Padre

Haga lo que haga, intente lo que intente, no puedo conciliar el sueño. De una estúpida forma hace más de dos horas que estoy rodando sobre la cama como una niña pequeña. La risa nerviosa no me abandona y las mariposas en mi estómago menos.

¿Razón? Ja... supongo que a esta altura ya no debería ni mencionarla, es más que obvio. Pero solo por una cuestión de que amo pronunciar su nombre, la diré:

Korra... Korra... Korra y más Korra.

Desde nuestro encuentro hace solo unas horas atrás, la ansiedad no para de carcomerme, ¡Pero esperen! En el buen sentido esta vez, ¿Pueden creerlo? ¿Ella y yo finalmente... bueno, casi juntas? Y digo casi por su nuevo miedito de que Kuvira me secuestre.

Yo misma no puedo creerlo. Hasta ayer a la noche quería asesinarla. Tengo que admitir que luego de su arranque pasional -el cual claramente no esperaba- todo cambió. Mi interior por obvias razones ya se estaba ablandando desde que me reencontré con ella, pero eso me colapsó.

No obstante, lo que más me desarmó... fue que me dijera que me quería. Que me dijera esas palabras que tanto anhelé escuchar.

Al carajo el plan de hacerme la difícil, de verdad... ¡Al carajo!

Me abracé más a la almohada con solo recordar su dulce carita. Sin embargo, mi alegre semblante lentamente se convirtió en una mueca afligida.

Supongo que la vida no es todo de color de rosa, tal como dicen, porque apenas la recordé, también un nuevo temor surgió.

Yo... he descubierto que puedo llegar a ser más celosa de lo que pensaba. Eso podría ser un problema, es decir... a nadie le gusta una novia en exceso celosa, un poco sí pero... ¿Desquiciadamente celosa?

Me senté de golpe, sin dejar a mi querida almohada -Pero eso es tu culpa. Porque en tu ausencia desarrollé... cierta inseguridad.

Espera, ¿Qué fue lo que dije? ¿Novia? No establecimos ese término que yo recuerde. Al menos no aún.

Tomé aire y lo solté con lentitud, como si ese solo acto pudiese sosegarme.

Ok, no funcionó. Sosegada mi culo.

Para sumar a mi impaciencia, mientras Korra ayer superaba sus miedos con Zaheer, a mi me encomendaron una tediosa tarea; trabajar de lado a lado con la persona que llevó a la ruina mi empresa, Varrick.

Se supone que teníamos que idear un plan en contra de la super-arma que está creando Kuvira. Y eso no me agradó para nada. Ese maldito presidente quiere que creemos un arma aún más poderosa usando la misma técnica que esa dictadora... los rayos espirituales, sabiendo lo peligros que son, lo que conlleva utilizarlos. Al menos Varrick también está en desacuerdo. Será un estafador, pero eso no quita que sea inteligente.

El tema es que hoy debemos mostrarle al presidente el plan que ideamos, que de super-arma no tiene nada. Convencerlo será un desafío.

Suspiré, mientras me levantaba de la cama -Hoy será un día difícil, por no decir que se vienen... días aún más difíciles.

Pero al menos... ahora te tengo a mi lado.

Sonreí para mí, y comencé a prepararme. En todo el trayecto solo pensé en ella. En cuándo la vería, cómo la trataría... si estaría bien.

Y como si mis pensamientos tuvieran un magnético poder oculto, al salir de mi casa lo primero que mis ojos contemplaron fue su gran sonrisa de oreja a oreja.

Los abrí de par en par. Esto... no me lo esperaba.

-¡Hey!- me saludó, animadamente -¡Te vine a buscar!

Entreabrí los labios para hablar, pero no pude modular palabra alguna. No sé porqué me encontraba tan conmocionada. Solo rogaba poder borrar la cara de idiota que debía tener en este momento.

-¿Asami?- inquirió, caminando hacia mí, ya que parece que mis pies no tenían intenciones de moverse -¿Estás bien?

Su tacto sobre mi hombro me despertó. Tirité en el lugar y como si un soldado fuese, respondí -¡Sí!

Rió por mi exagerada reacción -¿Qué te pasa?

-¿Qué me pasa?- repetí, por fin despertando -Pasa que no te esperaba, me tomaste... un poco desprevenida- desvié la mirada, en un intento de que su visión no captara como la mía brillaba con fervor.

Su feliz mueca empezó a tornarse preocupada.

Bien hecho Asami, ¡Siempre tan empática!

-¡N-No es que no quiera verte! Solo...

-¿Solo?- acortó más la distancia, generando que mi palpitar aumentase a los golpes.

Un no bienvenido sonrojo se estacionó en mis mejillas. Podía sentir el calor subiendo por ellas.

-Solo...

Solo... quería tanto verte y ahora estás aquí. Yo...

Volví mis tímidos ojos a ella, y al observar mi propio reflejo temeroso en los suyos, me mordí el labio con impaciencia.

-Yo... ¡Ugh, ven aquí!- sujeté el cuello de su ropa y robé sus labios en un desesperado beso, que sé que la sorprendió.

-Asa-mmm- Mi lengua selló la suya, en una danza que si fuera por mí la habría extendido aún más.

Pero una pequeñísima parte de mi cerebro tocó la puerta de mi razón. Me encontraba frente a mi casa, y si mal no recuerdo, Korra impuso ciertas reglas para estar conmigo en este momento. Así que con mucha fuerza de voluntad, liberé sus apetecibles labios

Agitada, traté de hablar -Lo siento... me dejé llevar.

Ella se cubrió la boca, roja hasta las orejas -E-Está bien, no hay problema.

-¿No hay problema?- elevé una divertida ceja -¿Qué clase de respuesta es esa, Avatar?- inquirí, siendo yo esta vez la que reducía la distancia -Deberías pensar más en tus palabras antes de hablar.

-¿Eh?

Incliné mi rostro hacia el suyo, en una clara amenaza -Ya que si dices que no hay problema, continuaré.

-O-Oye...

-Te recuerdo que solo estoy conteniéndome por ti- clavé el dedo en su torso, para luego pasar el brazo por sus hombros y apretarla contra mí -Pero si dices que no hay problema...

-¡L-Lo hay! ¡Sabes que lo hay!

Reí en un murmullo, debido a su tierno nerviosismo -¿Y bien? ¿Dónde está mi adorada carroza?

Pestañeó varias veces, desorientada -¿Huh?

-¿No me viniste a buscar?

-¡Ah! ¡Cierto!- soltó una forzada carcajada, que solo transparentaba más el hecho de que sus emociones estaban pendiendo de un hilo.

Más nerviosa no podía mostrarse... y eso intensificaba en demasía mis deseos.

-Te presento a tu carroza- señaló orgullosa con sus manos a su gran perro oso polar, que movió la cola de un lado a otro como saludo.

Lo observé, curiosa -¿Naga?

-Naga.

-¿Na...? Digo, ¿Ella nos llevará a ver al presidente?

-¿Qué sucede? No es la primera vez que te subes a ella, ¿O prefieres ir en el satomóvil?

¿Qué sucede? ¡¿Qué sucede?! Lo verás en menos de un minuto, querida.

Sonreí de una fingida e inocente manera -Bien, ¿Qué esperamos entonces?

Asintió hiperactivamente y sujetó mi mano -Ven, te ayudaré a subir.

Y así lo hizo, para luego montar ella y tomar el mando delante de mí.

-Ya sabes a dónde ir, Naga.

Su perra ladró y de inmediato empezó el recorrido. Y como pensé, este era algo.. turbulento. Por ende, no tuve otra opción que aferrarme con fuerza de su cintura, acción que la hizo temblar un poco en el lugar.

-La verdad no te esperaba, ¿A qué se debe este paseo?

Tardó unos segundos antes de contestar -Quería verte, ¿Está mal?

Está perfecto. Totalmente perfecto.

Complacida, me apreté más contra ella y me tomé la libertad de reposar mi rostro en su cálida espalda -Para nada, yo también quería verte...

-¿De verdad?

-No pude dejar de pensar en ti en toda la noche.

-¿En serio?- me miró de reojo, mientras una traviesa mueca comenzaba a dibujarse en sus labios -Espero que hayan sido pensamientos sensatos.

-No lo fueron, siquiera estaban cerca de eso- respondí, en una macabra risita.

Desvió el semblante velozmente, pero eso no evitó que sus orejas expusieran su vergüenza, ya que se encontraban sonrojadas.

Tentada, acaricié el borde con los dedos y apreté un poco su suave lóbulo -Eres tan linda...

-N-No me toques la oreja.

-¿Por qué?- musité en ella -¿Punto débil?

Soltó una tímida risa, mientras el viento se encargaba de revolotear su cabello hacia atrás, y en consecuencia, su afrodisíaco aroma invadía mis sentidos, enloqueciéndome.

-Eso tendrás que descubrirlo tú- dijo finalmente, dejando a mi corazón atascado en mi garganta.

Maldita Avatar... tentarme de esta manera. Cruel, muy cruel.

-¿Sabes, Korra? Si pretendes que mantenga una conducta adecuada, deberías dejar de provocarme así.

-¿Yo? ¿Provocar?

-No te hagas la inocente conmigo, querida. No sabes de lo que soy capaz...- apreté más su vientre y comencé a ascender la punta de los dedos por él.

Se estremeció, y en ese mismo instante supe que se arrepintió de sus palabras.

-¡De acuerdo, de acuerdo! Ya entendí... lo siento.

-mmm... eso fue rápido.

Frunció el ceño, para luego regresar el rostro hacia el horizonte -¿Traes los planos?

-Por supuesto.

-¿Crees que convenceremos a ese inepto de no usar la misma táctica que Kuvira?

-Esa es la idea, espero que sí. Sería una catástrofe utilizarla. Ya lo es que Kuvira se dirija hacia aquí con eso en manos, no sé cómo...- me apegué más contra ella. El miedo de perderla comenzaba a invadirme.

-¿Asami?- se giró hacia mi -¿Qué pasa?

Negué con la cabeza, forzando una sonrisa -Nada, solo espero que todo salga bien.

En su caso, me dedicó una firme sonrisa que debo decir que me tranquilizó -Lo hará. Estamos todos juntos en esto, y...

En un acto que me asombró, atajó mi mano que aún se encontraba en su abdomen, y entrelazó sus dedos con los míos -Y nosotras estamos juntas también, nada pasará. Yo me encargaré de protegerte.

Mis mejillas se tiñeron de otro avergonzado rubor. Esta actitud que a veces tomaba... realmente me conmocionaba.

Perdida en ella, me incliné hacia su mejilla y la rocé con la mía -Korra...- la besé con delicadeza, mientras reforzaba el agarre en sus dedos -Yo también te protegeré, no te dejaré sola.

-Asami...- volteó un poco más su rostro, y en sus celestes ojos pude ver la profundidad de sus sentimientos. Eran verdaderos... no hay duda -Gracias...

Sus labios chocaron con los míos, en un dulce y corto beso.

Al despegarme, no pude evitar reír en un murmullo -Creo que nos han visto al menos unas veinte personas.

Sus ojos saltaron -¿Q-Qué?

-Por si te olvidaste, te recuerdo que estamos cabalgando sobre tu linda perrita.

Se llevó la mano a la frente, con una obvia frustración -Ugh... ya qué. Mientras Kuvira no se entere, no hay problema.

Sonreí, mientras volvía a apoyar la cabeza sobre su espalda -Viéndole el lado positivo, esto tiene algo especial. Que nos escondamos, ¿Lo hace un poco mágico, no crees?

-¿Mágico?

-O mejor dicho, prohibido- le regalé una picarona mueca -Diría que hasta divertido.

-¿Ahora lo ves divertido, eh?

-Hasta cierto punto, claro. Porque si esto no me permite estar contigo en... otro sentido, empezará a ser tedioso.

Se achicó en el lugar. Parece que había dado en el blanco.

Me asomé por encima de su hombro -¿Me dejarás tocarte cuando todo termine, cierto?

Una poderosa y nerviosa tos se hizo presente en su habla. Su espalda vibró tanto que casi caigo hacia atrás.

Diablos, como amaba verla tan fuera de sí. Tan... intimidada por mí.

Esto podría convertirse en una hermosa rutina.

Alterada, se volteó hacia mí, limpiando su comisura -¿Podrías dejar de decir esas cosas sin una pizca de vergüenza?

-Pero la tengo.

-¡¿Donde?!

-Aquí- llevé su mano a mi pecho -¿Escuchas mi rápido palpitar? Es por ti.

-Asami... -Sus dedos se fruncieron contra mi ropa, y al instante un escalofrío me recorrió -Soy yo la que quiere estar contigo en más de una forma, aunque no lo creas.

Parpadeé reiteradas veces, con una fingida inocencia -Te creo. Me violaste contra una ventana.

Los colores treparon por su rostro en un segundo -¡No te violé!

Elevé una desconfiada ceja -¿Ah, no? Porque si mal no recuerdo, lo único que dije en ese momento fue: No... Korra, por favor... ¡Ah! ¡No!

-¡Agghh!- tapó sus oídos, desesperada -¡Cállate! ¡Y deja de gemir en mi oreja!

Emití una fuerte carcajada. Tuve que aferrarme el estómago para controlarla, pero por supuesto, no tuve éxito. No pensé que iba a afectarle tanto mi actuación.

-Solo estoy bromeando.

Relinchó los dientes, y yo para esta altura ya tenía cubierta la boca, en un intento de no reír.

-Pero igual- me recuperé, aún emanando leves risitas en el medio -Pensé que me habías dicho que no teníamos que pasar mucho tiempo juntas.

Una gota de sudor resbaló por su frente. La dejé totalmente acorralada.

-¿Acaso una amiga no puede pasar a buscar a otra amiga?- arqueó una cómplice ceja.

-¿Amiga, eh?- la imité -Y dime, ¿Una amiga puede hacer esto también?- susurré en su oreja, para luego atrapar sus pechos.

-¡O-Oye! ¡No hagas eso!

-Solo me estoy sosteniendo mejor, ¿No te preocupa que me pueda caer?

-¡Nos caeremos si sigues así!

Apoyé el mentón en su hombro, obviando su negación -Pero son tan mulliditos...- fruncí las manos contra aquel delicioso lugar.

-¡A-Asami! ¡De verdad nos caeremos!

-Habrá valido la pena. No me arrepiento de nada.

-¡Suéltame!

-Nop.

La oí gruñir, hecho que solo me incentivó todavía más.

-¿Estarás así hasta que lleguemos?

-¡Sip!

-La gente nos está mirando...

-Solo me envidian por estar tocando los sagrados pechos del Avatar.

-Sagrados... dices.

Asentí, y la apegué más contra mi -Muuuy sagrados.

Apretó la mandíbula con ímpetu, y yo no podía estar más complacida. Pero por supuesto, la broma estaba convirtiéndose paulatinamente en tentación.

Y tal tentación me llevó a empezar a sumir las yemas dentro de su playera, con una tortuosa lentitud. Observé su moreno cuello con hambruna, y poco tardé en sellar mis labios contra este. Lo recorrí en una leve caricia, para luego succionarlo.

Decir que saltó en el lugar, es quedarse corto. Naga casi se detiene en seco, y eso no hubiese estado para nada bien.

-¡A-Ahora sí te estás pasando!- atajó mi mano, titubeante.

-Solo estoy jugando...

-¡Con mis tetas!

-Que perceptiva.

-Asami... ¡Oh!- señaló al frente -¡Llegamos!

Largué un bufido, detallando el gran edificio que ahora nos rodeaba -¿Podrías al menos disimular la felicidad?

-No es felicidad, es alivio- me sacó la lengua y pegó un saltito, aterrizando sobre el suelo. De inmediato estiró las manos hacia mí -Ven.

Deslicé una de mis piernas con intenciones de descender como toda una dama, pero al contemplar su carita sonriente, junto a sus brazos abiertos, una infantil energía me drenó.

Sonreí de una maquiavélica forma y básicamente salté hacia ella -¡Wiii!

Sus pupilas escaparon de sus órbitas -¡E-Espera!

Con una increíble destreza me atrapó en sus brazos, y yo satisfecha, me sujeté de su cuello -¡Buena atrapada, Avatar!

-¿Qué estás tratando de hacer? ¿Y si no te atajaba a tiempo?

-Pero lo hiciste.

Frunció el ceño. Admito que su paciencia tenía un fin, y que hoy me mostrara tan infantil e idiota no ayudaba.

-¿Korra? ¿Asami?

Nos giramos hacia el desconocido que nos llamó, que resultó ser Mako.

Nerviosas, delineamos una estúpida mueca-H-Hey, Mako.

Intercaló la visión entre nosotras, sospechoso -¿Qué están haciendo?

Korra, pasmada, pasó la atención a mí. Aún siendo sostenida por ella, me encogí de hombros, restándole importancia al asunto.

-Jugábamos- me limité a decir.

Él se cruzó de brazos, sin quitar aquel fastidioso gesto que tenía tatuado en el rostro -Veo que se están tomando las cosas con bastante tranquilidad.

-¿De qué nos serviría alterarnos?- acotó ella, bajándome con delicadeza.

Emanó un pesado suspiro, para luego hacernos una seña con la mano -Vamos, hay que entrar.

Asentimos, algo aturdidas. Mako, serio como él solo, siempre se dedicaba a arruinar los momentos divertidos.

O quizás... ¿Está celoso?

Ese solo pensamiento me hizo sujetar su mano con fuerza.

-¿Asami?

-Ah... lo siento- me solté, avergonzada.

Autocontrol, es tu momento. ¡No te dejes llevar por estupideces!

Sin más que decir entramos y el presidente nos recibió. Varrick ya se encontraba allí, al igual que el príncipe Wu y Tenzin.

-Bien, las fronteras están aseguradas, las tropas están vigilando las líneas del tren en la ciudad. Así que, ¿Qué han ideado ustedes los genios para acabar con Kuvira?- nos cuestionó.

Estiré el plano en mis manos y entreabrí los labios para hablar, pero obviamente Varrick se me adelantó.

-¡Es un meca-traje volador!- elevó las manos de tal forma, señalando el plano, que tuve que agachar la cabeza para evitar que me desnucara -¡Asami tuvo esa idea mirando a los colibríes-libélula!

El presidente frunció el ceño -¿Y de dónde sale el rayo espiritual?

-No tiene rayo espiritual- acotó, aquel hiperactivo hombre -Voy a decirte lo que le dije a Kuvira: Esa tecnología no debe ser utilizada.

-¡Ya está siendo utilizada! ¡Por Kuvira! ¡Necesito esas armas espirituales, y las necesito ahora!

-No.

Me giré hacia Korra, ya que serio tono me sorprendió.

- Kuvira cortó las lianas espirituales del pantano y eso causó que estas invadieran Ciudad República, y además se volvieran locas y secuestraran personas.

-Se supone que tú eres el puente entre los dos mundos, ¿Por qué no cortas tú las enredaderas?

Maldito presidente... siempre tan simpático.

-No haré eso, pero dado que los espíritus aman tanto esta ciudad, quizás pueda convencerlos para que nos ayuden a defenderla de alguna forma.

Su semblante por fin se relajó un poco -De acuerdo.

De repente, lo que menos pensé sucedió. Y me refiero a que el príncipe Wu acotó una idea bastante interesante.

-¡Muy bien!- se interpuso entre nosotros, arrogante -Tal vez mientras estos genios y el puente espiritual se preparan para la batalla, podríamos evacuar a los ciudadanos por si Kuvira ataca.

Aquel tedioso hombre se refregó el mentón -De hecho... eso es una buena idea. Príncipe Wu, trabaje con la policía para evacuar a las personas, ¡Ahora todo el mundo, manos a la obra!

Solté un pesado suspiro, mientras caminaba hacia la salida, pero algo me hizo detenerme en seco. Una imagen que realmente no tenía ganas de ver. Korra con Mako, hablando entre sí amigablemente.

Me escondí detrás de una columna, odiando por completo mi estúpido acto, y escuché.

-Hey, ¿Crees que podremos evacuar a todos a tiempo?

-Eso depende de cuán bien tengas controlado a tu principito- le guiñó un ojo.

-¿M-Mi principito? Deja de bromear... pero debo admitir que tuvo una gran idea.

-La tuvo. Ah... por cierto, Mako- se paró frente a él -Quería agradecerte por lo del otro día. Ya sabes... cuando me acompañaste a ver a Zaheer.

Él sonrió de un amable modo que no veía hacía tiempo, lo cual solo generó que mi cerebro me lanzara desagradables y peligrosas alertas.

-Korra, sabes que siempre estaré aquí para lo que necesites.

Asintió, para luego rodearlo en un dulce abrazo. ¿Era necesario abrazarlo, de verdad?

No, espera... estoy actuando como el tipo de persona que detesto. Tengo que detenerme, urgente.

Solo son amigos... sí, eso son...

Al deshacer el aprecio, Mako se quedó mirándola de una extraña manera -Oye... tienes algo en el cuello- estiró sus dedos hacia ella y la rozó, para luego regresarlos hacia él -¿Es esto... lápiz labial?

Mi corazón palpitó con tanta fuerza, que juré que iba a detenerse.

Korra... ¿Qué mierda dirás para salir de esta?

Ella atinó a encogerse en el sitio, nerviosa -¿E-Eso? Umm, estábamos jugando con Asami y bueno...

-¿Con Asami?- ascendió una sospechosa ceja -¿Qué tipo de juego era para que ella terminara besándote?

-Ah... ha... ¡Haha!- se rascó la cabeza, mientras yo me golpeaba la frente -No le des importancia, volvamos a los esencial, Kuvira.

Mis ojos se entrecerraron, afligidos.

No le des importancia... ¿O sea que yo, no tengo importancia? ¿El hecho de escondernos provocará siempre este tipo de reacciones en ella?

Estas dolorosas reacciones.

Con el enojo en aumento, me giré y regresé los pasos. No tenía que enfadarme, lo sé... pero no podía evitarlo. Parece que el sonido de mis tacos llamaron su atención, ya que sus pasos comenzaron a perseguirme.

-¡Asami!- me alcanzó, para luego comenzar a caminar a mi lado -¿Dónde estabas?

-Por ahí...- evité su penetrante mirada.

Me observó unos instantes, como si quisiera averiguar lo que mi desfigurado rostro escondía -Bien hecho ahí adentro.

-¿Huh?- volteé hacia ella, con la frente arrugada -No pude decir ni una palabra.

-Lo sé, por eso lo digo. Fue sarcástico- bromeó, pero en este momento no estaba para ninguna burla, y creo que lo notó.

-Aunque debo decir que Varrick me sorprendió, parece que cambió un poco- trató de mutar el pesado ambiente.

-No me fio de él.

-¿Eh?

-El día que pueda olvidar que hundió mi compañía, te lo haré saber.

Sonrió de lado, sin borrar su burlón gesto -Esperaré ansiosa, entonces

-Mejor espera sentada. No creo que ocurra.

Su rostro se mostró preocupado. Era obvio... no podía ser capaz de ocultar mi disgusto por lo que vi.

-Asami... ¿Ocurre algo?

-No, ¿Por qué tendría que pasarme algo?

-No lo sé, estás un poco...

Me detuve en seco, generando que ella me imitara -¿Un poco?

Derivó la mirada al suelo, mientras jugaba con sus dedos -Distante.

Ya con la paciencia por el piso, me incliné hacia ella -¿Y por qué crees que estoy distante?

Ella la regresó hacia mí, confundida -¿Huh?

-¿No piensas que puede ser porque "le restas importancia" a nuestro vínculo?

Sus ojos se abrieron de par en par -¿Escuchaste lo que dije?

-Lo hice.

-¿Me estabas espiando?- Su semblante estaba convirtiéndose en uno fastidioso. Y no podía culparla.

-Sí- me limité a decir.

-Asami, ¿No confías en mí?

-Tal vez no- me crucé de brazos, rogando por dentro que mi oscuro lado se disipara. Este se estaba llevando la poca cordura que me restaba.

No quería pelearme con ella... no después de todo lo que tuvimos que pasar. No ahora que por fin estabámos bien.

Para mi sorpresa, observé, por decir que oí, como sus dientes chocaban entre sí, claramente impotentes, y luego un fuerte aferre atrapaba mi muñeca, impulsándome hacia quién sabe dónde.

-¡Hey, Korra! ¡Espera!

Tironeaba de mi con tanta fuerza que a mis pies no le quedaron otra opción que seguirla.

-¿Qué haces? ¡Detente!

Y como si fuera una orden, lo hizo, de una estrepitosa forma. Ya que me estampó contra una pared que se encontraba frente al jardín de esa mansión.

Tragué saliva con un importante esfuerzo, tratando de centrarme. El hecho de que me estuviese acorralando con sus brazos no aportaba.

-Asami, te dije que no me gusta Mako.

Desvié el rostro. Su cercanía me desmoronaba -No estoy enfadada por eso.

-¿Y por qué entonces? Sabes que debemos mantenernos ocultas hasta que derrote a Kuvira.

-¡Lo sé!- me exalté, apartándola con las manos, pero al instante atrapó mis muñecas y las posicionó sobre mi cabeza.

Estaba suspendida. No me imaginé que Korra pudiese ser tan... temperamental conmigo.

-¿Si lo sabes por qué estás haciendo un berrinche?

-¿Berrinche?- clavé mis iracundos ojos en ella -¿No es normal que me moleste que ignores mi existencia frente a otros?

Me contempló unos largos segundos, y bajó la cabeza, como si estuviera arrepentida -Perdóname por eso, pero sabes que es necesario porque...

-¡Porque nada, Korra!- Esta vez fui yo la que atajé sus brazos y la giré, dejándola sobre la pared. Me miró, atónita.

-Entiendo tu punto... lo sé, no necesitas explicarme nada- cerré los ojos con ímpetu, tratando de reprimir la agonía que me atacaba -No... no me des importancia cada vez que haga esto.

-Asami...

La culpa comenzaba a carcomerme. Lo que me menos deseaba era hacerla sentir mal por mis caprichos.

-Perdóname tú, no puedo controlarme. No sé qué me pasa- me abracé a ella en un impulso, paralizándola -Todo contigo es... todo es...

-Asami...- sus cálidas manos me rodearon, y me apretaron más contra ella.

-Yo... no soy así, pero contigo... no puedo evitarlo.

Mi rostro se desmoronó sobre su hombro, y ella con mucha dulzura acarició mi cabello, logrando que me tranquilizara, al menos un poco.

-¿Piensas que eres la única que se siente así?

-¿Eh?- me animé a encararla de frente, solo para toparme con la mirada más vulnerable que había visto en mi corta existencia.

-Asami... yo tampoco quiero estar así contigo. Pero tu seguridad es lo más importante para mí.

-Korra...

-Lo siento mucho... por seguir haciéndote sufrir. Eres libre de tomar el camino que quieras si no puedes soportar esto.

Mi habla quedó sellada. No podía estar más conmocionada. Sé por su dolorosa tonada que no quería perderme... y yo... yo solo...

Yo soy la única que la hace sufrir.

Mi tacto terminó sumido en aquellas morenas mejillas que tanto me enloquecían. Limpié sus lagrimas que querían escapar, para luego inclinarme hacia ella.

-¿Puedo... besarte?

Me contempló unos segundos. Por su gesto debo decir que parecía sorprendida por mi petición.

-¿Por qué lo preguntas? Siempre lo hiciste sin pregun-

-¿Puedo?- repetí, atrapando su cintura.

Lentamente, empezó a esbozar una amable sonrisa que me derritió -Por supuesto.

Su delicada mano atrapó mi cabello y me aproximó más hacia ella, mientras yo en el recorrido entrecerraba los ojos.

-Gracias...

Me fundí con aquellos deliciosos labios que tanto había extrañado, a pesar de haberlos tomado hace solo unas horas.

-Korra...- No pude evitar nombrarla cuando los entreabrí, con intenciones de llevarme los suyos, y sin poder esperar más, adentraba mi lengua en su dulce cavidad.

La oí jadear en un eco, mientras percibía como sus manos se desesperaban en mi espalda, apretándome más contra ella. Las mías terminaron en sus cálidos cachetes, impulsándola más hacia mi boca, anhelando sentirla de una forma más profunda.

Me incliné hacia el costado y ella, como si estuviera sincronizada conmigo, se inclinó hacia el lado contrario, intensificando la unión.

Mi pecho palpitaba con la suficiente fuerza para hacerme perder la sensatez, y mi tacto ya se estaba atreviendo a sumirse dentro de su playera, ascendiéndola.

Tenía que detenerme.

Me alejé con lentitud, y me atreví a posar los ojos en los suyos. Su sonrisa seguía alumbrándola, pero por alguna extraña razón, el pesar en mi ser no disminuía.

Me abracé de nuevo a ella, esta vez con más fuerza -Korra, tengo un mal presentimiento...

-¿Qué?- musitó agitada, sobre mi aliento.

-No lo sé. Pero por favor, no te alejes de mí... tengo miedo de perderte.

Besó mi mejilla, para luego apoyar el mentón en mi hombro -No me perderás. Siempre estaré a tu lado, Asami...

Y con esa frase de fondo continué mi día, al cual, tanto a mí como a lo demás tan bien no parecía transcurrir. El plan de evacuación estaba siendo un fiasco total ya que las personas no creían estar en peligro. Y respecto a Kuvira, había sentenciado eliminar esta ciudad por nuestras negativas a entregársela.

Sabía lo que vendría, ahora... tendríamos que pelear.

La única buena notica es que Suyin y su familia había sido liberada gracias a los esfuerzos de Bolin, Opal, Lin y la mismísima Toph Beifong. Eso significaba que ahora teníamos más miembros a nuestro lado para luchar pero... como siempre, Korra trató de llegar a una solución pacífica antes de la inevitable confrontación. Quería encarar a Kuvira y tratar de hacerla retroceder.

Lo único que yo pude hacer fue esmerarme en terminar de construir el meca-traje volador lo más rápido que pude, junto a Varrick, que no está de más decir que solo se dedicaba a dar órdenes, y también junto a Zhu Li, que había vuelvo a nuestro lado.

Pero en el mientras tanto, los ataques habían empezado. Korra no logró su cometido. Ahora nuestra única opción era...

-Los cuatro hemos estado hablando- dijo ella, intercalando la mirada entre Mako, Bolin y yo -Queremos eliminar el arma de Kuvira antes de que se aproxime demasiado a la Ciudad.

Estábamos en el templo del aire. Decidimos esto después de darle muchas vueltas. Ya no había otro recurso que pudiesemos explorar.

-Eso parece un riesgo que no tenemos porqué asumir- acotó Tenzin, absolutamente en contra de nuestro plan -La evacuación ya está prevista, y el general Iroh está poniendo al ejercito en posición.

-No... él no lo lograra.

-¡Esa arma es muy poderosa!- exclamó Bolin -¡Puede destruir toda la ciudad!

-Nos infiltraremos en las filas del enemigo e incapacitaremos el arma.

-Si funciona, equilibrará el campo de batalla- agregué, determinada.

-Pero si los atrapan...

-El riesgo merece la pena- Korra enfrentó con la frente fruncida a Tenzin y a Lin, que no desistian en su pensar.

Pero por suerte, esta vez el presidente estaba de nuestro lado.

-Estoy de acuerdo. Puede que esta sea nuestra única oportunidad de prevenir una guerra. Buena suerte.

Asentimos, decididos -Partiremos por la noche.

-/-

Me encontraba en una habitación que Korra me ofreció, en ese ya familiar templo. Dudosa, muy dudosa. No sé que me ocurría... ese mal presentimiento no me abandonaba y eso solo me provocaba un temor infinito que no debía tener. Menos en el campo de batalla.

Un leve sonido en la puerta me despabiló -¿Asami, puedo entrar?

-Sí, pasa.

Su caminar resonó en aquel piso de madera, pero yo aún... no me atrevía a posar la mirada en ella. Hacerlo significaba que iba a poder ver a través de mis miedos, y eso era algo que no quería revelar.

-Asami...- se sentó a mi lado, en la cama, y pasó el brazo por mis hombros -No es necesario que vengas, va a ser peligroso y-

-Korra- la corté, atajando su mano -Iré.

Ella me observó unos segundos, titubeante -De acuerdo...

Sonreí de soslayo, para luego elevar su mentón con suavidad -Eres tan linda cuando actúas tan protectora.

-Y tú eres tan testaruda cuando tienes una idea en mente.

Ahogué una risita, y me dejé reposar en su hombro -Perdóname por eso... pero no te dejaré sola, ya te lo dije.

-Lo sé- reforzó más el aprecio, y besó mi cabello -Es hora de irnos.

-Sí- ascendí el rostro, solo para encontrarme con su profunda mirada -Todo estará bien, Korra.

Eso dije... pero en realidad, eso quería que me dijera ella. Ya que mis temores solo acrecentaban con el correr de los minutos.

Y en un abrir y cerrar de ojos, todo el equipo Avatar ya se encontraba sobre un bisonte volador. Nos dirigíamos hacia ella... hacia esa maldita dictadora. Sus ataques habían finalmente asustado a los habitantes, ya no podíamos permitirle continuar. Esta era nuestra Ciudad, teníamos que defenderla.

Ella llevaba el mando del bisonte, y yo me dedicaba a observar su espalda, sintiéndola lejos... muy lejos, quién sabe ya porqué.

Divisé a lo lejos como unos gigantescos tanques se aproximaban -Eso es...

-Kuvira. Llega una semana antes...- Korra, alertada, me robó las palabras.

Iba a acotar algo más, pero mi habla quedó enmudecida cuando presencié un meca-gigante. El terror inundó mi ser. ¿Cómo demonios íbamos a vencer a esa cosa? Mejor dicho, ¿Qué mierda era esa cosa? Esa mujer de verdad estaba loca.

Poco tiempo tuve para meditar la idea de salvarnos, ya que ahora ese gigantesco robot nos estaba apuntando con un arma que intuía bien lo que contenía.

-¡Tenemos que salir de aquí, ahora!- grité.

Una luminosa luz violácea emano de él, y un estruendoso sonido se escuchó.

Korra desvió al bisonte lo más rápido que pudo, y logramos escapar por los pelos. Y digo por los pelos porque terminamos aferrados al pobre pelaje de ese animal, en un intento de no caer.

Totalmente paralizados, volvimos al templo del aire y al dar la noticia de lo que presenciamos, todos se alarmaron, no era para menos. Teníamos que hacer algo, pronto.

-¡Volvamos a mi fábrica!- me adelante a los demás -Tal vez tengamos algunos trajes-colibrí funcionando.

Sin embargo, a pesar de que fuimos, poco pudimos hacer. Esa super arma era imparable. Estaba destruyendo al ejército, la Ciudad y también nuestras esperanzas.

Incluso lo que creímos nuestra última oportunidad, que fue secuestrar al futuro esposo de Kuvira, es decir, al hijo de Suyin, Baatar, tampoco funcionó. Kuvira dirigió el ataque directo hacia nosotros, restándole importancia a la vida de su propio prometido.

Confirmado, su locura no tenía fin.

Choqué los dientes, impotente. Todo estaba sucediendo tan rápido que mi mente no podía formular siquiera una puta idea.

Los maestros de aire y Korra hacían todo lo posible para tratar de detenerla, no obstante, era imposible. Su poder sobrepasaba el nuestro.

Lo único que pude hacer en el mientras tanto, fue tratar de mejorar los trajes, pero no había manera... algo estaba fallando, y no lograba encontrar el error. El temor de verdad me estaba cegando.

Pero no temor a que la Ciudad sea destruida... sino el temor por perderla. Ella... realmente iba a enfrentarse mano a mano con esa peligrosa mujer si seguíamos así. La conozco lo suficiente para saber que daría su vida por los demás, y no quiero eso... en mi egoísmo, es lo que menos deseo.

Las horas pasaron, tanto los maestros de aire como Korra regresaron a nuestro cuartel secreto, solo con malas noticias. Noticias que ya sabía a la perfección.

Pero el rostro de Korra aún conservaba la esperanza. Conocía bien esa expresión... tenía un plan. Y quizás, uno peligroso.

Baatar, que finalmente se había dado cuenta de la peligrosa persona que era Kuvira, se encontraba con nosotros, más desganado que nuestras propias esperanzas. Él trató de ayudarnos, pero poco pudo hacer.

-Lo siento... es imparable.

Cerré los puños con rudeza. ¿En serio era imparable? ¿No había nada que yo pudiera hacer? Se trataba de un robot, creado por piezas mecánicas. No podía ser tan incapaz de solucionar esto. Mecánica, ingeniería... ¡Es todo lo que yo sabía! Entonces por qué... ¿Por qué?

-No lo es- escuché de repente una familiar y al mismo tiempo, melancólica tonada.

Deslicé los ojos con lentitud hasta detenerlos en una figura muy conocida.

Mis labios se desprendieron incrédulos por lo que estaba visualizando. Y mi pecho, se oprimió al instante.

-¿P-Papá?

Me sonrió con amabilidad, destruyéndome en un segundo.

-Lo saqué de la prisión para que ayude. Pensé que necesitábamos a todos los genios posibles que tengamos a nuestro alcance- lo justificó, Lin.

De inmediato posé mi aturdida mirada en Korra. Ella no parecía sorprendida, es más, es como si... supiera de esto.

Él entrecerró los ojos con pesar -Sé lo que piensan todos de mí, pero amo Ciudad República, y lo daría todo por salvarla.

Mis muelas se encontraron entre sí. No me esperaba esto... ¡Mis emociones no estaban preparadas para esto! Tampoco podía negar que la felicidad estaba infiltrándose en mi alma, sin mi permiso. Después de todo, yo decidí perdonarlo y por eso seguí yendo a verlo. Pero que ahora esté parado frente a mí, así como si nada... es demasiado.

No puedo procesar esto... no puedo.

Korra se cruzó de brazos y lo fulminó con la mirada. Sin embargo, su acción se mostró... bastante falsa -¿Crees que sabrás como derrotar a esa cosa?

-Deben actuar como si fuera una infección. Rompan la piel y ataquen a los órganos vitales. Desconecten el corazón y su cerebro, y esa bestia morirá.

Pestañeé varias veces, asombrada.

Cierto... ¿Cómo no se me ocurrió?

Lo observé de reojo, con miles de sentimientos encontrados. Con miles de pensamientos contradictorios. Solo uno resonaba firme en mi mente.

Él siempre será... el mejor genio de esta ciudad.

-¿Pero cómo vamos a meternos dentro de él?- cuestionó, Korra.

-Industrias futuro posee sierras de plasma para cortar el platino. Si tuviéramos uno en el meca-traje...

Con un importante coraje, me atrevía a dar unos pasos hacia adelante -Pero las sierras son demasiado grandes. Jamás lograríamos que los trajes despegaran.

Llevó una mano a su mentón, pensante. Ese gesto... sí que lo conocía bien.

-Creo que puedo añadirle un componente eléctrico al soplete del traje y convertirlo en una sierra de plasma. Esta podrá hacer una agujero en esa cosa lo suficientemente grande como para que alguien entre en él.

Mis labios tiritaron, antes de delinear una leve sonrisa.

Ja... viejo, de verdad eres un genio.

Korra lo meditó unos segundos, para luego asentir -Tendremos que atacar como un enjambre para intentar mantenerlos a salvo mientras se encuentran en los trajes-colibrí. Son nuestra única esperanza.

Todos asintieron, mientras yo emanaba un pesado suspiro. Observé a Korra de soslayo. Ella rápidamente se dio cuenta de mi vistazo, y me guiñó un ojo.

¿Qué? ¿Acaso ella...?

Antes de que sus pasos traspasaran la puerta de aquel cuartel de respaldo, atrapé su brazo -Korra.

Se giró hacia mí, con una inocente sonrisa plasmada en el rostro -¿Sí, Asami?

-Tú... ¿Esto fue tu idea?

-¿Qué cosa?

Reforcé el aferre, frustrada -Mi padre...

-Oh. Ya lo oíste, fue idea de Lin.

-¡No me mientas!

Pegó un saltito, debido a mi imponente energía -Bien...- rascó su mejilla con el dedo índice, para luego volver la visión a mí -Quizás se lo sugerí a Lin.

Disminuí el agarre, mientras mi palpitar solo se dignaba a aumentar -¿Por... qué?

Me sonrió solo como ella sabía hacerlo, y atajó mi hombro -Tienes que admitir que es la mejor opción. Además, sé que quieres estar con él.

Esquivé su mirada, nerviosa -Pero él... tal vez él nos traicione de nue-

-Asami- apretó mi piel, con ternura -Confío en ti, por eso... también confío en tu padre ahora.

-Korra...

Mis emociones me estaban traicionando. Mi pecho se comprimía con tal rudeza que pensé que iba a dejar de respirar.

Puso la otra mano en mi hombro, y asintió, decidida -Disfruta a tu padre, Asami.

Mi voz quedó atascada en mi garganta, y mis lagrimas, que hacia un rato que deseaban emanar, se resbalaron por mis mejillas.

-Korra...- entrecerré los ojos, y en un arranque me abracé a ella -¡Korra!

No me importó que nos estuvieran viendo, y veo que a ella tampoco. Ya que me correspondió, aferrándome con fuerza contra su cuerpo.

Sollozando, me escondí en la curva de su cuello -Te quiero- susurré y besé su mejilla. No pude evitar decirlo, y menos besarla.

Soltó una risita en un murmullo, y me dio unas palmaditas en la espalda -Vamos, ve con él. Te está esperando- me apartó un poco y limpió mis lágrimas de un dulce modo.

Pero estas no dejaban de huir de mí. El tema de mi padre era algo que quería evitar... en especial desde que tuvimos esa confrontación. Pero ahora ella parecía entenderme... apoyarme.

No es que necesite la aceptación de nadie para tomar mis propias decisiones, pero saber que estaba a mi lado, que apoyaba la idea de que me reconciliara... me hizo muy feliz. Tanto, que mis lágrimas no eran de tristeza, sino de alegría.

Ella lo estaba confirmando, día tras día reafirmaba que iba a continuar a mi lado, no importase qué. Al igual que yo.

Me regaló una última sonrisa, para luego darse media vuelta y dejarme sola con él. Mis pies dudaron antes de girarse hacia su persona.

-Papá...

Me dedicó un gratificante gesto y elevó su mano hacia mí -Es hora de ponernos a trabajar, hija.

Aspiré el llanto que aún me carcomía y la sujeté. Por primera vez después de mucho tiempo... la sujeté.

Y en ese simple aprecio, pude sentir a mi verdadero padre. Al amoroso padre que fue conmigo cuando era pequeña, al que me apoyó incondicionalmente cuando murió mi madre, a pesar de que él estaba devastado... a pesar de que su dolencia por su muerte fue la razón de que enloqueciera. Sí... podía sentirlo. Este era mi verdadero padre.

Mi querido papá...

-/-

Con el tiempo corriendo, nos pusimos a trabajar, como bien él dijo. Kuvira se dirigía directo a nosotros, no había un minuto que perder.

Las cosas avanzaban mucho más rápido con su presencia que con la de mil ingenieros juntos. Su intelecto y su gran destreza, provocaban que mi esperanza resurgiera.

Korra volvió a hacer acto de presencia una media hora después -¿Cuánto falta para que estén listas las sierras de plasma?

Elevé el artefacto que protegía mi rostro de los eléctricos y punzantes elementos que estaba utilizando, y la detallé.

Su sonrisa no podía mostrarse más complacida. Lo cual agradecí, ya que aunque estábamos en plena guerra, se mostraba feliz por mí.

-Solo unos pocos minutos.

Asintió y redirigió los pasos hacia la puerta -Cuando terminen, salgan de aquí lo más rápido posible.

-De acuerdo.

Su caminar se detuvo antes de abrir la perilla de la puerta -Asami...

Elevé la vista hacia ella -¿Qué sucede?

-Ten cuidado cuando lo pilotees...- me observó de reojo, con una obvia preocupación que partió mi corazón en dos.

Le sonreí y asentí -Tú también ten cuidado...

La puerta se cerró y quedé embelesada mirándola. Acción que veo que mi padre no pasó desapercibida.

-Cada día estás más hermosa.

-¿Huh?- me volteé hacia él, estupefacta.

-Y cada día te pareces más a tu madre.

Descendí la mirada, con nostalgia y un grado de verguenza. No me atreví a contestar, ya que no sabía que decir. Lo único que pude hacer fue continuar con mi labor.

-Quizás me equivoque pero...- lo volví a escuchar, provocando que enfocara la atención en él -¿Hay alguien especial en tu vida?

Mis latidos me traicionaron otra vez, y como nunca. Estos palpitaban emocionados, y también asustados. Explicarle a mi padre mi situación era... ¿Qué era? ¿Qué es lo que pensaría de ella? ¿Qué diría? ¿Me aceptaría?

Sonreí para mi, casi con desgano, para luego contestar -Lo hay. Hay alguien especial en mi vida.

Amplió aún más su complacido gesto -¿Es ese chico Mako?

De inmediato negué con la cabeza, y saqué la lengua, en un obvio rechazo. Reacción que lo hizo reír.

-¡No! Terminamos hace tiempo.

-Mejor- respondió, tomándome desprevenida.

-¿Mejor?

-No me gustaba mucho para ti. Por alguna razón no me daba seguridad.

Reí por lo bajo, mientras unía otra de las tantas piezas metálicas al traje, tal como él.

-Hiciste bien en desconfiar. Pero todavía sigue siendo un gran amigo.

Aunque a veces quiera matarlo por sus acercamientos con Korra...

-Y entonces... ¿Se puede saber quién ha conquistado a tu hermoso corazón?

Detuve mi acto, con la ansiedad en aumento -No, aún no te has ganado toda mi confianza para saberlo.

Él bajó la mirada. Parecía triste... como para no estarlo. Su propia hija no creía en él. Pero sé que era consciente de que mi actitud era la más sabia. No podía cuestionarme después de todo lo que hizo.

Sonreí de soslayo y le pasé una herramienta -Cuando lo hagas, te lo diré. Y si sigues así... ese día será pronto.

Ascendió de nuevo la visión, y pude captar como sus ojos se tornaban esperanzadores -Entonces, esperaré ansioso ese día...

Calqué su gesto y seguimos trabajando. Luego de mucho esfuerzo, pasada una hora, contemplamos la nueva versión del meca-colibrí.

-¿Piensas que funcionará?

-Solo hay una forma de averiguarlo- contestó, asumiendo su posición en la cabina de abajo.

Antes de que yo me colocara sobre la superior, detuve con las manos el caparazón que se estaba cerrando sobre la de él.

-Si detenemos ese meca-gigante, será todo gracias a ti- le regalé un tenue gesto, y en recompensa recibí uno mayor.

-Fuiste tú quién diseñó estos increíbles trajes- sujetó mi mano y al instante sentí una paternal calidez recorriéndome -Es genial volver a trabajar juntos otra vez.

En ese momento, todo rencor, dolencia y odio desapareció. Solo tenía frente a mis ojos al padre que siempre quise. Y con un remolino de emociones asaltándome, no pude evitar pronunciar aquellas palabras que mis labios extrañaban tanto decir.

-Te quiero, papá.

Su mirada se ablandó, lo suficiente para ablandarme a mí también -Yo también te quiero, hija.

Complacida, asentí y trepé hasta la parte superior, para luego tomar mi lugar. Aspiré el aire a mi alrededor, drenándome de coraje.

-¿Estás lista?

-Lista.

-Despegando- lo oí, y de inmediato estacioné las manos en los controles.

Antes de despegar, escuché como Varrick, que se encontraba a unos metros de nosotros, le dedicaba unas palabras a fiel asistente.

-Zhu Li, ¿Harías lo tuyo por el resto de nuestras vidas?

Contemplé, pestañeando varias veces, como le colocaba un anillo en su dedo anular. Fui incapaz de no reír por lo bajo.

Ese Varrick... realmente no tiene caso. Supongo que llegó el día en que le podré decir a Korra que he olvidado su desliz.

El sonido del motor reaccionando, me hizo volver la atención a los controles. En efecto, pudo despegar. Si tan solo hubiésemos recurrido a mi padre antes, quizás no habría tantas bajas ahora.

Con el tiempo en contra, nos dirigimos a toda velocidad hacia el gigantesco meca que adornaba la Ciudad de puro terror. Korra ya se encontraba allí, esperando por nuestra llegada.

A lo lejos pude vislumbrar como sus ojos brillaban intensamente. Estaba en el estado Avatar, mientras trataba de escapar de los rayos espirituales que la atacaban. Yo solo rogaba porque ninguno la alcanzase.

Verla pelear, verla convocar todos los elementos ya sea con sus manos o con sus pies, era una gran inspiración. Estaba haciendo todo lo que podía para distraer a Kuvira, y no debíamos desperdiciar su notable esfuerzo. Teníamos una misión.

Fruncí el ceño, mientras detallábamos como la distancia se acortaba entre nuestro traje y el meca. Yo también podía ser útil... ¡Yo también podía protegerla!

Los maestros de aire, los de metal, Bolin, Mako...todos estábamos juntos en esto. No podía defraudarlos. Era mi momento de luchar... y estaba dispuesta a sacrificar todo para hacerlo. Excepto... las vidas de mis seres queridos.

Posé la visión en mi padre, que se encontraba tan concentrado como bien lo recordaba. Mis puños se cerraron con fuerza sobre los controles.

Papá... haré que te sientas orgulloso de mí.

Finalmente pudimos anclarnos sobre el meca gigante, y empezamos nuestra labor. Abrír un agujero en él. No obstante, Kuvira, a pesar de las distracciones que le llegaban de todos los ángulos, se percató de nuestra presencia.

Una gigantesca mano acercándose a nosotros, fue la prueba. Tratamos de esquivarla, pero la muy maldita seguía su intento de aplastarnos como si fueramos una mera mosca. Korra desde lo bajo trataba de inmovilizar esos monstruosos pies mecánicos, sin resultado alguno. Siquiera en el estado Avatar podía hacerlo.

Apreté la mandíbula, con el terror acrecentándose. El traje-colibrí en el que se encontraban Varrick y Zhu Li había caído. Ahora todo dependía de nosotros.

-¡Mierda...!- giré los controles, en otro intento de escapar -¡Papá, no nos queda mucho tiempo!

-¡Lo sé!

Korra por su parte, utilizó el agua control y lo impulsó hacia el gigante, para luego congelarlo.

¡Es nuestra oportunidad!

Volamos a toda velocidad otra vez y nos adherimos contra el metal. Sin malgastar un segundo, desenfundamos la sierra de plasma y empezamos a penetrar lo más que podíamos ese maldito escudo. El sudor recorría mi frente, provocando que mi garganta se secara.

De repente, el hielo que sostenía al gigante comenzó a quebrarse. Ahogué un grito, mientras observaba como Korra hacía lo imposible para mantenerlo inmóvil, y me dedicaba una señal con el rostro, que significaba un obvio "¡Huye!"

Regresé la visión a él, desesperada -¡Tenemos que salir de aquí!

-¡Ya casi está!

Los pedazos de hielo se desplomaban sobre nosotros, derrumbándose en los cristales que nos protegían. Pero estos se estaban rompiendo. No iban a aguantar mucho más.

-¡Hay que irnos, ahora!

-Ya casi está... ¡Ya casi está!

Papá... ¡Maldición!

Había olvidado lo testarudo que era.

Como si la situación no pudiera empeorar, el hielo que lo mantenía inactivo, finalmente se quebró por completo.

Mis ojos saltaron de golpe, y quedaron en esa posición, petrificados. El robot volvía a moverse, y ahora dirigía su gran palma directo hacia nosotros.

Los descendí hacia mi padre, horrorizada -¡Papá, vámonos!

Los suyos, apacibles, se apagaron con un desconsuelo que atravesó mi alma. Y eso... me hizo intuir su próxima acción. No podía ser... no podía ser cierto lo que planeaba.

No...

-¡Papá!

-Adiós, Asami. Te quiero...

Su dedo activó la expulsión de mi asiento. Mis pupilas se ampliaron, aterrorizadas, mientras la succión generaba que abandonara el traje.

No... ¡No!

-¡PAPÁ!

Estiré el brazo hacia él, en un inútil intento de alcanzarlo, y detallé casi en cámara lenta como aquella gigantesca mano aplastaba nuestro colibrí. Las lágrimas se resbalaron por mis mejillas, y cayeron hacia la nada a causa de la gravedad.

-¡No... no, no, no, no! ¡NO!- me aferré con rudeza del cinturón que protegía mis brazos, tratando de zafarme -¡No...! ¡NO!

Me estrellé bruscamente contra la terraza de un inclinado edificio. El paracaídas se encargó de salvar mi cuerpo, pero mi cordura... muy lejos estaba de ser salvada.

Rodé sobre el suelo, hasta quedar de frente con él. Agitada y sollozando, traté de reincorporarme, pero no pude. Mis rodillas flaquearon, traicionándome, mi aire se perdió y mi cuerpo se estampó de nuevo contra el piso. Pero no era debido a mi lastimado estado que era incapaz de lenvantarme, sino por lo que había presenciado.

No podía reaccionar, mis ojos no atinaban siquiera a parpadear. Sin embargo, las lágrimas que no desistían, provocaron que finalmente los cerrase con ímpetu.

Apreté los puños y los estrellé con furia sobre el pavimento -¿Por qué? Justo ahora... j-justo ahora q-que...

Que por fin estábamos juntos.

Fruncí los dedos contra el suelo, y el dolor que me comprimía el pecho solo aumentó. No podía respirar. Mi mente era un caos.

-Papá... papá... lo siento, ¡Perdóname!

Yo... de verdad... lo siento. Yo... no pude decirte quién conquistó a mi corazón, aunque quería hacerlo, ¡Aunque quería que lo supieras!

-Fue Korra, papá... fue ella...

Abracé mi propio cuerpo y me desarmé allí mismo -Perdóname... papá, ¡Perdóname!

Creo que nunca deseé tanto desaparecer como en este momento... Solo quería esfumarme con él, quería olvidar todo.

-Perdóname...


¡Capítulo diez FINALMENTE entregado! Disculpen la demora, y el regreso del melodráma, pero sabían bien que se venía esta parte. Siempre me pregunté que habrá sentido Asami cuando falleció su papá. No mostraron un puto detalle de eso, lo cual me pareció incoherente. O sea, fue un acontecimiento super importante en su vida.

Respecto a si soy de México o no. No, soy de Argentina, pero les mando muchiisimos besos y abrazos a la gente de México, y también de Cuba, que hace poco un huracán los arrasó. Tengo muchos conocidos de latinoamérica en general, así que no puedo evitar sentir una inmensa tristeza por lo que están pasando. En sí, no puedo evitar sentirme triste con todo lo que está pasando en el mundo.

Así que mucha fuerza gente linda, ¡Hay que seguir adelante! ¡No importa qué! Para eso vinimos al mundo, ¡Para disfrutarlo y aprender! Saquemos lo mejor de todo, y disfrutemos a pesar de las contras.

Es curioso como muchos me confunden y creen que soy de México o Colombia. Va, en realidad no es tan curioso ya que escribo en castellano neutro, es entendible la confusión. Muchos argentinos (sin generalizar) llegamos a la conclusión que escribir así es mejor, ya que los modismos argentinos, si no están acostumbrados pueden sonar un poco crudos en la literatura, aunque no lo sean para nada. Admito que es un esfuerzo mayor acudir al castellano neutro, porque hay palabras que nosotros no utilizamos y tengo que emplearlas al escribir, ¡Y hasta googlearlas! jajaja pero no me imagino escribir algo que normalmente sería tipo:

-Oye, Asami, ¿Qué tal?

Y reemplazarlo por:

-Che, Asami, ¿Cómo andás?

Ugh, no. Ni ahí. Quedaría raro jajaja Soy consciente de que el "Che" suena fuerte jajaj Me reservo los modismos argentinos para mis historias originales. En los fanfictions para mi no quedan bien, no suenan muy delicados. O al menos eso me parece. El castellano neutro es lo mejor para escribir, humilde opinión.

En fin, me explayé de más y sin sentido. Perdonen los divagues y mil disculpas de nuevo por la demora. Mucho trabajo, más otro fic que estoy terminando. Y hablando de terminar, ¡A este ya no le quedan muchos capítulos! No es mi intención retractar lo que el Cómic va a ser por sí mismo de una estupenda manera seguramente. Bueno, con todo dicho, ¡Los leo en el próximo!

Maria: ¡Muchas gracias por leer! Me alegra que te siga encantando y también causando jajaja. Gracias por seguirlo desde el principio, y te leo en el próximo, besos!

Luu7: ¡Muchas gracias por leer! Te entiendo la desesperación cuando te llega la notificación, ¡Si me habrá pasado! Que bueno que el capítulo anterior fue un respiro para vos... supongo que este no lo fue tanto jajajaj Espero leerte en el próximo a pesar del melodráma, besos!

Meelo: ¡Muchas gracias por leer! Ay, ¿Qué te anda pasando? Perdón por contribuir a tu estrés al no publicar seguido. ¡Pero ya volví! (Sí, lo digo siempre. PERDÓN) Espero leerte en el próximo, y yo misma espero poder publicar más rápido (llora) besos!

Chat'de'Lune: ¡Muchas gracias por leer! "La materia cachonda" jajajaj tus definiciones siempre me hacen el día. Korra ya va a relatar parte de su historia, pachieenchia (? Gracias de nuevo por seguir este loco fic, y te leo en el próximo, besos y namaste para vos también!

Sextocompite: ¡Muchas gracias por leer! Que alegría que te guste la historia! Te leo en el próximo, entonces! Besos!

Asuka0231: ¡Muchas gracias por leer! Por supueeesto que tiene que haber inseguridades. En toda relación las hay y obviamente esta no va a ser la excepción jajajaj Te leo en el próximo, besos!

hinatita94: ¡Muchas gracias por leer! Y... JAJAJAJA "Esta noche me vuelvo a manosear" me encanta tu honestidad xD Que bueno que te gustó el capítulo. La verdad no tengo la más puta idea de como me surgen los diálogos suculentos y graciosos, supongo que solo fluyen, ponele (? Vos también mantenete saludable y ojalá esté todo bien. Te leo en el próximo, besos!

Cryp: ¡Muchas gracias por leer! Ah... dejar con las ganas ya es parte de mi (? jajajaj Te leo en el próximo capitulo, besos!

Michelle Nava Rodriguez: ¡Muchas gracias por leer! ¡Y bienvenida nueva lectora, es todo un gusto que te haya gustado la historia! Te leo en el próximo, besos!

Mud-chan: ¡Muchas gracias por leer! "Frustración sensual" mejor no podría definirlo jajajja Que bueno que te gustó, y te leo en el próximo, besos!

Bodoque-chan: ¡Muchas gracias por leer! Y gracias por la preocupación, pero como dije no soy de México, pero les mando todas mis fuerzas a toda la gente linda de allá! Y por supuesto que le voy a dar un final a la historia, ¡Ni lo dudes! Que bueno que te gustó el capitulo, te leo en el próximo, besos!