Me gustas
Apreté con más fuerza tu mentón, paralizándote. Tu extrañada mirada me indicaba que no podías creer que tal temperamento proviniera de mí.
-Dime, Korra... ¿Quieres que te muestre?
-¿A-Asami?
Acerqué más mi rostro al tuyo, casi llegando a rozar tus labios -¿No querías decirme algo? ¿Te estás echando atrás?- solté, sonriendo con una clara seguridad. Pero por supuesto, por dentro estaba aterrada.
-¡No es eso!- atajaste mi brazo, tomándome por sorpresa -¡Asami, yo nunca quise...- tu habla se detuvo de repente, impacientándome.
Ladeaste el rostro en dirección hacia el baño, ya que un estrepitoso sonido, como si fuera un golpe, provino de este -¿Qué fue eso?
Fruncí el ceño, girándote de nuevo hacia mí -Ni se te ocurra.
-¿H-Huh?
-Escapar.
No lo iba a permitir... No iba a permitir que me dejaras de nuevo con las palabras pagando.
-Siempre hay algo entre nosotras... siempre hay algo más importante que lo nuestro- descendí un poco la mirada, incapaz de evitar que la tristeza no me agobiara -No permitiré que lo hagas de nuevo.
Pestañeaste reiteradas veces, como si no entendieras el concepto de mi frase -¿De qué hablas?
Choqué los dientes, furiosa. Tu maldita inocencia me estaba colmando la paciencia.
-¡De que siempre me dejas atrás!- atrapé esta vez con ambas manos, tu perplejo semblante -¡Siempre hay algo más importante que yo!
Tus ojos me debilitaban. En ellos podía ver mi propio reflejo fuera de sí y además toda la desesperación que te inundaba. Desesperación por entenderme, o quizás... por hacerme entrar en razón.
-¡No se trata de eso!- sujetaste mis brazos, insistente -¡Pero parece que hay problem-
-¡No me interesa!- exploté, estampando la mano a tu costado, impidiendo tu huida -No te dejaré ir, Korra. Te lo advierto... Esta es tu única oportunidad para explicarme todo.
-A-Asami...
-Tú empezaste esto, termínalo- sentencié, con la frente arrugada y tomando tu cintura, como si de esa manera pudiese evitar que te escaparas.
Cerraste los puños. Te estaba acorralando en más de un sentido.
-¡Pero Mako...
-No me importa- aferré el agarre, acortando la distancia -Mejor empieza a hablar, Korra. Y ni se te ocurra tratar de zafarte de mi...- aproximé mi rostro al tuyo, encarándote -... porque se me ocurren otros métodos no tan amables para impedir que te vayas- te sonreí, desorientándote.
Tus mejillas no tardaron en enrojecerse, enloqueciendo a mi visión. La tuya, en comparación de la mía, decayó.
-¿Qué es lo que quieres que diga, Asami?
Tu... extraña tonalidad provocó que mi corazón me golpeara, asustado.
-¿Quieres que te cuente como todas las noches lloré por ti? ¿Cómo quería que realmente vinieras conmigo? ¿Cómo me golpeaba la cabeza contra la pared al pensar que quizás podrías estar con otra persona?
Mi quijada se desprendió. No me esperaba eso.
Aspirando el aire con fuerza, elevaste la vista. Tu ceño se encontraba tan fruncido, que juré que ibas a evocar alguno de tus controles para apartarme.
-¡¿Quieres que te diga lo mucho que sufrí por ti?!- atajaste mis muñecas, estancándome por unos segundos.
Sin embargo, no podía permitirme perder esta batalla. Me solté de tu agarre, frustrada -¡¿Crees que fuiste la única?! ¿Qué hay de mí? ¡Te esperé todo este tiempo, y siquiera fuiste capaz de mandarme más de una puta carta!
Desviaste la mirada, mordiéndote el labio -Eso fue porque... no sabía que decirte, estaba muy confundida. Temía preocuparte más...
-¿Más?- sonreí de lado, con un obvio sarcasmo -¿Pensaste que me iba a preocupar menos si no sabía nada de ti? ¿Si no sabía si estabas viva o muerta? ¿Si no sabía si lo que sentías por mi era verdadero? Oh, Korra... pero que considerada fuiste...
Tus ojos se fruncieron y tus lágrimas empezaron a asomarse por ellos. Por como apretabas los parpados... parecía que querías contenerlas. Entreabriste los labios para decir algo, pero solo un pequeño sonido ahogado se escuchó.
No me importó tu estado. Iba a continuar... iba a decirte todas las palabras que me tragué estos últimos tres años. No ibas a convencerme con tu llanto.
-¿Y qué hay con eso de solo avisarle a Tenzin que vendrías, y luego desaparecer? ¿También era para no preocuparme?
-Y-Yo...
-Me impresiona tu amabilidad, Korra... - deslicé la mano por tu cuello, estremeciéndote, para luego atrapar tu deliciosa nuca y acercarte hacia mi -¿Sabes? Esa es la parte que más me gusta de ti... tu querida amabilidad- delineé una irónica sonrisa. Tu sollozo solo incrementó en consecuencia.
-Asami... perdóname, nunca quise que nada de esto pasara. De verdad quería comunicarme contigo... pero no me sentía lista.
-¡Espera, espera! Se me olvidó otro pequeño detalle- navegué los dedos por tu perplejo rostro y acomodé tu rebelde flequillo -¿Qué hay de "volveré en unas semanas"?
Tus ojos se abrieron, espantados.
-¿Tres años, Korra? ¿En serio?
Lo podía percibir. Mis palabras eran como puñaladas para ti. Te estaba torturando lenta y dolorosamente. Lo sabía... pero la peor de las torturas se encontraba en mi mente. Estaba de verdad... fuera de mí.
Tu semblante se derrumbó, abatido -A mi... me tomó más tiempo del que pensé recuperarme. Hasta no hace mucho todavía seguía viendo esa maldita alucinación... y tampoco podía entrar en el estado Avatar.
Mi agarre se debilitó. La culpa por lo que te estaba diciendo me estaba empezando a irrumpir. El solo pensar en todo lo que has tenido que sufrir... Y yo estaba aquí, refregándote mis caprichos.
-Cuando finalmente me sentí preparada para volver... tomé un barco directo hacia aquí. Lo único que quería era verte, Asami.
Esta vez, mi mano directamente se desplomó al lado de mi cuerpo -Pero no viniste en ese momento... ¿Por qué?- musité. La fuerza me estaba abandonando.
Apretaste la mandíbula con ímpetu. Podía sentir la bronca que emanaba de ti.
-La vi de nuevo, a esa maldita chica que no era otra más que yo... era como si me estuviese dando la bienvenida, recordándome mi debilidad... recordándome que jamás se iría. No pude tolerarlo más. No hacía mucho había logrado recobrar una pizca de esperanza, pensé que volvería a ser la de antes, pero cuando la vi... todo desapareció. Todo.
-Korra...
-Di media vuelta y me fui, tomando una decisión- ascendiste la mirada, clavándola en la mía -Yo... no podía ser el Avatar así, estaba incompleta. No tenía derecho de tal título. No hasta que realmente mejorara y superara mis miedos.
Hiciste una pausa, dejándome en suspenso.
-Decidí vagar en busca de respuestas, del valor que perdí- Tu voz sonaba alterada. Parecías tener prisa por contarme todo, como si estuvieras aprovechando tu arranque de coraje -Uno de esos perdidos días me encontraba observando mi patético reflejo en un río y algo se rompió en mí- atrapaste un pequeño mechón de tu cabello y lo detallaste -Pero tenía que cambiar y dejar atrás el pasado... estaba decidida a avanzar, a encontrar las respuestas que necesitaba.
Bajé la mirada, sin saber bien que decir -Y... ¿Las conseguiste?
Asentiste, dibujando una armónica sonrisa -Si... y sé que me tomó tiempo, pero...
Reí por lo bajo, deteniendo tu relato -¿Tiempo? Si... mucho tiempo.
Te acercaste a mí, pero yo retrocedí. Tu presencia empezaba a doler demasiado. Me crucé de brazos, y desvié la visión. Ya no podía ni mirarte.
-¿Sabes todo lo que he sufrido por tu ausencia, Korra?
-Lo siento tanto, Asami... me encantaría que me creyeras cuando te digo que yo sufrí de igual manera- tu voz comenzaba a quebrarse.
Hice silencio. Quería creerte... de verdad quería. ¿Pero por qué me costaba tanto?
Bufé, apretando mi sien con impaciencia -No tienes idea de nada...
-Y tú no tienes idea del terror que tenía de lastimarte...
-Ya lo hiciste.
-Me refiero en... otro sentido- Tus manos sostuvieron mis hombros, obligándome a posar mí cobarde vista en ti. Lo que hallé en tus ojos, fue solo un penetrante padecimiento.
-Yo... no me sentía lista para volver. Temía hacerte daño, Asami, ya te lo dije... en ese momento yo estaba tan perdida... tan jodida. Quería mejorar, por eso me fui- tu habla se selló unos instantes, en los cuales no perdí oportunidad para perderme en tus perfectos rasgos.
De repente, un leve rubor adornó tus mejillas -Quería estar bien para ti... no quería que me vieras tan destruida. Quería... ser alguien que pudiese caminar a tu lado.
Mi pecho palpitó con tanta fuerza... tanta, que juré que iba a salir despedido. Esta persona no puede doblegarme de tal forma. No es justo.
¿Por qué tiene tanto poder en mí? ¿Por qué me debilita con solo su voz? ¿Por qué no puedo mantenerme recta ni por un minuto? ¿Por qué... tenía que enamorarme de ella?
¿Por qué?
Apreté los puños con dureza, mientras mis ojos se cerraban, en un intento de no dejar escapar aquellas lágrimas que venía reprimiendo.
-¿Por qué?- Se me escapó mi inseguro pensamiento, en un murmullo.
Tú me miraste, un poco desconcertada -¿Por qué, qué?
Elevé el rostro hacia ti con rapidez y entreabrí los labios varias veces para hablar, pero me costaba encontrar las palabras. Parecía que se habían escapado, junto con mi cordura.
-¿Asami?- Tu mano trató de llegar hasta mi, pero me cubrí el semblante, esquivándote -Asami...
Sé que tuvo sus razones, lo sé... lo sé todo, pero ya no... puedo tolerar esto.
Con el sollozo contenido, me mordí el labio y me di media vuelta, suplicando a mis pies que comenzaran a alejarse. Ya no podía seguir viéndote... me estabas ablandando, y no quería mostrarme así. No con todo lo que pasó.
-¡Asami!
No me volteé, no tenía que hacerlo. No debía caer en tu insistencia, no era el momento... no con mi cabeza tan desquiciada, nada bueno saldría de eso.
El eco de mis tacos sonaba cada vez más apresurado, y tu voz ya no se escuchaba. Sin embargo, cuando pensé que finalmente te habías dado por vencida... resultó que la que terminó vencida, fui yo.
-Te extrañé...- Oí, a lo lejos.
Mis ojos se abrieron de par en par, incrédulos, para luego decaer, afligidos. Una simple frase... me colapsó.
Mis pies decidieron detenerse sin mi permiso, y antes de darme cuenta, ya me encontraba dirigiéndome a toda prisa hacia ti de nuevo. En el recorrido, observé en tu mirada el pavor de no saber que esperar a esta crucial altura.
Y no te culpo por ello, ni yo sabía que me pasaba cuando decidí girarme y encararte. Pero mi corazón latiendo a mil, mi garganta reseca y mi jadeante respiración me lo hicieron comprender.
Yo... solo quería tenerte en mis brazos otra vez.
Mis pasos se detuvieron bruscamente frente a ti, y mis manos se apropiaron del cuello de tu ropa. Te impulsé hacia mí y desesperada, atrapé tus labios con los míos.
Pude notar el segundo de estupefacción que te atacó, pero de inmediato lo superaste, deslizando las manos por mi espalda y profundizando aquel anhelado encuentro que tanto esperé.
Gemí dentro de tu cálida cavidad al encontrarme con tu lengua, que no se mostró tímida como la última vez que te besé. Esta envolvió la mía por completo, degustándome, recorriéndome. Mi respiración se agitó en demasía. No podía más... ya no...
Te estampé contra la pared con mi cuerpo, y mis dedos, perdiendo el control, se sumieron dentro de tu oriental playera, ascendiendo por tu espalda -mmm... Korra...
Tus brazos se colgaron de mi cuello, mientras me regocijaba con tu labio inferior, succionándolo, mordiéndolo, dejando mi querida marca en él.
-No vuelvas a irte...- musité, dentro de la unión -Jamás te lo perdonaré si lo haces...
Tus ojos se entreabrieron. Quedé encandilaba ante la lujuriosa visión que poseías. Definitivamente habías cambiado. No te recordaba tan entregada.
-No lo haré...
Y con eso dicho, te hundiste de nuevo en mi boca. Nuestros rostros se movían acompasadamente, como si de una armoniosa danza se tratase.
Tan deliciosa...
Estaba empezando a excitarme... y si mal no recuerdo, no era el momento ni el lugar para eso. Pero a pesar de que esa pequeña parte razonable me decía que parara, mi cuerpo no opinaba igual, ya que ahora me encontraba atajando el costado de tu cintura con ambas manos y elevando tus caderas hacia mí. Tus piernas se enredaron de inmediato en mi cuerpo, quedando colgada de las mías, generando que nos apegáramos aún más. Percibir otra vez tu perfecto ser contra mi... me estaba desarmando.
-Korra...- lamí tu labio inferior, entreabriendo tu cavidad en el acto -Vas a matarme...
Nuestras miradas chocaron, y pude ver en tus ojos lo que yo misma sentía. Una gran necesidad de llenarte con todo mi amor... con toda mi pasión reprimida.
Me mordí el labio, detallando como los tuyos comenzaban a esbozar una sensual sonrisa -Tú ya lo estás haciendo...- susurraste contra mi aliento, enloqueciéndome.
-¿Y piensas que tú no?- deslicé los dedos por tu cadera, animándome a descender por esta, hasta atajar tu voluptuoso trasero.
Emitiste un leve jadeo al sentirme. No pude evitar sonreír satisfecha -Sigues siendo tan sensible como siempre...
Evadiste mi penetrante vista, sonrojada -E-Eso es tu culpa.
Ahogué una risita, escondiendo mí rostro en la curva de tu cuello -Lo sé. Y me encanta que así sea.
-Pervertida...
-Lo soy- admití, besando aquella delicada y suave piel -¿Pero te gusto así, cierto?
Mi otra mano, que se encontraba descansando en el medio de tus atributos, pudo sentir a la perfección como tus latidos acrecentaron. Ante tan melodioso sonido, me reincorporé un poco para contemplar tu ahora, perdida mirada.
-¿Cierto?- repetí, con un dejo de inseguridad.
Tus labios se desprendieron para responderme. ¿Por fin me dirías lo que sentías por mí? ¿Es esto un sueño?
-¡Korra, Asami, tenemos un problema!
Nos separamos tan rápido como me acoplé a ti al acorralarte. Era obvio, por supuesto que era obvio que algo nos tenía que interrumpir. No podía ser de otra forma. Nuestro historial era la prueba.
Gruñí, pasando la visión hacia el pasillo de dónde provenía la voz de Mako.
-Era obvio- dijiste, resaltando mi pensar. Sé que tampoco te sorprendía. Parecía que el universo se ponía en nuestra contra cada vez que te tenía en mis brazos.
Pero al menos eso... me hizo volver un poco en sí. No tenía que olvidar que estaba enfadada. Todavía me encontraba dolida, no puedo caer tan fácil... al menos por un tiempo debería hacerle saborear el dolor de la indiferencia. Aunque sinceramente... mi plan no tenía muy buena pinta.
Una peso en mi hombro me hizo volver la atención a ella -Creo que no nos queda otra que ir- te acercaste a mi oído, tomándome por sorpresa -Pero podemos terminar esto más tarde si quieres... aún te debo una respuesta.
Su grave y susurrante voz me hizo vibrar. Sip, definitivamente mi plan se iba a ir en picada. Pero al menos tenía que tratar de poner distancia. No podía caer por algo tan carnal.
-No lo creo- atiné a decir, mirándote con desdén -No soy tan fácil, Korra. Tendrás que intentarlo mejor si quieres que te perdone- sonreí, con arrogancia.
Tus cejas se encorvaron, confundidas -¿Qué?
Acomodé mi cabello hacia atrás, reafirmando mi soberbia -Vamos, Mako nos necesita.
Te di la espalda y me alejé de allí, dejándote plantada en el sitio. No voy a negarlo, un lado mío se encontraba satisfecho con mi actuación, digna de varios aplausos, si tienen en cuenta que me estaba conteniendo de hacerla mía ahí mismo, en ese pasillo. Pero el otro lado... seguía afectado.
Es decir... tres años no se compensan así de fácil. Puedo entender su situación, su dolor, que haya querido protegerme, etc... pero eso no significa que mi padecimiento desaparezca por sus justificaciones.
Solo hay algo que puede lograr teñir mi oscurecido corazón de color, y eso es... el tiempo. El tiempo y sus manifestaciones en este, serán los que decidan si puedo curarme o no. Si esta tristeza... desaparecerá.
Pero empiezo a creer que esta se esfumará, justamente, en poco tiempo. El resto de ese día me lo estaba demostrando.
El príncipe Wu había sido secuestrado. Mako no podía estar más irritado, Korra en el medio, incómoda, y yo aún con sentimientos encontrados. En conclusión, no estábamos funcionando muy bien como equipo.
Eso pensé, pero con el correr de los minutos -y sí que corrían, teníamos que hallarlo pronto- me di cuenta que el único trabajo en equipo que estaba funcionando era el nuestro. Tú y yo, juntas de nuevo, sincronizadas a la perfección.
Siempre me esforcé para estar a tu altura... a pesar de haber nacido sin el talento de controlar algún elemento. Y ahora que presenciaba que mi arduo trabajo físico había dado frutos, no podía sentirme más realizada.
Te esmerabas mucho en atenderme, ya sea ayudándome a saltar para alcanzar el tren, o protegiéndome cuando estábamos sobre el techo de este, luchando contra aquellos hombres. Estaba tanto sorprendida como entusiasmada. Siempre habías sido atenta conmigo, pero ahora percibía algo especial en tu trato. Algo diferente.
Pude observar de reojo como estabas atenta en todo momento de que no me lastimaran. Realmente te preocupabas por mí. Y no es que no lo hicieras en el pasado, pero está claro que parecías darle más a énfasis a tu tarea ahora.
Fue casi satisfactorio contemplar como literalmente te cagabas en Mako y solo me protegías a mí. No me malentiendan... no tengo nada contra él. Pero siempre me siento insegura cuando está contigo, por alguna razón presiento que a pesar de que hayan terminado, no te ha olvidado.
Lo entiendo, yo tampoco he podido. Supongo que nos has hechizado.
Aún así, con todas esas emociones contradictorias confundiéndome, cuando por fin pudimos rescatar a ese molesto principito y todo terminó, mi alma se alivió. La nostalgia me envolvía... los tres habíamos vuelto a los viejos tiempos. A nuestras queridas aventuras que tanto extrañé.
De pronto te escuché hablar, con cierto desconcierto.
-No es exactamente lo que me imaginaba para nuestro primer día de nuevo juntos- nos miraste, haciendo más hincapié en mi.
Te sonreí -Pero fue como en los viejos tiempos...- elevé una graciosa ceja -Excepto por la parte dónde nos sacamos de quicio entre nosotros.
Y lo digo en más de un sentido...
-De hecho... eso fue como en los viejos tiempos para mí y Korra.
Oh si... sé que se llevan como perro y gato, cual niños de jardín que se gustan y no se animan a decirlo. Por favor, no me hagan reír.
Le dedicaste una picarona mueca, que no pasé desapercibida. Pero esta luego mutó, transformándose en una arrepentida -Lamento lo que pasó antes en el restaurante...
-Está bien- me apresuré a contestar, ya que claramente eso me lo estabas diciendo solo a mí. No era mi intención que el ambiente siguiese tan pesado. Es lo que menos necesitaba ahora -Supongo que después de estar separados durante tres años, tenemos que tener un período de adaptación- bromeé, sacándote una sonrisa.
-Sí, pero es genial que estés de vuelta- le dijo Mako, con una melancólica mirada.
Intercalaste los ojos entre nosotros, complacida -No hay otro lugar dónde prefiera estar.
Tus pasos se acercaron hacia mí y me abrazaste, Mako se sumó, rodeándonos a las dos. Pero yo solo te abrazaba a ti. Lo necesitaba... aunque mi cabeza me dijera que estaba cayendo en tus garras.
A regañadientes, que desde luego no dejé entrever, acepté que el príncipe Wu se hospedara en la mansión que le ofrecí a Mako para que su familia viviera en ella. Seguí con la mirada como ingresaba por la puerta -con su vejiga todavía a punto de explotar- junto con la abuela de Mako, que se encontraba un tanto desbordada de energía, y él mismo.
Sentía la persistente mirada de Korra en mí, pero ahora que estábamos solas... me costaba devolvérsela. La situación no podía ser más incómoda.
-Asami.
Me crucé de brazos, y me apoyé sobre la pared. Aún no podía ascender la vista -Dime.
-Debo irme.
Esas dos palabras, tan simples pero penetrantes, provocaron que de inmediato la alzara hacia ella. Me odié por haber reaccionado de una manera tan aterrorizada. Pero creo que ella no era consciente de lo que significaba esa frase para mí. Un trauma que no sé si alguna vez podré superar.
Carraspeé, tratando de centrarme -¿A dónde?
Tus ojos me miraban, apenados -Tengo que volver al templo del aire. La familia de Opal ha sido secuestrada.
-¿Qué? ¿Por quién?
-Kuvira.
-Oh... esa dictadora.
-Si...- bajaste la cabeza, como si ese nombre te generase una sensación de derrota -Traté de enfrentarme a ella antes de volver aquí, pero me venció con facilidad.
Pestañeé varias veces, sorprendida -Eso... no puede ser.
-Es la realidad. Aunque estoy mucho mejor, todavía no estoy al cien por ciento. Necesito entrenar más y encontrar una forma de rescatarlos- tu puño se apretó con fuerza -Tengo que derrotarla, es mi deber.
-Lo sé- respondí, con resignación. Una que pudiste notar -Te veré después... entonces.
Creo que eso lo dije más como una súplica, que con desinterés, lo cual fue mi idea.
Tu brazo se estiró hacia mí, pero de inmediato lo devolviste a su lugar. Parecías dudar. Claramente no sabías lo que pasaba por mi cabeza.
-Si...- contestaste luego de unos eternos segundos en los que mi pecho se apretó, adolorido.
Te diste media vuelta, y el solo contemplar tu espalda, provocó que la lucidez en mi mente se opacara.
Apresurada, atajé tu brazo. Tú te volteaste, anonadada.
-Umm... yo...- esquivé tus profundos ojos, sin saber bien que decir -Sabes que puedes contar conmigo, si me necesitas... no dudes en llamarme.
Tardaste un poco en asimilar mis palabras, y al fin me dedicaste una amable sonrisa. De esas que lograban tranquilizarme.
-Lo haré. Y respecto a nosotras...
Elevé la otra mano, en señal de que pararas -E-Eso no es tan importante como lo que está pasando ahora.
Si, sé que estaba contradiciendo todo lo que te dije antes. Pero tu explicación me hizo sentir culpable. ¿Quizás yo... exageré un poco?
-Te equivocas.
Mi agarre se debilitó. Tu habla no se dignaba a dejarme respirar con normalidad.
-Lo nuestro es tan importante, o aún más... Asami.
Me observabas, titubeante, tal vez porque no sabías que iba a contestar, o porque tenías miedo de que lo niegue.
-¿Lo es?
Asentiste, atrapando mi mano. Mi cuerpo se acaloró al apreciar como la llevabas hasta la altura de tu rostro y depositabas un suave beso en el dorso.
-¿Q-Qué estás...
-Te veré luego, Asami- tus pasos comenzaron a alejarse, dejándome suspendida -Ah, por cierto- tu semblante se giró hacia mí, iluminado -Espero que te guste trasnochar.
-¿Huh?
Me sonreíste, algo traviesa, para luego retomar tu caminar.
Me achiqué en el lugar, arrugando la ropa a mis costados. Los nervios no se apiadaron de mi -¿Qué...?
-/-
Mi cabeza cayó sobre todos los papeles que tenía en el escritorio. No podía concentrarme. No podía dibujar un puto plano.
-Korra... ¿Qué quisiste decir? ¿Trasnochar?- Fruncí la frente, para luego soltar un pesado suspiro -Necesito un trago, sip, es un hecho.
Agarré una de las tantas botellas de vino que rodeaban mi despacho y me serví en una copa. No, no soy alcohólica... solo quería aclararlo.
Me senté en aquel sillón que yo denominaba como reflexivo. Ya que allí mi mente siempre disparaba todos mis recuerdos, sentimientos y acontecimientos.
Obviamente lo primero que recordé fueron sus carnosos labios contra los míos. No era mi intención besarla, y menos descontrolarme. Carajo, se supone que estaba enojada... ¡Tenía que actuar así! No como una desesperada...
Le di un buen sorbo a ese vino que en mi mentira, lo había denominado "un calmante".
-Maldición, no sé qué hacer ahora...
Pero mi mente si sabía bien qué hacer. Esta seguía perdida en ese desaforado encuentro, sin darme lugar a pensar con claridad.
Me cubrí el rostro, impotente -¡Deja de pensar en eso!
En efecto, pensé mucho más en eso. Y lo peor de todo, es que mi cuerpo ya empezaba a reaccionar. Me mordí el labio, contradiciendo aquella maliciosa idea que me atacaba algunas noches. No era el momento... No...
Ja, claro que lo era. Mis dedos ya se encontraban en la entrada de mi falda, riéndose de mí. Soy tan patética. Pero no puedo evitarlo... me gusta demasiado, y si no pienso darle el mérito de satisfacerme por ahora, yo debo hacerlo. Enloqueceré de otra forma.
Mis jadeos ya se encontraban resonando en aquel oscuro cuarto. Cada día me costaba más alargar ese ritual conmigo misma. Estaba al límite. No obstante, un inoportuno toque en la puerta me detuvo. Mis pupilas saltaron de mis órbitas, desorientadas. ¿Me habrán escuchado?
¿Quién demonios podía ser tan tarde? ¿Un sirviente? ¿Trabajo? ¿Korra?
Sonreí para mi ante esa última e impensable opción -Claro que no.
Con torpeza, me arreglé la falda y caminé hacia la puerta, intentando equilibrar mi aire perdido. Al abrirla, el equilibrio se fue al carajo al instante.
Una castaña melena, unos poderosos ojos cielo, un bien formado cuerpo... no podía ser.
-¿K-Korra?
Me sonrió con timidez, y yo ni pude reaccionar.
-¿Molesto?
-¿M-Molestar?
Miró por encima de mi hombro -¿Estabas ocupada?
Negué rápidamente -¡No!
Solo me estaba masturbando pensando en ti. Todo muy normal.
-¿Q-Qué haces aquí?
Agarraste un mechón de tu cabello y lo acariciaste. De acuerdo, al menos yo no era la única nerviosa -Vine a verte.
-¿A las dos de la madrugada?
-¿Muy tarde?
Desvié la visión, rogando porque mi voz fluyera con naturalidad -Algo...
-Perdóname, pero te lo dije, ¿No?
La regresé hacia ella, confusa -¿Qué?
-Te dije que esperaba que te gustara trasnochar.
Oh. ¿Se refería a esto, entonces?
-¿Puedo pasar? No te quitaré mucho tiempo...
Quítame lo que quieras... ¡No! Mierda...
Te cedí el paso, en silencio. Era incapaz de salir de mi aturdido estado. Es decir... de verdad, ¿Por qué estaba aquí?
Pasó y de inmediato su atención se centró en el sillón donde antes estaba realizando mi rito. Un escalofrió me recorrió de pies a cabeza. No había ningún indicio de lo que hice... es decir, ni llegue a terminar... Sí, bueno, el cuero de este estaba un poco arrugado, pero eso podía significar haber estado sentada allí mucho tiempo. Tampoco importaba mucho que el suéter que cubría mi remera estuviese tirado al lado de este, y menos la copa de vino en la mesa de al lado.
¿Todo parecía... normal, no? Nada para sospechar.
-¿Interrumpí algo?
Ok, sospecha.
-N-No, para nada.
Simplemente estaba a punto de culminar fantaseando contigo, antes de que llegaras. Nada de nada.
Te sentaste dónde antes estaba sentada yo, y mi corazón explotó. Encontraba la situación un poco... y solo un poco, morbosa.
-¿Cómo te dejaron entrar a esta hora?- me atreví a hablar, rogando porque el tartamudeo no se me notara.
Elevaste una ceja, arrogante -Soy el Avatar, soy bienvenida en cualquier lugar.
Me acerqué un poco hacia ti, pero conservando una necesaria distancia -Ja, veo que no has dejado de ser una presumida.
-Algo bueno tenía que conservar, ¿Cierto?
Reí levemente. Siempre me hacías reír, incluso en ese momento que solo quería salir corriendo -¿Puedo saber la razón de tu visita nocturna?
Me observaste unos instantes, para luego pasar la atención a la botella de vino, mientras mi nerviosismo iba a en aumento -¿Ahora bebes?
¿En serio? ¿Vas a evitar mi pregunta?
Derivé la vista hacia la botella, desganada -De vez en cuando, ¿Quieres?
Estaba segurísima de que tu respuesta iba a ser negativa, pero vaya que me sorprendiste.
-Claro, sírveme.
-¿Q-Qué? Sírvete tú sola- te señalé -Sabes dónde están los vasos, no es la primera vez que vienes aquí.
Lamenté haber dicho eso, ya que ahora tu cara de cachorrito abandonado me estaba derritiendo -Pero quiero que me sirvas tú...
Puta madre.
Suspiré, encaminándome hacia el mueble y agarré otra copa. No sé qué tramabas, pero tu extraña actitud me hacía replantearme el no haberme acostado temprano. Con una paciencia, dentro de todo controlada, serví y te la entregué.
-Gracias- la elevaste hacia mi -¿Brindamos?
Arqueé una desconfiada ceja -¿Y qué hay que festejar?
Una sonrisa de oreja a oreja fue lo siguiente que llegué a ver -Nuestro reencuentro.
De verdad... quería insultarte, mucho. No tenía sentido esta conversación ni el que estuvieras acá. Pero ya qué... no voy a negar que me alegraba que ahora estuvieses a mi lado.
Sin decir nada, rellené la mía y la aproximé a la tuya -Por nuestro reencuentro...- musité, dudosa.
La chocaste enérgicamente, tanto, que juré que iba a partirse -¡Hasta el fondo!
Y así lo hiciste, bebiste como si hubieras hallado agua en medio de un desierto. Tus mejillas no tardaron en enrojecerse. Oía en un eco el sonido que hacías al tragar. Eso solo intensificó mis fantasías, por ende, lo único que pude hacer fue imitarte, frenética. Tenía que encubrir estas descaradas imágenes que se formaban en mi cabeza.
-¡Que buen vino! ¡Nunca había probado uno tan delicioso!- atinaste a decir, dando palmaditas a tu lado, incentivándome a sentarme contigo.
Vacilé, por obvias razones. Pero como siempre, terminaste convenciéndome. Con cautela, me senté y te miré de reojo.
Tus ojos de verdad... brillaban más que nunca esta noche.
-Me lo trajeron del extranjero, un regalo, ya sabes...
-Eso es porque ahora la señorita Asami Sato es una persona importante. Te felicito, has logrado mucho en mi ausencia.
No digas... esa palabra.
Bufé, y rellené de nuevo mi copa. La tuya se acercó sigilosa a mi rostro, dándome a entender que querías más. Tuve que reprimir la risa por tu tierno comportamiento.
-¿No tendrías que moderarte?
-¿Por qué? ¿Piensas que no sé beber? Te tendré que hacer probar la cerveza artesanal de la tribu del agua. Esto no es nada comparado con eso.
-¿Ah, sí? No me esperaba que fueras una borracha- rellené su vaso.
-La gente no suele esperar cosas buenas de mí.
Esta vez me costó más ahogar la carcajada. ¿Esta era su forma de seducir? ¿Haciéndome reír? Bien... estaba funcionando, o quizás era el vino, no lo sé... solo hay una cosa que realmente quería saber.
-Korra... esto es extraño.
-¿Huh?- posaste la vista en mí, un tanto desenfocada.
¿Así que sabe beber, eh? Sí, claro.
-¿Podrías decirme por favor, que haces aquí...?
Rodó los ojos, perdiendo la visión en un punto invisible -Oh, eso...
-Sí, eso.
El silencio nos adornó, inquietándome.
-Si no tienes nada que decir, es mejor que te vayas. Debo levantarme temprano y además...
-He venido a responderte.
Mis palabras quedaron selladas. Tu voz sonaba decidida, pero todavía no te dignabas a mirarme.
-¿Responderme qué?
El temblor en mi mano era casi incontrolable, y la copa removiéndose a causa de este era la prueba. La ansiedad me estaba carcomiendo.
Con una tortuosa lentitud, te volteaste hacia mí. Esta vez... fui capaz de vislumbrar tus ojos, y solo encontré determinación en ellos.
-Me gustas así.
El vino quedó atascado en mi garganta. Con un notable esfuerzo tragué, en un intento de que finalmente pasara -¿Qué dices?
-Que me gustas así, Asami.
Memoria, es tu momento. Recuérdame a qué se refiere... ¡¿De qué está hablando?!
Tu rostro comenzó a acercarse, infartándome -Así de pervertida...
Detallé como una descarada sonrisa se delineaba en tus labios. Oh, claro... era eso. Lo que le pregunté hoy. Pero... ¿Es consciente de que no solo me refería a si era una pervertida o no?
Da igual, estoy perdiendo la razón, mi mente ya está viajando mucho más allá de mi cordura. Cómo para no hacerlo...
-¿Q-Qué estás diciendo?- me aparté, por puro instinto. Su cercanía me quemaba. Literalmente el calor no se estaba compadeciendo de mí.
-La verdad. Me gusta cómo eres, Asami.
Directa, muy directa... ¡Demasiado directa! ¿Qué le pasa? Nunca ha actuado así... los años le jugaron a favor. Me está tentando.
Cerré los ojos con fuerza, para luego abrirlos. Necesitaba despertar. No, no puedo dejar que esto pase tan rápido, no puedo ser tan estúpida... no se merece que caiga a sus pies ahora.
Juntando valor, me levante repentinamente. Ella me observó desde su sitio, pero no mutó su expresión. Creo que... esperaba una reacción así de mi parte.
Con el paso acelerado, me alejé todo lo posible. Y todo lo posible significaba quedar casi fusionada con la ventana.
-Korra... es mejor que te vayas.
Escuché como el sillón crujió. Demonios... se levantó.
-¿Por qué?
-N-No es momento de hablar de esto. Dijiste que tenías cosas que hacer.
Sus pasos se acercaban. Nunca me sentí tan pequeña y acorralada en mi vida. Estaba asustada... asustada de mi misma. De perder el control.
-Y las haré, pero esto es más importante.
Sonreí para mi, y sé que pudiste ver mi lamentable gesto a través del reflejo -¿Al fin te has dado cuenta, Avatar? Tardaste un poco...
Tus pies se detuvieron a mis espaldas. Podía sentir tu avasallante energía. Era extraño, tú no eras así... siempre actuabas tan pasiva conmigo...
-No, siempre lo supe. Ya sabes que pasaron cosas en el medio... y no pude decírtelo.
Observé como lentamente tus manos comenzaban a rodear mi cintura. Me apretaste contra ti, y el poco aire que me quedaba se esfumó.
-Asami...
Mordiendo mi labio, debido a la desesperación que me atacaba, traté de apartarlas -No... Korra.
-¿Por qué?
-¡Deja de preguntarlo!- me exalté, todavía sin encararte. No podía verte, iba a sucumbir si lo hacía.
-¿Es esto una especie de castigo? ¿No dejar que te toque?
¿Tan obvia soy?
-No mereces ser castigada por nada. Hiciste lo que tenías que hacer.
-No... hice todo mal- susurraste en mi oído, estremeciéndome -Si quieres castigarme... aquí estoy.
Adelante, Avatar... simplemente alimenta mis fantasías como si nada pasara. Cómo si no fuera a violarte por ello. Tan descuidada... como siempre.
-No digas algo de lo que te arrepentirás- musité, bajando la mirada. Mi estomago se retorcía ante su tacto sobre él.
-¿Por qué piensas que me arrepentiré?
-No me conoces, no sabes cómo soy ahora... ni de lo que soy capaz cuando estoy enojada.
-¿Y excitada?
Mis ojos se abrieron ante el temor que me generó su cuestión, que sonó más a una afirmación. Ella lo sabía... sabía bien lo que me provocaba y se estaba aprovechando de eso.
-Eres una verdadera idiota, ¿Lo sabías?
En respuesta, apoyó el mentón en mi hombro y rozó su mejilla contra la mía -Lo sé. Pero por primera vez... esta idiota quiere hacer lo que desea. No quiero reprimirme más.
Ni yo... créeme, es lo que más anhelo. Pero debo resistirme... tengo que hacerlo.
Traté de zafarme una vez más, pero tu aferre incrementó, y tu cuerpo se apegó tanto que el mio terminó estampado contra el frío cristal.
-S-Suéltame.
-No.
-¡Suéltame!
-No lo haré.
Esta situación me es familiar... muy familiar. ¿De dónde...?
Mis recuerdos se estancaron en ese día que perdiste el control, y yo también, aunque de una forma diferente a la tuya. Tú estás, al igual que yo ese día... forzándome.
Las lágrimas quisieron escapar de mí. Esa memoria me asaltó como una punzante estaca clavandose en mi pecho. ¿Qué estaba haciendo tratando de culparte? Yo había abusado de tu amistad en un período tan delicado de tu vida... en un tiempo dónde no sabías ni quién eras y luchabas por controlarte, por protegerme.
Si, por protegerme... te fuiste. La culpa me estaba invadiendo. Hiciste lo que pudiste, actuaste cómo pudiste para una persona que estaba por completo descarrilada, ¿Y qué había hecho yo, además de ponerte a prueba y juzgarte por todo lo que ocasionaste?
Nunca fue tu intención, lo sé. Ni tampoco fue la mía que todo cambiara. Pero no pude evitarlo... Y tú no pudiste evitar hacer lo que hiciste... irte.
Apoyé la cabeza contra la ventana, tratando de reprimir el sollozo que me abatía.
Soy tan estúpida... tan jodidamente estúpida. Porque aunque sé todo eso, no puedo sosegar mi maldito carácter. Mi ira contenida.
-Asami...- tus labios besaron mi lóbulo, despabilándome -Perdóname por todo.
Negué contra el cristal -No tengo nada que perdonarte...
-Sí, soy culpable de todo lo que pasaste.
Percibí como en ese sensible lugar, tu lengua se atrevía a deslizarse por el borde de mí oído.
-Ah...- Es todo. Primer quejido que se me escapó, fin del auto control.
-Déjame demostrarte mi arrepentimiento...
Mis manos temblaron a mis costados, al sentir como las tuyas empezaban a recorrer mi vientre, ascendiendo por él.
-P-Por favor, no...
Sucumbiré si sigues.
-Asami...- tus dedos se adentraron en mi playera. Cuando sentí tu cálido tacto sobre mi acalorada piel, una tortuosa electricidad me recorrió.
-Korra... n-no...
-Quiero hacerte sentir bien...
Tu mano libre atajó mi rostro, girándolo. Soy consciente de que mi mirada se encontraba apagada por la lujuria. Lo que me sorprendió es que la tuya era mi fiel reflejo.
Tus labios, amenazantes, empezaron a acercarse de una sigilosa manera. Me mordí el mío, incapaz de tolerar más aquella increíble y tentadora situación. En un impulso, acorté la distancia y devoré tu boca, deleitándome con ella. Nuestras lenguas no tardaron en entrelazarse, deseosas.
Emané un grave jadeo, al apreciar como tu atrevido tacto se había animado a navegar por mi abdomen, hasta llegar al inicio de mis pechos.
A pesar de las gratas sensaciones, no podía darme vuelta, no quería hacerlo... eso significaría que había cedido a ti. Pero veo que poco te importaba que te recibiese encantada o no.
-Asami...- musitaste dentro de mí, mientras con la punta de los dedos te deslizabas por mi espalda, concibiéndome escalofríos. Tu recorrido siguió hasta tropezarse con mis caderas, para luego, delinear en su totalidad la curva de mi parte trasera.
Debido a tus caricias, la falta de aire se hizo presente. Mis labios abandonaron los tuyos, quedando sostenidos por un pequeño hilo transparente.
Tragué saliva, nerviosa, al sentir como refregabas tu palma contra él, de arriba hacia abajo, ascendiendo mi falda en consecuencia. Tu aliento se estaba agitando, pude sentirlo sobre mi piel. No podía creer que fueses tan atrevida... ¿Desde cuándo? ¿Yo te provoqué eso? .Con solo pensarlo, un placer mayor irrumpió mi mente.
Mi cabeza decayó, mientras continuabas con tu labor. Tu mano rodeó mi muslo y subió por este, hasta esconderse dentro de mi falda, provocando que mi respiración se entrecortara.
-K-Korra...
Estrellé las manos contra la ventana, cuando percibí como tus dedos acariciaban de una osada manera mi entrepierna.
-No...- emití, en un embarazoso quejido. Sé que solo logré incentivarte.
-Quiero aliviarte, Asami... déjame hacerlo- atinaste a decir, encontrando mi ropa interior. Parpadeé varias veces, intimidada.
Oh no... Se dará cuenta de que estoy...
-Estás mojada...
Ella se encargó a la perfección de terminar aquella espeluznante oración que invadía mis pensamientos. La vergüenza no se alejaba.
Mi frente se refregó contra el cristal, desesperada. Tus yemas estaban frotando aquel delicado lugar por encima de la tela, mientras tu mano libre se maravillaba con mi pecho por debajo de la ropa, amasándolo en acompasados movimientos.
Me estaba volviendo loca. Mi mente se estaba apagando. Nada tenía sentido, ¿Cómo terminamos así?
Oí, casi con delay, tu excitada respiración sobre mí. Eso solo terminó por desmoronarme.
Ya, fuera de mi, atajé tu muñeca y la sumí dentro de mi prenda intima, mostrándote en toda su desnuda naturaleza mi vulnerabilidad. Juré escucharte ronronear cuando apreciaste mi intimidad tan húmeda.
-Asami... eres hermosa.
Tus dedos comenzaron a descubrir mi templo, dándole una especial atención a mi centro, rodeándolo, presionándolo con suavidad. Entreabrí los labios, que antes los había sellado en un intento de no gemir, y por fin liberé lo que tanto traté de acallar.
Los jadeos adornaron la habitación. Solo podía verte a través del reflejo. Tu rostro se encontraba sonrojado y tu mirada igual de perdida que la mía. Me alegré por eso, porque después de todo... sentíamos igual.
Tomándome más desprevenida de lo que estaba, ascendiste mi brasier, dejando expuestos mis atributos, que rebotaron en tu presencia.
-E-Espera...
No esperaste. Tus yemas ya se encontraban jugando con mi entusiasmo, que no hacía más que elevarse ante tus precisas caricias.
Te apegaste más a mí, provocando que mi cuerpo se adhiriera aun más al helado cristal, que para mi suerte en ese instante actuaba de sedante para mi acalorado ser. Solo esperaba que nadie estuviese viendo del otro lado... aunque, creo que ya me daba igual.
Todo me da igual.
Mi cabeza se derrumbó por décima vez, cuando percibí como tus dedos se resbalaban por mi intimidad, hallando mi entrada. Mis ojos se abrieron, entre entusiasmados y asustados. Lo ibas a hacer... lo que tanto desee por años, estabas a punto de hacerlo.
Sentí el inicio de tus yemas comenzar a entreabrir ese pudoroso sitio. De inmediato solté un poderoso gemido, inmerso de satisfacción, cuando finalmente aprecié como con lentitud adentrabas uno de tus dedos.
-¡A-Ah...!
Tus labios besaron mi cuello, recorriéndolo, marcándolo, mientras me penetrabas con más ímpetu, encontrando un sensible lugar dentro de mí.
Mis manos se fruncieron contra el cristal. Estaba enloqueciendo. Siempre imaginé esta situación... pero las gratas sensaciones superaban en demasía mis fantasías.
Empezaste a moverte rítmicamente en mi interior, generando que mis jadeos se descontrolasen. De repente, una segunda presión invadiéndome, consiguió que mi pecho saltase, alterado.
-¿Estás bien?- murmuraste contra mi oído.
Claro que lo estoy, estoy en el jodido paraíso en este momento.
-Sigue...- respondí, jadeante. Soy consciente de que sonó como una orden.
Una orden que te encantó. Tu entusiasmo lo sentí en mi interior, entrando y saliendo cada vez más rápido.
-Ah... Korra... ¡Ah!
Es todo. Mi habla se desquició. La vergüenza finalmente me abandonó y me entregué por completo. Y no podía sentirse mejor.
Tus dedos se arqueaban dentro de mí, rozando aquel escondido sitio que era mi debilidad. Quién iba a pensar que fueses tan experta en esto...
La electricidad solo se dignaba a aumentar en mí ser. Faltaba poco... demasiado rápido, lo sé. Pero no está de más recordar que ella había interrumpido mi sesión conmigo misma, y me encontraba muy sensible.
Ja, si claro. Aunque no me hubiese masturbado antes, esto hubiera pasado. Después de todo... es un momento que vengo anhelando hace tiempo. Un encuentro que pensé que nunca llegaría.
Mis dedos se aferraron con rudeza del cristal, mientras mi mirada captaba todos tus frenéticos movimientos en mi pecho y en mi pureza.
Ah... no podía más.
-K-Korra... ¡Ah!
Tu delantera se impulsó contra mi espalda, pudiendo sentir tus voluptuosos pechos contra mí. No obstante, eso no fue lo que me dejó perpleja en el sitio. Sino tus palabras, que con tanta naturalidad me regalaste.
-Asami... Te quiero.
El aire me abandonó en ese mismo instante. Por primera vez... estaba escuchando de tus labios aquella frase que tanto desee recibir. Las lágrimas que tanto había reprimido, huyeron de nuevo. Y las sensaciones de placer acrecentaron, de una crítica forma.
-Te quiero...- repetiste, acelerando el acto y desmoronándome.
Mis manos se deslizaban de arriba hacia abajo sobre la ventana, debido a tus movimientos que eran cada vez más veloces y potentes.
-Y-Ya no...
Mis ojos se entrecerraron, mi vientre se contrajo, y el agarre sobre el que estaba apoyada perdió fuerza, mientras una grata sensación placentera empezaba a recorrerme desde la punta de los pies hasta terminar en mi cabeza.
Choqué los dientes, agitada -K-Korra... ¡Ah!- arrugué los dedos contra el cristal, arqueando la espalda y comenzando a temblar estrepitosamente en la acción. Mis piernas flaquearon ante la falta de energía, que desapareció tan rápido como me atacó antes.
Atajaste mi cintura evitando que cayera, cuando me resbalé sobre la ventana, absolutamente agotada.
Felizmente agotada.
Quedé de rodillas en el suelo. Tú te arrodillaste a mis espaldas, dejándote caer conmigo. Podía sentir tu entrecortado aliento en mi cuello, acariciándome.
El mío no daba indicios de calmarse. Las agradables sacudidas todavía navegaban por mi cuerpo. Y que tu mano siguiera sumida dentro de mi ropa interior, no ayudaba.
-Asami... ¿Estás bien?
Perfecta.
-S-Si...- contesté, sin atreverme a voltearme.
-Lo siento... creo que me pasé.
Para nada.
No pude responder. Ya que mientras más distinguía como se apaciguaba mi cuerpo, más entraba en razón. Lo que pasó entre nosotras... era demasiado para que pudiese digerirlo, y la vergüenza empezaba a apoderarse de mí. No me sentía capaz de verte a la cara. ¿Cómo terminamos así? Pasó todo tan rápido... es desconcertante. Dijiste que me querías... ¿A mí? En serio lo dijiste... Lo que menos pensé es que ibas a ser tú la que tomase la iniciativa, en todo sentido.
Es decir, no estábamos en la mejor de las situaciones, y yo me prometí a mi misma darme mi espacio, ya que pensé que eso te haría entender todo lo que sufrí... pero mírame ahora, sucumbí tan rápido a tu presencia, como mi intimidad lo hizo a tu tacto.
No sabía qué es lo que iba a pasar ahora... tampoco podía permitirme alegrarme por tu confesión. Porque sé que querías decirme algo, lo podía notar en el tono de tu voz, y eso me aterraba.
Esta resonaba melancólica en mis oídos. Y lo peor de todo es que en lo único que podía pensar es que quería devolverte el favor, con urgencia.
Con coraje, me animé a girar un poco mi agitado rostro. Un rubor más colorido del que ya tenía me asaltó, al encontrarme con tu amorosa mirada.
-Korra... yo...
-Asami, escucha... hay algo que quiero decirte.
Tus gentiles manos acariciaron mis mejillas, tal vez porque notaste como la inquietud se apoderó de mi persona en un instante. No podías culparme, luego de todo lo que pasó entre nosotras, en todos estos años, ya no sabía que esperar de ti. Y cada vez que pronunciabas esa frase... nunca llevaba a nada bueno. Temía por el futuro, de nuevo. Y ya estaba harta de temerle.
Tus labios se entreabrieron, mientras mi aire se perdía. De verdad... ¿Qué querías decirme? ¿Qué iba a pasar ahora?
¡Capitulo 8 finalmente entregado! Disculpen la tardanza, estuve bastante ocupada. Esto es así, cuando tengo más tiempo libre actualizo rápido, pero hay veces que las responsabilidades me llaman y tengo que atenderlas. Créanme que yo también siempre quiero publicar seguido. Así que voy a hacer todo lo posible para mantener un ritmo adecuado.
¡En fin, espero que les haya gustado, y nos vemos en el próximo gente linda!
Maria: Gracias por leer! Que bueno que te gustó el capitulo anterior, y espero que este te haya gustado también! Te leo en el próximo, besos!
Ozarac07: Gracias por leer! Que bueno que te guste y que te resulte tan adictivo! Te leo en el próximo, besos!
Luu7: Gracias por leer! Y si, tengo que admitirlo. La maldad corre por mis venas... pero también la fuerza de voluntad jajaj. Te leo en el próximo, besos!
withoutOrbit: Gracias por leer y por las felicitaciones! Espero que te siga gustando, te leo en el próximo, besos!
Mud-chan: Gracias por leer! ajajajaj Si, se prendió mal! y lo voy a seguir encendiendo (? Que bueno que te siga gustando! Te leo en el próximo, besos!
aioros: Gracias por leer y por las felicitaciones! que bueno que te guste! Te leo en el próximo, besos!
Guest: Gracias por leer! Y si, Asami se la quiere comer... pero como ves, esta vez fue Korra quién se la comió jajaj Te leo en el próximo, besos!
Asuka0231: Gracias por leer! Me alegro que te guste, y espero que este te haya gustado también. Te leo en el próximo, besos!
Luna del desierto: Gracias por leer! Claramente se sabía que Asami no se la iba a dejar pasar a Korra. Ahora hay que ver cómo solucionan "el desliz" que se mandaron jajaj Te leo en el próximo, besos!
Chat'de'Lune: Gracias por leer! ¡Viva por tu marcapasos, que sigue en pie! jajaja Espero que te haya gustado, y te leo en el próximo, besos!
Meelo: Gracias por leer! Peerdón por la tardanza, se me complicó actualizar antes ;( pero ya volví! Espero que haya valido la pena, tal como esperabas jajaj Te leo en el próximo, besos!
Neptune995: Gracias por leer! Asami tiene el descontrol en el alma. Es rock. Te leo en el próximo, besos!
hinatita94: Gracias por leer! Espero haber satisfecho un poco tus ansias sabrozongas (? jajaja te leo en el próximo, besos!
Cryp: Gracias por leer! Espero que te haya gustado! Y si, Korra es una rompecorazones. Asami más que loca, está muy dolida... casi es lo mismo, a veces actuamos muy fuera de eje cuando estamos así jajaj, te leo en el próximo, besos!
Guest: Gracias por leer! y acá está el siguiente capitulo! Espero que lo disfrutes, te leo en el próximo, besos!
Guest: Gracias por leer! jajajaj esta vez Korrita se la devoró, pero no va a faltar oportunidad. Asami definitivamente va a querer comérsela en algún momento :D te leo en el próximo, besos!
MaryC: Gracias por leer! La interrupción ya es parte de la vida de estas dos... pobres. Te leo en el próximo, besos!
figueale6: Gracias por leer! Que bueno que te haya gustado el anterior, y espero que este también! Te leo en el próximo, besos!
OMG 7w7: Gracias por leer! Tu nick me causó jajajaj Que bueno que te haya atrapado! Espero que te siga gustando! Te leo en el próximo, besos!
Bodoque-chan: Gracias por leer! Que copado que sea de tus fics favoritos! Es muy lindo recibir ese tipo de alago ^^ Entiendo lo del trabajo, a mi también a veces no me deja actualizar. Pero voy a hacer todo lo posible para subir más seguido! Te leo en el próximo, besos!
