus piernas, junto con aquella tela que cubría algo mucho más preciado, hasta quitarle todo por completo.
Las cerraste al instante, temerosa porque mis ojos invadieran tu intimidad. No te culpo por ello... ya que tus miedos se hicieron realidad.
Lo hice con sigilo, pero... lo hice. Contemplé en toda su gloria, tu preciosa y tentadora pureza.
Mi respiración se entrecortó por ello, y con una voluntad demasiado cruel para mi cordura, me incorporé y atajé tu cuerpo de nuevo, ayudándote a adentrarte en la bañera, que ya se encontraba llena.
Ya sumida en el agua, no te dignabas a mirarme, y tampoco a moverte. Parecías perdida en tus pensamientos... en tu debilidad. Así que agarré la esponja que se encontraba a mi lado, levanté tu brazo con delicadeza y empecé a lavarlo, de una devota manera.
Veo que eso captó tu atención, ya que finalmente decidiste hacer contacto conmigo.
-No tienes que hacerlo...
-Quiero hacerlo.
Luego de unos tortuosos segundos de silencio, en los que atinaste a observarme con profundidad, escuché un leve sollozo de tu parte, mientras mis cuidados iban acercándose a tu cuello.
-Odio estar así.
Me detuve de golpe, al oírte.
-... ¿Tanto te molesta mi compañía?
Negaste rápidamente con la cabeza, avergonzada -¡No es eso! Es solo qué... sabes a lo que me refiero.
Mi pecho se oprimió, esta vez con más fuerza. No quería verte así. Deseaba verte radiante de nuevo. Feliz... solo eso quería para ti, felicidad. Aunque yo... no formara parte de ella.
-Korra...- solté la esponja, y mi mano, tentada, se dirigió hasta tu suave cabello, enredándose en él.
Al acariciarlo, te sentí temblar -Te recuperarás, lo prometo.
-¿Cómo puedes saberlo?- susurraste, agobiada.
Solté un suspiro, y me posicioné detrás de la bañera, para tener una mejor posición. Ahora solo podía observarte de espaldas.
-Lo sé- sonreí, deslizando la esponja por tu cuello -eres fuerte, eres el Avatar. Nada puede detenerte, y aunque ahora te parezca que tu sufrimiento no tiene fin, verás como todo se solucionará. Te lo prometo.
Te volteaste, quedando muy cerca de mí ahora, sonrojado semblante. Tu rostro parecía culposo. Arrepentido.
-Perdóname por haberte estado evitando...
Me sorprendí ante tu repentina confesión, hecho que no pasó desapercibido por mi cuerpo, ya que mi otra mano decidió entrar en acción, guiada por tus palabras.
Reí por lo bajo, y sujeté tu mejilla, acariciándola con ternura -¿Me has estado evitando, Avatar?
Te escapaste de mi penetrante mirada, avergonzada -Sabes que si.
Mi corazón se apretaba sin compasión, ansioso por conocer la razón de su alejamiento. Pero... temía escuchar la respuesta. No me sentía lista para tal rechazo.
-¿Y a qué se deben estas honestas palabras?- murmuré, jugueteando con un mechón de tu cabello -¿Me has extrañado?
Sonreíste, tímidamente -Asami, tú eres...
-... ¿Sí?
-... Una gran amiga para mí. No quise alejarte, lo siento. Es solo que... no sé qué me pasa últimamente. Sé que estoy actuando extraño, por eso... perdóname.
Mis parpados descendieron, con desesperanza -¿Amiga, eh?
Noté la curiosidad en tus ojos, al oírme. Y aún más, cuando atiné a sonreír tenuemente.
Tenía que volver a mis cabales. Estaba a punto de quebrarme enfrente de ella.
-¿Qué tal si solo tratas de disfrutar esto?- me animé a pronunciar.
-¿Esto?- repetiste, sin entender.
Con una valentía que no creía poseer, abandoné la esponja y te abracé por detrás, capturando tu cuello. Al no advertir ninguna resistencia de tu parte, reposé el mentón en tu hombro, mientras me perdía en el exquisito aroma que emanaba tu cabello.
-Si... esto, mis mimos.
-Mimos...- pronunciaste con debilidad, dejándote abrazar por mí.
-Si... déjate cuidar al menos por una vez, Korra.
Reíste por lo bajo, con tristeza, y atajaste mis brazos, que ahora se habían atrevido a sumirse en tu cintura -Si, eso haré.
Sorprendida, y complacida por tu respuesta, continué mi tarea. Limpié tu cuerpo, ahora con mis manos, como si fuese oro puro. Porque eso eras para mi... oro. Un preciado tesoro.
Luego de unos minutos, en los que no cesé mi actividad, llegué a escuchar como de tus labios se liberaba un inesperado quejido.
-¿A-Asami...?
-Dime...- contesté, con la consciencia apagada.
-¿No crees que esto no es... n-necesario...?
Mis pupilas saltaron, consternadas, debido a tu comentario, que esta vez, sonó más profundo. De una lenta y aterrorizada manera, descendí la visión, para encontrarme con mis propias manos completamente sumidas sobre tus atributos.
¿Ja? ¿Cuándo pasó? ¿Cómo...?
A pesar de todas las preguntas que formulaba mi atareada mente, no fui capaz de moverme de mi lugar. La situación me estaba superando, extinguiendo mi sensatez de a poco. A esa caótica circunstancia, se le sumó un escalofrío que comenzaba a a recorrerme sin piedad, imposibilitando a mi razón el reaccionar.
Es tan suave...
-S-Solo estoy lavándote- fue lo más inteligente que pude decir.
Otro gimoteo se escapó de tus apetecibles labios, al sentir como mis dedos cruzaban una línea, empezando a desplazarse por tus pechos, de una lenta y circular manera.
Adoré escuchar como tu respiración se entrecortaba, a causa de mis caricias.
-E-Espera...
Mi cuerpo no pudo esperar. Y sin saber de dónde salió tal valor, mis yemas se resbalaron por la espuma, encontrándose con tus sensibilidades, que para mi mayor sorpresa, se mostraban entusiasmadas.
Emití un casi inaudible y placentero jadeo, al percibirlas sobre mi piel.
Dios, yo... estoy perdiendo la cordura.
-Tómalo como un masaje... solo es eso- musité agitada y con la mirada ya, oscurecida.
Aportando a mi enloquecido estado, estiraste tu cabeza hacia atrás, dejándola reposar en mi hombro, provocando que tu húmedo cabello rozase contra mi cuello. El cosquilleo que me recorrió por ello, no se comparó al que me invadió después, al notar tus morenas mejillas ruborizadas, tus ojos fuertemente cerrados, y tu boca entreabierta, solo siendo sostenida por un rastro de saliva que se adhería desde tu labio inferior, hasta el superior.
Mierda, Korra...
Guiada por las sensaciones, apretujé más tus deliciosas vulnerabilidades, juntándolas entre sí, generando que tu espalda se arqueara un poco.
-A-Asami, espera... e-esto es...
-Un masaje... para relajarte...- susurré contra tu oído, estremeciéndote.
Tu rostro, debilitado, cayó de lado, mientras tu respiración se descontrolaba cada vez más, acariciándome.
Escuchar tus graves jadeos, solo provocó que mis dientes chocasen entre ellos, exasperados.
¿Quién iba a decir que la poderosa Avatar iba a ser tan sensible? ¿Y quién iba a decir que yo podía ser tan... insensible?
Mis acciones no tenían perdón. Y sinceramente, ya no lo esperaba. Todo había perdido sentido.
Ella parecía disfrutarlo... Lo estaba haciendo, ¿Verdad?
Meras excusas inundaban mi estúpida mente, solo para justificar mis malditos actos.
Observé con hambruna su desnudo cuello, mordiéndome el labio. Un instinto se apoderó de mí al instante, destruyendo todo mi restante autocontrol.
-Korra...
Comencé a acercarme peligrosamente a su piel, y en un arranque, sellé los labios contra esta, para luego entreabrirlos, y volver a cerrarlos, degustándolo, dejando no solo el rastro de mi oscuro labial en ella, sino también, mi marca personal.
Tu cuerpo saltó al sentirme, tanto, que el agua de la bañera se rebalsó.
-Ko...-
Te reincorporaste de repente, dejándome en suspenso, y con el nerviosismo pendiendo de un hilo.
Oh, por dios... ¡¿Qué hice?!
Para mi pesar, continuabas rígida, dándome la espalda.
-No, no, no, no, no, no... ¡¿Qué puedo decir para arreglar esto?!
El sudor resbaló por mi frente, mientras mi corazón dolía, de tanto que estaba palpitando apresurado contra mi pecho, intentando escapar de él.
-No... no hay forma. ¡No hay nada que pueda decir! Quizás... ¿Disculparme...?
Antes de que pudiese modular esa única e ilógica alternativa, de una exagerada manera, finalmente te volteaste hacia mí, con una gran sonrisa que no veía hacía tiempo.
-¡¿Viste eso?!
Parpadeé varias veces, tratando de centrarme -¿Q-Qué?
-¡Mis pies! ¡Mis pies se movieron por unos segundos!
-¿Huh?
Derivé la visión a donde me señaló, pero estos no se movían.
-Fue solo por unos segundos, ¡Pero lo pude sentir!
Mi comisura tembló, ansiosa, hasta que por fin pude ser capaz de dibujar una sonrisa, al caer en la cuenta de su comentario.
-¡Eso es genial, Korra!- la abracé por detrás, y para mi décima sorpresa, se dejó hundir en mi tacto, cual cachorro, atajando mis brazos.
Comenzó a reír, de una aliviada manera, que también... resultó ser un alivio para mí.
Así que había esperanzas para ella... me alegro tanto.
-¡Creo que tu masaje realmente funcionó!- se dio la vuelta, tomando mis manos y observándome con estrellitas en los ojos.
-¿M-Masaje? Oh... claro- desvié la vista, avergonzada.
¿En serio, Korra? ¿Así de inocente eres? ¿Acaso no te diste cuenta de que estaba a punto de violarte? ¿Tan poco significó para ti?
Asintió felizmente, para luego abrazarse a mi cuerpo, provocando que sus desnudos pechos chocaran con los míos. Perpleja, apresé su húmeda cintura, rogando porque no notase los tormentosos latidos de mi corazón.
-Gracias, Asami...
Esto es el colmo... de verdad, ya no sé que pensar.
Mi ceño se frunció, impaciente -Korra, tú realmente... - sonreí para mi, de una lamentable manera- ... No sabes nada.
El silencio se apoderó de tu habla unos minutos. Quiero suponer que mi comentario te confundió.
Te incorporaste, quedando a escasos centímetros de mi rostro -¿Qué es lo que no sé?
Mis ojos, avergonzados, se clavaron en tus labios, para luego perderse en el suelo, pensativos.
¿Qué podía decir? Ella... estaba recuperando la esperanza, eso es todo lo que importaba. A esta instancia, solo debería agradecer que no se enojó por lo que hice, lo cual, ya era un milagro.
Mis necesidades debían quedar en segundo lugar... si, así tenía que ser.
Así será.
Regresé la visión a tu transparente mirada, y con un esfuerzo, más costoso del que creí, sonreí -Bien hecho, Avatar- acaricié tu cabeza, recibiendo en recompensa un adorable gesto de tu parte -te lo dije, ¿No? Te recuperarás.
Asentiste de nuevo, contenta, mientras yo suspiraba con una extraña mezcla de alegría y tristeza -Ven, ya es hora de salir, no queremos que te resfríes.
La ayudé a pararse, y la envolví con una toalla, mientras la sentaba otra vez en el borde la bañera, y empezaba a secar su cuerpo.
Ella me observaba, de una forma... extraña, titubeante. No lograba adivinar que estaba meditando.
Sus parpados se encontraban entrecerrados, como si disfrutara de mis cuidados. Quizás era mi imaginación, pero juré ver expectación en sus ojos.
Agarré otra toalla a mi lado, y comencé a secar su cabello. Su profunda mirada, y el carmesí color en sus mejillas, me capturaron, mientras proseguía con mi acción. Fue totalmente hipnotizante.
-No tienes que hacerlo, mis brazos aún funcionan...
-Lo sé, pero quiero hacerlo.
-¿Otra vez?
Clavé mis inseguros ojos en ella, confusa -¿Qué?
-¿Quieres hacerlo... otra vez?
Sus brazos, inesperadamente, rodearon mi cintura.
-¿K-Korra?
Hundió la cabeza en mi pecho, ocultando su rostro.
¿Q-Qué está pasando?
-Asami, solo quiero que sepas...- dudó, fortaleciendo el aprecio -...que está bien.
Tragué saliva con rudeza, debido a aquel comentario que no logré entender, pero que por alguna extraña razón, se quedó retumbando en mi mente, perturbándome.
Bajé la mirada, atajando sus hombros -¿Korra, q-qué quieres decir?
Muy lentamente, elevó su rostro y penetró sus profundos ojos en los míos, paralizándome.
-Solo eso, que creo que está bien para mí... esto- aferró el agarre en mi cintura, sacudiendo todo mi lamentable ser.
Sonrojada, me perdí en ella unos eternos instantes, en los que no pude moverme. Estaba conmocionada, y tan... confundida. Sin embargo, una tenue línea dibujándose en sus labios, me despertó.
La contemplé, e incapaz de evitarlo, esta vez fui yo la que la rodeó en un impulso, acurrucándola contra mí.
No entendía nada... en serio, no lo hacía. Pero poco me importaba. Lo único que tenía significado era ese momento... ese perfecto momento.
Quedé estancada en el afrodisíaco aroma de su shampoo, y antes de darme cuenta, mis labios ya se encontraban besando su sedoso cabello, de una devota forma.
-¿De verdad... está bien?- musité, escondiendo el rubor de mis mejillas, en sus mechones.
Percibí como asentía con tranquilidad sobre mi pecho, fortaleciendo la unión -Lo está.
¡Capítulo tres entregado! Muchas gracias por leer, gente linda!
Procedo a contestar los reviews :)
Mud-chan: Gracias por leer! Me alegro que te siga gustando la historia. Muchas gracias por tu apoyo, y espero verte en el próximo capítulo :) Besos!
Chat'de'Lune: jaja! si, Asami esta pasando la peor prueba de su vida, respecto a su autocontrol xD Gracias por leer, y me alegra que te guste el fic! Te leo en el próximo capitulo! Besos!
Aioros: Gracias por leer! Me alegra que te siga gustando! Te leo en el próximo, Besos!
Himari: Gracias por leer! Aguanten los jugueteos, son esenciales para darle sabor a la historia ;) Te leo en el próximo, besos!
Maria: Gracias por leer! Y en efecto, Korra todavía no sabe bien lo que pasa por su propia cabecita. Aunque como ves en este capítulo, alguna idea tiene (? jajaj Besos!
Paulina Doors:Gracias por leer, y por el apoyo! Me alegra mucho que puedas sentir las emociones que trato de plasmar en el fic, en efecto, eso es lo más importante :) Y si, se viene una parte triste... pero no puedo evitarlo, dentro de todo quiero mantenerme fiel a la serie. Te leo en el próximo, besos!
Hinatita94: Gracias por leer! Me alegro que te guste mi forma de escribir :) Te leo en el próximo, entonces! Besos!
Cryp: Gracias por leer! La tensión se va a sentir a lo largo de toda la historia jajaj. Besos!
Luna del Desierto: Gracias por leer! Que bueno que te esté gustando el fic :) ¿En serio? ¿Ni una coma fuera de lugar? Wow, hasta a mi me sorprende no haberme equivocado en eso jaja. Y si, Asami resultó ser medio mano larga jaja. A mi este ship también me enloqueció apenas lo descubrí. Destruyó por completo mi corazón de una cursi manera. Amo la amistad de estas dos, y por supuesto, amé como terminaron juntas :D Te leo el próximo, Besos!
Bodoque-chan: Gracias por leer! Que bueno que te guste! .Ya encargué el comic :D (tenía que hacerlo) ¡No puedo esperar a que llegue! Me estoy comiendo las uñas todos los días jaja. Te leo en el próximo, Besos!
MaryC: Gracias por leer! Me alegra que te esté gustando, y que logres sentir lo que trato de transmitir con los sentimientos de Asami. Te leo en el próximo, entonces! Besos!
Khymns: Gracias por leer! Que bueno que te guste! Y siempre hay una primera vez para todo. Me acuerdo cuando me interné en el mundo de los fanfictions, y dejé mi primer comentario, totalmente exaltada jaja. No voy a ilusionarte, lo prometo! Esta historia todavía tira para más. Te leo en el próximo! Besos!
