Partida

Dicen que después de la tormenta, viene la calma.

Bien... estoy completamente convencida de que ese dicho está, justamente, mal dicho.

Ya que para mí, en realidad fue al revés.

Luego de la calma, vino la tormenta. Una tormenta que terminó por azotar todo. Por destruirlo todo.

Sigo diciéndome a mí misma, que si tan solo hubiese mantenido la distancia, en vez de estar persiguiéndote en el peor momento de tu vida, quizás ahora estarías aquí, conmigo.

Y es que, por mi culpa... Sí, ahora puedo confirmarlo. Por mi culpa, te fuiste.

Aún recuerdo, con escalofríos, tu mirada de aquella noche. Tus desolados y temerosos ojos, inmersos en lágrimas. Tus palabras entrecortadas, tu dolor escapándose de tu habla. Y en especial, la culpabilidad que sentiste por lo que ocasionaste.

Ahora todo... Todo vuelve a mí. La realidad se rebalsa sobre mí, como un gran balde de agua fría.

Pero Korra... Mi querida, Korra. ¡Yo jamás te culpé! ¡Jamás me enojé por lo que sucedió! ¡Poca cosa fue para mí! Entonces... ¿Por qué?

¿Por qué tomaste la salida fácil? ¿Por qué me dejaste sola?

Cerré los ojos, tratando de reprimir el lamento que me atentaba.

- Tú solo... querías protegerme, ¿Cierto?- arrugué el papel en mis manos, impotente.

Aunque conozco esa verdad, aunque trato de hacérsela entender a mi cuadrada razón, aún no puedo evitar enfadarme por tu partida.

Esta... realmente me afectó. Tanto, que como ves, aquí estoy, hace días... intentando escribir una carta que sé, que no será contestada.

No, espera... no es eso. No es tu partida lo que me molestó tanto. Lo que lo hizo, fue tu extensa instancia, que parece ser, que sigues con intenciones de alargar.

Lo siento, yo soy, claramente... una persona inadecuada. Una persona que no te conviene.

Me cuesta mucho entender que te fuiste por mi bien estar, y al mismo tiempo, estoy segura que lo hiciste por eso.

Porque así eres tú, amable, cuidadosa, demasiado para ser verdad.

-¿Lo sabes, no? Sabes que todavía sigo esperándote... -Bajé la mirada, tirando el papel al suelo -Espero que lo sepas...

Como sea, estoy cansada... realmente cansada. Aquí se termina mi relato. No puedo enviar esta carta, no... No lo haré. Ni sé que me poseyó para pensar en enviarla.

Ha pasado mucho tiempo... no sé si recuerdas estas memorias perdidas, no sé si aún sientes lo que yo siento por ti. Sería un milagro si así fuera.

Pero... si por casualidad las recuerdas, si por casualidad algún día te dignas a volver, te lo diré en persona. Te diré todo lo que escribí, todo lo que siento, no me reprimiré más.

Porque en realidad... creo que ya no soy capaz de hacerlo.

Quedé en suspenso, al notar aquellos resplandecientes ojos frente a mí.

¿Por qué? ¿Por qué me estabas viendo de esa manera?

Chocaste los dientes, aferrando tu cabeza con fuerza -V-Vete.

Negué, sin ser capaz de escapar de mi lugar -No...

-¡VETE!

Tragué saliva con rudeza, captando como tu cuerpo no paraba de temblar -¡Korra!- atajé tus hombros -¡Reacciona!

-V-Vete... por favor...- descendiste la mirada, aturdida.

¿Cómo podías ser capaz de pedirme tal cosa? ¿Abandonarte? ¿Dejarte así, sufriendo? Imposible.

-¡No lo haré! ¡No te dejaré sola!- Te abracé, acurrucándote contra mi -Korra, nada malo va a pasar, así que, por fav- ¡Agh!- Emití un grito, al sentir tus uñas clavándose en mi espalda.

-¡D-Déjame en paz!- te revolviste entre mis brazos, de una estrepitosa manera.

Sin embargo, no te solté. No iba a permitir que te perdieras de nuevo. No iba a dejarte sucumbir ante tus miedos.

Me empujaste, con la suficiente fuerza para que cayera hacia atrás, solo quedando apoyada por mis codos.

Te miré, perpleja. Respirabas agitada, y te aferrabas el pecho con ímpetu, como si te costara mantenerte incluso, sentada.

-¡DEJA DE PERSEGUIRME!- gritaste.

Pero lo siguiente que llegué a sentir, no fue solo la vibración de tu voz, sino tu mano, atajando mi cuello. Mi habla quedó atragantada, pasmada, desorbitada.

Frunciste los dedos contra mí, provocando que mi respiración se entrecortara. Tu cuerpo se derrumbó sobre el mío, mientras yo, asustada, atrapaba tus brazos, intentando apartar los tuyos de mi ahora, rojiza piel.

Tu otra mano entró en acción, sumiéndose también en mi -¡¿Quién eres?!

¿Huh? ¡¿Con quién me está confundiendo?!

-¡CONTESTA!- exclamaste, derramando tus lágrimas sobre mi estupefacto semblante.

Me estaba quedando sin aire.

¿Qué mierda estaba pasando? ¿Cómo pudiste pasar de estar a punto de confesarte, a esto? ¡Nada tiene sentido!

Mis propias lágrimas se escaparon, pero no debido a la asfixia, sino a ti. A lo que estabas sintiendo. A la triste situación que nos rodeaba.

Entrecerré los ojos, aún sujetando tus brazos - ¿V-Vas a matarme, Korra?- musité, con dificultad -¿Eso es lo q-que deseas?

Tus labios temblaron, mientras tus resplandecientes ojos, titubeaban, volviendo por escasos segundos, a su celeste color.

-Mátame, entonces- sentencié, aflojando el agarre, dejándote solo con el libre albedrío de compañía.

Pero sé bien... que de libre, en este instante, no tenías nada. Estabas acorralada por la oscuridad que te perseguía.

Llegué a oír como un pequeño sonido de sorpresa, emanaba de ti.

-Soy yo... Korra- murmuré, en un último intento de despertarte.

Pestañeaste repetidas veces, mientras tus emblanquecidos ojos, lentamente, volvían a la normalidad -A-Asami...- modulaste, con debilidad.

Me soltaste de repente. Tosí, dirigiendo la mano a mi cuello, ante la falta de aire que todavía no era capaz de recuperar.

Tú me mirabas, perpleja. No obstante, poco tardaste en volver a enloquecer. Cubriste tu rostro con ambas manos, como si de ese modo pudieses calmar a tu locura, que claramente, estaba por debajo de tu cordura.

-¡M-Mierda!

Tu cabeza era un caos. Quién sabe porqué, quién sabe como llegaste a eso...

Con valor, me atreví a acercarme de nuevo, para luego sujetar tu rostro -Korra, por favor... debes decirme que pasa- murmuré, aún agitada.

-Asami... s-suéltame- modulaste, perdidamente, mientras yo, sin poder tolerar tu dolor, te apresaba entre mis brazos de nuevo, sumiéndote en mí.

-Korra...

Debido a tus estrepitosos movimientos, que no tenías intención de detener, estampé el cuerpo contra el tuyo, tirándote de espaldas hacia la cama.

Negaste con la cabeza, apretando los ojos con fuerza.

-¡Tienes que reaccionar!- Atrapé tus muñecas, que trataban de escapar de mi aprecio, posicionándolas encima de tu cabeza.

-¡Suéltame!

-¡No!

Tus manos, huyendo de las mías, aprisionaron mi espalda, deslizándose por esta con rudeza y rasguñándome en el acto, rasgando la remera que me habías prestado, y que yo atesoré.

Podía sentir la sangre, ardiente, resbalando por mi piel.

Me mordí el labio, conservando el dolor que me proporcionaste, solo dentro de mi ser. Sé bien que no lo estabas haciendo apropósito. Si revelaba mi sufrimiento, estoy segura que enloquecerías todavía más.

-Asami... Asami...- escondiste el rostro, en la curva de mi cuello.

Oh, dios. Su padecimiento traspasaba mi pecho, por no decir, mi cuerpo. No quería verla así, ¿Por qué estaba sucediendo esto? ¿Fue mi culpa?

Sollozaste en el lugar, afligiéndome.

-Korra, tranquila... estoy aquí- acaricié tu cabello, ahogando las lágrimas.

Escuchaba tus inquietantes jadeos, como si algo te impidiese respirar con normalidad. Querías volver, lo sé. Nunca quisiste caer en ese estado. Pero quién sabe porqué... terminaste haciéndolo. Algo viste... algo tuviste que ver para desenfrenarte tanto.

Al percibir que tu respiración, muy lentamente, iba calmándose, me separé un poco de ti.

Mis pupilas saltaron de sus órbitas, al visualizarte. Tu moreno rostro se encontraba rojizo, de tanto llorar. Tu cuerpo temblaba, y tus comisuras igual, como si quisieras modular algo, de lo cual, no eras capaz.

-Korra...

Sujeté tu espalda, y te incorporé un poco. Te perdiste en mis ojos, que te contemplaban preocupados. Deslicé los dedos por tu mejilla, para luego, besar tu frente, de una protectora manera. En consecuencia, los cerraste, abatidos. De estos, se resbalaron tus lágrimas, que aterrizaron en mis hombros.

-Todo estará bien.

Bajaste la cabeza, desganada.

-Asami...- me nombraste, con un hilo de voz, aferrándote de mi -L-Lo siento... lo siento...

Atrapé tu mentón, elevándolo -No te disculpes, tonta- lo aproximé, dejándote a escasos centímetros de mis labios -Estaré bien, mientras tú lo estés.

-P-Pero yo...- tu visión decayó, y cuando lo hizo, tus ojos se abrieron, estupefactos.

-¿Qué pasa?- cuestioné, ya sin saber que esperar de ti.

Sin decir nada, tus manos se resbalaron por mi espalda, notando las cicatrices que dejaste en ellas. Ahogaste un grito al sentirlas, apartándote un poco, asustada.

-¡Perdóname! ... perdóname, y-yo no quise...

No te dejé ir, impulsándote otra vez contra mi -Está bien, Korra...- musité contra tu oído, reafirmando el abrazo.

-Y-Yo te hice eso...

Posé la mirada en tus ojos, encontrándome con estos, inmersos de angustia y culpabilidad.

-Te lastimé...- quitaste los dedos de mi piel, y los miraste. Mi sangre se resbaló por tus yemas. Eso solo sumó a tu estancado estado.

-No te preocupes por eso- traté de apaciguar la situación, sin éxito alguno.

Tu penosa vista, se clavó en mi cuello. Tu otra mano, cautelosa, se acercó a este, y lo rozó, casi con temor.

Entrecerré los párpados ante aquel contacto, que hirvió en mi piel.

-Te lastimé...- repetiste, perdidamente.

Aquella tonada, realmente me preocupó. Lo que menos quería ocasionar, es que te sintieses culpable. Pero eso es lo que estaba ocurriendo, para mi puta suerte.

Con coraje, atajé tu muñeca, y la ascendí hasta la altura de mi rostro, para luego, besar el dorso con devoción -No pasa nada, Korra.

Tus lágrimas se escabulleron de nuevo, alertándome.

-¡¿Por qué le restas importancia?!

Quedé impactada debido a tu inesperada exaltación -Porque...-

-¡Pude haberte matado! ¡¿No lo ves?!- zarandeaste mis hombros, observándome con locura -¡Tú no puedes...!- tus labios se sellaron, mientras tus ojos se oprimían, afligidos -Yo no puedo...

-Korra...- sostuve tus brazos, ya ni sé porqué. Supongo que... me veía venir lo que ibas a decir, y eso me aterraba. Y por supuesto, no iba a aceptarlo. No iba a darte el gusto.

-Fue un accidente, solo eso...- insistí, acercando mi rostro al tuyo, tratando de verte, ya que hacías lo imposible para esquivarme.

Negaste, arrugando las sábanas -Un accidente que pudo matarte...

-No, no hubieses sido capaz.

Regresaste la visión a mí, insegura -No lo sabes.

-Korra...

-Asami, yo...

Mi pecho se oprimió, asustado. El gesto que tenías plantado, me precedía un futuro que no deseaba. Un futuro que siempre temí.

-No puedo...- murmuraste, cabizbaja.

Esas escasas palabras, fueron suficiente para hacer estragos en mi mente. Sé bien a qué te referías. Y no lo iba a permitir... No iba a permitir que te alejaras de mí.

En un impulso, tomé tu rostro entre mis manos, y me aproximé hacia ti, impaciente. Rocé mi frente con la tuya, logrando sentir tu cálido y entrecortado aliento, acariciando mis labios.

-Korra, por favor... ya basta- musité, perdida en tus celestes y opacados ojos.

Estos me observaron, ya sin expresión alguna. Como si estuviesen perdidos en un limbo eterno.

No... no te dejaré ir.

Mis cejas se encorvaron, mientras ya, con la mente apagada, comenzaba a acortar la distancia que restaba, entrecerrando los ojos -Por favor...

Jadeante, desviaste el semblante, esquivándome -No, Asami...- pusiste las manos sobre mi pecho, intentando evitar el contacto.

Obstinada, con un leve movimiento te regresé al frente, obligándote a encararme -¿Por qué? Estabas dispuesta a hacerlo antes...

Lo descendiste, con un pesar que pude percibir -Tú sabes porque.

Apreté la mandíbula, impotente -No me importa lo que suce-

-¡A mí sí me importa!- te liberaste de mi agarre, alterada -¡Me importa tu seguridad, Asami!

-¡Y a mí me importa estar contigo!

La verdad se escapó de mí ser, sorprendiéndote. Ya estaba harta... harta de toda esta puta incógnita. Mi alma gritaba exasperada lo que sentía por ti, y ya no podía acallarla.

Aferré la mano a mi pecho, bajando la cabeza, de una derrotada manera -Eso es lo único que me importa...

Ningún vocablo se escuchó de tu parte. Tu silencio fue mi triste respuesta.

¿Por qué no dices nada? ¿Por qué...?

Te miré de reojo, tratando de encontrar una esperanza, algo... que me dijera que todo volvería a estar bien. Pero nada sucedía, tú no te dignabas a contemplarme. Solo tus lágrimas se animaban a contestarme.

Mi corazón palpitó tanto... tanto... que juré que atravesaría mi pecho. La desesperación comenzaba a apoderarse de mí, no dándome lugar a pensar con claridad. Era obvio que mi sensatez, se estaba extinguiendo.

-No...- musité, con la mirada perdida, negando hacia la nada.

Ascendiste un poco tu desplomado rostro, al oírme tan ida, encontrándote con el mío, en un estado peor que el tuyo.

Con la respiración insanamente apresurada, cerré los puños con fuerza.

No... no lo permitiré.

En un arranque, me abracé a tu cuerpo, impulsándote contra la cama de nuevo, generando que cayeras de espaldas, desconcertada.

-¿A-Asami?- tartamudeaste, al sentir como mis manos apresaban las tuyas, a ambos lados de tu anonadado rostro, inmovilizándote.

Me encontraba perdida. Realmente... perdida. Ya nada me importaba, solo el retenerte, y no importaba el precio a pagar por hacerlo.

No iba a dejarte ir.

-Suéltame...

-No.

-¡Asam-

No pudiste terminar, o mejor dicho, no te dejé terminar. Mis labios, deseosos, apresaron los tuyos con tanta desesperación, que tus palabras quedaron ahogadas.

-A-Asa...

Los entreabrí, asomando mi lengua por ellos, para luego, adentrarla en tu cálida cavidad, que todavía se resistía a mi aprecio.

Emití un grave jadeo, acompañado de una exagerada exhalación, al encontrarme con la tuya, que se mostraba retraída ante mi reacción. La rocé lentamente, notando la suave textura de esta, enredándola, deleitándome con aquel acalorado encuentro.

Tan deliciosa...

Sujeté tu rostro y lo atraje hacia mí, intensificando aquella agónica colisión, que provocó que mi respiración se descompensara.

Los sonidos de nuestros choques, rebotaban en la habitación. No obstante, esa no fue la razón que me hizo perder el control. Lo que generó eso, fue un repentino y placentero gemido que emanaste, dentro de mí.

Todavía sumida en ti, te miré unos segundos, embelesada -Korra...

Tus ojos se encontraban fuertemente cerrados, tus mejillas ruborizadas, y tus manos aferradas con fuerza de la sábana, como si estuvieses comprimiendo todo el sentir en ese agarre.

Ah... no puedo más.

Volví a entreabrirlos, acariciando tu labio inferior, succionándolo, mordiéndolo, degustándolo a mi antojo, como siempre quise hacer.

-Eres hermosa...- susurré contra tu aliento, mezclándolo con el mío.

Mis dedos, exasperados, se enredaron en tu cabello, mientras mi otra mano, tentada, comenzaba a ascender por tu firme vientre, llevándose consigo tu playera.

Trataste de emitir un sonido, pero no te concedí aquella acción. Incliné mi rostro hacia el lado contrario, ahora saboreándote desde otra perspectiva, enmudeciéndote.

Con la excitación en aumento, apegué más el cuerpo contra el tuyo, logrando percibir tus perfectas siluetas debajo de mi, mientras continuaba mi camino por tu abdomen, tropezándome con una gran curva, que me rogaba ser acariciada.

-Asami...- susurraste, escapándote de mi boca -D-Detente...

-No- atrapé tu rostro otra vez, obligándote a regresar a mis labios.

Hipnotizada por ti, mis yemas treparon por aquella deliciosa muralla, topándome con tu vulnerabilidad, que se mostraba entusiasmada, a pesar de tal extraña situación.

Al sentirme, ladeaste un poco el semblante hacia el costado, sonrojada, dejando solo un hilo transparente, conectado entre nuestras bocas -N-No...

Mis labios se resbalaron por los tuyos, para luego, ascender por estos, y besar tus comisuras -Korra...- susurré, apresando con la punta de los dedos, aquella sensibilidad que cada vez se elevaba más.

Cuando percibí esa delicada piel sobre la mía, mi quijada se desprendió un poco. Ya, completamente atontada, me animé a cubrir todo tu pecho con la palma, comenzando a masajearlo en tortuosos círculos.

Jadeante, te estremeciste al apreciarme de tan vulgar manera -A-Asami...

Reforcé el agarre, mientras mis labios seguían apresando los tuyos, con exaltación.

Estaba fuera de mí. No podía controlarme. El miedo de ser abandonada no me dejaba respirar. Y tu cuerpo reaccionando a mis caricias, era la afirmación perfecta para continuar. La excusa ideal.

Tus manos, inesperadamente, se sumieron en mi espalda, impulsándome más contra ti, generando que nuestros pechos chocasen entre sí, acoplándose de una armoniosa manera.

Eso solo terminó por colapsar lo poco que me quedaba de sensatez.

Estas, se adentraron en mi ropa, rozando con las heridas que ocasionaste, y en ese mismo instante, tus lágrimas no se hicieron rogar.

Mi daño te recordaba tu locura pasada.

Ascendí un poco mí ahora, oscurecida mirada, posicionándola en tus inciertos ojos.

-No me evites... Korra.

Volviste tu débil visión a mí, agitada.

-Ni se te ocurra hacerlo- musité, devorando tu boca de nuevo, con hambruna -No podría tolerarlo...

Me deslicé hasta tu mentón, mordisqueándolo, para luego, continuar mi camino, descendiendo por tu cuello, besándolo, lamiéndolo, impregnando todo mi amor en tu ser. Sobre esa sensible piel, entreabrí los labios levemente, y los cerré, una y otra vez, succionándolo con fervor, hasta estar convencida de que mi marca había quedado tatuada en ti.

-Hueles tan bien...

-A-Asami, d-detente...

-Deja de pedírmelo. Sabes que no lo haré.

Si, no lo voy a negar. Estaba siendo llevada solo por mi instinto. No... en realidad, la angustia, fue mi verdadera guía.

-No quiero lastimarte...- murmuraste, elevando el cuello hacia atrás, debido a los apasionados besos que seguía plasmando cada vez más, en tu piel.

-Ya te lo dije... no me importa- ronroneé, sumida en tu torso.

-Asami...

-Solo me importas tú.

Empecé a descender las yemas por tu abdomen, generándote escalofríos. Te sentí temblar. Sabías bien a dónde me dirigía.

-Solo tú...- repetí, perdidamente, observándote con la visión empañada.

-Y a mi...- ahogaste un gemido, al sentirme jugar debajo de tu ombligo -Solo me importas tú, por eso...

-Por eso déjame estar a tu lado...- continué tu frase, descendiendo la mano, y comenzando a sumirme dentro de tu pijama, hasta lograr rozar aquella delicada tela que cubría tu intimidad.

Tus pupilas saltaron de tus órbitas, al percibirme en tal cuidado sitio.

Me mordí el labio, tratando de contener las ganas de arrancártela de un solo movimiento.

Sin esperar un segundo más, ya que eso podría poner en peligro mi vida, empecé a frotar con lentitud aquel acalorado lugar, de arriba hacia abajo, provocando que tu espalda se arqueara. Mi respiración se entrecortó al notar la humedad que te acobijaba.

-Korra...- tu nombre emanó de mis labios de una placentera manera. Eso generó que volvieses tu avergonzada visión a mí.

Sin embargo, tus manos, de repente, atajaron mi muñeca, deteniéndome en seco -P-Por eso... debes parar.

Pestañeé varias veces, con debilidad, entendiendo que aún continuabas contestando las frases de hace unos segundos atrás. No sé porqué, pero tus palabras, me dejaron en suspenso. Quizás fue la forma en que lo dijiste, No... no fue eso.

Te observé de reojo, todavía ensimismada, confirmando que tu habla no tuvo nada que ver, sino la intención en ella.

Tú me mirabas, de una arrepentida manera.

Pero, ¿Por qué? Aquí la única culpable... era yo.

Solo yo...

Te llevé a tales extremos... abusé de ti... lo hice, en un momento tan delicado de tu vida. Te forcé a acompañarme en este apedreado camino de descubrimiento.

Las lágrimas te recorrieron, y al instante, abrí los ojos de par en par, cayendo en la cuenta de mi primitivo comportamiento. Con los nervios y la razón tomando el mando, me reincorporé de inmediato, quedando sentada sobre tu vientre.

Mis ojos, consternados, se hundieron en los tuyos.

¿Qué hice? ¿Cómo pude llegar tan lejos? ¿Qué podía decir, para salvar nuestro vínculo? ¿Y por qué, otra vez, me encontraba en una situación tan descabellante? ¿Por qué... siempre soy yo la que termina perdiendo el control?

-K-Korra... yo...- el sollozo que tenía atragantado, no me dejó continuar. Cubrí mi boca, y me desplomé internamente, ahí mismo, sobre ti -¡P-Perdóname!

No podía más.

Lloré, de una angustiosa forma, mientras por dentro rogaba que toda esa maldita situación se terminase.

Quería retroceder el tiempo, quería volver a empezar. Pero sé... que eso era imposible. Tu rostro me brindó esa respuesta. Esa maldita realidad.

Mi cabeza decayó, desconsolada. No era capaz de volver a mis cabales. Las lágrimas no me abandonaban.

¿Por qué? ¿Por qué todo tuvo que terminar así?

-Asami...

Percibí tu cuerpo reincorporarse, pero no vi venir lo siguiente. Tus brazos, amablemente, me rodearon, sumiéndome en tu pecho.

Entreabrí la boca repetidas veces, tratando de encontrar mi voz perdida, pero no lo conseguí. Por puro instinto, me aferré a tu espalda, y lloré, todo lo que venía conteniendo, sobre ti.

-Perdóname...

Negué sobre tu ser, descompensada. ¿Por qué eras tú la que pedía disculpas? Era yo la que se había dejado llevar... era yo la única culpable.

Ya no podía aguantar más... ya no.

Apoyaste el mentón en mi cabello, y yo, aún perpleja, seguí derrumbándome en ti. Temblaba, debido al llanto que no se atrevía a abandonarme.

Por favor, alguien... algo... ¡Deténgame!

-Soy yo la que quiere llorar, Asami... Lo siento tanto- te aferraste con más fuerza a mi cuerpo, acobijándome.

Deslicé las manos por tu espalda, resignada lo que iba a ocurrir. No quería escucharte. Sabía porqué te estabas disculpando... lo sabía bien.

Tú... me estabas rechazando.

Percibí tus lágrimas, resbalándose por mi hombro.

-Nunca quise que esto terminara así... nunca quise lastimarte.

Me mordí el labio, incapaz de encararte, y menos, responderte, por ende, reforcé el agarre, como si este pudiese evitar lo inevitable.

-Yo solo quería estar contigo, pero...

Tus palabras, siendo pronunciadas de tan abatida manera, me brindaron la suficiente valentía para apartarme. Pero ese coraje duró poco, al vislumbrar el aura de despedida que te rodeaba. Me aterroricé al notarla.

Por favor, no lo digas...

-Pero...- dibujaste una nostálgica sonrisa, destruyendo lo que quedaba de mí.

¡No lo digas!

-No puedo hacerlo.

Mis ojos, ya rojos, se perdieron en el suelo con lentitud. La desesperanza me invadió, impidiéndome reaccionar.

Es todo... ¿Entonces?

-No si eso conlleva lastimarte... no puedo controlarme, Asami. Pude haberte matado... por dios, pude haberlo hecho- cubriste tu rostro, mortificada.

Me estás matando ahora...

Aspiré el aire a mí alrededor, intentando volver a mí. No obstante, era imposible. Lo nuestro... era imposible. Lo peor de todo, es que ahora sabías todo lo que estuve meditando este último tiempo, y eso... me avergonzaba.

-Perdóname...- murmuraste, una y otra vez, sollozando, pero yo ya no te escuchaba. Todo había perdido sentido.

Y lo peor, es que me sentía culpable. Culpable por no ser capaz de separar mis prioridades. Tu recuperación tenía que ser lo primero. Y ahí estaba yo, insistente, tratando de convencerte de que no me abandonaras.

En cambio tú... solo estabas pensando en mi bien estar. Sé que lo hacías, pero para mi... hubiese sido más fácil si tan solo me hubieras dejado acompañarte hasta el final, aunque eso peligrara mi vida.

En un último intento, hablé, ya con la voz tomada.

-No te tengo miedo, Korra... así que...

Negaste con la cabeza, derrumbando aquella última posibilidad, que también era mi esperanza.

-Deberías tenerlo, Asami. Estoy... completamente descarrilada, ¿Acaso no puedes verlo?

Giré el rostro, evitándote. Ya no podía verte. Hacerlo, solo ocasionaba que mis lágrimas siguiesen su infinito recorrido. Mi pecho se apretaba sin compasión. Dolía mucho. Nunca pensé que amar a alguien podría llegar a ser tan doloroso.

Sé que tenías razón, y sé que tenía que entenderlo. Pero... soy demasiado testadura para hacerlo.

Cerré los ojos, intentando encontrar el habla perdida -Perdóname por...

-No te disculpes- alzaste las manos, ruborizada -No hiciste nada malo...

-Lo hice- solté, con una seria tonalidad, y sonriéndote tenuemente, provocando que te achicaras en el lugar.

Soy... lo peor.

-Tus heridas...- te escuché de pronto -Déjame curarlas.

-No- dije, alejándome más. No quería sentirte. Tu tacto me desarmaba.

-Pero...

-Por favor, Korra, no...

Desviaste la mirada, entendiendo mi posición -Está bien...

Me aferré con fuerza de las sábanas, conteniendo mis emociones -Mejor... volveré a mi cuarto.

Tus cejas se encorvaron, demoliéndome -Si, eso es... lo mejor.

Oh. Así que me dejarás ir. Así como si nada... como si nada hubiese pasado.

Con el alma comprimida, me levanté de la cama, anhelando que me detuvieses, pero esas palabras nunca llegaron.

Con un lento caminar, me dirigí hacia la puerta. Pero antes de irme, había algo que tenía que aclararte.

Soy consciente de que iba a sonar totalmente descabellado, pero es lo que sentía... a pesar de todo. No quería que creyeras que solo te deseaba de una carnal forma, porque esa, no era la verdad.

Carraspeé la garganta, como si eso lograra reprimir mi dolor -Korra, vendré mañana para ayudarte- dije, mirándote de reojo.

Tu rostro se elevó hacia mí, perplejo.

-Mañana es la ceremonia de Jinora, ¿Recuerdas?

-Ah... si- bajaste la vista, desconcertada -pero no tienes porqué...

-Vendré- descendí los parpados, desganada -No me alejaré de ti... no lo haré- esquivé tus ojos, con un leve rubor -Aún sigo siendo tu amiga, ¿Cierto?

Si... esa era mi última voluntad, antes de obligarme a olvidarte.

-Siempre...

Sonreí de lado, rogando porque mis lágrimas aguantaran un poco más, hasta llegar a mi habitación.

-Duerme bien, entonces.

Cerré la puerta a mis espaldas, y antes de darme cuenta, ya me había desplomado sobre el suelo, liberando todo mi sufrimiento. Apresé mis propios brazos, acallando un catártico grito.

¿Por qué... tuvo que pasar esto? ¿Por qué no podemos estar juntas?

Golpeé la madera del piso con rudeza, sin poder contenerme. Sin embargo, antes de que un segundo golpe me abrumara, te escuché sollozar, a través de la puerta.

Korra...así que tu también...

Entreabrí los ojos, para luego fruncirlos. Y aún con el dolor recorriéndome, tomé una decisión. Una que cambiaría mi vida para siempre. O mejor dicho, la reforcé.

Después de todo, esa decisión estaba tomada, hace ya mucho tiempo. Yo... iba a permanecer a tu lado, no importase qué. Iba a hacerlo. Te necesitaba, y sé que tú también me necesitabas, aunque lo negaras.

¿La razón de caer tan bajo?

Sonreí para mi, con lástima.

Porque te amo, esa es mi razón.

Decir que dormí mal, me queda corto. No pegué un ojo en toda la noche. No pude dejar de pensar en ti, y en lo que pasó... en lo que te hice. En las sensaciones que sellaste en mí.

Esto ya está agotándome... demasiado.

Como te prometí, a primera hora, me dirigí a tu habitación. Mi puño dudo en tocar la puerta, varias veces. No me daba la cara. ¿Cómo tenía que actuar? ¿Cómo hablarte? No lo sabía... no tenía la más puta idea de cómo volver a ser lo que éramos.

Pero tenía que hacerlo. Yo... aún siendo solo tu amiga, quería permanecer a tu lado. Quería verte sonreír de nuevo.

Finalmente, toqué dos veces, pero la respuesta nunca llegó. Por ende, abrí aquel mural, para encontrarme con tu cuerpo, totalmente tapado por las sábanas.

Mi corazón se apretó con un claro malestar, mientras me acercaba -Korra... despierta.

No te dignaste ni a contestarme.

Con coraje, te destapé y lo que vi, me dejó clavada en el lugar.

Tus ojos se encontraban entreabiertos, sin expresión alguna. Estos, estaban adornados por unas grandes ojeras. Te aferrabas con fuerza de la almohada, como si no quisieses levantarte nunca más.

-Korra...- me agaché, quedando a tu altura -La ceremonia...

Tus pupilas, lentamente se desplazaron, deteniéndose en mí, pero tu estado, no mutó.

-Jinora... hoy es su día- insistí, animándome a acariciar tu cabello, en un intento de despabilarte.

Pestañeaste con debilidad. Parece que volviste al menos un poco, a la realidad.

-Cierto.

Tu voz sonaba más grave que de costumbre. Apagada. Sin emoción.

-Vamos...- atajé tus brazos, incorporándote. El peso de tu cuerpo, parecía muerto.

Tu cabeza cayó de lado, indiferente.

Por dios... estabas peor que nunca. Jamás te había visto tan decaída, y juré que ya había visto todo. Me equivoqué de la peor manera posible. Pero más me equivoqué, al pensar que habías mejorado, al menos un poco.

-Voy a elegir un lindo atuendo para ti- sonreí, con mucho esfuerzo, dejándote apoyada sobre el respaldo de la cama, y redirigiendo mis pasos hacia el armario, comenzando a buscar alguno -Este es perfecto- te lo mostré, pero tu mirada no se inmutó.

Fruncí los labios, conteniendo la impotencia que me irrumpía.

Si tan solo no te hubiese dicho nada. Si tan solo... no hubiera perdido el control. Creo que el lastimarme... terminó por destruirte.

-Vamos, te ayudaré a vestirte.

Sonreíste de lado, de una irónica forma -No tienes que hacerlo...

-Quiero hacerlo- te reincorporé, empezando a quitarte la playera.

-¿Qué es lo que quieres hacer, Asami?

Tu voz sonaba tan perdida. No parecías tú...

No contesté, no valía la pena. Si lo pienso bien, no debí haberme entusiasmado tanto... no contigo en un estado inestable. Kya tenía razón. No tuve el cuidado que me advirtió. Las consecuencias me estaban golpeando.

Aunque no lo creas, en todo el trayecto que tardé en cambiarte, no tuve ni un solo pensamiento depravado.

Y es que... tu rostro no me permitía tenerlo. Tu depresión me estaba desmoronando. No quería verte de nuevo así, y sin embargo, ahí estabas, con los ojos tan apagados, como la vela extinta que yacía en tu mesa de luz.

Comencé a peinarte, con una paciencia infinita. Sin embargo, al correr tus mechones con mi mano, observé una rojiza marca en tu cuello. Mi corazón palpitó con rudeza al notar mi propia pasión, plasmada en ti. Lo cubrí con tu propio pelo, en un intento de que no lo vieras.

Ignorando aquel, no tan pequeño detalle, y tragando saliva con esfuerzo, terminé de peinarte, adornando tu cabello con un preciado broche mío.

Si... quizás era extraño para ti que tratase de actuar con normalidad luego de lo que pasó. Pero, es todo lo que podía hacer para enmendar mi error, a pesar de ser consciente de que tal error jamás se borraría de nuestros recuerdos. Todo había cambiado, y al mismo tiempo, nada.

Porque tú seguías siendo mi amiga, solo eso...

-¡Ahí lo tienes!- solté, tratando de apaciguar el ambiente -Todo listo para una apariencia formal de Avatar. Echa un vistazo- acerqué un pequeño espejo a tu rostro.

Te miraste, inexpresiva, para luego bajar la mirada -Es genial... gracias.

No lo hagas... no me des las gracias con ese rostro tan triste.

-¿Sabes qué?- rodeé la silla de ruedas, para luego agacharme a tu altura -No te presiones, nadie espera que te recuperes tan pronto... ha pasado poco tiempo, después de todo.

Desviaste la mirada, como si mis palabras te quemaran.

-Necesitas tiempo para recuperarte...

Tus ojos solo me indicaron, que mi consuelo había sido en vano. Descendí los míos, insegura.

Había algo que tenía que decirte... además de aquellas palabras.

-Korra...- sujeté tu inerte mano -Quiero que sepas, que a pesar de todo lo que pasó... estoy aquí para lo que necesites. Si deseas hablar en algún momento...- bajé los párpados, nerviosa -... o lo que sea- volví a mirarte. Pero solo conseguí que me ignoraras.

Otra vez, tu calla fue mi triste respuesta.

-Solo... mejor intentemos disfrutar este día, por Jinora.

Te incorporaste un poco, despertando de aquel letargo que te poseía -Tienes razón... está bien. Vamos.

Asentí, levantándome y atajando el mango de la silla. Antes de que mis pasos traspasasen la puerta, tu habla me detuvo, estremeciéndome.

-Asami.

-¿Mh?

-Lamento... todo.

Mi pecho se achicó. Por varios segundos no pude contestar. La situación me estaba sobrepasando.

Con un esfuerzo demasiado cruel para mi gusto, contesté -Soy yo la que lo lamenta, Korra...

Te oí reír por lo bajo, de una angustiosa forma, ocasionando que mi malestar incrementase. Incapaz de contenerme, me agaché un poco y atrapé tu decaído cuello a tus espaldas, abrazándote.

-Perdóname...- musité sobre tu oído, cerrando los ojos con pesar.

Atajaste mis brazos, débilmente -Perdóname tú...

Aquel camino, hacia el lugar dónde se celebraría la ceremonia, fue el más pesado de mi vida.

Sé que lo fue para ti también, en especial, cuando en la entrada de este, tu familia y ciertos acompañantes no dichosos -a los cuales, fulminé con la mirada- te recibieron, dándote las gracias con pena, por todo tu esfuerzo.

Bajé la visión, detallando lo incómoda que estabas, por ende, no tardé en acelerar aquel momento, indicando que debíamos entrar ya.

En toda la ceremonia, estuve atenta de ti... de tus lágrimas, que no pudiste reprimir.

Un nuevo ciclo estaba comenzando en la vida de todos, lo sabías, y también sabias... que iba a comenzar sin ti.

Y yo, por dentro... un mal presentimiento me carcomía. Algo iba a suceder... algo ibas a decirme, luego de que terminara todo. Lo tenías plantado en tu rostro.

Cuando por fin culminó, todos se quedaron festejando en aquel lugar. Obviamente, trataron de incluirte, pero tú no querías formar parte de eso. Ni yo.

Obedeciendo a tu muda petición, te regresé al templo, hasta llegar a tu habitación.

El silencio nos invadió varios minutos... no sabía qué decir. En cambio tú, te encontrabas cabizbaja, resoplando, intentando contener el lamento que seguía agobiándote por dentro.

-Asami...

Tu voz me tomó desprevenida. Me giré hacia ti, ya que antes me encontraba mirando por la ventana, perdidamente.

-Dime.

-Yo...- aferraste con fuerza las manos, contra tus rodillas -Hay algo que debo decirte.

Contuve la respiración, intentando controlar los estrepitosos sonidos de mi corazón.

-Yo...- posaste la mirada en mi, con una tristeza aún mayor que la que vi antes -Volveré a mi hogar.

Mi pecho saltó de su lugar, aterrorizado. Mis labios se entreabrieron, pero no fui capaz de modular nada.

No...

-Debo hacerlo... solo allí podré mejorar.

No... no... Por favor.

Fruncí los labios, tratando de que mi lamento no se liberara.

-Es la última alternativa que me queda. Yo no puedo... así... ya no...

-Korra.

Mis pasos se acercaron a ti. Me seguiste con la mirada, atajando todos mis movimientos.

Te observé, de una triste manera que no pude evitar, para luego, en un impulso, capturar tus mejillas con mis manos -¿Estás segura?

Asentiste, con debilidad, destruyéndome.

-¿Por cuánto tiempo?- susurré. La voz empezaba a abandonarme, y en especial, la fuerza en ella.

Posaste los ojos en el piso, titubeante -Unas semanas... un mes, tal vez.

Mis manos temblaron sobre tu piel, y sé, que lo percibiste.

Choqué los dientes, comenzando a perder la cordura que había recuperado con tanto esfuerzo.

Sin avisar, atajé tu cintura y te levanté en mis brazos.

-O-Oye, ¿Qué haces?

No respondí. Solo atiné a llevarte hasta la cama, y sentarte en ella con delicadeza.

-¿Asami?

Me senté a tu lado y levanté mi decaído rostro, sonriendo con tristeza -Aquí puedo abrazarte mejor...

El tuyo descendió, desconsolado.

-Korra...- sujeté tu mano, aferrándola con cariño -Si eso es lo que deseas... si eso te hará mejorar, yo...

-Lo hará- me cortaste, evitando mis ojos -Creo que Katara podrá ayudarme.

Me mordí el labio, impotente. Así que... yo no podía ayudarla. Supongo que era de esperarse.

-¿Cuándo te irás?- cuestioné, en un murmullo. Estaba a punto de quebrarme.

-Mañana temprano, partiré.

Partiré...

Esa leve, pero impactante palabra quedó resonando en mi cabeza, atormentándome. No quería que te fueras... no sé si iba a ser capaz de tolerarlo.

-¿Puedo ir... contigo?- me animé a preguntar, sujetando tu mano con más fuerza.

Tu profunda mirada, esquivó la mía. Quizás, si me veías, dudarías... o tal vez, eso es lo que quería creer.

Luego de un largo intervalo, en el que contuve la respiración, negaste con la cabeza -Esto es algo que debo hacer sola, lo siento, Asami.

Es todo. Ella se encargó a la perfección de hacer pedazos mis últimos anhelos. No podía aguantar más tal padecimiento.

Te ibas a ir... no iba a poder verte por quién sabe cuánto tiempo. Y sinceramente, pensaba que iba a ser... un largo tiempo.

Solté tu mano, y me giré, ocultando las lágrimas que comenzaban a asomarse por mis ojos, sin mi permiso.

-Asami...

-E-Estoy bien- tapé mi rostro, con una desolada sonrisa de fondo -Me alegro por ti, Korra. Seguramente...- mi habla quedó atragantada, debido al llanto contenido -... Katara podrá ayudarte.

-Asami- sentí tu mano sobre la mía, que se encontraba arrugando con rudeza la sábana -Mírame...

Negué, avergonzada, angustiada... con miles de sentimientos azotándome.

Tus dulces yemas voltearon mi semblante, ahora, inmerso en lágrimas. Sin darme escapatoria, tus celestes ojos apresaron los míos.

Me contemplabas con una angustia mayor a cualquier otra.

-No llores...- limpiaste mi agonía, con el pulgar -Volveré...

Bajé la mirada, apretando la mandíbula -¿Cuándo?

-Pronto... te lo prometo.

Sonreí para mi, de una lamentable forma -No hagas promesas que no podrás cumplir.

-Asami...

-No las necesito- reafirmé, escapando de tu aprecio -sé que no quieres que te acompañe porque...- callé mi habla, arrepentida.

Porque... destruí nuestra amistad.

-No es así- respondiste, como si leyeras mis pensamientos -Asami...- sujetaste mi mano otra vez, llevándola hasta tu rostro, y reposándola en él -No quiero lastimarte, por eso...

-Lo estás haciendo.

-Podría hacerlo aún más si no mejoro...

Silencié mis palabras, ya sin saber que decir para retenerte. Te miré, en un suplica.

-Te dije que no te temo...

-Pero yo si... temo hacerte daño. Temo perder el control. No puedo vivir así...- cerraste los ojos, desesperanzada, aferrándote a mi inerte mano y refregándola contra tu mejilla -No podré perdonarme el volver a lastimarte...

Descendí la cabeza, derrotada. No había forma. No había... una puta forma de detenerte.

-¿Qué te pasó ayer?- solté, sorprendiéndote. Esa duda me estaba consumiendo.

Tu rostro también declinó, pensante -La vi...

-¿A quién?

-A esa chica de mis sueños. Resulta ser que...

-¿Qué?- te detallé, curiosa.

-Ella... era yo.

Parpadeé varias veces, sin entender del todo la explicación -¿Tú?

Asentiste, entrecerrando los ojos -Ella es mi pasado... el que no puedo superar. En ese momento, me congelé. Pensé que tú...- posaste la visión en mi unos segundos, para luego desviarla de nuevo -... eras ella. Me paralicé... tenía miedo.

No supe que responderte. Parecías tan agobiada.

Cubriste tu semblante, con cierta bronca -Estoy tan fuera de mi, Asami... nunca me sentí tan perdida en mi vida.

-Korra...

Abriste los ojos, perturbada, asomándolos entre tus dedos -No puedo permitirme estar así. Soy el Avatar, tengo que mantener el equilibrio en este mundo. Y mírame... ¡Mira mi estado! No puedo hacerlo así.

Abrumada, rocé tu hombro, para luego acariciarlo -No te exijas... no solo eres el Avatar, también eres una persona antes de eso. Mereces tener tu tiempo para recuperarte.

Sonreíste, con sarcasmo -No, antes de ser una persona, soy el Avatar. Eso no puedo cambiarlo. Por eso...- volviste la vista a mí, desplomándome con aquellos apenados ojos.

-Entiendo- emití, antes de que dijeras algo que podría destruirme todavía más -No hace falta que me expliques.

No puedo tolerar más... esto.

Ya sin poder soportar aquella despedida, me incorporé de repente.

-Espera...

Te di la espalda, rogando porque mis lagrimas se detuviesen -Espero que te recuperes... y que vuelvas sana y salva.

-Asami...

-Eso es lo único que deseo...- aspiré aquel desobediente llanto, y claramente, lo notaste -Tengo que irme a una reunión, te veré desp-

-¡Asami!- tu mano atajó mi muñeca, pasmándome.

Con lentitud me volteé hacia ti, dejando entrever el dolor que me irrumpía.

Tus ojos se abrieron de par en par, al contemplarme. Como si fuese en cámara lenta, detallé como tus dientes comenzaban a chocar entre sí, para luego sentir un fuerte tironeo.

Jalaste de mi, tanto, que perdí el equilibrio, cayendo sobre ti.

-¿K-Korra?- traté de alejarme de inmediato, reincorporándome, pero tu cuerpo me siguió al instante, atrapando mi cintura.

Quedé sentada a ahorcajadas de ti, totalmente paralizada.

Tu penetrante mirada se perdió en la mía, antes de poder vislumbrar como tu semblante decidía descansar en mí pecho. Tomé una gran bocanada de aire, al percibirte.

-Asami...

Presioné los ojos, tratando de calmarme. Tu cercanía me enloquecía -¿Q-Qué estás haciendo?

No contestaste, acrecentando mi inquietud.

-Korra, suéltame, por favor.

-Volveré...- murmuraste, casi sin voz. No llegué a escucharte bien.

-¿Qué?

Ascendiste el rostro, creándome escalofríos en el trayecto, ya que este, se refregó por mi torso en la acción.

-Volveré por ti.

Te miré, incrédula -¿Q-Qué?

-Así que... espérame.

No podía contestar, me encontraba conmocionada. No obstante, mi cuerpo si pudo responder, ya que mis brazos se enredaron con fuerza de tu cuello, demostrándote todo el amor que te tenía, solo con ese aprecio.

Sumí los ojos en los tuyos, y en ellos... pude ver, lo que tu habla no podía expresar con libertad. Lo que ninguna de las dos llegó a expresar.

-¿De verdad... lo harás?- deslicé las manos por tu cuello, hasta atrapar tus ruborizadas mejillas.

Asentiste, delineando una tenue sonrisa, que no me dejó muy tranquila que digamos.

-Entiendo si... no quieres esperarme, después de todo, yo...

-¡Te esperaré!- exclamé, acercando peligrosamente mis labios a los tuyos -Te esperaré, Korra.

Te perdiste en mí, ocasionando un big bang en mi delicado corazón.

-¿Por qué?

Ja, maldita Avatar. Sabes la respuesta...

Sonreí de soslayo, acariciando tu sedoso cabello, y deslizándome por él -¿No es obvio el porqué?

Negaste, a pesar de conocer la verdad. Tus manos se situaron en mi cintura, apegándome más a ti -Dímelo...- susurraste, logrando que mis sentidos explotasen.

Hechizada por ti, incliné levemente el rostro, quedando a escasos centímetros de tus labios -Eso es muy simple -atajé tu mentón, elevándolo hacia mi -Eso es porque yo... Te quie-

-¡Korra!

La voz de tu madre provocó que saltásemos en el lugar. Sin embargo, la puerta entreabriéndose, directamente generó que yo cayese de espaldas al suelo, al intentar desprenderme de ti.

-¿Asami, estás bien?- inquirió, asombrada, y alternando la atención entre nosotras.

-L-Lo estoy- respondí, nerviosa, incorporándome torpemente -Solo estaba por llevarla a su silla, y perdí el equilibrio- dije con rapidez, tanto, que intuyo que no se me habrá entendido nada.

-Ya veo- rió un poco, al ver mi patético estado -Korra, Tenzin te está buscando. Quiere hablar contigo antes de que nos vayamos.

Asentiste, titubeante -Ahora voy.

Cerró la puerta, y al instante, ambas largamos un pesado suspiro.

-Eso estuvo cerca...- solté, limpiando mi ropa.

-Sí que lo estuvo. Aunque...

-¿Qué?

Ladeaste el rostro, perdiendo la visión en la nada -Mi madre no haría escándalo por eso... quizás mi padre sí, pero solo porque es un sobre protector.

Mi quijada se desprendió, al atar los hilos de aquellas indirectas frases.

¿Estaba refiriéndose a lo que estaba pensando? Dios, ¿Por qué demonios todo siempre parecía estar tan en el aire? Bien, eso era obvio. No sé porqué me lo estoy preguntando. De alguna manera... terminamos expresándonos más con indirectas o roces, pero nunca llegamos a decir nada certero. Nada directo. Pero, entonces... ¿Hago mal en suponer, que ella me quiere?

Me miraste, detallando mi atontado ser, y alzaste una graciosa ceja -¿Qué?

Negué con las manos, apenada -N-Nada.

Deja de darme esperanzas... más cuando estás a punto de irte.

-Asami...

Cerré los puños, atareada. Toda esta puta situación, no dejaba de confundirme.

-Te llevaré con Tenzin- acoté, sin ser capaz de continuar con esa conversación.

Hiciste un puchero, debido a mis palabras -Pero ibas a decirme algo importante...

Te reincorporé, sentándote sobre la silla -Te lo diré después- sonreí, pero aún así, tu mueca, inmersa de insatisfacción, no cambió.

El día siguió su trayecto, y lamentablemente... no pude verte después de nuestro encuentro. Tus padres no se apartaron de ti, ya que parece ser, que aquella alucinación que habías tenido el día anterior, volvió a apoderarse de ti. Eso solo sumó a mi ansiedad.

Mañana... mañana te irías, ¿Y qué iba a hacer yo? ...Esperarte, por supuesto. Pero temía... que no regresaras a tiempo.

A tiempo de que mi corazón no soportase más tu perdida.

Y hablando del tiempo, este pasa volando, no solo cuando te diviertes, sino también, cuando estás asustada. Y heme aquí, parada frente al barco que te llevará a tu hogar. Mi mente todavía no entendía el peligroso significado de ello.

Lo detallé, para luego pasar la visión a ti, encontrándote cabizbaja. Bolín hablaba contigo, Mako parecía discutir con él, y yo... solo estaba en silencio observándote.

Pero tú, no parecías prestar atención a nada, excepto a tus inmóviles rodillas.

-Gracias, que tierno...- llegué a oírte, viendo como Bolín te entregaba una carta.

Yo... por dentro, estaba a punto de quebrarme. No entraba en mi cabeza que te fueras. No tenía sentido.

Caminé hacia ti, reafirmando una patética idea que iba a plantearte nuevamente, como última opción. Me puse a tu costado, y dudosa, sostuve tus hombros.

-¿Estás segura que no quieres alguna compañía en la tribu del agua del sur?- inquirí, reforzando el agarre, con cierta inseguridad.

Te volteaste hacia mí, dedicándome aquella mirada que tan bien conocía...

-Me encantaría ir contigo...- enfaticé. Pero solo logré que esquivaras mis ojos, y contestaras:

-No, lo aprecio, pero, solo me iré por un par de semanas- no sonaste muy convencida -Un poco tiempo sola... me hará bien.

Descendí la visión, desesperanzada. Bien... me imaginaba que ibas a decir eso, pero tenía que intentarlo.

Y también tenía que... decirte algo, pero no estaba segura de que quisieras escucharlo. Es decir, justo ahora... ¿De qué serviría?

Aunque mi mente le daba vueltas, sin darme cuenta, ya me estaba agachando para quedar a tu altura.

No... este no es el momento... no

Te abracé por detrás, ahogando mi dolor.

¡No! No debo decirlo... no...

-Korra...- susurré contra tu oído, estremeciéndote.

¡No...!

-Te quiero, Korra...

Aquellas palabras que con tanto cuidado guardé, huyeron de mí. Tus ojos se abrieron de par en par, y antes de darnos cuenta, tu padre ya había sumido el mando de la silla, alejándote de nosotros. No tuviste tiempo de responderme. Aunque... para ser sincera, no esperaba una respuesta. Tu brazo se estiró hacia mi, pero de inmediato cayó de nuevo, como si no pudieses alcanzarme.

Como si... te estuvieras dando por vencida.

Te miré, con pesar. El barco comenzaba a navegar, y mi corazón a estancarse. Las lágrimas contenidas se retorcían por ser liberadas.

Alcé la mano y saludé, lo más cuerda que pude. Iba a derrumbarme en cualquier momento, solo rogaba, porque estuvieses lo suficientemente lejos como para no verlo.

Contemplé como me dedicabas una melancólica mirada desde lo alto, desplomando lo poco que quedaba de mí. Sin embargo, algo llamó mi atención, tus labios... entreabriéndose y diciendo algo, que claramente, no llegué a escuchar.

Pero juré leer en las formas que dibujabas, la respuesta a mi confesión.

"Yo también"

Al instante, mi corazón palpitó, entusiasmado y al mismo tiempo, desesperanzado. Un leve sonido se me escapó, llamando la atención de Mako.

-¿Asami?

No contesté, no podía hacerlo. Sabía a la perfección que mi voz tiritaría al hablar. El pánico que venía reprimiendo, empezó a tomar las riendas de mi ser.

Korra... no te vayas. Korra... ¡Korra!

Con el rostro oscurecido, delineé una triste sonrisa. Miré, el ahora, lejano barco, mientras mis lágrimas finalmente, decidían resbalarse por mis mejillas.

De pronto, sentí un fuerte brazo atajando mis hombros. Eso solo generó que girase el semblante, evitándo el contacto.

-Nosotros también la extrañaremos...- oí en un eco, a Mako.

No... no tanto como yo.

Irónicamente, es en estos momentos de separación, cuando la mente siempre decide recordar los buenos tiempos con aquella persona especial. Y así fue, imágenes de ella me venían a cántaros, provocando que mi sollozo aumentara.

Sus hermosos ojos, su juguetona sonrisa... su amable corazón.

Cubrí mi boca y ya, sin poder más, caí de rodillas al suelo, regalándole todo mi dolor. Mis dedos se aferraron con ímpetu a este, mientras mis dientes no tardaban en chocar entre sí.

No debía llorar... lo que tenía que hacer era esperarla y velar por su seguridad. Ese era mi trabajo.

Pero... ¡Pero!

-¿Estás bien?- me cuestionó, Bolin, poniéndose a mi altura, y reposando la mano en mi espalda, que solo atinaba a vibrar estrepitosamente.

Desganada, sonreí de lado, aún con el dolor acompañándome.

-Sí, lo estaré. Yo... pase lo que pase...- entrecerré los ojos, detallando como mis lágrimas caían al vacío.

Te esperaré.


¡Capítulo 5 entregado! Ahora empieza una nueva etapa en la historia :) Perdón por todo el melodrama, pero era necesario (?

¿Vieron los últimos spoilers del comic que se filtraron? ¿LO VIERON? Grité cuando lo vi, de verdad. Aturdí a la pobre persona que estaba al lado mio. DEOSSS, ¡NECESITO ESE COMIC!

Volviendo a la normalidad, paso a contestar los reviews. ¡Gracias por leer, gente linda!

dark-dragonblack17: ¡Gracias por leer! Que alegría que ames el fic, eso me hace muy feliz :) Te leo en el próximo, besos!

Chat'de'Lune: ¡Gracias por leer, como siempre! "insertar improperios y lenguaje soez" jajaja tus comentarios siempre me estallan xD. Y sí, Korra está más allá de la cordura, lamentablemente jaja. Te leo en el próximo, besos!

xCutterx93: ¡Gracias por leer! Que bueno que te guste como voy llevando la historia, espero leerte en el próximo capítulo, entonces! besos!

Luna del Desierto: ¡Gracias por leer! y sí, fue completamente adrede ese cambio de clima. Era necesario :p Gracias por tu apoyo, y te leo en el próximo, besos!

Luu7: ¡Gracias por leer! Sí, soy mujer, ¡Voilà! Seguí tu consejo, claramente, porque este capitulo sí se me fue de las manos, respecto a la longitud jaja. Espero no haber destruido tanto tu corazón. A esta historia todavía le queda un poco más, así que espero leerte en el próximo, besos!

Maria: ¡Gracias por leer, y por el apoyo! ¡Que bueno que te siga gustando! Te leo en el próximo, besos!

Guest: ¡Gracias por leer! ¡Genial que te siga gustando! Te leo en el próximo, besos!

Bodoque-chan: ¡Gracias por leer! ¡Que bueno que te siga gustando! Y no jodés con las preguntas, para eso estoy :) Supongo que la "mínima" modificación que hice te va a gustar jaja. Te leo en el próximo, besos!

Kykyo-chan: ¡Gracias por leer! ¡Recomponé tu corazoncito, que todavía falta para que termine esto! Te leo en el próximo, besos!

Khymns: ¡Gracias por leer! JAJAJAJ me sigo riendo con tu comentario: Fracasado siempre. Tranquilo, me paso millooones de veces comentar en el capítulo que no iba xD. ¡Que bueno que te siga gustando! Te leo en el próximo, besos!

Cryp: ¡Gracias por leer! Bueno, si, algo empeoró, ¡Pero la historia todavía sigue! Te leo en el próximo, besos!

MaryC: ¡Gracias por leer! ¿Qué me inspira? ¿Por qué empecé a escribir? mmmm, buenas preguntas. Dejáme recordar... empecé a escribir cuando era muy chiquita, por pura diversión, el arte en sí, siempre me gusto. Y lo que me inspira... uff... muchas cosas. Depende el momento de mi vida, lo que vea, lo que sienta, lo que escuche (la música es suuuper importante para inspirarme, siempre estoy escuchando algo cuando escribo) Y creo que lo que más me inspira es justamente, la serie a la que le dedico el fic. Los momentos, lo que no se vio, lo que pudo pasar, no sé, todo aparece en mi cabeza de la nada, y no puedo evitar plasmarlo jaja. También, tengo una gran tendencia a exagerar las personalidades, lo cual se ve reflejado en esta historia. Simplemente pienso como podrían llegar a ser en "tal y tal situación", como llevarlas al límite, y termino exagerándolo "un poco" jaja. En el caso de este fic, al ver la serie de Korra, me pareció muy profunda, y también me pareció que faltaban cosas por profundizar, que obviamente, no se pudieron hacer (nickelodeon aguantó bastante) cada vez que noto que faltó alguna parte (tipo un vacío) que sentí que algo se pudo haber hecho y no se hizo ¡Pum! nace la inspiración, algo así es (? Quizás es muy vaga mi respuesta, pero es tan profundo que no sé explicarlo bien en palabras (si, la escritora no puede explicarlo jaja así de profesional soy (?) Me alegra que te siga gustando, y te leo en el próximo, entonces, besos!

hinatita94: ¡Gracias por leer! ¡Que copado que estés leyendo Alive, también! Lee tranquila, porque todavía no la terminé, me falta un poquito todavía jaja. Me alegra que te gusten ambas, y espero leerte en el próximo, besos!

nekoreader1221: ¡Gracias por leer! ¡No te infartes, ya aparecí! jaja. ¡Que bueno que te haya gustado! Te leo en el próximo, besos!

Aioros: ¡Gracias por leer! Y muchas gracias también por las felicitaciones :) Te leo en el próximo, besos!