«Solo recordamos lo que nunca sucedió»
—Carlos Ruiz Zafón, Marina.
Coincidir
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En ocasiones Midoriya se despierta con la sensación de que ha olvidado algo en la cabeza. No sabe lo que está olvidando, pero sabe que si duerme, lo puede recordar entre sueños.
Son imágenes lejanas y nebulosas, quizá de otra vida o de otros mundos. Sueños vivos, como si fueran recuerdos burbujeando en su cabeza, que bullen como agua hirviendo tratando de salir; En ellos, se ve a sí mismo como un héroe, salvando personas en peligro y luchando contra el mal, protegiendo al mundo de las sombras ocultas en los callejones, pero no está solo; en sus vagos recuerdos de ensueño siempre hay alguien que lo acompaña, que es una constante en escenarios que fácilmente pueden cambiar. Se trata de un joven de apariencia extravagante, que aparece siempre en su ayuda como un ángel guardián.
Uno de esos sueños es tan recurrente que lo conoce como a la palma de su mano.
En el sueño se ve a sí mismo cubierto de heridas: rasguños y raspones en su rostro, hematomas en los brazos, lleva la ropa rasgada, el cuerpo pesado y adolorido. La respiración se le hace difícil, está cansado, y todo duele, pero sigue en pie. No lo siente. La adrenalina se encarga de mantenerlo consciente, de sosegar el dolor. El olor a muerte y polvo está en el aire, y la destrucción se extiende hasta donde alcanza la vista. Ha terminado con los villanos, y eso lo hace sonreír; en el momento se siente fuerte, invencible y magnánimo. La amenaza latente que en su momento representaron aquellas retorcidas personas llamadas villanos parece esfumarse con el viento.
Midoriya se da la vuelta, feliz, buscando algo entre la multitud que comienza a salir de sus escondrijos y los escombros...a alguien.
Y entonces, de entre la gente, lo ve.
Es él, a quien buscaba, y está tirado en el suelo, sangrando, con raspones en la cara, y con una herida abierta al costado. Apenas se mantiene despierto. Y él, en su realidad, no sabe quién es (no sabe su nombre, de dónde vino o qué significa para sí mismo,o al menos, es incapaz de recordar), sólo sabe que verlo así lo hace entrar en pánico, le provoca un latigazo aletargado de un dolor profundo y desconocido, y su sonrisa desaparece al tiempo que corre a su encuentro a todo lo que le dan las piernas, débiles y cansadas por la batalla. Cuando se acerca, se arrodilla a su lado y rebusca entre sus herramientas algo, lo que sea, para poder ayudarlo, sintiendo como la desesperación lo consume como el fuego consume todo lo que toca, sin embargo, el hombre frente a él lo detiene tomando su mano y sonríe, es una de esas sonrisas que desatan sensaciones en el cuerpo; cálida, amable, que le dice «quédate conmigo un rato, el tiempo que me queda» sin decir nada de verdad. Él tiene el rostro perfilado, medio magullado por los golpes de la dura batalla, y los rasgos endurecidos por el peso de su profesión, pero sus ojos brillan sin miedo, como si la guadaña de la muerte no estuviera tan peligrosamente cerca. Los ojos del muchacho son hermosos y lo observan, es difícil para él mantenerlos abiertos, pero aún así lo escrutan ferozmente, como si no hubiera nada más en el mundo qué ver excepto él. Midoriya le sonríe de vuelta y le acaricia las finas hebras de cabello con ternura con la mano que no está sosteniendo la ajena, y le susurra al oído que está bien, que va estar bien, más para sí mismo que para el otro, mientras observa como se le escapa la vida por los labios.
—Shouto — gime, en una súplica callada para que luche, para que no se deje ir. De pronto sus propias manos se sienten trémulas y demasiado pequeñas para las de Shouto — Resiste un poco, estarás bien, Shouto, iremos a casa — pero él sabe que no es así, lo siente en una corazonada que le palpita en el pecho.
Siempre sucede lo mismo. Ha visto ese sueño repetirse una y otra vez.
Lo ve abrir los labios amoratados, tratando de respirar y hablar al mismo tiempo lo mejor que puede. Shouto le acaricia el rostro cubierto de raspones y le dice, en la voz más tranquila que puede haber escuchado jamás.
— Nos veremos de nuevo — Y entonces el brillo de sus ojos de opaca, y poco a poco los cierra de nuevo. Él se inclina y lo besa en los labios púrpuras tan suave como puede, tanto como puede porque es cuestión de tiempo, y a Shouto lo que le falta es eso. Tiempo. Ya no hay tiempo.
A Shouto le mana demasiada sangre de la herida a su costado, y al tocar su mejilla, reconoce el característico tacto helado y sabe que Shouto ya no puede regular su temperatura.
Deku chilla un gemido agudo y adolorido del más desolador terror que conserva aún después de años siendo héroe: el miedo a perder a quienes ama.
Se escuchan las sirenas de las ambulancias y las patrullas acercándose a lo lejos, más cerca a cada segundo, pero nada de eso importa. Lo único que tiene claro es que lo está perdiendo y no hay manera en que lo deje ir.
—Es curioso— dice Shouto, con el dolor de seguir con vida reflejado en su voz. — Nunca creí que tú, de todas las personas, tendrías que verme así.— y él se aferra al cuerpo magullado del otro, hecho un desastre de lágrimas y sonrisas tristes.
—Ciertamente, yo soy más imprudente...esto no debería estar pasando, es mi culpa, lo siento tanto.
—No lo es, Izuku. No es tu culpa.
El recuerdo se vuelve más nebuloso entonces, termina desvaneciéndose de a poco mientras un te amo muere lentamente sobre sus labios.
Y entonces despierta, lagrimeando sin saber por qué, sin recordar absolutamente nada sobre lo que acaba de ver. Sin embargo sabe que volvió a tener el mismo sueño, porque de nuevo se ha despertado con un vacío en el pecho y la sensación de que se está perdiendo de algo importante. Ahora Midoriya duerme sobre una cama suave, recordando lo que fue, pero que no sabe qué sucedió.
Izuku rueda sobre la cama hasta que siente un bulto cubierto de sábanas sobre la misma y lo abraza. Entonces deja que le salgan las lágrimas a borbotones gruesos sobre la calidez de otro cuerpo.
La montaña de cobijas se mueve e Izuku sabe que lo despertó.
— ¿Izuku? —su voz es tranquila y familiar, y es un sedante natural para sus nervios.— ¿Tuviste un mal sueño de nuevo?
Izuku asiente, ambos se incorporan en la cama y hablan bajito en el silencio taciturno de pasada la medianoche.
— Aún no logro recordar de qué se trata, solo sé que es triste, ¿Sabes? — dice, mirando a su pareja con cariño, feliz de sentirlo cerca.
— Quizá deberías consultarlo con un psicólogo, tal vez es importante.— murmura Shouto, mientras acaricia las mejillas de Izuku. Él cierra los ojos, disfrutando el tacto cálido contra su piel.
—No, probablemente sea solo un recuerdo de...—lo sopesa antes de decirlo, saboreando las palabras.— otra vida.— y sonríe, restándole importancia. Fingiendo que no acaba de decir algo realmente extraño.
—Es una manera muy particular de ver las pesadillas la tuya, eh. — Shouto le sonríe también, una sonrisa más pequeña y relajada, le pellizca la parte más regordeta de sus mejillas y le besa la frente tan suavemente como alas de mariposa.— Volvamos a dormir.
—¿Ahora? — replica Izuku, haciendo un mohín.— Quiero atención ahora.— dice, tirándosele encima y envolviéndolo en un abrazo.— Tuve un mal sueño, se supone que esta es la parte donde me mimas y dices que todo está bien, Shouto, ya habíamos practicado.— bromea Izuku con malicia estudiada.
Shouto lo mira con severidad un momento antes de enredar sus brazos sobre la breve cintura de Midoriya.
—Todo está bien.—dice, besando sus labios con cariño, acariciando su espalda sobre la tela del pijama. Izuku, a cambio, ríe sobre sus labios, con las mejillas calentitas.
—Lo sé.— Midoriya se hace un hueco en el pecho de Todoroki, se recarga sobre él y se siente bien al escuchar los latidos acompasados de Shouto que seguramente van a la par de los suyos. Se siente bien, porque lo siente vivo y cálido bajo su cuerpo, nítido porque es real, porque sabe que incluso cuando los sueños vengan y los recuerdos sean dolorosos, va a despertar a su lado.— No te lo había dicho, Shouto, pero la última vez que pasó esto busqué por ahí los motivos y lo de que son recuerdos de otra vida podría ser verdad, en serio, quizá es algo sobre nuestra vida pasada.—dijo, con la emoción destilando en sus palabras.— Empecé a tener los sueños cuando nos conocimos, Shouto, probablemente en nuestra vida pasada nos conocimos y nos casamos y tuvimos veinte hijos y de eso se tratan los sueños.
—Mm — Todoroki no dijo más, tan solo se limitó a escuchar mientras acariciaba la espalda de Midoriya con cuidado.
—Sería sorprendente que fuera verdad, ¿No lo crees? Que a pesar de haber tantos mundos y tanto espacio, volviéramos a coincidir. — Izuku sonríe una vez más.
—No, creo que tiene sentido.—dice Shouto en respuesta.— Seguramente, en otra vida, te volvería a buscar. Inconscientemente.
—Oh, ¿Nos estamos poniendo románticos, Shouto?
—Tal vez, dime tú.
Midoriya sopesa las palabras de Todoroki y se abraza con más fuerza al pecho del contrario.
Le agrada ese ambiente de tranquilidad cuando charlan por la noche, cuando se abrazan y se besan sin razón, cuando dicen cosas cursis al oído del otro y hablan tonterías hasta quedarse dormidos.
—Shouto —lo llama, con el corazón en calma y en paz, porque están juntos y no hay nada en el mundo que lo tranquilice más que su compañía.
— ¿Sí?
Y Midoriya lo saborea antes de decirlo, con la voz clara y cariñosa, lleno de una felicidad desbordante y despreocupación infinita, porque aunque estuvieran en otro mundo, en otro tiempo u otro espacio, sabe que volverían a coincidir, después de todo, y aunque no lo sabe con certeza, ya lo hicieron una vez.
— Te quiero —
Nota de autor: Bueno, esta es la segunda entrega que hice para la TodoDeku Week del 2017. Le hice algunos cambios, pero en realidad fueron muy nimios. ¡Espero que hayan disfrutado la lectura!
